CAPÍTULO 5.

El sonido de una alarma me despertó por la mañana. Miré el reloj que marcaba las ocho. Hora de levantarse y, una hora después encender los interfonos de nuevo y comenzar la primera "clase conyugal". Un radiante y soleado día en el que me tocaría aguantar a Stella Green durante más de doce horas; estupendo.

Me levanté y rápidamente me metí en el baño. Me di la ducha más rápida que pude y me vestí. Después de maquillarme un poco y alisarme el pelo salí del baño. Castle seguía en la cama dando vueltas como un niño pequeño antes de ir al colegio.

-Castle, arriba, como sigas durmiendo Stella se va a enfadar contigo.

-Que se enfade-contestó él tapándose con la sábana- necesito dormir.

Me acerqué a él. Por las mañanas estaba igual de guapo que siempre, incluso le daba un aire morboso y sexy. Me agaché a su lado y le acaricié el pelo.

-Vamos, señor Hobbes, es hora de empezar a vivir como un matrimonio- sonreí al pensar que, ante aquella imagen, parecíamos un matrimonio de verdad.

Él se levantó perezosamente y fue directo al baño. Desde el otro lado de la habitación gritó:

-Yo por mi querida Carrie... hasta madrugo.

Sonreí al pensar si se referiría solamente a Carrie o puede que también pensase un poquito en Kate.

Bajamos a desayunar y nos unimos a una mesa llena de pre-matrimonios (como Castle los llamaba) que habíamos conocido la noche anterior. Ninguno me caía bien así que procuré interpretar mi papel lo mejor que pude para terminar rápido aquella experiencia desagradable. En el momento en el que parecía mejorar la cosa, pues estaba a punto de comerme una suculenta tostada con mantequilla,mi tortura diaria apareció en escena.

-Buenos días, inspectora, señor Castle, hoy deben aprovechar el día al máximo e intentar tomar contacto con Capuzzi. El detective Mason y yo seguimos intentando averiguar como introducir las cámaras en el despacho del objetivo, pero antes debéis averiguar donde está dicha habitación. Ese y tomar contacto con el jefe serán vuestros objetivos de hoy. Que uno tosa y el otro estornude si lo han entendido a la perfección. Castle y yo nos miramos y, como si cada uno supiera lo que el otro pensaba, comenzamos a reírnos a carcajadas. Los integrantes de la mesa nos miraban extrañados mientras el cabreo de Green aumentaba.

-Me supongo que eso es un si- contentó secamente- seguiremos en contacto y recuerden que oímos todo lo que dicen.

-¿De que se ríen, Carrie?- preguntó Hilary Adventage, una de las mujercitas perfectas de la mesa- ¿nos hemos perdido algo?

Castle y yo nos miramos de nuevo mientras seguíamos sin poder contener la risa.

-Perdonen- intenté disimular- es que mi querido Preston se había manchado el bigote con la espuma del café, lo cual es una broma que tenemos entre nosotros.

-Debería limpiársela usted con un buen beso, señorita Carrie- el marido de Hilary, Tom, siempre tocando las narices.

Miré a Castle asustada y sin saber que hacer.

-La verdad es que son ustedes la única pareja que todavía no se ha besado en público- la que hablaba ahora era Lynette Meyer, una ama de casa realmente inculta y con una risa verdaderamente irritante- y, créanme, hemos estado atentos.

Otra vez esa risa, insoportable.

-¿Que están haciendo? ¡No se queden ahí parados!- exclamó el detective Mason desde el otro lado del interfono- ¡bésense!

Miré a Castle asustada de nuevo, no sabía que hacer. Puede que para dos actores o, incluso, dos agentes normales aquello habría sido una pequeña broma de la que reírse durante unos meses. Pero nosotros no éramos dos agentes normales y aquello, definitivamente, no iba a ser una broma.

Él tampoco parecía del todo cómodo. Se encogió de hombros y avanzó lentamente hacia mi. Yo me incliné hacia un lado y miré por última vez aquellos ojos brillantes antes de cerrar los míos.

-Señores, es el momento de la primera clase- uno de los trabajadores del lugar nos interrumpió justo antes de rozar mis labios. Salvados por el sirviente.

¿Que habría pasado si no llega a aparecer? Pues es obvio, Katherine, que habrías besado a Castle. ¿Y que habría sentido? Eso puede que nunca lo supiera.

Todavía en estado de shock avancé detrás del montón de gente hacia la que sería nuestra primera clase de matrimonio. Mientras todas las parejas allí presentes se abrazaban y se cogían entre ellos por el hombro para caminar, Castle rozó mi mano derecha. Ya que estábamos, de perdidos al río. Agarré sus dedos con suavidad y le sonreí.

-Por un pelo, inspectora.