Mi segunda historia en español, mi querido primer idioma. Espero que la disfrutéis tanto como yo disfrutó escribiéndola. No se si durar capítulos, o si la haré larga. Espero que os guste.
Aviso legal. La saga de videojuegos assassins creed no me pertenece. Todos los derechos y el mérito pertenecen a sus creadores.
El camino de Desmond Miles.
Desmond Miles se sentía traicionado. No por Abstergo. No por la Hermandad de los asesinos. Se sentía traicionado por su propio cuerpo. Su cuerpo le resultaba ajeno. Por supuesto muchas personas se sentirían así si su cuerpo fuera el instrumento, el arma, que unos seres que no llegaba a comprender habían utilizado para acabar con la vida de la mujer que amaba. Era una imagen que no se le iba de la cabeza. Lucy mirándole a los ojos con la expresión confundida mientras él retiraba su cuchilla de las entrañas de la rubia.
Parte de él deseaba haberse quedado atrapado en el animus con el sujeto 16. Y sin embargo allí estaba marchando hacia un destino incierto para ganar una guerra que el ya no tenía intenciones de ganar. La obsesión de su padre por destruir a la orden del temple lo llevaba hasta el extremo de sus habilidades. Habilidades que Lucy Stillman había pulido y perfeccionado hasta la saciedad. Le había hecho practicar no solo dentro sino fuera del Animus también. Juntos se habían enfrentado a Abstergo y vencido una y otra vez.
Aunque ya nunca lo admitiría a nadie, fuera de su subconsciente, él se había atrevido a soñar en algo más. Su padre nunca lo entendería. Para su padre lo único que importaba era la guerra. Una guerra que tristemente se había alargado durante milenios y que la mayoría de la gente desconocía. Mientras estaba en el Animus así como cuando cotilleaba los emails de Lucy podía ver que su padre era el mismo bastardo del que escapó cuando era joven. El líder de facto de los asesinos.
Desmond sabía que nunca podría ser como él. Lucy le había enseñado que no todo era blanco o negro en esa guerra. Había templarios con buenas intenciones, aunque él no los hubiera conocido todavía, y asesinos con no tan buenas intenciones. Lucy dudaba de las intenciones de su padre y él no estaba seguro de que pudiese fiarse al 100% de su progenitor. Revisando los emails de su querida Lucy durante su estancia en la antigua villa de los Auditore se había dado cuenta de lo atrapada que se encontraba su amiga entre Vidic y William. El que había sido su mentor en la ciencia y el que era el Mentor de todos los asesinos.
Desmond practicaba sus habilidades mañana tarde y noche para estar listo para su misión. Fue una de esas tardes cuando habiendo terminado de practicar en el campo de tiro se y dirigiéndose a la cama directamente oyó a su padre hablar con alguien de los fragmentos del Edén.
-Dice que sabe donde está el último fragmento – William le comunicaba a su interlocutor. Desmond se ocultó entre las sombras como tantas veces había visto hacer a sus antepasados. La oscuridad era su amiga, algo curioso para alguien que había tenido miedo de ella cuando era pequeño. – No señor, no creo que mienta.
Durante un momento Desmond vio como los ojos de su padre se abrían como platos seguramente por una información que su interlocutor le transmitía, incluso podía notarse algo de tristeza en sus facciones antes de responder simplemente.
-Ya veo.
Su interlocutor siguió hablando durante unos minutos y otra vez le volvió a tocar a su padre.
-Sin duda la insurgencia ha de ser aplastada señor pero yo no puedo prestar a ninguno de mis hombres, una vez se dé cuenta de lo que…- El interlocutor misterioso interrumpió a su padre.
-Creo que esa no es una buena idea señor, sobre todo desde que todos aquí piensan que está muerto. – Respondió su padre. Desmond no sabía a lo que se refería. ¿Quién era el que todos pensaban que estaba muerto? ¿Un alto cargo de la orden tal vez?
-Si señor me encargaré de ello cuando todo termine. "Nada es verdad, todo está permitido." Buenas noches Mentor. – Se despidió su padre. Desmond salió de su escondite y se acercó a su padre poniéndole la mano en el hombro. Su padre reaccionó utilizando su cuchilla oculta que a Desmond le costó mucho esquivar.
-¡Desmond!- Exclamó su padre al ver que no se trataba de ningún templario. – Hijo me has asustado. ¿Qué hacías ahí?
-Estaba volviendo de mi entrenamiento en el campo de tiro y te he visto hablando por teléfono. ¿Sucede algo papá?- Respondió Desmond con algo de fingida preocupación.
-Asuntos de la orden hijo. Nada grave. – Respondió el maestro asesino con una leve sonrisa en el rostro.
Desmond simplemente asintió dejando a su padre con una duda. "¿Cuánto habrá oído de la conversación?"
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Rebecca y Shaun se encontraban en el garaje del chalet propiedad de la orden en el que se habían instalado. Allí tenían los equipos electrónicos, incluido el Animus de los asesinos para evitar llamar la atención teniendo la furgoneta aparcada en la calle a la entrada del garaje. Se encontraban en Nueva Jersey y aunque a Desmond le hubiera gustado salir a explorar, su padre se lo había prohibido tajantemente. De acuerdo a lo que le había dicho, los templarios podían estar espiando en los alrededores esperando que uno de ellos se quedara solo para eliminarlo.
Los asesinos habían tratado de todas las maneras posibles consolar a Desmond tras la muerte de Lucy y después de que él saliera del trance, incluido Shaun. Eso le había hecho desarrollar un nivel de confianza con ellos de nuevo, aunque seguía confiando más en Becca. La informática estaba hackeando los ordenadores de Abstergo comprobando que equipos tenían los templarios en la zona, pero se volvió para saludar a Desmond con la cabeza, Desmond la devolvió el saludo. Shaun no se volvió y simplemente movió su mano para dejarle saber que sabía de su presencia en el garaje.
-Becca – dijo Desmond atrayendo hacia si la atención de su amiga.
-¿Si Des?- Preguntó la informática algo molesta por tener que dejar de trabajar.
-¿Qué le sucedió al Mentor de la orden?- Preguntó Desmond. Los otros dos asesinos se volvieron hacia él con caras claramente sorprendidas.
-Murió- Respondió Shaun. –Los templarios lavaron el cerebro de uno de los nuestros y le hicieron matar al Mentor.
-Entiendo. ¿Y quién lo sustituyó?- Preguntó Desmond.
-Bueno, en cada país las células responden ante un líder. – Respondió Becca. – Pero tu padre controla más o menos la orden a nivel mundial.
Shaun asintió dándole la razón a Becca. Desmond no pudo ocultar la preocupación que sentía en su rostro. Algunas partes de la conversación cobraban sentido ahora pero curiosamente ahora Desmond hubiera deseado no haber preguntado.
-¿Entonces desde la muerte del mentor, no hay nadie por encima de mi padre?- Desmond preguntó solo para estar seguro.
-No. Nadie. ¿Por qué preguntas todo esto? – Confirmó Becca preocupada.
-Por nada. – La intentó tranquilizar Desmond.
Detrás de la puerta del garaje William escuchaba a su hijo y comprendía que su plan sería más difícil de llevar a cabo de lo que pensaba.
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Las dos sombras se movían rápido por las calles de Nueva York. Trataban de librarse de sus perseguidores. Una era una mujer que ya superaba la cincuentena, de pelo marrón y facciones delicadas con unos ojos negros como la noche. La otra no llegaba apenas superaba los 20 y era una versión más joven de su acompañante. Estaba claro que eran madre e hija. Sus perseguidores eran unos 5 encapuchados, claramente pertenecientes a la orden de los asesinos, tan centrados en sus objetivos que cuando las mujeres se adentraron en Central Park no se dieron cuenta que en las copas de los árboles se encontraban miembros aparentemente de su misma orden.
Cuando llegaron a una de la zona más poco transitadas del parque la mujer mayor se dio la vuelta y encaró a sus perseguidores. Podía notar su sentimiento de victoria. Miró a las copas de los árboles. Sus tres aprendices estaban en posición. La mujer silvó y sus aprendices cayeron sobre tres de sus perseguidores. No dando tiempo a los otros dos de recuperarse de la sorpresa madre e hija se abalanzaron sobre ellos con sus cuchillas ocultas, en apenas 8 segundos los 5 asesinos yacían muertos sobre el suelo de Central Park. El móvil de la mayor de las mujeres sonó y ella cogió el teléfono sin mirar quien era.
-¿Qué crees que estás haciendo?- Era la voz de un enfadado William Miles. El hombre que había sido su marido durante 28 años, un hombre al que había jurado amar y respetar hasta que la muerte los separara, el padre de su hijo y de su hija. Líder de facto de todos los Asesinos. La mujer suspiró antes de contestar.
-William, sabes que lo que pretende la orden está mal, incluso peor que lo que pretenden los templarios. Nuestra orden ha perdido el rumbo de nuestra misión como la suya hace tanto tiempo. Antes ambas nos conformábamos con proteger los frutos, recuérdalo.
- ¿Y por eso te alías con ellos?- Su voz denotaba que se sentía traicionado, motivos no le faltaban. Sus aprendices y su hija la indicaron que ya se habían encargado de guardar los cuerpos. Ella asintió.
-William. – dijo la mujer suspirando.- Deberías haber aprendido ya que no todos los templarios son los malvados monstruos que nos han hecho creer, igual que los asesinos no somos los héroes misteriosos que nos creemos o por lo menos no todos. Somos las dos caras de una misma moneda.
-Emily- dijo William algo más cansado. – Por favor. Emma y tú debéis recapacitar.
-¿Para qué?- Dijo Emily algo más enfadada. – ¿Para qué? ¿Para qué tú y el mentor continuéis con esta estúpida lucha por el poder con los templarios? ¿Para qué sigamos en manos de aquellos que llegaron antes?
-Emi…- Emily Miles colgó el teléfono antes de que su marido pudiera continuar hablando. Las lágrimas amenazaban con caer de sus ojos. Sus pensamientos se dirigieron hacia su hijo. Su Desmond. Deseó con todas sus fuerzas hablar con él y reconfortarle, recuperar el tiempo que había perdido cuando la lucha lo era todo para ella como le sucedía a su marido. Su hija la puso la mano en el hombro.
-Mamá. "Prometeo" nos espera en el mirador del Empire State en dos horas. –La informó. La mujer asintió sonriendo a su hija. Sus hijos merecían un futuro y ella se iba a asegurar de que lo tuvieran.
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Desmond se entretenía en su cuarto haciendo flexiones. La casa no tenía televisión, el único teléfono lo tenía su padre y los ordenadores se dedicaban exclusivamente a asuntos de la orden. Por tanto su único entretenimiento eran las flexiones y abdominales para mantenerse en forma. Era una costumbre que había desarrollado durante su estancia en Abstergo cuando Vidic y Lucy no le dejaban salir de aquel laboratorio. "Es curioso como se parecen los buenos y los malos en algunas cosas" había oído murmurar a Lucy algunas noches cuando no podía dormir. "Desde luego" pensaba ahora Desmond. "Los asesinos y los templarios no son nada distintos, en esta guerra nada es blanco o negro todo es gris." Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando alguien llamó a la puerta.
-Desmond- sonó la voz de Shaun al otro lado. – William quiere verte.
Desmond suspiró. Cuando era pequeño su padre había sido su héroe y siempre que le llamaba acudía lo más rápido que podía esperando que le asignara una misión que por supuesto nunca le asignaba, siendo él un niño. Ahora no podía evitar sentir un cierto desinterés por la misión que seguramente le asignaría ahora. No paraba de repetírselo tras sus entrenamientos. Ahora era un asesino. Un arma al servicio de la orden. Cumpliría sus órdenes o perecería en el intento, idea que desde la muerte de Lucy a Desmond le parecía más y más atractiva.
Se dirigió junto con su compañero al cuarto de su padre, donde Becca les esperaba vestida con una sudadera larga blanca con capucha y unos vaqueros. Shaun se puso una sudadera parecida y su padre le lanzó una a él.
-Nos vamos a NYC. Tenemos una misión.- Dijo el Mentor en funciones. Desmond asintió y se puso la sudadera. Desmond esperó a que su padre les diera los detalles de la misión.
-Una líder de célula y 4 de sus aprendices nos han traicionado y se han unido a los templarios. – Explicó William. –No creo necesario explicaros lo terrible que sería si cierta información cayera en manos del enemigo.
Los 3 asesinos asintieron. William sacó una foto del marco que había al lado de la cama. Era la foto de una mujer y una chica joven abrazándose con una gran sonrisa para la cámara. Desmond abrió los ojos como platos reconociéndolas. Eran su madre y su hermana. William le observó.
-Nos han traicionado Desmond. – Su padre dijo. – No hay elección posible. Deben ser eliminadas. Desmond asintió sin pronunciar palabra ante la atenta mirada de sus compañeros que intercambiaron una mirada de preocupación.
-Mentor. – Intervino Shaun. – Rebecca y yo podemos encargarnos, no es necesario que venga Desmond.
Rebecca asintió pero William negó con la cabeza.
-Ya es hora de que Desmond pague todo lo que la hermandad ha hecho por él.
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Emily esperó en el mirador del Empire State durante media hora. Había mucha gente en el mirador y era fácil para sus aprendices y su hija esconderse entre la multitud y protegerla hasta la llegada de "Prometeo". Pensó en su hijo Desmond. Becca y Shaun estaban con él pero con la supuesta muerte de Lucy a sus manos, los asesinos le habían comunicado preocupados que temían por su salud tanto mental como física. Su móvil pitó y un mensaje de Shaun apareció en la pantalla.
"William nos ha enviado a por ti bajo el pretexto de eliminarte como traidora. Debes trasladar la reunión a otro lugar. S."
Emiy suspiró y procedió a escribir una respuesta. "Negativo, S. La reunión se mantiene como está. Traedme a mi hijo y yo sabré lidiar con él. E."
Sabía que no iba a ser fácil pero si el destino quería que su hijo se cruzara en su camino antes de tiempo, esperaba poder convencerle de que se uniese a ellos. Hizo una señal a su hija para que se acercara.
-Shaun y Rebecca se van a unir a nosotros antes de tiempo. Tu hermano viene con ellos. Necesito que te asegures de tenerlo controlado cuando suban, si la reunión todavía durara, al fin y al cabo "Prometeo" es un templario pero también es un aliado y Dios sabe que no podemos perder ninguno.
-Ella me ha llamado hace cinco minutos mamá. – Respondió su hija. –Ha salido del hospital contra la recomendación médica. Le he dicho que nos espere en el hotel. Jack y Kate están con ella.
Una sonrisa se dibujo en a cara de la maestra asesina.
-Bueno. Esto puede jugar a nuestro favor para convencer a Desmond. ¿Qué sabemos del tiempo que Des estuvo en coma?
- Parece ser que ha descubierto un nuevo fragmento cuando le conectaron al Animus mamá. Parece haber resuelto lo que la criatura Juno le dijo.
-Ya desde pequeño fue bastante inteligente.- Dijo su madre con cierto tono de orgullo. – El día en el que dejó la granja fue uno de los peores de mi vida.
-¿Quién nos iba a decir a nosotras que la próxima vez que lo viéramos sería todo un asesino? – Dijo Emma. Su madre acarició su mejilla y la instó a que se alejara. "Prometeo" siempre había preferido encuentros íntimos y la presencia de su hija podía darle una falsa impresión. Errónea por otra parte dado a que aunque de manera improvisada habían formado una nueva facción, sin embargo de acuerdo con los templarios que cooperaban en su pequeño proyecto "Prometeo" solo se había comunicado por email. Era un hombre misterioso y ella no era quien para negarle su privacidad. Sin embargo él no era quien para negarle a ella una pequeña escolta, aunque era una asesina experta, sabía que ahora que la hermandad conocía su traición, no pararían hasta eliminarla y era lo suficiente realista para saber que en algunos casos ella sola no podría mantenerse con vida.
Un hombre con gabardina oscura sombrero y gafas, lo suficientemente tapado para no ser reconocido se sentó a su lado en el banco. Ella sabía que era "Prometeo" pero debía esperar a que el hombre dijera la contraseña.
-Non Nobis, Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam.- Dijo el hombre. Ella sonrió. Era el lema de los caballeros templarios. El lema que San Bernardo había pensado para la orden, oponiéndose a los deseos de la antigua Orden Templaria. San Bernardo soñaba con una orden a la que el llamaba "Verdaderos templarios" que quedaría fuera de la guerra entre templarios y asesinos, que viviría según unos valores morales, sin embargo tras la muerte de San Bernardo la antigua orden se hizo con el control de los cruzados añadiéndolos a sus ya por aquel entonces numerosos ejércitos. Les costó sin embargo deshacerse de los ideales de San Bernardo y tuvieron que acabar con ellos utilizando a la iglesia acabando con todos los "Bernardinos" como ellos los llamaban, por supuesto la idea perduraba todavía en la orden y ahora que los asesinos también se habían corrompido, muchos descontentos con la hermandad se habían unido a ellos esperando por fin poner punto y final a la milenaria guerra. El lema de acuerdo con la naturaleza de San Bernardo significaba "Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para dar gloria a tu nombre."
Ella tuvo que responder con la "verdad" que su orden había predicado a lo largo de los milenios.
-Nada es verdad, todo está permitido.
La reunión comenzó.
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