Os traigo la traducción del tercer capítulo de "Coquetry ant the Culinary Arts" de louisestrange. Si alguien quiere echarle un vistazo al original tenéis el enlace en mi perfil.
Capítulo 3: Bloody Mary
—Creo que siempre puedes saber lo bueno que es un restaurante por cómo hacen los clásicos.
—¿Sí? —responde mirando a Kurt por encima del menú plastificado del brunch. Dave piensa que aquí parece como en casa, vestido con una camisa negra de raya diplomática asimétrica y una bufanda con calaveras y tibias rojas. Parece como si su lugar estuviese entre esos muebles estilosamente eclécticos y esas coloridas y modernas obras de arte dispersas por las sencillas paredes blancas. A Dave le encanta la comida, le encanta probar nuevos sabores y cocinas. Practicó con un montón de libros el verano pasado; los que su madre se dejó y los que compró en el todo a cien. Dale cualquier receta y ahora está seguro de que puede probarla, saborearla, modificarla y hacerla suya. Pero en cuanto a cenar fuera, las limitadas opciones en Lima van parejas a sus igualmente limitadas exploraciones, lo que quiere decir que se siente un pueblerino. Es algo que planea cambiar considerablemente mientras viva en la ciudad y ese plan, supone, empieza aquí.
—Por supuesto —dice Kurt con una sonrisa llena de seguridad mientras deja el menú de vuelta en la mesa—. Voy a pedir huevos Benedict con espárragos a la plancha. Y una mimosa.
—¿Vas a beber alcohol? —pregunta Dave con una sonrisa desconcertada—. ¿Antes del mediodía?
—Es un brunch, David. Se puede —le contesta aún sonriendo, aunque hay una sombra de sonrojo coloreándole las mejillas mientras reordena los cubiertos frente a él—. Además, aquí es probable que no me pidan el carnet, a diferencia de en cualquier otro sitio. Y casi es mediodía. Y yo… Se suponía que Rachel y yo íbamos a salir a tomar unas copas anoche pero se metió en medio un dilema con quien sale ahora así que lo canceló…
—¿No está prometida con Hudson?
—Oh, lo estaba —dice directamente—, pero… es una historia un poco larga al estilo de las películas basadas en hechos reales. Vamos a pedir primero y luego podemos ponernos al día si es que te mueres por saber los detalles más sangrientos. ¿Qué vas a tomar?
Dave mueve la cabeza divertido y devuelve la mirada al menú que tiene en las manos. Son cosas sencillas pero todas suenan bien. Aparentemente ése es un buen lugar para comer, una gema escondida en la ciudad y colocada sólo a tres bloques del apartamento de Dave. Por lo menos según lo que dice uno de los chicos que ha conocido en la escuela, Jay, un nativo de Nueva York de veinticinco años con canas que solía vivir en ese mismo vecindario y conoce al dueño/cocinero de cuando cocinaban juntos de adolescentes en un asador del Village cerrado hace tiempo. "Dave, tío, tienes que probarlo. ¡Está justo en tu puerta! El típico restaurante pequeño de estilo americano clásico, nada pretencioso, pero la hamburguesa de foie es para morirse, y no bromeo. Ese tío solía darme sopas con onda cada noche cuando trabajábamos juntos. Es bueno".
Dave solo espera que Jay tenga razón. Kurt está haciendo todo sorprendentemente fácil para él. Esta vez hay poca incomodidad a pesar de…, bueno, todo lo pasado, pero aunque sabe que esto no es una cita (sabe que Kurt tiene novio y no va a volver a tomar ese camino) parte de él aún quiere impresionar a Kurt, probarle que ya no es aquel chico, el matón deportista idiota y ordinario. Se había asegurado de pasar por el restaurante de camino a su casa antes de sugerirlo como el sitio para su brunch y encontró que tenía una entrada moderna y limpia, una señal sencilla que ponía Kitschen en naranja oscuro encima de una puerta de cristal y, aunque era pequeño, el sitio parecía lleno, lo que supuso era una buena señal. Una rápida búsqueda en Google en el teléfono le mostró que el local tenía una estética extravagante y un menú que sonaba lo suficientemente tentador (no exactamente alta cocina, sólo clásicos modernos, pero tenía que empezar por algún sitio) y no era demasiado caro. Dave aún le daba vueltas un poco al hecho de que Kurt hubiese accedido a comer con él. A pesar de la buena recomendación, había merecido la pena investigar un poco para asegurarse de que no quedaba como un imbécil (joder, sabe que ya lo ha hecho lo suficiente) sugiriendo algún antro.
—Creo que tomaré lo mismo —dice al final. No hay nada más clásico que eso pero incluso aunque es poco aventurado al menos sabe cómo deben saber unos huevos Benedict—. Pero sin la mimosa.
—¿Has traído el coche? —pregunta Kurt estrechando ligeramente la mirada.
—No —dice sin sonorizar el ¿Por qué? que quiere preguntar, aunque está seguro de que su tono lo hace evidente—. Aún está en Poughkeepsie. Anoche cogí el tren.
Kurt mira el menú un segundo antes de volver a mirarle con una sonrisita. —¿Entonces por qué no tomas un Bloody Mary?
—No sé…
—Es más una sopa fría que un cóctel. —Kurt frunce los labios antes de curvarlos hacia arriba en una sonrisa—. Piensa en ello como en una experiencia de aprendizaje para tu paladar.
Dave aprieta los labios para reprimir su propia sonrisa de rendición que trata de escapársele. Beber siendo menor de edad no es nuevo para él pero la idea de compartir un cóctel de día con Kurt Hummel (a insistencia de Kurt Hummel) sí lo es. Nota un ligero tamborileo de emoción ilícita en el pecho mientras lo piensa. No está seguro de si debe mezclar alcohol con cualquier proximidad con Kurt, incluso si eso es lo que les ha traído hasta aquí.
—Bien —dice Kurt con un pequeño mohín que no tendría que quedarle tan bien y se recuesta en su asiento—. Deja que el chico beba solo.
—Vale. —Dave se ríe y mete las manos bajo la mesa pera secarse las palmas repentinamente sudorosas en las perneras del tejano—. Tomaré un Bloody Mary.
Kurt asiente con aprobación y le hacen el pedido a la camarera cuando se acerca. —Entonces —dice— háblame de tu primera semana en la CIA. Busqué el sitio y suena bastante impresionante.
Dave se pelea contra el irracional calor de sus mejillas y comienza a contar a Kurt su semana. La verdad es que ha estado bastante bien. Mejor, si bien diferente, a lo que había anticipado, incluso aunque aún no haya tenido la oportunidad de ponerse su uniforme blanco de chef.
Le pusieron en un grupo con otros estudiantes que también van y vienen cada día (de los que hay más de los que esperaba; un alivio en sí mismo porque significa que no se sentirá como un extraño por no dormir en el campus) tuvieron una visita guiada. El edificio que ahora era la CIA se había reconvertido sólo en los 70 desde sus orígenes como seminario jesuita y, como tal, aún mantenía algunas características deístas: elevados techos abovedados y altas vidrieras. No era el medio ambiente en el que Dave se sentía cómodo al instante pero no se iba a dejar intimidar por un edificio, mira tú. Sabía que se acostumbraría pronto.
Le cuenta a Kurt de cómo su semana ha estado llena sobre todo con planes y esquemas sobre los siguientes treinta y ocho meses, de la demostración de un famoso chef que ha visto en el seminario Recetas para el éxito y de todas las clases que tendrá este semestre: Matemáticas Culinarias, Seguridad Alimentaria, Introducción a la Gastronomía, Conocimiento del Producto, Nutrición y Fundamentos Culinarios.
—Hacen falta más cosas de las que pensaba para ser chef —dice Kurt con los ojos abiertos por la sorpresa.
—Me pasó igual —responde Dave con una risita ahogada e inclinándose un poco hacia atrás mientras la camarera regresa para colocar sus bebidas en la mesa.
Pero lo que Dave no le dice es que tanto como ha disfrutado estando en la CIA, lo mejor de la semana han sido los mensajes que ha recibido de Kurt. Se sorprendió cuando el martes por la noche, justo antes de la mañana en que empezaría, su teléfono sonó con un mensaje: Buena suerte mañana, chef Karofsky :) Habían intercambiado números al terminar su repentina cita para tomar café (no fue una cita cita, anota mentalmente Dave), se despidieron con un abrazo incómodo y acordaron hacerlo pronto.
No estaba seguro de qué esperaba de Kurt después de eso; su propio plan era esperar hasta el fin de semana siguiente, quizá mandar un rápido Hola, informarle de la escuela y empezar las cosas desde ahí. Quería pasar más tiempo con Kurt, llegar a conocerlo, pero aún estaba un poco preocupado de que él pudiese estarle ofreciendo su amistad sólo por lástima y, por mucho que quisiese que fuesen amigos, no quería que fuese por eso. Ese primer mensaje había interrumpido su plan y, especialmente desde la última vez, sabía que no podía no responder (no quería no responder) así que había lanzado una respuesta rápida diciendo ¡Gracias, la necesitaré! y lo dejó en eso.
Su teléfono sonó otra vez al día siguiente durante su viaje en tren a casa con otro mensaje inesperado de Kurt: Ojalá hayas tenido un buen primer día. Espero que me deslumbres con tus recién adquiridas experiencias culinarias la próxima vez que nos veamos.
El primer día ha ido bien. Me aseguraré de tomar notas extra mañana para no decepcionarte, respondió animado por la idea de una próxima vez.
Excelente. ¿Las podemos analizar tomando café el sábado? La respuesta de Kurt fue inmediata y Dave pasó unos buenos cinco minutos simplemente sonriéndole al teléfono y estaba haciendo varios intentos de respuestas casuales cuando llegó otro mensaje de Kurt. Y esta vez es tu turno para pagar ;) Con eso Dave no podía negarse ni aunque hubiese querido.
El resto de la semana pasó en un borrón de inscripciones e iniciaciones. Su clase se llenó de estudiantes diversos: gente de todas las edades, toda clase social y de aparentemente todo el país. Se encontró automáticamente formando parte de un pequeño grupo de estudiantes jóvenes quienes, gracias a dios, parecían todos más interesados en lo que estaba planeando hacer con su vida después de la escuela que con lo que había hecho antes de llegar allí. Llegó el viernes por la tarde y todos estuvieron listos para liberar presión y él les acompañó, dubitativo al principio, en una excursión al bar local antes de recordarse a sí mismo: Has sobrevivido, Karofsky. Vive un poco.
Se alegró de haberlo hecho. Era el primer evento social al que atendía desde antes de Navidad y se sentía bien relajarse y tomar una cerveza con gente que no tenía ideas preconcebidas sobre quién o qué era. Y hasta ahora él sólo era Dave, el chico grandullón de Ohio. Cuándo llegase y si llegaba el momento de ser Dave, el chico gay de Ohio, tenía la sensación de que les parecería bastante bien. Y más importante, tenía la sensación de que a él mismo le parecería bien, aunque no tuviera ninguna prisa ni razón para sacarse del armario inmediatamente. Sabía que no iba a esconder esa parte de sí mismo aquí, no importaba lo que pasase, pero tampoco buscaba la probación ni la atención de nadie e ir pasito a pasito le había llevado lejos.
Kurt y él habían intercambiado otros pocos mensajes más durante la semana y se había sentido bien al saber que alguien más además de su padre estaba por ahí pensando en él. Y no podía mentirse a sí mismo (había acabado con eso), se sentía especialmente bien porque era Kurt. Estaba a mitad de camino de su tercera cerveza y estaba junto con Lenny, un chico de su edad de Louisiana que había estado trabajando en restaurantes desde los quince, recibiendo de Jay un discurso sobre la importancia del ambiente de los restaurantes de Nueva York ("Tenéis que salir y probarlo todo. Saber lo que es bueno y lo que no lo es tanto, desde las comidas de cinco dólares hasta los mejores restaurantes a la carta que podáis pagar. La escuela no puede hacerlo todo por vosotros. Tenéis que educar el paladar y todo está ahí…") cuando la vibración del teléfono en su bolsillo desvió su atención. Era otro mensaje de Kurt: ¡Espero que tengas las notas preparadas para mañana! ¿Dónde y cuándo?
Inesperadamente inspirado por las palabras de Jay y envalentonado por la cerveza en su sangre pensó para sí mismo a la mierda y tecleó la respuesta: ¿Qué tal un brunch en vez de un café? Me han dicho que eduque mi paladar. Necesito salir más a comer fuera. Sigo pagando yo. ;) Y se aseguró de pulsar enviar antes de tener la oportunidad de cambiar de idea.
No tuvo que esperar mucho por la respuesta: Bueno De ninguna manera quiero obstruir tu aprendizaje. Brunch suena bien. Dime cuándo.
Sintió una ola de vertiginoso alivio fluir por su cuerpo al darse cuenta de que no había sobrepasado un límite invisible. Se bebió los restos de su cerveza y le preguntó a Jay si podía recomendarle algún sitio y eso fue todo. Ahora está aquí, de nuevo cara a "cara hermosa que le retuerce el corazón" con Kurt y esta vez sólo se siente un poco aterrorizado.
Dave mira a Kurt tomar un sorbo de su mimosa y murmurar aprobadoramente antes de pasarse la punta de la lengua por su humedecido labio superior. Dave redirige rápidamente su mirada hacia su vaso alto y remueve el líquido rojo y viscoso con el apio antes de apartarlo para dar un trago. Mientras se lo acerca a los labios nota que huele ligeramente a ajo y poderosamente a tomate. El familiar picor del tabasco produce un pequeño golpe que aclara sus senos. El sabor es brillante y enérgico mientras llega a su lengua, donde lo mantiene un momento antes de tragárselo, y disfruta del hormigueo de la pimienta que crece mientras el líquido se calienta en su boca a la vez que el no del todo desagradable picor que le acompaña cuando se desliza lánguidamente por su garganta.
Kurt tenía razón, es casi más una sopa que un cóctel y es cierto que le ha despertado el paladar. Si no supiera que estaba aderezado con vodka casi podría pasar por un gazpacho más suave y picante y está a punto de decírselo a Kurt (incapaz de resistir la oportunidad de mostrarle un poco de sus conocimientos de cocina) cuando levanta la vista y ve a Kurt observándole también a él. Sonríe y hay algo indescifrablemente cálido en su expresión. No aparta la mirada.
—¿Bueno? —pregunta Kurt antes de que pueda decir nada. Dave no está del todo seguro, aún, de lo que constituye un buen Bloody Mary pero algo en esa mirada le hace sentirse inseguro sobre si es eso o no lo que le está preguntando.
Dave asiente con la cabeza y le devuelve la sonrisa a Kurt. —Muy bueno —dice.
