Después de varios meses en pausa. Me vuelvo ha centrar en esta historia. No sabía muy bien como continuarla pero ya se me ha ido el bloqueo. Me gustaría que escribierais comentarios para decirme que os parece. Gracias por leer.

AL: Assassin's Creed no me pertenece.

Capítulo 2

Desmond subió junto con Shaun y Rebecca las escaleras que conducían al mirador del Empire State Building, lugar en el que según los contactos de la hermandad y un alto cargo templario. Desmond había observado con asco la cara de su padre cuando el hombre había hablado emocionado sobre las ventajas de matar a un maestro templario sin ninguna mención a su madre o a su hermana. Desmond estaba casi seguro de que el hombre se alegraba de librarse de ellas, puesto que tener una mujer y una hija traidoras a la orden no era lo mejor para seguir ascendiendo.

El susodicho padre esperaba con la furgoneta unas manzanas más allá. A cada paso que daba su corazón le resultaba más pesado. Se encontraba ante una situación que ninguna persona, asesino o no, debería encontrarse jamás y no se la desearía ni a su peor enemigo. Su corazón le gritaba que saliera corriendo y que no mirará atrás. Sabía que podía superar tanto a Shaun como a Rebecca en velocidad y agilidad. Sin embargo su parte racional le decía que era inútil, su padre lo encontraría y lo mataría sin dudarlo lo más mínimo. Además su el viejo se comunicaba con ellos por dispositivos Bluetooth.

Los tres asesinos tardaron cinco minutos en subir a la azotea, a una persona normal le hubieran llevado diez. Los tres se quitaron las capuchas y entraron aunque Desmond se puso una gorra de los Yankees para que ni su madre ni su hermana pudieran reconocerlo a primera vista.

-Separémonos y mezclémonos con la multitud. -Dijo Shaun. Rebecca y Desmond asintieron y se dispersarón.

-Cortaré la comunicación hasta que terminéis con vuestra misión. -Les informó William. - Escucharé lo que hagáis pero no hablaré. Recordad que el fracaso no es una opción

Desmond, no hizo caso de lo último puesto que una ráfaga de aire frío lo golpeó al salir al mirador. Desmond agradeció llevar la sudadera, estando el mirador al aire libre y siendo de noche y casi invierno, el frío en otro atuendo podría haberle afectado, o más bien podría haberlo notado más. Desmond, se movió entre la multitud localizando a los asesinos entre ella. Tenía que reconocer que ellos, a diferencia de él, parecían tranquilos consiguiendo que nadie se fijara en ellos, mientras que él atraía sobre él algunas veces la mirada de algún turista curioso y estaba seguro de que alguno de los hombres de su madre también lo habría notado puesto que tenían una capacidad de observación diferente al resto de la gente.

No tardó mucho en localizar a su madre estaba sentada en un banco hablando con un hombre, seguramente un templario, demasiado disfrazado para reconocerle si le hubiera conocido. Observó a su alrededor, estaba justo en medio del perímetro de seguridad de los asesinos aunque no podía descartar la posible presencia de templarios en el mirador. Decidió avanzar hacia su madre y el desconocido con la intención de cumplir con su misión. Cuanto más lo pensara más le costaría cumplirla pero la misión no iba a cambiar: Su madre debía ser eliminada.

Se movió entre la gente que se interponía ante él y su objetivo con facilidad, en entrenamiento del Animus le había servido para eso. Pero justo cuando solo un grupo de personas se los separaba el disparo de un arma, de una pistola hizo que la gente saliera corriendo del mirador. Desmond se encontró rodeado inmediatamente por 9 personas de las cuales solo reconoció a su hermana, que lo miraba llena de tristeza. Sintió como Shaun y Rebecca se pegaban a él dispuestos a ayudarlo con los atacantes.

-Nueve contra tres- Dijo Desmond con una media sonrisa. -Me parece una pelea justa.

Probó que el mecanismo de su cuchilla funcionaba y sonrió sin embargo sus enemigos no atacaron. Su hermana le habló.

-Ha pasado mucho tiempo Des.- Dijo la muchacha sonriendo. -Veo que te has estado cuidando bien

-Tú también hermanita. - Dijo Desmond. - La última vez que te vi eras apenas una mocosa de 11 años.

Su hermana soltó una pequeña carcajada. -Muy cierto. - Respondió ella. - Y tú solo tenías 17, apenas un muchacho. Recuerdo que apoyé a papá en la última pelea que tuvisteis y a la mañana siguiente ya no estabas, siempre me sentí culpable por ello.

-Nadie tuvo la culpa de ello salvo el viejo.- Desmond soltó con desprecio.

-Sin embargo ahora tú estás de su parte y nosotras en su contra. - Dijo su madre entrando dentro del círculo. El templario había desaparecido.

-Es diferente, vosotras habéis traicionado a la hermandad. - Se defendió Desmond. -Y he de decir mamá que no me esperaba esto de ti. Siempre apoyaste a papá con una fe ciega y nunca cuestionaste sus motivos.

-No cuestiono sus motivos Des. - Replicó su madre con ternura. - Cuestiono los de la hermandad. La hermandad se ha convertido en lo que antaño juró destruir. Si no fuera así se habrían dado cuenta de que los templarios no son tan malos, por lo menos algunos. Hay algunos que saben que los frutos del edén son peligrosos y se han encargado de protegerlos. Mi amigo "Prometeo" es uno de ellos. Sin embargo tu padre y la Hermandad no lo ven así.

-Unas buenas en unos años no compensan por siglos de injusticias.- Desmond respondió. Sabía que su madre tenía razón pero no podía quitarse de la cabeza lo que Abstergo le había obligado a pasar.

-¿Y si te dijera que un gran templario fue amigo personal y cómplice de Ezio Auditore?-Replicó su madre. Los ojos de Desmond se abrieron como platos de la sorpresa. ¿Un templario amigo de Ezio? Desde luego el no lo había visto en el animus. Su madre sonrió y continuó- Nunca fue considerado un asesino pero cooperó estrechamente con nuestra Hermandad. Sus inventos nos fueron muy útiles.

-Leonardo. -Dijo Desmond.

-Leonardo Da Vinci. Gran Maestre de los templarios Bernardinos.- Dijo su Madre asintiendo.

-¿Leonardo era un templario?- Preguntó Desmond confuso. -Pero si era uno de los hombres de confianza de Ezio y Ezio...

-Odiaba a los templarios por lo que le hicieron a su familia. - Dijo su madre. -Pero por supuesto Leonardo nunca le reveló su secreto a Ezio.

-Desmond. No la hagas caso, está intentando confundirte. Mata a todos los de esa azotea, Shaun y Rebecca también son unos traidores, son ellos los que han delatado la operación al enemigo. - Ordenó su padre desde la furgoneta. Desmond se dio la vuelta y miró a sus amigos que lo miraban tristemente disculpándose en silencio.

Desmond se sentía confuso y traicionado por todos. En el último año había pasado de pensar que había escapado de los asesinos a hallarse inmerso de lleno en la lucha contra los templarios. Había matado a la mujer que amaba, su madre su hermana y sus amigos habían traicionado a la hermandad y su padre le seguía obligando a luchar en una guerra que no era la suya.

-Si me uno a vosotros. ¿Acabaréis con esta guerra de una vez por todas?- Preguntó Desmond. -¿Podremos llevar una vida más o menos normal?

-¡Somos asesinos y nunca podremos llevar una vida totalmente normal!- Gritó su padre desde la furgoneta claramente desesperado.

-Pero podremos intentarlo- Dijo su madre sonriendo cálidamente a su hijo. - Eso hizo que Desmond tomará la decisión, tal y como le había enseñado Lucy en la guerra no había buenos ni malos, solo dolor. Y si lo que decía su madre era verdad un grupo de templarios se había unido con los asesinos para acabar con ella. Desmond cogió el Bluetooth y lo lanzó contra el suelo rompiéndolo.

-Si eso es verdad. Podéis contar con mi cuchilla- Dijo Desmond devolviéndola la sonrisa a su madre. Los asesinos y los templarios relajaron sus posturas de combate y abrieron el círculo. Emma corrió hacia su hermano y lo abrazó con fuerza.

-Te he echado de menos Des.- Le dijo con cariño.

-Yo a ti también hermanita.- Respondió Desmond devolviéndola el abrazo. Desmond se movió entre los asesinos y los templarios que le dieron la mano, algunos, y otros palmadas en la espalda, hasta llegar a su madre.

-Me alegro de verte mamá.- Dijo el joven asesino.

-Yo también a ti hijo mío.- Dijo la maestra asesina besándolo en la mejilla. -Me alegro de que hayas entrado en razón.

-Lo mismo se podría decir de ti- bromeó Desmond provocando una breve risa de su hermana. Su madre les lanzó una mirada asesina a ambos que les hizo sentir como dos niños traviesos de nuevo.

-Maestra. - Dijo uno de los asesinos.- Deberíamos ponernos en marcha aquí estamos demasiado expuestos.

-Está bien. - Dijo la mujer. - Cada equipo se irá a uno de los pisos francos. -Rebecca, Shaun y Desmond irán al de Jack y Kate. El resto iremos a las casas asignadas de antemano.

Rebecca y Shaun se lanzaron una mirada cómplice y una sonrisa que Desmond no llegó a entender, pero se encogió de hombros y decidió que ya se lo contarían cuando fuera el momento.

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El piso que su madre les había asignado se encontraba en pleno centro del Bronks. Por lo visto todos los pisos que esta inusual alianza poseía se encontraban en lugares donde los templarios y los asesinos no tenían poder alguno siendo el Bronks uno de ellos. El edificio era viejo y los pasillos destartalados, la falta de mantenimiento era clara. El apartamento que les habían asignado era el 107, un apartamento que compartirían con otro equipo, dos templarios y una asesina.

Tanto Shaun como Rebecca parecían conocer a los ocupantes de dicho apartamento pero parecían reacios a contarle a Desmond algo sobre ellos. Todavía recordaba la cara sonriente de Rebecca cuando le dijo que prefería que fuera una sorpresa sin embargo Shaun parecía preoocupado.

Una vez llegaron al apartamento llamaron a la puerta con los nudillos, por lo visto el timbre en palabras de Shaun no funcionaba y daba calambre. Les abrió la puerta un hombre Afroaméricano, corpulento y con pinta de ex-marine. Llevaba una camiseta del Planeta de los simios y unos pantalones vaqueros, curiosamente las gafas que llevaba le daban un aspecto algo intelectual. Su primera expresión parecía enfadada sin embargo al ver a Shaun y a Rebecca cambió su expresión seria por una alegre.

-¡Shaun! ¡Becca! ¡Me alegro de veros!- Dijo el hombre abrazando amistosamente a ambos asesinos. Desmond estaba confundido, nunca se había esperado ver a un templario abrazar así a dos asesinos. Después miró a Desmond con detenimiento y miró a Becca.-¿Es él?

-Sí- Asintió la asesina sonriente. El hombre también abrazó a Desmond. -¿Así que tú eres el famoso Desmond Miles? Yo me llamó Jack y es un verdadero honor conocerte.

-Lo mismo digo. Aunque no sabía que fuera tan famoso.- Dijo Desmond.

-En nuestra organización sí, el hombre que le ha estado dando problemas a abstergo en los últimos meses. ¿Sabías que eres la única persona capaz de escapar totalmente de sus garras?- Le comentó el hombre liberándolo de su abrazo de oso.

-He tenido bastante ayuda Jack.- Respondió Desmond tristemente. -Tanto Shaun, Rebecca como la difunta Lucy Stillman me han ayudado mucho tanto a escapar de Abstergo como a desarrollar mis habilidades como asesino.

-¿Difunta eh?- Sonó una voz que Desmond conocía demasiado bien. -No me mates todavía Des, no ha llegado mi hora. Desmond desvío la mirada de Jack hacia el pasillo que daba a las habitaciones. Allí estaba ella, junto a una mujer afroamericana como de pelo largo, se hallaba Lucy, tal y como él la recordaba. Sino fuera por las sonrisas en los rostros de Shaun, Becca, Jack y la mujer, que según había oído Desmond antes se llamaba Kate, hubiera pensado que era una alucinación

-¿Lucy?- Preguntó él incrédulo. La mujer asintió y sonrió. Desmond buscó el sofá y se derrumbó sobre él. -Pero es imposible, yo... Roma... El coliseo... Yo te-te apuñalé.

-Así es Desmond- dijo Shaun. -Controlado por la criatura y privado de tu voluntad apuñalaste a Lucy pero, algo de tu voluntad debió de prevalecer porque no la heriste mortalmente. Una vez te quedaste inconsciente yo lleve en secreto a Lucy a un hospital donde la operaron, cuando estuvieron seguros de que aguantaría el viaje la enviaron Nueva York.

-Pero... yo te oí. - Dijo Desmond confuso. - Te oí informar a mi padre de su muerte. Fuiste el único del equipo que atendió a su funeral.

-En realidad estaba coordinando todo para su traslado.- Shaun le explicó.

-Todo este tiempo yo he pensado que la había matado. - Dijo Desmond. En esos momentos un torrente de emociones invadían su cuerpo, alivio, emoción enfado. Cerró los ojos un momento para ponerlas bajo control.

-Lo sentimos Des, de verdad que sí.- Intervino Rebecca. -Pero era la única manera de mantenernos a salvo. Si William hubiera sabido que estaba viva hubiera...

-Enviado un equipo de asesinos para acabar con ella. -Terminó Desmond comprensivo. Sabía por qué sus amigos lo habían ocultado y aunque todavía dolía el alivio era mayor que las demás emociones. Miró a Lucy tiernamente. - Yo pensaba que te había perdido para siempre Luce.

Lucy se sentó a su lado en el sofá y lo abrazó. Los demás comprendieron que era una escena privada así que abandonaron la habitación. Desmond lloró sobre la blusa de su amiga durante unos minutos hasta que logró calmarse.

-Des.- Dijo la mujer una vez el chico se hubo calmado. - Yo... siento de verdad haberte mentido, o por lo menos no haberte contado toda la verdad.

-No pasa nada. En esos momentos tal y como iban las cosas en el Animus y lo que había visto a los templarios hacer no te hubiera creído. - Dijo Desmond quitando importancia al asunto. -Cuando vi los emails a Vidic he de reconocer que me sentí un poco traicionado, pero según fui leyendo vi que realmente te preocupabas por tu equipo.

Lucy asintió. -Al principio Warren Vidic era mi amigo y mi mentor, incluso llegué a quererle como a mi padre. Era un momento en el que yo dudaba de la hermandad y acabé convirtiéndome en agente doble. Sin embargo no tardé en arrepentirme al ver que tanto los templarios como los asesinos eran parecidos en que todos eran igual de ambiciosos. -Lucy hizo una pausa y Desmond la acarició la espalda animándola a continuar. - Después de lo que pasó con el sujeto 16. -A Lucy se le escaparon unas lágrimas mientras recordaba el suceso. - Tu madre se acercó a mí y dijo que lo sabía todo. Por unos instantes yo temí que William la hubiese enviado a matarme, pero ella no hizo nada de eso. Me habló de como los templarios y los asesinos se habían convertido en lo mismo y de como ella algunos asesinos y algunos templarios estaban dispuestos a cambiar las cosas, acabar con esta guerra. Fue ella la que te encontró y me ordenó que te llevara a Abstergo para meterte en el Animus. Nunca contacté con ella aunque todo lo que hacíamos lo hacíamos siguiendo las instrucciones que ella me había dejado, hasta el coliseo. Eso ha cambiado nuestros planes, los ha acelerado ahora que los asesinos saben donde está el último fruto del edén debemos movernos rápido para evitar que se hagan con él.

Desmond asintió.- Gracias por contármelo todo.

-Es lo mínimo que podía hacer después de lo que te he hecho pasar.- Respondió ella tristemente.

-No estoy de acuerdo- respondió él.

-¿Qué quieres decir? ¿Acaso no huiste de la hermandad. para no tener que ver nada con los templarios y los asesinos?

-Realmente no huí de la orden. Huí de mi padre y de su obsesión con los templarios. Su obsesión con lo que el creía que era la misión de la hermandad de acabar con ellos.- Respondió Desmond sonriendo, lo que hizo que ella se sonrojara levemente. -En el fondo, no puedo decir que todo lo hemos pasado haya sido un camino de rosas, pero ahora que sé que estás viva y que hay una manera de acabar con esta guerra no me arrepiento de estar aquí.

Lucy se sonrojó aún más y Desmond la besó en la frente.

-Ahora deberíamos descansar, mañana deberemos de madrugar por si se nos necesita. - Añadió Desmond levantándose del sofá. - ¿Me enseñas mi habitación?

-C-claro- dijo Lucy conduciéndole a una habitación al fondo del pasillo. - En esta sala solo hay tres habitaciones así que nos tocará dormir juntos.

-Creo que podré vivir con eso. - Respondió Desmond haciéndola reír. - Y también podría acostumbrarme -murmuró sin que ella se diera cuenta. - Con ese comentario ambos asesinos entraron en la habitación.

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William Miles regresó a la casa que hasta hace unas horas había compartido con su hijo y un equipo de asesinos. William apretó los dientes al pensar en Desmond. Era la segunda vez que el muchacho le decepcionaba pero está vez era peor. Al igual que su hermana y que su madre se había convertido en su enemigo. El Mentor de facto de los Asesinos no comprendía por qué su familia no comprendía los ideales del verdadero mentor. Los asesinos podrían guiar a la humanidad hacia un nuevo futuro. Su mujer les había equiparado con los templarios pero William estaba seguro de que la hermandad hallaría la manera de utilizar los frutos para provecho de la humanidad, no como la egoísta orden templaria que solo buscaba el dominio. El teléfono interrumpió sus pensamientos.

-Aquí William Miles.- Dijo contestando al teléfono.

-Ya me han informado del chasco del Empire State. - Dijo una voz fría y anciana.

-Mentor- Dijo William claramente asustado. - Y-yo no lo llamaría fracaso, es simplemente un ligero contratiempo.

-Así que el único que sabe donde está el último fruto y la fortaleza de los antiguos desaparece, y tú lo llamas un ligero contratiempo. - Dijo el Mentor enfadado. - Interesante. Será porque ya tienes a toda nuestra gente buscándoles verdad.

-Me iba a poner con ello ahora mentor. - Respondió William. -No estarán mucho tiempo fuera de nuestro control.

-Por tu bien, mi buen amigo William eso espero. -Dijo el mentor. - Ya sabes que no me gusta que me fallen y que hay varios asesinos detrás de tu puesto.

-Sí señor- Dijo William. -No le fallaré.

Una vez dicho esto ambos mentores colgaron.