Lamento la tardanza pero he estado muy ocupado estos meses. Aquí viene el capítulo 3. Disfrutad y comentad
LD: Assassin's creed no me pertenece, yo solo juego a sus juegos XD
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Capítulo 3
Desmond se despertó y observó a Lucy durante unos segundos antes de levantarse. Tal y como había pensado se podría acostumbrar a esa visión. La puerta del cuarto se abrió y Kate asomó la cabeza haciendo que Lucy empezara a moverse, se estaba despertando.
-Desmond, Lucy, el desayuno está listo.- Dijo la mujer. Desmond asintió dándole las gracias silenciosamente. Por la mirada que les echaba la mujer, Desmond se dio cuenta de que ella esperaba encontrar alguna prueba de que algo había pasado anoche. Desmond no pudo evitar una leve sonrisa al ver la cara de la mujer cuando vio que las sábanas no estaban más desordenadas de lo necesario.
-¿Quieres algo más Kate?- Preguntó Desmond sonriendo.
-No-no- dijo Kate sonrojada. -Os veré ahora.
Una vez la mujer salió de la habitación Desmond sus ganas de estallar a reír. Lucy se despertó y desperezó, mirándolo con ojos curiosos.
-¿Qué sucede?- Preguntó la mujer algo extrañada al ver a Desmond reprimiendo las carcajadas.
-Nada. -Respondió él quitándole importancia al asunto. -Parece ser que alguien se esperaba que pasara algo entre nosotros esta noche.
Lucy lo miró y se echó a reír junto con él, aunque la verdad es que a ninguno de los dos les habría importado en absoluto si algo hubiera pasado. Lucy se sonrojó levemente ante tal pensamiento pero no podía permitir que Desmond lo viera así que cambió rápidamente de tema.
-¿Has dormido bien?
-Mejor que en mucho tiempo. -Respondió él mirándola con ternura. - La verdad es que desde que desperté del coma no he dormido mucho.
-¿Y eso?- Preguntó ella con genuina preocupación en su voz.
-Bueno,- comenzó Desmond sin estar completamente seguro de querer contarle todo. - Digamos que no me últimamente estaba bajo mucha presión por parte de mi padre se podría decir que era como volver a mi adolescencia antes de escapar del campamento. Eso por un lado, y también...
Desmond se detuvo antes de continuar.
-Supongo que no podía soportar la idea de haberte arrebatado la vida.- Dijo desviando su mirada hacia el suelo.
Lucy observó a Desmond unos segundos sin saber que decir. Pero los gritos de Shaun desde el salón la sacaron del aprieto.
-¡Lucy, Desmond! ¿¡Queréis venir a desayunar de una vez!? ¡Kate no nos deja comer hasta que no hayáis venido vosotros!- Gritó su compañero con su habitual falta de paciencia.
Ambos asesinos rieron mientras oían a Kate y a Rebecca reprender a Shaun por su falta de tacto.
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Poco después de desayunar Desmond recibió una llamada de su madre. El joven asesino no había tenido tiempo de hablar con ella demasiado después de unirse a su causa y en los últimos años no había hablado con ella. No era que su relación con su madre fuera complicada pero Desmond siempre había pensado que su madre escogería el lado de su padre antes que el suyo. En los últimos días de su estancia en la granja la maestra asesina había intentado actuar como intermediaria entre su marido y su hijo sin ponerse realmente de parte de ninguno, sin embargo acercando siempre más su postura a William que a Desmond.
Cuando Desmond finalmente abandonó aquel lugar se prometió a sí mismo que no volvería contactar con ningún miembro de su familia. Así que volver a oír su voz producía sentimientos extraños en él al igual que el haberse encontrado cara a cara con su padre después de tantos años había hecho.
-Desmond.- sonó la voz de Emily al otro lado de la línea.- Tenemos que hablar.
-Ya lo estamos haciendo- respondió él quitándole importancia al tono solemne de su madre.
-No, así no. Debemos hablar en persona.- Respondió su madre. Desmond dejó escapar un suspiro antes de contestar.
-De acuerdo. ¿Dónde estás ahora?- Preguntó el joven asesino.
-Abajo he venido en un coche alquilado. Un BMW serie 5 último modelo de color negro.- Respondió su madre.
-Bueno voy a ver si me necesitan para algo antes de salir. Te llamaré de nuevo en cuanto sepa algo.- Desmond colgó el teléfono móvil y se dirigió al salón donde el resto de los ocupantes de la casa veían distraídos la televisión.- Chicos voy a dar una vuelta. ¿Necesitáis algo de la calle?
-No, gracias Desmond. - Respondió Kate. - Tampoco te preocupes demasiado por el tiempo, aunque si llegas más tarde de la una te quedas sin comer. - Terminó bromeando.
Desmond sonrió y se dirigió a la puerta cogiendo unas llaves del cuenco junto a ella. Lucy le lanzó una mirada preocupada.
-¿Estás bien Des? ¿Quieres que vaya contigo?- Preguntó. Antes de que Desmond pudiera responder Shaun le interrumpió.
-Vamos Lucy es un asesino hecho y derecho no un niño de 5 años. Sabe cuidarse solo.- Las palabras seguramente intentaban sonar tranquilizadoras pero viniendo de la boca de Shaun sonaban un tanto burlonas lo que hizo que Rebecca le diera un codazo.
-¡Au!- Protestó Shaun generando las risas de los otros cinco.
Desmond por su parte quedó sorprendido por la aparente confianza de Shaun en sus habilidades. Dejando eso de lado volvió a mirar a Lucy y la dirigió una sonrisa tranquilizadora.
-Estoy bien.- Dijo saliendo de la casa, escribiendo a su madre para que supiese que estaba bajando.
No le costó mucho, una vez fuera del edificio encontrar el coche alquilado de su madre. Era probablemente el único coche extranjero de toda la calle. Desmond dio dos golpes en la ventanilla del pasajero haciendo que su madre desbloqueara la puerta y le dejara acceder al vehículo. Desmond se sentó en el asiento del copiloto y dio un beso en la mejilla de la maestra asesina que sonrió ante su gesto.
-Vaya- dijo la mujer poniendo el coche en marcha y avanzando lentamente- no me dabas un beso en la mejilla desde por lo menos los doce años, a los trece decidiste que eras muy mayor pare ello.
-Los otros niños se metían conmigo por ser tan afectuoso, tenía que labrarme una reputación. - Su madre soltó una ligera carcajada y asintió.
-Entiendo.
Desmond sonrió. Le gustaba hablar así con su madre pero sabía que ella no le había llamado ahí para recuperar el tiempo perdido. Así que cuando consiguió recuperar la seriedad preguntó.
-¿De que querías hablar?
Emily suspiró manteniendo los ojos en la carretera durante unos momentos. Cuando por fin se decidió a hablar había un cierto tono de tristeza en sus palabras.
-Creo que te debo una disculpa al mismo tiempo que demasiadas explicaciones Desmond.
Desmond miró a su madre. No estaba acostumbrado a tener ese tipo de conversaciones con ninguno de sus dos progenitores. Cuando era más joven sus padres le obligaban a hacer cosas que él no comprendía ni quería hacer simplemente porque ellos se lo decían o porque era lo que los asesinos llevaban haciendo desde tiempos inmemoriales. No estaba acostumbrado ni a disculpas ni a más explicaciones de las necesarias.
-Mamá no es necesario que te disculpes. En todo caso debería ser yo quien se disculpara por irme de casa sin despedirme de vosotras dejando solo una nota.- Dijo Desmond poniendo la mano sobre el hombro de su madre aprovechando un semáforo en rojo.
-Sabes hijo. Esa discusión que sostuviste con tu padre me ayudó a abrir los ojos en varios sentidos entre otros a no confiar tan ciegamente en la hermandad. - Dijo su madre. - Y siempre me sentí culpable por no haberte apoyado entonces así que podemos decir que los dos tenemos algo de que disculparnos.
-Bueno pues entonces. ¿Se puede decir que ambos aceptamos nuestras disculpas?- Dijo Desmond sonriendo levemente.
Su madre asintió también sonriendo.
-Estupendo. Ahora con respecto a esas explicaciones eso sí que me interesaría más. Siempre te tomé como una mujer completamente fiel a la hermandad. ¿Cómo es que hemos acabado en esta situación? O mejor dicho ¿Cómo te diste cuenta de la corrupción en la hermandad de la que me hablaste ayer?- Preguntó Desmond.
-Bueno Desmond como ya te he dicho tu discusión con William debilitó considerablemente mi fe en la hermandad. Cuando te he dicho que en cierto modo me abriste los ojos no era mentira. Me percate de ciertas prácticas por parte de los altos cargos de la misma que hasta entonces había ignorado o había elegido ignorar.
-¿A qué te refieres?- Preguntó Desmond preocupado.
-Por ejemplo a nuestros niños no se les enseñaban los valores de la orden, se les educaba en el odio más visceral hacia los templarios, muy parecido a lo que hacen ellos con los suyos.- Explicó ella. Desmond asintió, aún recordaba la frase famosa de su padre. "El mejor templario es el templario muerto." Desmond nunca había podido creerlo del todo y había tenido cortos debates con su padre que normalmente terminaban con William castigando a su hijo o enviándolo a su habitación.
-Me puse en contacto con otros miembros de la hermandad alrededor del mundo. Como ya debes saber un asesino conoce a muchas personas de la hermandad por nuestro trabajo. La cuestión es que comprobé con horror que no solo se limitaba a nuestra granja sino a varios lugares de la hermandad. Hablé con William y con el Mentor sobre el tema pero ambos parecían completamente de acuerdo con el modo de educar a nuestros hijos, además siendo tu padre el instructor jefe ya me figuraba que el conocería de estos tejemanejes. Quizá fue entonces cuando me empecé a desenamorar de él.
Desmond observó a su madre completamente atónito. Pese a los hechos del día anterior nunca había esperado oír esas palabras de su madre. Su madre hizo una pausa asimilando sus propias palabras y continuó.
-Pese a mis reticencias con respecto al modo de educar a los niños conseguí que William me dejara ayudar con la educación de los aprendices al mismo tiempo que mis compañeros hacían lo propio en sus campamentos. Cambiamos la educación espartana de William por una dura pero comprensiva y con el tiempo nos ganamos la confianza de varios asesinos y aprendices. Por supuesto William seguía opinando que sus métodos eran los más efectivos, sin embargo mientras él solo les enseñaba a luchar nosotros también les enseñábamos a pensar. Y entonces pasó algo que me daría cierta ventaja sobre tu padre.- Dijo su madre mientras continuaba su historia.
-La supuesta muerte del Mentor.- Concluyó Desmond ganándose una sonrisa y un asentimiento de aprobación de su madre.
-William había sido y por lo visto todavía es el hombre de confianza del antiguo Mentor, por lo tanto tras la muerte de este ganó el apoyo de muchos líderes de nuestra hermandad convirtiéndose en Mentor no oficial de nuestra orden. Eso me dio mucha mas libertad en el campamento aunque también me costaría la vida de un buen amigo y colaborador. Hideo Takahashi, un gran asesino de una de nuestras bases japonesas, se enfrentó a William después de que tu padre lo acusara de traición y murió tras combatir contra él. Por otra parte llamamos la atención tanto de los Templarios como de los templarios Bernardinos.
Desmond asintió. -¿Cuándo te diste cuenta de que la hermandad deseaba los fragmentos del Edén por los mismos motivos que los templarios?
-Poco después de la muerte de Hideo tuve una discusión con tu padre- Explicó Emily. - En ella se le escapó su plan de moldear el mundo con la ayuda de los fragmentos del Edén antes de que los templarios pudieran hacerlo. Recuerdo que tuve que recurrir a todo mi autocontrol para no sacar la cuchilla allí mismo y acabar con él. Durante los siguientes años muchos miembros de la hermandad fueron desertando y uniéndose a miembros de los Bernardinos en distintos escondites mientras yo interpretaba mi papel como un miembro fiel de la misma. Por desgracia tales deserciones no quedaron siempre sin represalias. El motivo por el que convencí a Lucy para que se uniera a nosotros fue que sus padres habían sido asesinados mientras protegían una de nuestras bases de los hombres de William y me pidieron que me encargara de su hija.
Desmond miró a su madre horrorizado y Emily no necesitó ser adivina para conocer su pregunta.
-Ella lo sabe.- Respondió simplemente. -Y no siente deseos de venganza simplemente está mucho más comprometida con la causa.
-Bueno- dijo Desmond cuando su madre detuvo de nuevo el coche, había estado tan concentrado en la conversación que no se había dado cuenta de que habían estado dando vueltas a la manzana. -Gracias por la conversación, es bueno obtener explicaciones más allá del "es nuestro deber" y "porque los templarios son malvados".
Su madre sonrió.
-Ha sido un placer Des. Os llamaré esta semana, si mis predicciones son correctas podremos lanzar un buen golpe contra ambas organizaciones a durante este fin de semana. -Desmond la miró confundido. -No es necesario que sepas nada de momento.
-¿Y qué sucede con los fragmentos del Edén?
Su madre suspiró.
-Tenemos a un equipo analizando el Ánimus y tus recuerdos almacenados en él, sin embargo nuestros esfuerzos serían inútiles sino podemos encargarnos de los templarios y de los asesinos antes de la fecha señalada o por lo menos de que no nos molesten.
Desmond hubiera querido preguntar más cosas pero la cara de su madre le decía que no era el momento así que bajo de vehículo y regresó al apartamento.
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William Miles observó los informes de las distintas células con preocupación. No solo en Estados Unidos sino también en distintos países la hermandad sufría deserciones en masa al igual que alguna de sus bases había sido atacada y saqueada. Afortunadamente no habían sufrido golpes demasiado duros de momento, sin embargo la capacidad de actuación de los traidores aumentaba a medida que la de la Hermandad descendía. Por si fuera poco habían perdido a Desmond y el mentor estaba perdiendo la paciencia.
El líder asesino suspiró, había pedido dos equipos aquella misma mañana pero no sabía que hacer cuando los consiguiera. A diferencia de en los primeros días la organización de su mujer se había vuelto más cuidadosa y efectiva operando desde las sombras y atacando solo cuando sabían que ganarían, se habían vuelto prácticamente invisibles. Inmerso en sus pensamientos William no notó como varias figuras se movían entre las sombras y solo cuando sintió el frío de una cuchilla contra su nuca se percató de que tenía compañía.
-Te has vuelto más descuidado con el tiempo Will.- Dijo una voz femenina y burlona que provenía de una figura con uniforme de asesino de color negro.
-Helen- dijo William con una media sonrisa en la cara. -Es un placer como siempre.
La mujer sonrió y retiró su cuchilla. El resto de asesinos de la sala que habían observado la escena desde las sombras salieron a la luz, todos iban vestidos como la primera. William se dio la vuelta y la encapuchada retiró su capucha revelando a una mujer de la misma edad que él, con cabellos rubios canos y ojos que denotaban una gran experiencia vital.
-Lo mismo digo.- Respondió ella sonriendo y abrazando al hombre.
-Cuando pedí refuerzos no me imaginaba que me fueran a enviar a tu equipo, de hecho creía que estabas en Arabia Saudí encargándote de unos asuntos de la hermandad.- Dijo William cuando rompieron el abrazo.
-Acabamos pronto con los templarios de la zona, no fue una misión complicada. -Respondió la mujer.
-Especialmente para nuestro mejor equipo. -Dijo William sonriendo, gestó que Helen devolvió brevemente antes de mirar a todas lados en busca de algo.
-Hablando de equipos, no veo al tuyo por ninguna parte.- Respondió la mujer.
-Por desgracia mi equipo a desertado con una información bastante valiosa para la hermandad que es imperativo que recuperemos. - Explicó William.
-¿Más asesinos renegados?- Preguntó Helen con cierto desprecio hacia el nombre y lo que significaba.
-Sí.- Respondió él. - Por desgracia ya se han unido a mi mujer y sus rebeldes. - La cara de Helen mostró sorpresa ante la mención de Emily. -Veo que el jefe de tu célula no te ha informado de su deserción.
Helen negó con la cabeza, Emily y ella habían sido amigas desde que eran aprendices y ambas se habían destacado siempre por una gran dedicación a la causa debido a haber perdido a sus padres a manos de los templarios, el mero hecho de que su mejor amiga se hubiera unido a la rebelión la entristecía y enfurecía al mismo tiempo.
-Por desgracia mis hijos, Desmond y Emma, se han unido a su madre en su injusta causa.- Dijo William con cara de tristeza.
-¿Así que era cierto? ¿Tu hijo regresó a la hermandad?- Preguntó Helen.
-Durante un breve período en efecto. Y se ha marchado de ella con cierta información que debemos recuperar, para lo cual necesitamos recuperar uno de nuestros Ánimus y a ser posible traerlo a él con vida. -Respondió William. - Por desgracia él y sus compinches se hallan en la ciudad de Nueva York donde no disponemos de tantos hombres para combatir a los templarios y a los traidores a la vez.
-Tranquilo- dijo Helen sonriendo. -Mi equipo y yo nos encargaremos de ello
-Contaba con ello.- Dijo William claramente aliviado. Helen y su equipo podían ser considerados como los mejores de toda Norteamérica y probablemente de toda la hermandad, si alguien podía solucionar sus problemas eran claramente ellos. Aunque debía andarse con cuidado, Helen al igual que muchos otros asesinos pensaba que el anterior Mentor estaba muerto, si les descubría probablemente se haría una nueva y poderosa enemiga. Saliendo de sus pensamientos William continuó hablando. -Este fin de semana recibiremos un cargamento de armas que necesitan en algunas de nuestras bases, es posible que los traidores sepan esto y decidan atacarnos, tu y tu equipo estaréis en el lugar como seguridad adicional.
-Dime William. - Comenzó Helen. -Se que es mejor que te traigamos a tu hijo vivo, pero ¿Qué pasa con los demás?
-Los demás no son importantes. -Dijo William fríamente. -Acabad con ellos si podéis. Y recordad que intentarán por todos los medios que os unáis a su causa, no caigáis.
-Sí Mentor.- Dijo Helen antes de que ella y su equipo salieran de la estancia. Una vez a solas William volvió a sus planes y maquinaciones.
