En este mundo, no existe un tiempo concreto para la justicia divina, pero siempre llega, y siempre resuelve todo lo que está mal antes de partir en definitiva y volver a esos abismos incomprensibles para el hombre y permanecer invisible y quieto, en espera de una nueva oportunidad para surgir.

Lo que sucedió después de la partida de Ludwig, llevando en brazos el cuerpo inerte de la mujer que amaba, no fue del todo un misterio. Continuó su caminata por el bosquecillo hasta la costa, donde un escarpado acantilado separaba a la nación del mar abierto, extenso hasta donde los ojos podían ver y que llegaba al norte de este mundo; tal vez por cansancio físico y desmoralización, no pudo seguir caminando ese día y se tendió al lado de una larga plancha de roca que daba directo con el acantilado. Se le figuró al alemán que la plancha parecía una cama, y depositó sobre ésta a María, dedicando los minutos siguientes a quitarle de una vez lo que quedaba de soga y a limpiarle un poco el pálido rostro con un pañuelo. Luego, con la misma parsimonia, enlazó las manos de ella sobre su pecho y las unió atando alrededor de sus muñecas su propia cruz de hierro, a falta de alguna cosa menos profana, y por último, sin alejarse demasiado, arrancó varias flores silvestres de colores y con éstas adornó el improvisado altar, usando las flores blancas para trenzar una corona sobre los cabellos de la gitana y el resto alrededor de su cuerpo. Sólo cuando concluyó su silenciosa tarea se tendió a un lado de ella, tomando sus manos entre las propias y mirándola vivamente, como si esperara que de milagro ella despertara. No lo hizo. Y al final, el sueño lo venció y esa noche durmió con ella, y muchas otras silenciosas noches más.

De vuelta al mundo real, el mes concluyó, y con él dieron paso al Ejército Rojo, que una mañana a principios de abril se abrió paso por el campo, matando a todos quienes se le cruzaron y arrestando a otros tantos, entre ellos, a Gilbert, quien luego de días sin saber nada de su hermano se había encerrado a piedra y lodo en el dormitorio de Ludwig sin querer hablar con nadie hasta que, apenas minutos antes de que los rusos lo capturaran, escribió sobre el muro oeste de la habitación, sobre la cabecera de la cama: SCHICKSAL.

Las mujeres de la caseta vieron también con horror avanzar los monstruosos tanques soviéticos, hasta que Yekaterina, repentinamente, lanzó un grito de dicha y extendiendo los brazos hacia el frente hablando muy rápido en ruso, echó a correr hacia uno de los tanques, adornado con una ridícula coronita de girasoles; mientras las otras tres mujeres le rogaban que volviera, un hombre salió del tanque y saltó para recibir calurosamente a la ucraniana, un hombre muy alto que usaba una bufanda violeta sobre su uniforme y que tenía el pelo del mismo color que Yekaterina. Era su hermano Iván.

-¿Yekaterina está bien? –preguntó con una voz infantil que no cuadraba con su aspecto.

-Sí hermano, estoy bien… ¡ay, estaba tan preocupada…! –sollozó ocultando su rostro en el hombro de su hermano y llorando toda la angustia sufrida por más de un año.

Yekaterina volvió con Iván, y gracias a ella sus compañeras no sufrieron más vejaciones. Antes de partir, el ejército se encargó de pasar revista a los oficiales sobrevivientes e hicieron juicios; Gilbert resultó tan culpable de muchas cosas que no pudo ampararse en la desoladora esperanza de trabajar en campos de Ucrania para expiar sus culpas y fue condenado a la horca unos días más tarde. Lo colgaron junto con sus compañeros en la misma plaza donde habían ejecutado a María, y lo último que masculló antes de morir fue, con una risita llena de odio:

-Maldita zíngara…

Elizabetha permaneció estoica, viéndolo en la plaza hasta que expiró, y fue la única que se encargó de su cadáver, al que antes de que fuera lanzado a la fosa le enredó entre las manos el lazo escarlata que usara en el cuello de su camisa, y musitó:

-Megbocsátok (te perdono).

Las cuatro mujeres partieron con el Ejército, avanzando más hacia el oeste, y cuando la guerra terminó y las naciones próximas fueron liberadas, todo cambió para ella. Elizabetha se reencontró con Roderich, que había sobrevivido estoicamente a la prisión y lo primero que hizo al salir fue quejarse de lo "poco higiénico" que resultaba estar encarcelado y de los pormenores de una discusión que tuvo con unos judíos respecto a la correcta forma de tocar el violín.

Lily también volvió a su siempre ordenada casa, que estaba pasando una breve crisis pero que al menos contaba con la presencia protectora de su hermano Vash, que apenas verla empezó a gritar enfurecido:

-¡Lily! ¿Y ése cabello? ¿No recuerdas que debes cepillarlo con cuidado dos veces al día? ¡Y mira cómo tienes el vestido, lleno de lodo! ¡Te enfermarás de una pulmonía! ¡Vamos adentro, te daré leche con miel!

La muchachita sonrió, abrazándose a él.

-También te extrañé, hermano mayor.

El suizo se sonrojó, y apenas y atinó a palmotear cariñosamente la cabeza de la chica.

También Emma regresó a su hogar, donde se encontró con su hermano fuertemente atrincherado en una oficina vacía a excepción de enormes toneles que hacían columna en las paredes. Resultó que había sobrevivido a la guerra comprando al por mayor todo lo disponible (comida, ropa, objetos de aseo) y revendiéndolo hasta que le fue imposible y se dedicó a falsificar tarjetas de racionamiento. Emma siempre se quejaba de su obsesión con el dinero, pero cuando se sentaron juntos, alrededor de una jaula llena de conejitos recién nacidos a contar las ganancias, resultó que Lars había juntado más dinero así que con su puesto legal de abarrotes.

-Te dije, Emma. –masculló aburrido. –Esto de la guerra tuvo algo de beneficioso.

-Lars, hermano, eres muy cortante. –se lamentó, echando un vistazo a los conejitos que pululaban a su alrededor. -¿De dónde los sacaste?

-Driek estaba aburrido, le compré una compañera y tuvieron mucha acción hace unas semanas. –repuso como si nada. –A la grande le puse María.

-María… -de pronto, la mujer desvió la mirada, nostálgica. Lars, ocupado en guardarse las ganancias en todos los bolsillos, lo notó un poco después.

-¿Ah? ¿Qué tienes, Emma?

-Yo… recordé a alguien… -musitó tristemente.

En ese continente en ruinas, nadie se ocupaba de otros sino de sí mismo. La desgracia de las muertes y las pérdidas que salieron a la luz pronto hicieron que las nimiedades resultaran una especie de cuento olvidado, y durante más de un año los que lograron sobrevivir al horror y sobreponerse a la desesperanza se dedicaron a rescatar lo que quedaba. Alemania estaba en ruinas, los soviéticos ocuparon la parte este, desmembraron Prusia y acabaron con cualquier esperanza de salvación para la gente de a pie que sin deberla, habían pagado la tiranía de un pobre loco que condujo al mundo a su destrucción.

Quizá por eso, cuando algunos se aventuraron al bosquecillo en el norte, no imaginaron que la palabra grabada en el muro tuviera relación alguna con los trágicos eventos ocurridos en el campo de trabajo, ni que éstos, a su vez, tuvieran algo que ver con el hallazgo hecho en plena costa, justo donde terminaba el bosquecillo que desde la fatal fecha de marzo había pasado por una larga temporada de lluvias y luego, un crudo invierno glacial.

Sobre una plancha de piedra, alrededor de la cual habían florecido cientos de hermosas flores blancas, encontraron dos esqueletos humanos, uno, de un hombre adulto, otro, de una mujer joven, de unos veinte años cuando mucho, sujetos por las manos en posición cedente, como si el esqueleto de mayor estatura hubiese permanecido unido al otro. Ambos restos tenían aún adheridos pedazos de tela que los animales no habían robado para hacer sus nidos, y dictaminaron que el esqueleto mayor era posiblemente de un oficial o soldado, mientras que el otro debía ser de una prisionera de guerra o una enemiga de Estado, porque además de la finísima tela blanca que encontraron entre sus huesos, tenía una contractura en las vértebras del cuello, prueba de que había muerto en la horca como solían ejecutarse a los prisioneros; lo extraño fue ver, también, un poco corroída por el tiempo, la cruz de hierro sobre sus manos. El resto de las investigaciones sólo sacó algo en conclusión, que el hombre había muerto después que ella, quizá de hambre y frío a falta de algo que mostrara heridas o enfermedad, pero seguían sin explicarse qué hacían yaciendo juntos un oficial y una condenada y, sobre todo, de esa forma tan peculiar.

La noticia de los esqueletos llegó hasta Berlín, donde Yekaterina se enteró gracias a Iván y, recordando de pronto los eventos sucedidos en el campo de trabajo, le confesó a su hermano que seguramente eran los restos de Ludwig Beilschmidt y de María, su compañera de reclusión. Cuando esto se supo, Iván, para complacer a su desconsolada hermana, ordenó a sus hombres que llevaran los esqueletos para enterrarlos, pero cualquier intento resultó en vano, pues cuando intentaron destrabarlos éstos se hicieron polvo, cayendo estrepitosamente por el acantilado y desapareciendo en el mar. Detrás de ellos no quedó ninguna prueba de su existencia, excepto la plancha de roca florecida, altar de matrimonio donde sus almas volaron juntas al paraíso.

FIN

Bueno, esto ha sido todo por hoy u_u ¡pero no lloren, aún hay más fanfics para escribir y leer!

Ahora los comentarios, ¡oooh sí!

ItzelDurand: Todos lo pensaron pero desde que comencé el fanfic dije "no, tienen que morir, muajajajaja :3" soy mala n.n

OkamiYiku98: Lo siento pero era necesario… dura y horrible realidad shakespiriana (o como se diga).

Mokachina: Bueno… sí, creo que he visto fotos por ahí pero, puaj, me ha dado horror, decidí dejarla no tan peor porque de por sí ya fue traumático para Lud verla morirse, imagínatelo verla en esas condiciones…

Chiara Polairix Edelstein: Pues suicidarse lo que se dice suicidarse… pos no. Murió como Popocatépelt, abrazado a su vieja (sniff D': ).

NymeriaDirewolf: Gilbert tuvo la culpa por encajoso u_u y Lud también por menso, nomás a él se le ocurre dejarla sola… pero en fin. Así tuvo que ser. No todos los cuentos pueden terminar bonitos (al menos los de Víctor Hugo no xD)

Arwen: Lo siento, lo siento, pero así debía ser u_u es drama hardcore, yo tampoco estoy precisamente contenta, no me gusta hacer sufrir a Lud, pero… ya qué.

Flannya: Te lo advertí O_O No, Lud no sería capaz (aunque segurito y sabe lo de Gil y Eli :3) Además con la golpiza que le metió a Gil se resignó.

LiRiDeZkA: Eeeh… si te sirve de consuelo, mi cobaya me hizo pipí hoy n.n ok ya. Bueno, no se me ocurrió un villano más interesante, Gil es un personaje muy complejo y casi nadie lo explota así que pensé que le inyectaba complejidad al asunto; y aquí está el epílogo, espero que al menos te deje consuelo de tanto drama feo T-T

Wind un Serebro: ¿Cuál capítulo? O_o Lo siento, de nuevo u_u

Belarus 101: No me odies T-T era necesario, el fic no estaba pensado para ser feliz.

La Nena: Bueno, es que era drama crudo y sin censura (puedes ir y culpar a Notre Dame de París y a El Niño con Pijama a Rayas que patrocinaron esta cosa).

Yu-Gi-Oh Fan1: Lo siento, lo siento T-T

Bueno, ya que todo terminó díganme, ¿qué opinan? ¿Gritos, aplausos, jitomatazos? ¡Nos vemos en otro fic no tan cruel, adiosito!