La Sombra del Otoño
Capítulo 2. Planes
Me quede plantado en la puerta de la entrada, sin mirar hacia la nada, lo único que me detenía a hacer era el recibir a la gente que se acercaba y me abrazaba con fuerza susurrándome al oído "lo siento tanto Edward", Paul fue el que estuvo recibiendo a la gente después del funeral, todos ellos estaban reunidos en la sala, yo me quede afuera, el día estaba nublado a pesar de ser verano, el aire se pego a mi rostro, la tierra se adhirió a mis pestañas pero tampoco me preocupe en parpadear. No sabía cuanto tiempo pude haber estado ahí pero noté a duras penas como el sol fue ocultándose entre las colinas y el aire se volvió repentinamente frío, sentía entumecidas las piernas pero tampoco me preocupe en sentarme, alguien se acerco a mi por detrás, reconocí el suspiro de Paul y las palmaditas que me dio sobre el hombro.
-¿No vas a entrar, muchacho?
Por primera vez pestañee, gire mi cara hacia donde estaba, lo mire sin decir nada, sin expresar nada, vi a Paul con los ojos hinchados, con los labios resecos y las cejas fruncidas, negué solo dos veces y de repente me eche sobre él en un abrazo, el me recibió completamente sobre cogedor, me mantuve cohibido los sollozos hasta que pude, Paul se quedo callado y me observo.
-Vamos muchacho, debes entrar. –me tomo de los hombros y me guió hacia la casa.
La casa estaba llena de gente, no hablaban, quizá solo murmuraban, ni siquiera intentaba notarlo, deje que Paul me guiara por la casa, estuve consciente de la gente que me miro al entrar, deje sus miradas detrás de mí sin hablar, camine hacia la mesa de la sala, donde Paul me sentó y el ocupo la silla continua, a él no le importo que no le mirara, de todos modos me hablo como si esperara que entendiese todo lo que me decía.
-Arreglaré todo esto, hablaré con la gente para que nos disculpen. Espero que estés aquí cuando vuelva
Lo deje ir sin responderle nada, me erguí sobre la silla y deje mis brazos reposar sobre la mesa, mire mis manos, mis uñas cubiertas de tierra, no me había molestado tampoco en limpiarlo, ni nadie tampoco me había detenido a arrodillarme frente a la tumba de mi madre que lloré con la fuerza brutal de mi existencia.
-¿Edward?
Alguien detrás de mi me llamó, no era Paul, era la voz de una mujer, noté su voz delicada, dio dos pasos para sentarse en la silla que había dejado Paul, giré mis ojos hacia donde ella se encontró y en seguida supe de quien se trataba. Mary Lu, ella era una chica que vivía a unas cuantas calles de la nuestra, ella se había convertido en una gran amiga, íbamos juntos a la preparatoria así como en la universidad, solo que ella no estudió lo mismo que yo, aun asi esa diferencia no nos impidió vernos de vez en cuando y saludarnos con afecto, los que nos conocían me juraban que Mary Lu estaba interesada en mí, inclusive yo había estado buscando aquel mismo sentimiento por ella pero no fue tan intenso como para asegurarle que me encontraba enamorada de ella, ella era guapa, su rostro era delicado, sus labios eran carnosos, sus ojos verdes le embellecían sus facciones, su piel clara y sus cabellos rizados negros que parecían pintados con tinta.
Ella se inclino hacía mí.
-Edward lo siento tanto, de verdad. Estaré aquí para lo que necesites, lo que sea.
Asentí, no quería ser grosero con ella pero lo que más necesitaba ahora era estar solo, sin compañía, sin la presencia de nadie que pudiera interrumpir el dolor que se cargaba mi cuerpo.
-Gracias Mary Lu –susurré.
-¿Deseas algo de café, agua?
-No, nada por ahora.
Ella de repente vaciló.
-No se si deba preguntarte esto o más bien…
La examine mientras ella inhalaba profundamente y se apretaba los labios con fuerza, bajo la mirada y cuando la regreso a mis ojos se inclino a mi rostro y sus labios se aferraron a los míos que no lo vi venir, necesite dos segundos para tomar consciencia de lo que estaba pasando y para regresarle el beso. Ella se alejo rápidamente cuando me quede quieto sobre la silla, sus ojos se abrieron como plato cuando me estudió y entonces cerró los ojos cubriéndose la cara con las manos.
-Perdóname pero no pude contenerme. Soy una desconsiderada.
Me quede sin palabras, tenía que hacer algo, quizá ese beso no había sido con mala intención, quizá algo en el momento pudo haberla orillado a hacerlo, pero tenía que asegurarle que yo no podía pertenecerle nuca.
-Mary Lu…
Me interrumpió.
-Lo sé, no tienes que decirme nada y discúlpame –se levanto de la silla y me acaricio el hombro suavemente –Te quiero Edward.
Mire cómo salía de la habitación y en cómo se reunió junto con sus padres, ellas les murmuro algo y ellos me clavaron la mirada, dijeron algo más y salieron por la puerta donde Paul despedía a la gente que se retiraba. Cuando deje de escuchar murmureos de la gente me levante de la silla, Paul ya estaba caminando hacia donde estaba, no me fui de donde me dejo hasta que decidí moverme un poco por la casa.
Se quedo pasmado cuando me vio de pie.
-¿Te sientes bien Edward?
-Necesito aire fresco –le respondí con tono inexpresivo.
-Has estado todo el día afuera, quédate a descansar, lo necesitas.
Miré el reloj de pared que estaba en el comedor, eran más de las nueve y mi cabeza quería reventar, mis ojos me dolían cada vez que los giraba para mirar a algún lado y mis piernas no paraban de temblar, me sentía bastante débil, ni siquiera había desayunado, tampoco había tomado agua, me sentía aturdido, todo se fue complicando durante el día y las cosas entre Mary Lu me hacían sentir mal.
-Quizá lo que necesite es una ducha, no quiero descansar –hice una pausa –Y Paul, por favor ve a casa a descansar, gracias por todo de nuevo.
-¿Estás seguro?
Podía asegurar de que dudaba mucho de mis condiciones para quedarme solo, pero de verdad era lo que necesitaba, un momento a solas, sin siquiera con la presencia de Paul. Asiento y lo llevo a la puerta, me da un apretón de manos y luego un abrazo, lo veo bajar por las escaleras de la entrada y luego directo hacia su casa. Entro, subo hacia el segundo piso directo hacia el cuarto de baño, me deshago del traje negro fúnebre y me meto al chorro de agua caliente, me quito la tierra de las manos y de las uñas, me froto el jabón sobre el cuerpo y me quedo por un momento pensando en el día de ayer, mi madre, Paul y yo, mi regreso de la farmacia y mi madre yaciendo sin vida, las cosas todavía no se aclaraban en mi cabeza ¿Qué iba a ser de mí después de esto? ¿Cuáles podrían ser mis planes de vida? Mi madre ya no estaba aquí ¿Tendría que aferrarme al recuerdo por siempre? Sin ella sentía que mis pasos y mi vida se perderían en el abismo, porque realmente así era como me sentía, perdido, sin sentido y solo. Me quede sentado sobre la cama de mi habitación al salir de la ducha, me quede escuchando el ruido de afuera, los grillos , los búhos y el aire que golpeaba ligeramente la ventana, a decir verdad nuca me detuve a pensar en que podría estar haciendo cuando mi madre muriera, no lo hice porque tuve la esperanza de que ella pudiese quedarse conmigo muchos años más, esperara a que me viera feliz, casado, con hijos y aun era imposible creer que toda esa ilusión se hubiese acabado ayer. ¿Qué era lo que ella le hubiese gustado para mí? Pensé en los años felices en América, aquellos recuerdos que siempre me sacaban una sonrisa, en ellos se mostraba a mi madre contenta, positiva, sensata y llena de amor, nuestros mejores años se daban a cabo en esos momentos y yo estaba más que complacido, tenía a Emmet, mi mejor amigo, era casi como un hermano para mí y en lo que a mi madre respecta éramos siempre el motivo de su ceño fruncido, sin tan solo pudiera tener alguna noticia de Emmet, le contaría lo sucedido y seguramente lo lamentaría mucho. La idea me hiso saltar de la cama, correr hacia un cajón de un viejo mueble de madera en donde guardaba algunos documentos, cheques y recibos viejos, saque carpetas y sobres de correo que mamá nuca se molestaba en tirar, tire todo al suelo hasta que encontré lo que quería, mire la foto vieja y llena de polvo de mí y Emmet en el jardín de nuestra primera casa en América, se me veía a mí de cinco años y a Emmet de siete, los dos estábamos abrazados sosteniendo nuestros libros del colegio, voltee la foto y vi con letra casi garabateada que había sido escrito por Emmet, la dirección de su casa y la fecha. Claro, la dirección de su casa, con ello podré mandarle una carta, diciéndole lo sucedido, dándole la noticia de que volveré a América, porque eso es lo que iba a hacer, retomaré mi vida, me iré lejos un tiempo, reviviré los buenos recuerdos, encontraré un espacio en donde pueda dejar este dolor en un gran y definitivo olvido.
Tomo un bloc de hojas blanca de papel y una pluma de la mesita de noche, enciendo la lámpara y comienzo a escribir la fecha, empiezo recordándole los momentos que pasamos él y yo en Ohio, aquellas travesuras que molestaban a mi madre y nuestras salvajes escapadas en bicicleta, todo eso me saco una sonrisa instantáneamente, no olvide tampoco los gritos de mi madre al vernos andar en bicicleta sin rodilleras y en como me había castigo por ello, escribí tan rápido como pude todo eso, luego comencé con las trágicas noticas de mi madre, su enfermedad, su estado que empeoro con el tiempo y el día en que murió, le conté sobre lo que sentí con todo ello y sobre mi estado de negación cuando la sepultamos en el funeral, fue duro y difícil de aceptar. Termine la carta con un afectivo saludo y con la esperanza de conseguir respuesta pronto, doble la hoja y la metí sobre un sobre limpio, anoté la dirección que venía sobre la foto y pegue una postal.
Trate de mantener alejados aquellos pensamientos recelosos respecto a la carta y sobre una pronta respuesta.
(…)
-Creo que no hay nada que decidir Paul –susurré, levantando la taza de café. Paul me había invitado esta mañana a tomar café en una cafetería a unas cuantas avenidas de mí casa, de hecho siempre acostumbrábamos a tomar café, comer y leer el periódico cuando la mañana se tornaba fresca y nublada, hoy no fue la excepción.
Paul recargo su espalda sobre el respaldo del asiento, me miro a los ojos con escepticismo.
-¿Te irás de Inglaterra?
Asentí, la casa se estaba convirtiendo cada día más en los recuerdos imborrables de mi madre, no podía estar debajo de un techo en donde aquellos recuerdos me atormentaban como sombras, necesitaba un momento, un lugar donde procesar las cosas.
Paul carraspeo, alzo la taza y tomo, vi como tragaba con dificultad y una ligera incomodidad se asomaba en su semblante, le sostuve la mirada porque no quería que viera en mí algún signo de vacilación, estaba seguro de lo que quería, quería un tiempo, al menos algunos meses antes de volver y entender de nuevo que mi única familia, ya no existía.
-Escucha muchacho ¿Has pensando realmente en lo que vas a hacer? Irte tal vez no pueda resolver las cosas ¿Qué hay de tu casa? ¿Tú vida?
-Eso es lo que estoy resolviendo yéndome a América, necesito irme, pensar en mi vida, cuando regresé tendré las cosas mucho más claras. Yo se lo que hago, me iré en cuanto pueda.
Paul gruño, negó con la cabeza y se inclino sobre la mesa para clavarme la mirada, estaba pidiéndome a gritos que reflexionara, que las cosas yéndose no eran siempre la respuesta más acertada pero ya era demasiado tarde.
-Que tal si tu amigo jamás te contesta ¿Vas a esperar por ello para siempre? Dime muchacho ¿Me vez? Mi vida no es perfecta pero al menos estoy aquí, no te vayas sin antes pensarlo y dejarlo todo.
-¿¡Que es lo que voy a dejar!? ¡No tengo nada! –mis ojos se abrieron de golpe y mi voz se volvió brusca. –No tengo a nadie, no tengo familia, hermanos, primos, nada. Ni siquiera a mi padre
Paul se quedo callado, bajo la mirada solo un segundo y me miró, su semblante se había suavizado, inclusive la tensión en la profundidad de su mirada parecía estar compadeciéndose de mí.
-Siento escucharte decir eso Edward, a tu madre jamás le hubiera gustado que hablaras de esa forma, inclusive yo –hiso una pausa –Si eso es lo que quieres…creo que no tengo nada por hacer, ya eres suficiente mayor para hacerte cargo de tu vida, aunque te recuerdo que tu madre siempre me pidió velar por ti.
-Eso lo sé Paul –mi voz se escuchaba ahogada –Pero de verdad espero que confíes en mí, es lo único que te pido.
Pude ser testigo de una ligera sonrisa, quise leer en su expresión alguna muestra que pudiera darme a entender que me daba su total confianza y la esperanza de que pudiera resolver esto por mi propia cuenta, rió entre dientes y me dio una palmada sobre la mano, murmuró algo para si mismo y entonces un brillo peculiar y muy familiar surgió de sus ojos, supuse que esa era mi gloria de hoy.
-Eres un hombre Edward, creo que alguna vez cada una de las personas de este mundo merecen una oportunidad. Sigue con la tuya, muchacho.
Le dedique una amplia sonrisa, le agradecí un montón de veces, las suficientes para que aclamara un "Ya basta". Tener el permiso de Paul era como tener el de mi madre, a veces podía leer un poco de los gestos de mi madre en él aunque Paul no tenía ningún parentesco familiar por asi decirlo, creo que el estar tanto tiempo juntos los había entrelazado de una forma única.
Tomamos más café, pedimos una rebanada de pastel de manzana y charlamos como en una tarde común.
-¿Al menos prometes escribirme, cierto?
Deje la taza de café que estaba bebiendo y le regalé otra sonrisa.
-Claro que sí, no podría dejarte sin noticias de tu muchacho –reí
-¿Qué pasará con Mary Lu? –Añadió con tono afable, supuse que estaba tratando de averiguar de más -¿Le dirás que te vas?
Había cosas que necesitaba aclarar, con ella, ese beso, sus sentimientos y los míos no estaban conformes, no sabía como decírselo, ella era una gran amiga, una increíble persona, fue una de las primeras personas que conocí al llegar aquí y el darle un adiós le podría romper el corazón. ¿Qué podría ofrecerle?
Paul notó mi seriedad, miró hacia otro lado que no fuera mi rostro desanimado, jamás me puse a pensar en Mary Lu, ni en como podría tomar todo esto.
-Tal vez no se lo diga –respondí, no quise titubear.
Paul hiso un gesto.
-Será una mala jugada, muchacho, ella te sigue a todas partes, por dios nuca vi a una muchacha tan entregada, si no se lo dices ella me sacará la verdad de alguna forma. –extrañamente el rostro de Paul palideció
-¿Crees que me odie?
-Solo mantén la calma y sobre todo se sincero.
No dijimos nada más, nos concentramos en disfrutar el café y el pastel de manzana, yo pensé en silencio en que ocasión podría confesarle a Mary Lu sobre mi viaje, bueno aunque en realidad no había recibido la respuesta de Emmett, había pasado solo dos días y mi poca calma estaba cada vez más deshecha, aun así sin recibir su respuesta mi viaje ya estaba programado, ahora lo único que necesitaba arreglar era el asunto de Mary Lu, tendría que haber algún modo de decirle adiós sin lastimarla. En cuanto el reloj marco las cuatro Paul se despidió de mí, tenía que irse a su trabajo como todo los días, tenía que cubrir algunos días en las cuales se había quedado conmigo a cuidar de mi madre, me despedí de él con un abrazo, me quede solo unos minutos más y pague la cuenta.
Salí de la cafetería comiendo un pedazo del pastel de manzana, la otra mitad lo pedí para llevar ya que tal vez esa podría ser mi cena esta noche, avance por las calles hasta que me quede petrificado viendo a Mary Lu acercándose con libros sobre sus brazos a mi dirección, supuse que debió haber salido de la universidad, me pregunté si alguien le había avisado que vine a tomar el café o porque ella ya sabía mi rutina, una sonrisa de oreja a oreja se le cruzo por el rostro cuando fue acercándose cada vez más, mi estomago se hiso un nudo, las rodillas comenzaron a temblarme, mi primera reacción fue el querer correr pero me contuve, ella no merecía esto.
-¡Edward! –Canturreo, se inclino y me dio un beso en la mejilla –Que casualidad acabo de ver a Paul irse ¿Cómo estás?
Me encogí de hombros, me esforcé en mirarla a la cara.
-Mucho mejor, gracias –me aclare la garganta.
Ella se atusó un mechón de cabello, sus manos estaban cubiertas por guantes de encaje blanco.
-Yo quería ofrecerte una nueva disculpa por lo de aquella vez en tu casa –se ruborizo, aquello hiso un ver un color rosado dulce en su rostro, se veía bastante inocente –No fue mi intención de verdad, no se que me paso. Perdóname.
Me apreté los labios, hice un esfuerzo para no recordar lo apenada que estaba después de lo del beso, me hiso sentir realmente culpable, sentí la necesidad de ser yo quien me disculpase con ella.
-No tienes que pedirme perdón Mary Lu, no hiciste nada malo –admití, en tono suave.
Me volvió a sonreír.
-Eso me hace sentir un poco mejor, aunque no puedo evitar sentirme inoportuna, no debí besarte si tú no me lo pedias o si tú no querías.
-De eso necesitaba hablar contigo Mary Lu –mi voz se volvió firme, sus ojos parpadearon en complejidad que su frente se arrugo –Quería hablarte de mis sentimientos.
-Te escucho.
Cerré los ojos y aspire ¿Cómo debía hacer esto sin herirla? ¿Cómo? Abrí los ojos y ahí estaba ella, tan inocente de nuevo.
-Mary Lu, yo no te quiero como tu me quieres a mí, pero eres una gran amiga, te he tomado mucha estimación, eres una chica increíble pero no quiero seguir dándote falsas esperanzas. Mary Lu lo del beso no me molesto, pero te pido que seas consciente de los sentimientos que yo te tengo.
-Pero, me regresaste el beso –remarcó, un ligero temblor se hiso presente en su voz.
-No pude pensar Mary Lu, me tomaste por sorpresa.
Abrió la boca para decir algo pero la volvió a cerrar, tuve que aprovechar que mis confesiones no la estaban hiriendo de uno en uno.
-Mary Lu, me voy a América,
Me clavo la mirada, se quedo boquiabierta, volvió a parpadear confundida, no sabía que pensar, pude ver que no sabía cómo razonar con todo esto, quise acabar con todo esto pero ella necesitaba una razón, no merecía una mala jugada. Se me hiso un nudo en la garganta cuando vi el provenir de lágrimas en sus ojos azules.
-¿América? –siseó. -¿Cuándo volverás?
Suspire.
-No lo sé, espero que dentro de un mes o dos
Miró al piso, se acomodó los libros y me habló sin mirarme a la cara, pestañeo varias veces para dejar caer las lágrimas que aun se resguardaban en el lagrimal.
-Que tengas gran viaje Edward.
Inhale aire y la mire sin que pudiera ver una respuesta suya.
-Te quiero Mary Lu –le dije. –Y gracias por todo.
Asintió, paso a un lado mío para continuar su camino sin mirarme. Imagine en lo que Paul me había dicho y me sentí bien de no haberle desobedecido.
N/A
Hola a todas mis amadas y queridisimas lectoras! Me encanta tener el placer de saludarlas, me siento cada vez mejor gracias a dios del problema que les platique en el capítulo anterior, por ello les traigo este segundo capitulo de la historia que poco a poco va tomando vida, me alegró muchisimo cada vez que escribo los capitulos, no tienen idea, tengo tantas ideas respecto a esta historia, unas ideas que jamás pensé encajarían a a perfección.
Si les gusto el capítulo ¿Me dejan un Review? Chicas el fic se actualizará cada martes y viernes (para que lo anoten en su agenda jajajaja xD)
Chicas si algunas de ustedes saben como cambiar la foto en la esquina del summary (Ese cuadrito pequeño) ¿Me podrian decir como? Es que no pude hallar la forma de cambiarla, fanficion esta algo cambiado xD Gracias!
Saludos y muchos besotes!
