Aquí os dejo el capítulo 4 de la traducción de "Coquetry and the Culinary Arts" de louisestrange. Tenéis el enlace a la historia original en inglés en mi perfil.

Espero que os gusten los huevos Benedict. Siempre he querido probar la salsa holandesa pero creo que es demasiado difícil de hacer. Tendré que pedirle a Dave que me la haga.


Capítulo 4: Huevos Benedict

—Entonces —Kurt empieza a hablar cortando el corto y extraño silencio que se ha establecido entre ellos— la escuela suena como que tendrás mucha diversión.

—Suena como que tendré mucho trabajo —replica Dave con un pequeño resoplido de risa mientras baja la mirada hacia la mesa. Agradece que el extrañamente intenso momento entre ellos haya pasado—. Pero uno se siente bien teniendo de nuevo un plan, ¿sabes? Saber hacia dónde voy. Estaba medio preocupado por volver a coger el ritmo después de tanto tiempo apartado.

Kurt asiente con los hipnotizadores ojos azules mirando inquisitivos de nuevo a los de Dave mientras le devuelve la sonrisa, una pequeña y genuina, de esas que producen esos hoyuelos tan… —Yo ahora mismo siento justo lo contrario. No tengo planes por primera vez desde que tengo recuerdo, pero es bastante… liberador.

—¿No volverás a preinscribirte en la universidad el año que viene? —pregunta Dave dando después otro sorbo a su bebida. Kurt aún no le ha contado apenas nada de por qué está con un contrato de prácticas en vez de estudiando—. Querías ir a NYADA, ¿no?

—Quería, pero ya no estoy tan seguro. Estaba tan atrapado por ese sueño, tan centrado en eso que ni siquiera tenía una opción b y no entrar fue… una llamada de atención. Ahora miro hacia atrás y creo que sólo hacía lo que todos esperaban de mí, ¿sabes? —Kurt frunce el ceño y le lanza a Dave una mirada muy deliberada. Sí, él entiende demasiado bien cómo es eso, aunque no es algo que nunca hubiese esperado escuchar de Kurt ódiame-pero-no-eso-no-cambiará-quién-soy Hummel—. Era más el sueño de Rachel que el mío y yo simplemente me dejé llevar por su entusiasmo. Ahora que estoy sólo y haciendo algo diferente creo… —Para un momento y sube la mirada pensándolo antes de seguir—. Creo que tengo muchas opciones posibles que antes estaba demasiado ciego para ver.

Dave asiente y forma con los labios una temblorosa sonrisa. Él también sabe cómo es sentirse así. —¿Qué otras opciones te planteas?

Curva la boca. —¿Quieres decir para estudiar?

—Sí.

—NYU, quizá, para estudiar periodismo. O incluso Parsons. Es la escuela de diseño que…

Dave chasquea la lengua. —Sé qué es Parsons.

—¿Lo sabes?

Se encoge de hombros y se pasa la lengua por el interior del carrillo. —Es sabido que veo Project Runway. Cada episodio.

—¿Eso es verdad? —dice Kurt mientras apoya un codo en la mesa y descansa la barbilla en la mano con los ojos recién iluminados de malicia—. Otra revelación del señor Karofsky.

—¿Qué puedo decir? —Dave bromea tímidamente a la vez que siente una onda de calor hormiguear hasta la punta de las orejas—. Supongo que es para ver a gente hacer cosas que yo nunca sabré. —Y tampoco molesta que algunos de los concursantes estén buenos, aunque no está listo para contárselo a Kurt.

—¿Eso significa que podré acudir a ti para obtener una crítica informada de mis últimos diseños si escojo ese camino?

—No sé…

Kurt le sonríe ampliamente desde el otro lado de la pequeña mesa y él se queda atrapado en cuánto esa sonrisa le transforma el rostro: por lo estirados que están los labios, por los profundos hoyuelos que se forman en las mejillas y por cómo sus ojos chispean incluso mientras se estrechan de gozo. Si hubiera sabido antes en su vida cómo era estar recibiendo ese tipo de mirada de Kurt Hummel, si hubiera gastado su tiempo buscando sonrisas en vez de ceños fruncidos, quizá las cosas habrían sido completamente diferentes. Aunque lo disfrutará mientras pueda. Mejor tarde que nunca.

Dave agradece que lo salve de que le pida más pruebas de su interés por el mundo de la moda (o por los aficionados a ella) la camarera que se acerca a su mesa con unos humeantes platos de comida. —¿Lo mismo? —pregunta mientras coloca los platos y señala sus copas vacías.

—Por favor. —Kurt asiente con la cabeza aceptando y Dave, algo más dubitativo, le imita.

Nota que comienza a aparecer un mareo agradable provocado por el vodka mientras se acaba los restos de su primer Bloody Mary. —Me alegro de no tener que hacer deberes esta noche.

—Chsss —le regaña Kurt aún sonriente—. Opino que los dos nos merecemos un poco de diversión.

Dave no puede discutir eso.

—Y no sé tú pero yo, además de sediento, estoy famélico —dice Kurt mientras se lame los labios (joder, pero eso lo hace mucho) y se coloca la servilleta en el regazo— y esto tiene una pinta increíble.

Los ojos de Dave se quedan fijos en Kurt y su estómago da un pequeño salto. Está tentado a darle la razón incluso antes de mirar su propia comida.

—Oh, ham hock —dice alegremente Kurt a la vez que levanta el cuchillo y el tenedor mientras examina el plato.

Dave nota como todo su cuerpo se tensa. Escuchar a Kurt decir esas palabras le saca de su estupor y le lleva de vuelta a un recuerdo muy concreto que no está seguro de que quiera tener flotando por su mente en ese momento por diversas razones. —¿Qué?

—Han usado trozos de ham hock en vez de bacon. Mira —dice Kurt y pincha con el tenedor un trozo del jamón fileteado de debajo de sus huevos hervidos bañados en salsa y la sostiene para que Dave la revise. Sus ojos no revelan ningún signo de consciencia de que esas dos simples palabras aún tienen un amargo significado para Dave.

—Oh —dice soltando un pequeño suspiro de alivio mientras ve el trozo de carne desaparecer en la boca de Kurt —, bien. Guay. —Sabe que no tiene ningún derecho ponerse a la defensiva; él llamó a Kurt cosas peores en sus buenos tiempos.

La camarera regresa con la segunda ronda de bebidas dándole a Dave la excusa que necesita para por fin apartar los ojos de Kurt, darle a ella las gracias con la cabeza y redirigir su atención a sus huevos Benedict. Kurt tenía razón, tienen buena pinta. Sus platos gemelos contienen un dorado bollo ingles tostado abundantemente cubierto con trozos de ham hock deshuesado y un ovalado y rechoncho huevo hervido casi envuelto en una espesa y amarillenta salsa holandesa. No le encanta la guarnición que hay encima de estragón sin cortar pero el acompañamiento de un ordenado haz de esparraguitos de un verde brillante lo arregla.

Mientras comen, un silencio saciado llena su mesa y Dave se siente estúpidamente alegre al oír a Kurt haciendo "Mmm" ocasionalmente mientras mastica. Está seguro de que él debe estar haciendo lo mismo. Parece que Jay, de la escuela, tenía razón en lo que decía de que el chef de aquí sabe lo que se hace. El sabor de la comida es incluso mejor que su aspecto: la aterciopelada salsa de mantequilla está cortada con la cantidad justa de acidez del limón para que no resulte empalagosa y el huevo está perfectamente apenas hervido y rezuma una yema líquida del color del sol cuando lo rompes con los trozos de suculento, ahumado y sabroso jamón y el crujiente bollo para crear en la boca un sustanciosa trinidad de texturas.

Dave se encuentra masticando lentamente, queriendo que dure, cuando mira al otro lado de la mesa a Kurt y su mirada baja espontáneamente al ligero movimiento de su nuez cuando traga. No había visto nunca comer a Kurt. Nunca antes se había puesto cachondo viendo comer a alguien pero se da cuenta de que hay algo primitivo y elegante en ello. Y, mientras le estudia construir otro entusiasta bocado con cada uno de los componentes del plato y levantarlos hacia sus labios abiertos, sabe que esto es algo que quiere volver a ver. Kurt cruza la mirada con la suya y sonríe alrededor de su tenedor antes de retirarlo y decir—: Nunca lo había comido con ham hock. Está bueno, ¿verdad? Y la salsa holandesa está espectacular.

—Mmmm —concuerda con él y baja la mirada sintiendo que le ha pillado. Coge su bebida y da un pequeño trago antes de comer otro bocado disfrutando de cómo el agradable hormigueo que le ha dejado el Bloody Mary en la lengua se calma con la rica cremosidad de la salsa. —Es casi tan buena como mi versión.

—Oh, ¿de verdad? —pregunta Kurt con los ojos un poco saltones cuando reconectan con los de Dave—. ¿Es una especialidad del chef Karofsky?

—Bueno, es más bien una especialidad de Julia Child pero la mía está bastante buena. —Dave se encoge de hombros ante su propia afirmación—. Este verano he practicado todas las salsas clásicas. La holandesa está a la altura.

—Me encanta Julia Child —proclama Kurt con la luz bailando de nuevo en sus ojos azules—. Hace años intenté hacer su salsa holandesa, y las recetas de Julia rara vez me fallan, pero nunca conseguí el punto exacto. El resultado eran más huevos revueltos Benedict. —Parece reflexionar un segundo su fallo—. No creo que tenga un buen juego de muñeca.

No importa el recientemente adquirido conocimiento de que Kurt cocina, Dave casi se atraganta con un bocado de huevo viscoso ante la idea de que el juego de muñeca de Kurt en acción sea menos que perfecto en cualquier circunstancia. Se traga una sonrisa pilla y no se atreve a responder en voz alta.

—Eh… Para batir —lo arregla Kurt sonrojándose al darse cuenta de lo que acaba de decir—. De cualquier manera la de bote es….

Dave interrumpe—: … horrible.

—… una abominación. —Kurt acaba y comparten una repentina y tímida risa ante su coincidencia.

Después de eso comen en silencio durante otro minuto como si hubiese caído sobre ellos un hechizo de casi incomodidad.

—Así que, eh… —Dave tartamudea un poco mientras se da pequeños toques con la servilleta en la comisura de los labios—. ¿También te gusta cocinar?

—¿Que si me gusta cocinar? En serio, David, tienes mucho que aprender sobre mí —dice Kurt poniendo los ojos en blanco de manera simpática. La idea de estar siendo invitado a aprender más sobre Kurt envía un pequeño estremecimiento por el cuerpo de Dave. Un estremecimiento completamente no sexual, platónico, intenta decirse—. Que sepas que hago los huevos al plato como el mejor.

Todo eso es nuevo para Dave. No me conoces, le había dicho Kurt una vez y en ese momento había dolido pero era verdad. Ahora que tiene la oportunidad de saber más, sólo tiene que aceptar el hecho de que la realidad es mejor de lo que nunca se había atrevido a esperar.

—No olvides —continua Kurt atravesando su último espárrago con el tenedor y girándolo lentamente en el charco que ha formado la yema— que desde los ocho a los dieciséis sólo estábamos mi padre y yo. En cuanto fui lo suficientemente alto para alcanzar la cocina tuve que intentarlo. Toda aquella comida procesada estaba empezando a causar estragos a mi complexión.

—Me suena familiar. —Sonríe demasiado ampliamente y nota que se le curvan los rabillos de los ojos—. Si tengo que hacer de crítico para tus diseños quizá tú puedas hacer de crítico para mis comidas mientras aprendo.

—Por supuesto. —Kurt sonríe y apoya sus cubiertos en el ahora vacío plato frente a él— Deberías usarme como tu conejillo de Indias gastronómico. Puedo ofrecerte un educado aunque objetivo punto de vista sobre tu técnica. Además, podría acostumbrarme a tomar buena comida recién hecha de vez en cuando. Mi compañera de piso es crudivegana.

Qué divertido. —Dave se ríe medio anonadado por la idea.

—Lo es —concuerda con una sonrisa sarcástica—. Pero en serio, sólo dime cuándo me necesitas. —Se detiene para morderse el labio y luego continúa a toda prisa antes de que Dave pueda hablar—. Estoy libre la mayoría de las noches a partir de las ocho y muchos fines de semana. Aunque tendré que ir a tu apartamento, si te parece bien, porque en mi cocina sólo funciona un quemador y el horno sólo tiene las opciones enfriar y achicharrar así que…

—Sí, no, me… encantaría cocinar para ti —dice, y dios, cómo le gustaría. Kurt podría ir a su casa y Dave podría enseñarle algunas de sus habilidades, cocinar algo sofisticado para los dos, incluso quizá compartir una botella de vino, ver una película… En su cabeza, alimentada por los Bloody Mary, se amontonan las posibilidades y Kurt aún le sonríe cuando sus rodillas se chocan por debajo de la mesa. Se echa rápidamente hacia atrás y es como si hubiese pulsado un interruptor: la realidad hace su efecto y sabe que se está dejando llevar. Otra vez. —Pero, eh… —Nota como se le tensa la sonrisa mientras toma fuerzas y piensa en qué decir—. Ya hemos tomado juntos un brunch y no creo… Quiero decir que después de todo no querría que tu novio pensase que estoy interesado ni nada de eso.

Las cejas de Kurt se unen y su sonrisa desaparece. —Mi… Oh, oh, no… Pensé… —Cierra los ojos, mueve la cabeza y pone un gesto que Dave no sabe identificar—. Rompí… Quiero decir que nosotros rompimos. Pensé que lo sabías.

—Oh. ¿Lo siento? —dice Dave. Y sabe que le sale más como una pregunta que como una frase de lamento pero no esperaba nada de eso y, aunque para él no sean exactamente malas noticias, tampoco es como si fueran buenas. No está muy seguro de qué hacer con la información.

—No, no lo sientas. Yo no… —Se mira las manos que tiene unidas sobre la mesa y ambos se quedan callados un momento mientras la camarera vuelve a llevarse sus platos vacíos. Cuando se ha ido Kurt vuelve a levantar la mirada para cruzarla con la de Dave y deja salir un suspiro. En sus ojos ha cambiado algo—. Está bien. Yo rompí con Blaine. Hace ya un tiempo, cuando vino a verme justo después de mudarme aquí.

—¿Hubo…? Quiero decir que si quieres hablar o…

—No —dice Kurt a la vez que niega con la cabeza y sonríe triste. Y Dave no puede pensar en nada adecuado que decir. Supone que las rupturas siempre son difíciles pero no tiene experiencia así que tampoco tiene consejos para ofrecer—. Es que… Dicen que la ausencia hace que los sentimientos se ahonden pero me di cuenta de que su ausencia sólo hizo que mi corazón notase que todas las cosas que en teoría iba a echar de menos en la práctica no era así. —Se encoje de hombros—. Aún somos amigos, o al menos lo seremos. Quizá… Quizá es todo lo que deberíamos haber sido, ¿sabes?

—Sí —dice Dave incapaz de ocultar la tristeza de su voz. También sabe cómo es tener esa conversación con Kurt—. Lo sé.

Kurt parece darse cuenta de que eso les trae recuerdos a los dos de un tiempo que está seguro que ambos prefieren olvidar. —Hace un año pensaba que lo tenía todo claro y ahora… todo es diferente.

Dave deja salir un suspiro que suena petulante. —Créeme, sé lo que quieres decir.

—Aunque no diferente para mal. —Kurt le mira y sonríe de medio lado como Dave le ha visto antes y, aunque aún hay un matiz de tristeza, esta vez también hay algo más—. Para ninguno de los dos, ¿verdad?

—Verdad —dice Dave y se pregunta, no por primera vez, cómo puede Kurt quitarle el aliento, romperle el corazón y obligarle a sentirse mejor todo a la vez.

—Aún así, ahora mismo me podría venir muy bien… un buen amigo, David.

—¿Sí? —pregunta Dave manteniendo la voz calmada mientras siente como brota el calor y se extiende desde el dolor en su pecho. Supone que dos Bloody Mary y una dosis de amor no correspondido tienen ese efecto.

Kurt asiente. —Especialmente un compañero epicúreo.

—Yo también —responde y es tan verdad que duele. Alejarse de su madre, de sus antiguos amigos, compañeros de equipo, del mundo en general, le ha dado la oportunidad que necesitaba para llegar a conocerse a sí mismo. Pero ahora que lo hace también sabe que ya no quiere estar sólo.

Sus miradas permanecen conectadas mucho rato, incluso mientras Kurt se acaba los restos de cóctel que quedaban en la copa. —Entonces —dice finalmente—, ¿cuándo puedo ir a tu casa a ejercer de crítico culinario?