La Sombra del Otoño
Capítulo 10. Trabajo es…Trabajo.
Lo sucedido en esta tarde no me había dejado concentrarme, había estado rondando en mi cabeza hasta esta noche que me preocupe en preparar la cena, mi torpeza, mi debilidad y poca experiencia me había dejado en mala evidencia con Isabella Swan, aquella chica que exigía tanto pero de una forma tan complicada, no sabía en que momento podía estar haciendo las cosas correctas y en que momento metía la pata, al menos su madre y Alba eran mucho muy diferentes, no hallaba una forma de que gente como ellas pudiesen convivir con Isabella, era todo un reto o tal vez estaban demasiado acostumbradas a sentirte tan abrumadas con su presencia, en sí, aun me faltaba conocer al último miembro de la familia Swan, Rosalie Hale.
Lleve mi vaso con leche y mi plato hondo de avena hacia la mesa, hoy no estaba con humor de comer demasiado, me sentía agotado y con molestias que yo mismo desconocía, Emmett llego poco después del trabajo, se preparó café y me acompaño, me platico sobre su día en el trabajo y yo le conté sobre el mío, le conté todo a detalle, mi llegada a la residencia Swan, sobre la casa, el jardín, mi encuentro con Isabella y el trágico desenlace, casi aseguré que comenzaría a burlarse, pero se contuvo para evitar mis molestias.
Se quedo callado, ocultando su preocupación tomando un gran sorbo de café, lo mire, ignorando que la avena se estaba convirtiendo en pegamento que en mi cena.
-A sí que le tiraste café encima ¿Y así reacciono?
-Fue un accidente –le recordé con rapidez –No quería causarle molestia pero resulto peor de lo que pensé, terminará odiándome ¡Y quizá me despidan!
Emmett chasqueo con la lengua, negando con la cabeza.
-No despiden a nadie por ello, Edward, además creo que te advertí la actitud de la señorita Swan, creí que lo recodarías, es su estilo de vida, no hay otra persona para ella que si misma, no creo que te importe que te odie ¿O sí?
Puse los ojos en blanco, no me importaba nada lo que pensará ella de mí, no estando ya en mi propia casa.
-Que piense lo que quiera, creo que ya la estoy odiando también. –mire hacia mi plato de avena frío.
-¿Renunciaras? Dime que no lo tienes en mente, no conseguirás un trabajo así y que además te paguen muy bien, es demasiado difícil, además estas trabajando con una de las familias bien posicionadas de Cleveland, piénsalo
-¿Pensar en que Emmett? –levante mi vista hacia la suya, su rostro se quedo congelado, como si pensará en no decirme nada más -¿En que clase de juego me estoy metiendo? Esa chica es tan rencorosa, parece que no hice nada bien en todo momento que estuve con ella y para colmo le eche café, no pude ser más enjuiciado, no se si mantener mis esperanzas en esto, moriré por culpa de ella antes de que cualquier enfermedad lo haga.
-Vamos Edward, ningún trabajo es como lo imaginamos, no puedes darte el lujo de trabajar en un lugar que esté a tu gusto o en donde estés cómodo, tampoco eliges a tus compañeros, ningún ser humano tiene el trabajo deseado. Trabajo es trabajo y así se toma o se deja y déjame decirte que tienes suerte de tener uno y en tan poco tiempo, a mí me tomo dos meses tener mi primer trabajo, yo diría que lo apreciaras.
-Sobreviviré –susurré con desánimos. –Con o sin trabajo.
Emmett se carcajeo, me dio unas palmaditas en el hombro como buen consuelo, lo aprecie, de verdad que lo hice, no tenia a nadie más que a él y mi trabajo.
-No sobrevivirás sin trabajo, amigo, olvídate de todo esto, del café, de la Señorita Swan, solo haz lo que sabes hacer, acabarás pronto y tendrás dinero para rehacer tu vida.
-¿Y si no? –fruncí el entrecejo.
-Pues te ayudaré yo, amigo, no te iras de Ohio sin mi apoyo –sonrió con fuerza y siguió dándome palmadas en el hombro.
Le regresé la sonrisa al tiempo que le propinaba un golpe ligero en la cabeza, nos quedamos unos segundos sin decir nada, yo me dedique a terminar mi plato de avena y el su café, la noche cada vez se hacía mas densa y cansada, igual que Emmett tendría que madrugar, de alguna forma u otra tenía que volver a esa casa y tendría que verme con Isabella Swan, otra vez.
Estuve a punto de levantarme de la silla y dejar a Emmett solo para yo irme a descansar pero una última cosa que había olvidado por completo me golpeo de pronto.
-¿Dejaste la carta que te di en el correo? –le pregunté aun desconcentrado por la sorpresa del olvido.
Levanto la cabeza para mirarme.
-Claro, esta mañana cuando te fuiste, tu amigo Paul la recibirá en una semana o eso me dijeron en el correo.
Suspiré.
-Espero que le llegue antes, a Paul le gusta escuchar noticias de mí con mucha rapidez.
-¿Crees que se preocupe?
-No, no lo creo, sabe que me se cuidar solo, el único problema es que soy yo el que esta preocupado, Paul vive mejor cuando alguien anda cerca para cuidarlo, necesitaré saber noticias de él también muy pronto.
-Estoy seguro que responderá pronto, por ahora creo que te has estado preocupando mucho en un solo día, ve a descansar que mañana será otro día difícil para ti.
Ni lo menciones. Pensé, estaba a punto de gritar por toda la casa al recordar que tenía que volver a ver a esa chica otra vez, mis sentidos estaban a flor de piel al recordar el simple nombre de Isabella Swan, era una agonía y un malestar que me recorría entero y a la vez que me frustraba muchísimo, había varias cosas que me hubiesen gustado confesarle a Isabella, unas que tal vez harían que me odiara de verdad y que fuese despedido definitivamente.
Puse los ojos en blanco, no solo sería un día difícil mañana, tal vez el resto de mi estancia en Ohio.
-Tenlo por hecho que lo será, reza por mí sí me consideras de verdad un gran amigo –murmuré.
Emmett dio una risotada, asintió sin dejar de sonreír.
-Claro que lo haré, lo necesitarás –alzó las cejas.
Bufé, me fui a la cocina dejando mi plato de avena ya frio y me fui a mi habitación, arrastrándome sobre las escaleras hasta llegar al corredor, moría por dormir y descansar la cabeza en la almohada, olvidarme de todo, de mis necesidades y mis deberes y parecía que la única salida a los problemas reales de la vida era el mundo de humo de los sueños. Me eche sobre mi cama y ni siquiera me preocupe en quitarme los zapatos o desabotonarme la camisa, mi cuerpo se extendió junto con las sabanas en el momento en que estas rozaron, lo único que sentí fue la sensación placentera de una merecida fresca noche de descanso.
(…)
Salude al portero esta mañana cuando me abrió las rejas para entrar a la residencia Swan, conduje en mi bicicleta por todo el camino hasta llegar a la casa, como costumbre la até a unos arbustos cerca de la fuente de agua y me acerque a los escalones para tocar la puerta, no sin antes acomodarme la camisa y mi cabello, esperaba tener un apariencia decente como el día de ayer, claro, sin exagerar, había decidido usar mis camisetas y olvidarme de formalidades como usar moño o saco, además los días de calor aumentaban ya que próximamente acabaría el verano y entraría el reconfortante otoño.
Toque la puerta con el timbre, solo lo hice dos veces, esperé a que Alba me abriera como ayer pero esta vez fue diferente, cuando abrieron la puerta me encontré con otra mujer que no era precisamente Alba, era otra persona y sí que era bastante diferente, hermosa, bella, en sí no podía describir lo que veía, me había deslumbrado, cegado e hipnotizado, era una mujer de cabellos áureos, tan amarillos como el trigo, tan deslumbrante como el sol y el oro, tan impecable, sedosos y suave como una pluma, una piel tan tersa y fresca que se cosquilleo a causa de un rubor pasajero, unos ojos azules que parecían reflejar el mar, que se pintaban como el cielo y que fácilmente se compararían con el cristal, sus labios teñidos de un color carmesí se elevaron cuando me vieron estético, sin movimiento e inevitablemente apabullado.
Ella me sonrió con más fuerza que dejo a la vista sus dientes blancos nívea al descubierto, aquella sonrisa se convirtió también en mi perdición, me acelero el corazón, me contrajo el cuerpo, me dejo sin aliento ¿Quién era esta mujer? ¿Cuál era el nombre de su encanto, cual?
-Sr. Cullen, lo esperábamos, ha llegado usted más temprano que de costumbre –añadió, sus pestañas negras y largas le rosaban con delicadeza la piel.
Su voz, era tan armoniosa, tan frágil como aguda, había una mezcla de inocencia y paz que me alegró desde el interior. Trague saliva, carraspee y trate de sonreírle, cuando lo hice creí que le había mostrado un gesto pero a ella pareció encantarle el detalle.
-Siempre acostumbro a llegar unos minutos antes de hora, espero no ser inoportuno –me mordí el labio.
-¡Claro que no! Me dio gusto que viniera, no nos había presentado, ayer no estuve en casa por estar la mañana de compras pero me alegro tanto de que usted y yo nos hayamos encontrado –alzo su mano –Rosalie Hale, un placer.
Mi mano tembló cuando la alce para tomarla con la suya, ella me apretó la mano y sentí el tacto satinado de su piel, creí que solo se trataba de la apariencia aterciopelada que mostraba pero me equivoque, era tan suave. Ella sonrió con mucha fuerza, yo me quedé contemplándola por un momento indefinido, ella se ruborizo y entonces me di cuenta que ya estaba comenzando a exagerar.
-El placer es mío, Señorita –le contesté con la voz titilándome en la garganta.
-Mi madre y Alba no dejan de hablar de usted, moría de ganas de conocer al gran Sr. Cullen –me echo un vistazo de pies a cabeza –Dios mío, usted es mejor de lo que pensé, realmente mejor.
El aire me salió de golpe de los pulmones, sentí que sus palabras me habían tocado el pecho para impedirme respirar, mi rostro se hundió en un rojo embarazoso y mi piel se erizo hasta en la nuca. Ella ocultó una sonrisa tímida sin dejar de mirarme de cuerpo completo, alzaba las cejas cada vez que se encontraba con mi mirada y yo cada vez me sentía menos humano, más bien a la cercanía de una roca, sin poder moverme.
-Espero que no tenga inconveniente de tomarse una taza de té conmigo primero, ya que usted viene a ver a Isa. –sus ojos llamearon en curiosidad, esperando ansiosa mi respuesta.
-Claro que no, en cuanto a Isabella, nuestra cita es a las ocho, tenemos tiempo suficiente para tomar un exquisito té –le sonreí, por dios, algo en mí me daba a la impresión de que mis intenciones no debían acercarse mucho a la confianza.
-Entonces, adelante.
Entré a la casa, me dio a la idea de que no había nadie, refiriéndome a la señora Swan y a Isabella, todo estaba en calma, en silencio, no había más ruido que el de los pájaros en el jardín y unos cuantos movimientos en algún rincón de la casa, supuse que debía ser Alba en la cocina. Rosalie me guio hasta el extenso comedor, había un gran mesa de madera de roble con ocho sillas, cuadros finos con marcos de plata y bronce, cubiertos y un tazón de fruta fresca en el centro de la mesa, lámparas con velas que bien podían ser de los años coloniales, cortinas de encajes blancos para darle luz a la habitación y un tocadiscos en un rincón con un gran bocina en forma de flor.
Me pidió que me sentara en cualquier silla y que la esperara porque volvería con el té caliente, en el tiempo que tuve libre indague un poco en la habitación, amplia, fresca y muy cómoda, perfecta para un descanso o una rica cena. Pensé, realmente era un comedor elegante. Rosalie entro minutos más tarde con una bandeja de plata, había dos tazas, azucarillos en cubos y panecillos rellenos de crema y mermelada de naranja.
-Espero que le gusten los panecillos rellenos de mermelada de durazno, Alba acaba de hornearlos y están ¡Deliciosos! –se rió entre dientes.
¿Durazno? Me pareció que era de naranja, tome uno y le di una mordida, estaban realmente deliciosos, esponjados y cremosos.
-Nuca probé nada parecido, están deliciosos, ni tampoco he probado la mermelada de durazno ¿Es de temporada?
Tomo asiento, pasándome la taza de té.
-En realidad aquel árbol enorme en el jardín es de duraznos, de ahí sacamos la mermelada y a Isa le gusta mucho el durazno, es un gran árbol y trae buenos frutos. –se encogió de hombros.
Entonces aquel árbol en donde Isabella descansaba el día de ayer era de duraznos, me pregunté si a diario descansaba ahí.
-¿A Isabella le gusta estar todo el día ahí? –le pregunté con un tono desinteresado para que no pensará que me preocupaba aquello, bebí té, estaba igualmente delicioso.
-A diario, su padre plantó aquel árbol, desde entonces en esta casa se mantiene en cuidado, no se que sería de Isa si algún día su árbol marchitara o lo talaran, creo que perdería la cabeza.
-¿Por un árbol? ¿Ella no conserva algo más de su padre?
Esperé que mi pregunta no le fuera del todo incomoda, tal el caso del día de ayer con Isabella, de ella averigüé que los temas personales, son personales y de ahí no habrá límite que lo sobrepase, me extraño muchísimo que Rosalie me contestara y que no fuera tan reservada como Isabella, en sí creo que podía haberlo esperado, ellas no eran iguales.
Rosalie miro hacia la ventana que daba al jardín, fue la primera vez que pude estudiar con precisión sus facciones.
-Unas fotos viejas y medias rotas, ella considera el árbol como una conexión con su padre y todos respetamos su decisión. – dio un suspiro largo pero de inmediato recupero la compostura, recargo sus manos sobre la mesa y se inclino hacia a mí, acariciando con sus dedos la taza de té –Dejemos los asuntos familiares para después, me gustaría conocerlo Sr. Cullen, aunque esta familia ya sabe algo de su vida.
Dio una risotada y yo también.
-Lo tengo por seguro de que así es –seguí riéndome.
-Ya sé lo de su procedencia, lo de su madre, el lugar en donde reside en estos momentos pero me gustaría que usted me contará algo inédito, dejemos a un lado los chismes ¿Sí?
Me escudriño con la mirada, sus ojos agua azules me perforaron como agujas en el cuerpo, me estremecieron de nuevo, me dejaron sin sentido, no pude hablar, mi cabeza estaba en otros sentidos, en los suyos.
-¿Qué desea saber, señorita? –inquirí, con voz suave, no quise quitarle mi mirada de encima.
-¿Qué acostumbra a hacer por las tardes? Además claro de dar clases a Isabella.
-Soy un ermitaño, señorita –repuse con timidez –No soy alguien social y mucho más cuando he dejado de conocer esta ciudad, creo que es por ello que estoy perdiendo algo de confianza al momento de andar por cada rincón.
-¡Oh Sr. Cullen! Eso no es una desventaja, es una completa virtud, me honraría ser como usted pero yo soy una travesía extensa, me gusta andar por cada rincón. ¿Usted cree que merezco considerarlo como una desventaja?
De nuevo…clavándome la mirada sin piedad. Mis ideas dejaban de tomar coherencia.
-¿Por qué debería?
-Mi madre considera la cortesía y los modales igual que estar en casa, sin exponerse mucho al exterior ya que yo soy una mujer muy joven y que el estar dentro de tu casa muestra de ti ser una persona decente, con valores y sobre todo respeto, a veces creó que ella tiene razón, soy una persona con tan solo veintidós años con demasiadas aventuras en mente que quisiera experimentar pero difícilmente en una sociedad como esta es posible. ¿Usted que piensa al respecto?
-Creo que usted tiene ya la libertad y la disposición de hacer lo que quiera, ya es bastante mayor para tomar sus riesgos y si su madre le dice que estar en casa es una buena imagen a su persona…consideré al menos lo que es bueno para usted.
Una sonrisa de oreja a oreja cruza por su rostro, me sigue observando y yo solo le regresó la sonrisa también, da una mordida al panecillo de crema y me mira con intensidad por encima de la crema que se expande sobre la capa del pan.
-Usted tiene mucha razón Sr. Cullen, toda la gran razón –admite, con una voz tan baja pero armoniosa. –Ustedes los ingleses son tan razonables ¿O es solo mi imaginación?
Me ruboricé al tiempo que solté una risita, ella sonrió con ganas.
-¿Acostumbra hacer cumplidos a los hombres, señorita? Porque soy demasiado reservado.
-Esta es la primera y jamás creí ser yo quien los recitara –susurro con ligereza.
-Entonces permítame ser yo quien tenga el honor –musité, profundizándome en aquellos ojos agua azul que enloquecerían a cualquiera que estuviese en mi lugar y también se aferrarían a las rodillas por debajo de la mesa y respiraría con dificultad al intentar hablarle de frente. -No todas las mujeres que conozco poseen el toque tan celestial como el suyo, Señorita, sus modales me sorprenden mucho.
Bajo la mirada, ocultando una sonrisa.
-En este caso, sería usted quien ha sido victima de un toque celestial, Sr. Cullen ¿O me equivoco? –alzo una ceja, recargando la cabeza sobre el codo.
Había una razón inquebrantable en sus palabras, era verdad, había sido victima de un toque celestial a su favor, me había impresionado, me había conmocionado con su belleza que era imposible hacérmelo negar, nuca había sentido algo parecido, jamás me había sentido tan confundido como aliviado, estar cerca suyo, mirarla, escuchar su voz, tener un roce con su piel y con su aliento harían tan mágico mis días ¿Qué poseía Rosalie Hale para haberme hechizado tan rápido? ¿Qué la convertía en alguien tan especial? Había una diferencia enorme entre ella e Isabella que captó mi atención completamente, en ella había una figura tan honesta, dulce y comprensible que de inmediato quise hacer mío. Oh Rosalie, tu dulzura y compresión había hecho una verdadera fuerza celestial en mi interior.
-Podría decirle que sí, señorita. –aseguré con voz firme, clavándome en su rostro cada momento tan acogedor.
Ladeo la cabeza un poco, soltando migajas de pan en la mesa.
-¿Esta incómodo Sr. Cullen? Creo que estoy siendo descortés, Isabella vendrá y nosotros no hemos terminado el té ¿Le ha gustado? Porque no sabía cual frecuenta usted en casa. –se disculpo dando varios pestañeos, su rostro se suavizo al instante al igual que su mirada.
Me acomodé sobre la silla sin mucho rodeo, luego tome la taza de té y le di un gran sorbo, ella se quedo mirándome otra vez de esa forma tan intensa que me dejaba inerte, asentí y le sonreí totalmente complacido.
-El té estuvo delicioso, creo que esta marca no se encuentra en mi país, me gustaría luego saber de cual se trata –le dije, dándome a la tarea de seguir bebiéndolo a cada segundo, cuando me lo termine seguí con el panecillo de crema y mermelada.
Antes de que me hubiera podido responder el silencio que había reinado en todo el momento en que charlamos se vio irrumpida por el ruido de varios zapatos de tacón en el vestíbulo, Rosalie se quedo quieta, como si alguien hubiera entrado y nos hubieran visto a ambos sentados en la mesa, se incorporo correctamente en la silla y se atusó el cabello rápidamente, segundos después vimos como la señora Swan e Isabella entraban al comedor, la señora Swan se sorprendió, su cuerpo se echo hacia atrás a causa de la impresión y los ojos se le dilataron esperando hallar una razón de nuestras presencias, Isabella tenía la mirada hacia un rincón pero presintió la tensión de su madre, detrás de Isabella se acerco James que también presencio la escena.
Rosalie palideció un poco yo baje la mirada instantáneamente.
-Señor Cullen, me alegro de que haya llegado ¿Comenzamos con las clases de Isabella? –sus ojos se posaron en mí pero miraba de reojo a Rosalie quien se había quedado callada y mas tiesa que una pared.
Me levante de la silla, carraspee y asentí solo una vez, en cuanto la señora Swan pronuncio mi nombre noté como Isabella fruncía el ceño, supuse que le había tomado de mala manera mi presencia, otra vez, James me miró, me estudió de pies a cabeza y se acerco para susurrarle algo a Isabella, ella tensó la boca y noté como se le crispaba la postura.
-Rosalie –pronunció la Señora Swan –Creí que estarías ayudando a Alba con unos panecillos.
Rosalie asintió y también se puso de pie
-Así fue madre pero me encontré con el Sr. Cullen en la puerta y decidí invitarle un café, no quise dejarlo esperando mucho tiempo, además quise conocerle ¿Hice algo mal, entonces? –le dijo Rosalie con una mirada inquisitiva.
La señora Swan negó, se sorprendió por la objeción de Rosalie que se quedo congelada mirándole, yo sentí que Rosalie me miraba de reojo pero no quise asegurarme nada, no sabía como describir la sensación en la habitación, todo era de confusión y miedo, presentí que había cometido otro gran error, sentirme con privilegios cuando en realidad no era más que un simple tutor.
Isabella fue quien rompió con la barrera del silencio que se había comenzando a producir por nuestra indiscreción.
-Tal parece que fuimos nosotros los que hemos interrumpido, no me preocupa comenzar las clases en una hora, Sr. Cullen, tómese el tiempo necesario para conocer a mi hermana. –comentó, en tono sarcástico.
-Isa, ya basta –le pidió Rosalie con voz monótona. –Fue solo un té.
-Entendimos perfecto Rosalie pero el Sr. Cullen esta aquí para ver a Isabella, por favor, no lo molestes –añadió la señora Swan con mucha consideración, presentí que me estaba defendiendo.
Rosalie puso los ojos en blanco.
-Creo que no hay indiscreción en que solo seamos amigos.
Isabella interrumpió
-¿Podemos dejar este tema para después? La hora de la clase avanza y mis obligaciones no se harán solas –repuso, con las cejas fruncidas, como si pudiera sentir repugnancia antes las palabras de su hermana
La señora Swan miro a Rosalie y le pidió que saliera de la habitación obligándola a venir con un gesto de dedo.
-Vamos Rose, necesito tu ayuda con unos encajes, dejemos a Isabella y al Sr. Cullen, solos.
Rosalie inhalo y avanzo hacia donde estaba su madre, no sin antes echarme una mirada llena de disculpa y con un "te veo luego" que derrochó el brillo de sus ojos, James le deposito un beso en la mejilla a Isabella y se fue tras ellas que iban hacia las escaleras. Isabella y yo nos quedamos solos, el silencio se apodero de nuevo de la habitación, comencé a sentirme incómodo, me quede quieto, sin mover siquiera los dedos de las manos hasta que Isabella suspiro y avanzo por la habitación aferrándose de los muebles hacia la mesa, la mire hasta que se encontró con la silla en donde estaba Rosalie y se sentó.
Se inclino hacia adelante haciendo un rechinido, me estremecí.
-Buenos días Srita. Swan, me alegra verla de nuevo. –cerré los ojos, no debí haber dicho eso, trague en seco cuando vi que se había apretado los labios.
-¿Comenzamos?
Aun me resultaba desconcentrante su actitud tan apática y sombría, me senté y abrí el maletín con el libro, recordé vagamente las primeras clases que me había dado mi madre usándolo como guía para hacer un trabajo fácil a Isabella y a mí, deslice el libro abierto hacia su dirección, colocándolo con mucho cuidado y hable.
-Bien Srita Swan comenzaremos estudiando el abecedario, frente a usted esta un libro, coloque sus manos en la primera pagina de lado derecho, el primer punto es la letra "A" los segundos puntos es la letra "B" vaya memorizando la sincronización de los puntos y le dictaré a que letra corresponde.
Ella se inclino hacia delante y deslizo las manos hacia el libro con cautela, acaricio la pagina y con un mano fue tocando el punto que correspondía a la letra A
-"A" –mencionó con lentitud. Acaricio el siguiente punto.
-La "B" –respondí, acaricio el siguiente punto –La "C", traté de memorizar cuantos puntos son de cada letra.
Asintió, la observé, sentí que algo extraño me encerró cuando me preguntó en voz baja el significado del siguiente puntito.
-La "D", recuerde pronunciar para su fácil memorización. Y también practicar.
Ella soltó un resoplido lleno de frustración, me pregunté que había dicho esta vez para exasperarla de nuevo.
-Es tan claro que la práctica es muy esencial en un aprendizaje, no necesita recordármelo –masculló, dando gestos con la boca.
-Lo siento –susurré en un hilo de voz, bajando la mirada hacia la mesa.
Fueron tan eterno los minutos que avanzaba de la clase que mi paciencia estaba al borde de la locura, Isabella Swan tenía la disposición de aprender y creo que eso nos ayudo un poco a los dos para no terminar perdidos, traté de mantenerme al margen todo lo que pude, evite sus respuestas sarcásticas, sus gestos y su mal humor de diario que todo termino dejándome un mal sabor de boca, aunque logré tragarme todo con un imperceptible desdén.
Ella parecía aun desesperada cuando los minutos de la clase fueron disminuyéndose más y más, yo solo esperaba con ansiedad la cuenta del reloj que pudiera marcar la hora de mi libertad. Unas campanadas difundieron las nueve de la mañana, suspiré, quería dejar la habitación, correr y desprenderme de Isabella Swan.
-Término la clase –anunció Isabella, dándose a la libertad de soltar una bocanada de aire –Creo que es todo por hoy, mañana puede tomarse el día libre, hablaré con mi madre para darle un horario de visita cada dos veces a la semana.
Me quede anonadado, al principio quise objetar pues había quedado con el señor Brigstone de venir todo los días, además no encontraba una razón de venir solo dos días a la semana ¿Había hecho algo mal? ¿Por qué acortar los días de clase? Protestar no iba a servir de nada ni tampoco funcionaría, contradecirla sería un gran error.
Ella captó mi silencio que cuando hablo lo hiso molesta.
-¿Le molesta la decisión que tome?
Parpadee.
-En absoluto –le dije con despreocupación, me acerque con mucho cuidado hacia ella para tomar el libro y guardarlo, traté de no hacer nada de ruido para evitar molestarla –Entonces, nos vemos en dos días.
Asintió solo una vez, se levanto de la silla velozmente y me habló con una voz tan fría que me sacudió la columna
-Buen día, Sr. Cullen. –avanzo con zancadas largas y lentas hacia la salida, la contemplé hasta que se fue.
¿Cuál era el problema con ella? En sí no podía hacer nada, tendría que soportarlo solo por una valiosa razón, conseguir el dinero para volver a mi hogar con una nueva motivación de vida
N/A
Si que me tarde mucho en subir verdad? Perdonen, tantas cosas en la cabeza, escribiendo los capítulos como loca :) la escuela y los deberes, el lunes empiezo a hacer mi trabajo social y créanme que vendré super cansada, lo presiento, estos días me he sentido con desánimo y el trabajar me dejará más muerta, eso es lo que me preocupa, no aguanto la cabeza, aqui los calores son de 35 grados o más (los que viven en Monterrey, México, lo sabrán) Horrible, realmente horrible que siento que me quemo :S esperemos que no pase eso jajaja
Ansio que les guste el capítulo, nada más les adelanto que esa Rosalie le gusta adueñarse de todo y lo digo todo :O cuando la imagino en mi mente no la puedo soportar, Edward es tan inocente, es debil y vulnerable, ya sabrán porque, los siguientes capítulos estan rebuenos LOL
Bueno chicas las dejo porque tengo que ir a comer, las amo! Besotes electronicos para todas (Si hay errores ortograficos en el capítulo, disculpen por favor, no da tiempo a veces de revisar)
Saludos. Cinnluna06
