DISCLAIMER: Los nombres de este fic le pertenecen a la historia "Twilight" escrita por Stephenie Meyer, la historia es completa y absolutamente mía. POR FAVOR EVITA EL PLAGIO AL ROBAR HISTORIAS AJENAS ¡SE ORIGINAL!

Música del capítulo (Son las canciones que me han estado inspirando desde entonces y que identifica a la exactitud esta historia, me gustaría que al menos si pudiesen escucharlas y darme su opinión)

*Anchor -Mindy Gledhill

*Terrible love -Birdy

*People help the people -Birdy

*Arrival of the birds & transformation -The cinematic Orchersta (esta canción no tiene letra)

La Sombra del Otoño

Capítulo 8. Isabella Swan.

Pedaleé con mucha fuerza hacia la residencia Swan, manteniendo la dirección en mi memoria para llegar a salvo y evitar cometer algún error, de todas formas mi visita a la residencia era a las ocho en punto de la mañana, este día me había levantado a las seis, me había tomado una ducha, elegí mi mejor conjunto y desayune un gran plato de avena y leche fresca, estaba listo para el trabajo, tenía la disposición de comenzar con el pie derecho ya que muchas personas esperaban que mi trabajo pudiera ayudar a la Srita Swan. Emmett me había contado un poco sobre ella, al principio me rehusé a que me hablara del tema pues no quería mantener la cabeza con pensamientos que me distrajeran, pero algo en mí me dio la sensación de mantenerme al tanto de toda aquella familia, al menos un poco de historia no me iba a hacer mal saberla, primero me habló de Renee, era una mujer que gozaba de la buena vida, en cuanto su primer esposo murió no espero tiempo en poder contraer nupcias de nuevo, esto le trajo al principio muchísimas ganancias a su favor y a la niña que ellos esperaban, la felicidad y el dinero no perduraron mucho pues el famoso y dichoso matrimonio se acabo tres años después, desde entonces no se le ha conocido ningún pretendiente o esposo, Rosalie Hale era una chica caprichosa, amante de las joyas, compras y obsequios, fue una niña, a tu tiempo muy consentida pues gracias a ella su madre tuvo una etapa de estabilidad y placeres que gozo muchísimo, y además por ser la hija menor obtuvo mucho más crédito, Isabella era diferente o al menos esto le constaba a Emmett, lo poco que veía de ella cuando visitaba a James pareció darle esa idea, era alegré y amable pues con lo de la muerte de su padre y el accidente de su ceguera pareció que todo el mundo le cayó sobre la espalda, todo le deprimía, el no volver a tocar su piano y el leer su extensa colección de libros fue un golpe que la mantuvo melancólica por meses, todo esto también fue un golpe duro a la familia, Isabella era quien traía vida a la gran casa y ahora todo eso ya no era igual, la familia poco a poco fue cambiando, el estrés, los problemas aumentaron, tal parecía que las cosas iban de mal en peor, era una cosa que ellos no aseguraban encontrar solución, James es como otra parte de la historia, se había convertido en el novio de Isabella hace dos años, él le había propuesto matrimonio hace ya unos siete meses, Emmett me dijo que la relación tampoco iba muy bien, Isabella comenzó a actuar diferente y no fue precisamente por el accidente de su padre y el de ella, los problemas comenzaron antes de la propuesta de matrimonio, le pregunté cual había sido la causante de todo esto, desagraciadamente no me pudo contar, nadie sabía nada.

Me quite el leve sudor que llevaba sobre la frente con el brazo después de haber estado más de media hora sobre la bicicleta, andando por cada calle hasta llegar a la residencia, había cruzado un gran tramo, un puente y una carretera, todo para esperar ver aquella reja de acero que se iba asomando a mi vista, no pude sentirme más satisfecho ni tampoco más nervioso que de costumbre, mis emociones se aproximaban a una tremenda crisis que me ahogaba a cada pedaleo, me acerque más y más y logré ver a un hombre parado del otro lado, cuando me vio se asomo desde las rejillas y se puso frente al candado de la entrada.

-¿Qué necesita?

-Soy Edward Cullen, vengo a ver a la Srita. Swan, son orden del Sr. Brigstone. –se me seco la garganta no solo por el calor, el pavor me impedía tragar saliva.

-Claro, pasé –saco de una pequeña bolsa vieja la llave, paso la mano por el hueco de la rejilla hasta llegar a la abertura del candado, dio varios giros y estiro la reja, esta se abrió desde adentro.

Cuando tuve el acceso suficiente puse los pies de nuevo a los pedales y avance por el camino, no pude evitar distraerme con el paisaje, todo adentro era mucho más bello, jamás había visto algo tan verde y floral, tan natural y aromático, el césped tan luminoso y fresco, había tantos arbustos, matorrales, flores, girasoles, arboles enormes que resguardaban a los pájaros que cantaban por todos lados, algunos árboles ya pintaban las hojas naranjas y amarillas por tal cercanía al otoño, muchas de las hojas se extendían por el camino, fui derribando una que otra con las llantas, el olor húmedo se hiso presente de inmediato cuando me fui acercando a la gran casa, me extraño tanto encontrarme con aquel tal olor hasta que vi una fuente de agua estabilizada a unos cuantos metros de la casa, casi estuve a punto de detenerme pero logré seguir andando, me fui acercando a la casa hasta tenerla finalmente cerca, mi cabeza se alzo tanto para lograr ver la longitud de tan grande lugar.

Baje de mi bicicleta y el maletín que traía conmigo una vez frente de la casa, puse la bicicleta junto a otro conjunto de arbustos, subí los escalones hasta llegar a la puerta y toque solo dos veces, esperé con gran ansiedad que traté de mantenerme al límite mirando a mi alrededor, respiré y tome un gran tiempo para lograr poner todo en su lugar.

Trago saliva al tiempo que me acomodo la solapaba de la camisa cuando escucho que quitan el candado de la puerta, una mujer de mediana edad, alta, con el cabello castaño oscuro, ojos pequeños igualmente oscuros y la nariz chata me recibió con una cálida y amigable sonrisa.

-¿Sí? –su voz era bastante aguda para lo que aparentaba.

Me incline hacia ella para que pudiera escucharme con un poco de claridad, me miro atenta.

-Soy Edward Cullen, el tutor de la Srita. Swan –le sonreí.

Su boca se abrió en sorpresa y asintió, abrió la puerta para darme el pase completo.

-Adelante, lo esperábamos Sr. Cullen.

Al entrar mis ojos fueron increíblemente inundados por una intimidación que me estremeció los huesos, perdí casi la mitad de mi aliento cuando vi el interior de la gran casa, todo era elegancia distinguida, no había seguramente ningún rincón que se viera perdida entre tanta belleza, era enorme, amplia y extremadamente luminosa, el piso era de madera de roble pura y previamente encerada, cada pared pintada con una ligera capa de pintura blanca, tan blanca como el mismo mármol, proyectaba aquel mismo brillo y en si emanaba todavía mucha más luz, a varios metros de la puerta se encontraban las escaleras que daban al segundo piso que estaban cubiertas por una gruesa y extensa alfombra a rallas marones, los cuadros antiguos y valiosos daban a la casa un ambiente tan colonial y delicado, las mesas ya fuesen del comedor o la sala estaban complementadas por jarrones de margaritas rojas, el olor se percibió al instante en que aspire para recobrarme, los muebles también eran una parte afianzante para ese toque tan antiguo pero clásico, juraba que uno de esos muebles podría darme más de lo que podría obtener en mucho tiempo.

Apenas y me di cuenta que la mujer que me recibió estaba a mi lado, observándome con una sonrisa burlona que trataba de ocultar con un semblante refinado y erguido, hice caso omiso de mi imprudente comportamiento y le sonreí.

-Es una gran casa, perdone que me haya detenido a observarla un poco –el rubor en mis mejillas se incremento como mi inevitable pena.

La mujer rió ligeramente y asintió para si misma, ella también se dio un minuto para observarla.

-Es usted muy amable y sí es una casa que ha necesitado de muchos sacrificios –dio un largo y profundo suspiro pero de inmediato logro recobrarse para mirarme y hacerse olvidar de lo sucedido. –A sí que ¿usted será el tutor de mi querida Isa?

Parpadee, no sabía a quien se estaba refiriendo, la mujer me dio una amplia sonrisa que desconocí, ¿Acaso me estaba comportando ya como un tonto?

-Isabella, Sr. Cullen, es asi como la familia…-puso los ojos en blanco antes de corregirse –Disculpe, como la Sra. Swan y Rosalie la llaman y bueno, de vez en cuando yo.

-Oh –exclamé.

-No debería hablar mucho, usted debe estar ansioso por conocer a Isa, tenemos la gran y dichosa suerte de que el Sr. Brigstone lo haya encontrado, a ella le hará mucho bien.

-¿El Sr. Brigstone aviso a la familia del nuevo tutor?

-¡Oh sí! –asintió con mucha fuerza –Nos dio la noticia ayer, la familia se sintió tan aliviada pues en estos meses hemos querido un tutor pues el tiempo que perdíamos era muy valioso pero como dije, tenemos suerte de que este aquí –la comisura de sus labios volvió a curvarse en una sonrisa humilde y dulce.

Le regresé la sonrisa y yo tenía toda la suerte de poder estar aquí, en si enseñarle a la Srita Swan era para mí tan gratificante pues daba a alguien más los conocimientos que mi madre le hubiese gustado que desempeñara.

-Gracias –le respondí en voz baja, estuve a punto de preguntarle todo se encontraba la Srita. Swan hasta que escuchamos un grito que provenía de las escaleras, me estremecí de pies a cabeza, no fui el único que sintió el corazón estrujarse, noté el nervio de la mujer a mi lado.

-¡Alba! –la voz provenía de una mujer. Escuchamos que daba grandes pasos por los escalones, sujete mi maletín sobre mi pecho en un intento de ocultar el nervio y el miedo al mismo tiempo, la mujer dio un salto.

Una mujer de cabellos rubios con un gran sombrero en la cabeza nos miro, se quedo quieta a un lado de las escaleras cuando nos vio, parecí ver que tragaba saliva y que se tomo un momento para avanza hacia nosotros, cuando la vi de cerca pude ver que estaba maquillada, llevaba un gran collar de perlas y aretes a juego, un vestido de estampados florarles y zapatos de tacón rojo sangre, me miro a la cara y de inmediato miro a la mujer de mediana edad.

-Alba, creí que estarías arriba. ¿Todo bien? –le preguntó mirándola a ella pero al tiempo que me echaba una mirada furtiva sobre el hombro.

-Todo en orden, Sra. Swan, él es el nuevo tutor de Isabella, su nombre es Edward Cullen, solo lo recibí y estaba a punto de llevarla con ella.

Al regresarme la mirada, la mujer elegante cambio su semblante de súbito, sus ojos se mostraron a mí con una sorpresa expuesta también en su semblante, me miro boquiabierta y soltó una risita, me quede quieto sin decir nada, lo único que hice fue observarla disculparse con algo de euforia.

-¡Perdone Sr. Cullen! Creí que era uno de esos vendedores que solo me quitan el tiempo, mis más sinceras disculpas, ansiaba tanto su visita, no puedo creer que llegaría hoy y tan temprano, eso habla de usted tan bien.

Volví a ruborizarme, no pude hablar, no sabía como dar una impresión educada, refinada y tan encantadora, no quería verme como un completo idiota, ellas realmente confiaban en mí, no quería decepcionarlos, no pude seguir creyendo que después de todo me hubiese metido en esta gran responsabilidad ¿Cómo debía comportarme? No quería verme tan exagerado.

Alcé la mano y ella me dio un gran apretón, dude en dar una pequeña reverencia, recordé de nuevo que no debía exagerar, pero creo que sobre todo era más que nada cortesía, incline un poco la cabeza para darle un saludo.

-Buenos días Sra. Swan, es realmente impresionante que me hayan estado esperando, a decir verdad yo también me moría de ganas por venir hasta acá. ¡Su casa es hermosa, si me permite decírselo! –sin duda era una buena forma de comenzar las cortesías sin exagerar.

-¡Gracias! Es bueno ver que alguien tome en cuenta los detalles –se detuvo para mirar a Alba –Alba, querida, podrías ofrecerle al Sr. Cullen algo de café ¿O prefiere Té? Supe que usted venía de Inglaterra, no sabe lo fascinada que quedé al escuchar sobre su llegada a Cleveland.

El asombro volvió, me pregunté quien pudo darle toda aquella información, pensé al principio en Emmett y luego en el Sr. Brigstone aunque todo volvía a Emmett, si el Sr. Brigstone sabía de mí era a causa de Emmett, era su jefe, era tan obvio que él quisiera saber de mí.

No supe que hacer otra vez, reí pero al notar que mi voz tembló, cerré la boca.

-No pensé que usted pudiese conocer mi historia.

Negó.

-No toda, solo que usted venia de Europa y que acaba de llegar, también que se queda con amigo suyo, o eso me contó James.

-¿El Señor Brigstone? –levante una ceja.

Se carcajeo hasta el punto en que su rostro se torno de un rojo carmesí, Alba la acompaño en sus risas.

-Estoy tan acostumbrada en llamarlo de esa forma que olvido que la mayoría de la gente lo conoce por el Sr. Brigstone, es tan de la familia como Alba –se volvió a ella con una sonrisa que engroso su rostro. –Es nuestra ama de llaves pero dejo todo aquello hasta volverse tan importante y fundamental y más después de lo de Isabella, ella la ayuda a subir escaleras, vestirla, bañarla y arreglara, sin mi querida Alba, no sabría que pudiese ser de mí. Sr. Cullen –menciono mi nombre de una forma tan directa y firme que cuando toda esa alegría que proyecto hace un rato se oculto, mis piernas sufrieron un temblor al igual que mi cabeza, mis manos sudaron pero pude relacionarlo con el calor infernal de afuera. Sus ojos entraron a los míos dándome poco uso de razón –Isabella ha cambiado desde el accidente, no quisiera que usted se llevará una impresión diferente, ella ha estado distante con todos nosotros, su actitud es algo complicada, esta afligida, melancólica y puede que al principio sea difícil tratar con ella, por favor, solo necesita paciencia, es todo.

Mire a Alba y ella asintió, mire a la Sra. Swan de nuevo, la urgencia de que pudiera decir algo la tenía fijamente en mí.

-Se cuan complicado y difícil puede ser todo esto, Sra. Swan y me siento tan honrado de que usted pueda darme toda esa confianza y por supuesto en confiar en que Isabella pueda cambiar con mis enseñanzas, tome mucha sinceridad en mis palabras de que puede confiar en mí y que seré lo más paciente posible.

Percibí una ligera tensión en el cuerpo de Alba que me estremeció, la Sra. Swan no dijo nada, o al menos en unos segundos, bajo la mirada solo un poco, me quede meditando en lo que le había respondido ¿Había sido algo incorrecto? ¿No le había parecido algo de su agrado?

-Es solo que ella no parece ser la amada niña Isabella de hace tiempo. Sr Cullen –alzó la mirada hacia a mí, su voz fue mortecina y descendiente. –Ha cambiado, se ha vuelto una mujer a veces indiferente, esperemos que su actitud no lo haga cambiar de opinión respecto al trabajo.

-En absoluto –le respondo de inmediato, sabía que Isabella era una mujer de fríos sentimientos, por ello Emmett tuvo la necesidad de confesármelo, aunque discretamente el Señor Brigstone lo había hecho. –Soy yo quien le pido una oportunidad para tratar con ella

La Señora Swan logro sonreír pero si apenas fue algo que pudo controlar, sus ojos mostraban esa inconformidad que su lejana sonrisa trataba de borrar, ella y Alba compartieron un par de palabras, me quedé sin mucho interés viéndolas hablar, seguí mirando la casa, no podía calcular cuantas personas podría vivir aquí y cuantas personas tenían que trabajar en esta casa para mantenerla tan arreglada y en orden.

Los ojos de la Señora Swan volvieron a mí, en cuanto me di cuenta me volví a ella con toda la atención posible.

-Creo que es hora de conocerla, ella subirá en una hora a tomar un baño –agito sus hombros para acomodarse la blusa pero más bien fue un gesto de disgusto. –Y ella mantiene su tiempo libre en el jardín ¿Podría venir conmigo?

Mis pies se aferraron por un momento en el suelo, creí que jamás sería capaz de moverme, la urgencia de evitar quedar como un idiota fue lo que me hiso reaccionar, asentí torpemente y fui detrás de la Señora Swan por toda la casa, la seguí meditando mis pasos para no pisarle los talones, aproveche el tiempo en que no me estaba observando para hiperventilar un poco, me sacudí como un pescado asfixiado, tratando de quitarme de encima toda esa rígido y pesado nerviosismo.

-Es por aquí –me aviso.

Nos detuvimos frente a unas puertas de cristal y marcos de madera, vi todo desde los cristales, me quede impactado al ver el enorme y verde jardín, era una extenso campo de matices pues no todo era verde, había pequeños huertos de rosas rojas, blancas y rosas, helechos y figurillas de árnica que decoraban los espacios vacios, una pequeña fuente de granito que quedaba justo a un lado del huerto, proporcionando agua fresca que caía sobre ya las rosas resplandecientes, por último una mesa de hierro forjado blanco que daba de nuevo un estilo antiguo, era una perfecta pieza de mueblería para una casa del mismo género.

Entrecerré los ojos para visualizar con claridad un gran árbol que estaba a unos varios metros lejos del perímetro del jardín, me pregunte de quien podría o más bien de que podía ser ese tan grande árbol, con tan grotesco y escamoso tronco, podía significar tanto para esta familia y no querer derrumbarlo.

-Ella esta ahí, debajo del árbol, Sr. Cullen, es donde pasa la mayor parte del tiempo. ¿Quiere que lo acompañe?

-No –dije con aplomo, el ritmo de mi corazón se acelero de ramalazo al pensar que tendría que ir yo solo a encontrarme con la Srita. Swan, tenía que hacerlo yo solo, era necesario. –Iré yo mismo Sra. Swan, no se preocupe.

Ella también se altero, me abrió la puerta y me dijo.

-Que tenga buenos días, Sr. Cullen –camino hacia el otro lado, dejándome solo.

Respire para mantenerme erguido y camine directo hacia el jardín, la presencia del olor embriagador a césped recién cortado, el agua clara de la que caía de la fuente y el olor a flores me asaltó un poco dejándome más aturdido, mis pies se hundían cada vez en la tierra enlodada, lo ignoré, camine cada vez con mas velocidad sin darme razón de porque si mi gran temor era encontrarme con ella ¿Qué clase de actitud podría demostrarme a mí? Podía aborrecerme, no la conocía y estaba segura de que odiaba a los desconocidos.

El árbol se hiso más cercano, apreté mi mano en el sujetador del mi maletín que llevaba dentro el libro de mi madre, pensar en ello me daba algo de más confianza en mi mismo, no estaba del todo solo, podía imaginar que mi madre me alentaba desde cada una de esas hojas para no comportarme como un idiota. Mi respiración se entrecorto inevitablemente cuando vi la figura de una mujer recargada sobre el grande tronco del árbol, su cabeza estaba mirando hacia el cielo, tenía los ojos cerrados y su cuerpo descansaba sobre todo el lecho verdoso del césped, no podía creer que estaba frente suyo, me la imagine mucho más grande de edad pues el señor Brigstone hacía que lo pareciera, sus facciones eran tan suaves, sus pómulos estaban marcados a pesar de que no hacía ningún gesto, su piel era clara tan clara como la leche, tan maravillosa como la nieve y tan delgada como una hoja de papel, su cabello era castaño oscuro, sus labios carnosos y sus abundantes pestañas negras se sacudieron cuando abrió los ojos.

Di un salto y ella jadeo, miro hacia todos lados como si estuviera buscando a alguien, subió sus rodillas a su pecho y se cubrió, sus ojos se dilataron y me di cuenta que sus ojos eran verdes claro, tan similar a la cascara de limón y con la transparencia de una gema. La mire fijamente mientras ella se perdía entre el miedo y la curiosidad.

-Srita Swan, soy Edward Cullen –mi voz se desvaneció un poco, no quise alarmarla más –Su tutor.

Se quedo quieta en la misma posición, miro hacia la nada pero su cabeza se guio un poco hacia mi dirección, trago saliva y bajo la cabeza.

-¿Por qué no me ha dicho que fue usted? –me preguntó molesta -¿Estaba espiándome Sr. Cullen?

-En absoluto Srita, perdone no quería asustarla de esa manera, disculpe de nuevo –presentía que mi comportamiento se acercaba al de un autentico idiota.

-¿Cuánto tiempo lleva usted ahí parado?

-Menos de dos segundos.

-¿Debería creerle?

Desvié la mirada para evitar mirarla y en sí sentirme más nervioso.

-Puede preguntárselo a su madre, ella puede darle credibilidad a lo que le digo –carraspee

Escuche que se levantaba del suelo, mire de reojo que se sostenía del trono para no caer, quise acercarme a ayudarla pero ella se veía independiente para hacerlo, sus ojos se quedaron fijos hacia la nada cuando se acomodo el vestido de franela rosado, me apreté los labios cuando vi en su cabello incrustados pedazos de hojas secas.

La contemple, ella se mostró displicente cuando hable.

-Tiene algo en su cabello, Srita. Swan –murmure con voz agradable.

Ella resoplo, levanto sus manos y se los llevo a la cabeza, se rebusco en el pelo y las hojas cayeron al piso, baje la cabeza, cohibiéndome por completo un montón de cosas que tenía para esto.

-¿Hay algo más que quiera señalarme, Sr. Cullen? –me pregunto con un poco de ironía, alzo las cejas, solo faltaba que pusiera sus brazos sobre su pecho para considerarle un berrinche.

Menee la cabeza, aunque luego consideré algo que tal vez podría dejarla tan molesta como quizá tranquila, era algo que a las mujeres les gustaba oír sin considerar una ofensa.

-Usted se ve bastante joven.

Entrecerró los ojos e hiso una mueca con los labios que frunció con mucha fuerza.

-No considere los halagos algo que me pueda satisfacer, Sr. Cullen, no soy de esa clase de mujeres que pueda encandilar con poesía o modales previamente estudiados por personas ingenuas cómo usted que quiere ganarse un lugar entre gente como nosotros, si usted me permite decírselo.

-Perdone pero no fue un halago lo que acabo de decirle, ni tampoco estoy tratando de comportarme como alguien de su clase, se lo dije porque me ha sorprendido lo joven que se ve, no quiero ofenderla.

Sus labios se contrajeron más en una mueca.

-No me gusta que hablen de mi apariencia, me disgusta demasiado y si a usted le basta, esta aquí solo por una hora y solo viene a enseñarme por lo que mi madre le esta pagando.

Asentí a pesar de que no pudiera notarlo.

-Estoy en total acuerdo con usted Srita. Swan, su madre me pagará bastante bien y creo que no habrá nada que me corresponda aquí que enseñarle lo que necesita.

-Espero que con el tiempo mantenga usted esa idea –su mandíbula se tenso.

-Aclarándole que así será –mostré una sonrisa casi invisible.

Se acomodo una vez más el vestido y camino a pasos largos hacia la casa, paso a un lado mío casi rozando con mi brazo, se dio cuenta y si apenas volvió la cabeza para mirar, la seguí por detrás, sus pasos se volvieron lentos y cautelosos, tomándose tu tiempo para avanzar.

-¿Quiere empezar con la clase hoy, Srita?

Soltó una risa burlona, giro la mitad de la cabeza para hablarme.

-¿No le han avisado de mi itinerario?, creí que sería mi madre quien se lo haría saber, a ella le encanta llenar de información ajena a gente desconocida.

Puse los ojos en blanco, de todos modos ella jamás sabría de mis desplantes gestos.

-No lo hiso –admití

-Tomo café a media mañana, me gusta ya sea en invierno o calor, primavera o verano.

-¿Y en otoño? –inquirí, había olvidado nombrarlo.

Ella frunció el gesto con bastante exasperación.

-¿Qué significa eso? Creí ser clara al decirle que me gustaba el café a media mañana, todos los días Sr. Cullen, inclusive en otoño.

Baje la mirada.

-Perdone –le contesté con un hilo de voz.

Mire hacia el suelo sin decir nada hasta que escuche que sus pasos se detuvieron, la mire desorbitado, giro su cuerpo hacia el mío y me hablo, obviamente sin mirarme a la cara, se quedo igualmente callada esperando quizá a que yo pudiera decir algo, suspiro y fue ella quien decidió hablar.

-Tomo el café a media mañana Sr. Cullen, todos los días, le agradecería que tuviera la amabilidad de acompañarme, ya hablaremos de la clase de hoy. ¿Le parece? –alzo una ceja, esperando con ansiedad mi respuesta.

Quise dar una carcajada pero me calle, después de todo un café a media mañana podría bien servirme para reanimarme un poco, además sería un buen comenzó para las clases que seguiría dándole por un tiempo.

No halle ningún problema, a excepción de que tomar café se hiciera una costumbre tomarla todo los días para mi también, me apetecía más bien una limonada bien fría, esperé de verdad que no se molestase por mi discrepancia.

-No me parece ningún problema, pero preferiría una limonada si a usted no le importa.

-En absoluto –admitió con el mismo semblante arrogante y apático, me pregunte si sostener el mismo rostro todo los días sería agotante para ella.

Giro su cuerpo hacia el frente, de nuevo y avanzo a pasos más cortos y cautelosos por el jardín, mientras yo la seguía por detrás, aguardándola por si pudiera tropezar, aunque el sostenerla no me daba puntos a mi favor.

~~~~~~N/A~~~~~~

Perdonen tanto por dejarlas tan solas! El cargador de mi laptop se descompuso y tuve que conseguirle otro, pero no hasta dentro de unos días lo conseguí, estuve al tanto del mundo en mi móvil pero aun así no fue igual, me morí por subir capítulo, casi me da algo por la ansiedad, lo bueno es que aquí estoy de regreso y no pienso irme en un buen rato, las quiero a todas y me alegra poder saludarlas, el capítulo como verán es muy importante, aquí es el primer encuentro entre edward y Isabella, ya empezarán a conocer como es ella, es algo terca pero ya verán que con el tiempo las cosas no se quedarán así, tengo ideas para este personaje, ya lo verán, mientras tanto disfruten de los siguientes que vienen.

Gracias a todas aquellas personas que dan Favorite a la historia y por leerla claro, que dejan siempre su divino RR, las adoro, de verdad les recomiendo que escuchen las canciones que deje en la parte de arriba, yo las subiré próximamente a mi perfil por sí quieren escucharla varias veces, o como ustedes prefieran :)

Muchos saludos y bendiciones, abrazos a montones!

Cinnluna06