Primero que nada… esta historia NO me pertenece… es una adaptación pero la verdad no conozco el nombre de la autora real… hehehe… Y en segunda los personajes de Sailor Moon, tampoco me pertenecen… son de la grandiosa Naoko Takeuchi…


Capitulo 11

Alan Alfa subió el cierre de su chaqueta de cuero y apretó la mandíbula reprimiendo el impulso de romper la puerta con una patada y agarrar a golpes a Darien Chiba.
Paciencia, pensó, el jefe prohibió lastimar o matar al sujeto de su objetivo. Salió de la extensa entrada de la gran mansión Chiba. El frío viento de invierno lo abrazaba haciéndole estremecerse, subió la vista hasta el cielo y contemplo la vista llena de nubes recargadas de agua. Estaba seguro que las seguidas lluvias que había eran una señal de una próxima nevada, tal vez no tan fuerte pero lo habría. Entro en su Audi R8 plateado y arranco el motor y en menos de un minuto ya se encontraba en las afueras de la vivienda de Chiba.

Mientras cruzaba las calles transitadas de Tokio su móvil sonó, vibraba en su bolsillo derecho una y otra vez. Decidió ignorar quien sea que fuera que le estuviese llamando, solo tenía en mente en ir hasta su jefe en el fallido plan de pedir el proyecto de una manera ''fácil''. Rio con amargura cuando la voz del jefe resonó en su cabeza ordenándole pedirlo de manera buena como si preguntara por dulces. Definitivamente un plan muy blandengue para un mafioso. Se había confiado creyendo que por estar infiltrado entre el gobierno y trabajar como uno de ellos podría conseguir los planos para su gente, tenía la esperanza que así fuera pero nunca pensó en preguntar en un principio al Coronel si las habría registrado antes, su metedura de pata. Chiba era una hombre inteligente y sabia que su insistencia le preocupaba, solo esperaba que no sospechara nada extraño o comenzara a investigar. Eso le traería muchísimos problemas.

Llevaba casi un año infiltrado entre el gobierno bajo el nombre de Alan Alfa. Bufo. Típico estúpido nombre japonés, comenzaba a extrañar su nombre real Diamante Blackmoon. Si no había algo más que odiara que Japón, era estar pasándose por uno de sus habitantes. ''Hazlo por tu familia'' le había dicho el jefe antes de insertarlo en la misión. El móvil comenzó a sonar nuevamente y Alan lo cogió deteniendo el coche en el semáforo en rojo.

— ¿Qué?—espeto.
—Maldición, Blackmoon, mueve el trasero. Caos está comenzando a amenazar sobre arrancar tu cabeza y ponerla de trofeo si no estás acá en un instante—Como si le importara si usara su cabeza como trofeo o de pisapapeles.
—Estoy allá en 15.
—Que sean 10—y se corto la conexión.

Espero que el semáforo cambiara a verde y avanzo con velocidad.
Cerró las puertas del Audi tras él y se adentro en el edificio viejo y mugroso. Por fuera parecía un simple edificio abandonado pero por dentro tenia cosas que muchas personas, personas normales y aburridas, nunca pensarían jamás. Sintió la mirada de sus compañeros sobre él mientras caminaba por el pasillo y evito el contacto visual con algunos de ellos. Algunos de ellos estaban en una habitación jugando póker, otros entrenando o golpeando cosas—o a alguien—y probablemente tirándose a alguna zorra.

—Eh, amigo.

Rebeus paso por su lado y toco su hombro recibiendo un fuerte empujón de su parte.

—No me toques—gruño y siguió caminando.
—Lo siento, amigo, me olvide de ello.
— ¿Hermano?—bufo—Has pasado mucho tiempo con los de aquí.
Rebeus le sonrió malicioso.

—Sí, probablemente matando a algunos, no tienes idea como pueden lamerte los pies cuando están sufriendo—Se detuvo ante la última puerta en el pasillo y se giro hacia su compañero.
—Preferiría que no entraras conmigo. Hablare con Caos.

Rebeus asintió y se alejo. Diamante tomo aire y abrió la puerta. Caos estaba sentado detrás de su inmenso escritorio de madera. Botellas de ron y vasos estaban encima de ella cubriendo la mayor parte junto a diferentes papeles de diferentes colores. Diamante lo saludo con un movimiento de cabeza e intento no mirarle directamente a los ojos.
Caos se inclino en el escritorio y cruzo sus dedos, la mirada intensa del mafioso se intensifico sobre el poniéndolo nervioso.

— ¿Y bien?
—Fallo.
—Lo sabía—Caos frunció el ceño.
— ¿Y porque me ordenaste a hacerlo por las buenas? Tu estilo es más de romper los huesos hasta conseguir lo que quieres.
—Solo quería ver como perdías el tiempo y también quería saber si acudirías a todas mis órdenes si fueran incluso estúpidas. Ahora se bien que si te pido que me beses el trasero lo harás.

Blackmoon apretó los puños reprimiendo su necesidad de golpear al jefe. No podía. Si llegara a ponerle una mano encima él los despellejaría con sus propias manos y no quedaría algún rastro sobre su cuerpo.
Caos rio al notar la cara de Blackmoon enrojecer y se levanto para rodearlo y poner una mano sobre su hombro.

—Siento tus ganas de golpearme, te recomiendo no hacerlo—palmeo su hombro y camino a su alrededor—Ahora, volviendo en el plan, me pondré serio y comenzare con el verdadero. Quiero que hagas cualquier cosa para conseguir esos planos, coge las armas también. Si lo tenemos podemos tener a gran parte de Estados Unidos y Japón en la palma de la mano.

— ¿Cualquier cosa? ¿Hasta matar a Chiba?—Caos sonrió ante el tono ansioso.
—Hasta matar a Chiba.
—Hecho—sonrió satisfecho—Hare lo que sea por conseguirlos.
—Así es como piensa un mafioso, hijo mío.

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La multitud de gente en el Barrio Francés de Tokio era sorprendentemente espesa, las calles estaban transitadas por diferentes coches y las aceras llenas de personas por doquier. A Serena no le hubiese sorprendido si alguien se desmayaba entre las personas. Darien pasó su brazo por los hombros de Serena y la acerco más a su cuerpo. Se sentía tan genial poder caminar con él y reír como si en verdad fueran una pareja. Ojala, ella suspiro y le sonrío cuando él dijo algo, cerró un poco su chaqueta por el frío que empezaba a colarse por su piel dándole escalofríos.

—Hace frío—murmuro ella.
—Ni que lo digas, ¿quién diría que Tokio estaría tan frío? Siempre pensé que era más un lugar cálido que frío—Ella asintió y señalo con su dedo un local.
— ¡Mira, Starbucks!—dijo la azabache sonriente.
Darien pellizco su mejilla y la llevo hasta el local.

—Pareces una niña pequeña emocionada por su muñeca—le dijo divertido.
—Te digo, nunca creí emocionarme tanto en encontrar un Starbucks en este barrio. Siempre ha sido mi delirio y sin ofender, pero estar dos semanas encerrada en tu casa no me ayudaban en nada.
—Pero no pones resistencia alguna, sabes que te gusta amor—guiño su ojo y pidió un Moccacino y un café solo, junto a una magdalena de chocolate. Serena le dio un mordisco a la magdalena y degusto su sabor.

—Hm~ no es tan buena como las de Luna pero es algo.
—Nadie mejor que Luna.
—Claro que si, cocinas como profesional —señalo—sería genial que pudiera llevarte a ti o a Luna hasta Seúl—dejo escapar un suspiro y su sonrisa se torno en una mueca.

Darien solo la escucho, sin responder, acarició su mejilla y llevo un mechón de cabello detrás de su oreja.
Él también deseaba poder irse con ella.

— ¿Te gustan los caballos?—ella lo miro con un brillo en los ojos, eso le respondía a todo.
—Me encantan.
—Vamos, te mostrare algo—sonrío y sostuvo su mano.

Caminaron unos cuantos minutos hasta llegar a un lugar donde había unos cuantos puestos donde había mujeres con sus tarjetas de Tarot y pinturas de artes, algunas tiendas de tatuajes y piercings y por último paseos en caballos. La cara de Serena se ilumino a ver los caballos atados a un carruaje, siempre le habían encantado los carruajes. Apretó la mano de Darien en la suya y luego de haber pagado ambos se montaron en el carruaje. Cuando el caballo comenzó a andar ella miraba fascinada el paisaje. Aunque estaba todo un poco oscuro lograba ver gran parte. Sonrío. Darien era tan considerado con ella, generoso, amable y además era un amor.

—Gracias…—susurro y apoyo su cabeza en su hombro.
—No tienes porque agradecerlo, amor—sonrío.

Estaba completamente enamorada de él, en su interior aquella declaración la hacía sentir tan cálida y a gusto con ella misma.
"Cuando se ama, el corazón es el que juzga" le había dicho una vez su profesora de Literatura. Se aseguraba que Darien sentiría lo mismo y decidió dar el primer paso. Se lo diría. Así tal vez ambos podrían comenzar una vida... juntos.

Cuando el caballo se detuvo y Darien la ayudo a bajarse, se le abalanzo encima y le dio un beso. Él casi cae ante la sorpresa y respondió al beso pasando sus manos por su cintura.

—Debería darte un paseo en caballo más a menudo—dijo divertido.
—Darien...
— ¿Si?

Ella tomo aliento y se dio fuerzas para decir esas dos simples palabras. Todo cambiaria, de eso estaba segura pero esperaba que fuera para bien y no para mal.

—Te amo…

El ambiente era afilado, la tensión que había presente era notable. Darien trago saliva y soltó a Serena. La miro sin comprenderla y las ilusiones de la rubia se destruyeron. Él comenzó a caminar sin mirarla. Le había dicho que le amaba. Eso era exactamente lo que él quería ¿no? él la amaba de todos modos. Siguió caminando hasta escuchar los suaves y rápidos pasos de Serena tras él. Maldición ¿Por qué tenía que amarla? No se la merecía, se suponía que la usaba como un juguete sexual y nada más, no tenía planeado que ella también lo amara.

— ¡Darien!—la escucho gritar desde atrás. Darien apretó la mandíbula y siguió caminando sin responder a la llamada de ella. Sabía que tenía que alejarla antes de que eso pasara. Lo sabía muy bien.

Serena siguió a Darien casi corriendo, caminaba rápido y no miraba hacia atrás. Era una estúpida ¿Cómo creía que él la amaría? Bufo y volvió a llamarlo intentando detenerlo. "Debías de haberte callado, Serena, tú y tus estúpidas manías de hacer cosas antes de tiempo", pensó. El corazón bombeaba sangre rápido y su respiración se agito aun más con el frío. Cuando ambos entraron en el estacionamiento donde está el coche de Darien, ella suspiro, podría hablar con él. Darien abrió la puerta del copiloto, aun sin mirarla y entro en el lado del piloto rápidamente. Aferro sus manos al volante e intento respirar calmado, miro de soslayo la sombra de Serena entrar al coche.

—Darien...—dijo Serena en voz baja—Mírame.

El soltó el aire con lentitud y se limito de mirar al frente. Temía que al mirar a sus ojos café chocolate la abrazaría y la besaría como si nada.

—Darien, lo siento, solo quería decirte lo que siento. No podía ocultarlo por siempre y me carcomía por dentro no decírtelo...
—Te dije que no confundieras el sexo con el amor—respondió con voz baja y gruesa—Te lo dije claro, no quería que esto pasara.
—No es mi culpa, no decido a quien amar.
— ¡Deja de utilizar la maldita palabra amor!

Los ojos de él se tornaron negros, Serena se estremeció al verlo molesto. Quiso llorar y golpearlo.

—No quería que el amor se involucrara, solo quería tener sexo contigo.
—Todo es tu culpa, eres amable y romántico conmigo. Hasta cuando fue mi primera vez—le recordó—no fuiste salvaje, fuiste amable—El negó y resoplo.
—Fue en ese momento, nunca soy amable o romántico. Ya no. Debiste controlar tus emociones.
— ¿Así que me estas sermoneando por enamorarme?—bufo—Eres un estúpido.
— ¡Aquí lo único estúpido son tus sentimientos!—espeto con fuerza y quiso tragarse sus palabras cuando observo como ella mostraba decepción y tristeza en sus ojos. Él cerró los ojos y salió del estacionamiento con rapidez.

El trayecto hasta su casa se había hecho más largo, e incómodo de que él creía. Serena no lo había vuelto a mirar o hablar por media hora. Si existieran premios por las idioteces que se pueden decir cuando se está molesto, él se ganaría un premio. De algo estaba seguro, ella se iría después de esto y el volvería a ser normal y retomar su proyecto y vida. Aparco su coche y Serena salió de él rápido, Darien abrió la puerta de la casa y dejo que ella entrara. Cuando se volvió hacia ella, pudo percibir su tristeza en aquellos ojos café.

— ¿Te irás?—pregunto él. Ella negó con su cabeza.
—Pediste que pasara un mes contigo, eso haré. Todavía faltan dos semanas—El cerro los ojos y gruño por lo bajo. Era demasiado terca.
—Buenas noches—dijo ella y se fue caminando.

Decidió convencerla de irse antes de que ella siguiera sufriendo o él terminara herido otra vez. Era lo mejor para ambos.

La noche había transcurrido lenta y tortuosa para Serena. No logro dormir más de 3 horas seguidas, sus problemas de insomnio volvieron después de la tarde anterior. El culpable tenía nombre y apellido. Darien Chiba. Si solamente ella no hubiese sido tan estúpida como para soltarle la bomba, tal vez nunca se hubieran peleado y nadie saldría herido. Logro ver la hora en el reloj de pared que marcaba las nueve con once minutos. Suspiro y se obligo a si misma a levantarse de la cama.

Tal vez Darien y ella volvieran a la normalidad y harían como si no pasara nada hasta que terminara el mes. Hasta podría convencerlo de que él también la amaba. Negó ante su testarudez, debía irse, lo sabía pero aun así quiso quedarse. Tenía la esperanza de que todo hubiera sido un malentendido e Darien olvidara que ella le confesó que lo amaba. Aquella idea le dolía aun más de lo que pensaba.

Cuando entro al cuarto de baño se despojo la ropa y miro su rostro en el espejo. Sus ojos estaban hinchados y rojizos aun cuando no se había permitido llorar, tenía unas leves bolsas bajo ellos por su falta de sueño y sus labios estaban completamente pálidos y quebrados. Obviamente no parecía la misma Serena de unas noches atrás, en ese momento se recordaba como la adolescente que lloraba por la falta de atención de su primer amor. Irónico. Unos diez años atrás se encontraba en la misma situación con Darien solo que él no estaba consciente de su presencia en aquel momento. Se dio una ducha rápida y se cambio de ropa para encontrarse con Darien. Por intuición sabía que estaba en la cocina. Respiro unas cuantas veces y se paró en seco al escuchar una risa femenina.

¿Qué diablos...?

Sintió la sangre abandonar su cuerpo y un nudo en su garganta al escuchar la voz suave de una mujer. Avanzo a la cocina y se quedo parada en el umbral para ver a Darien solo con unos vaqueros oscuros y una mujer castaña y hermosa usando su camisa. Ambos intercambiaron miradas y en su interior lo que quedaba se había roto por completo. Seguía amándolo, pero su sangre hervía de rabia y sentía la necesidad de matarlo a golpes.

—Serena...—murmuro Darien.

Ella cerró sus ojos y quiso que la tierra se la tragara ahí mismo sin que dejara algún rastro de ella.

—Esta es Lita. Lita esta es Serena.

La castaña se levanto dejando ver sus kilométricas y bien torneadas piernas, su perfecta cabellera castaña caía en ondas por sus hombros y esta esbozo una pequeña sonrisa. Por supuesto era todo lo contrario de ella. Cuando esta estiro su mano Serena la ignoro, paso por su lado y se planto enfrente de Darien.

—Puedo explicarlo...
—Tú, Darien Chiba, eres el maldito más grande del mundo. Mi papa siempre tuvo razón en ti, eres un maldito infeliz—apretó sus labios hasta convertirlos en una línea. Una lágrima sin poder contenerla se escapo de sus ojos y resbalo por su mejilla—No solo eres eso, eres patético ¿En verdad crees que me trago eso de que te acostaste con ella? Sé que no eres capaz, teníamos un vinculo especial y lo sabes; si solamente querías que me fuera tenias que pedirlo, no tenías porque crear este estúpido escenario—suspiro—En estos momentos te odio como a nadie ¿estás feliz con eso?—él bufo—Por supuesto que lo estás—murmuro—en realidad creí que podías amarme aunque sea un poco, lo creí.

Darien se quedo callado mientras Lita solo los miraba. La rubia espero que Darien hablara y cuando no lo hizo se limito a limpiarse las lágrimas y negar con su cabeza.

—Al menos conseguiste tu objetivo, fui tu juguete sexual. Iré a empacar mis cosas, hasta nunca.

Serena dejo la habitación y Darien no parpadeo durante un minuto. La había lastimado más de lo que pensaba. No había pensado en cómo se sentirá cuando había llamado a Lita. La castaña se le acerco y lo miro culpable.

—Es muy inteligente
—Más de lo que yo podría ser.
—Y eres un imbécil—Asintió.
—Lo sé, uno de primera.
—Eres peor que Andrew, en estos momento lo prefiero a él antes que a ti. Pensé que la amabas—él dejo salir un suspiro y miro a su amiga.
—Lo hago.
— ¿Por qué lo hiciste?—él negó con la cabeza.
—Te dije, es mejor para ambos. Además soy un bastardo egoísta—rió amargado—Me preocupo mas de mi mismo que de ella.
— ¿No intentaras detenerla?—él negó.
—Es lo mejor...—Lita resoplo.
—Espero que sigas pensando lo mismo en unos días, sabía que ayudarte en esto sería una idiotez y eso fue. Te daré máximo una semana hasta que te arrepientas.
—No lo haré, créeme.

O eso creía él que no haría, cuando Serena estuviera lejos de su casa volvería a tener su mente despejada, eso esperaba