CAPÍTULO 7.

A los dos minutos de su salida, Castle regresó con un semblante serio y sin pronunciar palabra. Se sentó a mi lado de nuevo pero esta vez apartó toda parte de su cuerpo de mi y dirigió la mirada al suelo, de donde no la levantó hasta el fin de la clase. Entre consejos de como la utilidad de un buen beso favorece las relaciones y de ejemplos variados de besar según nuestro estado de ánimo me puse a pensar, pues lo que aquella lunática estaba diciendo no me interesaba en absolto. En primer lugar ¿Qué habría significado ese beso para mí? Teóricamente nada, pues solo era una forma de actuar. Por el contrario, dejando atrás prejuicios y basándome solo en los sentimientos reconocidos, lo significaba todo. Significaba la prueba final de lo que tanto tiempo llevaba sospechando.

Por otra parte, la pregunta que más rondaba mi cabeza era la de qué habría significado ese beso para Castle. Él me había dicho que me quería hacía un tiempo, pero no sabía que yo tenía constancia de ello. ¿O si lo sabía? ¿Y si, ante tanta espera, había decidido olvidarme? ¿Por qué no me miraba, por qué había salido tan bruscamente y con una absurda mentira? Y lo más importante, ¿Por qué demonios no le decía lo que sentía de una vez y dejaba que las cosas actuasen por si solas, arreglándose como deberían? Pues porque son Katherine Houghton Beckett y eso de actuar correctamente para que todo salga bien no es mi estilo. ¿Es que acaso no llevaba gustándome Castle un montón de tiempo y yo no hacía más que estropearlo todo? "Maneras de joder una relación" por sería un best seller en toda regla.

Al terminar la clase de los besos tuvimos que meternos en otra de convivencia conyugal, cosa que no me diola opción de hablar con Castle, pues eran mujeres y hombres por separado. ¡Menuda estupidez de sitio! A la hora de la comida estuvimos callados, simplemente hablando en monosílabos.

-Señor Castle, inspectora, ¿se puede saber que os pasa? Os estais delatando. Teneis que actuar como una pareja enamorada, no como un verdadero matrimonio- genial, Stella Green por el interfono, para alegrarme la tarde. ¿Qué más podía ir mal?

-Perdona Stella, no me encuentro muy bien y la inspectora lo sabe, por ello no nos hablamos-me miró para que fuera cómplice de aquella mentira.

-Si, Castle se pone de muy mal humor cuando está enfermo y no quería provocar una discusión- intenté sonreír pero, al ver la cara de Castle, no me salió.

-Pues me da igual- exclamó Mason, casi dejándonos sordos- como este plan se estropee les juro que uno no volverá a pisar la comisaría y la otra será destinada a dirigir el tráfico toda su vida. ¿Entendido?

-Perfectamente.

Castle y yo comenzamos a hablar de cosas triviales, lo cual me ponía aun mas nerviosa, pues deseaba aclarar cosas con él, pero no quería hacerlo ante el fino oído de Stella Green. La tarde fue todavía peor, pues no solo tuvimos que aparentar ser más felices que Bangelina, si no, que nuestros compañeros de aventura conyugal no paraban de hacernos preguntas sobre como nos habíamos conocido, si pensábamos tener hijos, cómo eran nuestras vidas... era la definición gráfica del infierno.

Por fin llegaron las diez de la noche. Castle se encerró en el baño después de cenar con la excusa de afeitarse y ese fue el momento en el que vi claro que podía hablar: teniéndolo en persona pero sin verle la cara.

-Castle...necesito hablar contigo- dije pegándome a la puerta.

-¿No prefieres esperar un momento a que salga?- añadió tras la puerta.

-No, da igual, quédate ahí.

Me quedé en silencio un rato. No me podía creer lo que estaba a punto de hacer. Además estaba a punto de parecer una idiota, hablando detrás de una puerta.

-¿Beckett?

-Si, si, sigo aquí. Yo quería hablar de lo que ha pasado hoy.

-Ya te he dicho que no me encontraba bien.

-No, de eso no, de nuestro...ya sabes...nuestro beso.

En ese preciso instante se abrió la puerta. En la cara de Castle no había ni rastro de espuma de afeitar, lo que demostraba que no se había metido allí para ello. Lo que si podía apreciar en su cara era tristeza, unos ojos azules que ya no brillaban y una sonrisa completamente desaparecida.

-Lo sabes- dijo él.

-Sabes que lo se.