CAPÍTULO 3
Comencé a hacer mi maleta para los tres días de convivencia que pasaría en el hostal de Capuzzi. No podía evitar sentirme algo contenta, por mucho que el plan me pareciese una completa estupidez. Puede que pasar unos días con Castle me viniera bien, aunque fuera rodeada de micrófonos y con la voz de Kevin Mason y la idiota de Stella Green todo el día en mi oído. Decidí meter algún que otro vestido por si en algún momento teníamos que cenar de etiqueta (o eso me dije a mi misma) además de cualquier prenda de ropa que no parecía la de una policía soltera y amargada (como realmente me sentía)
Cuando llegué a la comisaría todo ocurrió muy rápido. Las órdenes eran claras. Debíamos tener nuestros micrófonos pegados al cuerpo y los interfonos en la orejas hasta las diez de la noche, momento en el cual, si no los veíamos necesarios, podríamos quitárnoslos hasta el día siguiente a las nueve de la mañana. Ryan y Espósito no paraban de hacer bromas del tipo: "Ya era hora de que papá y mamá se casaran" o "el marido y la mujer oficiales de la 12 por fin hacen público su compromiso". Procuré sentirme molesta y sin ganas de empezar esta misión absurda, la cual en el fondo me encantaba.
Castle también bromeaba. Parecía estar contento con todo este paripé y, sobre todo, contento con verme cabreada. En el coche de camino a casa de Capuzzi los únicos que hablaban eran Mason y Green. Esta última no había desistido en sus intentos de ligar con el escritor, mientras que este la ignoraba lo más discretamente que podía. ¡Ese era mi Castle!
Un kilómetro antes de llegar, Mason paró el coche y tanto él como Stella se bajaron.
-Ahora comienza su momento, inspectora, usted y el señor Castle son una pareja joven que desea los servicios de la casa Capuzzi para comprobar si su boda debe seguir adelante y, si este es el caso, una celebración por todo lo alto en este establecimiento. Espero que los genes de uno y las clases de interpretación sirvan para algo. No podríamos permitirnos ser descubiertos.
-Haremos lo que podamos- Castle y yo nos bajamos del coche para pasar a los asientos delanteros y, como era habitual, me senté en el asiento del conductor.
-Eso no es justo, hoy debería conducir yo, que estamos actuando.
-Eso no va a pasar nunca, casados o no.
-Bueno, cuando nos casemos quiero el divorcio
-Ni lo dudes.
El resto del camino fue prácticamente igual. De vez en cuando nos soltábamos alguna broma, pero nada serio.
La casa de Capuzzi era enorme. Con una fachada blanca, el tamaño de un hotel de lujo y un verde jardín perfectamente cuidado. Alguien vino a recibirnos.
-Buenas tardes. Ustedes deben de ser nuestros nuevos clientes, los señores...
-Hobbes, Carrie y Preston -respondí rápidamente-aunque bueno,eso de compartir apellido lo decidiremos estos días-solté una risa tonta y vi como el señor dejaba asomar una sonrisa. Parecía que mi papel de aquella "misión" sería el de una novia tonta solo pendiente de su maridito. Lo que yo más odiaba en el mundo, genial.
-Ese de ahí es Carlos Márquez, uno de los hombre de Capuzzi.-la voz de Stella Green pitó en uno de mis oídos- Así que procurad actuar bien, porque a ti, Katherine, se te ve un poco sobreactuada.
La mato. De verdad que la mato.
-Mi nombre es Juan Solís, les llevaré a su habitación y después les enseñaré un poco el sitio. Su primera reunión no es hasta mañana a las nueve, así que hoy tienen tiempo de conocer todo y empezar a relacionarse con la gente.
-Bien, muchas gracias.
Nos llevó a una habitación en el tercer piso y nos dejó allí con la promesa de venir a buscarnos dentro de una hora, cuando estuviéramos instalados. Cuando entré en la habitación no me lo pude creer. La preocupación invadió mi cuerpo. Tenía que habérmelo esperado, pero estaba demasiado emocionada con eso de hacerme pasar por su esposa. Nos miramos pero él no pareció darse cuenta. Mierda, ¿por que siempre había algo que no salía como yo quería?
Allí solo había una cama.
