Parecía como si el mundo hubiera desaparecido bajo sus pies. Aquella muchacha era la sobrina de su mayor enemigo. Por eso seguramente era importante. Era una Templaria.

-¿Sobrina?-

Samuel Adams asiente con la cabeza y con un gesto de la mano, despide a Achilles, quien se sube al carro y desaparece camino a la Hacienda. Ya no se preocupaba por Connor, y menos sabiendo que estaba con Sam. No había muchas posibilidades de que se metiese en líos, a pesar de que era un muchacho impulsivo que se dejaba llevar por la sangre y los sentimientos. En eso se parecía a Altaïr y Ezio.

-Vamos Connor. Vayamos a dar un paseo ¿Quieres?-

El Asesino asiente y ambos se encaminan al puerto. Connor tiene la espalda recta y su capucha le permite ver y no ser visto. Sam Adams, mantiene las manos detrás de la espalda, entrelazadas, con una mirada relajada y contenta. Está feliz al ver todo lo que se está logrando. Como Boston y otras ciudades despiertan del yugo de los británicos. Adams se gira hacia su compañero mientras en sus oídos resuenan los gritos de los pescadores y marineros.

-Lady Rebecca Duchannes procede de Francia, pero a los 12 años se vino con su madre, Lady Anne, la hermana de Charles Lee. Han vivido en una casa en Montréal, antes de mudarse a Boston-Adams se para para observar un puesto de frutas. Algunas tienen un aspecto exquisito,tanto, que incluso a Connor se le hace la boca agua-Mis informadores dicen que ha estado estudiando para ingresar en la orden templaria desde una tierna edad-

-¿Cuántos años tiene?-

-Cuatro menos que tú. Veintidós años, cumplidos en Mayo-

Connor se para de golpe y golpea suavemente a Sam en el brazo. A lo lejos, la que ahora Connor consideraba su enemiga.

Lady Rebecca Duchannes, seguida de lo que parecía una criada, admira los puestos y la actividad que hay aquellas horas en el puerto. Su pelo rizado rubio cae como una cortina por su hombro. Lleva un vestido de terciopelo morado, con un corsé del mismo color que se ciñe a su cuerpo, realzándolo. Sus mangas se abren en la zona de las muñecas y el vestido deja sus hombros al aire. Parece una niña adorable, con sus mejillas sonrosadas y unos hoyuelos que le aparecen en estas al reír.

Sam no puede evitar silbar levemente y dar un codazo a Connor.

-No me dijiste que tu amiga era tan atractiva-

'Ni yo lo veía...'Piensa el Asesino observando la delicada figura que se alza frente a él. Su mente se debate entre la belleza de la joven y sus ideales. Niega con la cabeza.

-¿Achilles piensa que deberíamos atacarla?-Sam niega con la cabeza y suspira enigmáticamente-¿Qué ocurre?-Una vena aparece en la frente de Connor.

-Él me dijo que no te podíamos decir nada,que era mejor así...-Adams sonríe como puede y da dos palmadas en el brazo de Connor.


1775

No puede evitar sentirse frustrado y dar vueltas en círculos en su diminuto cubículo. Había fracasado en su intento de asesinar a Thomas Hickey y ahora estaba encerrado en una húmeda y maloliente prisión, preguntándose si volvería a tener la oportunidad y, sobretodo, maldiciendo el saber que Hickey estaba en alguna de las celdas superiores, reservada para los presos ''de lujo''

No sabía que podía haber salido mal. Bueno sí. Se habían perseguido por las calles de Boston y luego los guardias los habían apresado al intentar pegarse. Pero alguien había dado la voz de alarma, ya que Hickey estaba preparado, y, como Connor sospechaba, era Lady Rebecca.

Durante aquél tiempo en que había realizado misiones y pululado por Lexington, Concord y Boston, Connor sospechaba que alguien tenía un ojo fijo en él. Debido a Achilles, había conocido que la sobrina de Charles Lee estaba versada no solo en artes propias de las damas,como canto, estudios y un conocimiento exquisito del violín, ese instrumento nuevo que había sido traído de Italia, sino que además era una excelente luchadora, como algunos asesinos de la orden habían tenido el placer de conocer, al ser descubiertos. Connor se había sorprendido de que Lady Rebecca los dejase con vida.

Aunque eso no hacía que Connor dejase de tenerle aprensión.


-¡Eh, mestizo! ¡Levanta tu sucio culo de la celda y sal de ahí!-

La ''melosa'' voz del guardia despeja a Connor, que no duda en bajar para hablar con el tal Weems. Sus compañeros de la celda de al lado decían que poseía una llave que abriría todas las puertas de la cárcel. Connor decidió aliarse con él para así dar caza a Hickey.

Al bajar al patio, no duda. Se encuentra absorto en un juego hasta que ve a Connor sentado enfrente.

-¿Una partida,amigo?-

-Solo a cambio de información-

Weems mueve ficha.

-Washington está en peligro-

El hombre se para y frunce el ceño enfadado.

-¡Oh,claro! Burlaos todos de mí ¿Es una broma?-

Los ojos oscuros de Connor no dejaban lugar a dudas.

-No, y si no me ayudas, le atacarán. Necesito tu llave-

-La tiene ese matón de ahí-

Weems señaló con la cabeza y Connor se levantó dispuesto a hacer uso de sus habilidades como asesino.


Mientras tanto, en la Hacienda Davenport, Sam Adams se encontraba reunido con Achilles Davenport y una persona más.

-¿Y dices que piensan...ejecutarlo?-

-Así es-

-¿Cómo lo has sabido?-

Ambos hombres reciben una hostil mirada por parte de su invitado.

-Corro un grave peligro viniendo hacia aquí, caballeros. Soy leal a la causa, como mi madre lo ha sido, pero eso no implica que pueda hacer esto. Llevo jugando con fuego desde que estoy en Boston, señores. Han ideado un plan para hacer que ejecuten a Connor como planeador del ataque contra Washington-

Sam da un golpe a la mesa con la palma de la mano.

-¡Eso es absurdo!-

La persona invitada le da una franca mirada.

-Lo sé, pero deben estar preparados. Será en Boston, y Washington estará presente...-La persona camina hacia la puerta, camino de salir de la estancia,pero se detiene y los mira a ambos-Yo formaré parte de su equipo, monseñor Davenport, pero quiero ser irreconocible. Hickey estará presente para disfrutar de la ejecución...-Baja la mirada y suspira-Como también lo estará, Charles Lee-