Olass gente! Ya estoy aquí otra vez con un nuevo capi, espero que os guste y no haya tardado demasiado. Estoy trabajando y estudiando, así que os pido un poco de paciencia, vale? Intentaré mantener este ritmo siempre. Muchas gracias por vuestros reviews, sois geniales y me animan un montón. Besazos!
Reviews:
D.Alatriste: Olass!1 Bueno, piensa que para Harry es el bajón antes de llegar a la cúspide de la lucha. Es normal este primer miedo después de cinco años de absoluta calma. Te ha gustado lo de la espada? Jajaja, es normal, la espada nace de la propia persona, así que posee su esencia. Bueno, digamos que Alan no era Alan...y creo que te habrás dado cuenta de ello. No ha sido culpa suya. Umm, lo del fénix no es nada especial. Dependiendo de la persona el fénix que nace de ella adquiere una tonalidad distinta. Harry en sí era especial, así que no es de extrañar que el fénix que estaba destinado a él también lo fuera. Ares era de Christine, recordémonoslo, pero ella siempre tiene la impresión de que debía entregárselo a Harry. Pronto entraremos en más materia, paciencia. Besos!
Dany-Kanuto-Link: Olas! Jaaaja, nops, lo siento, no voy a matar a Orión, al menos por ahora. Ummm, querrás matarlo cuando sepas más sobre él? Y si te has equivocado de cabo a rabo? Jajajaj. La luz...jajaja, no, no es una resurrección, lo siento. Tendrás que esperar para saberlo. Besazos!
Usagi-chan: Olass! Gracias, me alegra que te guste mi forma de escribir. Ummm, bueno, Alan no es exactamente malo, pero está controlado. Christine tendrá ciertos problemas durante el fict, ya veremos porqué. Jajaj, no que va, a Alan le enseñaron con una espada de arcángel, que suelen ser legendarias. Deberías saber, que las espadas de arcángeles no pesan, se acoplan perfectamente al peso necesario de quien las empuñe. Así que Alan no tuvo problemas para aprender con una de verdad. Jaja, bueno, lo de fumar es una vieja manía del Salvador...ahí se va notando su cambio. Besos!
LizzyDpalaFFox: Muchas gracias, me alegro que te guste!
Catalina: Olass! Bueno, yo intento que sea lo mejor posible, haajajaja. Cada capítulo tiene algo importante a su manera, sólo hay que saber descubrirlo. Lo que a ti te puede parecer una tontería o algo aburrido puede ser un dato fundamental de cara a más adelante. Besos!
Lladruc: Olass! Jo molt agobiada amb el treball i els estudis, pero be. Jajaja. Umm, ho sento, ja saps que jo sempre deixo els capis aixi, jajaja. I tu també. Umm, pot ser, pot ser...es possible que siga el Peter, el temps ho dirà, ajjaja. La cicatriu de l'Orión te un significat especial, jajajaj, ja ho vorem. T'intriga l'anya amb la Chris? Jajajajaj, no t'ho puc dir per ara, pero...es una cosa important. Poc a poc anirà sortint tot. Un petò!
Aimar: Olass! Gràcies, m'alegro que t'hagi agradat. Ja comencen les classes, no et preocupes. Jajaja, em sembla que l'Snape trobarà un altra persona per barallar-se, recorda que l'Orión es diu Black de cognom. Dons si, el Harry li explica tot a la Heka, la Heka es preocupa de seguida molt, pero ella confia en el Harry i pensa que ho arreglarà tot. El Ron, la Hermione i la Ginny no s'adonaràn de res fins que pase bastant de temps, quan el Harry es posi una mica malalt. I les classes amb la Chris començaran de seguida, no et preocupes. Un Peto!
+Marita: Olass! Gracias, me alegro que te gustaran. Cierto, es posible que Anya y Orión no sean Blacks, pero también es posible que sí que lo sean. Una cosa está claro, ambos no pueden serlo, jaajaja. Porque no son hermanos y no están casados, así que uno de los dos no posee ese apellido. Bien, aquí se explica claramente porqué Alan parecía tan malo. No es que lo fuera, es que está controlado. Te gusta Heka? Me alegro! Besazos!
MayeEvans: Olass! Muchas gracias, me alegro que te gustara. Umm, no, que la estrella Sirio se iluminara no tiene que ver con Harry. Besos!
Kathy Chambers: Olass! Uff, me parece que no lo has entendido. Alan no es malo, está poseído por Ian en ese momento, por eso actúa de esa manera. No es culpa suya. Anya y orión son personajes que se irán descubriendo poco a poco. Besos!
CAPÍTULO 9: IT'S MY LIFE!
(¡ES MI VIDA!)
-Mierda, mierda, mierda.- iba murmurando Harry mientras corría por los pasillos del colegio, seguido muy de cerca por un Ron jadeante. Asomaba la cabeza por cada aula que pasaban, tratando de vislumbrar a sus compañeros de Academia, pero sólo se habían topado con los alumnos normales de Hogwarts. Lo cierto, es que cuando la noche anterior habían repartido los horarios, ninguno de los dos había cogido el suyo, pensando en que Heka, Troy y Neville, que eran bastantes más responsables, se encargarían de avisarles de cada clase que tuvieran, pero al haberse saltado la primera, ninguno de los dos tenía idea de donde debían meterse. Habían subido los dos primeros pisos corriendo como en un maratón y ahora se hallaban frente al aula de Defensa Contra Las Artes Oscuras.- No me puedo creer que nos toque con Christine ahora.- se llevó las manos a la cabeza al observar como, efectivamente, sus compañeros estaban tomando asiento para recibir la segunda clase del día.
-Se nos cae el pelo, se nos cae el pelo...- susurró Ron palideciendo. Seguramente, Christine ya estaría enterada de que sus "alumnos" no habían acudido a la primera hora.- Joder, con la mala ostia que tiene tu madre...- pero Harry, que había arrugado el entrecejo, no estaba preocupado por eso. Lo que de verdad le pesaba era tener que fingir delante de los demás que no ocurría nada cuando, realmente, deseaba gritarle a Christine cuatro cosas bien dichas. Estaba muy enfadado con ella por lo de la reunión de la Orden y no se lo iba a perdonar con tanta facilidad. Odiaba que lo protegieran en exceso, estaba en peligro, cierto, pero no era un pobre inválido, esa era su lucha, su batalla e iba a librarla. Al final, Ron bufó en desesperación al ver que su amigo se había cruzado de brazos en actitud de no querer entrar y llamó a la puerta con los nudillos. La voz fría de Christine les permitió la entrada y cuando se acomodaron en las primeras filas, donde estaban Heka, Troy y Neville que los interrogaron con la mirada, ni siquiera se dignó a dirigirles la vista.
-Buenos días.- comentó en un tono casual pero áspero. Los alumnos de la Academia, que no conocían la manera severa en la que Christine daba las clases, se estremecieron un tanto al toparse con ese tono de voz tan frío.- Bienvenidos a la clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras de quinto curso académico. Mi nombre es Christine Byrne y seré vuestra profesora hasta final de curso.- la mujer hizo una pausa y vio las caras de asombro que portaban sus alumnos, pero no le dio importancia. Balanceando la varita de una mano a otra, rodeó el escritorio y comenzó a pasear por el pasillo, entre los pupitres, sin dejar de clavar la mirada en los demás.- Debéis saber- continuó clavando ahora sus penetrantes ojos azules en Harry- que esta asignatura es la más complicada de todas las que cursaréis y que soy una persona muy exigente. No toleraré fallos infantiles, calificaciones bajas ni retrasos.- cuando la mujer se fijó en Ron, éste tragó saliva y se encogió en su asiento.- Valuaré vuestros trabajos por el mismo método de los TIMOS y EXTASIS y no aceptaré a nadie en mi clase que mantenga una media inferior a Supera Las Expectativas¿de acuerdo?- hubo un murmullo general de aprobación, pese a que nadie estaba conforme con las palabras de la nueva profesora.
-No lo cuento...no lo cuento...- murmuró Neville a sus amigos, pálido como el papel.- Christine es todavía peor que cuando estábamos en el colegio.
-¿Asustado, Longbottom?- les susurró una voz a sus espaldas. Los chicos se giraron, pese a que habrían reconocido aquella voz en el infierno. Mark Jackson les sonreía con autosuficiencia. Era un chico alto y de complexión fuerte, con el pelo corto y muy oscuro y un pendiente en la oreja izquierda. Era muy atractivo y el ligón de la clase, no había muchas chicas en la Academia que no se hubiesen dejado engatusar por sus encantos. Desde que habían entrado en Aurología, Jackson se había convertido en el nuevo Draco Malfoy para Harry, que solía tener bastante éxito también con las chicas, y sus amigos. Si Harry pensó que no volvería a cruzarse con una imitación arrogante de su peor enemigo, estaba muy equivocado. Pese a que el odio que sentía por ambos era muy distinto, no soportaba que Jackson fuera la calcomanía barata de Malfoy y se fuera pavoneando por la Academia. De hecho, si Draco Malfoy no hubiese sido un mortífago declarado y la consecuencia por la que su amiga Hermione se encontraba en aquella situación, Harry no habría podido elegir a cual de los dos detestar más.
-Piérdete capullo.- fue Heka la que respondió con su personalidad siempre altiva, pese a que tanto Troy, como Harry y Ron, estaban dispuestos a soltar alguna bordería.
-Uuuu- Jackson soltó una carcajada enseñando sus dientes blancos, lo que provocó que la chica que estaba a su lado, casi se desmayara.- ¿Ahora te protege tu novia, Logbottom?- para Neville aquello fue demasiado. Rojo como un tomate, no se sabía bien si de ira de o de vergüenza, se giró hacia Jackson dispuesto a partirle la cara, pero la voz atronadora de Christine los interrumpió.
-Silencio.- ordenó sin que nadie se atreviera siquiera a desobedecerla.- Voy a pasar lista para ir conociendo vuestras caras.- la mujer rebuscó entre los papeles que tenía sobre la mesa y alzó un pergamino para leerlo mejor.- Alice Angora...- la chica impertinente que había estado molestando a Harry en el banquete de la noche pasada, alzó la mano y soltó una risita tonta.- Estrella Cabeza...- la chica que estaba sentada al lado de Jackson imitó el gesto de su amiga.- Troy Dupois...- Troy sonrió a la profesora y dijo "presente". Uno a uno, los alumnos fueron alzando las manos al escuchar sus nombres. Cuando le tocó el turno a Jackson levantó mucho la barbilla y susurró un "ego" totalmente audible, como si quisiera alardear de saber latín, un idioma que no conocía. Después de Heka Odria, le tocó el turno a Harry.- Harry Oldman.- el chico alzó la mano y Christine hizo una pausa para cruzar miradas con él. Le bastó ver el brillo determinante en las pupilas de su "hijo" para saber que estaba muy enfadado. El último de la lista fue Ron y después, la profesora guardó el pergamino en el primer cajón de su escritorio y tomó su varita como había hecho al comienzo, para pasearse entre los pupitres.- Bien, ahora que nos conocemos, voy a exponer un poco lo que será la asignatura.- instintivamente, los alumnos se inclinaron en sus asientos para prestar suma atención.- Para empezar, no admitiré a ningún alumno que en menos de dos semanas no haya aprendido las maldiciones imperdonables.- se hizo el silencio en el aula. Para Harry, Neville y Ron, aquello no fue una sorpresa. Christine se había encargado en su Sexto año de que todo el mundo las aprendiera pues se estaba librando una guerra a las afueras del colegio y sabía a ciencia cierta que muchos de los aurores que estaban al cargo de Thomas Grint no eran capaces ni de realizar la maldición Imperious. Sabiendo, como sabían, que una nueva amenaza asolaba el mundo mágico, no era de extrañar que Christine quisiera empezar por ellas.
-Pero...profesora...- un chico de gafas que estaba sentado al fondo, levantó la mano.- Eso está prohibido...
-Eso no es correcto, señor Footman.- replicó Christine fríamente y el chico se estremeció ligeramente. Era como estar enfrente de tu peor enemigo.- Me parece que si no estudia un poco mejor el Código penal no va a aprobar ni una sola asignatura en este colegio.- las leyes del mundo mágico eran otra de las cosas que se estudiaban en la carrera de auror y eran impartidas por el profesor Flitwick. La mujer suspiró y continuó hablando sin mirar a su alumno.- Será el profesor Lupin quien os de las clases de Historia, pero no os vendrá mal hacer memoria...- Christine se llevó dos dedos a la frente, como reflexionando.- Vamos a ver...hace exactamente cinco años y medio, cuando Lord Voldemort...- la clase entera soltó un bufido exasperado y se estremeció. Christine volvió a detenerse y los taladró a todos con la mirada.- Punto uno, señores, en esta clase no se teme a nada ni a nadie¿está claro?- pese a la dureza con la que hablaba la mujer, en aquella ocasión no todos asintieron.- Ustedes van a salir ahí fuera a enfrentarse a mortífagos exiliados, a posibles nuevos magos tenebrosos, a asesinos, a ladrones...¿cómo es posible que la Comunidad Mágica esté segura con aurores que temen a un nombre?
-No lo podemos evitar, profesora Byrne...- dijo otro chico todavía estremeciéndose por haber escuchado el nombre de aquel mago que tanto habían temido en el pasado.- Es...es...¡se trata de quién-usted-sabe!
-Bars- dijo Christine remarcando cada palabra con un odio infinito.- quiero que el lunes a primera hora me traiga un pergamino completo de porqué se empezó a temer ese nombre y cuales son sus opiniones al respecto...¿está claro?
-Pero profesora...-empezó a protestar el chico.
-¿Está claro?- repitió Christine duramente. Se podía decir más alto, pero no más cristalino y Bars entendió que lo mejor era callarse y no protestar más a no ser que quisiera salir con veinte castigos debajo de la manga. Enfuruñado, asintió. Harry, Ron y Neville, observaban la escena acostumbrados a esa faceta de Christine y a su rectitud en las clases. No había nada que ella no pudiera lograr de sus alumnos. Pero para Heka y Troy, que habían escuchado muchas historias sobre como era la mujer dando clase, les costó llegar a creerse que todo lo que habían hablado sus amigos sobre ella, era poco.- Bien,- prosiguió Christine cuando el aula volvió a quedar en silencio.- otra de las cosas que no toleraré en mi clase serán miedos absurdos a magos vivos o muertos. Es estúpido. Os voy a convertir en aurores calificados no en gallinas, así que vamos a trabajar continuamente los aspectos que más miedo nos den.- la clase volvió a sentir con un nudo en el estómago. Sabían que el curso en Hogwarts sería mucho más duro que en la Academia, pero no se imaginaban cuanto.- Como decía, cuando Lord Voldemort estaba en su auge de poder, durante la segunda guerra, Amelia Bones, la ministra de Magia, sacó un decreto para poner en vigor una antigua ley mágica que había sido creada por Barty Crouch. ¿Alguien sabe cuál era?- las manos de Ron, Harry y Heka se alzaron en el aire.- ¿Sí, señor Oldman?
-El uso de las maldiciones imperdonables a los aurores del Ministerio, profesora.- Harry había hablado en un tono tan cortante como el que Christine estaba utilizando, remarcando claramente, la palabra "profesora". No obstante, la mujer fingió no percatarse.
-En efecto. El uso de las maldiciones imperdonables de los aurores, exclusivamente, contra mortífagos.- aclaró.- Desde entonces, señor Footman- miró al chico de gafas que había generado toda aquella conversación.- Esa ley continua vigente.
-Eso está muy bien, profesora.- interrumpió Jackson con arrogancia y en una pose totalmente informal, como si estuviera sentado en el sofá de su casa. Christine, arqueó las cejas.- Pero si ya no hay mortífagos¿para qué queremos aprenderlas nosotros?- para su sorpresa, la mujer también sonrió con suficiencia.
-Otra cosa que no toleraré, Jackson, es que mis alumnos no estén al tanto de lo que ocurre en el mundo mágico.- y súbitamente, se acercó al escritorio en dos zancadas y tomó lo que parecía un ejemplar del diario el Profeta, lanzándoselo al chico con algo de brusquedad. Jackson lo atrapó al vuelo y comenzó a ojearlo. Algunos alumnos más, se levantaron de sus pupitres y también se pusieron a mirar el titular. El profeta volvía a nombrar muertes de más cardenales, pero ahora daba un dato que anteriormente había ocultado: la vieja Marca Tenebrosa aparecía después de cada asesinato.
-No es posible...- susurraron algunos, visiblemente preocupados. Harry, que también se había girado para mirar de reojo el titular, clavó furiosamente, sus ojos en los de Christine. La mujer le devolvió la mirada, pero no era una mirada cálida, como las que solía tener hacia él, sino una áspera y fría, como las del pasado. Era como volver a tener a la antigua Christine y el chico lo sabía.
-Quiero que todo el mundo traiga un ejemplar del Profeta a clase cada mañana...- dijo la mujer a los anonadados alumnos.- Necesitáis estar informados de lo que ocurre a vuestro alrededor...,ese, también es el trabajo de un auror...- en aquel instante, se escucharon unos golpecitos en la puerta y dos figuras, vestidas totalmente de negro, se asomaron por el resquicio de la puerta.
-¿Se puede?- preguntó la primera de todas, con un tono de voz indiferente, carente de emoción. Christine alzó la cabeza y se quedó paralizada. Nuevamente, allí estaban aquellos dos chicos de la noche anterior, una vez más, tenían sus ojos clavados en los de ella sin expresar una sensación que no fuera el odio que profesaban hacia su persona, o al menos, eso era lo que transmitían. Harry, que también había reconocido esa voz gélida que se había expresado la noche anterior, se dio la vuelta bruscamente. Su mirada y la de aquel chico se encontraron y se estrellaron en un mar de sentimientos. Harry sintió sus veintiún años de odio hacia aquella figura que lo observaba de esa forma tan superior.
-Entren.- Harry se giró hacia la profesora. Al parecer, Christine se había recompuesto, pero no era capaz de mirar a esos alumnos a la cara, sino que tenía fijos los ojos entre los papeles, buscando la lista. Al final, recordó que la había metido en el primer cajón. Los dos chicos, que no habían pasado desapercibidos por su manera tan oscura de vestir y sus expresiones tan duras, caminaron en silencio en dirección a los primeros pupitres. Pero cuando la chica vio el diario de los magos al pasar, agarró de la túnica a su compañero y ambos se detuvieron.
Parecía que el tiempo se había detenido entorno a los dos chicos. El color de la piel del muchacho se apagó como se apagan las llamas de la chimenea. Ella, también palideció. Sólo existía ese titular, ese periódico y ellos, no había nada en el mundo que importase más que continuar observando la Marca Tenebrosa que la foto en movimiento mostraba. Era irreal estar mirando aquello por segunda vez, pero desde una posición muy distinta. Era irreal que no pudieran hacer nada por detener a todos esos mortífagos a la vez, cuando poseían, probablemente, el mayor poder del mundo. Sí, tenían a los representantes más importantes de la Iglesia resguardados en lugares seguros...¿pero hasta cuando¿Cuánto tardaría Ian lewis en encontrarlos¿En matarlos¿Cuánto podrían ellos defenderlos? No, ahora no luchaban por detenerlo, luchaban por venganza. Y cuando sus ojos y los de Harry Potter volvieron a encontrarse, el chico creyó que el odio acabaría por manifestarse en aquel momento, que sus ojos no podrían seguir ocultando ese tono oscuro, que Christine, indudablemente, notaría.
-Orión...- sintió la voz suplicante de Anya en su cabeza y cerró los ojos, recobrando la compostura. No podía dejarse vencer por sus fantasmas internos, por su odio. Pero cuando, arrastrado por ella, caminó hasta dejarse caer en una de las sillas, una pregunta asoló su mente..."¿Por qué no lo detuviste, Harry Potter?"
-¿Cuáles son sus nombres?- Christine rompió la tensión que se había generado en el ambiente con su potente voz.- Me parece que no están en la lista...¿son alumnos recientes?
-Lo somos.- respondió la chica fríamente, mirando de reojo a su compañeros, que parecía incapacitado para formular una palabra más. Igual que había ocurrido la noche anterior, la sangre del corazón de Christine comenzó a bombear mucho más rápidamente, al escuchar aquella voz cargada de resentimiento, tan similar a la que había utilizado el chico. Unas voces aterradoras...
-¿Y bien?- titubeó Christine. De repente, tenía mucho calor, le caían grandes gotarrones de sudor por la frente y respiraba algo más rápido de lo normal.- ¿Los nombres?- los dos chicos se miraron entre sí y fue el muchacho el que asintió a su compañera, dándole a entender que se había recompuesto y que sería él quien se encargara de aquello a partir de ahora.
-Anya y Orión Black...- el mundo paró de girar. La pluma con la que Christine estaba a punto de escribir en el pergamino, resbaló de sus dedos y golpeó el suelo con un ruido sordo. Heka se levantó bruscamente del asiento. Las venas de su cuello temblaban de odio, de ira y tenía los puños apretados contra sus piernas. Ron y Neville observaron a Harry, que se había quedado totalmente estático en su posición y al parecer en un trance, mientras Troy se levantaba para sostener a Heka, que estaba dispuesta a sacar la varita. Ahora comprendía porqué esos dos le habían dado malas vibraciones en el tren. Eran "Black". Black, Black, Black, Black...se repetía su mente. Los demás alumnos observaban la escena sin entender porqué Heka se había puesto así o como podían aquellos dos muchachos parecer ajenos a la reacción que se había efectuado en los demás, pero más de uno comenzaba a murmurar. Todo el mundo conocía la historia de Sirius Black y sabían, por ejemplo, que familias como la de los Malfoy o la de los Lestrange, que habían sido apresadas por ser mortifagas, contaban entre sus filas con mujeres con ese apellido.
A Harry la cabeza le daba vueltas. No podía creerlo, sencillamente era imposible. Había visto el tapiz de la familia de su padrino, podía visualizarlo en su mente a la perfección y no quedaba ningún heredero de los Black directo que poseyera ese apellido. Las ramas de la familia se extendían a apellidos como los de los Weasley, los Malfoy, los Lestrange, los Tonks o los Odria. No habían más Black. Sirius era último...Harry lo sabía, lo había visto en el tapiz, su padrino mismo se lo había confirmado. Como mucho, esos chicos podían ser descendientes de su hermano, de Regulus Black, pero Harry sabía que había muerto asesinado por los propios mortífagos y estaba claro, que si hubiese tenido descendencia, sus nombres estarían en el tapiz.
De pronto, se sentía mucho más mareado. No podía continuar en la misma habitación que aquellas personas, no podía seguir notando como esos ojos lo taladraban, lo enloquecían, porque seguía teniendo la sensación de haberlos visto en algún lado, pero era incapaz de asociar una mirada tan fría a alguien que conociera.
-Harry...- le susurró Ron prudentemente, colocándole una mano en el hombro.- ¿Estás bien?- Harry asintió por inercia, pero no, no se encontraba bien. De hecho, ni siquiera parecía que Christine se encontrara mucho mejor que él, pero cuando la miró, la mujer había vuelto a adoptar una expresión de serenidad e indiferencia, una fachada, que le impidiera perder los nervios.
-Odria, siéntese.- ordenó bruscamente. Heka, que continuaba temblando de arriba abajo de ira y era tímidamente detenida por Troy, la fulminó con la mirada. No iba a permitir que nadie le diese órdenes y mucho menos cuando tenía un pedacito de su pasado enfrente suyo. Tenía que averiguar la verdad, tenía que saber...- ¡He dicho que se siente!- volvió a ordenar Christine, en aquella ocasión, más tajantemente. Pero para Heka aquello era demasiado, ni siquiera le imponía la figura alta y poderosa de Christine. Se giró bruscamente hacia su asiento, rompiendo el contacto visual con esos extraños individuos y tomando su mochila al hombro y su chaqueta de cuero, bordeó el pupitre y salió corriendo del aula. Sin pensárselo dos veces, Neville también se puso en pie.- ¡Longbottom, quédese donde está o mañana tendrá que entregarme una redacción de dos pergaminos!- Neville se mordió el labio inferior, observó a Christine y tras lanzar lo que parecía una mirada de disculpa, también cogió sus cosas y salió detrás de Heka. La puerta se cerró de golpe y cuando Harry fue capaz de volver a mirar a aquellos chicos, encontró como una leve sonrisa sarcástica se asomaba por el rostro de ambos. La furia le invadió. ¿Qué era tan gracioso?
El resto de la clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras fue un tanto confusa y cargada de expectación. Los alumnos no prestaron mucha atención a la planificación de curso que iba exponiendo la profesora Byrne y muy pocos copiaron el esquema que puso en la pizarra y Christine tampoco se preocupó de reñirles y castigarles, parecía que había entrado en una especie de burbujita de cristal y que hablaba más por inercia que porque se diera cuenta que lo hacía.
Harry tampoco prestó atención a su profesora. Por un lado, no cesaba de mirar el reloj de pulsera, deseoso de que acabara la primera clase para encarar a su madre y preguntarle el porqué le habían ocultado lo de la reunión y por otro, los dos chicos misteriosos estaban sentados a sólo un par de metros de distancia y por mucho que se resistía, no podía evitar estar pendiente de ellos en todo momento, pero ellos ni siquiera lo miraron ni una vez. Estaban atentos a la profesora Byrne como si fueran estudiantes ejemplares.
Por fin, Christine dio permiso para que los alumnos salieran y los dos chicos salieron los primeros, bajo los cuchicheos de sus compañeros, sin prestarles atención. Ron y Troy, algo tensos, metieron sus cosas en la mochila y se levantaron, esperando a ver lo que hacía Harry.
-Ir tirando.- les dijo el chico observando como Christine se dejaba caer en el asiento y recogía los papeles que tenía encima de la mesa.- Ahora luego nos vemos.- Ron y Troy se encogieron de hombros y asintieron un poco disconformes. Cuando Harry adoptaba esa expresión en el rostro y Christine estaba cerca, sus caracteres chocantes no podían dar fruto a nada bueno.
Esperó a que todos sus compañeros se marcharan del aula, cosa que ocurrió rápidamente y entonces, comenzó a meter sus cosas dentro de la mochila, con parsimonia, observando por el rabillo del ojo como su profesora continuaba revisando sus pergaminos, como si no se hubiese dado cuenta de que estaban ahí solos. En aquel instante, por el marco de la puerta ingresó un Remus Lupin ligeramente serio y cerró el aula tras de sí. Ignorando a Harry como lo estaba haciendo Christine, se acercó a la mesa de su mujer y le susurró algo en el oído. Eso enfureció todavía más al chico. Seguramente, tendría mucho que ver con lo que salía en el Profeta o por el hecho de que Christine estaba más blanca que la pared, pero volvían a dejarlo al margen como cuando tenía quince años.
Enrabietado, se puso en pie haciendo un ruido extremo con la silla, para captar la atención de los dos adultos y se dirigió a la mesa de Christine con un aire peligroso. Enfadado como estaba, dejó caer la mochila al suelo y colocó ambas manos sobre la mesa de la profesora, taladrándola con la mirada y tan fríamente que Lupin pudo ver una vez más al hombre que lo había salvado en las batallas, cinco años atrás.
-¿Por qué?- inquirió y su voz sonó fría y distante.
-No sé de qué me estás hablando.- Christine no se alteró y escribió algo tranquilamente en sus notas, sin dirigirle la mirada.
-Cuidado Christine porque te estás acercando peligrosamente a un terreno que sabes que no puedes pisar.- en aquella ocasión y tras la dureza con la que Harry hablaba, la mujer sí fijó sus ojos en él.- No querrás cometer el mismo error conmigo que con Alan¿verdad? Así que te recomiendo que me digas la verdad.- la profesora se puso en pie rápidamente y la silla en la que estaba sentada cayó al suelo produciendo un ruido sordo.
-No te permito...
-No, soy yo el que no te permite que me ocultes cosas, Chris.- bramó Harry y harto de que Christine tratara de desviar su atención en las notas que tenía sobre la mesa, utilizó su poder y de un manotazo, todos los pergaminos volaron en distintas direcciones.- ¡Deja de meterte en mi vida!
-¡Suficiente!- Lupin se sumó a la pelea. Harry nunca lo había visto tan serio y tan nervioso. Parecía que el hecho de una nueva amenaza que desestabilizada el cuadro de familia feliz que había estado viviendo tanto tiempo, lo sacaba de su habitual parsimonia y carácter tranquilo.- Deberías escuchar los motivos que tuvo tu madre...
-Ella no es mi madre.- susurró Harry en voz baja y esas palabras se clavaron en Christine como cuchillos candentes. El chico desvió la mirada y se mordió el labio inferior enfadado consigo mismo. No quería hacer daño a Christine, no quería estropear lo poco que había logrado en esos años de paz, justo ahora que no tenía mucho tiempo antes de empezar a notar como el mundo iba perdiendo la esperanza.- Y vosotros no teníais derecho de contarle a la Orden del Fénix lo que me pasa...¿por qué lo hicisteis, verdad?- habría dado la mitad de su vida porque esa respuesta fuera negativa, pero le bastó ver el intercambio de miradas entre los dos adultos para darse cuenta de que sus sospechas eran ciertas.- No teníais ningún derecho...- añadió abatido y sus ojos brillaron intensamente.
-La Orden del Fénix tiene que volver a instaurarse, Harry.- dijo Christine con autoridad y sin mostrarse débil por las palabras de su "hijo" mayor.- Esto va a ser una guerra en toda regla y sabes mejor que nadie que...
-¡Vete a la mierda, Chris!- bramó el muchacho golpeando el escritorio con un puño. Lupin abrió la boca sorprendido. Él no había sido testigo nunca de una de las peleas entre los dos arcángeles, de hecho, en cinco años de convivencia, Harry y Christine nunca se habían peleado más que por alguna necedad.- ¡Nadie va a luchar esta guerra más que yo¡Nadie¿entiendes? Quítate eso de la cabeza porque así será. Yo soy Harry Potter, yo soy El Salvador y soy quien derrotó a Lord Voldemort y YO mataré al quién sea que sea ese gilipollas que trata de destruir la fe en el mundo. Es mi batalla y la pienso librar solo. No os necesito. Pude solo con el ejército de Voldemort y podré ahora con este aprendiz de mago tenebroso...
-Estás sobrepasando el límite de arrogancia, Harry.- le advirtió Christine empezando a cabrearse de verdad.- ¿No te das cuenta de que estás enfermo?
-¡Basta!- Harry estaba tan furioso que la energía comenzaba a recorrer su cuerpo a la velocidad de la luz.- ¡He dicho que puedo vencerlos yo solo¡Te pedí hace tiempo una cosa Christine y quiero que cumplas tu palabra de que vas a hacerlo! Y te juro por la tumba de mis padres que si Ginny o Ron o Hermione o cualquiera de las personas que me importan se enteran de que estoy en peligro de muerte, lo lamentarás.- dicho esto, tomó del suelo su mochila y se giró para marcharse del aula.
-¡Harry!- la voz atronadora de Christine lo hizo detenerse en el resquicio de la puerta, pero el chico no se dio la vuelta para mirarla.- A las siete en el gimnasio de casa. Sé puntual.- satisfecho, pero sin reconocerlo, el chico abrió el picaporte y salió dando un portazo. Aquella misma tarde, volvería a encontrar con sí mismo, cara a cara, en una lucha de espejos, por ver quien era el ganador. Harry Potter, había regresado.
Heka no sabía como había logrado dar con el lavabo de las chicas, pero lo cierto es que estaba allí, mirándose a un espejo algo viejo, con el grifo abierto a presión y un fantasma llorón sobrevolando los compartimentos de los distintos baños. Miró su reflejo, suspirando y pasándose una mano por su rostro demacrado. Tenía mala cara, claro que la tenía. Acababa de toparse por las buenas con un apellido que hacían saltar todas sus defensas. En realidad, Heka se sentía mal consigo misma porque se había metido a realizar la carrera de auror sólo por una razón: venganza.
Había estudiado hasta la saciedad para que le dieran la beca y venirse a Inglaterra, donde sabía que se encontraban los miembros supervivientes de los Black. Tras conocer la verdadera historia de Sirius, su odio se había acrecentado. Además de vengar a sus padres, vengaría también al padrino de Harry, su mejor amigo, por haber sido despreciado por su propia familia.
Al conocer a Harry, a Neville, Ron, Troy y los demás, escuchar a su mejor amigo hablar de la guerra y contándole todo lo duro que tuvo que vivir y haber aprendido lo que era la carrera en sí, Heka había cambiado su forma de pensar. Ya no quería ser auror sólo para buscar venganza en los mortífagos que llevaban el apellido Black, sino que quería defender al mundo entero de vivir una situación como la que había tenido que padecer. Harry le había enseñado eso. Le había contado que él había experimentado esa misma sensación, que había matado a sangre fría a Bellatrix Lestrange y a Kreacher y que había comprendido que no era el mejor camino.
No obstante, Heka no era como Harry. Se odiaba por no ser tan buena persona como su amigo, pero no podía cambiar el hecho de que, llevaba investigando muchos años por su cuenta el paradero de los Malfoy, que eran los únicos miembros vivos de la familia Black y que no había logrado encontrarlos.
Narcisa Black había escapado la misma noche que su hijo, Draco Malfoy y Malfoy padre también se había esfumado tras la caída de su señor.
Así que, ahora que había relajado su búsqueda, ahora que estaba empezando a vivir sin ser una sombra del pasado, le perseguía de nuevo aquel apellido. Siempre había seguido su instinto y por eso había notado esa extraña sensación al ver a aquellos dos individuos en el tren.
Heka no había vuelto a llorar desde que a los quince años perdiera a sus padres y su único apoyo y no estaba dispuesta a volverlo hacer. La noche en la que el director de su colegio de magia y hechicería la había citado en su despacho para comunicarle la mala noticia, se le había clavado en el alma como una daga punzante. No podría olvidar el haber entrado a su casa y ver el sofá cubierto de sangre, todos los objetos que su madre cuidaba con tanto cariño y que tenía perfectamente ordenados sobre las estanterías, sus recuerdos, sus fotos...todo hecho pedazos y con ellos, su vida. Había acariciado el rostro pálido y frío, carente de vida de su padre y le había susurrado un adiós y ahí, junto a su tumba, se había jurado venganza.
-¿Heka¿Estás ahí? Se supone que no puedo entrar al baño de las chicas...- era la voz de Neville. La chica cerró los ojos, se lanzó agua a la cara y se giró para ver a su amigo que entraba mirando de un lado a otro, como si esperara encontrar a alguna persona más.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó Heka asombrada y miró su reloj de pulsera. La clase todavía no había terminado.
-Ver como estabas.- Neville se acercó a la chica y le pasó una mano por el brazo, cariñosamente.- Imagino que no muy bien...
-Pues te equivocas.- refutó Heka cruzándose de brazos. No permitía nunca que la gente viera su lado débil, quizás, el único que lo había visto en alguna ocasión era Harry.- Estoy perfectamente.
-Oh.- ironizó Neville, utilizando un tono sarcástico al hablar.- Claro, como no, se me olvidaba que la gran Heka Odria no tiene derecho a estar triste...
-Que te jodan, Neville.- Heka dio un manotazo al aire disgustada y pasó por delante de su amigo con intención de marcharse de allí y salir airosa de la situación, pero el chico la cogió de un brazo fuertemente y adoptó una expresión de determinación que muy pocas veces se le había visto.
-No tienes que ser siempre tan valiente¿sabes? Hay días en los que se tiene que estar triste para conocerse a uno mismo, para aceptar lo que es, para convivir con los malos momentos. Si te apetece llorar, pues llora, si te apetece reír, hazlo, pero nunca te cierres al mundo...
-Deberías meterte a moralista, Logbottom- replicó la chica con arrogancia y el hecho de que lo llamara por su apellido, lastimó a Neville.- O mejor, a cura, pero a mí no me des charlas, es más¿por qué estás aquí? Deberías estar empollándote tus libros. Yo no necesito ayuda.- y tras decir eso, se soltó del brazo y salió como una energúmena por la puerta, a sabiendas de que lo que había hecho, sólo era una nueva forma de querer demostrarse a sí misma, que podía realizar sus aspiraciones cuando quisiera y que podía hacerlo sola.
-Estoy aquí porque te quiero...- murmuró Neville cuando la chica ya no podía oírlo y lanzó un suspiro al aire, mientras negaba con la cabeza.
-Si quieres puedes salir conmigo.- dijo una voz de pito a sus espaldas y se escucharon unas risitas. Una fantasma con unas enormes gafas redondas en la cara, sobrevolaba los lavabos.
-No, gracias Myrthe...-respondió Neville algo cortado y sin saber como salir de la situación. En cuanto el espectro comenzó a llorar ruidosamente, el chico se apresuró a echar a correr.
Aquel era su rincón de pensamientos, su guarida, el refugio de su bestia interior. Ahí había consolidado el noviazgo con Ginny por primera vez, ahí había escuchado a Cho confesarle lo mucho que lo admiraba y confiaba en él y ahí, en esa misma posición, se habían sentado James Potter y Sirius Black a la edad de quince años. Harry los había visto en el pensadero de Snape.
Le gustaba aquel rincón a la sombra, bajo la copa del árbol. Le encantaba enfocar sus ojos al lago y pensar en su madre remojándose los pies en días de calor, imaginar a su padre pensando en ella. La vida podía ser tan injusta en ocasiones. Estaba seguro, que cuando sus padres se enamoraron, cuando empezaron a entenderse, a estar juntos, no imaginaban el horrible destino que les aguardaba. A veces, sentía la necesidad de volver a alejar a Ginny de sí mismo, de volverla a mantener al margen de lo que estaba a punto de ocurrir. Harry Potter, definitivamente, no estaba hecho para alguien como ella. Ginny se merecía lo mejor, se merecía estar con alguien cuya vida, no estuviera en constante peligro. Pensar en quien era en realidad le hacía daño. Sonaba cobarde sí, pero aún cuando Alan supiese quien era en realidad, no deseaba mostrarle al mundo su verdadera cara. Porque Harry Potter, siempre acababa por hacer daño a aquellos a los que más quería. Primero a sus padres, después a Sirius y luego a sus amigos...
La ramita con la que llevaba un rato jugueteando se partió bajo la presión de sus manos.
Pero por más que lo deseara, no podía volver a mantener a Ginny al margen, no podía, sencillamente, porque se había vuelto dependiente de ella. Ahora ya no era El Salvador, cierto que esa personalidad fría continuaba viva en su interior y que, en ocasiones, lograba manifestarse, pero se apagaba rápidamente, tan pronto como una caricia recorría su rostro. No podía condenar a sus amigos a volver a pasar por aquello por segunda vez.
Pero tampoco podía decirles la verdad absoluta. Tenía que averiguar quién era la persona que había reunido a esos mortifagos y amenazaba con destruirle y porqué, no se había manifestado ante él todavía. Quizás lo estaba esperando...
Pero Harry había perdido muchas de sus viejas habilidades a medida que su magia se agotaba. Por ejemplo, únicamente notaba un leve tintineo cuando alguno de los cardenales era brutalmente asesinado y como su enemigo no había realizado ningún ataque a gran escala, no podía sentir un dolor lo suficientemente grande para que le indicara el lugar donde debía acudir. Así que, no podía salvar a los cardenales.
Pero lo encontraría...sí, estaba dispuesto a ello. En cuanto comenzara las clases con Christine volvería a ser el mismo por muy doloroso que eso fuera y entonces, podría a volver a surcar el cielo con su moto voladora y su capucha al viento.
-¿Un beso a cambio de tus pensamientos?- una sombra lo había abrazado por detrás y le acariciaba el cuello con sus labios. Harry sonrió y se estremeció al sentir esos labios que lo habían recorrido en tantas ocasiones. Ginny se sentó a su lado mucho menos eufórica y apoyó la cabeza en su hombro.
-No pensaba.- respondió el chico pasándole un brazo por los hombros y atrayéndola hacia sí mismo.- Recordaba.
-Siempre te ha gustado este lugar...hacía mucho que no estábamos a solas en el.- Ginny suspiró y se tumbó boca arriba con las manos detrás de la cabeza, observando las figuras que formaban las nubes en el cielo.- Me han dicho que habéis tenido una clase movidita...- Harry forzó su rostro a no adoptar una mueca demasiado desagradable. Obviamente, Alice y su pandilla de amiguitas chismosas habían corrido la voz de lo que había sucedido con la llegada de esos extraños chicos.
-Sí, es verdad.- confirmó el chico derrotado a la evidencia. Nunca podía llegar a engañar del todo a su novia, Ginny siempre tenía un don mágico para explorar su mente.- De hecho, imagino que Heka no debe de estar pasándolo muy bien, pero eso no es todo.-Ginny le miró interrogantemente.- he discutido con Christine y con Remus.- aclaró.- Por la reunión de la Orden.- la chica no respondió de inmediato. Se quedó callada, mirando al frente y demasiado seria para lo que era en realidad.- ¿Qué?- inquirió Harry al verla en aquel estado demasiado pensativo y sintiendo por dentro que algo le ocurría. Su novia era su protegida, pero en realidad, él sabía que debía proteger al mundo entero. Los mayores le habían encomendado a la chica porque Ginny siempre había sido una fuente importante de esperanza, pero al no nacer arcángel, no tenía obligación de proteger más que la causa por la que fue transformado. Pero el hecho de que tuviera que cuidar de la chica era algo que los unía mucho más, porque a su vez, ella cuidaba de él con esa llama que prendía en su interior.
-¿Es necesario...- comenzó Ginny con prudencia y clavando ahora sus ojos en los de su novio.- ...que pelees también esta guerra?- Harry se levantó de golpe, todavía con las palabras de la chica retumbándole los oídos. Sin duda, se tenía que tratar de una broma. No era posible que Ginny, la Ginny que él conocía se estuviera echando atrás ante una amenaza, una amenaza, en la que sabía, que su participación sería clave para aplacarla. No parecía la misma chica decidida que lo había dado el todo por el todo por luchar en la guerra contra Lord Voldemort, que había mirado a la cara al mago tenebroso, que había tenido fe en ganarla. La misma, que segura de sí misma, había ido al Departamento de Misterios cuando Sirius fue asesinado.
-¿Qué estás diciendo?- Harry se llevó las manos a la cabeza alucinado.- No puedo creer lo que estoy oyendo...
-No luches en esa guerra.- dijo Ginny levantándose también y tomando a su novio por las muñecas, pero su voz parecía más un ruego.- Por favor...otra vez lo mismo no...- Harry se apartó bruscamente de ella dándole la espalda.- Una vez más no...te lo ruego, ya pasamos un infierno, ya sufrimos mucho...no quiero volver a tener que vivir aquello...no quiero perderte.
-¿Sabes lo que me estás pidiendo?- bramó Harry encarándola y levantando la voz más de lo que hubiese deseado.- Está muriendo gente inocente, morirá mucha más...¡son mortífagos maldita sea¡No puedes echarte a un lado¡Tú no eres así!
-No quiero perderte.- dijo Ginny en voz baja, pero sin que su voz se quebrara.- No otra vez. Te estoy rogando una vida normal, Harry, sólo eso. Creo que después de lo que ocurrió en la guerra...ambos la merecemos. No es justo que volvamos a vivir lo mismo una segunda vez.
-No es justo que te eches atrás...- revocó Harry con una agonía mal contenida. Entendía el pensamiento de Ginny, pero no lo aprobaba. Podía comprender que la guerra la hubiese traumatizado, que no quisiese volver a vivir lo mismo, que tuviera miedo...pero nunca que se echara atrás ante una causa, que ella había sido la primera contra la que luchar. No encontraba en esa chica a la Ginny Weasley de la que se enamoró, pero estaba claro, que su novia no podía llegar a alcanzar a comprender lo personal que llegaba a ser aquello para él. Le pesara o no, volvía a ser su guerra, una guerra, que llevaba el "pasado" escrito en letras de sangre.
-No puedes reprocharme nada.- le retó Ginny con los ojos aguados y los puños apretados, negando la cabeza con decepción, pero no era más que la que Harry sentía hacia ella.- He sufrido muchísimo...yo te vi ahí...tirado en el asfalto...sangrando...muriendo...¡No tienes derecho a exigirme que vuelva a pasar por lo mismo!
-Claro que no.- aceptó Harry hablando en un tono seco y tranquilo. Le habían afectado muchísimo las palabras de su novia, pero no podía hacer nada. No podía retirarse de una guerra que estaba declarada contra sí mismo. Tal vez, dejar a Ginny al margen de ella era lo mejor...- Pero tampoco puedes pedirme que abandone lo que soy...lo que fui...lo siento mucho, pero voy a luchar...- Ginny bajó la barbilla y se sorbió la nariz en un gesto claramente perturbado.
-¿Y nosotros?- preguntó con la voz queda.
-Si aceptas un nosotros...-murmuró el chico a sabiendas que aquello le iba a hacer mucho daño.- tendrás que vivir con el nombre de Harry Potter...sino...lo siento mucho...- Ginny sintió un pinchazo en la boca del estómago, producido por el gran shock de estar escuchando unas palabras que jamás creyó posibles. Ellos, que habían luchado contra el destino, contra la guerra, contra el mundo, no podían estar siendo arrastrados por una nueva separación. Pero por el gesto que concentró su sonrisa forzada y melancólica, no pareció que aceptara al niño-qué-vivió en su vida. Iba a responder, cuando se acercaron unas figuras a ellos, al parecer, caminando apresuradamente.
-¡Chicos!- eran Troy y Ron seguidos de un Neville algo inquieto.- Dumbledore nos ha citado en su despacho.
-¿Dumbledore?- preguntaron Harry y Ginny a la vez.
-Creo que tiene que ver con...con...ya sabéis, con lo de la Orden...- masculló Ron entre dientes.
-¿Qué orden?- ni Troy ni Neville sabían nada acerca de la Orden del Fénix. Ninguno de sus amigos se lo había contado nunca, después de todo, la Orden era una organización secreta y lo seguiría siendo, pero si el director los había citado a todos, muy posiblemente, pensaba añadir nuevos miembros.
-Será mejor que os lo explique Dumbledore.- dijo Ginny con pesar. Sus peores temores estaban siendo confirmados. No sólo Harry ingresaría en la Orden sino que además el director esperaba contar con todos sus amigos y con ella misma. A veces, se preguntaba porqué había entrado en la carrera de Aurología. Durante el periodo de la guerra lo había tenido muy claro, pero ahora Ginny tenía 20 años y su pensamiento respecto a combatir a todo mal que asolara el mundo mágico había caído en picado. La guerra, la había cambiado, pero pese a que la debía de haber endurecido, la había ablandado. Ahora, el miedo era su mayor enemigo.
-Tenemos que buscar a Heka primero.- recordó Neville.
-¿Pero no estaba contigo?- Harry arrugó la frente. Había visto a Neville salir detrás de su amiga bajo la mirada amenazadora de Christine.
-Estaba...- susurró el chico y por alguna extraña razón, desvió la mirada.- Pero la perdí de vista hace un rato...
-Venga, pues encontrémosla.- se apresuró a decir Troy y salió corriendo en dirección al castillo, sin poder evitar lanzar una rápida mirada a Ginny, la había encontrado muy extraña.
Christine escribía furiosamente en la pizarra el esquema de la asignatura para los alumnos de cuarto que tendría en apenas veinte minutos. La tiza que tenía en las manos chirriaba al contacto con la pared y emitía un ruido molesto y que producía dentera, pero eso a ella no le importaba.
Podría haber realizado la misma operación en apenas unos segundos, si hubiese utilizado su varita mágica, pero estaba tan enfadada y sentía tal frustración que había preferido hacerlo al modo muggle, donde pudiera descargar su rabia, como había hecho muchos años atrás.
-¿Puedes estarte quieta y venir a hablar conmigo un momento?- pidió Lupin por enésima vez. Conocía a Christine y conocía su carácter altivo y su personalidad fuerte, pero no había tenido que enfrentarse a ese personalidad en cinco años. Su relación había funcionado como si estuviera fabricada para hacerlo: sin peleas, sin malos entendidos, sin discordias...sólo una paz inusitada mezclada con la pasión de los años perdidos. No obstante, hacía un tiempo que Lupin había visto como no podía arrancar a la personalidad fría y distante de su mujer como lo había hecho en el pasado y eso, le preocupaba.
-No, no puedo- replicó Christine de mal talante.- No estoy de humor para soportar tu impasibilidad Remus, así que te pido que me dejes sola un momento, por favor.
-¿Para qué, eh?- inquirió el hombre clavando sus ojos en la espalda de su esposa.- ¿Para que tu mal humor, tu odio, tus recuerdos...vuelvan a sacar lo peor de ti misma? No, Chris, esta vez no, no te dejaré marchar...
-Márchate Remus.- ordenó Christine y se dio la vuelta dejando caer la tiza al suelo, para encarar su expresión afable y tranquila. Lupin se sorprendió de ver como el brillo oscuros de sus ojos había vuelto a renacer en ellos, manchando su azul marino característico.
-No me iré sin razonar contigo, sin hacerte entrar en razón...
-¡Remus, vete de una maldita vez!- pero en vez de aquello, en dos zancadas, su marido se posó enfrente suyo y la agarró por los dos brazos, haciendo que sus miradas quedaran conectadas. Tal vez fue una sensación, pero le pareció que Christine volvía a temblar tras ese contacto y eso sólo podía significar una cosa: que la personalidad fría de su mujer estaba regresando a ella y que arrastrada por ese odio, por ese pasado, la estaban alejando otra vez de sentir, de él...
-¿Por qué me dejas al margen¿Por qué no puedo evitar que vuelvas a cometer el mismo error, que ambos lo cometáis?
-¡No fue ningún error!- rugió Christine y se separó bruscamente de él. Le temblaba el labio inferior y lo único que deseaba en el mundo es que Lupin se alejara de ella, que no la tocara, que no lograra con esa mirada dulce y cargada de comprensión romper las barreras que acababa de crear, barreras, que la estaban ayudando como una droga a olvidar las palabras que Harry había pronunciado en su presencia. Había tenido una segunda oportunidad, con Alan, con el propio Harry y había fallado como madre.
-No vuelvas a convertir a Harry en aquello que más odia...sólo está, equivocado...- murmuró Lupin alicaído.- Sólo quiere demostrarse a sí mismo, demostrarte a ti...que no es débil...que sigue siendo El Salvador...Chris, no lo condenes, no le des la oportunidad de morir...
-Estás sacando las cosas de quicio.- replicó Christine alejándose un paso más de su marido. ¿Por qué se le tenían que clavar esas palabras como puñales en el alma?- No va a morir, porqué yo lo entrenaré bien de manera que...
-¿Es qué no te has dado cuenta de que Dumbledore oculta algo?- bramó Lupin, ahora sí, perdiendo la paciencia y golpeando el escritorio con una mano. Christine fingió no percatarse, pero nuevamente, sentía una opresión en el pecho, una sensación que le indicaba peligro. Se iba a arrepentir toda su vida de no haber escuchado a su marido, de haberse alejado de él, porque en aquella ocasión, las oportunidades se habían terminado.
-No sé de qué me estás hablando.- susurró de forma esquiva y Lupin supo que Christine se había cerrado a todo, al mundo y que le resultaría imposible penetrar esa coraza, al menos, por ahora...
-Está bien.- suspiró derrotado.- Tú misma. Pero vas a hacer daño a Harry, a Alan y a ti misma y está vez Christine, me estoy cansando de ayudarte a levantar...- Lupin se abrochó bien la capa y se dio la vuelta para salir por la puerta.
-Harry tiene que volver a ser el Salvador, Remus. Tú nunca aceptaste eso, pero si estamos vivos...si está vivo...es gracias a eso...
-Te equivocas.- susurró el hombre con la mano puesta en el picaporte.- No está vivo...y fue su corazón quién derrotó a Lord Voldemort, no tu magnífica máscara, creí, que lo habías comprendido...me equivoqué...- cuando la puerta del aula se cerró Christine sintió el vacío que sólo alude la soledad. Sí, había estado equivocada¿pero qué otra manera tenía de vivir cargando con el dolor de lo que se avecinaba?
-Se salvaron vidas...- le dijo al aire y con ese pensamiento, se sentó en su escritorio para prepararse la segunda clase. Estaba haciendo lo correcto, o al menos, eso creía.
