9

En la oscuridad de la noche

Ella se acercó a él, como si dudara, como si estuviera a punto de hablarle a un extraño. Pero él no era un extraño, era su mejor amigo. Ella ignoraba el ardor que sentía en la piel sanguinolenta, le dolía mas el interior…le dolía el corazón.

Se paró a solo a un metro de él. Lo miraba, y deseaba todo fuera más sencillo, deseaba que sus sentimientos por Malfoy, realmente fueran para ese chico pecoso, delante de ella. Ese chico que hasta hace un momento le había dicho que la amaba. Y ahora debía despedirse de él, decirle, que no podía corresponder a ese amor.

Pero antes que ella pudiera decir algo, él la miró. No supo que había detrás de esa mirada. No parecía ser él. Fue la mirada más seria que había visto en los ojos de Ronald Weasley.

- Ya sé que vas a decir, - dijo él, encarándola, cruzándose de brazos y poniéndosela difícil. – y déjame decirte que es la peor estupidez que has pensado.

- Ron…

- Pero es tu decisión. – él se descruzó de brazos y se acercó. Parecía que su cercanía le infundía un calor que emanaba de su propio cuerpo. – Al menos te lo dije.

Ella bajó la mirada. Sí. Sabía a qué se refería con eso. A su espontánea y nada oportuna confesión.

- Y no, no lo harás sola. – aun cuando ella lo miró, con esos ojos brillantes, él no cambió su mirada, seguía siendo dura.

- Sabía que dirías eso. – el moreno se acercó a ellos dos.

Esa silenciosa complicidad, esa amistad que no se rompe con nada. Mucho menos por un amor no correspondido. Tampoco es como si el pelirrojo minimizara el rechazo. Pero era mejor a estar sin ella.

Harry no lo decía, pero veía en los ojos de Ron, que el rechazo de la chica le había dolido hasta el lado más profundo del corazón. Y se atrevía a suponer, que sentía un inmenso resentimiento. Pero nunca lo diría. No en voz alta.

- Al menos vamos a que te curen primero. No vas a ir a buscar a Malfoy con una posible infección. – el pelirrojo le señaló la sangre y por su tono sabía que eso era obligatorio, que no aceptaría un no por respuesta, que si se negaba la llevaría a rastras si era necesario.

Ella asintió sin fuerzas. La verdad, es que después de todo eso sabía que tendría que tener toda la energía necesaria, había visto la ferocidad del ataque de los mortífagos, había visto mucha gente morir en tan solo unos minutos.

Había sido muy duro ver morir a la madre de Malfoy, recordándole la muerte de su propia madre.

Ni Harry ni Ron decían nada, solo la acompañaban hasta el castillo, pero solo el moreno y ella comprendían el dolor que debería estar sintiendo Malfoy. Ellos tres, eran hermanos de un mismo dolor.

Y ahora el rubio estaba ahí afuera, solo. Marginado por voluntad propia, y posiblemente, pensaba ella con un ligero rubor en sus mejillas, por amor a ella misma.

Claro, no lo sabía. Pero no le importaba. Aún si ella solo fuera una persona más en su vida, una que como McGonagall, insiste en darle una segunda oportunidad. Ella le daría ese nuevo camino que él podría tomar. Esa otra elección.

(**********************)

Apenas se apareció en un claro entre los bosques y esa frialdad que lo había mantenido entero lo abandonó. Como una pila de dominó, se dejó caer de rodillas contra el duro y frío suelo.

No había nieve, no había blanco…como los narcisos…todo estaba tan…café.

Poco a poco, así en la soledad de su dolor dejó caer una a una las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. Unas que lo estaban intoxicando por dentro. Lo quemaban.

Puso sus manos en la tierra áspera y apretó los dedos contra su palma, estrujando la tierra. Sintiendo como si se desgarrara por dentro.

Estaba solo.

No estaba su padre, pues era un traidor y aunque estuviera, le daría la espalda, como a todo lo que le avergüenza; no estaba su madre…pues ahora estaba reducida a unas cenizas que apenas eran más pequeñas que su propio puño; no estaba Theodore, ni Blaise, ni Pansy….ni siquiera esa chica que lo defendió tanto, que incluso arriesgó la vida, por él. Él que no valía ni el polvo de sus zapatos.

Él que no había hecho otra cosa que despreciarla, de insultarla, engañaba a su corazón diciéndole que ese amor por una sangresucia era una blasfemia. Pero era en vano, no creía ni sus propias mentiras.

Su corrompido corazón estaba enamorado.

¿Y que se ganó con ese amor? Nada.

Se enderezó, dejo que el dolor se le escurriera como agua y sus ojos se volvieron duros.

Tan fácil que hubiera sido dejarse caer, dejar que su naturaleza lo guiara, lo dejara ser quien siempre debió ser.

Un mortífago.

Entonces se acordó del rostro de Hermione al ver a Bellatrix, había repugnancia en su mirada. Había desprecio. Él no quería ser odiado por ella.

Unos gritos a la lejanía lo pusieron alerta. Parecían risas mezcladas con los llantos de una chica.

Se acercó cuanto pudo a un roble, y detrás de él pudo ver, a unos mortífagos torturando a una chica, probablemente una que trajeron desde Hogsmeade.

No pudo hacer nada, el destino de la chica estaba sellado. La vió dejar de retorcerse cuando Greyback le asestó un mordisco en su cuello…como lo hubiera hecho con la castaña de haber podido.

Entonces sintió una mano en su hombro, y se le puso la sangre helada. Preparó su varita y al instante en que se volteó la figura le tapó la boca con aprehensión y fuerza. Se quedó mudo.

(*******)

Hola, se que he tardado años en esto, pero pues me quedé sin inspiración y sin tiempo.

Pero ahora he decidido darle un fin a esta historia. Ha salido algo apresurada, pero espero quede a la altura.

También haré una continuación respecto a la historia de Arnold :B jejeje pero tal vez tome tiempo.

Muchas gracias y perdón por la espera tan larga.

Ana Shortman