N/A: Olasss gente! Ya estoy de vuelta por aquí. Se que esta vez me he retrasado un poco más de lo normal, pero es que el trabajo no me da tiempo para mucho. Espero que os guste este capi en el que Anya y Orión entran en contacto con Harry y los demás. Un besazo para todos y espero vuestros reviews!
Reviews:
DeMalfoy: Olaasss! Me allegro q te haya gustado el capi. Sí, bueno, los Lupin tienen un pequeño problema con alan, ya veremos como lo resuelven. Troy me encanta, no tardará en saber la verdad, a ver como se lo toma. Paciencia con anya y orión, ya verás como poco a poco se van sabiendo las cosas. Besos!
MayeEvans: Olass! De nada! Me alegro que te gustara el capi. Sips, ya dije que Harry iba a volver a ser el Salvador. Besos!
Saralpp: Olasss! Jajaja, yo no he dicho nunca que Harry vaya a morir? Lo he dicho? Ajajaajja. Bueno, tiempo al tiempo, ya veremos qué pasa con Ian, con Alan...con todos. Besazos!
Elementh Reload: Olas! Jajajjajaa, a ver…esto no es una película de star wars ni yo soy una escritora de cómics. No vas a encontrar a los cuatro fantásticos ni Bola de dragon por aquí. No me he cargado el fict para nada porque yo no lo basé en un super Harry. Los poderes de Harry me traen sin cuidado no es lo importante del fict. Sólo se los di para acabar con Voldemort y para introducir a los arcángeles y de todas maneras, que Harry tenga una enfermedad no significa que no tenga poderes. NO deberías confundir los términos. Harry sigue siendo igual de poderoso y todavía lo será mas conforme avance el fict, lo que ocurre es q está enfermo y si los usa indebidamente se debilita.
D.Alatriste: Olass! Sí, en este capítulo lo explicaba todo mejor, porque parecía que no estaba claro y de alguna manera, las cosas en boca de Dumbledore siempre parecen calar más hondo. Umm, sí, Harry se va a enfadar mucho por lo de la reunión, pero Christine solo pretende ahorrarle el mal trago y hacer lo que debe. Pues sí, me temo que si los amigos supiesen de la enfermedad esto se convertiría en la Celestina y bastante dramón es ya como para darle otro motivo. Aclaración, Harry será mucho más poderoso que antes, descubriremos distintos poderes que no tuvo tiempo de explotar en el primer fict, pero está claro, que sus enemigos también serán más fuertes. Malfoy ha reaparecido como mejor mago y Ian tiene en mente un plan que lo convertirá en alguien increíblemente poderoso, más de lo que ya se ha preparado. Besazos!
Amnydic1991: Olass! Jajajajjaaj, gran tortura para Ian, jajajaja, me gusta, la apuntaré en mis notas. Si es que el comedor del cole puede ser odioso, q te voy a contar! A ver, vamos al capi. Motivo retorcido por el que yo metería a Anya y Orión en Hogwarts? Yo retorcida? Q mala imagen tienen de mí buaaaaaaaaa, jajajajjaj. Valeeee, tal vez haya un pequeño motivo, pero nada retorcido! Valeeee, a lo mejor sí que es un poquitín retorcido. Ummm, segura que son Black? Segura segura de los seguros? Que se lo hayan dicho a Dumbledore no significa que sea cierto. Los personajes también pueden mentir, ajajjajaajaj. Besazos!
Valerita: Olass! Jaja, pues bienvenida de nuevo. Me alegro que te hayan gustado estos dos capis! Sí, bueno, Christine y Remus tienen un problema con Alan y Harry lo ha pasado mal, pero era normal. No se puede guardar un secreto que quema tanto. No te preocupes, dentro de nada empezarán Hogwarts!
Usagi-Chan: Olass! Lo que cuenta es la intención, gracias por el review. Me alegro que te guste el fict!
Lladruc: Olass! Jajjaajaj, gràcies, m'alegro que t'hagi agradat. Ummm, jajajja, ja vorem, només et dic que no han dit del tot la veritat en algunes cosses. Els personatges també poden mentir. De res pels noms, ja saps que el vullgues només demana, a mi no em costa res. Aaaa, no facis cas d'aquetes persones a mi m'es igual ja estic acostumada. No tot poden ser opinions bones. Petons wapo!
+Marita: Olass! A mí de maravilla, y a ti? Me alegro que te haya gustado el capi. Umm, sí, muchas cosas en este capi. Bueno, ahora que hay nueva amenaza es lógico que la Orden se vuelva a instaurar, no crees? Cierto, Harry se enfadará muchísimo con Christine y Remus por haber dicho toda la verdad, pero no tenían más remedio, no es algo que se deba ocultar, por lo menos no a la Orden. Bueno, que Anya y Orión vayan a Hogwarts solo significa problemas a la vista, ajajjaja. Black? Ummm, que te hace pensar que no es su verdadero apellido? Sí, Alan y Harry no continuarán enfadados el resto de su vida, jajaja, Harry acabará entendiendo que su hermano, en el fondo, es un niño. Besazos!
Aimar: Olasss! Encantada de conocerte y tenerte por aquí, ajjajaja. Me alegro que te gustara mi primer fict, a ver si este te gusta igual! Te pareces a Alan? Jajaa, entonces serás un pequeño diablillo, jajajaja. Ummm, bueno, mientras Alan siga siendo pequeño, Harry le ganará por edad, pero por poder será Alan el más fuerte, porqué? Jajaja, ya lo verás. No, no me he olvidado de los Dursley pero Harry ya les dice q no volverá y como se va a vivir con Christine y Remus pues ya no hacen falta en el fict, jaaja. Petons!
CAPÍTULO 7: COME BACK HOME.
(REGRESO A CASA)
La silenciosa mansión Black se erguía como un lobo en su fortaleza, como un espíritu en la noche, estática, tranquila, inhabitada...Hacía muy poco que había concluido la reunión de la Orden del Fénix y prácticamente todos sus miembros, se habían marchado.
Una vez confesada aquella verdad que quemaba entre sus manos, nadie había sido capaz más que decir un par de frases de despedida. Ningún plan, ninguna salida, ninguna...esperanza.
La señora Weasley se sorbía la nariz mientras recogía las tazas de café vacías y las limpiaba en el fregadero. Tal era su conmoción, que se había olvidado que tenía una varita mágica que lo habría hecho rápidamente y ahora, parecía desfogarse con el estropajo. Mientras frotaba y frotaba iba pensando en sus hijos, en una nueva guerra, pero sobretodo...en Harry.
Esos pensamientos le cruzaron la cabeza y la atravesaron como estruendos de luz, produciendo que la taza que portaba en la mano, se le cayera al suelo, haciéndose añicos.
-Lo siento.- se disculpó con el labio inferior tembloroso, girándose hacia los demás, que la miraban apenada. Su familia, la familia Lupin y Dumbledore, eran los únicos integrantes que quedaban en la casa.- ¡Reparo!
-Molly, deja eso, por favor.- le dijo el director amablemente, yendo hacia ella, tomándola de la mano y conduciéndola hasta la silla más próxima. La señora Weasley ni siquiera protestó como solía hacerlo, se dejó arrastrar como un muñeca sin voluntad.- Me parece que deberíais ir a descansar...es muy tarde...- la mujer asintió, pero sin mucha convicción. Ni siquiera miraba al director a los ojos y mucho menos a Christine y a Lupin. Imaginaba como debían de sentirse ellos y un nudo se le colocaba a la altura del estómago.
-A mí me parece que deberíamos contárselo a Ron y a Ginny.- opinó Charlie. Dumbledore y la señora Weasley levantaron la cabeza. El chico tenía el semblante serio y al parecer, los había estado observando todo el tiempo.- ¡No podemos ocultarles algo así! Es...¡Por dios, esto es absurdo!- Charlie se dio la vuelta bruscamente y le dio una patada a una silla, que dio una vuelta de campana y cayó al suelo, produciendo un ruido sordo.
-No les diréis una palabra.- ordenó Christine con una voz áspera y resentida. A diferencia de los demás, parecía la única capaz de sostener la mirada.- No tenéis derecho a revelar una cosa que se os ha contado en confianza. No es de vuestra incumbencia.- Charlie entonces, se encaró con ella. Bill, que estaba con un brazo apoyado en la mesa, observó a su hermano en silencio.
-¿Pero cómo puedes ser tan insensible?- gritó Charlie, fuera de sus casillas. La familia Weasley siempre se había llevado muy bien con Christine y era muy raro que alguien se decidiera a exponer en voz alta algo en su contra, puesto que la mujer les había regalado su casa.- ¿Te da igual todo, verdad¡Para mí Harry es como mi hermano y por si te has olvidado, es el novio de Ginny¿Y aún dices que no es de nuestra incumbencia?- Christine le miró con una frialdad inusual, pero si esperaban que se amilanara, que pidiera disculpas o que al menos reconociera su error, estaban equivocados. Se quedó estática en su posición, como si aquello no fuera con ella y cuando habló lo hizo en un tono de voz sereno y tranquilo, pero terriblemente gélido.
-Puedes hacer lo que quieras, Charlie.-siseó taladrando al chico con la mirada.- Pero si Harry ha decidido mantenerse en silencio, creo que lo mínimo que podríamos hacer por él es respetar su decisión. Ve, corre, cuéntale a Ginny que su novio se está muriendo...ve a Ron y dile que es consecuencia de la batalla contra Lord Voldemort...dile que si él no hubiera estado en peligro, Harry no habría tenido que enfrentarse directamente a él...¿a qué esperas, Charlie?- preguntó la mujer con dureza al ver como el muchacho había bajado la mirada.- Pensaba que irías a destrozar una paz que Harry ha querido que vivan...que se merecen...-Christine se detuvo, suspiró, cerró los ojos y le colocó una mano en el hombro.- Deja que yo lo arregle todo...soy su madre y...
-Harry no es tu hijo.- le reprochó la señora Weasley. Christine retiró lentamente, la mano del hombro de Charlie y la miró a los ojos. Dumbledore, que se mantenía callado, se retocó las gafas de media luna, sin mediar palabra. Lupin, Bill, Percy y el señor Weasley, eran incapaces de interrumpir aquel intercambio de opiniones.
-Para mí lo es.- replicó Christine serenamente, pese a que había sentido una punzada en pecho al recordar eso.- No hay diferencia entre Alan y él...
-Pero sigue sin serlo.- reiteró la señora Weasley cruelmente.- Me parece que has olvidado que para Harry su madre siempre será Lily y que tú eres la persona que más daño le hizo...si está en esta situación es culpa tuya, Christine y tú lo sabes. Has fallado como madre y como arcángel. Tú...tú le convertiste en ese monstruo, le obligaste a luchar en la guerra y ahora...ahora quieres que vuelva a ser ese hombre despiadado que...
-Que nos salvó a todos.- concluyó Christine por ella. Pese a que las palabras de la señora Weasley se estaban clavando como espinas por todos los poros de su piel, parecía que con el nacimiento de los problemas, la antigua Christine hubiese resurgido con ellos. La mujer alta y erguida que permanecía impasible a todos esos comentarios, como si la verdad resbalara por ella con suma facilidad, no tenía nada que ver con la chica dulce y comprensiva que había sido estos últimos años.- Y sí, Molly, es posible que yo sea la culpable de todo lo que está pasando, es posible que haya fracasado como arcángel y como madre...pero te guste o no, Harry es mi hijo y lo seguirá siendo siempre y con eso, no quiero desmerecer a Lily. Estoy segura de que si ella estuviera aquí, me daría la razón.
-Tú no tienes aptitudes para ser madre...- susurró la señora Weasley en un tono de voz perfectamente audible.- Vas a volver a convertir a Harry en ese hombre, vas a hacerlo pelear en una guerra que le puede costar la muerte...no, eso no demuestra lo mucho que finges quererlo...- Christine tampoco bajó la mirada en aquella ocasión. Sin mediar palabra, caminó hasta el fregadero, tomó un vaso limpio y lo llenó de agua, para después beber en silencio, siendo observada por el resto de gente. Una vez acabó, volvió a dejar el vaso en la pila y se giró hacia la señora Weasley.
-Lo quieras o no, Molly, Harry Potter es el Salvador y el Salvador, asesinó a sangre fría a Bellatrix Lestrange, a Lord Voldemort y a un montón de mortífagos.- sin poder evitarlo, la señora Weasley se estremeció y tuvo que cerrar un momento los ojos, para convencerse a sí misma que había sido la influencia de Christine y no el propio Harry, la que lo había llevado a cometer tales atrocidades.
-¡Tú tienes la culpa de eso!- chilló la señora Weasley, incapaz de contenerse y levantándose bruscamente de la silla, señalando a Christine con un dedo.- ¡Tú lo convertiste en lo que fue y ahora quieres hacer lo mismo!
-¡Sólo trato de salvarle la vida, Molly!- en aquella ocasión, la profesora sí que había levantado ligeramente el tono de voz. Sus profundos ojos azules brillaron con intensidad.- Tienes razón...no soy una buena madre, pero te aseguro que daría mi vida si pudiera salvar así la suya...
-¡Ya veo como la diste cuando se enfrentó al-qué-no-debe-ser-nombrado!- Christine dio un paso al frente, taladrándola con la mirada y Lupin se acercó a dos zancadas, retirando a su mujer hacia atrás.
-¡Molly, te lo dije una vez y te lo repito, no eres la única que se preocupa por Harry!
-Estamos todos muy nerviosos...- titubeó el señor Weasley, acercándose también.- Creo que deberíamos calmarnos un poco...
-Lo mejor será que nos marchemos.- dijo Charlie tomando del perchero su chaqueta de piel de dragón y tendiéndole a su madre la suya.- Ya he tenido suficiente.- la señora Weasley asintió se colocó la chaqueta por encima, mientras sus tres hijos y su marido, se despedían del director y se acercaban a la chimenea, tomando un poco de polvos Floo.
-Mantennos informados, Dumbledore.- la mujer se acercó y se despidió del director con un beso. Sus hijos habían comenzado a desaparecer por la chimenea.
-Molly,- la llamó Lupin con la voz queda, un segundo antes de que tomara los polvos Floo entre sus manos.- Por favor, si nos aprecias un poco y aprecias la tranquilidad de tus hijos...no les digas nada...- la señora Weasley no respondió. Se dio la vuelta, lanzó los polvos contra las llamas de la chimenea y gritó alto y claro¡La madriguera!.
Lupin se quedó con la mano alzada y no pudo evitar observar a su mujer de reojo. No le agradó la expresión que mostraba el rostro de Christine. Realmente, parecía como si lo que la señora Weasley le había dicho, hubiese pasado inadvertido. No parecía enfadada, ni disgustada, tampoco herida, simplemente...impasible, una impasibilidad, que no le agradó un pelo. Había luchado mucho tiempo para romper la máscara inescrutable de la mujer como para que ahora todo fuese en vano y sabía, que pese a que la expresión de su esposa no era más descifrable que la vieja pared de la cocina de los Black, por dentro debía estar sufriendo. Como siempre. Y que ahora, cuando su mundo se derrumbaba quizás más que antaño, sería muy difícil volver a penetrar esas barreras.
Dumbledore también los observaba a ambos. Tenía las manos entrelazadas y estaba plantado en medio de aquella sala, como si aquel juego de expresiones pudiera leer lo que pasaba por la mente de cada uno. Sin embargo, el director tenía la capacidad de saber mucho más de lo que aparentaba y en aquella ocasión, intuía, que debía quedarse, que tarde o temprano, una vez superado el shock inicial, la familia Lupin tenía algo muy importante que decirle.
-Estoy seguro- suspiró mirando hacia la chimenea fugazmente.- que Molly no deseaba herirte al decir todo aquello, Christine.- caminó hasta ella, se rebuscó entre los bolsillos de la túnica y sacó lo que parecía el envoltorio de algo pequeño.- ¿Un caramelo de limón?- ofreció cordialmente y con una sonrisa tan amplia que la mujer pensó claramente en si su salud mental estaría dañada. Tuvo la tentación de decirle que se metiera el caramelo de limón por donde le cupiese, pero, inmediatamente, recordó que el director tenía esa...extraña habilidad para desviar los problemas y que necesitaba estar tranquila para decirle lo que había venido a contarle.
-Hay algo...que creemos que debes saber.- murmuró indiferentemente, incapaz en aquel momento de afrontar la mirada inquisitiva del anciano y sin responder a la pregunta tonta que éste le había hecho. Dumbledore, sin ofrecer ningún tipo de explicación, se dio la vuelta y comenzó a caminar de un lado a otro, con las manos en la espalda y al parecer, muy pensativo.
-Lo imaginaba...- suspiró.- Soy todo oídos.- Christine y Lupin intercambiaron miradas. Uno de los dos debía ser quien diera el primer paso y súbitamente, la mujer pareció recordar que era de su hijo de quien hablaban y dio un paso al frente.
-Se trata de Alan.- expresó sin rodeos y en aquella ocasión, sí, alzando la mirada.- Ha descubierto la verdad.- la profesora se detuvo para ver la reacción que aquello provocaba en el director, pero una vez más, se encontró con su hueco silencio, con sus parcas palabras y la sensación de que Dumbledore siempre iba un paso por delante de ellos.
-¿Cuál verdad?- sonrió el anciano, deteniendo su paseo por la tenebrosa cocina de los Black y dejando en un estado de estupefacción al matrimonio. Sinceramente, ellos habían imaginado un sinfín de reacciones ante tal confesión, pero jamás, la parsimonia y despreocupación con la que el director parecía haberse tomado la noticia.
-Me parece que no alcanzas a comprender el grado de gravedad de la situación, Dumbledore.- replicó Christine fríamente y taladrando al hombre con su inquisitiva mirada.- Alan sabe que le mentimos, que Harry no es su hermano, que Remus no es su padre y lo creas importante o no, debo decir que no se lo ha tomado nada bien.
-Lo sé.- respondió el director con tranquilidad y sin alterarse o perturbarse por la manera silenciosa, en la que la mujer le estaba recriminando su comportamiento.- Lo intuí cuando tu madre vino a hacerme una visita...- Christine se mordió el labio inferior, pero no interrumpió.- Pero la única verdad que existe a ciencia cierta es la de los lazos que os unen. Alan es vuestro hijo, Harry es su hermano, puede que no de sangre, está bien, pero eso no cambia las cosas. Lo creas o no, Christine, acabará por darse cuenta tarde o temprano.
-¿Qué pasará...- expresó Lupin con cautela.- ...si lo hace demasiado tarde?- Dumbledore no respondió de inmediato. Parecía meditar algo muy importante dentro de su cabeza, como si quisiera recordar algo del pasado.
-Confío en que eso no ocurra.- se limitó a decir.- Realmente, lo que ahora me preocupa es como vamos a detener a esa congregación de mortífagos y más importante todavía...averiguar quién está detrás de todo esto y porqué...- el director endureció la expresión afable de su rostro. Las palabra de Michaela se clavaron como cuchillos dentro de su cabeza. "Él ha regresado..." Y si no se equivocaba mucho...era alguien que había causado mucho sufrimiento.- Está en juego mucho más que la vida de Harry...
-¿A qué te refieres?- inquirió Christine que no había pasado inadvertida la expresión de dureza que mostraba el rostro del anciano. Pero Dumbledore no respondió. Se limitó a lanzarles miradas inquisitivas y sin ofrecer ninguna explicación acerca de su comportamiento, se dirigió hacia la puerta y antes de salir añadió:
-Os veré mañana en el banquete de bienvenida. Buenas noches.- por alguna extraña razón, su rostro, se había ensombrecido.
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Las manecillas del reloj de pared de la estación de King Cross marcaban las once menos cuarto, cuando Harry llegó frente a los andenes nueve y diez, con una mochila colgada al hombro.
Sonreía como hacía días que no lograba hacerlo. Ver aquel muro de piedra después de cinco años era como volver a sentirse un niño, como volver a poner sus ilusiones en la magia que significaba cruzar el umbral de aquel rincón. Como volver a ser un niño. Y como si esos pensamientos cobraran vida en su cabeza, alcanzó a observar una imagen que quedaría grabada en su mente para siempre.
"- Discúlpeme- dijo Harry a la mujer regordeta.
-Hola, querido- dijo.- Primer año en Hogwarts¿no? Ron también es nuevo.- señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz.
-Sí- dijo Harry.- Lo que pasa es que...es que no sé como...
-¿Cómo entrar en el andén?- preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza.
-No te preocupes.- dijo.- Lo único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos andenes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.
-Hum...De acuerdo.- dijo Harry."
Sonrió. Aquella había sido una sensación de júbilo tan grande que había llenado por completo su existencia. Seguro, que si alguien le hubiese contado lo que pasaría después de atravesar el viejo muro de piedra, Harry habría creído que le estaban tomando el pelo o muy posiblemente, habría echado a correr.
Aquello había sido su paso hacia el mundo de la magia, un mundo, donde no le señalarían con el dedo y le dirían que era "anormal", como había ocurrido los diez primeros años en la casa de los Dursley. Los Dursley...Harry suspiró. Hacía seis años que no los había vuelto a ver, pero, obviamente, ni los echaba de menos ni se había preocupado por acordarse de que quedaba una parte de su familia en el número 4 de Privet Drive, pese a que ellos lo consideraran a él una mancha en la negrura.
No obstante, mientras avanzaba tranquilamente hacia el muro que separaba los andenes nueve y diez, no pudo evitar pensar en cómo estaría su primo Dudley y si habría llegado a convertirse en una ballena asesina. O si su tía habría vuelto a hacer alguna mención al mundo de la magia, a algún dato que le recordara a su hermana...
Negó con la cabeza, apartándo esas estupideces de su cabeza. Había tantas posibilidades de que a tía Petunia le importase mínimamente Lily Evans como que el cielo comenzara a lanzar knuts al aire.
No cerró los ojos al pasar la barrera y durante un único instante, sintió la negrura de estar atravesando un espacio vacío y luego...
-El Expreso de Hogwarts...- murmuró sonriendo con nostalgia. Allí, con un cartel que cursaba "Andén 9 y ¾", se hallaba un gigantesco tren de vapor. El alboroto era evidente de un comienzo de curso. Los niños corrían de un lugar a otro emocionados, otros llorosos y unos pocos más arrogantes, fingiendo que no les preocupaba lo más mínimo entrar en la escuela de magia y hechicería, mientras las rodillas les temblaban. Pudo ver a padres entusiasmados, otros resignados a ver partir un año más a sus hijos, a hermanitos pequeños despidiéndose con abrazos y lágrimas e incluso a madres histéricas revisando la nota de utensilios. Un perfecto primer día escolar.
Harry, que vestía unos vaqueros sencillos, una camiseta negra y ajustada y su típico pañuelo rodeándole la frente, para ocultar la cicatriz en forma de rayo; también pudo distinguir a algún que otro compañero de su curso o del curso de Ginny, que parecían ligeramente molestos por tanto alboroto.
No obstante, a él le parecía magnífico todo aquel escándalo. Era como volver a sentirse niño, vivo, como si una vez en Hogwarts, le fueran a volver a poner el sombrero, para seleccionarlo a una nueva casa.
-¡Hey, Harry!- Ron y Ginny, corrían por el andén tratando de alcanzarlo. El muchacho se detuvo, para esperarlos y les sonrió cuando ellos se frenaron a su altura, tratando de tomar el aire.- ¿Se puede saber porqué no nos has esperado?- Ron el frunció el entrecejo.
-¿La verdad?- Harry dibujó una sonrisa de disculpa mientras se pasaba una mano por la nuca.- Estaba tan emocionado en venir que olvidé que debía llamaros. Lo siento.
-Estás perdonado.- Ginny se acomodó el pequeño bolso que llevaba colgado en la espalda y le dio un beso rápido en los labios, para después tomarlo de la mano y encaminarse hacia el Expreso. - ¿No os hace ilusión volver a Hogwarts?
-Muchísima- respondió Ron observando de reojo las caras de los niños que subían al tren.- Ojalá que Hermione pudiera estar aquí...- suspiró. Harry y Ginny se miraron entre ellos.
-¿Cómo estaba?- preguntó el muchacho.
-¿Hermione?- Ron hizo una mueca desagradable, hablando con una falsa ironía.- Bien, como siempre. Ella siempre está bien.
-Nunca pensé que una persona tan transparente como Hermione se pudiera cerrar de esa manera a los demás.- comentó Ginny, mientras tomaba la mano que su novio le ofrecía para poder subir bien los escalones del Expreso.- Lo ha pasado fatal y no obstante, impide que la ayudemos. No sé cuando lo va a superar.
-Quizás no lo haga nunca.- murmuró Harry mientras caminaba por los pasillos del tren, buscando un vagón vacío. Habría querido decirlo en voz baja para no dañar a su mejor amigo, pero las palabras habían surgido de su boca inconscientemente.- Pero tenemos que estar encima de ella, apoyándola...- llegaron casi al final del Expreso, hasta que pudieron acomodarse sin ningún niño que los molestara. Harry subió su mochila a la repisa que había encima de los asientos y Ron y Ginny lo imitaron con sus respectivas cosas.
Desde la ventana, pudieron observar como los padres saludaban a sus hijos y les advertían que tuvieran mucho cuidado y que se portaran bien. Harry no pudo evitar pensar, que le hubiese gustado volver a ver a un perro negro y lanudo dando saltos de alegría, mientras él le saludaba desde la ventanilla. Aquella fue la primera vez que Sirius iría con Harry a la estación, como si ambos fueran parte de la misma familia, pero también sería la última. Instintivamente, se acarició la muñeca izquierda, donde todavía colgaba la vieja pulsera de su padrino.
De pronto, el Expresó lanzó un aire de vapor al cielo y silbó fuertemente, anunciando la salida, y mientras la visión de un perro negro brincando alegremente por los andenes, se perdía de vista, el tren se puso en marcha y comenzó a moverse lentamente.
Harry suspiró y se giró para ver a sus amigos. Tanto Ron como Ginny, que estaban estrechamente unidos a él, parecieron adivinar lo que rondaba por la cabeza de su amigo y tomaron su silencio como un momento de reflexión, que no interrumpirían y el chico se los agradeció en silencio, enormemente.
Dos minutos después de que King Cross se perdiera de vista, la puerta del vagón se abrió y Troy y Neville ingresaron por ella. Ambos parecían charlar animadamente y se pusieron muy contentos de encontrarse de nuevo con sus viejos amigos. Le dieron cada uno un par de besos a Ginny y estrecharon las manos de Harry y de Ron.
-Acabamos de ver a Heka.- comentó Neville mientras se sentaba enfrente de sus amigos y se quitaba la chaqueta.- Estaba hablando con el maquinista para averiguar cuanto íbamos a tardar en llegar.- Harry sonrió al ver como su amigo se había ruborizado un tanto. Era la primera vez que a Neville le gustaba alguien de verdad y Heka había sido la persona elegida desde el primer momento en que habían cruzado más de dos palabras. La chica era una prima lejana de Tonks y la habían conocido gracias a una pequeña anécdota que siempre recordaban con risas. Heka había llegado tarde el primer día de clase. Era una chica moderna y con mucha personalidad, así que había entrado corriendo al aula, vestida con una falda por encima de las rodillas, una camiseta veraniega y unas gafas de sol. Como parecía más mayor de lo que en sí era, el profesor la había confundido con la chica de prácticas que tenía que ir a darles una charla y bajo el asombro de la muchacha, la había arrastrado frente a todos sus compañeros y amplificado el nivel de la voz. Cuando Heka, masticando chicle descaradamente y mirándolo como si fuese imbécil le soltó "Hey, tío, búscate a otra para que te dé el discurso", el profesor Making se puso rojo como un tomate, como siempre que se enfadaba en exceso y la expulsó de clase. Cuando los demás alumnos salieron de la clase, encontraron a Heka apoyada en una columna, todavía mascando chicle con aspecto de querer asesinar a alguien. Cuando sus compañeros le dijeron, que el profesor Making, simplemente la había confundido, Heka palideció de golpe y entró en el aula(esa vez sin chicle y sin gafas de sol) a pedir mil disculpas por su comportamiento grosero. Desde ese momento, se había convertido en una pieza de caza para el sector masculino, pese a que ella no mostraba interés por ninguno de ellos. Odiaba el formalismo y no podía soportar tener un corrito de chicos que sólo la buscaban para una cosa. Heka, no era así.
-¿Y cómo está?- Ron, inmediatamente, se sentó al lado de Neville que lo miró con cara de asustado y le dio unos codazos en el costado, mirándole pícaramente.
-Pues...pues...está...está...
-Se ha tintado el pelo caoba.- explicó Troy, tratando de sacar a Neville del apuro en el que Ron lo estaba metiendo.- Y ya la conocéis, como siempre, exigiendo al maquinista. Creo que quería sobornarle para hechizar los motores o algo así y llegar antes de que se hiciera de noche.
-Nunca cambiará.- rió Harry y por alguna razón, Ginny le envió una mirada furibunda. Troy, que había dejado de hablar, a su vez, también vio como la chica giraba su rostro y miraba por la ventana en silencio.- ¡Hey, el carrito de la comida!- exclamó Harry mirando por el cristal de la puerta de su vagón. Al parecer, la señora se había pasado de largo.- ¡Voy a buscar algo para que podamos comer!- y sin decir nada más, salió corriendo por la puerta. Cuando ésta se cerró, Neville y Ron comenzaron una conversación interesante sobre la liga de Quidditch y Troy, disimuladamente, se acercó a Ginny y se sentó a su lado.
-¿Qué pasa, pelirroja?- la chica se sobresaltó y escudriñó los ojos de su amigo. Sólo Harry la llamaba pelirroja alguna vez y nuevamente, como siempre ocurría, no pudo evitar ver un claro parentesco entre Troy y su novio.- Te noto un poco decaída...
-Estoy bien, Troy.- sonrió Ginny y le acarició suavemente el tatuaje que tenía en el brazo y que siempre le había gustado. Al chico se le puso la piel de gallina.
- Me haces cosquillas.- dijo riendo, para después volver a adoptar el tono dulce y preocupado con el que solía expresarse.- Es por Heka¿verdad?- Ginny volvió a desviar la mirada hacia el cristal. No sabía porqué, pero le incomodaba hablar esos temas con Troy y sin embargo, podía hablar cualquier otro con él. El chico era como otro de sus hermanos mayores y siempre la cuidaba mucho.- Harry te quiere, Ginny y tú lo sabes.- por supuesto que lo sabía. Troy no se imaginaba cuanto. Después de todo lo que habían pasado, después del tiempo que estuvieron separados...claro que Harry la quería, de eso no le quedaba ninguna duda, pero no podía evitar sentir celos, al compararse con Heka. Ella sabía que Heka sentía algo por Harry, no sabía cuanto de fuerte podía llegar a ser ese sentimiento, pero existía algo. A su lado, Heka parecía mucho más adecuada para ser la novia de Harry Potter que ella. La chica era alta y delgada, con una bonita figura y de facciones finas. Su cabello era largo y liso y había cambiado su rubio típico por un caoba que todavía resaltaba más su madurez. Tenía unos preciosos ojos grisáceos y mucha personalidad. Era independiente, sensible, honesta y muy buena amiga de sus amigos, por eso, sabía que Harry le tenía un gran aprecio. Porque siempre lo había logrado todo sola, por empeño. Había estudiado en Estados Unidos de pequeña y tras sacar las mejores notas, la habían becado para la Academia de Aurores. Heka era muy aplicada y estudiosa y todo ese carácter risueño y ese tono despectivo que a veces utilizaba para hablar, no era más que una fachada para ocultar que ella, también había sufrido. Sus padres habían sido asesinados por miembros de la propia familia Black, que no querían parientes lejanos amigos de los muggles, considerándolos traidores. Así que, Heka siempre había estado sola y se había tenido que cuidar las espaldas. Harry y ella habían congeniado genial desde el primer momento, tanto, que incluso el chico le había dicho quién era en realidad, por ser familia de Tonks. Esa relación tan estrecha molestaba en exceso a Ginny, que pese a que Heka no le había dado motivos para enfadarse, lo estaba. No obstante, nunca había comentado nada.
-Lo sé.- respondió recostando la cabeza en el hombro de Troy, que le acarició los mechones de cabello pelirrojo que le caían desordenadamente por la cara. El reflejo del cristal le mostró a una chica flacucha, de piel blanca y con muchas pecas en la cara. Suspiró, pero no comentó lo que se le pasaba por la cabeza en aquel instante.
Mientras tanto, Harry había salido detrás de la mujer del carrito y se había apresurado a comprar munición para todo su grupo de amigos. Llevaba una bolsa llena de "guarrerías", que sin duda aumentarían su nostalgia, pero caminaba alegremente, de regreso al vagón donde estaban los demás. De pronto, unas manos frías le taparon los ojos y sabiendo quién era, Harry se escurrió hacia abajo y con un rápido movimiento se dio la vuelta, para atrapar en brazos a la chica que le había cegado y levantarla al vuelo, dándole vueltas.
-¡Harry!- reía la chica incontrolablemente.- ¡Harry, bájame¡Vamos Harry!- el chico, carcajeándose también, la bajó y le dio un fuerte abrazo, cerrando los ojos al apoyar su cabeza en el hombro de la chica. Necesitaba ese abrazo. Heka se había convertido en su mejor amiga desde hacía mucho tiempo y en su confidente. A ella le había hablado de las pesadillas que tenía, a ella le había confesado lo mucho que extrañaba a Sirius y a ella, sería a la única que le diría la verdad sobre su situación actual. Por eso la abrazaba, porque si le quedaba poco tiempo, quería demostrarle lo mucho que la apreciaba. No es que no confiara en Ron, Hermione o Ginny, al contrario, los quería tanto que no podía permitir que una noticia así los hundiera y sabía, que lo haría.- ¿Qué ocurre?- como siempre, Heka había notado que algo le pasaba.- Estás muy mimoso.
-Te he echado de menos.- le susurró el muchacho y le dio un beso en la frente. Al levantar la mirada, se topó con dos figuras que los observaban, apoyadas en la pared. A Harry le dio un vuelco el corazón y por primera vez en su vida experimentó la sensación de tener miedo al cruzarse con aquellas miradas. Eran un chico y una chica, totalmente vestidos de negro, que tendrían su misma edad, aproximadamente. Ambos tenían la misma expresión fría marcada en el rostro, pero los ojos del chico lo miraban muy por encima de ello, un sentimiento muy similar al que Snape adoptaba cuando se lo cruzaba, muy similar al...odio.- ¿Nos conocemos?- preguntó Harry cordialmente. Nunca le había gustado que se juzgara a la gente por la primera impresión y tal vez, se había equivocado con aquellos chicos.- Me llamo Harry Oldman.- se acercó y le tendió la mano al chico, que era el que estaba el primero, sin embargo, éste no la estrechó. Harry bajó la mano al observar como aquel desconocido lo miraba como si lo estuviera examinando con rayos X y contraía el rostro en un gesto austero.
-¿Podías ser un poco más educado, no te parece?- le espetó Heka, que había llegado por detrás de Harry y ahora observaba a las dos figuras con desprecio. Tanto la chica como el chico la taladraron con la mirada y también, por primera vez en su vida, Heka se sintió intimidada y sin poder evitarlo, se cogió al brazo de Harry que la ocultó un poco tras de sí, como protegiéndola.
-Déjalo, Heka. Vámonos.- dijo Harry y la cogió del brazo para darse la vuelta y dirigirse de nuevo hacia el vagón donde los aguardaban sus amigos. Harry no se dio la vuelta mientras caminaban, pero intuyó que las miradas de aquellos dos chicos estaban clavadas en su nuca. ¿Por qué le habían inspirado esa sensación tan rara en la boca del estómago¿Quiénes eran y porqué se habían negado a contestarles? Fuera lo que fuera, volvía a tener ese mal presentimiento que no le dejaba pensar con tranquilidad.
En el vagón, Ron y Neville continuaban discutiendo sobre Quidditch y Ginny y Troy hablaban sobre lo duros que serían los cursos en Hogwarts. Heka entró algo resentida y se dejó caer bruscamente al lado de Neville, cruzándose de brazos, que interrogó a Harry con la mirada.
-Deberías haberme dejado que le dijera cuatro cosas a ese capullo.
-Déjalo estar, Heka.- refutó Harry y le lanzó una mirada inquisitiva, advirtiéndole que ya era bastante. Con la única persona que la chica se callaba era con Harry, normalmente, no permitía que le dijeran lo que tenía que hacer.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Ron con curiosidad, ladeando la cabeza de un lado a otro, tratando de vislumbrar algo en las expresiones de sus dos amigos.
-Un par de idiotas que nos hemos encontrado en el pasillo.- refunfuñó Heka.- parecían de nuestra edad y Harry ha ido a saludarlos y ni han contestado ni le han dado la mano. ¡Menudos imbéciles!
-No es para tanto.- discutió Harry sentándose a su lado y sonriéndole para que la chica se ablandara, cosa que no tardó ni dos segundos en ocurrir; aunque no pensaba lo mismo. Esos chicos no le daban buenas vibraciones.
-Te tomas las cosas muy a pecho, Heka- le sonrió Troy.- Y por cierto, te queda genial ese pelo.- la chica sonrió complacida, pero tuvo la necesidad de desviar la mirada cuando Ginny la miró a los ojos, cruzándose de brazos y sintiendo que algo malo estaba a punto de pasar. Desde que había entrado en el Expreso había tenido dos malas vibraciones, la primera al saludar a Harry y la segunda con esos dos chicos. No sabía que pensar.
-Totalmente de acuerdo.- corroboró Neville y le quitó la bolsa a Harry, para rebuscar algo de comida. Sacó unas cuantas ranas de chocolate y las tendió a los demás.
-De pequeño los coleccionaba. ¿Te acuerdas, Harry?- escupió Ron mientras masticaba una de sus ranas y miraba el cromo que tenían detrás.- Todavía me falta Agripa.- miró el dorso del envoltorio.- ¡Mierda¡Dumbledore otra vez!- los demás rieron y pronto los cromos de magos y brujos famosos de convirtieron en el ocio del viaje.
-¡Hey, es Harry Potter!- exclamó Troy mirando fijamente el cromo que acababa de desenvolver. No supo porqué lo hizo, pero, instintivamente, Harry se retocó mucho más el pañuelo de su frente y se subió el cuello de la camiseta. Sabía que la fotografía de los cromos de las ranas de chocolate lo mostraban a él de pequeño, puesto que los fabricantes no tenían ninguna fotografía suya actual ni tampoco de cuando era el Salvador, puesto que siempre llevaba la capucha que le cubría el rostro. Los demás, se sintieron algo incómodos. De todos los que había en el vagón, Troy era el único que no sabía aquel pequeño secreto.- Este tío es un prodigio...- murmuró el muchacho.- Tuvo un par de cojones al enfrentarse al Innombrable él solo y también al actuar como lo hizo...me pregunto porqué no querrá que nadie le vea...
-Probablemente, si la gente supiera donde vive no lo dejarían tranquilo¿no crees?- inquirió Ron lanzando miradas furibundas hacia su mejor amigo, que de repente, parecía haber encontrado el suelo del vagón muy interesante.
-Supongo que sí.- Troy se encogió de hombros, mirando fijamente el cromo que sostenía en su mano.- Debe tener más o menos nuestra misma edad...aquí dice que fue Premio Anual en Hogwarts...que derrotó al Innombrable...pero poco más. Creo que realmente, nadie sabe mucho de él.
-Pues mejor para él.- comentó Heka despreocupadamente.- Anda, Troy, dejemos el temita a un lado que me da mal rollo recordar esos tiempos...- el chico la miró y asintió en silencio. Sabía que para Heka todo lo que relacionaba a Lord Voldemort era algo que la crispaba, por la muerte de sus padres y se maldijo por dentro por haber sido tan poco prudente. Pero lo cierto, es que admiraba enormemente la figura de Harry Potter. En la Academia, había una asignatura que era de Historia de los grandes magos de todos los tiempos y todavía no habían llegado al siglo XX, donde se nombraba al niño-qué-vivió. Troy estaba seguro que aquel año podría por fin saber más cosas de aquel gran mago, que se había mantenido en el anonimato durante cinco años.
El resto del trayecto lo pasaron conversando animadamente. Heka les contó su verano en Estados Unidos y lo bien que se lo había pasado con antiguas compañeras de colegio y los demás también le informaron de lo que habían estado haciendo en las vacaciones. Cuando el tren comenzó a aminorar la marcha, el cielo ya estaba totalmente oscurecido y las tripas de Ron habían recitado la novena sinfonía de Beethoven.
Bajaron con los demás estudiantes y saludaron a un par de compañeros de clase. Ginny se despidió de ellos para ir a reunirse con unas amigas de su curso, alegando que los vería en la cena. Harry volvió a notar un pinchazo de nostalgia al comprobar que Hagrid no acudía con su farolillo colgando y gritando a los de primer curso. En su lugar, era el viejo conserje, Filch, el que había tomado el relevo, lo cual no suponía ninguna mejora. Si los más pequeños se habían sorprendido del tamaño de Hagrid, mucho más lo hacían de la expresión austera del rostro del squib.
-¡Harry, sube o el carruaje se marchará!- le gritó Ron a su amigo, que se había quedado estático en el suelo, mirando como Filch dirigía a los niños hacia el lago. Neville se había encargado de buscar un carruaje vacío para que los llevara al castillo. Cuando pasó por su lado, una de las escalofriantes criaturas le tiró de la manga, al parecer, mordisqueándosela cariñosamente. Harry vio a los thestrals por enésima vez en su vida y continuó pensando que no eran tan horribles como había dicho en un principio. No obstante, habría preferido mil veces no taparse con ellos, porque, nuevamente, le habían enviado a un viaje por los recuerdos. Si nunca hubiera montado en ellos, si no hubiesen aparecido en aquel instante en que se disponía a ir al Departamento de Misterios...Sirius estaría vivo. Habían pasado más de seis años, pero era imposible borrar aquel recuerdo taladrándole la cabeza. Era imposible borrar a Sirius y mucho más, cuando Hogwarts tenía impregnada su marca por todas partes.
Enfadado consigo mismo, por tener esa debilidad de recuerdos, tiró bruscamente de la manga de su camiseta y el animal gruñó de disgusto. Se le había roto un pedazo de tela, pero no le importaba, en el fondo, odiaba mirar a los thestrals y sentir simpatía con ellos, odiaba no ser capaz de detestar a un nuevo motivo, por el cual su padrino estaba muerto.
Subió al carruaje refunfuñando y se sentó al lado de Heka, que inmediatamente supo el porqué de esa expresión enfuruñada, y no participó en la conversación hasta que volvieron a bajar y vio como la profesora Grubby-Plank se encargaba de desatar a los thestrals y darles algo de carne fresca, antes de que éstos reemprendiera el vuelo hacia el bosque prohibido.
Cruzaron el tenebroso umbral de los portones del castillo y como antaño, allí los esperaba la profesora McGonagall, con su habitual expresión severa. Su cabello negro azabache estaba vetado de tonalidades grises y lo llevaba recogido en un moño perfecto, oculto bajo un sombrero de punta. Tenía más arrugas en la cara y en las manos, pero por lo demás, era la misma mujer recta de siempre.
-Los alumnos de segundo para arriba pueden ir entrando al Gran Comedor- dijo secamente y retocándose las gafas que le habían resbalado ligeramente por la nariz.- Los de primero aguarden un instante a que regrese y los de Aurología, por favor, síganme.
-Shrrss, shrrss- les chistó uno de los alumnos de primero, cuando los vio pasar siguiendo a la profesora McGonagall. Era muy pequeño o al menos lo parecía, porque Harry juraría que a su edad, le sacaba al menos una cabeza; y tenía cara de listillo.- ¿Cuál es la prueba que se hace para que te seleccionen a una casa?
-Sólo te diré que duele mucho.- le contestó Ron confidencialmente y el niño palideció de golpe. Cuando Harry y Neville le mandaron miradas severas, el chico se encogió de hombros.- ¿Qué? Es la tradición.- se excusó.
Siguieron a McGonagall por todo el vestíbulo. La profesora caminaba con aire acelerado, un ajetreo muy común en un principio de curso. Las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe y la mujer ingresó por ellas. Harry, que iba de los primeros junto a sus amigos, suspiró un segundo antes de entrar. La luz de las velas bañó su rostro y su expresión nostálgica. Hogwarts, no había cambiado. Las mesas que separaban las casas de: Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin; se giraron para mirarles. Sin embargo, ninguno los miró de la manera en la que lo hicieron los profesores que se hallaban sentados en la mesa, presidiendo el Gran Comedor.
Harry estaba abrumado. Sabía que el interés del profesorado se centraba claramente en él y en cierta manera, le molestó. Odiaba ser el centro de atención y o cambiaban su rostro de asombro o probablemente, los demás se percatarían de algo.
Caminó con algo de nerviosismo, conciente de que no había pisado Hogwarts en cuatro años y que no había vuelto a ver a sus profesores desde entonces. Cuando la profesora McGonagall les indicó que podían sentarse en una mesa que había muy cerca de la de los profesores, Harry tomó asiento lo más lejos que pudo de ellos y volvió a retocarse el pañuelo que llevaba en la frente.
-Oldman, es de mala educación cenar con eso puesto en la cabeza.¿Por qué no te lo quitas de una vez?- Alice, una chica impertinente que iba a su clase, había tenido la desgracia de sentarse enfrente suyo. Era una chica bajita y pecosa y con unas gafas cuadradas cubriéndole el rostro. Su mayor pasión, era importunar a los demás.
-También es de mala educación meterse donde no te llaman.- le respondió el chico mordazmente y no pudo evitar mirar hacia la mesa de profesores, donde para su incomodidad, se encontró con la penetrante mirada de su antiguo profesor de Pociones. Snape parecía tener la comisura de los labios cosida porque trataba por todos los medios de no mostrar una clara repulsión hacia un chico que teóricamente, no le había hecho nada. El director había advertido a todos los profesores que no debían cometer el pequeño error de nombrar a Harry por su propio apellido.
Durante el instante en que sus miradas se cruzaron, Harry volvió a sentir en la piel ese veneno que le recorría cada vez que pensaba en lo mucho que detestaba a Snape y viceversa. En el pasado, su intervención había salvado la vida de Christine, pero no por eso habían cesado de odiarse en silencio. Snape, no podía perdonar que Harry fuera hijo de James Potter y el increíble parentesco que los unía y Harry, a su vez, no podía perdonarle que él había tenido parte de la culpa de la muerte de Sirius.
Rápidamente, retiró la mirada y la centró de nuevo en aquellos dos desconocidos del tren, que al parecer, eran alumnos nuevos de la Academia, porque se habían sentado al fondo de la mesa, bastante lejos de él. Sin embargo, el chico debió notar que Harry lo observaba porque se giró hacia él y lo perforó con la mirada. Una vez más, Harry se sintió indefenso ante aquella mirada grisácea que tanto le recordaba a alguien, pero era incapaz de saber a quién.
En ese momento, deshizo el contacto visual porque Ron se acababa de dejar caer a su lado, cogiendo los cubiertos de la mesa y golpeándola como si fuera un niño pequeño, a la espera de probar los ricos manjares que seguro, los elfos domésticos habían preparado.
-Pisamos Hogwarts después de cuatro años y tú solo piensas en...¿comer?- Neville alzó las cejas confusamente y miró a Harry en busca de una explicación coherente.
-Tengo que alimentarme.- discutió Ron.- Y si Dumbledore no se da prisa en hacer que aparezca toda la comida puede que me piense en escabullirme hacia las cocinas.- Harry supo que si Hermione hubiese estado allí delante, hubiera puesto los ojos en blanco. Mientras las puertas del Gran Comedor se abrían de nuevo, para dar paso a la profesora McGonagall , en aquella ocasión, acompañada de una veintena de niños de primer año; Ginny se sentó a su otro lado, junto con unas amigas de su curso.
-¿No es estupendo volver a Hogwarts?- le preguntó alegremente. Harry sonrió y asintió por toda respuesta. Troy y Heka se habían sentado al lado de Ron, que estaba enfrente de Neville y parecían maravillados con el esplendor de Hogwarts. Verlos allí, observando cada rincón del Gran Comedor, comentando el encantamiento que había para que el techo mostrara el cielo, Harry volvió a sentirse como en casa.
En aquel instante, Dumbledore se puso de pie, tratando de captar la atención del alumnado. Las voces se convirtieron en susurros y los susurros en murmullos y poco a poco, todo el mundo centró la atención en el anciano director. Harry vio como Christine y Lupin, que estaban a la derecha del hombre, prestaban suma atención a sus palabras. Se preguntó dónde estaría Alan, pero seguramente debía estar jugando en las habitaciones que el director había preparado para sus padres.
-Buenas noches a todos- pese a que la voz de Dumbledore sonaba jovialmente, Harry pudo apreciar un brillo distinto en sus ojos, como si se hubieran apagado.- Bienvenidos un año más a Hogwarts. Este curso, tendremos unos nuevos invitados con nosotros, que espero todos tratemos cortésmente. Un aplauso por favor, a los alumnos de cuarto y quinto de Aurología.- las cuatro mesas irrumpieron en aplausos emocionados. Les hacía muchísimas ilusión tener a futuros aurores entre ellos. No obstante, desde la mesa de Slytherin los aplausos fueron mucho menos calurosos.- También quiero presentaros al profesor Lupin.- añadió señalando al hombre que tenía a su lado. Harry aplaudió más fuerte que nadie y sonrió. Su padre se merecía aquel puesto tan importante que tenía en el Ministerio y todo, debía reconocerlo, era gracias a Amelia Bones, que había ayudado muchísimo para mejorar las condiciones de los licántropos, anulando un par de leyes.- No tendréis el gusto de conocerlo como profesor, puesto que será el examinador del curso académico de aurores, pero espero que lo tratéis como persona y le obedezcáis como a cualquiera de vuestros propios profesores. Y bien, como veo que estáis distraídos, antes de deciros todas las prohibiciones y advertencias...¡Que comience la cena!- Dumbledore dio una palmada al aire e, inmediatamente, las cinco mesas se llenaron de todo tipo de manjares exquisitos.
Ron no tardó en llenarse el plato con patatas, estofado, pastel de calabaza y torrijas, devorando la comida como si no la hubiese probado en una semana. Harry le miró y sonrió mientras se servía un poco de pasta y observaba de reojo como Ginny parecía totalmente emocionada de estar de nuevo en el colegio y se lo contaba una y otra vez a sus amigas. Aquella imagen se quedaría grabada para siempre en su cabeza y la recordaría muchos meses más tarde, cuando la expresión de alegría que portaba el rostro bello de su novia, se trasformara en algo totalmente distinto, algo, que se le clavaría para siempre en su interior.
-¿Qué le pasa al chico más guapo del universo?- unos brazos le habían rodeado el cuello y unos labios le habían besado en la mejilla. Harry sonrió. Conocía ese perfume y conocía la forma en la que su amiga se presentaba siempre. Pero fue una sonrisa melancólica lo que dibujó su rostro, puesto que sabía, que si Heka se había levantado de su asiento para abrazarlo de aquella manera, era porque intuía que algo malo sucedía.
-¿Sabes qué?- le susurró Harry bajito en el oído, mientras la invitaba a que se sentara sobre sus piernas.- A veces, pese a que no te toca nada, te pareces mucho a Sirius...- Heka no contestó, sino que se dedicó a jugar con los mechones azabaches que le caían a su amigo por la frente. Nunca había visto a Sirius Black en persona, todo lo que sabía de él, lo sabía por los periódicos y por lo que Harry le había contado. No quería tener nada que ver con la familia Black, pero por alguna razón, no le molestaba el apellido cuando se trataba de ese hombre, que al fin y al cabo, había luchado contra sus raíces, por el mero hecho de ser distinto. Al contrario, que Harry divisara rasgos de él en ella, la hacía sentirse bien, fuerte, feliz, puesto que si el chico había visto algo de la personalidad de Sirius en ella, eso quería decir que había llegado mucho más dentro que el resto del mundo al conocerla.- ¿tardarás mucho en irte a tu casa?
-No mucho.- respondió la chica suspirando y viendo como Dumbledore se ponía de nuevo en pie, para decir las cosas que siempre contaba a principio de curso.- Ya sabes que tengo que ir a hasta Hogsmade caminando...para luego aparecerme en Londres.
-No te preocupes.- Harry le dio un beso en la frente y le sonrió. Por alguna extraña razón, sintió la mirada de Christine clavada sobre él, pero no le preocupó.- Yo te llevo a casa.
-¿Cómo?- rió Heka, que estaba un poco pendiente de Ginny, que continuaba hablando con sus amigas como si nada y no se había dado cuenta de que ella estaba sentada en las piernas de Harry.- Si has venido en tren y ya sabes que no quiero que utilices tu magia...- eso último lo había dicho en un susurro apenas audible. El chico le sonrió pícaramente, rebuscó entre los bolsillos de su pantalón y extrajo una réplica de una preciosa moto en miniatura.
-Nunca dejas de sorprenderme.- Heka le revolvió el pelo cariñosamente.
-Ron también se ha traído el coche, así que Ginny y él se marcharán juntos. No hay ningún problema.- su rostro se ensombreció.- No iba a permitir que fueras tú sola por ahí. Y menos en estos tiempos.- la expresión de Heka también se endureció, pero como en aquel instante el director había dado permiso para que todos se marcharán a dormir, ambos se pudieron en pie y no comentaron nada.
-¿Nos hacéis una visita turística por Hogwarts?- preguntó Troy emocionado.
-¿Ahora?- protestó Ginny, que se acababa de despedir de sus amigas y se había girado hacia ellos, mirando las manecillas de su reloj de pulsera.- Es muy tarde...y mañana empiezan las clases.- los rostros de Troy y de Heka mostraron decepción.
-Venga, Ginny, yo te llevo a casa.- le dijo Ron a su hermana, colocándose una chaqueta por encima.- Que Neville y Harry se encarguen del trabajo sucio.- los dos Weasley se despidieron de sus amigos y salieron entre los demás compañeros de la Academia, por las puertas del Gran Comedor. Troy y Neville se acercaron a saludar al director Dumbledore, mientras Harry y Heka se quedaban a solas de nuevo.
-¿Me vas a contar lo que te pasa?- inquirió la chica, lanzándole una mirada disimulada, mientras fingía estar pendiente de la mesa de profesores, que también habían comenzado a levantarse. Lupin saludaba a todos sus compañeros, menos a Snape, que parecía querer matar con sus miradas a Christine y al propio Lupin.
-Aquí no. Es serio.- respondió Harry secamente y tras tomarla de la mano, comenzó a arrastrarla hacia la salida, con la mala fortuna, que al mismo tiempo, varios profesores comenzaban a salir también, entre ellos, Christine. Tuvieron que detenerse a unos metros de ellos, para dejarles pasar y cuando lo hizo, volvió a ver a las dos personas extrañas del tren. Instintivamente, en vez de continuar avanzando, se detuvo y retuvo a su vez a Heka, pues la chica, que también los había visto, estaba dispuesta a decirles un par de verdades a la cara, aún en presencia de los profesores. No obstante, cuando ambos miraron a la puerta, se quedaron algo sorprendidos.
Christine caminaba distraídamente hacia la salida, charlando con la profesora McGonagall. Sin querer, se dio de bruces contra una persona y casi se calló al suelo. Quiso disculparse, puesto que era ella la que no había mirado por donde pasaban, pero las palabras no fluyeron de su garganta. Los ojos se le agrandaron al ver a la figura con la que había tropezado. Era una chica, vestida totalmente de negro y acompañada por otro chico con la misma vestimenta. Ambos la taladraban con la mirada y ella sintió como si todo su cuerpo se cubriera de hielo, tenía frío, mucho frío y comenzó a temblar ligeramente, lanzando vaho por la boca.
-Discúlpame...- logró articular colocándose una mano en el pecho. Por primera en su vida, no logró que las palabras sonaran gélidas, sino titubeantes, con pánico...tenía miedo y era consciente de eso. Algo se le revolvió en las entrañas. La chica no le respondió, sino que la miró como si todo el odio del mundo se concentrara en esos ojos azulados, como si pudiera asesinar allí mismo a Christine, mostrándole todo su desprecio. Christine, no pudo soportar mucho tiempo el contacto visual y agachó la cabeza.
-¡Mater!- Harry se coló entre la multitud de estudiantes, que se había detenido al observar la escena y llegó hasta Christine jadeante, con Heka detrás suyo. Su mirada y la de el chico extraño se cruzaron unos segundos y ambos se miraron con resentimiento.- ¿Estás bien?- la mujer asintió pero no fue capaz de responder. Algunos alumnos la miraban sorprendidos, era la primera vez que veían a la profesora de Defensa Contra Las Artes Oscuras mostrando una clara debilidad. Comenzaron a cuchichear.
-¡Oye tú!- le espetó Heka al chico que no paraba de observar a Harry con repulsión.- ¿Qué estás mirando?- pero como había ocurrido en el tren, los dos extraños individuos la ignoraron completamente. El chico, tomó del brazo a la chica y le dijo:
-Vámonos.- a la mayoría de alumnos que había por allí se les congeló la sangre al oírle hablar. Era como si su voz fuera carente de sentimiento, fuera un murmullo áspero, frío y ronco, que hacía estremecerse a aquel que la escuchaba. La chica asintió y ambos cruzaron el umbral de los portones del Gran Comedor sin mediar una palabra más.
