N/A: Olassss gente! Aquí traigo el segundo capítulo. ¿He tardado mucho? ESpero que no! Prometo tratar de ir más rápido. A ver, muchos de los que me dejásteis vuestro correo no pudistéis ser avisados porque la página no dejaba escribirlo y no aparecía en el review. Así que si sabéis de compañeros que leían entes el fict espero que se lo digáis, porque a mí me ha resultado imposible. Vale, quitando esto, espero que os haya gustado el primer capítulo. Al principio la trama irá pasando más lentamente porque han pasado cinco años y tengo que explicar muchas cosas, aparte de que habrá nuevos personajes, pero prometo que después se irá animando. Para empezar, habrá batallas durante todo el fict, no como en el otro que sólo hubo después de Navidad. Umm, en este capítulo ya nos encontramos a dos nuevos personajes. Atentos a ellos porque serán muy muy muy importantes. Algunos quizás adivinéis a primera vista que son arcángeles. Dicho esto, sólo añadir que como a partir de ahora los títulos serán en inglés, pondré la traducción abajo en español. Espero vuestros reviews! Muchos besazos!
Reviews:
D.Alatriste: Olasss! Jajajaj, me gusta, me gusta, un comienzo y ya exigiendo, ajajjaja. Umm, sips, lo siento, no sé si lo dije o no, pero Harry está enfermo y ya veremos porqué. Bueno, yo espero que está continuación os guste al menos igual q la segunda guerra, ajjaaj. Ya veremos. Besazos!
Saralpp: Olasss! Jaja, gracias. Sí, espero actualizar de una manera regular, pero ni de broma como lo estaba haciendo últimamente, es demasiado estresante, jajaj. Sí, habrá aquí un Ron y Hermione.
Ren: Olassss! Gracias! Jajajajaj, bueno, es curioso, pero sabía que la primera reacción de todos iba a ser "que repelente que es Alan". Alan es arrogante, sí, es poderoso sí y dará muchos problemas. Pero olvidas que Christine es arrogante. La diferencia es que ella sólo lo es con quien debe serlo. Alan todavía no ha madurado lo suficiente para pensar eso. Sé que el Alan que vais a ver al principio te va a caer como una patada en el culo, así que te pongo sobre aviso, pero dale tiempo, como le distéis a Christine. Tema Harry. No es que no pueda usar su poder, obviamente puede, es que no debe usarlo. Christine se lo limita. Pero...estamos hablando de Harry, así que...¿crees que él hará caso? Pero no te preocupes, al principio, veremos a un Harry bastante mal herido, pero luego volverá a ser el de siempre, incluso voy a hacer que sus poderes crezcan. No te preocupes, Harry sigue siendo el protagonista, no Alan. Jajajjaja, le has tomado manía a muy pobre niño. Peleando? Ummm, quizás. Besazos!
Loka Moony/Lupin: Olass! Jaja, bueno, por fin me has cogido! Sí, ahora que ya se acabó la 2º guerra, pero es que ya era muy largo, verdad? Me alegro q te gustara y espero q este vaya por buen camino también. Umm, bueno, sí, Ian ha cambiado bastante y vamos a ver su parte más mala, si es que puede ser más malo ya. Te gusta Alan? Novedad! Jaajaj, ya veremos si me dices lo mismo dentro de unos capítulos, pero me alegro q te guste, porque...bueno, eso ya te lo diré más adelante. En fin, gracias por el review y besazos!
Consu: Olass! Jajajaja, muchas gracias! Sí, la verdad es que me gusta demasiado escribir y claro, pues no podía dejar todas estas ideas metidas en mi cabecita. Besazos!
LaUrAaA: Muchas gracias! Yo también espero que esta parte sea al menos igual a la otra, lo intentaré. Besazos!
Alkas: Olasss! Jajaj, gracias! Sí, es cierto, he añadido ciertas cosas de los libros de Dan Brown, pero sólo porque se me ocurrió una idea que tenía mucho sentido. De todas formas, es de Ángeles y Demonios de lo que más tiene. Espero llevar un ritmo bueno de actualización. Besos!
+Marita: Olasss! Me alegro que te haya gustado este primer capítulo. Sí, es verdad, la batalla contra Voldemort dejó consecuencias, ya lo dije. Michaela estuvo advirtiendo a Harry toda la 2º guerra y tenía sus motivos. No obstante, aunque le cueste entrar en escena, volveremos a ver a un Harry mucho más fuerte. Te gusta Alan? Jaaja, ya te dejara de gustar, ajaja. No, a ver, sí, le tengo preparadas muchasssss cosas y ya veremos qué papel desempeña. Besos!
Alguien: Hola! Aquí irá más rápido y lo alcanzará. Así que iré a la par. Muchas gracias, me alegro que te guste como escribo. Besos!
Sarah-Keyko: Olasss! La verdad es que cuando acabé la 2º guerra ya tenía escritas algunas escenas de este nuevo fict y pensada una posible continuación, así que me decidí a realizarla. Sí, habrá mucho más Ron/Hermione que en la 2º guerra y llegará a haber una posible relación. Ya dije que no lo haría en el otro fict porque consideraba que no habían sucedido motivos suficientes para unirlos. Ahora sí los hay. Harry está enfermo sí y me temo que lo estará a lo largo de todo el fict, pero...se recuperará bastante de cómo está ahora y volverá a ser tan poderoso como siempre. Sólo hay que darle tiempo a Christine para que haga su trabajo. Umm, bueno, sí, Harry y Ginny están juntos, pero habrá problemas entre ellos en un futuro. Sí, Alan será uno de los protas porque para eso decidí hacer un "después de Hogwarts". Quería a un Alan lo suficientemente mayor para dar problemas, ajajajaj. Si no, habría hecho un 7º año. Es muy raro, sí, jajaja, pero a mí me gusta así. Christine era idéntica de pequeña. Besos!
Roxana: Olasss! Muchas gracias, jajaj, sí, sigo por aquí a la marcha. Umm, bueno, la verdad es que la parte esta del Papa estaba escrita hace bastante tiempo, porque era una parte que pensé incluir en la 2º guerra, pero me quedaba el fict muy largo y tampoco tenía suficiente significado. Así que ahora parece que predestinara que el pobre hombre se muriera, ajaja. Pero no, simplemente es una idea que me surgió al leer Ángeles y Demonios, de Dan Brown. Besazos!
Anmydic1991: Olass! Bueno, mis ansias de escribir pudieron mucho más, jaja. Te explico lo de Ian. Los Templarios eran una orden antigua que guardaba el secreto del Santo Grial. Según la Iglesia Católica, el Grial es el cáliz en el que Jesús bebió en la última cena con sus discípulos.(Jueves Santo). No obstante, los Templarios aseguran que el Grial no es en realidad el cáliz, que por cierto se encuentra en la catedral de Valencia, donde vivo. Ellos dicen que el Grial es lo que representa Maria Magdalena. Aseguran que se casó con Jesús y que estaba embarazada. Para ellos, ese es el secreto, ese es el Grial. Si observas con atención el cuadro de "La última cena" de Leonardo Da Vinci te darás cuenta de que al lado de Jesús, donde debería estar Pedro, su discípulo, está una mujer y que el cáliz donde se supone que Jesús bebió, no aparece por ninguna parte. Es un detalle muy curioso. Ese secreto, probado escritamente y con documentos es lo que guardan los Templarios y lo llaman "Santo Grial". Con el paso de los años, la institución llegó a denominarse "El Priorato de Sión" y a esa organización es la que pertenecía la familia de Ian. Por supuesto, todo esto es negado por la Iglesia, no la existencia de esta organización que se probó existió, sino el secreto del Grial. Por eso, la Iglesia es la máxima enemiga de los Templarios. Los persiguió durante muchos años y es lógico que Ian la deteste. Bueno, después de esta clase de historia, ajajjaja, me despido. Espero que te haya quedado más claro. Cualquier duda ya sabes, sólo tienes que preguntar. Besazos!
Lena-Black: Olasss! Muchas gracias a ti. Bueno, lo de que Harry no pueda utilizar sus poderes es relativo, jajaja. No es que no pueda, es que no debe. Christine se lo prohíbe, pero estamos hablando de Harry. Crees que le hará caso? Tema Alan. Bien, veo que capta la atención, lo cual es muy bueno porque de eso se trataba. No es que sea maduro, que sí que lo es más que los demás niños, sino que Alan es diferente. Es especial y él lo sabe, de todas formas, en un futuro...veremos porqué actúa de esa manera. Tiempo al tiempo. Besos!
David: Gracias! Eso espero! Jajaa.
Aidee: Olass! Sí, jaja, es que me puede estar sin escribir. Bueno, obviamente se avecinan problemas, ajaj, nuevo fict, nueva guerra, así tenía que hacer. Haces bien en no dar nada por hecho, pero...ya veremos. Alan es un personaje que tiene mucho encanto, porque va a dar problemas, pero a la vez, va a dar muchas alegrías.
DeMalfoy: Holaaa! Sí, bueno, no podía estar mucho tiempo sin escribir. No te preocupes, habrá H/G de sobra. Sí, el fict es el mismo. Besazos!
Dany-Kanuto-Link: Olass! Jaja, umm, no puedo asegurar la integridad de ningún personaje. Sólo puedo decir que, lamentablemente, sí que habrá muertes. Besos!
Ellie Bennet: Olass, jajaj, sí, tenía demasiadas ideas en mi cabeza rondando como para no hacer una continuación. Espero que te haya gustado este primer capi. La verdad es que la tranquilidad durará poco, ellos ya la han vivido 5 años, ajaja, y ahora toca más y más problemas. En este fict habrá mucho más de H/G y R/H, no te preocupes. Y lo del poder de Harry...bueno, no debería utilizarlo, pero hablamos de Harry! No va a hacer caso a Christine, por supuesto. Besos!
Verónica: Olass! Sí, echaba demasiado de menos no escribir, ajjaja. Sí, han pasado 5 años...ya veremos que ocurre. Besazos y gracias por el review!
Lladruc: Olass! Jaja, sí, molt rápida. Ja veus, no podia estar sense escriure. M'alegro que t'hagin avisat perq m'ha sigut imposible avisar a molta gent perq quan deixaven els correus al review no apareixia. Vols dir q t'agrada l'alan? Espero que continúes dient això despres d'uns capis, ajajja. No pasa res amb el Harry, ja voràs com no farà cas a la Christine i utilitzarà els poders, ajaja. Ve, ens veiem aviat. A vera si em paso pel teu fict q em sembla q em falta algun capi per llegir. Petons!
Valerita: Olasss! De nada! Cierto, no tarde nada en hacer la continuación, ajaj, es que tenía ya ganas de escribir. Bueno, Alan es un niño especial y ya veremos que hay que tener cuidado con él. Besos!
Hesselink: Buena manera de expresarlo, ajjajja.
MayeEvans: Olass! Jaja, sí, muchas gracias, me allegro que te guste.
Arelis: jajaj, gracias! Pues sí, he vuelto, si es que no podía estar sin escribir.
Nicole: Gracias! Me alegra que te haya gustado este primer capi. Espero que el fict este te vaya gustando. Un besazo!
CAPÍTULO 2: THE ANSWER'S WRITTEN IN MY EYES.
(LA RESPUESTA ESTÁ ESCRITA EN MIS OJOS)
El viento golpeaba los ventanales con furia. Era una noche tormentosa, las luces de los relámpagos iluminaban la habitación, cegando la visión durante unos segundos. Se mantenía callado, aguardando...¿aguardando qué? No recordaba haber estado en aquel lugar, su mente no era capaz de crear nada conocido que le permitiera asimilar las imágenes que se mostraban ante sus ojos.
Había estado en un largo letargo. Una vez más, esa misma visión. Una y otra vez. No podía moverse, no podía gritar ni patalear, era inútil luchar contra algo que no reconocía. Pero esa opresión en el pecho, esa batalla interna que había tenido contra sus pensamientos, por fin había despertado. Aquella vez, iba a encontrar la relación que lo unía a esas visiones...¿imaginarias?
Gritos, escuchaba gritos, risas, sonidos incoherentes...Era tan frustrante sentir ese miedo, oír resonar la tempestad y sobretodo, él...
Su mente había vuelto a jugarle una mala pasada, cada vez que forzaba a pensar en él, en ello, entonces las imágenes se le arremolinaban en un cúmulo de sentimientos cruzados y se olvidaba de quien era, de donde estaba y de porqué se hallaba en esa situación. Únicamente, la vivía, para después, acabar lanzándola de nuevo al olvido. Así había ocurrido durante toda su infancia, sentía que aquello debía verlo, que debía devolverlo al lugar de su cerebro al que pertenecía, pero hacerlo, significaba romper demasiadas barreras mentales, sufrir un dolor, que no sabía si estaba dispuesto a soportar...
Pero era demasiado tarde. El momento había llegado, había tocado fondo y ahora, la imagen que se mostraba ante él era...aterradora...
Los cristales de los grandes ventanales estallaron en mil pedazos, ocasionando que un bebé rompiera en llanto y que el vidrio produjera múltiples cortes pequeños, al hombre que estaba al lado de la cuna. No era muy alto, pero tampoco muy pequeño. Tenía el cabello castaño con muchas mechas rubias y los ojos marrones claros, de un color semblante a la miel. Vestía una túnica azulada y muy elegante y en su mano derecha, mantenía fuertemente sujeta una varita mágica.
-Placidus, Alan, praeste finio omnis(Tranquilo, Alan, pronto terminará todo).- su voz salió como un susurro lejano, para después girar la cabeza a donde él se encontraba y sonreírle sinceramente. Esa voz dulce, suave, melancólica, pero cargada de valor...ese sonido...esos ojos...eran...
La puerta se abrió de golpe y la magia del momento se vio rota por unos intrusos inesperados. Vestían túnicas negras muy elegantes y llevaban los rostros cubiertos por máscaras blancas. Quince hombres habían ingresado en la mansión, armados con sus varitas mágicas.
Lo siguiente pasó terriblemente rápido. Luces, hechizos, encantamientos...todo el poder de aquella atronadora lucha se veía reducido a polvo. Las paredes se agrietaban, los muebles volaban de un lado al otro, pero nada de eso podía importar.
Podía escuchar un llanto, un llanto de un bebé...un llanto conocido...quería gritar, quería dejar de mirar, pero estaba anclado a aquel espectáculo. Él lo había querido y ahora tendría que pagar las consecuencias. Había luchado por vencer las cadenas que le imposibilitaban ser libre y ahora que su poder, que su verdad se había difundido, tenía enfrente suyo aquello que podía darle respuestas a sus preguntas.
El tiempo se detuvo. Cuatro de los enmascarados habían caído, pero la resistencia de aquel hombre que cubría con su cuerpo la cuna de su hijo, había sucumbido. Vio como un haz de luz roja impactaba en ese cuerpo y como el hombre se retorcía de dolor. Lo vio caer al suelo boca arriba, sin importarle el sufrimiento y mirando hacia la cuna, clavando sus preciosos ojos en los suyos, atravesando su alma, rompiéndola en dos mitades.
No quería ver aquello. No deseaba recordar, rememorar...sin duda era una mala pasada, una estúpida broma, no podía ser cierto. Esos ojos...ese mirada...ese hombre...
Risas...las carcajadas inundaban la habitación.
-Venia...filio...meô...venia...(perdóname, hijo mío, perdóname).- un segundo haz de luz, en aquella ocasión de color verde esmeralda, impactó en el cuerpo herido del hombre. Él se quedó así, observando como el cuerpo se elevaba un par de centímetros por el impacto y luego quedaba inerte, totalmente desprovisto de vida...
Quiso gritar su nombre, pero lo había olvidado. Quiso tocar su rostro, pero no podía recordarlo, quiso rasgar su piel para que despertarla, pero no reconocía su tacto...
Le habían inducido a no recordar. Le habían inducido a lanzar al olvido su verdadera existencia, su pasado, quien era...seguido por los impulsos de sus propios deseos y por la fuerza que rodeaba el misterio de su existencia, le habían convencido para alejar aquellas visiones, aquellas imágenes de su mente.
Sintió dolor, mucho dolor, sintió desazón y en ese instante, su cuerpo se llenó de luz, de una potente luz. No era cálida como en otras ocasiones en las que se había atrevido a sentirla, sino que dañaba su frágil piel. Le estaba cortando, le estaba lastimando, le estaba dejando...vacío...
Quería detenerla, quería cesar en ese descontrol, pero ya era demasiado tarde. Su mente irracional había actuado seguida por sus impulsos, por su rabia, por su sufrimiento...
Y un dolor atroz se apoderó de él, desproveyéndole de cualquier atisbo de poder que pudiera quedar en su interior. Aquella rabia, aquella frustración, aquel odio había arremetido contra sus enemigos, acabando con sus vidas, pero, desgraciadamente, sin ninguna utilidad, pues ellos se habían llevado la suya con anterioridad.
Quiso llegar hasta el cuerpo de aquel hombre, tocarlo, comprobar que era real, que estaba vivo...pero no lo logró. Lo último que observó antes de caer en el sueño eterno fue a un hombre alto, de piel pálida y ojos grises, irrumpiendo en su morada, echando su larga melena rubia, por detrás de los hombros. Después...la nada.
Christine pegó un bote en su cama y se lanzó a un costado con suma rapidez. Acababa de escuchar un grito aterrador, un grito de dolor, de auxilio...y provenía de la habitación de su hijo menor. Lupin no tardó en imitarla. Ambos salieron corriendo escaleras arriba y descubrieron que no eran los únicos que se habían percatado de ello.
La habitación de Harry también se había abierto de un golpe seco y el muchacho corría descalzo por el pasillo, hasta donde dormía el menor de los Lupin.
Los gritos continuaban cuando Christine abrió la puerta con una ráfaga de aire e irrumpieron con urgencia. Los tres se aproximaron a la cama del niño e inmediatamente, supieron que algo no iba bien.
Alan estaba completamente destapado y bañado en sudor. Su cuerpo entero se convulsionaba y con las manos arrugaba las sábanas de la cama y apretaba los dientes, murmurando cosas.
El alma de Christine se vino abajo, cuando distinguió lo que mascullaba su hijo.
-Pater...pater...no...amabo te( papá, papá no, por favor).- la mujer le colocó una mano en la frente al niño y la retiró de inmediato.
-Está ardiendo de fiebre...- informó titubeante.- Si continua en este estado desplegara sus poderes y podría dañarse. Hay que despertarle...- y agachándose a su lado comenzó a zarandearlo.- Alan, Alan despierta...- pero por más que lo intentaba, no lograba que el chico abriera los ojos.
-Pater...pater...
-Alan, estoy aquí.- Lupin se arrodilló a los pies de la cama y tomó la mano de su hijo, que se convulsionaba más violentamente.- Vamos, despierta...
-Alan...por favor...- suplicó Christine. Harry se mordió el labio inferior y en unos segundos lo decidió todo. Se sacó la varita mágica del bolsillo trasero de sus pantalones y apuntó a su hermano con ella.
-¡Enervate!- exclamó y un haz de luz blanca impactó en el tembloroso cuerpo del niño, que tembló una vez más, para luego abrir los ojos de sopetón y abrazarse impulsivamente a su madre.
-Alan que susto nos has dado...- susurró Christine acariciándole la cabellera negra, mientras trataba de que al acurrucarlo, su hijo dejara de temblar. Pero no lo logró. El niño se separó de la mujer y para sorpresa de todos, que no entendían aquella actitud, se abrazó al cuerpo de Lupin.
-Pater...pater...venia...ego oblitus sum(papá, papá, perdóname...lo olvidé).- Remus y Christine intercambiaron miradas preocupadas. ¿Qué era lo que podía haber puesto tan nervioso a su hijo? Sin duda había tenido una pesadilla, pero debía haber sido terrible para que se encontrara en ese estado.
-¿Qué te pasa, cariño?- inquirió Lupin acariciando su rostro con el dorsal de la mano.- ¿Un mal sueño?- Alan se quedó estático, rígido, observando con una expresión de incredulidad el tono en el que su padre hablaba. Parecía como si hubiesen bajado el volumen a su alrededor, puesto que no escuchaba más que sus propias palabras, bailando en su mente. Los ojos de Lupin eran claros...muy claros...y bastaron cinco segundos para que el niño se diese cuenta de que no eran los mismos de su sueño, los mismos de ese hombre...que lo había llamado hijo.
Elevó la mano y palpó la piel morena de Lupin, como si quisiera comprobar de qué material estaba hecha. Al menos, eso creyeron los demás, pero aquello estaba muy alejado de la realidad. Alan podía tocar ese rostro, podía acariciarlo, sentirlo...y el de aquel hombre no.
Su padre le hablaba con una voz dulce, pausada, cubierta de cariño y comprensión, pero tampoco era la misma voz...
Con gesto cansado, se apartó de Lupin, que igual que los demás no entendía nada y se sentó en el borde de la cama, dispuesto a bajar las escaleras en dirección a la cocina. Pero no llegó a cruzar el umbral de la puerta porque una mano le sostuvo el brazo.
-Qui evenit?(¿Qué ocurre?)- Christine tenía su habitual gesto tosco en el rostro. Su expresión era mucho más seria y preocupada de lo que, usualmente, podría tener por una simple pesadilla.
-Nihil(Nada).- respondió el chico. Si su madre era parca en palabras, él lo era todavía más. Soltándose del brazo con algo de brusquedad, avanzó un par de pasos más.
-Alan.- la voz fría y congelante de la mujer cortó el aire con su rudeza. Todo el mundo sabía que cuando actuaba de ese modo las cosas no estaban para echar cohetes.- No vas a solucionar nada actuando de esa manera. Deberías confiar en nosotros y contarnos lo que te ha puesto tan nervioso. Quizás podamos ayudarte.
-Nadie puede ayudarme, madre.- susurró y salió por la puerta cabizbajo, todavía con la última imagen de su sueño, cobrando sentido en su cabeza.
----------------------------
Era treinta y uno de Julio. Había amanecido un día de sol radiante y hacía mucho calor. El Valle de Godric parecía un desierto solitario. La gente, no había salido a comprar el día festivo del domingo y se dedicaban a disfrutar de la armonía de sus hogares. Sin embargo, no todo era calma y paz.
En lo alto de una colina, en una hilera de tres casas vecinas, podía escucharse el alboroto de un típico día fiestero. Harry Potter corría de un lugar a otro del jardín, colocando platos de plástico voladores, que dirigía con su varita, mientras observaba de reojo lo que faltaba en las mesas que había predispuesto.
Era su cumpleaños y como en los cuatro anteriores, se disponía a pasarlo con sus mejores amigos. Mientras depositaba los vasitos alineados, por todo el mantel, pensaba en su padrino y en el último sueño que había tenido con él. Hubiese dado la mitad de su vida por ver aparecer el rostro de Sirius por la puerta de entrada, riendo con su habitual risa que se parecía al ladrido de un perro, sonriendo con arrogancia y pasándose la mano por el pelo hacia atrás, dispuesto a todo por una aventura, por un nuevo riesgo. Ése era el Sirius que recordaba y ése, era el que deseaba volver a tener.
Con nostalgia y como si pensara que su padrino aparecería por la reja del jardín, miró en su dirección y soltó lo que llevaba en las manos, esperando...Sin embargo, Sirius no reapareció.
-¿Qué estás mirando con tanto interés?- una mano se le había colocado en el hombro, igual que su padrino solía hacer y Harry dio un respingo y se quedó parado, respirando entrecortadamente. Había reconocido la voz de su padre, pero por un momento, por un mínimo instante, habría jurado que Sirius estaba detrás suyo.- Hacía mucho que no te sobresaltabas con este gesto...- comentó Lupin, retirando prudentemente, la mano del hombro de su hijo y lanzando un prolongado suspiro.
-Lo siento, Remus.- susurró el muchacho dándose la vuelta, todavía con la fe de encontrar a su padrino.- Estaba pensando y...me has asustado.
-¿Pensabas en Sirius?- comentó Lupin alzando su varita y haciendo que los cubiertos levitaran por todo el jardín.- Es normal que en fechas señaladas como tu cumpleaños lo eches más de menos...- Harry volvió a recoger los platos que llevaba en los brazos y fue colocándolos, en aquella ocasión, manualmente.
-Siempre acabas sabiendo en lo que estoy pensando...sí, es cierto, lo echo mucho de menos...-confesó el muchacho y notó como la voz se le quebraba al hablar.- Aquella vez...cuando...ya sabes, él me dijo que nos volveríamos a ver...y no sabes cuanto anhelo ese momento...
-Harry.- Lupin dejó lo que estaba haciendo y tomó a su hijo por los hombros, mirándole seriamente.- ¿No estarás pensando en...?- el chico sonrió, se zafó del licántropo y se dio la vuelta con tal de que éste no viera su expresión en el rostro.
-Remus, sabes que no. Hace mucho tiempo que superé ese sentimiento de desazón. Ahora tengo cosas que no cambiaría por nada en el mundo¿entiendes? No os cambiaría...- Lupin suspiró mucho más tranquilo.- No obstante...tengo un mal presentimiento...un dolor continuo en el pecho que no me deja tranquilo...es como si algo estuviera a punto de ocurrir...y el hecho de que vuelva a tener viejas pesadillas no me beneficia en nada...- Lupin se acercó a él y lo abrazó por detrás para reconfortarlo. Harry, agradeciendo aquel gesto de cariño cerró los ojos y reposó el peso de su cuerpo sobre el pecho del hombre.
-Sea lo que sea, lo superaremos juntos, hijo mío.
-Te quiero, papá.- susurró Harry y notó como una lágrima bañaba sus mejillas.- Gracias por estar conmigo...
-------------------------
Una chica alta, de largos cabellos castaños rizados y vestida con ropa muggle tocó a la puerta. Olía a perfume de violetas y taconeaba con nerviosismo, mientras balanceaba una bolsa de plástico y se mordía el labio inferior.
-Venga, Ron, que no llegamos...cada año haces lo mismo...
-Ya voy, ya voy.- Ronald Weasley había crecido unos cuantos centímetros en los últimos cinco años. Tenía muchas más pecas en la cara y el pelo más largo, pero la misma cara de niño que en su época de Hogwarts. También vestía de forma muggle, con unos jeans ajustados y una camisa holgada, a rayas. Sudoroso, subía la calle casi corriendo, mientras su hermana y su mejor amiga, esperaban impacientes.
-¿Creéis que le gustará el regalo?- preguntó Hermione, volviendo a tocar al timbre y retocándose el pelo discretamente.- Con lo que nos costó elegirlo...
-Te preocupas demasiado, Hermione.- sonrió Ginny aupándose de puntillas, tratando de ver el interior del jardín.- Conociendo lo agradecido que es Harry, te aseguro que sí.- Ginny también había crecido, pero no más de un par de centímetros. Llevaba su melena pelirroja al vuelo y mucho más cuidada y larga que antaño. Su rostro se había convertido en el de una mujer madura y atractiva y ya no quedaba nada de aquella niña enamoradiza e impulsiva que había perdido la vela por el niño-qué-vivió. Ahora, Ginny Weasley había hondado mucho más en todo eso y había conocido el corazón del hombre que había tras él. Llevaba unos pantalones bajos y sencillos y una camiseta de manga corta, enseñando el ombligo y le colgaba un bolso negro y pequeño.
No tuvieron que esperar más. Cinco segundos después, se escuchó el "clic" de una cerradura mágica y la cabeza de Lupin apareció detrás de la puerta, sonriendo ampliamente.
-Hola, chicos. ¿Qué tal?
-Muy bien.- respondieron los tres al unísono. Lupin se hizo a un lado y pudieron entrar. Le dio la mano a Ron y saludó a las chicas con un par de besos en las mejillas y los guió hacia el jardín, pese a que los tres se conocían la casa como las suyas propias.
Harry se había encargado de que quedara todo precioso. Como sabía que la fiesta se prolongaría hasta la noche, había colgado con unas cuerdas, unos farolillos muy graciosos, que se balanceaban con el viento y sacado el equipo de música, que estaba encendido dejando sonar una de sus múltiples canciones de Bon Jovi, que aludía a un cowboy que cargaba con su guitarra a todas partes.
-¿Saldréis esta noche?- preguntó Lupin mientras caminaban hacia las mesas, donde ya habían llegado los Weasleys.
-Eso queremos.- respondió Ginny alegremente, mientras miraba de reojo a su hermano y su mejor amiga. A Hermione no le gustaba salir mucho, de hecho, vivía prácticamente para sus estudios en la academia, donde hacía oposiciones para poder entrar al Ministerio de Magia. Sus amigos habían intentado de todo para que fuera un poco más abierta, pero la chica no quería oír hablar de nada que no fueran sus libros. Desde el incidente con Ian se había encerrado en las páginas de los pergaminos que le proporcionaban seguridad y sabiduría y no dejaba que los demás atravesaran esa coraza de acero que había creado a su alrededor.
Incluso, para evitar los continuos reproches de sus padres, por lo mucho que había cambiado, le había comprado la última de las tres casas a Harry, la que había pertenecido en el pasado a Sirius Black. El chico había querido regalársela como Christine había hecho con los Weasley, pero Hermione había dicho tajantemente, que si no pagaba hasta el último galeón de lo que costaba esa gran mansión, no quería vivir en ella. Así que la chica había compaginado sus estudios con un trabajo de camarera en una cafetería famosa del pueblo.
Nada más llegar hasta las mesas, se dieron cuenta de que eran los únicos que faltaban y probablemente, por eso Lupin no había escuchado el timbre antes. La familia Weasley había incrementado en los últimos años. Bill estaba casado con Fleur Delacourt desde hacía cuatro años y tenían un bebé de unos pocos meses. Charly vivía con una chica en Rumania y pese a que no se habían casado, ambos estaban haciendo planes para buscar un niño. Percy seguía con su novia de Hogwarts, Penélope Clearwater, que después de que lo dejaran en su época en la que apoyaba a Fudge, se habían reconciliado y no se habían vuelto a separar. Los gemelos Weasley disfrutaban de su soltería como los que más y sin ataduras. Iban de flor en flor, como ellos decían y no tenían ninguna prisa por encontrar "el amor de sus vidas".
-Harry cariño,- refunfuñó la señora Weasley quitándole al muchacho un plato con una coca de llanda que estaba cortando en perfectas porciones.- Es tu cumpleaños, no deberías hacer nada...trae...
-De verdad, no me importa señora Weasley.- un rubor se había asomado por las mejillas del muchacho. La madre de su mejor amigo siempre lo sobreprotegía en exceso.-. Ustedes son mis invitados y...
-Tonterías.- murmuró la mujer distraídamente, tomando un plato de plástico y sirviéndole un trozo excesivamente grande.
-Espero que ese trozo sea para mí, tío, de lo contrario no podré rendir en el nuevo curso...- Harry se giró y no pudo más que sonreír al ver a sus tres mejores amigos allí parados. Esa imagen mental era una de las primeras que había guardado en el pensadero. Las caras de calma y paz, a su lado, celebrando un cumpleaños como cualquier otro joven, le parecía la más importante de todas las que había vivido.
-Toda tuya, Ron.- le tendió el plato a su amigo, después de saludarlo con un apretón de manos y se dirigió a las chicas.
-Feliz cumpleaños.- dijo Hermione dándole un abrazo y entregándole una bolsa de plástico. Después, fue el turno de Ginny, la cual lo besó brevemente en los labios y le susurró algo en el oído que debía ser muy gracioso, puesto que el chico volvió a ruborizarse y soltó una pequeña carcajada.
-Ufff¿qué será?- Harry se sentó en una silla y sacó de la bolsa un paquete rectangular que para ser del tamaño de una caja de zapatos, pesaba bastante más. Con impaciencia mal disimulada, el chico fue rompiendo el papel de envoltorio azulado hasta que, efectivamente, una caja, cayó sobre su regazo. Cuando Harry la tomó entre sus manos y la levantó para verla mejor, se sobresaltó en exceso.- ¡Madre mía, esto es...¡Madre mía!
-¿Qué te han regalado?- Christine y Lupin, que iban cogidos del brazo, se aproximaron a donde estaban los chicos, para curiosear el regalo y disfrutar de la cara de felicidad que portaba su hijo mayor.
-¡Chris, es la caja de Bon Jovi¡La caja con esos cds de canciones que nunca han salido a la venta!- Harry estaba tan excitado, que no se dio cuenta como Alan había asomado la cabeza entre todos, incluidos los señores Weasley que también se habían acercado, para observar el regalo.
-¿Por qué la llamas, "Chris"?- el silencio cayó como un balde de agua helada, ante la pregunta del hijo menor de los Lupin. Harry, cuya sonrisa prolongada, seguía expuesta en sus labios, se redujo a la nada y la cambió por una expresión de total sombro. Todos los demás habían palidecido y enmudecido de golpe, aguardando la respuesta del chico.- ¿Quod?(¿Por qué?)- insistió Alan.
-Yo...- Harry miró de un lado a otro tratando de encontrar ayuda.- Sólo era una forma de hablar...es decir...no sé, estaba contento y...Alan, no tiene tanta importancia...- Harry trató de sonreír pero al ver la expresión tan seria del rostro de su hermano, no pudo más que volver a sentir esa opresión en el pecho, la sensación de que algo no funcionaba del todo bien.
-Estás mintiendo...- susurró Alan apretando los puños. Todos los que habían alrededor retrocedieron un par de pasos, puesto que los puños del niño se habían encendido de energía.
-Alan, yo no te mentiría...- respondió Harry de inmediato, dejando la caja de Bon Jovi en la silla y tratando de aproximarse a su hermano para calmarlo, puesto que Christine y Lupin se habían quedado petrificados.- Sabes que...
-No es verdad...tengo el poder de notar cuando alguien me está mintiendo- Harry dejó de avanzar cuando percibió que los ojos de Alan, al que salvo cuando un bebé, jamás había visto llorar, brillaron intensamente.- ¡Él me lo dijo!- la energía de Alan se desbordó por completo, inundándole en una columna de luz blanquecina. Sin pensárselo dos veces, mientras los demás se echaban a tierra, Harry se abrazó a su hermano. Había experimentado esa sensación en una ocasión, cuando Snape lo había desprovisto de su magia de mago en uno de los castigos. Como en aquella ocasión, la energía del cuerpo de su hermano viajaba a tanta velocidad que comenzó a producirles cortes en la piel. Harry apretó los dientes y asumiendo el riesgo, concentró su propia energía con tal de parar la de Alan.
-¡HARRY, NOOO!- Christine trató de levantarse, pero el remolino de viento que había creado aquel huracán de poderes, se había desbordado de tal manera que no pudo moverse del sitio.
Tal y como estaba previsto, el campo de fuerza llegó a un estado en el que explotó. Hermione, Ginny y los Weasley soltaron un grito escalofriante. No podían concebir la idea de que tanta energía cupiera en el cuerpo de un niño tan pequeño. Cuando la luz quedó esparcida, el cuerpo de Harry salió volando por los aires y cayó al césped del jardín, con aplomo.
Inmediatamente, y en cuanto la energía empezó a reducirse para mostrar lo que había ocurrido, Christine se levantó y fue corriendo hacia donde había caído su hijo mayor. Harry escupía un poco de sangre por la boca en un ataque de tos. Tenía el cuerpo cubierto de pequeños cortes y parecía desprovisto de energía, pero lo peor era que se sujetaba el pecho en un intento de menguar el dolor que sentía.
-Tranquilo...ya ha pasado...sólo será un momento...- Christine cerró los ojos y le colocó las manos en el pecho a su hijo mayor, mientras concentraba energía para curarlo. Ginny y los demás, habían corrido a su lado en cuanto se habían podido levantar y lo miraban con preocupación. En cuanto la energía de la mujer cubrió por completo el cuerpo de Harry, éste comenzó a sanar y a respirar mucho mejor.
-¿Estás bien¡Creía que te había pasado algo!- Ginny se lanzó a su cuello, bastante temblorosa. Con una mirada inquisitiva a Christine, Harry se rozó el pecho adolorido y tranquilizó a su novia con una sonrisa, incorporándose y dejándose observar por todos los demás.
Christine se puso en pie también y observó el lugar donde Alan yacía de pie y con una expresión escalofriante en el rostro. A diferencia de Harry, él no tenía ninguna herida y parecía como si no se hubiese cansado al desplegar toda esa energía, como si tuviera tanta que aquello no le resultara más que un aperitivo. Tenía los ojos oscurecidos y de los puños le saltaban chispas.
-Podrías haberle hecho daño.- dijo la mujer utilizando un tono de voz severo y frío.- Alan, te he dicho mil veces que tienes que tener mucho cuidado con lo que haces. ¿Por qué has perdido el control de esa manera?- pero si esperaba que Alan comenzara a gritar o volviera a perder el control, se equivocaba. El niño se quedó observándola, como se observa a tu peor enemigo, sin decir nada.- ¿Por qué haces esto?- continuó Christine suavizando un poco el tono de voz.- Nunca te has comportado mal, hijo y ahora...- se acercó hasta él para tratar de curarle, pese a que no parecía tener ninguna herida visible y el niño la apartó de un manotazo.
-No me toques.- antes de que Christine, Lupin o alguno más pudiera reaccionar, Alan se había envuelto en una columna de luz y había desaparecido. Christine cerró los ojos y al notar que estaba en su habitación, se giró hacia los demás, para tratar de que todos continuaran con la fiesta, alegando que a su hijo se le pasaría pronto el enfado, pese a que lo ponía claramente en duda. Era la primera vez que Alan se comportaba de esa manera.
-Menudo genio tiene tu hermanastro, tío.- comentó Ron en voz alta, mientras recogía su chaqueta del suelo y paseaba hacia la mesa.
-Ron, no te pases un pelo.- le reprendió Hermione algo inquieta. Había tenido el presentimiento de que algo no andaba bien.- Y no hagas comentarios que puedan meter a Harry en apuros...¿por qué no le llamas simplemente Alan?- Ron se encogió de hombros y le lanzó una mirada de disculpa a Harry, pero éste le sonrió con tranquilidad.
-No pasa nada, mejor seguid picando algo.- al mencionar que podían seguir comiendo, Ron, seguido de una Hermione exasperada, se lanzó al ataque. Los Weasley también prefirieron ignorar aquel pequeño percance, aunque Fleur estuvo prácticamente todo el tiempo comentando por lo bajo con Bill, el miedo que tenía de que su hijo saliera igual y eso que Bill le recordó una veintena de veces que eso no sería posible porque ellos no eran arcángeles y no podían desprender energía.
-¿Seguro que estás bien?- Ginny se había abrazado al pecho de Harry, después de que éste se estuviera pasando la mano continuamente, justo por el lado izquierdo, haciendo muecas de dolor. Los ojos de la chica brillaban de preocupación y él no quería que ella notara que no estaba bien. Jamás le había contado a Ginny lo que le habían dicho los médicos tan solo una semana después de salir del hospital, cuando había acudido para hacerse una revisión. Muchas veces, sus amigos le habían preguntado porqué no utilizaba sus poderes de arcángel y él siempre les decía que no tenía necesidad de hacerlo y eso en parte, era verdad. Derrochar energía porque sí no estaba entre sus prioridades.
-Eso depende,- Harry la cogió por la cintura y le dio un pequeño mordisco en la oreja, susurrándole.- de si me curas...- Ginny soltó una risita y lo abrazó con fuerza, como si pensara que se iba a desvanecer. De esa forma, no pudo ver la cara de angustia que mostraba su novio. Utilizar la ironía siempre le servía de escape.
-Esta noche saldremos¿vale? Y entonces te curaré...- con un leve beso en los labios y al ver que Christine se acercaba hacia ellos, Ginny se fue corriendo a buscar a Hermione.
-No deberías mentirle.- Christine apareció por detrás de Harry, observando atentamente la expresión de enfado consigo mismo que tenía el muchacho.
-No puedo decirle la verdad. Ya ha sufrido suficiente.- Harry apartó el regalo de sus amigos de la silla y se dejó caer pesadamente sobre ella, pasándose una mano por la cara.
-¿Y tú¿Tú no has sufrido bastante?-. Christine arrugó la frente cuando vio como su hijo apretaba los puños contra las rodillas en una clara lucha interior.
-Lo que yo sufra no importa, Chris. ¿Recuerdas que debo protegerla? Esto ya sobrepasa mis sentimientos, es mi obligación...
-Y la mía eres tú.- Christine se acercó mucho más a Harry y volvió a colocar una de sus manos sobre el pecho del chico, cuyos latidos eran más rítmicos de lo normal.- Pero esto no puedo curarlo...- el muchacho respiró hondo y ocultó el rostro bajo sus manos.
-Tiene demasiado poder.- murmuró para sus adentros, pero Christine pudo escucharlo.- Ha soltado un montón de energía y ni si quiera estaba cansado. Para detenerle he tenido que rendir al máximo...es mucho más poderoso que yo...- la profesora sacó la varita y con un encantamiento convocador, atrajo una silla cercana, para sentarse al lado del muchacho.
-Le pasa algo...- susurró mirando hacia el cielo azulado, totalmente raso.- ...pero no puedo leer lo que es...Me gustaría decirte que yo puedo detenerle, pero sabes perfectamente que no. Alan es mucho más poderoso que yo, igual que lo fuiste tú en el pasado...me ha superado con creces y me asusta pensar que no puedo controlarlo.
-Chris.- Harry se levantó de la silla y caminó hacia la mujer, con decisión. Christine levantó el rostro y entonces descubrió una mirada que no había vuelto a ver en cinco años.- No sé si el presentimiento que tenemos tiene que ver con él, pero...quisiera que estar preparado.
-No te entiendo.- Christine sabía perfectamente lo que el chico trataba de decirle, pero no quería escuchar aquellas palabras, no quería volver a tener que pensar en ello. Durante aquellos años habían vivido en una tranquilidad que no deseaba desestabilizar y regresar al pasado, que tanto daño les había hecho, afrontarlo, era un precio demasiado alto a pagar. Tendría que tomar actitudes que se habían desvanecido con sus máscaras, volver a sacar a flote, a la antigua Christine.
-Entréname.- pidió Harry con seguridad.- Vuelve a hacerlo...- la mujer se levantó tan violentamente de la silla que ésta calló al suelo. No obstante, nadie se percató de ello. No parecía que estuviesen prestando atención a aquella conversación.
-No puedo.- respondió con una mano en la boca en una clara lucha interior.- No puedo volver a hacerte pasar por eso y tampoco hacérmelo a mí...Harry, ahora es distinto, ahora no hay un Voldemort al que destruir ni un Sirius que vengar¿entiendes?- Christine titubeó en si continuar, al ver el escalofrío que había recorrido el cuerpo de Harry al escuchar los nombres del mago tenebroso y su padrino.- Si te hago llegar al límite...si exploto tus poderes...podrías no resistirlo...
-Lo resistiré.- la voz del muchacho llevaba tanta convicción que a Christine le resultaba increíble estar hablando con el mismo chico alegre y despreocupado de los últimos tiempos.- Te lo prometo. Pero...si por Alan debo volver a ser el Salvador, lo seré...ha llegado el momento...- y por la fría expresión que pugnaban los ojos del muchacho, Christine supo que era verdad.
-----------------------
Era una noche tormentosa de verano. Las estrellas tintineaban, abriéndose paso entre los nubarrones. Un rayo golpeó la copa de un árbol y éste prendió de inmediato. El viento soplaba con intensidad, removiendo las hojas, imposibilitando una mejor visión del bosque prohibido.
Una cabaña se iluminó bajo el resplandor de un relámpago y durante una fracción de segundo, mostró unos destellos blanquecinos al pie de una cerca con calabazas marchitadas. Dos figuras se materializaron en medio de la tempestad. El agua les empapaba por completo, pero aquello no parecía importarles.
Vestían ambos túnicas negras y elegantes, con capuchas que les cubrían los rostros y de sus espaldas colgaban relucientes espadas de acero, afiladas, preparadas expresamente para las batallas.
Se escuchó un aullido lejano e, instintivamente, las dos figuras se tensaron y se miraron entre sí, para después volver a la relajación inicial. Probablemente, aquello no sería más que los aullidos lastimeros de algún hombre lobo...aquel 31 de Julio, era luna llena.
Durantes unos minutos, estuvieron allí parados, escuchando el silencio, el golpeteo de las gotas en el suelo, aguardando...
Y como si algo les hubiera proporcionado una señal, sacando un varita mágica del bolsillo de la túnica oscura, la primera figura conjuró un hechizo y la cabaña quedó totalmente abierta.
La puerta chirrió y las dos figuras ingresaron en la negrura. Al principio, se quedaron estáticas, pero después dieron un par de pasos más hasta que un perro enorme, les salió al paso. Fang, la antigua mascota de Hagrid, que había sido guardabosques y profesor de Cuidado de las Criaturas Mágicas ladró a los intrusos, enseñando los dientes. La primera figura, la que había abierto la puerta, lanzó una mueca de desagrado, pero la otra, se acercó sin ningún tipo de temor al animal y le acarició detrás de las orejas, dejándose oler.
-Somos nosotros, Fang...no tienes porqué asustarse.- quizás fue que, realmente, el perro los reconoció o tal vez la melodiosa voz de la muchacha y su manera de encandilar, pero la bestia quedó amansada por ese susurro musical y esas manos suaves y finas, que lo adormecían.
La muchacha se levantó y Fang corrió a recostarse sobre una desgastada alfombra, cercana a la chimenea que lucía apagada. La primera figura, que pertenecía a un hombre, continuaba observando todo a su alrededor con sumo interés, mientras mantenía los brazos cruzados y una expresión de total seriedad. Era como si todo su ser estuviera concentrado en algo, como si se mantuviera siempre en alerta.
La chica dejó de observarle y se frotó los brazos, tratando de menguar el frío que tenía acumulado en el cuerpo. Sus labios temblaban ligeramente.
En ese momento, el chico se fijó en ella y caminó hacia donde estaba, acariciándole la piel con el dorso de la mano. Ella, se estremeció.
-¿Tienes frío?- también la voz de aquel muchacho era adormecedora y terriblemente irresistible, había algo que atraía...no obstante, su tono era igual de frío o más que la de ella, con un claro signo de rudeza.
-Un poco.- la figura masculina caminó hasta la chimenea, haciendo caso omiso del perro y con un golpe de varita, la encendió. La cabaña quedó totalmente iluminada, mostrando su destartalado aspecto, antaño vivo y alegre.
Las ventanas estaban rotas y las cortinas que las habían ocupado se habían desgastado con el paso del tiempo. Nadie se había preocupado por limpiar y más de un palmo de polvo cubría cada extraño utensilio, la mayoría culinario, que colgaba de las paredes, estanterías o se distribuía por la mesa. Todos los muebles eran de madera, pero estaban consumidos por la carcoma. El viejo sillón tenía un agujero hondo en uno de los cojines, pero se mantenía en pie. La nevera estaba medio abierta y la poca comida que quedaba en su interior se había podrido y producía un fétido olor que se esparcía por todo el recinto. En una percha, colgado de malas formas, estaba el viejo traje del guardabosques.
La muchacha se acercó hacia él y rozó la piel que tanto abrigaba, produciéndole un estremecimiento. Cerró los ojos con cierto aire nostálgico y notó una presencia a su espalda.
-No deberías flaquear...no es el momento. No hemos venido para eso...- la muchacha se giró hacia él y pese a que la expresión del muchacho era fría y distante y que ella habría querido rebelarse contra él, no lo logró. Debía hacerle caso, él era fuerte y valiente, era el que la había protegido toda su vida y era él único que podía guiarlos por ese camino.
-Sólo me permitía un momento para pensar...
-No debemos dejarnos llevar por nuestros sentimientos...- le recordó el muchacho, suspirando y atrayéndola hasta su pecho para reconfortarla.- Ya sabíamos lo que nos íbamos a encontrar aquí...somos los únicos que podemos desequilibrar la balanza...
-Lo haremos...- aseguró la chica con determinación. Si algo se había prometido a sí misma, era aquello. Se separó del muchacho y caminó hasta una de las sillas. Suspirando, se quitó la capa negra que le cubría el rostro y una cabellera negra azabache, larga y brillante, le calló sobre los hombros. Como vestía de negro, era difícil distinguir lo que pertenecía a su cabello o a su túnica. Cuando la luz de las llamas iluminó su bello rostro, se pudo ver a una muchacha de unos veinte años. Se tez era pálida y blanquecina, sus ojos de un azulado muy parecido al mar, su nariz pequeña y respingona y sus facciones eran suaves y amables. Era bastante alta y delgada e inspiraba un gran poder interior.- ¿No crees que al encender la chimenea nos pueden ver?- el muchacho se acercó a ella y también tomó asiento, retirándose su atuendo igualmente.
-No. En el colegio Hogwarts están de vacaciones ahora...y esta cabaña lleva deshabitada mucho tiempo¿lo recuerdas? No notarán nuestra presencia, no te preocupes, me he ocupado de eso...- el joven debía tener la misma edad. También era alto, de complexión fuerte y delgada. Sus cabellos negros le llegaban a la altura de los hombros, en mechas bien distribuidas y que le daban un aire muy varonil. Sus ojos eran grises oscuros y su rostro hermoso y vivaz. Llevaba una extraña marca en el dorso de la cara, como el de una cicatriz de alguna herida lejana.
-Pero...- la chica se levantó de golpe y se sentó sobre las rodillas del hombre, acariciándole el rostro dulcemente.- Debes estar muy cansado...gastamos prácticamente toda nuestra energía, y ahora encima has creado barreras para que no nos descubran...- el muchacho, que había cerrado los ojos, efectivamente, agotado, la tomó de una de las manos y se la besó cariñosamente, sonriéndole con tranquilidad.
-No te preocupes. Estoy bien. Necesitábamos un lugar donde vivir y ahora podremos hacerlo sin peligro de ser descubiertos.- la muchacha asintió y se levantó de su regazo, yendo directamente hacia donde había una cama tres veces más grande de lo normal. Las sábanas estaban sucias y rotas y no tenía almohada, no obstante, se tumbó sobre ella y se acurrucó abrazándose las rodillas y cerrando los ojos, en un intento por quedarse dormida.
El chico la observó, pero no dijo nada. Se mantuvo en su posición, mirando por la ventana como, poco a poco, las nubes se iban disipando y dejaban entrever la grandiosa luna llena.
-Hacía demasiado tiempo que no te veía...vieja amiga...- le susurró al viento, como si esperara que el satélite le respondiera, como si de verdad se conocieran de toda la vida. Y cuando sus ojos quedaron prendidos a ella, la luna brilló con más intensidad y fuerza, dándole la bienvenida. Sonriendo, el muchacho se giró hacia su capa oscura y extrajo una cajetilla de tabaco. Con parsimonia, tomó un cigarro y lo encendió con el poder de sus manos, sin necesidad de una varita ni un mechero.
Se lo colocó en la boca y dio una larga calada, echando el humo por la nariz y pasándose una mano por su rostro cansado y consumido. Quería dormir, pero no podía, necesitaba estar en alerta continuamente. Pese a que sus barreras de energía eran fuertes, si alguien los descubría...se levantó enérgicamente de la silla y maldijo sus malos pensamientos. No, no había tiempo para lamentaciones y mucho menos ahora que lo habían logrado. El destino les había regalado una segunda oportunidad y no iban a desaprovecharla.
Se dio la vuelta hacia la chica y sonrió al ver que se había quedado dormida. Caminó hasta la cama y sentándose en el borde, la arropó con su propia capa, acariciándole el rostro. Era hermosa, muy hermosa, cada día más. La conocía de toda la vida y les había prometido y se había prometido a sí mismo que la protegería con su vida, así como los hilos del destino habían querido. Eran uno.
Un rayo de melancolía surcó su rostro. En que condiciones tan malas se encontraban. Estaban abandonados a su suerte, en un lugar que no conocían, solos y enfrentándose a un mal que sabían, que no podían derrotar. Si llegaran a tiempo...era la única manera, detener lo que se avecinaba antes de que ocurriera de verdad. Lo conocían muy bien, demasiado y sabían que no se detendría.
Hubiese deseado poder ofrecerle a ella mucho más que esas penalidades, pero, desgraciadamente, no podía.
-Perdóname...Anya...- susurró y tras darle un breve beso en la mejilla, el muchacho regresó a la incómoda silla de madera, preparado para hacer la guardia en esa primera noche.
--------------------
Se paseaba de un lugar a otro, con las manos en la espalda. No estaba nervioso, nunca había sido una persona inquieta, pero detestaba la espera. No admitía fallos, porque, sencillamente, él era alguien perfecto, sin errores, como una máquina preparada para no fallar. No ahora.
Tomó el titular del periódico y lo leyó por enésima vez, sonriendo con demencia. Uno menos..., había destruido el pilar de la Iglesia y si sus padres se alzaran de la tumba estarían orgullosos, pero todavía le quedaba mucho trabajo por hacer. Había mandado a sus nuevos hombres a realizar el trabajo fácil y ahora le tocaba a él culminar el final de sus raíces. El plan era sencillo. Los mortífagos habían comenzado a asesinar a todos los cardenales del país, uno a uno, irían cayendo hasta que no quedara ninguno. Lo único que le quedaba por hacer era colarse en la Ciudad de Vaticano y destruir el cónclave que se estaba organizando. Arrasaría con todo. Comenzando por el Camarlengo, hasta terminar con todos los obispos. La gente perdería la fe y eso era precisamente lo que él andaba buscando...
-Sin fe en el mundo, Harry Potter será mío...- susurró a las cuatro paredes rocosas de sus antepasados. Sí, había investigado durante los cinco años que había estado desaparecido y había averiguado una gran verdad: Harry Potter seguía ligado al mundo, si el mundo empezaba a morir, él moriría con el mundo. Era sencillo, destruir la fe como la primera vez, cerrar de una vez y para siempre la Sala de las Almas y entonces...la nada.
Había ingeniado un plan tan brillante que se sorprendía que Lord Voldemort no lo hubiese pensado. Su señor era la persona más inteligente que había conocido sobre la faz de la tierra y sin embargo, no había dado con la solución más sencilla. Y de esa manera, iba a poder matar dos pájaros de un solo tiro: la venganza por la muerte de su familia y la destrucción del niño-qué-vivió. La iglesia era la piedra angular de la fe en el mundo y destruirla acabaría por matar las esperanzas de todos aquellos que creían en un Dios, que se sostenían en ello...
Soltó una carcajada. ¿Dios¡Qué estupidez! Cuando él alcanzara la máxima plenitud de poder y lograra la inmortalidad se podría considerar como un dios. Su familia había muerto por esas creencias, por mantener a salvo un secreto que podría haber destruido los pilares de la religión cristiana y ahora...él los vengaría en su propio beneficio.
Sonriendo ante su ingenio, caminó hasta el único mueble que había en la estancia y se sirvió una copa de vino tinto.
-Sangre...- murmuró alzando la vajilla de un finísimo y delicado cristal.- ¿Dónde está ahora vuestro dios, ingenuos¿Qué hace para salvaros? La sangre de su hijo fue derramada como yo derramo la vuestra...- Ian dio un breve sorbo a su copa y la observó una vez más, ensimismado.- Es curioso lo mucho que se puede parecer vuestro Cristo a Harry Potter...ambos llamados el salvador, uno en el mundo mágico y otro en el muggle...y ambos derramando la misma sangre...
Se escucharon pasos acercándose a la habitación, pero Ian no dejó de observar el líquido rojizo. Las ideas fluían en su cabeza a la velocidad de la luz, aumentando su demencia. Se había convertido en un monstruo en esos cinco años desaparecido y la maldad que asolaba su corazón era, quizás, más peligrosa que la de Lord Voldemort, porque a Ian no le interesaba un mundo de sangres limpias gobernando a los muggles, sino que estaba dispuesto a destruirlo todo, con tal de ser él el único que poseyera todo. Reconstruir la vida a su manera y sabía que le bastaba con alcanzar ese poder tan preciado, para lograrlo.
Miró de reojo el rostro cetrino y pálido de Lucius Malfoy y sonrió interiormente. Cuán fácil había resultado engañarlos. Su maestro, podía haber sido un Lord, que siempre recompensaba a los que lo ayudaban, en cambio, él era simplemente un mago tenebroso muy poderoso y que utilizaría las ideas de los antiguos mortífagos para su propio beneficio. No los necesitaba.
-¿Y bien?- Lucius Malfoy se detuvo a escasos metros suyos. Le temía y Ian podía verlo, sabía que lo miraba horrorizado, por el monstruo en el que se había convertido, pero a él no le importaba. Era capaz de fingir que era un caballero sentimental y un Don Juan perfecto y gracias a sus propiedades de mago metamórfico, podía adoptar un aspecto irresistible. Su monstruosa apariencia no era un problema con las mujeres.
-Todo marcha según lo esperado.- aseguró Malfoy tratando de no mirarle directamente a los ojos.- Y...ya he avisado a mi hijo y sus amigos. Ellos saben donde encontrar más aliados...
-Buen trabajo, amigo mío.- Ian se acercó a él y le dio una palmadita en el hombro, notando como Malfoy se estremecía.- Estamos muy cerca de la destrucción de Potter...ahora, me queda resolver el otro asunto...
-Ian¿estás seguro que esto funcionara?- Malfoy tenía sus dudas, aunque ser él el que las expresara no estaba entre sus intenciones. Pero los demás no se habían atrevido a hacerlo y él era el que más contacto tenía con el nuevo señor tenebroso. Ian lo miró escépticamente y le bastó un gesto para leerle la mente.
-Ya veo. Lucius, confía en mí y dile a los otros que estén tranquilos...muy pronto observaréis las consecuencias...- Ian se abrochó bien su capa negra y comenzó a caminar hasta la salida.- Ahora, si me disculpas...tengo un asunto pendiente con el asilo...- Lucius Malfoy se mordió el labio inferior, pero no añadió nada más. No le quedaba más remedio que obedecer. Estaba seguro de que Ian era el indicado para devolverle a él y a los suyos, el rango que les correspondía. Suspirando, también se dirigió a la salida, maldiciendo por lo bajo el día en el que Harry Potter había destruido a su antiguo señor.
