Una semana después...


El sol entra por la ventana, filtrándose la luz entre la cortina de color azul,semitransparente. Se oye el canto de los pájaros y el ruido de los jornaleros que se dirigen con paso pesado hacia su lugar de trabajo. Connor no puede evitar hacer una mueca al levantarse. La herida está casi curada, aunque los puntos aún le tiran.

Hace una semana que se haya en la Mansión Duchannes, a las afueras de Lexington. Rebecca no le había permitido salir del cuarto hasta que el doctor dio el visto bueno. Parecía como si de verdad se preocupase, aunque Connor pensaba que eso era poco probable.

Ve su ropa perfectamente limpiada y doblada sobre una silla. Su hoja oculta se haya en un escritorio al lado. El Asesino se pone su ropa y se coloca la hija oculta en su muñeca. Se da cuenta de que le faltan su arco y su tomahawk y maldice por lo bajo. Seguramente Rebecca se había hecho con ellos. Tenía que encontrar sus armas.

Baja con cuidado los escalones intentando hacer el mínimo ruido. Oye el trajín propio de la cocina y la voz dulce de Rebecca, riendo con otra mujer, que, como supone Connor, sería la criada que vio la noche en que fue llevado a la casa Duchannes. El ruido de la madera al crujir hace que Connor se maldijese en voz baja y que el sonido de los platos cese. Connor intenta acercarse a la puerta principal,pero la voz de Rebecca le para en seco.

-Parece que nuestro invitado ya se encuentra en forma-

Se gira y la observa. Rebecca lleva una camisa holgada por encima de sus pantalones de caza y lleva un arco colgado detrás de la espalda. Tiene el pelo rizado desordenado, aunque, eso a Connor le hace pensar que la hace más bella. El Asesino se fija de las pequeñas pecas que tiene en la cara.

-El médico le dijo que tenía que estar en forma. Y el tiempo no acompaña para cazar,como puede ver-

Era cierto. Por la ventana se veía como el paisaje tenía varias capas de nieve de un grosor considerable. Connor no conseguiría cazar nada provechoso, y además, no llegaría a su destino sin agotarse. Necesitaba reponer fuerzas para futuras misiones.

-Venga conmigo. Vamos a ver si es cierto que usted es buen luchador-

-Debería decir lo mismo de usted, lady Rebecca-

La joven, que había empezado a caminar se para en seco. Connor observa la figura erguida delante de él y oye una risa leve.

Piensa que no hay mejor sonido en el mundo.


Golpe. Más golpes. Connor los para, aunque siente el dolor de su herida. Pero se siente rejuvenecido. Los músculos se contraen y le arden por el ejercicio, pero agradece la sensación.

-Peleas como una chica-

Lady Rebecca para un golpe y le retuerce el brazo a Connor, acercándole a ella y mirándole a los ojos.

-¿No se te ha ocurrido pensar en algún momento de tu miserable vida...Qué soy una chica?-

Connor ríe,pero su risa es cortada por Rebecca, quien barre el suelo con su pierna derecha, tirando al Asesino al suelo,cayendo este de espaldas,asombrado. La bota de la joven se pone sobre su entrepierna, haciendo que Connor aguante la respiración.

-¿Suficiente, Asesino?-

Él asiente y Rebecca le ayuda a levantarse. Connor la observa lentamente. La figura de su espalda. Las pequeñas gotas de sudor que adornan su frente. Las mejillas sonrosadas por el ejercicio. Ve como la joven se sienta en una silla y decide que es momento de preguntar.

-¿Vives aquí?-

Ve como ella niega con la cabeza. Connor se descubre a sí mismo mirando su pecho subir y bajar del cansancio. Avergonzado, fija su mirada en otro sitio.

-La casa pertenece a mi madre. Yo vivo en Nueva York-Rebecca cogió aire-Se me ordenó tenerte vigilado, y, como buena espía,no debo dar sospechas. Vi como te marchabas de la Hacienda y te seguí. Fuiste muy descuidado al dormirte. Ese lobo podía haberte matado-

-¿Dónde está tu madre?-Connor cambió de tema con quería que le recordasen su error.

-En Montréal por órdenes de Charles Lee-Rebecca pone los ojos en blanco-Sé que esto es extraño,Connor. Pero pertenezco a tu causa, a pesar de tener que comportarme como una templaria-El Asesino la oye suspirar-La mayoría de mi familia son miembros de la Orden, y si descubriesen que tanto mi padre,mi madre, como yo misma, somos Asesinos, nuestras cabezas rodarían por el suelo-

-¿Tienes aprecio a Charles Lee?-

Rebecca observa a Connor durante dos largos minutos, en los que se remueve nervioso,lamentándose de haber preguntado.

-Es mi tío, Connor. Me ha dado una casa aquí y, a pesar de todo, pone todos sus esfuerzos en que no me pase nada...Aunque...-Suspira de nuevo-Muchas veces me pienso, que, si no fuera una no fuese nada...Quizá no me tendría tanto aprecio-

-Ya veo...¿Y tu padre?-

-Murió cuando yo tenía diez años. Lo abordaron en un barco y,aunque sabían que era un Asesino, los Templarios debían pensar que había muerto o si no lo descubrirían-Una mueca triste aparece en la cara de la joven-No podía matar a sus compañeros Asesinos...Prefirió que lo matasen-

-Lo siento...Mi madre también murió cuando yo era joven-Al decir eso, Rebecca fija su mirada observando con atención al hombre que tenía delante-Charles Lee incendió mi aldea y por ello...Mi madre murió-

Rebecca cierra los ojos y suelta el aire lentamente por la nariz. Parecía realmente triste. Se levanta de la silla y pone una mano de dedos delgados y finos sobre la grande y fuerte de Connor. Hay mucho contraste entre el color de su piel.

-Lo siento-Dice mirándole a los ojos-No sabes la de veces que pido perdón por culpa de lo que hace mi tío...-

-Pero...No tienes la culpa-

Una sonrisa triste aparece en el rostro de la chica.

-A veces lo siento como tal-

Connor la mira y la rodea entre sus brazos,notando su aroma. A canela, rosas y un poco de sudor. Le agrada y quiere quedarse así durante mucho tiempo,pero Rebecca se aparta, subiendo las escaleras en dirección a la casa.