Un Grito femenino fue lo que le dio los buenos días al Joven Edward Cullen, quien se encontraba relajado en el mundo de los sueños. Ignoro el grito y se acurruco mas en las sabanas, hasta que unas delicadas manos tocaron su espalda y luego el piso tomo el lugar de su cama.
Se levanto del piso bruscamente y enfoco con la mirada al demonio que se había atrevido a tirarlo al suelo. Mal hecho.
Sus ojos verdes hicieron contacto con unas hermosas orbes color chocolate que lo miraban asustado desde la cama, miro a la dueña de esos dos bombones de chocolate y se encontró al ángel más hermoso que haya existido jamás.
Una pequeña chica que no pasaría los 18 años, con piel color crema y labios rellenos color carmín. Su pequeño cuerpo estaba cubierto solamente por una sábana blanca de seda pero aun asi, se podían apreciar las hermosas curvas que poseía. Una sonrisa ladina se dibujo en su rostro pero rápidamente esta desapareció dando paso a la duda y el desconcierto ¿Cómo había llegado esta chica aquí?
La joven Swan por su parte, aun no salía del shock mental en el que se encontraba, miraba con los ojos como platos al hombre que se encontraba frente a ella ¿Cómo había llegado ese intento de dios griego a esa habitación? O peor aun ¿Qué hacia ella con ese intento de dios griego en ESA habitación? Esta última pregunta le cayó como un balde de agua fría encima.
Con cada parte de su cuerpo temblando bajo su mirada a su cuerpo, que efectivamente, se encontraba como dios lo trajo al mundo. Otro grito amenazo con salir de sus labios cuando unas grandes manos le taparon la boca.
-No grites, hagas lo que hagas, por favor no grites - Le pidió una voz aterciopelada que la dejo en el limbo por unos segundos hasta que se percato de la situación.
Ese tipo quería violarla. Pero claro. Ella estaba ahí, indefensa, desprotegida, en estado de shock, y venia ese abusador a taparle la boca para que no gritara, ¡Pero claro que iba a gritar! Y no solo gritar, propinarle una patada en sus partes para que no se aprovechara de ninguna chica.
El Joven Edward tuvo que taparle la boca a la chica para que no lo atormentara con otro de sus chillidos, la chica lo miro aterrada y esto hizo que él se perdiera una vez más en sus ojos chocolates, hasta que un fuerte dolor en su entrepierna y un mordisco en su mano lo trajeron a la realidad, ¡y qué forma de traerlo!
La jovencita Swan aprovecho esto para buscar su ropa, que por cierto, no daba señales de aparecida, con el dolor de su alma y todo el asco del mundo, protegió su cuerpo vistiéndose con la camisa del violador y un short que encontró tirado en una esquina de la habitación.
Con el abusador tirado en el piso retorciéndose de dolor, corrió hasta la puerta, la cual se abrió al mismo tiempo en que ella dirigía su mano a la manilla.
Una señora de unos 50 años entro a la habitación con una charola en las manos y mirando con cariño a los dos desconocidos que se encontraban en la habitación.
¿Y esta quién es? Se pregunto Isabella, quien se encamino hasta quedar al lado de la mujer cuando el tipo se levanto del piso con un gesto de sufrimiento en el rostro. Al mirar a la jovencita la fulmino con la mirada haciendo que esta agachara la cabeza.
- ¡Buenos Días! –Saludo la señora con una gran sonrisa en su rostro- ¿Cómo durmieron los tortolos?
Ninguno de los dos se atrevía a responderle a la vieja con vestimenta de la abuela de Piolín y Silvestre. La mujer se percato del silencio de los dos y decidió que era tiempo de dejarles intimidad.
-Bueno, les traje el desayuno –Hablo la mujer caminando hasta la puerta – Espero que les guste chicos, si desean algo bajen a recepción y haya los ayudaremos ¡Feliz luna de miel! –Se despido cerrando la puerta tras ella.
Isabella se encontraba en shock, al igual que Edward ¿Acaso esa mujer había dicho luna de miel? Se supone que solo la luna de miel la tienen los espos…
Los dos se miraron a la cara y luego al anillo en sus dedos que parecía que les guiñaba el ojo y decía "Mírame, mírame"
Las lágrimas se agolpaban en los ojos de Isabella y bajaban sin control por sus mejillas ¿Cómo no se le había ocurrido? Era obvio. Había despertado desnuda, con un anillo de matrimonio en su mano y con su violador, ahora esposo, al lado. Como no lo supo antes.
La verdad les cayó encima de una manera tan brusca que no había formada de dudar.
Se habían casado en las vegas.
Edward se acerco a la chica y la cubrió con una manta para luego alzarla y ponerla en la cama, los sollozos hacían que su pequeño cuerpo se estremeciera de una manera violenta. ¿Qué iba a decir su madre? ¿Qué iba a decir su familia de ella? ¿Qué iba a hacer ahora?
Sin pensarlo bien se lanzo a los brazos de su "Esposo" y escondió su rostro en su cuello, Edward la envolvió en sus brazos y la abrazo, intentando calmarla.
-Shh, Shh, Ya, ya – Intentaba fallidamente el joven Cullen calmar a la niña en sus brazos.
Ella separo de él y lo miro a los ojos extendiendo su mano hasta el – Isabella, Isabella Swan pero me puedes decir Bella.
El se rio y estrecho su mano –Edward, Edward Cullen.
-¿Te puedo preguntar algo?
- Claro
- ¿Cómo nos casamos?
¿Cómo se casaron? Eso era lo que se preguntaba el ¿Cómo demonios había terminado casado con un niña de 18 años?
- No lo se
-¿Recuerdas algo que haya pasado ayer? Como nos conocimos por ejemplo – La joven Isabella lo miraba con los ojos rojos y un pequeño puchero en sus labios.
Nada, no recordaba nada, solamente que estaba desconsolado, chillando como niña con dolor de vientre por Tania, de resto, nada.
-Creo que recuerdo algo –Hablo tímida Bella – Pero primero quiero conocerte, platícame de ti.
- Te digo, pero con la condición de que luego tu me hables también de ti, y no llores mas ¿hecho? –Propuso Edward con una sonrisa en su rostro.
Isabella sonrió feliz –Hecho.
El suspiro y se recostó en el respaldo de la cama, dispuesto a contarle todo al angel.
