Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen son propiedad de la gran mangaka Rumiko Takahashi- sensei, únicamente los utilizo para mi entretención y obviamente sin ningún fin de lucro.

Abajo el Rinconcito de la que escribe…


Eres mi sol, eres mi luna


Se encontraba en la cabaña el majestuoso youkai junto con la veterana sacerdotisa.

Sin esperar que el silencio los embargara Sesshomaru abordó la conversación tan ansiada.

—Vengo para dejar a Rin a su cuidado por un tiempo indefinido.

— ¿La pequeña Rin?— dijo para sí la anciana—. Aunque no lo haya preguntado, acepto cuidarla. Pero quisiera saber su motivo para dejarla conmigo.

El youkai se mostraba reacio a contestar, ya que la sola idea de dar explicaciones a alguien a quien consideraba como nadie le molestaba. Pero sabía que ––a pesar de no desearlo–– esa humana le estaba haciendo un favor, lo estaba ayudando.

—Considero que Rin, por el hecho de pertenecer a la raza humana, necesita estar con su entorno natural; así un día podrá elegir libremente el lugar al que pertenece, en el que quiera vivir.

Kaede asintió, consideraba que era un buen motivo pero sospechaba que la causa principal era otra. Se acordó del relato de Kagome sobre el enfrentamiento contra Naraku, ella le dijo que Rin por un momento estuvo en peligro de morir pero fue salvada por el hermano de Inuyasha; sí esa debía ser la razón de Sesshomaru, mantener a salvo a su protegida pero ahora ¿de qué?

—Viajaré, Rin será una responsabilidad para mí. Dificultará mis planes— completó el peli plata al darse cuenta de que la anciana no se había convencido del todo, por ello decidió plantearle su situación. Odiaba esa sensación de deber, hacía alguien o algo, pero le debía esa explicación.

—Entiendo, no se preocupe estará en buenas manos —respondió, como siempre su intuición no fallaba.

Salió inmediatamente seguido de la sacerdotisa, se sentía disgustado era algo que no se podía evitar ¿O sí? Antes de Rin no necesitaba ayuda de alguien, pero con la injerencia de la niña en su vida ahora lo requería. Ya estaba hecho, para qué seguir dando vueltas al asunto; esto realmente debería ser insignificante para él, no digno de su atención.

Vio cómo los amigos de su medio hermano estaban a la espera de ellos. No quería rendir cuentas a nadie más por lo que ignoró a aquellos humanos entrometidos, dejando que la anciana se encargará de dar la noticia. Posó sus fríos ojos dorados en la única persona que resultaba indiferente a su llegada. Este hecho le resultaba curioso, porque desde que llegó se había convertido en el centro de atención de todos los habitantes de la aldea; sin embargo esa humana, a la que la consideró desde un principio tan entrometida e imprudente, se veía en este momento totalmente ajena. Qué cosas estaba pensando, qué le importaba el estado de esos humanos, de esa humana como si fuera algo importante para él, para Sesshomaru, Señor de las tierras del Oeste

—Así que se quedara aquí a vivir la protegida del hermano de Inuyasha… —puntualizó el joven monje otra vez metiendo la pata al notar como Sesshomaru le daba una gélida mirada por referirse a su persona como hermano de ese híbrido.

—Disculpe, quise decir medio hermano —corrigió riéndose nerviosamente. Empeorando la situación, si las miradas mataran ya Sesshomaru lo hubiera matado por quinta vez, es que debía haberle recordado que su padre se había mezclado con una humana, sí este no era su día—. Bueno iré a ver donde se encuentran los niños —era lo mejor que podía hacer antes de volver a cometer otra equivocación.

Mientras veían como el monje se iba apresuradamente como alma que lleva el diablo, se produjo un silencio incómodo entre los presentes. Era difícil entablar una conversación con ese youkai —por no decir imposible—.

Pero la actitud de la joven estudiante cambió el ambiente. Ya que empezó a recobrar su felicidad nata y habló por primera vez diciendo que le alegraba el hecho que la pequeña Rin se quedara con ellos, le parecía una niña muy buena, risueña y encantadora. Pero se lamentaba que no podría estar mucho tiempo con ella al tener que ir a su casa, ver a su familia y cumplir con sus estudios.

—Entonces Kagome, no podrás ayudarme con la organización de mi casamiento. Estarás muy ocupada, yo lo siento por…—empezó a entristecerse Sango, no podía contenerse "esos días" alteraban completamente sus emociones y sobre todo al vivir esta nueva experiencia.

—Sango, qué cosas dices. Vendré a ayudarte, sabes que por nada en el mundo dejaría estar a tu lado en este momento tan especial para ti. No te preocupes todo estará bien —dijo dándole animo—. Además traeré regalos y muchas cosas que te servirán para la fiesta.

—Gracias, yo no sé qué haría sin tu ayuda… —no logró pronunciar palabra alguna a causa de las lagrimas que lo impidieron.

Esta escena lo estaba hastiando; tener que soportar esos gestos, cómo esas humanas se abrazaban y se consolaban, era demasiado. Lo único que quería era despedirse de Rin pero ese inoportuno monje decidió ir a buscarla y estaba demorando —para su gusto— demasiado; no había caso tenía que esperar un poco más.

— ¡Fiu! ¡De la que me salvé! —exclamó Miroku mientras desaceleraba el paso y se adentraba en el bosque, sabía que Kohaku y Shippo debían estar cerca de allí buscando algo de leña—. Como dicen no hay que tentar a la suerte. ¿A dónde estarán esos pequeñuelos? ¡Shippo! ¡Kohaku! ¡Rin!

—Aquí estamos Miroku ¿Para qué nos llamabas? —contestó Shippo saliendo del follaje junto con Rin ambos llevando algunos ramas secas, apareciendo después Kohaku cargando en su hombro un atado de leños. Por último salió el viejo sapo agitado, quejándose por las tareas que le ordenaba cumplir ya que decía que llevar el ritmo de esos niños era mucho peor que seguir a su amito hasta el inframundo.

—Han demorado bastante, debemos irnos hay que preparar el almuerzo.

—Pero si aún es media mañana, no seas aburrido ¡Nos estamos divirtiendo mucho! —protestó el pequeño zorrito.

—Shippo, ahora no. Sesshomaru necesita hablar con Rin.

Ante ello nadie objetó nada más y emprendieron marcha hacia la aldea.

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Apenas Sesshomaru se despidió de ella salió corriendo, para poder encontrar un lugar en el cual podría llorar tranquila sin que nadie la viera, llegando a un claro del bosque.

El resplandor del sol era tan cálido que iluminaba su pequeño rostro y las lagrimas que acariciaban sus tiernas mejillas. Cuánto deseaba haberle dicho que no, pero si su señor deseaba que así fuera no podía negársele, seguro que había una razón para dejarla junto a los amigos de su hermano. Se sentía tan triste y desolada, después de todo lo que había vivido pensaba que ya había encontrado su lugar, llegando a creer que finalmente había hallado a su familia, conformada por Sesshomaru, Jaken, Ah Un y ella, la pequeña Rin.

Debía ser por eso que el dolor era muy profundo, sin embargo tenía que ser fuerte porque él le había prometido que vendría a verla. Y el señor Sesshomaru siempre cumple su palabra.

—Rin, ¿dónde estás? —Kagome gritaba llamándola, le preocupaba la actitud de la niña, quien no se había quejado, ni había dicho nada; únicamente se limitó a asentir ante la orden de Sesshomaru. Los niños en general son poco comprensivos y se llevan por sus emociones, por ello creía que Rin necesitaba consuelo; era tan sólo una niña huérfana que necesitaba de amor y contención.

Divisó un pequeño bulto color naranja con una coleta, sus pequeños sollozos le hicieron estrujar su corazón. Tratando de no hacer notar su presencia se acercó despacio y le dio un abrazo tan acogedor y protector que hizo calmar la pena de Rin.

—"Mamá" —pensó la pequeña alzando su rostro viendo a unos achocolatados ojos y una tenue sonrisa, eso provocó que dejara de reprimir sus lágrimas y liberara toda su tristeza.

—Shh, llora todo lo que quieras pequeña Rin —Kagome la mecía entre sus brazos mientras que la niña se enterraba profundamente en su pecho buscando refugio humedeciendo su camisa—. Todo va a estar bien, yo estoy aquí. Todos estamos contigo, somos tu familia.

— ¿De verdad que lo son? — preguntó con tanta ilusión aclarándose su tierna voz.

—Desde ahora y siempre —asintió la mayor con una gran sonrisa, desde ese momento jamás podría dejar de ser parte de su familia.

El día transcurrió sin grandes sobresaltos, tanto Shippo como Kohaku trataron de animar y distraer a Rin haciéndola partícipe de todas sus actividades. Miroku fue por Inuyasha para hacerle saber del acontecimiento, quien pareció no importarle en absoluto respondiendo que no lo molestara con nimiedades y que regresaría al pueblo cuando atardeciera. Mientras que Kagome decidió postergar la ida a su época hasta la mañana siguiente ya que había pasado mucho tiempo desde la última vez que visitó a su familia. Se apenaba por irse tan pronto, fundamentalmente por Rin, pero no podía seguir posponiéndolo.

—Vamos Rin está oscureciendo, la anciana Kaede y Kagome se preocuparán — apresuró el joven zorrito.

— ¡Espera Shippo! Sólo recolectaré un poco más. Las flores de color lila y blanco son para la señorita Kagome, me faltan las amarillas para la señora Kaede —respondió la aludida, quería hacerle un pequeño presente a las dos sacerdotisas por su amabilidad, se trataba de una pequeña muy agradecida y amorosa — ¡Ya terminé! ¡Gracias Shippo!

— De nada —respondió algo sonrojado el pequeño al ver la radiante sonrisa que le brindaba su amiga, había que reconocerlo era una niña muy bonita, y nuestro querido zorrito no podía ignorarlo y menos dejar de contemplarlo.

—Entonces, apresurémonos —apuró la muchachita agarrándolo de la mano y empezando a correr.

Era muy tarde, y a pesar de que la aldea estaba protegida por quienes conocemos, el bosque a la noche podía resultar muy peligroso para unos niños como ellos ya que tanto demonios como ladrones o asesinos rondaban en él. Todos esperaban la llegada de los pequeños, estaban impacientes, si no llegaban dentro de unos minutos tanto Kagome como Sango saldrían a buscarlos. En cuanto a Miroku se encontraba tirado en alguna parte de la cabaña gracias al golpe que le propinó nuestra temperamental taijiya. ¿Cómo es eso de andar acariciando sus partes nobles mientras que ella estaba expresando su preocupación por los pequeños del grupo? Si será inoportuno ese monje…

— ¿E Inuyasha? ¿En dónde está? No se ha aparecido en todo el día —preguntó Kagome.

—Me dijo Miroku que estaba en el Goshimboku y que regresaría al atardecer. Seguro que está en camino —trató de reconfortarla Sango.

—Sí, probablemente… pero si no vuelve tendremos que ir a buscarlos sin él.

—Muchacha, no te hagas problemas. Ya Kohaku fue a llamarlos, los traerá de regreso —de pronto vieron atravesar por la puerta a los aludidos enroscados en una entretenida platica —Ven cómo esta anciana tiene razón, no hay de qué preocuparse.

—Lo sentimos mucho, señorita Kagome —repuso Rin al notar la inquietud que embargaba a la joven azabache.

—No es nada, sólo estábamos algo preocupados por ustedes ya es de noche. Y otra cosa Rin dime Kagome, no hace falta que me digas señorita. Ahora somos familia ¿No? –– respondió animadamente.

La pequeña asintió efusivamente e hizo entrega del humilde pero sincero presente a Kagome y Kaede, disculpándose con Sango por haberse olvidado un ramo para ella. La cual expresó amablemente que ya habría otras ocasiones para darle uno.

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Era muy entrada la noche. El silencio imperaba. El resplandor de las estrellas junto con el de la luna llena iluminaba el vasto territorio del Japón Feudal. Una figura sobrenatural y extremadamente digna de admiración contemplaba tanta belleza; sus cabellos plateados se movían al compás de la tenue brisa, sus ojos dorados y apacibles cambiaban de matices por el reflejo que la luna le brindaba. No estaba muy lejos del lugar a donde dejó a su pupila, tomó una decisión correcta y no era tiempo de retractarse además que él nunca lo hacía. Arrepentirse de sus actos no era propio de Sesshomaru.

Se sentía inquieta, pero qué podía hacer. No conciliaba el sueño, sentía que su mente trabajaba a mil, los pensamientos no la dejaban tranquila y menos en la noche cuando ya nadie ni nada la distraía. Lo mejor sería tomar un poco de aire fresco, era una buena idea o eso creía.

Percibió el frescor y lo comparó con su época, eran totalmente opuestos el tiempo, la gente, la vida. Reflexionó sobre cómo el paso del tiempo transforma todo, nada es eterno, ni absoluto; esa idea la hizo sentir pequeña e insignificante pero no la perturbó, es más apaciguó su espíritu. Cerró momentáneamente sus párpados para percibir esa tranquilidad de la noche, el silencio, pero al abrirlos vio como unas luces aparecían en el bosque, no podía ser… no esa energía, ese aura hacía mucho que había desaparecido de este mundo. Sin esperar un minuto más corrió desesperadamente para poder comprobarlo mientras que lo único que se le cruzaba por su mente era un nombre…

Inuyasha

Al internarse en la profundidad del bosque, distinguió al culpable de sus desvelos y protagonista de todos sus pensamientos, quien estaba dirigiéndose hacia donde se encontraban esas luces aún lejanas.

Su corazón no dejaba de latir fuertemente tanto por el esfuerzo físico que hizo para llegar como por la angustia y temor por este acontecimiento. Muy en lo profundo de su ser, inconscientemente sabía que algún día pasaría pero no presintió que fuera tan pronto.

Se detuvo no podía seguir corriendo. Inuyasha se encontraba inmóvil dándole la espalda. Él ya había percibido su presencia…

マリアンヘレス.


El Rinconcito de la que escribe:

No sé cómo justificarme ante los que han estado esperando esta actualización. Primero debo decirles que lo siento mucho por haberme ausentado tanto tiempo, los meses se pasan volando.

Entre la facu –universidad- , el trabajo –en el que me he sentido muy estresada-, y las horas que pierdo viajando de la uni al trabajo y de este a mi casa, me han dejado casi muerta sin ganas de nada… muchas veces me digo que me asemejo más a un ente que un ser vivo je je. Esta situación y los diversos problemas tanto familiares como internos, es decir de ánimo me han dejado con cero inspiración.

En cuanto a este capi lo he estado armando leyendo y releyendo, agregando detalles, es decir, podría haberlo subido antes pero tenía esa duda si era suficiente lo narrado y me he replanteado a dónde va a parar esta historia. Más que nada he tenido esa duda de si les va a ser de su agrado o dirán que parece de relleno, no lo sé es lo que siento. Pero al fin me decidí y me dije lo subo y si les gusta me dejaran reviews o no –siempre hay lectores anónimos, muchas veces me considero una de ellos-. Y si no les gusta me quedo con la frasecita "a lo hecho pecho"; lo principal en cuanto a escribir es "escribir para uno mismo" y si te gusta o te sientes feliz por hacerlo es lo más importante, con este pensamiento pretendo seguir en este mundo de la escritura –aunque sea de fanfics por el momento-

Agradezco los comentarios que siempre son bienvenidos.

Muchas gracias por leer.