DISCLAIMER: Los nombres de este fic le pertenecen a la historia "Twilight" escrita por Stephenie Meyer, la historia es completa y absolutamente mía. POR FAVOR EVITA EL PLAGIO AL ROBAR HISTORIAS AJENAS ¡SE ORIGINAL!
La Sombra del Otoño
Capítulo 13. Los más Juzgados
Dos días habían pasado y jamás me había sentido tan frustrado y cansado como hoy, Emmett estaba asustado más que alterado por la hoy llegada de su tía Tanya, creí que colapsaría pero tuvo suerte de no hacerlo, comenzó a andar por toda la casa, teniendo café listo y panecillo en la mesa, ella vendría por si sola asi que eso al menos hiso que pensará que Emmett aun no se había desmayado, me pidió que le ayudará, limpie algunos muebles y mantuve mi habitación arreglada (Cosa que siempre hacía desde mi llegada) y nos sentamos juntos en los sofás bebiendo café esperando a que la puerta diera con un rechinido su llegada.
-Panecillos frescos, café desgranado, casa limpia ¿Crees que estará satisfecha? –me pregunta, con la taza casi derramándosele de las manos
Asentí, ¿Qué otra cosa podía esperar tía Tanya?
-Estoy completamente seguro de que quedará más que satisfecha –le aseguré con media sonrisa.
No dijo nada, bebió y bebió de su café con rapidez, comenzó a mover los pies y en un acto intencional se cayó su taza de café en el piso de madera, maldijo, rápidamente se agacho a tomar las piezas rotas pero en ese momento se escucho crujir la puerta, nos quedamos mirándonos un infinito segundo con los rostros endurecidos
El grito agudo de una mujer nos congelo, me quede inerte por varios segundos transcurridos y me levante cuando los pasos se escucharon tan cerca de la habitación.
-¡Emmett, querido! ¿Dónde estás? ¡Eh llegado!
Los pasos se aceleraron y tía Tanya entro a la sala, en donde Emmett estaban en el piso con pedazos rotos de la taza en las manos y el café en un charco marrón en el piso, me quede parado observándola, era una mujer bajita, regordeta, con grandes mejillas, cabello oscuro, ojos cafés, boca grande y nariz alargada, se quedo pensativa con el semblante desorientado, miro hacia Emmett y resoplo.
-No puedo creer que hayas tirado café, has hecho un desastre, ni siquiera consideraste que hoy vendría a verte para que al menos un momento dejaras de hacer un caos –dejo la única maleta que tenía en uno de los sofás, me saludo con una sonrisa –Tu debes ser Edward, el amigo de Emmett, que muchacho tan encantador, deberías aprender un poco de los modales de tu amigo Emmett, el tiene cortesía y amabilidad
Una mueca con los labios fue un reproche que a Emmett incomodo.
-¿Cómo estás Tía? –rezongó Emmett con lentitud y pesadez, ya era una costumbre que su tía siempre tomara en cuenta a los demás.
-Excelente, querido, es hermoso estar aquí, has crecido demasiado desde la última vez, vamos levántate y sírveme algo de ese café que derramaste –se acerco a un sofá y se hecho sobre este. –No olvides que solo una media cucharada de azúcar, tía Tanya no lo tolera mucho.
Emmett salió disparado hacia la cocina con los pedazos de la taza en la mano, tome asiento, Tía Tanya me miro con la misma sonrisa, no hice más que regresarle el gesto, nos quedamos en silencio, yo me senté y Emmett volvió con una taza de café y dos panecillos de nuez. Emmett limpio con un pedazo de ropa vieja la mancha de café.
-Oh Querido Emmett te ayudaría pero acabo de llegar de un gran viaje de Mississippi hasta aquí, dame unas horas y seré yo quien arregle esta casa –levanto la mirada hacia el techo y luego hacia las paredes desgastadas por falta de pintura y los cuadros polvorientos y viejos -¡Que horror! ¿Cómo puedes vivir aquí?
Emmett fingió una sonrisa.
-Porque yo vivo aquí, soy el único y no creo que exista otra persona que quiera estar en esta casa asi que puedo mantenerla como quiero –replico con brusquedad.
Tia Tanya chasqueo la lengua, negando con la cabeza.
-No estás viviendo solo, Edward esta aquí contigo, es una tontería que digas algo como eso, estoy segura de que el pobre chico debe vivir tan horrorizado como yo.
Intervine de inmediato, Tía Tanya estaba mal interpretando las cosas, mi estancia no sería para nada definitiva, era bueno para mi y Emmett que también tuviéramos nuestros caminos distanciados, estaba seguro de que no podría quedarme ni tres meses a causa de mi preocupación hacia Paul.
-Mi estancia no es definitiva, tía Tanya, será breve y Emmett lo sabe.
-¿Seguro que no tienes problemas? –me pregunto ella, fijamente.
-No, no tengo problemas, ni tampoco estoy huyendo por si le interesa saber.
Se echo a reír, se enderezo para tomar café y comer.
-Cariño, no creo que pertenezcas al tipo de hombres que huyen, tenlo por seguro de que tus motivos quedan exclusivamente para ti, yo solo soy una vieja mal cuerda que no tiene si quiera poder sobre su querido sobrino. Él es un hombre, yo su vieja tía desquiciada obsesionada por su bienestar.
Mire de reojo a Emmett que se ruborizó, reí en silencio para que nadie pudiera escucharme, su cariño era tan igual a la de una madre, lo podía ver, la forma en la que ella lo miraba, le hablaba y en como se le acerco para acariciarle el hombro.
-No digas más Tía Tanya, por favor –le pidió Emmett avergonzado, suplicándole con la mirada como si fuera borreguito a medio morir, eso fue lo que impidió que mi carcajada quedará atrapada en mi boca, me reí pero solo un poco al verle.
Tía Tanya se inclino para tomarle ahora de la mano, se fijo en Emmett aunque él no le sostuviera la mirada.
-Tu madre es una desgraciada, una perra que prefirió a un hombre que a su propia sangre, solo te diré una cosa, aquellas mujeres que dejan su legado por un destino peligroso y desconocido no vale la pena, así que nuca le tomes afecto a una mujer que te deja por alguien que cree vale más que tú porque siempre terminará hundida en la desdicha. ¿Lo Comprendes?
Emmett levanto la mirada, por primera vez se encontraron tan cercanas sus miradas, fueron tan íntimos en sus conversaciones que sentí que yo debía levantarme e irme para dejarlos hablar pero no pude hacer nada por el interrumpir me hacía pensar que sería de mal gusto.
-¿Cómo sabes que la gente así vive tan desdichadamente? ¿Acaso sabes algo de mamá?
Tía Tanya bajo la mirada y negó tan rápido como pudo, una pequeña esperanza en el rostro de Emmett que estoy seguro de que Tía Tanya pudo haber notado, desapareció, tal y como se esfuma el aire de los pulmones y perdura el dolor también.
-No Emmett pero hay algo que se llama sentido común y aquellos que obran mal, terminan mal, no olvides que ser una persona así siempre te traerá la infelicidad, no huyas de ello, solo evítalo.
Emmett asintió, se acerco a Tía Tanya y le dio un ligero abrazo, un calor afectivo profirió de mi interior que me suavizo por completo, me hiso sonreír, contemplar con duradera intensidad al recordándome a mí y mamá en una charla tan profunda y e intima como esta, aquella ternura y comprensión que siempre me daba.
-No te preocupes por mi Tía Tanya, soy yo quien no vivirá con la conciencia desdichada pero ¿Podemos dejar de hablar de todo esto? Mejor vamos a tu habitación, debes dormir algo.
-No te angusties por mí, cariño, yo ya se el camino, quédate con Edward, yo iré a preparar mis cosas y luego bajaré para preparar la comida –se levanto con algo de dificultad, si no fuese por Emmett ella hubiera necesitado sostenerse del sofá, se llevo su maleta y le dio un beso en la sien a Emmett, se giro para despedirse de mí.
Emmett dejo escapar un suspiró largo y pesado, me contemplo con el rostro cubierto entre un sentimiento fúnebre pero con los ojos firmes y conservadores, no dije nada, claro, no podía decir nada.
-Es Encantadora –dije al fin
Soltó una risita nerviosa.
-Habla por ti mismo –puso los ojos en blanco - Vamos, desaparezcamos un rato mientras ronda por aquí.
Sonreí.
-Bien.
(…)
Emmett y yo fuimos a la ciudad, un gran espacio para distracción definitivamente era venir aquí, fuimos a tomar un trago en el bar La Medianoche Roja, el cantinero no nos sirvo nada que tuviera alcohol pues era demasiado temprano para eso, entonces pedimos varios tragos sin alcohol, al fin termine pidiendo agua con mucho hielo, mientras estuvimos en el bar mire hacia una reloj de pared que me marcaba las horas exactas antes de ver a Rosalie en el café Claro de luna tenia que decirle a Emmett que me iría para encontrarme con alguien, aunque la avariciosa curiosidad suya me haría retener en el asiento, preguntándome a cada momento de quien se trataba la mujer a la cual yo me encontraría ahí, lo pensé, tenía que hallar otra forma de huir de ahí sin que tuviera que pedírselo a Emmett.
Al tercer trago suyo me levante de mi asiento, Emmett dejo el vaso en la barra y me observó extrañado, titubeante, me retuvo, como lo esperé.
-¿A dónde vas?
Deje el dinero de mi cuenta en la barra, tuve que formularme algo rápido y que tuviera verdadero sentido.
-Necesito llegar antes a la residencia Swan, me han pedido una hora exacta de llegada, lo siento.
Emmett miro hacia el reloj, quince minutos para las diez marcaba el reloj.
-Esas personas son cada vez más extrañas ¿Será contagiosos? –al juzgar por el bajísimo volumen de su voz, supe que hablo para si mismo. -¿Cómo te va con la Señorita Swan? ¿Es difícil verdad?
Me encogí e hombros, yo solo consideraba el único motivo por el cual estaba en esa casa y a su lado, las clases de lectura, solo eso.
-Como todas las mujeres –admití.
Se rió entre dientes, se volvió hacia el cantinero y le pidió otro trago sin alcohol, me volví hacia la puerta, antes de salir oí un grito suyo como despedida.
-¡No dejes que te vuelve la cabeza!
Comencé a andar por la acera, no sabía donde estaba el café así que tuve que preguntarle al menos a dos personas para hallar el lugar, no fue trabajo complicado, diría que tuve suerte, se encontraba a dos cuadras, pensé una y otra vez el momento en que me encontrase con Rosalie Hale, sentada en una mesa, esperándome con un café humeante, sus labios carmesí tan vivos y apasionados, sus ojos tan destellantes e intimidantes, su sonrisa apagándome y reviviéndome una y otra vez cuando me sonreía con fuerza.
Corrí por la acera y cuando vi un letrero con la descripción en español y frances Café Claro de luna (Café au clair de lune) me detuve, me acomodé la solapa de la camisa, el cinturón de mi pantalón y un momento libre para hiperventilar antes de entrar, me incline hacia la ventana para ver si estaba ahí de inmediato comencé a titilar, la sangre descendió hasta la punta de mis pies cuando la vi, sentada mordiendo un pedazo de pastel de chocolate, una mesera le ofreció algo que ella negó con una sonrisa, esperé a que la mesera desapareciera para mirarla una vez más, no perdí más tiempo, avance y entre, ella tardó poco en encontrarme, me saludo con la mano y esa sonrisa suya tan grande que le llego hasta en los ojos.
-¡Señor Cullen!
Le salude también, me acerque hacia la mesa que estaba cerca de una de las tantas ventanas.
-Llegó muy puntal, no me extraña para nada es una cualidad muy suya, Sr. Cullen –susurró con suavidad.
Ruborize, no podía evitarlo, jamás se podía evitar sentirse tan patán e idiota frente a Rosalie, tus movimientos eran torpes, descoordinados e improvisados, le sonreí de oreja a oreja, la mire a los ojos y ese segundo olvide que la misma mesera me ofrecía algo de beber.
Me giré hacia la mujer, tan aturdido y tome asiento.
-Té, por favor.
-En seguida.
Ella se carcajeo, tomo café y sus ojos brillaron en una gracia tan esplendida que me hiso sonreír aun más.
-Me parece tan extraño y confuso llamarlo Señor ahora que comenzamos a conocernos más ¿No le parece extraño también?
Siempre me había encontrado fantaseando varias veces el tutear a Rosalie, el llamarla por su nombre cada vez que la veía, repetirlo y que ella sintiera la euforia que me producía mencionarlo su nombre las veces que pudiéramos estar solos, como en este momento.
Trague saliva, dejando en mi garganta varias respuestas indecentes ante su pregunta, vacile
-A mi me parece un respeto hacia usted, además la gente pensaría tantas cosas, su familia lo vería una completa falta y conociendo a Isabella…
Me interrumpió con un resoplido, puso los ojos en blanco dejándome ver que el tema la había molestado mucho. El té llego y me distrajo un poco el dar algunos tragos
-Isabella no debe hacerle abstenerse a lo que usted quiere solo por miedo a su horrenda y estúpida actitud, ella no tiene poder sobre usted ¡Por dios! Usted vino a América para encargarse de su vida ¿Cómo puede decirme que Isabella le esta impidiendo tener una amista conmigo?
La mire hacia los ojos, ella aun estaba tan molesta, tan alterada que no sabía si responderle lo que tenía en mente, el miedo que según ella le tenía a Isabella no era más que simplemente discreción y disciplina, a Isabella le molestaba que yo aprovechara el tiempo en su casa para cosas indebidas como hacer amistad con su hermanastra pues mi único trabajo y obligación en esa casa era exclusivamente para ella y las clases.
-Ella no me impide nada, es solo que a ella le parece incorrecto que yo pueda aprovecharme de las circunstancias, ella es fiel a las reglas, solo quiere tenerme en casa para sus clases no para congeniar con nadie.
Me estudió por unos segundos y se inclino hacia la mesa para mirarme de cerca, escudriño mis ojos ausentes y su voz alta por el enojo de hace un momento se suavizo.
-¿Tiene miedo? ¿Teme que suceda lo que paso aquella vez con lo del té en la sala?
No pude olvidarme de las expresiones de las tres personas que nos sorprendieron esa vez, La señora Swan, Isabella y James, fue haber roto una regla que ni siquiera estaba impuesta por nadie pero de todas formas era falta de respeto cuando se supone debo prestarle atención a Isabella.
No podía sentir miedo por nada ni por nadie, Isabella no era mi verdugo ni mi jefe, ni mi dueña, me había preocupado más por complacerla en hacer todo lo que me pedía, me costaba trabajo complacerla y a veces simplemente no encontraba la forma más sana y fácil de lograrlo, es tan impredecible, en cambio Rosalie ¿Cómo podía impedirme algo con ella solo por su hermana tan mezquina y pedante?
Continuo con firmeza mientras yo la escuchaba.
-Soy una persona bastante amigable, me gusta escuchar a la gente, me gusta compartir experiencias y tú me has caído tan bien desde que entraste por la puerta aquel día, normalmente los hombres que conozco son tan descarados e interesados, debo admitir que he llevado relaciones amorosas con varios hombres pero todos y cada uno de ellos han sido tan despreciables que deje por un momento de pensar en que podría encontrar a un hombre que fuese mi amigo, mi apoyo y tú eres un hombre tan transparente, sincero y sensible, quiero ser alguien de tu confianza ¿De verdad crees que Isabella deba alejarte de una buena y cálida amistad?
-Isabella no es quien me impide nada –le repeti con suavidad –El único problema es que yo tengo la palabra con su familia de dedicarme a Isabella para que pueda seguir adelante, no puedo fallar.
-Respóndame algo, señor Cullen, ¿No quiere tener problemas, cierto?
-No es que no quiera tener problemas, es una promesa…
-De acuerdo –me interrumpió de nuevo –Sé cuán importante es este trabajo y el que tiene con James, entonces dejemos las cosas como están ¿Por qué romper las reglas solo por mí?
Gesticulo una gran mueca con los labios, meneo la cabeza suavemente que lo único que quise fue responderle sí a todo, sí quería una amistad con ella, sí quería tenerla cerca, podía y quería mandar al demonio todo y conocer tan de cerca a Rosalie con una inmensa fuerza y desenfrenada desesperación.
-Cuente conmigo para lo que quiera, quiero ser aquel amigo suyo que tanto desea, pretendo escucharla, estar en donde quiera, cuando sea para cuando lo necesite, que no influya ni siquiera Isabella si le parece correcto, creo que tiene razón, nadie debe entrometerse en cosas que no corresponden a nadie más que a nosotros dos, prometo que ni ella interferirá, no quebraré ninguna promesa con su familia pero seamos bastante discretos. ¿Por favor?
Se le quebró la voz en un gritito que no pudo expulsar, una sonrisa del tamaño de su rostro se le pintó, sus ojos brillaron tan fuerte que embellecieron aun más su sensación de regocijo, me quede ahí sentado mirándola como se emocionaba sobre su asiento, me quedé helado, con esa sensación de inmovilidad cuando tomo mis manos que estaban sobre la mesa y las apretó a las suyas, quise inclinarme y acariciarle el rostro una y otra vez, terminando en sus delicados y delgados labios carmesí que emanaban tanta pasión.
-No seas tan recatado, mi familia se sentirá orgulloso de ti pues has capturado la atención de las dos únicas chicas jóvenes de la casa–esperó a que me riera, le di una sonrisa a medias –Tienes algo que cualquier mujer querría Edward, tendría tanta suerte aquella mujer que pudiera ser feliz contigo por una larga vida, tengo suerte de haberte tomado primero
Me ruborize tanto que quise mirar hacia otro lado, de nuevo era ella quien me daba los cumplidos, era una genio para esto y yo un completo novato, inclusive me había avergonzado del primer cumplido que le había dicho. ¿Qué clase de hombre hace esa clase de cumplidos tan sobreestimados?
-Eres la primera mujer que me recibe con tan buenas intenciones, con Isabella al principio fue suficiente, su actitud me había quitado las ganas de conocer a alguien que no fuera Emmett y más que fuese una mujer.
Se encogió de hombros, mordiéndose el labio de los extremos.
-Ella es así, en fin, un día hermoso ¿No lo cree? -miro hacia una de las ventanas, el día estaba reconfortante, despejado y soleado, de inmediato me volvió hacia a mí con mucho frenesí - Me encanta caminar, lo adoro ¿Me acompaña?
Estaba a punto de levantarme de la silla pero esperé a que ella fuera la primera, asentí levemente regalándole otra sonrisa.
-Claro.
Se levanto, se paso a mi lado y yo le ofrecí mi brazo, alago una y otra vez mi caballerosidad y salimos tan rápido del café que no nos preocupamos en el cambio de la cuenta del café y el té.
-¡Amo esta ciudad! Es tan hermosa que una compañía tan agradable como la tuya la convierte en un viaje tan placentero.
Clavé mis ojos en ella tan fuerte que alzo una ceja
-Lo mismo digo, quien mejor que pueda darme una visita por la ciudad que hace años deje con alguien que la conoce mejor que yo en estos tiempos.
Se apego a mi brazo que el roce con el suyo me llevo y me trajo a la vida en un solo segundo, el corazón se me disparó en una locura de sentimientos.
-Me encanta la idea, espero que tenga tiempo suficiente para esto porque será un viaje largo.
(…)
Caminamos por las calles sin darnos cuenta del tiempo que circulo durante el recorrido, hablamos de tantas cosas, comenzamos hablando de la ciudad, de mi ausentismo y las buenas amistades que deje, de mi madre y la vieja casa donde viví cerca de un campo y nuestra posible felicidad que dejamos para irnos a Inglaterra, al principio creí que mi madre estaba cometiendo una locura pero no lo fue, me había salvado de un quizá futuro tormentoso, no deje pasar por ninguna manera a Paul, le platique el gran hombre que era y los buenos tiempos que siempre nos hiso pasar a mi madre y a mí, siempre era un placer hablar acerca de él.
Rosalie no me platico mucho de su vida, se dedico a escucharme a mí sin alguna interrupción, le pedí que me platicara acerca suyo y se rehusaba vacilante.
-¿No hubo alguna chica en Inglaterra que te hubiera enamorado? –Rosalie había utilizado el tema para que evitara pedirle hablarme de su vida
Baje la mirada, no pude evitar recordar los tiempos con Mary Lu, la simpatía que siempre me mostro, su apoyo y consideración que tuvo con más intensidad conmigo que con otros chicos, me dolió mucho alejarme de ella porque nadie me había tratado así, era una gran persona y yo la había lastimado sin consideración, haciéndome sentir un monstruo.
-No, pero había una chica que siempre se mostró amable conmigo, mucha gente me decía que me amaba en secreto y en realidad así fue, ella era una de esas chicas que no parece ocultar bien los sentimientos y por así decirlo lo descubrí yo solo, me sentí muy mal cuando le dije que no podía amarla y que tampoco esperará que le correspondiera –trague saliva, mi voz se encogió cada vez más al recordar, yo no era así, no era un hombre que lastimaba de esa forma –La quiero, pero como a una amiga, nada más.
-¿Y cómo se llama?
-Mary Lu.
-Huy –se mordió el labio –Pobre chica, amar sin ser amado debe ser una cosa terrible, realmente terrible, pero no fue tu culpa, no ibas a obligarte amarla, sería cruel, mucho más cruel que romperle el corazón, el fingir amarla para no lastimarla suele ser lo peor, pero que bueno que fuiste sincero.
Algo más en sus palabras llamo mi atención, algo que si me interesaba saber.
-¿Nuca has sido rechazada?
Se congeló cuando se lo pregunté, casi diría que palideció por la sorpresa.
-¿Cómo?
-¿Jamás te sentiste de esa forma? Como cuando amas a alguien y al fin puedes hacerle saber a esa persona que lo amas y que de repente tienes ese el golpe más traumatizante y doloroso de tu vida porque te dice que no siente lo mismo que tú y que espera de verdad que consigas a alguien que pueda hacerte feliz pero que sin duda no se tratara jamás de él.
Me desconcentré cuando ella rió entre dientes, aquella risa suya me respondió mucho más de lo que esperaba que me pudiera decir.
-No, tengo la suerte de no sentirme de esa forma y siento tanta lastima por personas que pierden el tiempo con eso ¿Por qué mejor evitar todo aquello y esperar a que un hombre se enamoré de ti y rechazarlo en lugar de ser rechazada?
Me confundió, tanto que no supe si se trataba de la misma Rosalie que había conocido en este tiempo, aquello sonaba desconsiderado, algo que no parecía propio de ella ¿Por qué jugar asi con los sentimientos de los demás? ¿Acaso no importaba eso?
Quise detenerme pero noté que yo avance de forma muy lenta.
-Creo que lo que dices suele ser muy desconsiderado, me parece ser que tratas de decir que prefieres jugar con los sentimientos de los demás que preferir ser lastima, eso no suena muy justo.
-No lo entiendes –respondió con un leve exabrupto que emergió desde sus ojos, creí que bajaría su brazo del mío pero no lo hiso. Nos detuvimos y nos miramos a la cara un par de segundos –Los hombres, todos aquellos que me han pretendido son unos abominables seres y sucios perros de baldío que solo me querían para su conveniencia, claro una niña que se supone tiene dinero en donde caer puede ser soluciones de muchos ¿No lo crees? Así que no puedes juzgarme.
-No te juzgo. –le aseguré con voz baja.
Me evadió la mirada, bajo su brazo del mío y su expresión se volvió áspera.
-Tal parece que todos son iguales, prefiero olvidarme del tema e irme.
-Por favor Rosalie, no te vayas, no quise decir aquello, no lo malinterpretes, te lo acabo decir, creo que eres maravillosa, divertida y amable, te considero mucho más de lo que la gente diga de ti o de lo que piensen, no acabaré de creer lo que yo pienso por ellos, no te juzgo, ahora lo entiendo, no quieres que jueguen con tus sentimientos y eso si lo comprendo.
Ella se quedo mirándome fijamente, aun llevaba aquel semblante suyo tan rabioso, le dedique una sonrisa de inocencia que no tardó en hacerla cambiar de opinión, giro los ojos y la comisura de sus labios se curvaron en una sonrisa a medias.
-Eres realmente convincente con esos ojos, perdóname, odio que den todas esas ideas, la gente me ve como una mujer coqueta que solo juega con hombres, supongo que te ha llegado el rumor ¿Verdad?
Me encogí de hombros, no parecía recordar nada que dijeran de Rosalie que yo supiera.
-No, la verdad no, he escuchado tantas cosas de mucha gente que te confieso que no lo recuerdo, pero no importa, se supone que nada de eso es cierto.
-¡No, no lo es! –se rió –Tantos rumores que desmentir que no te alcanza el tiempo para hacerlo.
Me tomo del brazo otra vez y giramos hacia la calle, caminado esta vez sin decir nada.
N/A
Que puedo decir, las extrañe mucho, de verdad espero que disfruten el capítulo, estoy escribiendo tanto que creo que terminare de escribir este fic muy pronto, de verdad gracias por su apoyo, de verdad, las quiero demasiado por todo y a aquellos que dan favoritos y todo eso, esas lectoras silenciosas, también no saben cuando les agradezco.
Feliz día del padre! A todos los papás y al mío también :) ahora tendré que buscar un regalo tan bueno como el que hice en el día de la madre jajaja
Disfruten del capítulo y si te gusto ¿Me dejan un Review?
