N/A: Perdón, perdón, perdón y...¡ah, sí¡Perdón! Lo siento mucho, ya se que no he actualizado en un mundo, pero es que no he tenido nada de tiempo. Prometo que intentaré que no vuelva a pasar, ok? Vale, más vale tarde que nunca así que aquí está el nuevo capi. ESpero que os guste y ,muchas gracias a todos por los reviews. Un besazo enorme...¡ah! Para el próximo capi, veremos la primera batalla...Cuidaros!
Reviews:
Aimar: Olass! No pasa res, em conformo con que en deixes algun review de tant en tant. M'alegro que t'hagi agradat el capi, perque és un dels meus preferits. A vera...en realitat, la Christine ha guanyat al Harry nomes en apariencia. Des que sap que si despren molta energia pot morir el Harry es nega d'alguna manera a manifestar tot el seu poder, ho fa inconscientment clar, pero el cas es que ell no senadona. La Chris si que ho sap i sap també que té que aconseguir que el Harry perdi la por i que comence a lluitar com ell sap, encara que aixo signifique un gran risc. El que li diu es veritat, no està preparat, pero no ho està mentalment. La Chris s'esforça al màxim per guanyar al Harry i ell te tanta por que la veu molt poderosa i no es dona conte de res. Crec que la reacció de la Ginny es ben normal. Tu que saps el que li pasa al Harry et sembla que es egoísta pero pensa que ella no ho sap i clar, pensa que el seu noi nomes molt ferse l'heroi. Si, en efecte, la ordre del fénix intentarà captar aliats, pero per medi del Remus, ja ho voràs. Els arcangels estarán molt implicats. Umm, jaja, no la Ginny no es pasarà del bandol, ho del Harry i la Heka...ja vorem, encara que si que hi haurà una persona que es pase als dolents. Matar al Dumbledore? Jajaj, ho vaig pensar sí, pero despres vaig triar a altra persona...Un peto!
Paula: Muchas gracias! Me alegro que te gustara.
+Marita: Olass! Muchas gracias, me alegro que te haya gustado el capi. Sí, ha sido un capítulo intenso. Dumbledore tenía que hacer esa propuesta, era necesario porque ahora todos deben luchar, ya no son niños. Sí, Harry descargaba su frustración en el entrenamiento lo cual está bien porque Christine lo conoce mucho y puede ayudarle. Lo de Ron y Hermione, jaja, avanzan lentamente, como ves. Espero que te vaya bien todo en el cole. Un besazo!
Catalina: Olas! Pues sí, habrá pelea Harry y Ginny. Efectivamente, te has dado cuenta de que la situación de Hermione es parecida a la de Christine y eso tiene su explicación. Quiero darle mucha fuerza a la relación Ron y Hermione y quizás Christine sea capaz de ayudarla. Un beso!
Saralpp: Olass! Jaja, bueno, habrá bastante en este fict de Ron y Hermione, ya lo prometí. Sí, es triste, pero es real, a cualquier persona le podría pasar. Un besazo y gracias por el review!
Dany-Kanuto-Link: Muchas gracias! Me alegro que te haya gustado!
Lladruc: Olass! Jajaja, sips, una mica ruca, pero es comprensible que es comporte aixi, no creus? Bueno, no subestimes al Harry, encara te molt poder que demostrar, deixali temps. Petons!
Alucard: Olass! Jajajaj, por supuesto que me acuerdo de ti. Espero que esta continuación te guste, aunque todavía estoy empezando a darle forma. Sí, un rollo el cole, pero cuando llegas a la universidad desearías no haber salido de él, jaja, en fin, como sea, mucha suerte para tus exámenes.
Mariet Malfoy: Olass! Es bueno tener más tiempo, jajajaj. Me alegro mucho que te vaya gustando el fict. Bueno, Heka no tiene mucho misterio en su vida. Sus padres fueron asesinados, su hermano secuestrado(cosa de la que nunca habla) y ella fue criada con el pensamiento de la venganza hasta que conoció a Harry. No está exactamente enamorada de él, pero su forma de quererlo es muy muy intensa. Para Heka, todo en la vida se resume a Harry, porque él le abrió los ojos, le enseñó lo que era vivir. Así que no hará caso a Neville nunca. Digamos que Ginny tiene motivos poderosos para no querer luchar en la guerra, lo pasó muy mal durante la primera. Hermione...umm, superar el problema cuando no hubiese un Ian Lewis no sería superarlo, sería evadirlo. Tiene que solucionarse con él vivo puesto que en el mundo hay muchos Ian Lewis. A Hermione le costará mucho aprender esto. Christine...ufff, es complicado con ella, muy complicado. En fin, todo se irá viendo poco a poco. Muchísimas gracias por tu review. Muak!
Chay: Hola! Muchas gracias por tu review. Sí, es verdad, siempre me han apasionado los templarios(estudio Historia), pero la idea de introducir algo de ellos en el fict vino a raíz de leer el libro del Código Da Vinci. ES un libro buenísimo que me encantó y que creo que está cargado de contenido. Besazos!
Usagi-Chan: Sí, he tardado mucho, lo se, pero es que ahora no tengo nada de tiempo. Lo siento mucho, solo pido un poqito de paciencia. Besazos!
CAPÍTULO 11: I'M SO FAR AWAY
(Estoy tan lejos).
Sus pasos resonaban como escopetas disparando balas de acero, en los oscuros corredores de piedra. Conforme se adentraba, presidido por los candelabros que colgaban de las paredes con viejos listones de hierro, sentía más y más frío. La tenebrosa mazmorra, donde había pasado sus peores momentos en Hogwarts, parecía saludarle sarcásticamente, recordándole su infancia ennegrecida por las tediosas clases de Pociones.
Habían pasado los años, pero todavía percibía el olor funeste de las goteras del techo y escuchaba el sonido de alguna rata correteando por las cañerías. Instintivamente, miró al techo. Sus sentidos se habían agudizado con el paso del tiempo. Por allí, una vez hacía muchos años, se había deslizado la mascota de un Lord Voldemort adolescente, el basilisco.
Eran tales los recuerdos esparcidos por el castillo que Harry agradeció tener un pensadero para poder ir almacenándolos, pues la cabeza le estallaría si continuaba avasallándose con ellos y tirándose piedras sobre su propio tejado.
Vestía de negro, como habituaba a hacerlo cuando era aquel chico de dieciséis años con un único propósito: la venganza. Pero ahora, ese sentimiento se tornaba en su contra y de manos de un enemigo...
A su mente llegaban con fluidez posibles candidatos y todos tenían nombre y apellido. Pasaban desde el arrogante Draco Malfoy hasta el esposo de Bellatrix Lestrange. En realidad, cualquier pasado mortífago tenía un claro móvil para buscar venganza, pero ninguno de ellos le preocupaba en exceso, por eso, no se había molestado en buscarlos. Sabía que la Orden del Fénix se había puesto en marcha para tratar de encontrarlos y que cualquier nuevo ataque contra algún que otro cardenal, llegaría a sus oídos a la velocidad de la luz. Así que ya habría tiempo para acudir a destruir esa nueva amenaza, se repetía su mente. No hay ningún problema...
Pero las palabras de Christine llegaban a su mente con una corazonada inexplicable y le carcomían por dentro...
"¡Tu arrogancia te ciega, Harry! Si quieres vivir para esta guerra, entonces deja de comportarte como tu padre o tu padrino."
Harry escupió al suelo, lleno de rabia. Arrogancia...¡ja! No era arrogancia, era seguridad en sí mismo...la que le había llevado a la victoria durante su combate con Lord Voldemort. Nuevamente, trató de convencerse a sí mismo de que no ocurría nada, pero...¿por qué Christine estaba tan nerviosa?
Apartando aquellos pesimistas pensamientos de su cabeza, continuó caminando erguido, preparado para enfrentarse cara a cara a un antiguo conocido. El conocimiento de las Pociones era una de las asignaturas más difíciles y a su vez más importantes, de Aurología. Harry nunca había tenido problemas con ninguna materia, le parecían ridículamente sencillas. Christine lo había entrenado muy bien.
Bajó los escalones de piedra de dos en dos y llegó hasta una puerta de madera, entreabierta. Allí, en el resquicio, esperaban más de sus compañeros. Todos parecían bastante emocionados con empezar aquella asignatura a la que habían tenido que aguardar tres días hasta que les tocase el turno. Harry sabía que un vez conocido a Severus Snape como profesor, ninguno de sus compañeros hablarían tan animadamente como lo estaban haciendo en aquel momento.
-Pociones es mi asignatura favorita.- comentaba Mark Jackson mientras jugueteaba con el pendiente que llevaba en su oreja izquierda y sonreía mostrando su blanca dentadura. Algunas chicas a su alrededor, suspiraban. Le hablaba a Estrella, una chica muy guapa y coqueta con la que tenía una relación sin ataduras, y en un tono de voz lo suficientemente alto para que penetrara el rincón abierto de la puerta y llegara a oídos del profesor, que sabía que estaba allí de antemano.- Es más, no hay nadie que pueda realizar unos brebajes tan buenos como...
-Así que habló Albert Einstein de nuevo.- refunfuñó una voz al pie de la escalera. Heka había llegado por detrás de Harry, que también estaba plantado a su lado y había dejado caer la mochila que llevaba colgada al hombro, al suelo, sujetándola de un asa y captando así la atención de Jackson, al que Heka le caía como una patada en el culo.- Por favor, Markitos mi abuela coja sabría distinguir mejor que tú entre un bezoar y un pollo sin plumas.- Harry observó a Heka enorgullecido, pero no soltó una carcajada como algunos de sus compañeros. Por el contrario, las chicas parecían ofendidas y lanzaban miradas asesinas hacia Heka.
-Odria...- murmuró Jackson dando un paso al frente y sonriendo estúpidamente, un gesto característico que utilizaba para cazar a sus "presas".- Eso sería posible, quizás, si tuvieras abuela...¿pero no la tienes, verdad?- las mejillas de Heka habían tomado un color rojizo, pero no avergonzado, sino más bien de rabia.- ¿No te criaron en uno de esos orfanatos muggles? Dime¿tenías dinero para comprarte zapatos?- los nudillos de Heka crujieron al ser apretados con fuerza. Harry miró a su amiga, que estaba a punto de abalanzarse sobre Jackson y estuvo tentado de imitarla, pero sabía que no era lo más idóneo para una primera clase de Pociones y más con la puerta totalmente abierta, gesto, que indicaba que Snape los aguardaba en el aula.
-Cálmate Heka...- le susurró el chico, tomándola de una mano y hablándole al oído, pero su amiga apenas escuchaba. Como parecía que el duelo de titanes había finalizado, los demás compañeros de clase comenzaron a desfilar en dirección al aula y Jackson se quedó rezagado a propósito, acercándose a los dos chicos.
-No te preocupes, gatita.- le sonrió acercándose y tomando a la chica por la barbilla, gesto que Heka declinó de un manotazo.- No pretendía meterme contigo. Si lo hubiera hecho, probablemente ahora estarías llorando en uno de los lavabos.- Heka lo fulminó con la mirada, temblando de ira. Hacía verdaderos esfuerzos por no partirle la cara allí mismo. Lo más seguro, es que el rumor de que la chica se había encerrado en los lavabos del tercer piso el primer día de clases, había llegado a sus oídos a través de alguna de sus chismosas amigas.- Es más, estás muy sexy cuando te enfadas...¿no te lo habían dicho nunca?
-Piérdete, Jackson.- siseó Harry, utilizando un tono de voz peligroso. Heka apartó la mirada de la escena y Jackson entornó los ojos, mirando a uno y luego a otro como si analizara la situación.
-Ya veo.- murmuró más para sí mismo que para los demás.- Por cierto, Oldman, dile a tu amiga Hermione que podía pasarse a vernos algún que otro día...me gustaría charlar con ella.- los músculos de la cara de Harry se contrajeron en un gesto de indignación, mientras Jackson les daba la espalda y se dirigía hacia el interior del aula. El arrogante muchacho había conocido a Hermione en los primeros días de Academia, cuando la chica había ido a visitar a Harry y a Ron. Desde el primer momento, parecía haber estado interesado en ella, pero Hermione no estaba muy por la labor de entablar amistad con alguien que fuera del sexo masculino y que no fuera alguno de sus mejores amigos. Así que pese a los encuentros "casuales", como los llamaba Jackson, que habían tenido, no había podido sacar partido de su encanto natural del que le había dotado la vida, pero había quedado obsesionado con conquistarla y cada vez que Hermione pisaba la Academia se las ingeniaba para estar allí. Harry sabía que Jackson era el mayor de los cabrones con las chicas y que no dudaría en utilizar a su amiga como trofeo y por supuesto, no estaba dispuesto a tolerarlo.
-¡Chicos¿Entráis?- Harry levantó la cabeza lo justo, para ver como Ron, Neville y Troy esperaban en la puerta de entrada. Ginny parecía haber tenido Pociones con Snape en la clase anterior, porque su curso salía en ese momento del aula y la chica se había parado a saludar a sus amigos.
-Se le contrajo la cara al verme.- explicaba arropándose bien con su capa. Al parecer, el clima helado de la mazmorra no había variado.- Se ha pasado toda la clase con un tic en la ceja izquierda y evitando por todos los medios encontrarse con mi cara. La única vez que ha pasado para revisar mi caldero ha puesto su habitual voz amenazante y me ha dicho "Señorita Weasley, ese color no es azul es verde y la Poción tenía que tener el tono que he indicado en la pizarra". Y lo peor es que cuando le he preguntado si era daltónico me ha desvanecido el brebaje y ha ido a anotar algo a su cuaderno, seguro que un cero.
-¿Por qué os tiene tanta manía ese profesor?- inquirió Troy mirando de reojo como Heka y Harry se acercaban. Ginny, que acababa de percatarse también de la presencia de su novio y compañera, procuró desviar la mirada disimuladamente.
-Éramos de Gryffindor.- explicó Harry secamente, llegando a la altura de Troy.- Snape odiaba a todos los que le hacían competencia a su casa, Slytherin. Y nosotros éramos los principales candidatos.-. Troy abrió la boca ligeramente, al parecer, no acababa de comprender la rivalidad entre las cuatro casas de Hogwarts y no estaba muy seguro de querer entrar en el aula de un profesor que había sido un mortífago.- Ron¿ya le has contado el cuento de que Snape era mortífago?- preguntó Harry, claramente enfurecido. Se suponía que ellos no habían tenido ninguna relación con el profesor más que la de simples estudiantes y que cuanto menos se nombraran las vivencias pasadas, mucho mejor. No estaban ahí para sacar trapos sucios, precisamente y debían actuar con Snape como si fueran estudiantes corrientes y viceversa, aunque sabía que aquello no iba a ser posible. Puede que Snape lo hubiese ayudado con la Poción que le salvó la vida a Christine y que él le hubiera salvado la vida a cambio, pero los rencores no se habían adormecido.
-Bueno...- susurró Ron en tono confidencial y ladeando la cabeza de un lado a otro, mirando a ver si los podían escuchar.- Lo cierto es que fue espía de la Orden del Fénix.
-¿En serio?- inquirió Troy emocionado. Harry puso los ojos en blancos. Si Ron continuaba hablando dos minutos más, acabaría diciéndole mucho más de lo que debiera. Heka, que había visto su preocupación, se apresuró a sacarlo del apuro.
-Entremos o Snape va a empezar a odiarnos doblemente.- apuntó y colgándose bien su mochila, fue la primera en ingresar en el aula. Ron, Neville y Troy, resignados a la evidencia, la siguieron. Harry y Ginny se quedaron solos en la oscuridad de los corredores. Parecían dos desconocidos guardando prudentemente la distancia. Se evaluaban y analizaban con cada mirada, con cada gesto, con cada palabra que no llegaban a pronunciar.
Hacía tres días que no habían cruzado más que las palabras precisas, desde la reunión en el despacho de Dumbledore. Desde entonces, Harry la había ignorado por completo y se había afincado a su entrenamiento con Christine, donde una y otra vez, salía humillado por el arcángel. Era tal su estado de frustración, que involuntariamente, su mente le había jugado la mala pasada de pensar que si se había ablandado era por culpa de Ginny y que tenerla a su lado no le convenía si deseaba ser de nuevo el Salvador.
Pero por otro lado, se sentía flaquear cada vez que se perdía en esos ojos que le pedían a súplicas que no participara en una guerra que volvía a tener el sello de la muerte demasiado próximo. Ahora, teniéndola al alcance de sus manos, a sólo un par de metros de distancia, sentía la necesidad íntegra de acercarse a ella, de oler su piel y besar sus labios como tantas otras veces había hecho en el pasado.
Una vez, su relación con Ginny había quedado prohibida por su condición y soportar el vacío de sentirse sin ella había resultado casi imposible y ahora, ellos mismos, ambos con parte de culpa y razón al mismo tiempo, se habían distanciado. Ya no era lo mismo, ya no podían mirarse a los ojos y saber lo que pasaba por la cabeza del otro, ya no sentían esa simultaneidad que los había unido durante aquellos años, pareciese que toda su relación perfecta que habían llevado a cabo sin ningún tipo de problema, se hubiese evaporado como el humo, se hubiese extinguido.
Pero continuaba habiendo esa necesidad del uno del otro, esa dependencia. Porque, lo quisieran o no, el destino los habían entrelazado caprichosamente. Ginny era esperanza y Harry necesitaba obligatoriamente esa esperanza para poder continuar viviendo, así que, cuanto más se alejaran el uno del otro, más dolor sentirían ambos. Estaban conectados además, como arcángel y protegido, no sobre la mesa, pero sí espiritualmente. Ambos debían cuidar del otro y no lo estaban haciendo.
Se estaban castigando con el silencio, con la rudeza, con la indiferencia, se estaban juzgando por razones que ninguno comprendía. Pero, igualmente, existía ese lazo de afecto.
Ahora, lejos de ella, a Harry le faltaba el oxígeno, era como tenerlo al alcance de las manos y empeñarse en no cogerlo, como sumergirse en el agua y resistirse a salir a la superficie, aún cuando su cuerpo le pedía desesperadamente que lo hiciera. Sentía la terrible necesidad de acercarse a ella y fundirse en un abrazo, pero su orgullo y su pensamiento de traición, se lo impedían.
-Tengo que irme...- Ginny rompió el silencio. Ella también se estaba muriendo por ver la debilidad de Harry frente a su parte fría. Se estaba perdiendo en pensamientos que empezaban por tomarle de la mano y saltarse las clases en una escapada a un lugar donde pudieran estar solos. Pero no lo hizo. Había interpretado una vez el papel de tonta, había esperado una y otra vez un gesto de cariño, de amor, de respeto por parte de un Harry que le había causado mucho sufrimiento. No volvería a rebajarse a ello, por mucho que le pesara. No era orgullo, era convicción en sí misma, en que sus pensamientos, eran más un presentimiento de lo que podía acontecer en el futuro y si su novio no estaba dispuesto a creerle, ella no volvería a luchar por convencerlo. Harry ya era una persona adulta y no iba a esperar a que madurara.
-¿Estás contenta ya?- le espetó el chico cuando ella ya había hecho el amago de darse la vuelta. Su voz era tan gélida como de costumbre y gastaba un tono sarcástico que pretendía arañarle el alma.
-¿Perdón?- preguntó Ginny, totalmente anonadada, pese a que había escuchado perfectamente.- ¿Crees que es esto lo que quiero?
-Quizás.- Harry se aproximó hacia ella y se colocó muy de cerca, de modo que Ginny tenía que alzar la barbilla para mirarle a la cara. Era tal la proximidad, que la chica podía oler a Agua Brava, la colonia que gastaba su novio.- O puede que me hayas buscado sustituto.- no supo porqué, pero las palabras habían fluido de su boca con una rapidez aplastante. Había logrado penetrar en la mente de Ginny en el instante en que Troy y ella hablaban tan animadamente y no sabía porqué. Su subconsciente le había jugado esa mala pasada. Sin quererlo, recordaba gestos, sonrisas, palabras...cosas...como cuando Ginny solía decir que Troy se parecía a él, pero en rubio, como cuando las mejillas de su amigo se encendían al ver a la chica, o como ahora, cuyos pensamientos de Ginny habían expresado lo bien que se sentía al lado del muchacho. Le estaba cegando un odio por dentro, unos celos que no había sentido jamás, pues Ginny siempre había estado allí para él. Había sido como un objeto al que había tomado y dejado voluntariamente, que lo esperaba, que parecía intacto pese a recibir un golpe tras otro y ahora, por primera vez en la vida, lo sentía lejos, muy lejos...
-¿Por qué me ofendes de esta manera, Harry?- susurró Ginny. Parecía de piedra. La frialdad del chico había rebotado contra ella como una pelota de frontón. No había lágrimas, ni tampoco tristeza, sólo decepción.- Yo nunca te he dado motivos para...
-¿Y los pensamientos acerca de Troy no lo son?- Harry soltó una áspera carcajada. Era tal el cinismo de su voz que Ginny no puedo reconocer a su novio en ella.
-No tenías derecho a leerme la mente...a hurgar en mis sentimientos...- la chica se abrochó bien el último botón de la capa y colgándose bien la mochila al hombro, se dio media vuelta y salió corriendo escaleras arriba, rumbo al vestíbulo. Harry se pasó una mano por la cara, suspirando lánguidamente. No sabía lo que le había pasado, tal vez, era que a raíz de volver a los entrenamientos, por fin, éstos estaban dando su fruto y traían de vuelta a su lado más oscuro, más insensible.
-Hey...¿estás bien?- Harry sintió el abrazo de Heka a sus espaldas y su aliento cálido muy cerca del oído. No sabía porqué ni como, pero aquel contacto lo había reconfortado. Se sentía muy a gusto junto a Heka, sabiendo que podía confiar en ella y contarle todo lo que le ocurría. Asintió en silencio y le dio un beso en la mejilla, murmurando un "gracias" y adentrándose en la clase junto a ella antes de que Snape los castigara.
Detrás de ellos, dos siluetas emergían de entre la penumbra de una columna. Ambos habían presenciado todo. Orión dio un paso al frente y apretó el puño derecho de rabia. Chispas blancas salieron de sus manos. Lanzó una mirada fugaz a las escaleras donde se acababa de perder la figura de Ginny y luego la dirigió al resquicio de la puerta, por donde Heka y Harry avanzaban hacia el interior.
-Maldita sea...- masculló, entornando los ojos grises, que habían vuelto a tornarse oscuros. Una mano le tocó el hombro, masajeándolo.
-Vamos...- murmuró Anya, avanzando hacia el aula. Orión asintió en silencio y para cuando cruzaba el umbral de la clase de Pociones, sus ojos habían vuelto a adquirir su gris característico.
Snape fulminaba a sus nuevos alumnos con la mirada. El paso del tiempo no le había sentado bien al profesor. Llevaba el pelo ralo y algo más largo, tan grasiento como de costumbre pero vetado de alguna que otra tonalidad grisáceo.
Los pómulos se le habían cubierto de arrugas y las pupilas le habían empequeñecido. Todavía caminaba erguido y mostraba su habitual porte de señorío, que lo hacían temible entre el alumnado y su mirada impenetrable brillaba al contorno de los candelabros de las mazmorras.
Estaba sentado en su escritorio, con un par de frascos humeantes enfrente y un pergamino amarillento, que parecía ser la lista de nombres. La clase estaba en silencio evaluando a su nuevo maestro. Ni siquiera Alice y sus tontas amigas osaban comentar la poca estética que tenía el profesor al combinar la túnica negra con la capa oscura también.
Harry y sus amigos no habían tenido más remedio que afincarse en las primeras filas. Una vez pisada el aula, nadie había querido ocupar los puestos delanteros, porque la figura de Snape daba verdadero miedo.
El primer contacto visual con el hombre había sido un intercambio de rencor breve, pero intenso. Podían haber pasado los años, pero a Snape continuaba distorsionándosele el rostro cada vez que tenía enfrente a un Harry, que era la viva imagen de James Potter cuando tenía su edad.
Con un gesto tosco, tomó la lista de alumnos y comenzó a sisear como si estuviera advirtiendo de algo a sus nuevas víctimas, a las que iba a tratar duramente. Pronunció el nombre de Alice y levantó ligeramente la barbilla para fijarse en la chica. Haciendo una mueca de disgusto al ver las pulseritas de colorines que su alumna llevaba en las muñecas, continuó con el segundo nombre.
-Orion Black...- Snape se detuvo en seco y quedó prendido del trazo a pluma que había efectuado la caligrafía curvada de Dumbledore. Su corazón había comenzado a palpitar apresuradamente y el pulso se le aceleraba. Cerrando los ojos un instante, respiró hondo y volvió a bajar la cabeza hacia el pergamino, convencido de que su mente le había jugado una mala pasada, al ver a Potter mirarle con la arrogancia que lo había hecho su padrino en el pasado. Pero no. Su mente no le había engañado. Allí estaba, claramente, el apellido Black impreso sobre el papiro. Y no una vez, sino dos. Bajo al nombre de Orión Black, rezaba también el de Anya Black.
La clase entera se había fundido en un barullo de cuchicheos. Nadie entendía porqué por segunda vez en el curso, los nombres de esos alumnos tan extraños, que no hablaban con nadie y siempre vestían de negro, habían captado el interés de otro profesor y habían generado un nuevo conflicto.
Ambos muchachos, que habían entrado los últimos al aula, como era ya costumbre, estaban sentados muy cerca de la mesa de Snape, pero el profesor no había reparado en ellos hasta el momento. Dos hileras más a la derecha, los dientes de Heka rechinaban de rabia. Había tratado de acercarse a esos dos chicos durante los primeros días de clase, pero siempre se habían mostrado demasiado escurridizos y ella había tenido que aguantar como el apellido Black, que tanto odiaba, se repetía continuamente en una clase tras otra.
Por fin, a sabiendas de que no podía continuar ignorando la evidencia, Snape alzó la cabeza de sus notas y clavó sus profundos ojos negros en los grises de Orión. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Vio la cabellera azabache, sobre los hombros, vio la misma complexión física, vio el rostro moreno y atractivo y por fin, vio aquellos ojos que lo habían perseguido en sus propios recuerdos, en sus pensamientos y en sus pesadillas, en su triste infancia. Los vio burlones, como siempre que su enemigo de la infancia le miraba, los vio arrogantes, cargados de una presunción y una seguridad mortal en sí mismo. Vio a Sirius Black.
-¿Qué le pasa a Snape?- le susurró Troy a Ron por lo bajo.- Se ha puesto pálido.- Ron se encogió de hombros, pero lanzó una mirada furibunda a Harry, que no se perdía ni uno solo de los intercambios de mirada que había entre su profesor y aquel extraño muchacho. Miró a Orión de la misma manera en la que lo hacía Snape y pese a que encontró algo que se le hacía familiar en él, no pudo asociarlo a nada conocido, o a todo quizás. Orión escondía muchos misterios dentro de sí mismo y tenía mil caras que mostrar. Snape había visto una de ellas, pero al fijarse mejor, al observarlo por segunda vez encontró a aquel muchacho rasgos que lo distinguían claramente de su enemigo de la infancia, pero que igualmente, reconocía.
Fue sólo perceptible para Snape, pero cuando sus miradas se entrecruzaron, Orión sonrió con autosuficiencia. Al mirar una vez más, la sonrisa había desaparecido y el chico mostraba la misma estupefacción que el resto de sus compañeros, como si no comprendiera el porqué el profesor lo miraba de aquella manera. Snape se restregó los ojos con gesto casado. ¿Se había imaginado aquella sonrisa?
Reponiéndose, continuó pasando lista. Pronunció el nombre de Anya Black y un nuevo sentimiento se le anidó en el pecho, pero en aquella ocasión, reaccionó con mayor rapidez. El pelo de Anya también era oscuro como el azabache y sus ojos, pese a que no se parecían a los de Orión, tenían la misma mirada anclada en ellos.
Snape no volvió a tener problemas con los nombres hasta que pronunció el de Neville Longbotton al que recibió con una mueca de disgusto, para luego mostrar la misma indiferencia recalcando el apellido Oldman, el de Harry. Para cuando llegó al de Ron, el repertorio de miradas asesinas aún le dejaba una última para el muchacho, que muy contrariamente a lo que habría hecho de pequeño, no se encogió en su asiento.
Más cansado de lo que se había sentido en la vida, Snape guardó la lista en la cajonera y comenzó a explicar el funcionamiento de su asignatura hablando mecánicamente y sin poder evitar lanzar miradas furibundas a aquellos extraños chicos. Después, colocó en la pizarra unas instrucciones y pidió a sus alumnos que comenzaran a realizar una poción que creía sencilla, mientras él explicaba sus propiedades.
-¿Sencilla¿Sencilla?- replicaba Neville calentando el agua de su recipiente y totalmente enfuruñado.- En cuatro años que llevo estudiado en la maldita Academia no han puesto una poción tan difícil jamás.
-Cállate Neville, que nos va a oír.- le susurró Troy por lo bajo, que estaba sentado a su lado. Neville no dijo nada más, pero se sintió orgulloso cuando las protestas de Ron se unieron a las suyas. Por su parte, Heka y Harry, que estaban sentados en la misma mesa, habían comenzado a cortar en pedacitos los primeros ingredientes.
-¿Cinco gramos de piel de camaleón, no es así?- le murmuraba la chica a su amigo, mientras se releían las instrucciones y trabajaban sobre la marcha.
-Sí, pero no te olvides del bezoar.
-¡Ah, sí!
-Vaya, vaya...señor Oldman...así que en la primera clase ya está usted tratando de ayudar a sus compañeros...- Harry sintió la voz fría de Snape en su espalda y se dio ligeramente la vuelta. No le había gustado para nada el tono que había utilizado su profesor al pronunciar su apellido. Había un claro deje de rencor en la mirada fulminante de Snape.
-En la Academia podíamos trabajar por parejas, profesor.- replicó Heka, tan pancha, hablándole a Snape como si fuera el mono del circo, más que su maestro de Pociones. A Heka, no le gustaban los mortífagos y no era capaz de perdonar a ninguno que lo hubiera sido, por muchas razones que lo justificaran y Snape, con su sonrisa maliciosa y su manera de tratar a Harry, unido a todo lo que le habían contado de él, no le agradaba en absoluto, teniendo en cuenta además, que era muy amigo de Lucius Malfoy, uno de los asesinos de su familia.- Decían que hay que fomentar el compañerismo y la complicidad a la hora de ser Auror, puesto que el trabajo en equipo es muy importante.- Snape la fulminó con la mirada, pero Heka no se amilanó.
-Pero resulta, señorita Odria, que ahora no está usted en la Academia y que en mi clase, no quiero soplones para gente incompetente como usted, que olvida a la primera de cambio que si no se añade el Bezoar antes que la piel de camaleón la poción puede tener una reacción química que haga estallar esta aula en mil pedazos.- lo había dicho de carrerilla y subiendo el tono de voz a medida que hablaba. Heka retiró la mirada del rostro cetrino de Snape y se mordió el labio inferior, enrabietada.
-Creo que lo ha entendido perfectamente, profesor.- remarcó Harry lanzándole una mirada significativa.- No tiene porque levantar la voz.- Snape se inclinó hacia delante, hasta que sus labios estuvieron muy cerca del oído del chico y entonces le susurró:
-Ten mucho cuidado este curso conmigo, Potter. Porque te voy a estar vigilando.- el hombre se retiró rápidamente del lado del muchacho, sin esperar la reacción de Harry que parecía querer estampar a Snape contra la pizarra y cuya energía había comenzado a recorrer su cuerpo más rápidamente de lo normal. Ante este hecho, en la mesa de al lado, Anya y Orión levantaron las cabezas de sus calderos, alarmados y observaron a Harry prudentemente. Habían sentido ese desate de poder.
El resto de la clase doble de Pociones sucedió sin ningún incidente más. Snape muy pronto dio a conocer su verdadera personalidad dañina y se paseaba de un lugar a otro criticando los brebajes de los alumnos, en especial, había acribillado a Neville y a Ron y por supuesto, parecía torcer el gesto cada vez que se deslizaba por la mesa de Harry.
Nadie en la clase entendía muy bien porque el primer día y sin conocerlos, Snape podía mostrar tanto rencor por alguno de sus estudiantes, pero se mantenían en silencio y calladitos por si el profesor decidía cambiar de blancos.
Por los únicos pupitres que no pasó Snape fue por los de los hermanos Black. Los muchachos no hablaban en absoluto y ambos estaban concentrados en la poción que realizaban y que les estaba quedando perfecta. Aquel, fue el segundo impacto que se llevó el odioso profesor al recibir el frasco de aquellos alumnos tan enigmáticos. Observó el tono rojizo del recipiente y fue incapaz de no mostrarse sorprendido. Únicamente, había un alumno que lo había hecho igual: Harry Potter.
-Esperen.- siseó Snape cuando los dos chicos ya estaban dispuestos a marcharse y sin dignarse siquiera a alzar la cabeza de sus notas. Harry, Heka y Ron, que se habían quedado rezagados a propósito para escuchar, fingieron estar ocupados en limpiar una mancha que Neville había derramado sobre la mesa. Anya y Orión se detuvieron, se miraron entre sí y mentalmente sonrieron misteriosamente.- ¿Es correcto el apellido Black?- Orión, que siempre parecía llevar la voz cantante del dúo, dio un paso al frente.
-Es correcto, señor.- habló en un tono de voz cordial, pero terriblemente frío. Snape, incapaz de apartar sus ojos oscuros de aquellos grisáceos, se quedó unos segundos en silencio, tratando de analizar el cúmulo de sentimientos que se arremolinaban en su interior. La sola presencia de ese muchacho la detestaba y no comprendía porqué. Pero intuía en su interior un gran mal...No obstante, se repuso. No podía dejarse embrujar bajo la mirada de aquel muchacho y por primera vez se dio cuenta de algo: había un tipo de magia en su interior que lo hipnotizaba...y Orión parecía controlar aquella habilidad con la mirada.
-Sabe usted que eso no es posible, Black.- repuso Snape y se levantó bruscamente del asiento. Si esperaba que Orión se pudiera nervioso ante aquella amenazadora forma de acusarle de algo, se equivocaba. El chico volvía a sonreír y pudo percatarse de que su hermana también lo hacía. Unos metros más atrás, Harry y sus amigos lo estaban escuchando todo. Nadie había reparado en su presencia y pese a que sabía que aquello era imposible, escuchar el apellido Black se le antojaba un modo de estar más cerca de Sirius, pero a la vez, de incertidumbre.- Conozco muy bien las ramas de las familias de sangre pura...y le aseguro que ustedes no están entre...
-Muy astuto...Severus Snape...- siseó Orión entornando los ojos. El tono gélido en el que pronunció su nombre completo, no agradó en absoluto al profesor. Quiso moverse, apartar la mirada de esos ojos que lo castigaban, pero se encontró totalmente paralizado, sin opciones de deshacerse de aquel embrujo y sintió el poder. El poder más mortífero que había experimentado hasta la fecha y que estaba escondido no sólo en el cuerpo de ese muchacho, sino también en el de la chica.- Le aconsejo que se no se acerque a nosotros...no solemos dar segundas oportunidades...- la opresión que se anidaba en Snape desapareció. El profesor se encontró a sí mismo jadeando y sujetándose en la silla para sostener el peso de su cuerpo.
-¿Quiénes...quiénes...?
-Muy pronto lo averiguará. O quizás no.- respondió Orión y se colocó bien la mochila que le colgaba del hombro.- Mientras tanto, deje de buscar en sus fantasmas internos, profesor, o va a encontrar algo que no le agradaría...- ambos muchachos se dieron la vuelta y entonces, se toparon con los rostros sorprendidos de Harry, Ron y Heka. Cuando pasaron por su lado, mostrando la misma expresión que habría adoptado el póster de la luz, Heka trató de adelantarse un paso hacia ellos, pero Harry la tomó por la muñeca y la detuvo. En ese punto, Orión se giró y les sonrió arrogantemente.
-Sabia decisión, Oldman...- recalcó su apellido con acidez y Harry sintió como un nudo le impedía tragar con normalidad. Él también había sentido ese poder y estaba tan sorprendido o más que Snape, puesto que la energía que se acumulaba en aquellos muchachos no era del todo...normal.
-¡Te digo que tenías que haberme dejado partirle la cara!- exclamó Heka furiosa. El entrecejo le bailaba en un tic de irritación. Harry sólo la había visto en ese estado en una ocasión: la vez que le había contado lo de la muerte de su familia. Caminaban en dirección al vestíbulo, para salir a los jardines a disfrutar del recreo, pero tanto a Ron, como al propio Harry, les costaba seguir los pasos sulfurados de la chica.
Estaba muy enfadada con su amigo por no haberle permitido acercarse a aquellos dos desconocidos que llevaban por señas el apellido Black, por haberle robado la oportunidad de averiguar los lazos que los unían a esa familia. No obstante, Heka no necesitaba muchas explicaciones. No le hacía falta saber si era cierto o no que pertenecían a ella pues sus miradas hablaban por ellos. Eran fríos, arrogantes incluso sarcásticos y el hecho de que hubiesen hablado a Snape con tanta familiaridad sólo podía significar una cosa: que lo conocían de antemano, al menos, por oídas.
-Por favor, reacciona.- suplicó Harry por enésima vez. Heka abrió el portón de madera caducada y la luz del sol les bañó el rostro. Hacía una mañana calurosa, un par de nubes empañaban el estampado de colores que reflejaba la estrella espejándose en el lago. Los terrenos de Hogwarts estaban a rebosar de estudiantes. Silbaba un viento tibio pero molesto, típico de la estación del año, que solía producir dolor de oídos y de cabeza.- He sentido algo inquietante en aquellos dos chicos...Heka, te lo suplico, no te acerques a ellos...
-¿Qué no me acerque a ellos?- bramó la chica caminando con soltura. No tenía rumbo fijo, parecía que se dirigía a las proximidades del bosque prohibido, quizás, para buscar el silencio que le inspiraba la calma, la calma antes de la tormenta...- ¿te has vuelto loco¡Ellos son de la familia Black!
-Eso es mentira, Heka.- replicó Harry. Le lanzó una mirada de auxilio a Ron, pero su amigo se limitaba a perseguirlos como si estuviera en una cacería de pitones en la selva y a negar con la cabeza, como si pensara que no se debía inmiscuir en aquel asunto. Pero por primera vez, Harry deseaba que se inmiscuyera.- Escúchame, por favor.- contra su voluntad, la muchacha se detuvo y fulminó a su amigo con la mirada.- Conozco a esa familia, vi ese maldito tapiz en la casa de Sirius y te aseguro que los nombres de Orión y de...
-¡Pero porqué no quieres ver lo evidente, joder!- le gritó Heka, totalmente fuera de control. Harry se detuvo en seco, paralizado. No era lo que decía, sino en la forma en la que lo hacía. La chica parecía estar expuesta a una presión demasiado grande, como si sintiese algo que los demás no podían sentir.- Estás embarrado con el recuerdo de Sirius y tus ojos no te permiten ver que dentro de los de ellos hay algo de Black. ¡Mírales, por el amor de Dios¡Mira sus ojos, Harry¡Sé que tienes que sentirlo!- Harry suspiró lánguidamente, sonrió melancólicamente y le tomó una mano a la chica. Ante aquel contacto, el labio inferior de Heka comenzó a temblar.
-Sólo veo un poder oculto tras ellos...veo peligro...veo odio en sus ojos...y no sé explicar porqué, pero deberías alejarte de ellos.
-Mientes.- replicó Ron, tomando la palabra por primera vez. Ninguno de los tres, tan metidos en su conversación, se percataron de que unos metros más adelante, pegados a la línea del bosque prohibido, tomados de la mano y duchados por aquella melodía que producía el cuerno de algún centauro lejano, una pareja paseaba entre la maleza, entre las huellas que habían dejado los niños del pasado, ellos mismos cuando habían penetrado una y otra vez en aquel lugar prohibido.- Tú no ves únicamente rencor y peligro en ellos...- Harry se giró para mirar a Ron a los ojos y se pasó una mano por la cara, cansadamente.
-Tienes razón.- afirmó.- Siento algo especial dentro de mí, como si sólo yo pudiera ver un lado bueno en sus miradas tan frías. Pero ese lado se extingue...es pequeño...
-¿Cómo puedes sentir eso?- preguntó Heka. Se había quedado paralizada. Sabía del poder de Harry, pero se suponía, que si las emociones de Anya y Orión no eran lo suficientemente alarmantes, Harry no debía sentir todo aquello, a menos que fueran sus...protegidos. Pero su amigo jamás llegó a responder a aquella pregunta, porque en ese instante, sus ojos se le agrandaron, al levantar la cabeza por encima del hombro de Ron. El tiempo se detuvo, la brisa de anuncia otoñal se apagó como un suspiro, los pájaros cesaron su canto, el sol dejó de brillar un segundo y el mundo entero dejó de rodar para presenciar aquella imagen.
Harry comenzó a caminar, sin percatarse de que lo hacía, con Heka y Ron detrás, que estaban igual de sorprendidos. Apartó los arbustos que le salieron al paso, brincó por entre el viejo huerto de las calabazas de Hagrid, ignoró la llamada de sus amigos y casi resbaló por un pequeño terraplén antes de presentarte delante de las dos figuras.
Ninguna de las dos se percataron de su presencia, pues estaban de espaldas a él. Iba a salir, carraspear y darse a conocer, pero sus voces lo encandilaron, lo detuvieron, lo amansaron.
-Gracias por escucharme, Troy.- susurró Ginny y se acercó a la cara del chico para darle un suave beso en la mejilla, un beso, que para cualquiera que no fuera su novio, habría sabido a inocencia.- Harry ya no lo hace.
-Dale tiempo.- suspiró el muchacho. Sus mejillas ya no se encendían, su voz ya no se quebraba, había conocido la amistad de Ginny Weasley y la prefería a algo más que rompiera ese lazo de unión, de afecto, de cariño. No necesitaba mucho más. Había vivido en las sombras durante cinco años con el pensamiento de que acabaría por volverse loco viviendo en aquel silencio, en aquella mentira, pero se había equivocado de cabo a rabo. Harry le había ofrecido su amistad sincera, le había proporcionado su confianza y jamás la iba a traicionar. Ni tampoco la que Ginny estaba posando sobre él.- No tienes porqué luchar sino lo deseas...nadie te obliga.
-Me obliga mi corazón, Troy. Me obligan...mis principios.- la chica bajó la mirada, pero Troy le puso el índice sobre la barbilla y se la levantó.
-Tienes unos ojos demasiado bonitos como para esconderlos.- Ginny, incapaz de percibir que en aquellas palabras había algo más que amistad, se abrazó a él buscando un gesto de cariño que no había recibido por parte de Harry. La guerra la estaba consumiendo, la estaba hundiendo, la estaba arrastrando de nuevo a su pasado, un pasado, que había jurado esconder en un baúl de recuerdos, presos de una llave que hacía años había lanzado al fondo del mar. Y lo peor, es que todavía no había comenzado. Todavía no se imaginaba a qué calibre podía llegar la situación, pero lo intuía. Era como si su sentido común, aquel que la había guiado en los peores momentos de la anterior guerra, le estuviese recordando una vez más, que el peligro se deslizaba como un animal moribundo, solo en la noche, buscando un rastro al que atrapar y que aquel rastro, tenía nombre y apellidos. Era una cortina agónica que se merendaba toda su luz de esperanza, toda su fuerza y su fe, que la dejaba vacía. Era...un mal presagio.- Habla con Harry, acabará por entenderte. Y sino lo hace...no sabe lo que se está perdiendo.
-Hablas con la palabra de un hombre que no ha visto la guerra.- Harry salió de su escondite. Troy y Ginny soltaron sus manos como latigazos y se dieron la vuelta asustados. Los ojos del chico mostraban una frialdad incalculable y su voz se había cargado de gelidez. Detrás de ellos, jadeando, se acercaron Ron y Heka. Ambos tenían la mirada clavada en la escena al descubierto, en el doble juego a traición, mucho se estaban equivocando. Ginny, totalmente atormentada por los juegos con los que el destino disfrutaba castigándolos, salió corriendo de la escena del "crimen", con la cabeza levantada tal y como le había dicho su amigo. Sólo necesitaba la compañía de alguien y Troy se había presentado en el momento preciso, en el lugar preciso y la había invitado a hablar. ¿Por qué la vida había querido que Harry viese espíritus donde no los había? Ron hizo el amago de correr tras su hermana, pero la voz de Harry lo retuvo.- Déjala ir. Olvida lo que has visto.
-Pero si...
-Ginny no te está engañando, Harry.- amenazó Troy con la mirada clavada en la del chico. Gesto propio de aquellos que hablaban con la verdad.- Me ha contado tus sospechas respecto a nosotros y debo decir que...
-Tú la quieres...- susurró Harry y Troy, aquella vez, sí bajó la barbilla. No podía mentir, no a Harry, no podía ocultar la verdad por más tiempo aunque aquello causara más sufrimiento. Troy era una persona sincera, que siempre le había gustado portar todo por delante, no dejar cabos sueltos en la vida y detestaría tener que fingir que todo iba bien cuando era mentira.
-Es verdad. Pero ella te quiere a ti.- confirmó el chico. Veía los ojos de su amigo, cargados de un rencor que no había visualizado en los cinco años que lo conocía y no podía reconocerlo en aquellos ojos que siempre habían inspirado simpatía. ¿Qué había cambiado en el interior de Harry que se asemejaba a otra persona?- Puedes pegarme si así lo deseas...no te lo impediré. Supongo que piensas que me lo merezco.- Troy cerró los ojos, esperando el impacto, pero éste nunca se produjo. Harry se dio la vuelta en otra dirección distinta a la de Heka y Ron, para que le dejasen solo y se dispuso a marcharse.
-Gracias.- Troy abrió los ojos, incapaz de creer lo que estaba viendo.
-¿Por qué?- logró articular.
-Por ser sincero.- Harry salió caminando, abriéndose paso entre la maleza y con un pensamiento surcando su mente: cada día tenía a Ginny más lejos de su alcance, pero no se había equivocado. Troy, era un buen muchacho.
Hacía mucho calor, sentía como todo su rostro se contorsionaba en una mueca agónica. Quería escapar de aquel embrujo que lo abrazaba, que lo atrapaba, que lo arrastraba a viejos recuerdos que había lanzado al olvido, que su mente había decidido eliminar. Lamentablemente, existían. Alan había creado una pared que dividía su vida pasada de la nueva, pero ni el poder de los Mayores ni el de la Unión de las Cuatro Sangres habían podido eliminar la existencia de sus nueve meses de vida anterior.
Por eso los sueños, los flashes de momentos que no podía visualizar, lo atormentaban. Y esa voz...
"Tienes que recordar..."
"Recuerda quien fuiste, lo que fuiste y como viviste..."
"Recuerda a tu padre..."
"Recuérdame, Alan..."
Alan se despertó bruscamente. La habitación en la que dormía estaba a oscuras. Dormía sin camiseta y el sudor le resbalaba a través de pecho y brazos y su frente estaba completamente empapada. Las sábanas estaban revueltas al pie de la cama y por los tibios rayos de luna que se colaban a través de los agujeros de la persiana, pudo distinguir que todavía era de noche.
Jadeando, se sentó en un borde y se pasó las manos por el cabello, echándoselo hacia atrás. Le molestaba toda la mata azabache, así que se lo recogió en una coleta baja, con una goma gris que llevaba en la muñeca.
Esa voz cada día lo atormentaba más. Soñaba una noche tras otra con ella, con imágenes que habría querido encerrar bajo llave, con recuerdos que invadían su mente, pero que por alguna extraña razón, acudían a él forzosamente.
Alan no sabía mucho de la magia, pero sí estaba seguro de haber oído decir a su madre que era posible borrar la memoria de alguien y no le cabía duda que eso era lo que habían hecho con él. De lo contrario, no sentiría una punzada de dolor en la nuca cada vez que las visiones de una infancia que no recordaba haber vivido, regresaban a su cabeza.
Sigilosamente, se puso en pie y caminó hacia su escritorio. Rebuscó entre los cajones y extrajo lo que parecía una simple pelota de tenis. Colocó ambas manos alrededor de ella, se dejó caer en la silla de madera y cerró los ojos. Pasaron unos segundos hasta que la bola comenzó a brillar y se transformó en la imagen nítida de un hombre joven, de cabellos castaños y ojos de color amielado. Su padre.
Alan retiró las manos de la pelota, pero ésta continuaba brillando. Lo haría mientras mantuviera en su mente el recuerdo de aquel hombre. Suspiró y se secó con el brazo nuevas gotas de sudor.
Lupin le había dicho que su padre, su verdadero padre, había muerto, pero él no lo creía. Ahora estaba seguro que el hombre de los recortes de periódico era la misma persona que se representaba en sus pesadillas. Estaba totalmente convencido de que su padre le estaba enviando un mensaje y debía descifrarlo para poder llegar hasta él, para encontrarlo...No le cabía la menor duda de que Daniel Rice, estuviese donde estuviese, debía de estar vivo y le estaba contando la verdad, una verdad, que le habían ocultado durante mucho tiempo.
Quizás, lo más prudente hubiera sido hablarle de esas pesadillas a Christine, seguro que su madre lo habría solucionado, seguro que el arcángel podía explicarle porqué se sentía así y cuál era el verdadero motivo de aquellos sueños, pero por orgullo y por el convencimiento de que su madre le estaba ocultando muchísimos datos, no lo hizo. Si lo hubiera hecho, si hubiera recorrido el corredor y hubiese entrado en la habitación de Christine o del propio Harry, nada de lo que meses más tarde acontecería, hubiese ocurrido. Naturalmente, Alan no podía saberlo, pero había alguien que sí lo sabía por él.
Ian abrió los ojos rojizos y las llamas relamieron sus pupilas. Se dio cuenta de que estaba sudando sangre, pero no le importaba. De hecho, siempre había visto correcto el castigo físico para evadir el espiritual. Estaba de acuerdo con viejas creencias de que el dolor siempre era un sabio consejero, el mejor de los amigos, el que sin duda, educaba a un hombre. Era su código.
Ian nunca dejaba a una víctima morir sin antes haberle hecho experimentar aquella placentera lección. De hecho, le excitaba. No había nada mejor en el mundo que oír los gritos de sus enemigos suplicando clemencia, retorciéndose en el suelo, agonizando.
Únicamente con aquel pensamiento, una sonrisa demente cruzó su rostro. Acababa de volver a hacer una visita a su próxima víctima y cada vez sacaba más en claro con ellas. Imaginaba una daga dibujando formas demoníacas en aquel crío, en su carne tierna y suave tan característica de los niños y se llenaba de impaciencia. No tendría que esperar mucho.
-Ha resultado más sencillo de lo que imaginé...- canturreó en un siseo espectral. Parecía que las paredes rocosas de aquellas cavernas de sus antepasados pudiesen escuchar sus sarcásticas oraciones. Apenas transpiraba el aire por ellas y Ian sabía que ningún ser humano podía soportar vivir ahí debajo más de tres días seguidos sin asfixiarse, pero él no era un ser humano corriente.
Llevaba más de una semana sin ver el azul del cielo o sentir el oxígeno llenando completamente sus pulmones, pero no le importaba. Era cierto que hablaba a jadeos, que sudaba continuamente, incluso que su cuerpo comenzaba a sufrir las consecuencias del cansancio, pero era un castigo que se permitía, para recordarse a sí mismo lo mucho que había sufrido e incrementar así su ira y su odio.
También se había puesto una penitencia en cuanto al agua. No comía ni bebía desde hacía cuatro días, pero nuevamente, su ansia de venganza le ayudaba a sobreponerse.
Ian pensaba que ese duro auto castigo le ayudaría a continuar siendo igual de poderoso e insensible frente a sus enemigos y no se equivocaba.
Aquellos cinco años le habían enseñado lo que toda una vida de placeres y buena comida no habrían podido otorgarle. En el fondo, hasta la muerte de su familia le había causado un propio beneficio, aunque a un coste demasiado alto.
Se alejó de las llamas de la hoguera y comenzó a caminar en círculos, con las manos entrelazadas sobre la espalda y el rostro contraído en una mueca aséptica al recordar lo que le había hecho a algunos miembros de la Orden del Fénix, para obtener la información que deseaba.
A Emmeline Vance la había mantenido aislada en una prisión de cuatro metros cuadrados y llena de ratas durante cinco días hasta que la mujer, agonizando por las mordeduras de los animales, había rogado que la sacase de allí dando información sobre todo lo relacionado con Harry que sabía.
Con Hestia Jones había tenido una suerte inmensa. Había sido con ella con la que había averiguado casi de casualidad que Alan había regresado y que al parecer, gracias a la Unión de las Cuatro Sangres. Su tortura había sido envenenarla con unas Pociones de magia negra que causaban unas fiebres horribles y entre aquellos delirios, la mujer había confesado.
Ian sólo había elegido como presas a mujeres de la Orden, para poder después violarlas y disfrutar con ellas. Siempre se habían entendido mucho mejor con l sexo opuesto. No obstante, una vez obtenida la información las había curado y cuidado hasta dejarlas en perfectas condiciones, para luego desmemorizarlas con otras fuertes pociones, irreversibles. Así que, ninguna de las dos poseía secuelas aparentes cuando las había devuelto a sus casas y no habían podido informar a Dumbledore de lo ocurrido. Que el anciano director se enterara de la verdad era lo último que Ian deseaba, pues no quería que se inmiscuyera en sus planes hasta que su intervención no fuera de escasa utilidad. Y hasta ahora, lo estaba logrando. Nadie parecía haber advertido que el pequeño Alan estaba sufriendo terribles visitas de su peor enemigo.
La cavernosa estancia retumbó a su derecha y por la puerta de roble ingresó una figura alta y corpulenta, con una melena rubia y enmarañada, que caía sin gracia sobre una capa demasiado larga y agujereada. Los ojos grises y marcados por aquella extraña cicatriz en forma de garra, brillaron al contorno de las llamas, fulminando a Ian con el rencor que había almacenado en ellos.
-Hemos encontrado al primer cardenal del Cónclave, Ian.- gruñó Draco Malfoy, caminando sin ningún tipo de sigilo, pisoteando el suelo apedreado con sus botas de cuero. Los ojos de Ian se iluminaron ante tal revelación.- Está en Santiago de Compostela, España.- la voz ronca de Malfoy era música para sus oídos. Por fin, habían logrado hallar la presencia de la primera víctima verdadera y con ella, el principio de la destrucción de Harry Potter. No obstante, estaba sorprendido de que el viejo se encontrara precisamente en España, una tierra que no había pisado nunca y que no creía relación con Roma, la capital de la cristiandad.
-¿Santiago de Compostela?- Ian se colocó una mano en la barbilla, rumiando.- ¿Y dices el primero...?
-Creemos que los cardenales están escondidos en diferentes lugares.- aclaró Malfoy.- Sea quien sea el que los haya ocultado lo ha hecho a conciencia. No se halla en un lugar cualquiera sino en un viejo refugio que hace siglos que nadie pisa, al lado de la catedral.- el chico hablaba de carrerilla como un autómata que no sentía nada.- La zona es rebuscada, tiene escapes hacia el bosque y siempre está repleta de peregrinos. Tiene lógica que lo hayan ocultado en un lugar de eso que ellos llaman fe...- ambos hombres soltaron una fría carcajada, carente de emotividad. Para ellos, todas esas cuestiones muggles sobre dioses y catolicismo les quedaba muy pequeño. Su única creencia era en la firme confianza de que iban a lograr la victoria. Ian se acercó hacia Malfoy y le colocó una mano a la altura del hombro.
-Tienes talento, Áyax...me alegra que hayas decidido unirte a mis causas...muy pronto te encontrarás cara a cara con tu destino...
-Lo aguardo con impaciencia.- respondió Malfoy con firmeza. Las venas del cuello se le contrajeron cuando apretó la mandíbula con rabia. No podía esperar a que llegara el día en que clavaría la varita en el corazón de Potter, en el que se vengaría de él.
-Bien, ahora ve e informa de que partimos hacia España en dos horas...inspeccionaremos el terreno, nuestras opciones y mataremos a ese cardenal...la cuenta atrás está lista...
-Como gustes...- sonrió Malfoy, maliciosamente. Ian lo vio marchar y sintió una sensación de júbilo a la altura del estómago. Sabía que por el momento no podía "educar" a Draco Malfoy, pues éste era un revolucionario y solitario que sólo trabajaba con los suyos por un único objetivo, pero tal vez, cuando le enseñara hasta qué punto podía alcanzar poder, podría adiestrarlo a su antojo y someterlo a su voluntad, ejerciendo los oportunos castigos. Lo cierto era que la idea de un Malfoy postrado a sus pies, sumiso y sangrando por todas las partes de su cuerpo le agradaba muchísimo, pero lo único que tenía en mente en aquel instante eran dos cosas: que comenzaría la fase de eliminación de Potter y que, probablemente, Christine Byrne acudiría a ese ataque que tenían planificados...
Pudo visualizar en su mente los ojos azules de la mujer, su cuerpo bien formado, sus caderas y sus piernas largas...y caminando por los corredores, por fin en dirección a la salida para ver la luz del alba, pensó que antes de partir debía darse una ducha bien fría.
