Os dejo con el nuevo capítulo de la traducción de Couetry and the Culinary Arts. Tenéis un enlace en mi perfil.

En este capítulo los mensajes de Kurt van en negrita y cursiva y los mensajes de Dave van en negrita.


Capítulo 5: Aventuras con la repostería

Mensajearse con Kurt es muy fácil. Es lo que piensa Dave mientras se tira en la cama y envía otro mensaje. Te veo pronto. Prepárate a ensuciarte las manos :) Mientras mira sus anteriores conversaciones por SMS en el teléfono se da cuenta con una sonrisa de que se han estado mensajeando muchísimo.

Se han estado mandando mensajes durante un par de semanas pero esto empezó de verdad el lunes, cuando Kurt, aparentemente, recordó que Dave estaría en su primera práctica de cocina y le envió: Recuerda, no holgazanees en la cocina :p El mensaje le hizo sonreír aunque por supuesto que no había holgazaneado. Había pasado la sesión de la mañana de Fundamentos Culinarios aprendiendo cómo cortar en juliana, en bastones y brunoise. Para la hora de comer, cuando pudo contestar, había cortado y troceado tantas zanahorias que tenía las yemas de los dedos naranjas.

Sin holgazanear. Demasiado ocupado aprendiendo a manejar el cuchillo con mis nuevos amigos juliana y 'brunoise'.

Me alegro de escuchar que haces amigos. Diles hola de mi parte. Juliana y yo ya nos conocemos.

El martes el primer mensaje de Kurt llegó durante la comida. ¿Has hecho algún 'amigo' interesante hoy?

Pareció una buena idea responderle con una foto de su plato aún impecable con una porción de pastel de chocolate negro sin empezar. La fantástica comida que servían era una de las grandes ventajas de ser estudiante en la CIA y, aunque no estaba al tanto de los menús como un estudiante que viviera a las afueras del campus, disfrutaba de las ventajas de los tres platos que le ofrecían. Consideraba que era una buena manera de familiarizarse con los platos que le gustaría cocinar los cursos que llegarían en el próximo par de años, por no mencionar que también era un buen modo de socializar informalmente con sus compañeros. Tomó una foto rápida del perfil perfectamente recto de la tarta con cuidado de atrapar la artística lluvia del coulis de frambuesa rojo brillante que la rodeaba sobre el plato blanco y también de la frambuesa espolvoreada con azúcar glas colocada sobre el brillante ganache y la envió con el mensaje: Justo ahora estoy confraternizando con este tío.

¡Estoy celoso! ¡¿Lo has hecho tú?! La respuesta de Kurt llegó inmediatamente.

LOL, no. El plato más completo que he hecho ha sido un 'mirepoix'. Es la hora de comer. Ésta es la comida de nuestra cafetería y estoy obligado a comérmela. Es una mierda ser yo, respondió Dave.

Bueno, si es por obligación, al menos intenta divertirte con tu amiguito de chocolate ;)

Él no esperaba que eso se convirtiera en algo regular pero el miércoles recibió otro mensaje de Kurt a la hora de comer: ¿Qué hay en el decadente menú de hoy, oh, mimado estudiante de cocina?

El 'risotto' de setas y trufa tiene buena pinta y el pastel de queso con 'pêche melba' es aún mejor. ¿Y tú?

No es justo. Mi comida es un café con leche de soja frío mientras paseo muestras de zapatos arriba y abajo entre mi oficina y la quinta avenida.

Tienes que comer. ¿No se permite el pastel de queso en las oficinas de Vogue?

Me he comido un 'bagel' esta mañana pero, tristemente, ni el queso ni las tartas son muy populares por aquí. No tengo ni idea de por qué.

Entonces comeré yo en tu nombre.

Qué generoso. Quizá si alguien me proporcionase más fotos de esa deliciosa comida imposible de conseguir al menos podría comer con los ojos ;)

Pasaré tu número por aquí a ver si alguien quiere el trabajo :p

Eres muy amable.

Y así había seguido toda la semana. El miércoles mandó a Kurt la foto del pastel de queso con pêche melba (Qué buena pinta. Nos tienes que presentar alguna vez. Pero no se lo digas a mi jefa. Ni a mi compañera de piso), el jueves fue una clásica y deliciosa tarta glaseada con frutas (Con toda esa fruta es prácticamente comida sana, ¿verdad?) y finalmente hoy le ha enviado una foto de todo un expositor lleno de profiteroles rellenos de crema de vainilla, rezumando de salsa de chocolate y adornados abundantemente con almendras confitadas y algodón de azúcar (Eso es obsceno, David. Deberías haberlo marcado como NSFW. Si alguien ve eso mi teléfono arruinará mi reputación).

Por suerte para Dave, para la mayoría de los estudiantes de primero la novedad de tener semejantes comidas cada día aún tiene que desvanecerse y a menudo se les ve haciendo fotos a sus comidas para sus diversos blogs y redes sociales, así que él no parece un raro tomando fotos de sus postres. Era estupendo estar cada día rodeado por gente con la que compartía su entusiasmo por la comida pero también era genial que hubiera alguien de fuera con quien compartirlo. Cuando le mandaba a Kurt la foto de un postre hábilmente construido o presumía de que su profesor de cocina le había felicitado por su chiffonade de alguna manera no se sentía tan extraño ni tonto como lo habría estado en persona. Con Kurt no tenía que aparentar que le daba igual. Podía hacer bromas tontas y entusiasmarse de más por una técnica nueva más segura sabiendo que si Kurt se reía no era por nada excepto buen carácter. Eso le hizo darse cuenta con una extrañamente alegre clase de melancolía de que Kurt estaba en camino de convertirse en el primer amigo de verdad que Dave había tenido nunca. Se empezaba a llevar bien con algunos chicos de su clase, por supuesto, pero Kurt era la única persona del mundo que había conocido a Karofsky y se había quedado para ver después emerger a Dave. Todo parecía extrañamente apropiado, después de todo: Kurt había sido el primer chico que le había gustado, la primera persona ante la que había salido del armario involuntariamente, su primer beso de verdad, su primera… Bueno, Kurt siempre le había animado, le pareciese bien o no, a sentirse más como él mismo y, después de tantos años pretendiendo ser otro, era una sensación realmente buena.

Mientras la semana pasaba, sus mensajes eran más frecuentes y más amistosos y se ampliaron a comentarios y pensamientos diversos (OMG. Acabo de aprender a desabrochar un sujetador con una mano. Mi padre estaría muy orgulloso si no supiese ya que es una habilidad que nunca usaré) además de sus intercambios culinarios de la hora de comer y los mensajes tipo ¿Qué tal el día? A veces incluso flirteaban un poco, aunque Dave intentaba no leer más allá de que eran sus propias ilusiones. ¿Y qué sabía él sobre flirtear? Sus anteriores intentos con chicos (incluyendo a Kurt) habían fallado miserablemente e incluso antes de eso, cuando había intentado flirtear con chicas, había sido grosero y se había comportado como un machito sobreactuando para salvar la cara ante sus amigos heterosexuales más que para impresionar de verdad a alguna de las chicas. Dios sabe que casi se hizo pis en los pantalones cuando alguna respondió favorablemente a sus falsos avances.

El sonido de la respuesta de Kurt le saca de su ensimismamiento. Ya estoy de camino. Y siempre voy preparado ;) Dave sonríe a su teléfono a pesar del revoloteo de mariposas que nota en el estómago. Sí, mensajearse es fácil. Ser amigo de Kurt vía mensaje es fácil. Incluso "puede que pero probablemente no es" flirtear con Kurt por mensaje es fácil. No tiene que preocuparse por mirarle demasiado fijamente, por sonrojarse, por que se le encasquille una palabra ni por decir nada equivocado. Los mensajes le permiten ordenar sus pensamientos y revisar sus palabras. Le acerca a Kurt pero a una distancia segura; la esencia del chico del que ha estado colgado tres años sin la distracción de sus enormes ojos azules, ni de sus labios que siempre parecen tan suaves (y, joder, casi desearía no recordar que se sienten tan suaves como parecen) e incluso sin su voz deliciosamente característica.

No es que no le guste el paquete completo, reflexiona a la vez que se levanta de la cama para deshacer su bolsa. Le gusta un poco demasiado. Y ahora que sabe que el paquete completo está de camino a su apartamento, los nervios que habían estado agradablemente ausentes durante toda la semana están volviendo, porque hablar de verdad con Kurt y verle mientras lo hace siempre ha sido un poco difícil. Y tenerle justo allí, en su espacio personal, será más difícil porque, a pesar de su rápidamente creciente amistad, aún es Kurt y sabe en su patéticamente herido corazón que, con Kurt, siempre querrá más que sólo amistad.

Deja los libros al lado de su plegado uniforme blanco sobre la cómoda y deja el rollo de los cuchillos sobre la cama. Tiene tiempo para una ducha rápida antes de que Kurt llegue. Sabe que Kurt también llega directamente desde el trabajo pero aunque hoy no ha tenido prácticas de cocina se siente pegajoso por el viaje hasta casa e indudablemente quiere quitarse su aburrido atuendo escolar-informal-de-trabajo. Se ducha resuelto a no dejar que ni sus dedos ni sus pensamientos se entretengan mientras está bajo el chorro de agua. Camina descalzo hacia el armario y rebusca entre algunas de sus mejores camisas antes de decidirse por unos tejanos limpios y un polo negro liso. Se recuerda a sí mismo que puede que sea viernes por la noche pero sólo son dos amigos pasando el rato. No hace falta volverse loco.

Está inspirando profundamente para calmarse cuando suena el timbre.

—Ey —saluda informalmente mientras mantiene apretado el botón de abrir del viejo telefonillo.

—Hola, soy Kurt —llega la cantarina respuesta (como si pudiera ser otra persona) entrecortada por el sonido de la estática que Dave está seguro de que puede sentir.

—Sube, tercer piso, la puerta de la derecha.

Da un último vistazo al piso mientras se acerca a la puerta. Es pequeño y está decorado muy sencillo, el típico piso de alquiler. La verdad es que apenas es algo más que un estudio con una cocina cuadrada y un salón comedor al lado del dormitorio y el baño pero está limpio y ordenado y, al menos por ahora, es suyo. Ha dejado en la encimera de la cocina algunos de los ingredientes que usarán para hacer la cena y que se había ofrecido a preparar por adelantado, antes de que Kurt llegara, pero Kurt había dicho que si iba a ir una noche de entre semana al menos quería ayuda en la cocina, así que esperó. No podía decir que la idea de cocinar junto a Kurt no era atrayente.

Dave llega al pequeño cuadrado de la entrada y espera junto a la puerta abierta. Los latidos del corazón se le aceleran aparentemente para acompasarse al suave rumor de los rápidos pasos que se acercan cada vez más.

—Buenas tardes —dice Kurt con una brillante sonrisa cuando llega a lo alto de la escalera. Lleva una pequeña caja marrón colgando de la punta de los dedos de la mano izquierda.

—Ey —es todo lo que Dave puede decir antes de apartarse a un lado y hacerle un gesto para que entre preguntándose si alguna vez se acostumbrará a que esa sonrisa esté dirigida intencionadamente a él.

—Gracias otra vez por cambiarlo para esta noche —dice mientras Dave cierra la puerta tras él dispuesto a relajarse—. La verdad es que podría pasar sin correr mañana otra vez por toda la ciudad pero parece ser que nadie puede organizar urgentemente una jornada de compras tan bien como yo.

Dave no puede mentir; cuando Kurt le dijo que los padres de Rachel llegaban desde Lima ese fin de semana y que le habían atrapado para hacer de co-guía turístico (Las cosas que haría por entradas gratis para Broadway decía su mensaje y Dave se había sentido un poco culpable por explorar mentalmente las posibilidades que incluía esa frase) automáticamente había asumido que pasaba de él, pero pronto se dio cuenta de que no era el caso cuando Kurt le sugirió ir a su casa el viernes o el domingo.

—No hay problema —responde mientras se da la vuelta para quedar mirando a Kurt y coger la caja que le ofrece. Siente un cosquilleo cuando sus dedos se rozan mientras coge el cordón de rafia por el nudo; está seguro de que es electricidad estática. Se aclara la garganta—. De todos modos mañana quiero pasarme por el gimnasio y tengo que hacer montones de deberes. No sabía que tendría que hacer tantas redacciones como parte de los estudios de cocina.

—Tienes que ser capaz de leer y escribir. ¿Cómo si no podrás ganar dinero cuando seas famoso con todos esos contratos para libros de cocina?

—Tienes razón. —Asiente y levanta la caja—. ¿Qué es esto?

—Eso —dice Kurt con una sonrisa apenas contenida mientras se desabrocha el cinturón de la chaqueta de estilo vagamente militar— es sólo un amiguito mío. Se llama tiramisú de limoncello y es delicioso.

Dave sonríe ante la referencia a su intercambio de mensajes y dirige el camino hacia la cocina donde deja la caja sobre la encimera. Se bebe la imagen de Kurt quitándose la chaqueta. Parece que acabe de salir de una hoja de una revista de moda, no importa que acabe de llegar de trabajar en la oficina de una. Claro que no es que Dave esperase menos. Kurt siempre ha sido sorprendente pero está lejos del chico amanerado que Dave vio la primera vez, todo ángulos suaves y líneas duras. Está vestido con unos pantalones grises marengo de pierna recta cuya tela tiene un brillo sutil que acentúa la alargada forma de sus piernas adornado con un cinturón negro con varias hebillas que abraza sus estrechas caderas. Metida limpiamente en los pantalones lleva una ajustada y fina camisa negra con costuras iridiscentes alrededor del cuello y los puños ajustada al cuello con una corbata negra de seda bordada con un dibujo de encaje un gris plata que completa lo que Dave llama su imagen fashion-profesional. —Eh, no tenías que haber traído nada —dice cuando recuerda cómo hablar—. Pero gracias.

—Oh, no es para compartir —afirma Kurt muy serio colocándose la chaqueta sobre los brazos doblados—. Después de provocarme toda la semana con todas esas fotos y descripciones de tus aventuras con la repostería he pensado que esta noche traería esto y te haría sufrir mientras lo disfruto yo sólo. —Dave nota que los labios se le curvan hacia arriba en una sonrisa y Kurt es rápido en imitarla con los ojos destellando humor retorcido mientras sigue—: Te lo describiré, por supuesto, y podrás disfrutar mirando pero me temo que no es para ti.

No puede evitar reírse. Es como una especie de metáfora retorcida de su relación, aunque Dave sabe que Kurt probablemente no tiene ni idea de cuánto disfruta con que sólo le deje mirar. —Me parece justo —consigue decir sin tragarse la lengua—. Pero no esperes que te dé un tenedor si no planeas compartirlo.

—Me parece bien; no necesito. —Hace una mueca y levanta y deja caer los hombros con afectada indiferencia mientras se aprieta la chaqueta contra el pecho—. Te había dicho que estaba preparado para ensuciarme las manos.

Dave no puede pensar ni una sola respuesta apropiada. Decididamente, mensajearse en más fácil.


Gracias por las lecturas y por los comentarios. La autora los lee con Google translate así que espero que alguna más se anime.