Olassss gente! Q tal? Yo aquí con un nuevo capi a la espera de que os guste. Por fin sabremos más cosas sobre los dos nuevos personajes misteriosos y aquí presentaré a otro personaje nuevo. Se llama Troy y a mí me encanta,´así que ya me diréis. Muy agradecida, como siempre, por vuestros estupendos reviews y vuestras palabras de ánimo. Ahora sí, os dejo disfrutar del capi. Un besazo enorme!
Reviews:
D.Alatriste: Olass! Gracias! Bueno, ya dije que en realidad Harry sí que debería estar muerto tras la batalla con Voldemort y aquí está la prueba. Me temo que Ginny tardará bastante en enterarse de la verdad. Sí, jajaja, Alan se ha pasado, pero bueno, todo tiene un porqué. Besazos!
Saralpp: Olass! A ver, te explico. Las épocas avanzan y los magos con ellas. Ian ha estado muchos años al servicio de Voldemort, sabiendo lo que éste hacía para hacerse más fuerte y ha aprovechado esos conocimientos para entrar más en detalles y hacerse más poderoso. En realidad, ha tomado prestados de Voldemort las investigaciones y ha añadido sus propios conocimientos, logrando un resultado mucho mayor. Por eso es más poderoso. Si hubiesen empezado de cero ambos, quizás no lo sería. Pero ha evolucionado. Respecto a Alan¿de dónde sacas que sea el protagonista? Yo no he dejado de poner a Harry en el fict y es más, todo lo que ocurre está relacionado con él y no con Alan. Alan sale en el fict porque es el hijo de Christine, porque como todos los personajes tiene su papel en la historia y si ahora doy más detalles de él es porque no ha salido antes y tenéis que saber cómo es. Pero el fict sigue siendo HP y Harry siempre será el protagonista, eso ni dudarlo. Y te explico lo de la fuerza. Alan es el arcángel más poderoso que existe pero en energía en estado puro. Es decir, la energía que reside en su interior es la más poderosa, pero eso no quiere decir que de momento, la sepa utilizar toda. Como mago, está claro que Harry es más fuerte, simplemente porque es más mayor y como arcángel sabe hacer cosas que Alan, con 5 años, jamás podría hacer. De Ron y Hermione iré poniendo más cosas, pero poco a poco. Besazos!
Usagi-Chan: Olass! Jajaa, ya sabía yo que Alan iría perdiendo popularidad, ajjajaja. No, no es malo, repito, todo tiene un porqué. Creo que no se merece que le hayan ocultado toda esa información, no te parece? Ron y Hermione irán saliendo más, no te preocupes. Y bueno, tranqui, que Christine volverá a entrenar a Harry, dale tiempo, el chico está un poco desentrenado. Ajjaja. Besos!
Aidee: Olass! Jajaaj, pues esto solo es el principio de los problemas. Uffff, pues no tienen que pasar cosas. Alan tiene demasiado poder y no es bueno, porque es difícil controlarlo, así que van a tener muchosssss problemas. A ver, hay un motivo por el que hago que Alan tenga más poder que Harry. Sé que no debería dar muchos más adelantos...pero haré una excepción. Alan es un elemento muy muy peligroso tanto para el bando de la luz como para el de la oscuridad, es un diamante en bruto que unos y otros van a tratar de utilizar. Despierta interés, entiendes? Y despertará interés en Ian. Si fuese un niño corriente, con un poder normal no atraería la atención y sería un personaje que no me serviría de nada. Yo utilizo a todos los personajes del fict de una manera u otra, un Alan bueno, simple y encantador sería aburrido, un armario, vamos. Esto le da mucho más juego. Pero que sea poderoso, no quiere decir imparable, recordemos que solo tiene 5 años. Tiempo al tiempo. Besazos!
Elementh Reload: Olas! Jajajajjja, sí, ya veo que os cae mal a todos. Bueno, quizás no habéis encontrado la clave en él. Es posible que se os escape algo?
Amnydic1991: Olass! Aleluya! Jajaja, alguien que entiende que Alan debía ir al desván. A ver...la ignorancia no es buena para nadie, si el niño no hace esas cosas¿cómo se va a enterar de la verdad y va a estallar la bomba? Creo que es algo que está bastante claro. Todavía le quedan muchísimas cosas por saber, pero poco a poco. Síps, afirmativo, Orión y Anya aparecen en este capítulo, así que a disfrutar! Besazos!
Sarah-Keyko: Olass! Jajaa, si son cosas buenas nunca se cansan de escuchar. Me alegro q el capi te haya gustado. Sí, Ron y Hermione son muy monos, ajajjaaj. En este fict os vais a hartar de ellos. A ti te gusta Alan? Jajajaajajja, bueno, es extraño, pero gracias, menos mal que alguien comprende a mi pobre niño, ajjaja. Besazos!
Dany-Kanuto-link: Gracias! Pues sí, jajajaj, lo has acertado. Anya y el otro chico salvaron a los cardenales.
Loka Lupin/Moony: Olass! Jaja, no mujer, espero que no te de un infarto, me sentiría muy responsable. Sí, Alan tiene que saber la verdad porque siente que necesita saberlo. Es un niño, aunque dicen..que la curiosidad mató al gato, ya veremos. Jajaj, Bueno, yo creo que todos los niños en sí son curiosos, así que no, no te hagas ilusiones, el verdadero padre de Alan es Dani, el pobre Sirius no tuvo tiempo de tener hijos, vamos, que sepamos. Besazos!
+Marita: Olass! Jaaj, siempre es bueno conectarse y encontrar dos capis, espero que te hayan gustado. Sí, Alan se tiene que enterar de las cosas de la manera más impactante, por eso reacciona así. Ron y Hermione irán avanzando pero muy lentamente, ya aviso, lo suyo es algo muy complicado. Y respecto a los otros dos...jajaj, quizás con este capi se ten aclaren más cosas. Besazos!
Catalina: Olasss! Bueno, es muy pronto para decidir entre un fict y otro. Umm, si no recuerdo mal, el principio de la 2º guerra era bastante más lento y aburrido que este. De todas formas, ambos ficts van a seguir la misma línea, por eso he hecho que Harry y Ron vayan otra vez a Hogwarts, aunque claro, han pasado 5 años y las cosas cambian, pero ya verás como no es tan diferente. Harry como Salvador SÍ aparecerá, eso no te quepa duda. Umm, a ver, el hecho de que Alan sea tan poderoso tiene que ver con el destino que debe cumplir. Sí, es mitad mago y mitad arcángel como Harry y Christine, pero también hay que decir que Christine que es su madre es más poderosa de lo que eran los Potter o era la propia madre de Christine. Michaela es solo un arcángel y Christine tiene en la sangre mitad mago, mitad arcángel justo por la mitad, Alan no. En la sangre de Christine ya corre esa mezcla y la de Dani es toda de un mago, con lo cual hay mucha más energía en el cuerpo de Alan. Si por ejemplo, Harry tuviese un hijo, su hijo también sería más poderoso que él, porque el poder se pasa de generación en generación. Respecto a las fotos...sí, se pueden arreglar con un reparo, imagino, pero entonces le quitaría la gracia a la imagen mental que significa, así que no lo voy a hacer. Besos!
MayeEvans: Gracias! Umm, bueno, no te preocupes, tarde o temprano, Alan acabará por entenderlo todo, pero para eso aún falta mucho fict. No juzgues tan duramente a Alan, ya verás como no es culpa suya del todo. Imagina por un momento que tus padres te han mentido sobre toda tu vida...a nadie le gustaría. Besos!
Shaman: Muchas gracias!
Roxana: Olass! Muchas gracias! A ver, tu duda. Ni Emy ni Alan salvaron a los cardenales. Fueron esos extraños personajes nuevos de la cabaña de Hagrid. Besos!
Lladruc: Olass! Jajaja, umm, encara falta bastant per a que ocurreixi res entre ells. Es molt aviat, pero bueno, tot poc a poc. No, home, no, jajaja, l'alan el que pasa es que vol saber que li estan ocultant, pobret. Si, ajjaaj, el Draco ha cambiat, m'agradava aquesta imatge nova. Bueno, petons!
Valerita: Olass! Gracias! Sí, Alan es más maduro de lo normal, eso es porque es especial. Jajaj, lo de Ron y Hermione irá poco a poco. Besazos!
Kathy chambers: Olass! Umm, bueno, ya veremos, ya veremos. Todavía es muy pronto para saber lo que pasará dentro de tanto tiempo, jaaja. Besos!
DeMalfoy: Olass! Sí, jaja, Ron y Hermione son muy monos, es muy divertido escribir de ellos. Umm, bueno, verás como intentan explicarle cosas a Alan, pero no va a ser tan fácil. Lo de Ian es simple. Sus padres pertenecían a una organización llamada "Priorato de Sión" que por excedencia siempre han sido enemigos de la Iglesia y por eso la odiaban. La Iglesia los asesinó. Y bueno, jajajajajaja, perdón, perdón, perdón, OT es Operación Triunfo, un programa de televisión de España, olvidaba que en otros países no es conocido. Sorry! Besazos!
CAPITULO 5: THESE DAYS THE STARS SEEM OUT OF REACH.
(ESTOS DÍAS LAS ESTRELLAS PARECEN INALCANZABLES)
Se encontraba mirando por la ventana. Tenía la barbilla apoyada sobre su brazo derecho y sus preciosos ojos azules clavados en el cielo estelar. Hacía una noche fría, para ser finales de Agosto, pero ella llevaba una camiseta de tirantes, como si aquel clima no pudiera afectarle.
El cielo se veía perfectamente desde aquel lugar, pensó, siempre le había encantado observarlo. Desde que era muy niña. En el lugar donde había vivido toda su infancia, lo único que alcanzaba a observar era una pequeña ranura que daba al exterior. De todo el refugio, pese a que aquel rincón era frío y oscuro, era su preferido. Precisamente por ello, porque se podía ver el cielo.
Detestaba los lugares cerrados, quizás porque siempre había vivido entre ellos, pero ella era una persona libre, era una persona que necesitaba de esa vitalidad que le proporcionaba el viento golpeándole en la cara.
Alargó su brazo libre y dibujó imaginariamente, formas imposibles, como si aquel espacio en blanco fuera su pizarra particular. Cerró un ojo y se mordió la lengua, concentrada sin duda en donde señalaba.
-Andrómeda...- un leve susurró salió de sus labios, en dirección a aquellas constelaciones, que sabía calcar de memoria, como si las conociera de toda la vida, como si en vez de estrellas, galaxias, o luceros fuesen sus mejores amigos.- la estrella más brillante a 120 años luz, situada en el cuadrilátero de Pegaso...es Silah...- al pronunciar ese nombre, una lágrima resbaló por sus mejillas, brillando al contorno de la luna menguante. Su mejor amiga se llamaba así. Había sido una de las primeras en morir antes de que se escondieran en aquellas viejas guaridas, de los magos ancestrales. Silah era muy pequeña por entonces y ante aquel ataque masivo, no pudo más que tratar de alcanzar a su hermano y padre, que repelían el ataque rival. Anya la tenía tomada de la mano, ambas habían crecido juntas, ambas tenían exactamente la edad de seis años y ambas corrían junto con los demás niños. Pero Silah tropezó y Anya soltó su mano. Quiso regresar sobre sus pasos, quiso ayudar a su mejor amiga, pero era tarde. Aquellos hombres la habían alcanzado. Si Anya no corría, sino huía, entonces también moriría. Y ella no podía morir. Lo había prometido, porque era...la última esperanza. "La última esperanza", esa frase que había escuchado desde pequeña y que ahora, por fin, comprendía.- Orión...- Anya hizo un movimiento con la muñeca y dibujó con sus dedos una nueva figura, que en esa ocasión, le regaló una sonrisa. Aquella era la constelación del chico que ahora mismo estaba con ella en la cabaña y que tenía el mismo nombre.- Orión es, sin duda, la constelación más bella del cielo...- la chica hablaba como si se tratase de un libro abierto, como si fuera una enciclopedia que narrara textualmente la información que tenía entre manos.- ...es claramente del invierno y con razón, se le denomina: "la Catedral del firmamento" o "la Capilla Sixtina"- Anya no pudo reprimir un gesto burlesco en el rostro. Curiosamente, recordaba aquello cuando hacía muy poco que había pisado, junto a su amigo, la gran obra de Miguel Ángel.- En el centro de la constelación, tenemos tres grandes estrellas, denominadas: "El cinturón de Orión". Debajo de la constelación y algo a la izquierda,- Anya movió su mano calculando, imaginariamente, la distancia.- encontramos un grandioso punto luminoso que es la estrella Sirio.- sin saber porqué, ni comprender porque estaba haciendo aquello, los ojos de la chica se inundaron de lágrimas.- Sirio es la estrella más brillante del firmamento y se encuentra en la constelación de Canis Major. El pueblo Babilónico, en la antigüedad, denominó a Sirio "La Estrella del perro", por estar junto a Orión, que es el cazador de los cielos. En la mitología, se hablaba de que Orión, siempre estaba presumiendo de su valor y al parecer, tenía fama de poder vencer a cualquier fiera...- nuevamente, Anya no pudo evitar esbozar una sonrisa. Aquella descripción se asemejaba mucho a la manera de ser que tenía su compañero.
Nostálgicamente, bajó la mano, con la que había estado dibujando imposibles en el cielo y se enjugó las lágrimas, deshaciéndolas en sus manos con una frialdad inusual en los ojos. Si Orión se enteraba de que había estado llorando, tendría verdaderos problemas. Hacía sólo unos días que le había prometido ser fuerte y lo sería, pero...los recuerdos le atormentaban.
Las estrellas tenían demasiada relación con ella, con su pasado, con aquellos que fueron importantes en su vida, en su historia, en sus creencias. No podía borrar de un plumazo aquello que le habían contado de niña, aquello en lo que había puesto su fe, su esperanza, su razón para luchar, aquello, que estaba dispuesta a cambiar.
-Anya...- una mano se posó en su pelo, acariciándolo con dulzura y al mismo tiempo, fríamente. Pero ella no pudo evitar un estremecimiento y cerrar los ojos unos instantes. Ella no era como todos pensaban. No era tan fuerte y tan dura, necesitaba de esos gestos de cariño, necesitaba de Orión, siempre, de alguna manera, había dependido de él. No podían estar separados. Era...su destino.- Un beso a cambio de tus pensamientos...- Anya sonrió y se dio la vuelta, topándose con los ojos oscuros de su amigo, no...oscuros no, tendían a ser grisáceos. Pensando en las ironías que el destino les había preparado, le pasó una mano por la tez morena, quedando completamente en silencio. Orión siempre le repetía aquella frase, quizás era, porque ella siempre estaba pensativa, porque era de naturaleza callada, reservada.
-No pensaba...- respondió al fin.- recordaba...- Orión le tomó de la mano y se la besó dulcemente, sin pronunciar los reproches, que sabía que debía efectuar. Pero Anya comprendió. Le bastó verlo en sus ojos, para entender, que no debía hacer eso. Pero le resultaba imposible.
-¿Y a dónde te han llevado las estrellas¿Responden tus preguntas?
-Estrellas silenciosas...- murmuró la chica, dando un paso hacia atrás y recostándose en el alfeizar de la ventana.- pero ellas tienen las respuestas...¿no lo crees, Orión?- el chico no la miró directamente a la cara, como siempre solía hacerlo, sino que fijó sus inusuales ojos en el cielo estrellado.
-Una vez creí creerlo...ahora, no estoy seguro...- Anya abandonó la sonrisa de su rostro. Ella, a pesar de todo lo que había ocurrido, seguía creyendo, seguía...manteniendo la fe. La historia de su familia, bien lo merecía. De hecho, desde bien pequeña se había estudiado todos los libros de Astronomía, de Runas Antiguas, de misterios...todo lo que le diera alguna pista sobre lo extraño de su pasado. Las estrellas habían sido sus mejores aliadas para conocer a la gente que más quería, de la que le habían hablado, a la que admiraba. Y Orión, lo quisiera reconocer o no, estaba ligado al nombre que le pusieron sus padres, por ser, precisamente, como era.
-Deberías hacerlo...- susurró Anya, girando el rostro y contemplando ella, una vez más, a sus compañeras y amigas.- después de saber lo que sabes...- Orión soltó una expresión de incredulidad, pero Anya no insistió más. El chico, sintiéndose algo tenso como siempre que se hablaba de algo que relacionaba el pasado, se sacó del bolsillo de los pantalones oscuros una cajetilla de tabaco y se colocó un cigarrillo en la boca, prendiéndolo con una mano y exhalando una prolongada calada.
-Las cosas son diferentes ahora...
-Nada es diferente ahora, Orión.- le contradijo la chica, con una nota de dureza en la voz. Anya tenía carácter y él siempre lo había sabido y respetado. Ambos eran muy iguales y a la vez, muy distintos, quizás, por esa compenetración y esa recepción del uno en el otro, que tenían, era por lo que siempre se habían entendido a la perfección y llevado estupendamente. Pero a veces, el carácter ambiguo de la chica, sacaba su peor parte a flote.- Y tú lo sabes.
-Los cardenales están a salvo.- el tono de Orión y su mirada tan ruda, causaron un estremecimiento en Anya. Aquel, era uno de esos momentos en los que el muchacho le inspiraba temor, un miedo que se convertía en respeto, admiración, para volver al inicial pánico. Las experiencias que habían vivido ambos en la vida, les habían otorgado un lado oscuro.- A partir de ahí, todo cambia.
-No por mucho tiempo.- insistió Anya tozudamente.- Sí, los hemos ocultado en lugares insospechables, sí, están separados en grupos, pero igualmente, sabes que él los acabará encontrando.
-¿Lo conoces muy bien, no es cierto?- gritó Orión, dándose la vuelta bruscamente y dándole una patada a una silla rota y destartalada. Fang, que estaba tumbado cerca de la chimenea, se encogió en un ovillo y lanzó un gemido lastimero. Los ojos del muchacho brillaban con furia retenida, pero Anya no se inmutó por ese comportamiento.
-No soy la única.- respondió mordazmente, retirándose de la cara, un mechón de cabello azabache.- Si alcanza su máximo propósito estamos muertos...y aunque te pese, Orión, aunque hiera tu orgullo masculino, es mejor mago que tú.- esas palabras retumbaron en la cabeza del muchacho como si se trataran de tambores advirtiendo de una gran guerra. En el pasado, se había enfrentado a él en numerosas ocasiones, a ellos...pero nunca había salido victorioso. La muerte de su familia pesaba sobre su cabeza, lo habían salvado, porque, igual que le habían dicho a su compañera, ellos eran la última esperanza. Eran los más poderosos y los únicos que tenían una verdadera oportunidad y si esa opción existía, ahora, sin duda, cuando Ian Lewis era más vulnerable que nunca; era esa.
-Le mataré...-masculló Orión mirando hacia la ventana, donde la estrella Sirio, destacaba por encima de las demás.- Lo juro por mi vida...- se llevó el cigarro a la boca, una vez más y retirando la vista del cielo, dio una nueva calada.- por ti...padre...- a Orión le bastó cerrar un segundo los ojos para que los gritos de aquella batalla retumbaran en su cabeza, para que, poco a poco, fueran destrozando la poca entereza que había quedado en su interior, tras aquella declaración de principios, de verdad, que le había inculcado su amiga. Sí, era cierto, Ian Lewis era mejor mago que él...por ahora...
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Hacía más de una semana que Harry no pasaba por su casa. Tras el último incidente con Alan, se había despertado más temprano que nunca, había metido algo de ropa en una maleta y les había dejado una nota a sus padres, alegando que se iba unos días con Ginny a un viaje que les había tocado. Todo era mentira, pero como Christine nunca dudaba de la palabra de su hijo mayor y le respetaba esa libertad tan característica en él y Lupin le había otorgado toda su confianza, ninguno de los dos advirtió que algo malo ocurría.
Harry había despertado a su novia a las seis de la mañana y le había dicho que le tenía una sorpresa preparada, antes de que el verano concluyera. Ginny, por supuesto, no había puesto reparos. Lo que más deseaba en el mundo era estar a solas con Harry y se había tragado el cuento de que su chico había preparado todo aquello.
Harry no quería huir, pero necesitaba unos días para calmarse o sabía que pondría el grito en el cielo y con ello, se jugaba su integridad física. Si se alteraba más de lo normal, era posible que cayera más enfermo de lo que ya de por sí estaba.
Así que la pareja se había tirado una semana y pico disfrutando de las maravillosas costas Barcelonesas, en España.
Durante ese tiempo y tal y como hiciera en el pasado, Harry se colocó una máscara que impedía a nadie ver más allá de lo que realmente el chico quería mostrar. Se bañaba con su novia, hacía surf, la invitaba a cenar, bailaban, se besaban...todo lo que el perfecto novio enamorado haría y que mantenía en un estado de ensoñación a Ginny, incapacitándola para ver detrás de esa fachada. Harry, como hiciera el Salvador en su tiempo, estaba fingiendo.
Durante esas vacaciones, procuró no pensar en lo que había ocurrido en el desván, procuró no recordar la dureza con la que hablaba su hermano pequeño, procuró que no le viniera a la mente el instante en el que los últimos recuerdos de sus seres queridos volaban en mil pedazos; pero le resultó inútil.
La pesadilla de la muerte de Sirius se manifestaba en sus sueños casi a diario y Harry sabía que sólo había un motivo para ello: una fuerza superior le estaba avisando de que se avecinaban grandes problemas. La pregunta era...¿cuáles?
La adivina le había advertido de que el mundo no tardaría en perder la fe, pero...¿cómo¿quién podría lograr que un grupo considerable de personas desvaneciera sus esperanzas?
La respuesta, no tardó en llegar a sus oídos. Fue una noche en la que estaba tumbado en la cama del hotel, mirando, distraídamente, la televisión muggle, haciendo zapping. Ginny se estaba duchando y él bostezaba ruidosamente. Cuando se detuvo en el canal de noticias, observó lo que ocurría con estupefacción.
Un locutor, bastante alterado, se hallaba en la plaza de San Pedro, de Roma, grabando lo que parecía el mayor caos de la historia. Habían desaparecido todos los cardenales y el Camarlengo que se hallaban realizando el Cónclave, para la elección de un nuevo Papa. Todos. No había quedado ni uno.
Era como si se los hubiera tragado la tierra. Sin Papa y sin Camarlengo ni cardenales que lo suplieran, la Iglesia Católica se había quedado desguarecida, sin su brazo derecho, sin su líder. La guardia Suiza se había puesto inmediatamente a investigar aquella extraña desaparición, pero no habían encontrado ningún signo que pudieran darles una pista. Pero Harry sí lo encontró.
Lo único que podía haber esfumado un Cónclave entero era algo mágico. Y nuevamente, la tenía tomada con la Iglesia. Primero, matando al Preferiti y después, despedazando los pilares de la religión cristiana. Y entonces comprendió.
La esperanza que el mundo estaba perdiendo y que perdería, no era la del mundo mágico, sino la del mundo muggle. Una extensión, mucho más amplia, mucho más...poderosa y fácil de manipular. Aquella misma noche, Harry y Ginny regresaron al Valle de Godric. La chica, no entendía nada y por supuesto, no sería Harry quién se lo contaría, así que había alegado que se habían olvidado completamente de que dentro de poco comenzarían el curso en Hogwarts y todavía no habían comprado los libros en el Callejón Diagon.
Para su suerte, nada más llegar, la señora Weasley les dijo que Dumbledore había enviado la lista de cosas que necesitarían. Así que, después de despedirse de su novia y de quedar para ir al día siguiente a hacer las compras junto con Ron y Hermione, Harry regresó a su casa y entró casi a hurtadillas, para no despertar a nadie. No estaba preparado, todavía, para enfrentar lo que se le avecinaba.
Cuando su cabeza tocó la almohada, se sintió más mal de lo que se había sentido en mucho tiempo. Había perdido el cariño de Alan y no se había dado cuenta de cómo, había dejado que su hermano lo desafiara y descubriera la verdad y ese pequeño error, que cometieron al no decirle nada desde un principio, estaba a punto de pasar factura y para cuando lo hiciera, todas las excusas que rondaron la cabeza de Harry durante esa noche, no servirían de nada.
A la mañana siguiente, cuando Harry se despertó para bajar a desayunar, encontró a sus padres sentados en los taburetes de la barra de la cocina, tomando café y sonriendo abiertamente.
-Hola cariño,- Christine se levantó y caminó hasta su hijo mayor, para darle un beso en la frente. Harry le devolvió una sonrisa forzada, pero no pudo evitar sentir, como una presencia los observaba. Cuando los labios de Christine rozaron los cabello azabaches del chico, una energía parecida al odio brotó del cuerpo de Alan, que estaba sentado en el sofá, descalzo, con el pelo revuelto y viendo los dibujos animados que hacían en la televisión. Harry no pudo devolverle aquella mirada, estaba realmente sorprendido. Nunca había visto a su hermano comportarse así y estaba convencido, de que algo lo atormentaba. Algo, relacionado con el pasado.- Te sentí llegar anoche, pero supuse que estarías muy cansado y te dejé descansar.- comentó Christine mientras regresaba al asiento en la cocina y tomaba una taza vacía para llenarla de café con leche y tendérsela a su hijo.- ¿Cómo fue el viaje? Tendrías que habernos avisado con tiempo, fue muy repentino...
-Cuando se te mete algo en la cabeza...mira que eres impulsivo.- Lupin también se levantó, ante el mutismo de Harry y le dio unas palmaditas en la espalda.- ¡Pero qué callado estás¿No nos vas a decir qué tal te fue?
-Nos lo hemos pasado muy bien.- respondió Harry cortésmente, sentándose al lado de su padre y dando un prologado sorbo a su café.- Siento que fuera todo tan repentino, pero ya me conocéis, soy así...
-Tienes mala cara.- Christine, que había estado observando minuciosamente todos los movimientos de Harry, se dio cuenta en seguida de que algo malo ocurría. Lo podía sentir, algo estaba apagado en el interior de su hijo, pero no parecía algo físico. Se levantó de la silla de nuevo y caminó hasta él, pasándole una mano por la cara desencajada.- ¿Te encuentras bien?- en el momento en el que lo hizo, se escuchó un ruido en el salón, donde se encontraba Alan y todos salieron inmediatamente a ver qué ocurría.
-¡Alan!- Christine fue la primera en asomar la cabeza por la puerta de la cocina. La taza de cereales Smacks que tomaba el niño, había estallado en mil pedazos, como si se hubiera reventado por algo. Los ojos de Alan continuaban fijos en los dibujos de "Bola de Dragón", pero mantenía los puños cerrados, apretados y pegados a las rodillas.-¿Qué ha pasado?
Pero al niño no le dio tiempo a responder, porque en ese instante, entró una diminuta lechuza cargando un ejemplar del Profeta. Cuando Lupin se acercó a desprenderle del paquete, el animal comenzó a ulular, reclamando su propina.
Lupin la ignoró ligeramente, mientras desplegaba la primera plana del diario sobre la mesa.
-Alan, por favor, ve a mi pantalón que está sobre el perchero y págala.- comentó el hombre distraídamente. Alan, que era atentamente observado por Harry y ahora por Christine, puesto que al chico le encantaba meter en la bolsita de la lechuza el dinero mágico; dio un manotazo al aire y como si una ráfaga de viento se tratase, una pequeña moneda de cobre salió disparada desde el bolsillo del pantalón de su padre, hasta el animal, que tuvo que saltar un segundo antes de que le llegara aquel proyectil, para evitar ser alcanzado. La lechuza, ululó enfadada, tomó con el pico la moneda que se había estampado en la mesa y salió volando rápidamente, por la ventana por la que había entrado.
-¡Alan!- exclamó Christine furiosa, colocándose ambas manos sobre la cintura.- ¿Se puede saber porqué has hecho eso¡Te he dicho mil veces que está prohibido utilizar la magia!- el niño, en vez de responder, le lanzó una mirada fulminante y continuó mirando los dibujos. Aquella conducta, todavía extrañó más a la mujer e iba a replicar algo cuando la voz de su marido, la interrumpió.
-¡Madre mía!- exclamó Lupin furioso dando un golpe con el puño, a la mesa de madera de roble.- ¡Han muerto trece cardenales y un auror del Ministerio de Magia en una cuidad al Norte de Escocia!- nada más decirlo, Lupin se arrepintió de ello. El rostro de Harry, que había estado sumido entre las sombras, palideció de golpe y tuvo que recostar la espalda sobre el resquicio de la puerta de la cocina. Aquella situación, le resultaba tan claramente familiar, que no encontró nada qué decir.- Era un mortífago...- susurró Lupin con cautela.- Los mortífagos son los responsables de las muertes de...
-Trece personas...- murmuró Harry alzando la vista. En aquel momento, no se dio cuenta de que Alan había dejado de observar el televisor y se encontraba escuchando atentamente, totalmente estático.- Y un mago...de una sola maldición...
-Como Sirius Black.- respondió Alan cruelmente. Había centrado la mirada en su hermano mayor y Harry podría jurar que lo había visto sonreír fugazmente. Ante aquella declaración, Lupin dejó de observar el periódico y Christine abrió la boca, sorprendida.- Es curioso que sea el mismo caso¿no crees, hermanito?- continuó el niño como si estuviera comentando una jugada de quidditch en un domingo cualquiera.- Un mortífago como era Sirius Black ha vuelto a matar a...
-¡Sirius no era ningún mortífago!- gritó Harry desencajado. Alan sonrió. Había metido el dedo en la llaga y lo sabía. Durante la ausencia de su hermano, había visitado más veces el desván, encargándose de recopilar toda la información que le fuera de posible ayuda. Había, incluso, desviado el tema del hombre de sus sueños para centrarla en todo lo relacionado con Harry Potter. Y no se había quedado ahí. Por la noche, cuando sus padres dormían, había ido a la Biblioteca del pueblo utilizando sus poderes y había usado todas sus habilidades mágicas para que llegaran hasta él todos los libros que pudieran hablar del niño-qué-vivió. Ahora, lo sabía casi todo. Que sus padres habían sido asesinados por un mago tenebroso cuyo nombre estaba prohibido pronunciar y Alan no había podido averiguar, que había estudiado en Hogwarts, que había derrotado a ese mago tenebroso bajo la apariencia del Salvador y que su residencia, en aquellos momentos, era desconocida. Por supuesto, el nombre de Sirius Black, su padrino y mejor amigo de sus padres, había salido entre aquella información.
-¿A no?- Alan se levantó se sopetón del sillón y apretó los puños de rabia. Ni siquiera pensaba que Sirius Black fuera un mortífago y mucho después de leer los artículos en los que, más tarde, se había culpado a Peter Pettigrew de ese crimen y cuyo nombre, continuaba encajado en el interior del niño. Pero detestaba todo lo que tenía que ver con ese nombre y Sirius Black, con su pelo largo y desgreñado y esa sonrisa arrogante en el rostro, le parecía el mayor de los imbéciles. Igual que James Potter y hasta...Remus Lupin. No soportaba, por alguna razón, esa fotografía en la que los tres tenían los brazos por encima de Pettrigrew, al que repudiaba con toda su alma, aún sin saber porqué.- Entonces es que quizás James Potter fue lo suficiente estúpido para confiar en su mejor amigo...que lo traicionó...
-¡Basta!- Harry había alzado la mano, con los ojos rojos de la rabia, dispuesto a abalanzarse contra su hermano, pero Christine lo había detenido justo a tiempo. También ella estaba muy conmocionada, pero no podía permitir una pelea semejante, no podía permitir que Harry empeorara las cosas y cometiera un error del que acabara arrepintiéndose.
-¿Se puede saber cómo sabes tú todo eso?- la voz de ultratumba de Lupin se dejó escuchar por todo el comedor. Alan se giró hacia él, pero su mirada de desprecio no cambió, pese a que se dirigiera a su padre. La fotografía...seguía teniendo en mente la fotografía...y como si una voz interior le hablase desde sus adentros, no podía dejar de pensar que su padre no era quién él creía.
-Lo vio en el desván.- respondió Harry con frialdad, zafándose de Christine y pasándose una mano por su rostro cansado.- Ha estado rebuscando entre mis cosas...
-Me ocultasteis la verdad.- escupió Alan con odio contenido y temblando de arriba abajo, como si tratase de controlar toda la energía que había en su cuerpo.- Él no es mi hermano y tú- se giró hacia Lupin y lo señaló como si señalara a un simple parásito.- no eres mi padre.
El silencio cayó abruptamente como una oleada de frío, como un huracán que arrasa un poblado de indígenas, como un maremoto que se lleva todo lo que permite su fuerza, así, se sintió el corazón de Christine. Era una burbuja en peligro, que bombeaba por el mero hecho de existir, pero que tenía enfrente suyo una verdad, que no estaba preparado para resistir. Nunca había esperado un desenlace así para la historia, no era justo, que una vez más, la vida les golpeara como estaba haciéndolo. ¿Por qué no se había dado cuenta de que la verdad peligraba¿Por qué no había visto indicios que le indicaran que Alan estaba más cerca de la verdad de lo que ellos pensaban? Se había imaginado el día en que se lo contaran todo como algo diferente. Ella le hubiese hablado de Dani con dulzura, con cariño, le habría explicado que no había querido agraviar un dolor tan grande a un niño tan pequeño, pero que su padre era un ser estupendo, que dio la vida por él, que siempre velaba por ellos. Le habría hablado de la estrecha relación que la unía con los Potter, son Sirius Black...
Pero ahora, escuchar a su hijo escupir esos nombres como si se tratasen de personas ajenas, sin importancia, que no merecían la pena, le causaba un dolor que no había prevenido. No, Alan debía venerar los nombres de sus mejores amigos, porque lo habían querido como a un hijo, porque habían muerto para que él, como otros miles de niños, tuvieran un futuro.
Y ahora, sin embargo, miraba a Harry, su hermano, como si fuera un parásito al que había que exterminar, como si no fuera merecedor de vivir con ellos, de llamarla "mamá", sólo por tener el apellido Potter entre la sangre de sus venas. Harry, que había hecho posible el milagro que regresara y ahora, Alan lo repudiaba...sólo porque no eran de la misma familia, pese a que se habían criado juntos.
-¿Ves alguna diferencia?- fue Lupin quien habló. Pese a que Christine sabía que debía estar muy dolido, el hombre volvía a hablar con esa calma, con esa paciencia, con ese entereza del pasado y se lo agradeció en silencio, puesto que ella no era capaz de articular palabra.- Alan, no importa lo que hayas leído o lo que hayas escuchado, yo siempre seré tu padre y Harry tu hermano, porque los sentimientos no se pueden medir por sangre¿entiendes?
-Me mentisteis...- por primera vez, los ojos de Alan no mostraron odio o rabia, sino decepción y tristeza. Relajó los puños, pero eso no le impidió seguir manteniendo ese sentimiento de angustia en el cuerpo, que le hacía repudiar a los cuatro hombres de la fotografía. – Durante todo este tiempo...
-Es difícil, Alan.- le interrumpió Christine con la mirada puesta en él. Trató de leerle la mente, pero una vez más, el niño mantenía las barreras totalmente cerradas, como si hubiera nacido con la Oclumancia de comodín.- Cuando te lo expliquemos, sabrás porqué. Hay cosas que no se pueden tomar a la ligera ni decir a un niño pequeño...
-No me interesan tus excusas, mater.- la fortaleza había regresado a los ojos azules del niño que, poco a poco, se iban tornando más oscuros.- Est sero(es tarde). Ya no creo en ti...
-Pues deberías.- le recriminó Harry duramente. Se había repuesto. Quería a Alan más que a su propia vida, moriría por él si fuera necesario y por eso, pese a que su hermano sólo tratara de lastimarlo, él no podía permitirle que se quedara con una idea equívoca de la realidad. Habían luchado mucho por ello, habían tenido que afrontar el duro pasado y no estaba dispuesto a sufrir más por el.- Mater ha sufrido mucho para que ahora vengas con pataletas de niño pequeño¿entiendes? Si de verdad eres tan mayor para unas cosas y tan prepotente para llegar a creerlas, entonces demuestra esa madurez y escucha lo que tiene que decirte.
-No la llames así.- susurró Alan en voz baja y en un tono peligroso. Se había pasado las palabras de su hermano como si no las hubiese pronunciado.- No es tu madre, Harry Potter...tu madre, está muerta...
-¡Alan, es suficiente!- gritó Christine y Harry notó como su arcángel mostraba un poder que hacía mucho tiempo que no demostraba. La luz recorría el cuerpo de Christine a una velocidad vertiginosa, acto, que sólo ocurría cuando la mujer estaba seriamente molesta.- No sabes lo que dices. Hacer daño a Harry no cambiará lo que eres o porqué tienes esta familia, así que deberías cerrar la boca y dar gracias porque la tienes, porque si llegaras a entender una mínima parte de lo que ocurrió en...
-Buscaré a mi padre.- murmuró Alan y Christine se detuvo de golpe, como si le hubiesen bajado el volumen. Sus ojos estaban cubiertos por una mezcla de ira, impotencia y desesperación.
-Me temo, hijo, que eso no será posible.- nuevamente, y cuando peor estaban las cosas, fue Lupin el que tomó la palabra. También parecía mucho más triste de lo que se le había visto jamás, pero no estaba ni una milésima parte de decaído de lo que estaba su mujer.
-Eso, lo veremos...
-Alan.- lo llamó Lupin cuando el niño ya se dirigía escaleras arriba en dirección a su habitación.- Tu padre está muerto.- lo dijo con naturalidad y pensó, que de la misma forma en la que se lo debía haber dicho mucho tiempo atrás, habiendo evitado la tragedia que se avecinaba, habiendo evitado, esa pena que les estaba causando.- Lo lamento, pero no volverá...
-Hallaré el modo...- fue lo último que dijo el niño, antes de perderse entre la escalera de caracol, sin dar oportunidad a nadie, de que se explicaran, de que le contasen una verdad, que comenzaba a arder en sus manos.
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Alan no pronunció palabra en lo que restó de día y no parecía muy propenso al diálogo. Harry había leído muchos artículos sobre niños, que para llamar la atención, entraban en el mutismo absoluto y sí, aquel era el caso de su "hermano" pequeño.
Él estaba tan furioso y decepcionado a la vez, que no se molestó ni en intentarlo. Christine y Lupin, por el contrario, se pasaron todo el rato tratando de entablar más de tres palabras con él, pero Alan se había cerrado en banda y cada vez que se enfadaban y le obligaban a tratar de que los escuchara, el niño desaparecía en una columna de luz blanca y reaparecía en la otra punta de la casa.
Así que les resultaba imposible contarle el resto de la historia y tratar de que entendiera su postura. El niño seguía desconociendo una parte enorme de su pasado.
Por eso, pese a todo, Harry se marchó al día siguiente, al Callejón Diagon, tal y como había acordado con sus amigos.
Como no les apetecía utilizar los polvos Floo y mucho menos aparecerse a una distancia tan grande, decidieron que irían en sus vehículos y que aparcarían en Londres.
-Tardaremos una eternidad.- protestó Ron cuando vio aparecer a Harry con el casco de la moto.- ¿Sabes las horas que hay hasta Londres¿Y el tráfico¿Y los accidentes¿Y el calor¿Y...?
-¿Y tú eres tonto, Ron?- Ginny le pegó un capón en la cabeza y su hermano se calló de golpe, analizando las miradas de complicidad que tenían los tres.- ¿Se te ha incendiado la última neurona que te quedaba?
-Ron, piensa.- le pidió Hermione incapaz de contener la risa por mucho tiempo.- ¡Somos magos¡Podemos encantar el coche para que vuele y volverlo invisible!
-Pero...- Ron la miró con los ojos abiertos como platos e incapaz de acabárselo de creer.- ¿No eras tú la que nos dio la charla hasta la saciedad de lo peligroso que era encantar objetos muggles¿De lo imprudentes que habíamos sido por coger el coche de mi padre en segundo y...?
-Eso fue hace mucho tiempo.- comentó Hermione colocándose bien la gorra que llevaba en la cabeza y sonriendo pícaramente.- Por una vez no pasará nada.- Ron todavía ensanchó mucho más su mirada. Definitivamente, si Hermione Granger había dicho eso es que el mundo estaba más loco de lo que él creía.
-Vamos, Ron- sonrió Harry colocándose ya encima de su moto y esperando a que Ginny lo imitara.- ¿No pensarías que íbamos a ir a Londres por carretera, verdad¡Nos haríamos viejos!- su mejor amigo se encogió de hombros y también se montó al coche.- ¡El último que llegue invita a comer!
No tardaron más que un par de horas en cruzar el cielo azulado. Pese a que Agosto estaba cayendo, hacía un intenso calor y el aire que les golpeaba en la cara era de poniente. Invisibles, divisaron la ciudad de Londres desde los cielos, compitieron entre las nubes y por momentos, sólo por momentos, volvieron a ser aquellos cuatro muchachos que imaginaban su próxima aventura a cada año que entraban en Hogwarts.
Harry bordeó el Big Ben y aterrizó en una zona desértica del Londres muggle, alejados de la vista de ningún curioso y ganando así la carrera a su mejor amigo.
Entraron por el Caldero Chorreante y Harry propuso, que antes de pasar al Callejón Diagon, tomaran algo. Como aquel lugar era un sitio agradable y acogedor del que todos tenían muy buenos recuerdos, ninguno puso objeción.
Las chicas y Ron se sentaron en una mesa libre y Harry se acercó a la barra para pedir las bebidas. En cuanto se sentó en el barra, que estaba tan llena como antes del regreso de Voldemort, se quitó el pañuelo que llevaba en la cabeza y se pasó una mano por el pelo largo. Cuando Tom, distraídamente, se acercó a preguntarle qué iba a tomar, se quedó de piedra.
-Usted...-murmuró totalmente asombrado y Harry no pudo evitar esbozar una sonrisa.
-Hacía mucho que no pasaba por aquí, Tom. Me alegra saber que la taberna vuelve a estar tan llena como siempre...- Harry levantó la mirada y lanzó un vistazo rápido al local, que olía a tabaco de pipa y a cerveza.
-Todo gracias a usted, señor Potter...- parecía que el tabernero estaba visiblemente emocionado de tener allí al Salvador del mundo mágico.- Aquella noche...cuando le vi por primera vez y me asusté...jamás pensé que sería el mismo niño encogido y temeroso que Hagrid trajo la primera vez...
-Las cosas cambian...-comentó Harry nostálgicamente y agradeciendo en silencio que Tom no hubiera pronunciado su nombre muy alto porque no deseaba que toda la gente que inundaba la taberna, fuera a estrecharle la mano.- Y yo también...
-He estado esperando su visita mucho tiempo, señor Potter.- comentó alegremente el tabernero, tomando un paño limpio y frotando las copas de la pila. Harry le miró y sonrió. El hombre había envejecido con los años, las primeras arrugaban surcaban su rostro, pero sus ojos seguían tan vivarachos como siempre, cubiertos de un profundo agradecimiento.- No sabía cómo darle las gracias...aquel día que vino aquí...usted me dijo algo que no entendí...pero cuando salió en el Profeta su verdadera identidad, en seguida descubrí lo que sus palabras habían querido decirme...
-Le dije que quizás cayera una estrella...- recordó Harry colocándose de nuevo, su pañuelo alrededor de la frente.- que tuviera fe...y por lo visto, la tuvo, Tom...- nuevamente y como en aquella ocasión, el viejo tabernero no alcanzó a comprender el significado de aquella frase, pero para Harry tenía mucho sentido, más del que estaba dispuesto a expresar. Su regreso, había dependido de la fe del mundo, de la fe de las personas que lo conocían, que lo conocieron o que, simplemente, estaban agradecidos. Después de pedir las bebidas, las llevó levitando hasta la mesa arrinconada, en donde le esperaban sus amigos y se sentó junto a Ginny.
Mientras estaban allí, con mucho sigilo, Harry les narró lo que había ocurrido con Alan, evadiendo su conversación personal en el desván. Ron casi se atraganta con la cerveza de mantequilla que había pedido y las dos chicas se miraron asustadas y consternadas.
-¡Te lo dije hace mucho tiempo, Harry!- saltó Hermione conmocionada. Ella había estado, desde el principio, en contra de que se le ocultara la verdad a Alan y le había dicho a Harry que aquello traería consecuencias.
-¡No me jodas, Hermione!- protestó el muchacho alzando ligeramente la voz y golpeando la mesa con un puño, derramando un poco de su Whisky de Fuego.- Punto uno, yo no puedo cuestionar las decisiones que tomaron Remus y Christine porque Alan no es mi hermano, ni mi hijo, ni nada que me dé derecho a opinar y punto dos...¿qué coño querías que hiciéramos? Me gustaría verte a ti en una situación así, sí, ya lo veo, "Hola Alan, mira, resulta que tu padre fue asesinado porque uno de sus mejores amigos lo traicionó a un mago tenebroso y éste ordenó que fueran a mataros. Tú moriste, pero de alguna forma, Harry que no es tu hermano, pero que vive con nosotros y al que deberías igualar en edad, pidió un deseo a una estrella fugaz y la Unión de Las Cuatro Sangres, que vino desde otra realidad, hizo posible el milagro de que regresaras" ¡Por dios es absurdo¡Ningún niño pequeño entendería eso!- Hermione se mordió el labio inferior y desvió la mirada de su amigo, sin responder. Estaba dolida por la forma en la que él la había tratado, pero reconocía, que en el fondo, se lo merecía. Tenía la mala costumbre de restregar los errores por la cara, cuando ella misma había cometido el más grave de todos y se había destrozado la vida.
-Cálmate, Harry.- le pidió Ginny suavemente, acariciándole el brazo con ternura. Harry suspiró y asintió.- Lo que Hermione trata de decir es que hubiera sido mejor dosificarle las cosas, la información...írselas contando poco a poco...
-Entonces su vida se habría convertido en la calcomanía de la mía, Ginny.- replicó Harry molesto, pero mucho más calmado.- Dosificándole la información...cuando todavía estuviera digiriendo una cosa, echarle otra encima...entonces es cuando se habría enfadado de verdad y...de todas formas, Alan es un niño especial, distinto a los demás, habría hecho pregunta tras pregunta hasta dar con la verdad.
-Estoy con Harry.-. apoyó Ron y Hermione le lanzó una fugaz mirada, que pretendía ser recriminatoria. Pero el pelirrojo había aprendido a ser uno mismo, mucho tiempo atrás y no se dejó amilanar.- Yo creo que la intención de Christine y del profesor Lupin fue buena. Además, Dumbledore la apoyó.- como las chicas optaron por el mutismo, Ron continuó.- Estoy seguro de que dentro de poco se lo iban a contar todo, ha sido mala suerte que Alan encontrara esas cosas en el desván...
-No ha sido cuestión de suerte.- murmuró Harry más para sí mismo que para sus amigos, aunque todos pudieron oírlo. De pronto, las piezas habían encajado en el puzzle.- Ese sueño...
-¿Qué sueño?- inquirió Ginny con la ceja ligeramente alzada. Harry no les había comentado nada. El chico, ahora tenía la vista puesta en su vaso de Whisky, como si quisiera enlazar todo lo que tenía en la mente.
-Hace unos días, Alan tuvo una pesadilla, una pesadilla horrible...- añadió dando un sorbo prolongado a su bebida.- Intentamos que nos contara lo que había visto, pero no quiso decir nada. Fuera lo que fuera, estaba rarísimo con Remus y...me da la sensación de que soñó algo de cuando era muy pequeño...antes de...bueno, ya sabéis.
Hermione iba a decir algo, cuando una sombra se acercó por detrás de ellos y se abrazó efusivamente a los hombros de Harry y Ron, respectivamente. Los cuatro se quedaron tan sorprendidos de que alguien hubiese interrumpido su charla en secretismo, que no reaccionaron hasta que el rostro del chico dejó de estar en la penumbra de la taberna y se aproximó un poco hasta un candelabro que colgaba de la pared de piedra.
-¡Troy!
Un chico joven sonrió a las espaldas de los dos muchachos. Troy Dupois era un muchacho que estudiaba en la Academia con Harry, Ron y Ginny. Iba a cursar quinto y último curso y era el mejor amigo de los chicos. Era alto y delgado, con el pelo rubio y largo, a la altura de los hombros, despeinado y que le caía desordenado por la cara. En su bello rostro, lo que más destacaban eran sus preciosos ojos verdes claros. Como era muy sano y le encantaba cuidarse, todas las tardes iba al gimnasio y eso le había dotado de una perfecta musculatura. No obstante, lo que más destacaba en su cuerpo y fue lo primero en lo que, como otras tantas veces, se fijaron las dos chicas, era en el tatuaje que llevaba en el brazo izquierdo, que dibujaba desde el hombro hasta casi llegar al codo y calcaba unas formas extrañas y separadas en poca distancia, llamadas "trival", que, normalmente, todo el mundo trataba de descifrar.
Pero pese a su apariencia imponente y su atractivo físico, Troy era muy tímido e inseguro en las relaciones con las mujeres. Le costaba dar el primer paso y era muy enamoradizo, lo cual siempre le ponía en serio aprieto a la hora de expresar lo que sentía. Sin embargo, aquella característica era una de las tantas similitudes que tenía con Harry y Ron, a los que había conocido el primer día de clases y de los que no se había vuelto a separar.
-¿Qué tal, chicos?- preguntó cordialmente, estrechando las manos de sus amigos, a los que no veía en casi dos meses.- ¿De compras?
-Tardías.- aclaró Harry sonriendo e invitándole con un gesto a que se sentara., mientras él mismo lo hacía.- Siempre a última hora...
-Suele pasar.- asintió y luego dirigió una mirada fugaz a las dos chicas a las que saludó con un gesto de cabeza.- ¿Habéis tenido un buen verano?
-Bastante tranquilo.- admitió Ginny tomando su refresco de limón y dando un pequeño sorbo.- ¿Y tú qué tal¿Has visitado a tu familia?- Troy conocía a Ginny de la Academia y siempre se habían caído muy bien. De hecho, la chica solía bromear con que su novio y él serían dos gotas de agua sino no fuera porque Troy era rubio. El chico era uno más de la pandilla y solían salir de fiesta o a tomar algo, casi a diario. Pero durante las vacaciones, Troy que era nacido en Francia, se había marchado a ver a su familia.
-Ya sabes- respondió el chico encogiéndose de hombros y sintiendo una punzada a la altura del estómago.- Mis padres encantados y diciéndoles a todo el vecindario que pronto tendrán a un auror en la familia...y mi hermana tan loca como siempre. Se ha marchado a Estados Unidos con su novio.
-Espero que escriba.- rió Hermione. Ella, pese a no estar en la Academia de Aurores, también conocía muy bien a Troy. Se lo habían presentado a los pocos días de que Ron y Harry cursaran su primera clase y ya era otro más de sus mejores amigos. No obstante, sólo habían visto a la hermana del chico una sola vez y pese a que se habían caído muy bien, la chica estaba tan cabra que no paraba quieta en ningún sitio y sólo sabían de ella por las cartas que enviaba vía lechuza.
-Algún día lo hará...- comentó Troy y todos se echaron a reír.
Media hora más tarde, entraban en el Callejón Diagon, todos juntos. Hacía mucho que Harry no pasaba por allí, pero le alegró ver que el primer lugar mágico que contempló cuando era niño, mantenía el encanto de un principio de curso venidero. Pudo ver muchos niños con las túnicas de Hogwarts entre sus compras y se alegró muchísimo de poder volver al colegio un año más. Pese a que ahora tuviera una familia, el colegio de Magia y Hechicería siempre sería su hogar, como lo fue los siete años que pasó allí.
Caminaron entre la multitud, comentando el maravilloso verano que habían pasado y lo mucho que se habían divertido saliendo de fiesta o en el caso de Harry y Ginny, en las costas barcelonesas.
Pasaron por el Emporio de las lechuzas y Harry no pudo reprimir un suspiro de nostalgia, al ver a una lechuza blanca, que parecía la reencarnación de Hedwig. Su lechuza había muerto en su sexto curso, cuando fue interceptada portando una carta. Ahora tenía a Ares, el fénix plateado que le había regalado Christine y que, según palabras textuales de ella, estaba destinado a él, pero eso no le disminuía el dolor por la pérdida de Hedwig.
Lo primero que hicieron fue acudir a Flourish y Blotts para comprar los libros del nuevo curso. Hermione también tenía que coger un par de ejemplares más para cursar su último año de carrera y algunos más por iniciativa propia, así que lo mejor era hacer las compras rápidas, para luego pasar el resto del día por ahí.
-Entonces, al final ya es seguro¿no?- comentó Troy releyendo la misma carta que Harry, Ron y Ginny habían recibido del profesor Dumbledore.- Iremos a Hogwarts este último año...
-Estoy contentísima- comentó Ginny abrazando a su novio por la cintura y empujándole ligeramente, para que avanzara en la cola.- Hace mucho tiempo que no piso los pasillos interminables del colegio...
-Hogwarts es genial, Troy.- le aseguró Ron a su amigo, mirando de reojo la reacción de Hermione, que se había mantenido al margen de esa conversación.- Tiene un montón de pasadizos secretos para ir a Hogmade, un Sauce Boxeador que te golpea con las ramas si te acercas demasiado, pero no te preocupes, descubrimos su secreto hace mucho tiempo y lo tenemos dominado y la sala de los menesteres ¡Oh dichosa sala¡Es una pasada, tío! Si entras y...- Ron continuó hablando y hablando de todas las cosas maravillosas que había en Hogwarts y había nombrado a Troy, por lo menos, unas diez veces en los cuatro años que se conocían. Pero el chico, como era muy educado y realmente encontraba el castillo un lugar fascinante, lo escuchó pacientemente, imaginando en su mente los grandes momentos que iba a pasar ese curso.
Cuando llegaron al mostrador, pidieron tres packs iguales de los libros para quinto curso de la Academia, un pack para cuarto y dos sueltos que Hermione se encargó de adjudicar, junto a otros tres que había tomado por su cuenta.
Al salir, pasearon un rato entre las tiendas, visitaron la de artículos de broma de Fred y George, tomaron un helado en Florean Fontescue, visitaron la tienda de quidditch y acabaron comiendo de nuevo en el Caldero Chorreante.
Se lo habían pasado genial. Antes de la aparición de Troy, el fantasma del pasado y los problemas les habían estado rondando, pero el chico era alegre y simpático y con sus bromas, sus anécdotas y su forma animada de comentar las cosas, les hizo olvidar toda clase de preocupaciones.
Allí en la taberna, también se encontraron con Neville Longbotton, que parecía más despistado y perdido que nunca, pese a que el tiempo le había hecho cambiar a mejor. Al parecer, su rana Trevor se había comido la mitad de la carta que habían mandado de Hogwarts y no tenía la lista entera de los libros.
-¡Es increíble!- comentaba el muchacho irritado.- le había puesto unas veinte moscas muertas en el cacharro de la comida y todavía se come mi carta.
-Neville, nunca cambiarás.- comentó Ron partiéndose de risa. Le costaba creer que su amigo fuera el mismo chico torpe e incapaz de hacer algo correcto con una varita de su época estudiantil. Neville, ahora, era mucho mejor mago y seguro que sería un auror a tomar en cuenta. Harry tenía mucho que ver en ello. Se había encargado de inculcarle todos los conocimientos posibles para que el muchacho superara las pruebas hacia su carrera sin ningún tipo de complicaciones y lo había logrado.
-Este curso será difícil.- suspiró Harry mirando hacia el techo de la taberna, que estaba lleno de estrellitas brillantes.
-¡Por favor¡Para ti está tirado, Harry!- comentó Neville imprudentemente.- Tienes todos los conocimientos necesarios para acabar la carrera y...- al ver el gesto preocupado de sus amigos, se detuvo en seco. Había metido la pata. Troy no tenía ni idea de que Harry Oldman, como le conocían en la Academia, era en realidad Harry Potter.
-¿Cómo que está tirado para Harry?- Troy alzó ligeramente una ceja en estado de incredulidad.- Neville, pecando de pesimismo te diré que por muy buen mago que sea Harry y por mucho que tenga las mejores calificaciones del curso, este último año no serán las cosas para tirar cohetes. He leído en el Profeta que Amelia Bones está disgustada con la poca disciplina y exigencia con la que enseñan en la Academia y le ha pedido al director Dumbledore que nos apriete las tuercas.
-Neville sólo lo decía porque conocemos muy bien a los profesores...- Harry salió del apuro como pudo, pero habría matado a su amigo con la mirada, allí mismo. Por muy colega que considerara a Troy, no le apetecía que éste se enterara de quién era en realidad. Troy siempre lo había tratado con uno más y no quería que aquello cambiase, se sentía muy libre escondiéndose de las garras del niño-qué-vivió.
-Sí, a eso me refería...-comentó Neville, lanzando una mirada de disculpa a su amigo, por el fallo que había cometido. Afortunadamente, parecía que Troy no se había percatado de nada porque continuó con la conversación como sin hacer ningún tipo de comentario más al respecto.
En cuanto terminaron de comer, Neville se marchó a comprar los ejemplares que le faltaba y que Harry le había anotado en un trozo de pergamino y Troy cruzó la barrera que separaba el Caldero Chorreante del Londres muggle, para coger su moto que tenía aparcada muy cerca de los vehículos de sus amigos. Se despidió de sus amigos con un nuevo apretón de manos y de las chicas, en esa ocasión, con un par de besos.
El viaje de regreso concurrió sin ningún tipo de percance. Al llegar al Valle de Godric, Ron y Hermione se marcharon a sus respectivas casas y Harry le pidió a Ginny que se quedara esa noche en la casa. La chica no puso reparos, puesto que era algo muy habitual y ambos se encaminaron hacia la puerta trasera, que daba al jardín. Cuando llegaron, encontraron a Lupin y a Christine viendo la televisión en el sofá del comedor. Al parecer, no habían logrado ningún avance con Alan, puesto que Christine tenía la cabeza apoyada sobre el regazo de su esposo y parecía medio dormida, mientras éste le acariciaba los mechones de pelo azabache.
Harry se acercó a su padre sigilosamente, le dio un beso de buenas noches y tomando a Ginny se la mano, se encaminó escaleras arriba, maldiciendo su suerte. Christine había sufrido mucho, ahora que había pasado todo y Harry no guardaba rencor en su interior y podía analizar todo lo ocurrido con calma, se dio cuenta de que había sido una víctima más de Lord Voldemort. El mago tenebroso había convertido a Christine en lo que ella era, con esa frialdad, con esa indiferencia, esa forma de escupir las palabras por la boca sin importar el daño que éstas causaran.
Primero matando a su padre, después, empañando su felicidad con Dani y al final, matando a su familia y a sus mejores amigos. Si la vida le había golpeado tan duramente a la mujer era lógico que ahora pareciera derrotada ante esta nueva amenaza.
De pronto, había pasado de vivir felizmente casada con el hombre al que amaba y sus dos hijos, a tener a uno que no le hablaba y a otro en peligro de muerte.
Por muy fuerte, muy fría y valiente que fuera Christine, ningún ser humano era de piedra, por mucho que en el pasado ella se asemejara y cuando por fin Lupin, con su amor, su comprensión y su cariño, había traído de vuelta a la verdadera Christine, no era justo que Alan, que en el fondo, también era un víctima, le pusiera las cosas más difíciles.
Con Ginny detrás suyo, entró en la habitación y se dejó caer pesadamente en la cama. Tenía muchas cosas que hacer y como días atrás le había advertido la adivina: su tiempo, se estaba agotando.
