En mi perfil tenéis el enlace a la historia original en inglés. Como aquí no puedo poner enlaces tendréis que buscar todos los platos en la Wikipedia en español o, si lo prefería, podéis visitar AO3, donde están los enlaces recopilados. En mi perfil hay un enlace a la página de Tumblr con el resumen de todo lo que publico y donde.

Gracias por leer y espero vuestros comentarios.


Capítulo 6: Griega

Kurt Hummel está en su dormitorio.

Vale, Dave no puede verlo de verdad desde donde está, al lado de la encimera de la cocina intentando no hiperventilar, pero sabe que está allí, dejando la chaqueta y la bolsa en su cama como si todo eso fuese algo completamente normal. Aunque supone que ahora lo es, o al menos debería serlo. Lo será.

—Ey, ¿éste es tu uniforme de cocinero? —grita Kurt desde detrás de la puerta para asomar la cabeza después de hablar con una sonrisa inquisitiva en la cara.

Dave se recompone y cruza el pequeño pasillo hasta su habitación donde Kurt ahora tiene la cabeza inclinada mirando los lomos de un montón de libros de texto de cocina apilados encima de la cómoda. —Sí, es ése.

—¿Te importa si lo miro? —pregunta Kurt mientras se endereza para después señalar con la cabeza en dirección al uniforme perfectamente doblado.

—Eh, no. —Dave se ríe entre dientes algo desconcertado por la petición y sintiéndose no exactamente incómodo sino ligeramente extraño ante la idea de Kurt tocando su ropa—. Pero no es exactamente alta costura…

—Dame el gusto. La ropa es lo mío.

Dave deja escapar una risa nerviosa, se encoge de hombros y hace un gesto hacia la cómoda para que Kurt lo haga. No le importaría si fuese cualquier otro, en serio, pero porque es Kurt, y porque la ropa es lo suyo, parece extrañamente íntimo.

—Además —dice él mientras se gira y pasa sus ágiles dedos sobre el bordado del logotipo de la CIA del pecho de la chaqueta—, estoy seguro de que está bien y de que casi cualquier cosa puede mejorarse con algunos arreglos.

—No creo que nos permitan arreglarlo.

—Qué pena —dice Kurt con una sonrisa mientras frota suavemente entre el pulgar y el índice la tela de pata de gallo de cuadros blancos y negros del pantalón sin desdoblarlo—. Yo me pondría estos pantalones si fuesen un poco más ajustados.

Dave aparta rápidamente la idea de Kurt metiéndose en sus pantalones y propone—: ¿Estilo chef chic?

Kurt le sonríe ampliamente y dice en tono ligero—: Nunca se sabe cuál será la próxima tendencia. Y yo tengo influencias, ya sabes.

—¿Qué tal esto? —Dave da un paso adelante, se agacha hasta su mochila que está en el frente de la cómoda y saca el gorro aplastado que forma parte de su uniforme. Piensa que probablemente Kurt la gozará haciendo bromas con su estúpido sombrero de chef y, además, será una buena distracción.

La mirada de Kurt se enciende al ver el gorro mientras Dave lo hincha y se lo da. —¿De verdad tienes que llevarlo en clase?

—En la cocina, sí. Parece bastante estúpido pero…

—David, si pudiste lucir una boina roja estoy seguro de que puedes llevar esto.

Se sonroja ante la mención de su uniforme anti-abusos del McKinley. Difícilmente pensó que lucía aquel conjunto, en aquel entonces no tenía más opción que llevarlo, aunque supone que siempre le han atraído los uniformes, disfraces tras los que esconderse: la insignia de boy scout, la chaqueta del equipo de fútbol, la máscara de hockey, la boina de los anti-abusos, la chaqueta de chef. Joder, incluso se había arreglado cuando intentó… No, piensa, no voy a ir por ahí. Cada conjunto había servido para su propósito y le había ayudado a su manera en cada momento. Ahora ya no se arrepiente de ninguno de ellos. Especialmente de la chaqueta brillante de los anti-abusos y su boina a juego. Era, en su propio estilo, el comienzo de algo bueno, el comienzo de esto

—¿Te importa probártelo? —La voz de Kurt le devuelve al presente.

—Eh, ¿en serio? —pregunta Dave casi con un quejido mientras Kurt sonríe y afirma. Dave suspira derrotado—. Vale. Pero solo si te lo pruebas tú primero.

—Bien. Pero deberías saber que nunca he necesitado que me persuadan demasiado para ponerme un sombrero frívolo. —Kurt mira de cerca y con recelo el interior del amplio borde antes de colocárselo con cuidado sobre su cabello perfectamente peinado. Después levanta las manos para enmarcarse la cara y hacer una pose burlona—. Y éste es el único que he visto desde hace tiempo lo suficientemente alto como para que me quepa el pelo.

Es la cosa más mona y, extrañamente, más sexy que Dave ha visto nunca, pero ése es otro lugar al que no quiere que su mente vaya esta noche. Especialmente no con Kurt de pie a los pies de su cama.

Kurt se quita el gorro con una mueca y se recoloca un mechón suelto en su sitio antes de tenderle el sombrero a Dave. —Tu turno.

Dave se lo pone como le han enseñado, ligeramente ladeado y deslizado hacia atrás para que le tape todo el pelo. Se encuentra mirando a cualquier lugar excepto a Kurt. —Ya. ¿Feliz?

—El estilo chef chic te queda bien —dice, y ni siquiera suena sarcástico.

—Sí, bueno. —Dave se quita el sombrero a la vez que pone los ojos en blanco antes de concentrarse en volver a aplanar el papel almidonado con las manos—. A ti te queda mejor.

—Es bueno saberlo —escucha Dave mientras se agacha de espaldas a Kurt para volver a meter el gorro en su mochila.

Cuando se levanta Kurt le sonríe cariñosamente y bajo su mirada fija siente unas repentinas calidez y turbación.

—Entonces… —Se aclara la garganta—. ¿Estás listo para aprender a cocinar comida griega?

—Claro. ¿Te quieres poner primero tu chaqueta o…?

—No. Estoy bien así —dice—. Sé que bromeé sobre lo de ensuciarte las manos pero no va a ser tan sucio.

—Bien, vale. De todos modos he traído algo.

Dave siente cómo se le abren los ojos y se le levantan las cejas en una pregunta silenciosa.

—¿Qué? Esta camisa es muy cara y, como he dicho, yo siempre voy preparado. —Kurt coge su bandolera y saca un cuadrado perfecto de tela que desdobla cuidadosamente para revelar un delantal estilosamente engalanado con imágenes monocromáticas de la torre Eiffel.

—Eh, ¿ahí pone 'París gay'?

—Sí, pero es de diseño. Y fue un regalo —se defiende, innecesariamente, y su sonrisa se desvanece—. Lo sé, es un poco femenino, pero me gusta estar limpio y supongo que si los tacones pegan con... —sigue sin mirar a Dave mientras se pasa el delantal por el cuello y comienza a atarse el cordón alrededor de la cintura.

Hay algo en la manera en que lo dice que molesta a Dave, como si diera por hecho que él ha tratado de insultarle cuando todo lo que ha hecho era intentar mostrar interés. En las dos últimas semanas Dave ha llegado a conocer mejor a Kurt de lo que había podido en su día en Lima y hay algo en su nuevo humor auto-despreciativo que tiene un saborcillo a inseguridades sutiles que Dave supone no ha visto antes porque debía de estar demasiado cegado por las suyas propias.

Joder, sabe que ya ha gastado suficiente tiempo en su vida intentando que Kurt se sintiese mal por ser él. Tiene que saber que nunca lo volvería a hacer a propósito.

Frunce el ceño. —No es… No eres femenino.

—¿Ah, no? Díselo a todos los que alguna vez me han llamado señorita. —Kurt se para, las manos también quietas en el nudo del delantal, y mira mordaz a Dave con los labios curvándose ligeramente—. Karofsky armarizado incluido.

—Sí, bueno, los dos sabemos que aquel tío era un gilipollas. —Kurt asiente de acuerdo con él y mira hacia abajo para desabotonarse los puños de la camisa. La astuta sonrisa curvándole los labios da valor a Dave para seguir—. Pero es que en el instituto eras un poco más parecido a una chica. Ahora sólo eres… guapo o algo así.

Dave nota como se le extiende el calor por las mejillas tan pronto como dice la palabra. Sabe que los chicos gais pueden decirse cumplidos entre sí de una manera con la que los chicos hetero no se sentirían cómodos, pero él aún no está seguro de cómo de cómodo está él mismo o, dada su historia, cómo de cómodo estará Kurt. Se muerde la lengua sin atreverse a moverse.

—Buff —resopla Kurt sin mirar hacia arriba mientras sigue remangándose—. No creo que nunca nadie haya usado el adjetivo guapo para describirme.

Su tono es seco y plano. Dave le observa mirar atentamente la tela que está doblando cuidadosamente alrededor de su ligeramente pecoso antebrazo.

—Yo… no quería que sonase como un insulto. Quiero decir que sólo…

—No me lo he tomado como un insulto, David —dice. Cuando levanta la mirada hay un tenue tono rosa en sus mejillas que no estaba antes. Parpadea mientras le mira—. Justo lo contrario. Gracias.

—De… nada —murmura Dave, desvía la mirada y recoge el rollo de cuchillos que había dejado antes sobre la cama. Cuando ve a Kurt girarse hacia la puerta se siente algo aturullado pero principalmente aliviado de que el momento haya pasado.

—Igualmente —dice sin mirar hacia atrás.

—¿El qué, de nada? ¿Por qué?

—No, guapo, idiota —le corrige Kurt, esta vez lanzándole una sonrisa irresistible por encima del hombro antes de girarse y contonearse hacia la cocina—. Ahora, ¿qué hacemos?

Dave le sigue pero de momento no dice nada. Sólo desearía saber qué.


—¿Así que nunca has cocinado nada parecido?

—He hecho albóndigas pero al estilo italiano, no griego, ni con semillas —dice Kurt mientras ralla diligente un pepino—. Generalmente lo mío es más el horno pero siempre estoy dispuesto a añadir otra cuerda a mi arco culinario.

Dave está tostando semillas de comino, cilantro e hinojo en una sartén caliente y sin aceite al fuego para después añadirlas a la carne cordero picada mientras Kurt comienza a preparar el tzatziki. El objetivo de la visita de Kurt ha cambiado ligeramente su propósito inicial. Se suponía que Dave iba a hacer probar a Kurt un plato nuevo y lo que había querido cocinar era el clásico boeuf bourguignon francés, lo que impresionaría a Kurt por su gran potencial como chef. Pero en sólo las horas del viernes por la noche no tenía tiempo para hacer un demi-glace, ni para dejar que el plato se cociese durante horas para que la carne estuviese más tierna y los sabores se desarrollasen e intensificasen por completo. Aún así esperaba que hubiese una próxima vez para hacerlo. En su lugar le estaba enseñando a Kurt algo nuevo. Le había enviado algunas sugerencias: koftas de cordero especiado y meze griegos, risotto con eglefino ahumado y ensalada tailandesa con ternera. Dave sabía que todas se podían cocinar bastante rápido y sabían bien, incluso si no tenían el nivel de sofisticación al que Dave esperaba llegar pronto.

Kurt había elegido comida griega. Algo nuevo estaría bien. Creo que nunca he probado comida griega, había escrito primero. Y luego: No, sí. Ensalada griega. Eso cuenta, ¿no? ;) Dave había respondido que no, que no contaba pero que pensaba que le gustaría, aunque de verdad Dave no tenía ni idea de si a Kurt le gustaría o no. Todo lo que sabía era que en cuanto a comida parecía abierto de mente y que al menos sería algo diferente aunque poco refinado. Sabía que sería sabroso y bastante saludable, y lo había hecho unas cuantas veces para él y su padre, así que esperaba que a Kurt le gustase la selección mini-meze que había planeado. Le gustaba la idea de que pudiesen elegir, picar, mezclar y combinar. No quería que Kurt se sintiese obligado a comerse un plato entero de algo que no le gustase. De esta manera al menos podría comer ensalada, aunque fuese sólo por ser educado.

—¿Dónde está la receta de esto? Puedo seguirla y así te dejo concentrarte en lo que estás haciendo —dice Kurt. Mira atento la sartén mientras Dave la va agitando. Tiene los agujeros de la nariz visiblemente dilatados para inhalar las fragancias de las especias al tostarse.

—No tengo.

—¿Entonces cómo sabes que lo estás haciendo bien?

Dave se ríe. —Kurt, ¿cómo sabes que lo que llevas puesto está bien?

Mira curioso a Dave mientras arruga la frente y mantiene la sonrisa. —Tengo buen ojo.

—Bueno, yo tengo buena lengua —tartamudea un poco—. Eh, quiero decir paladar. Un buen paladar. Sólo… Pruebo y veo si encaja.

Kurt le mira con desconfianza. —¿Y te funciona?

—La mayoría de las veces. —Dave se ríe y aparta la sartén del fuego. Vierte las semillas en el mortero que hay al lado—. Pero no te preocupes, este plato lo he hecho antes y siempre me ha salido comestible.

—Nunca intentaría hacer un suflé sin la receta —reflexiona Kurt.

—Sí, bueno, esto no es tan técnico. Y de todos modos hay una receta pero de momento está todo aquí —dice con una sonrisa deliberada mientras se da golpecitos en la sien antes de girarse hacia la encimera.

—Entonces bien, confío en estar en unas manos capaces —responde Kurt mientras mira a Dave comenzar a machacar las semillas con la mano del mortero— ¿Qué quieres que haga ahora?

—¿Qué tal se te da cortar con cuchillo?

—Mmm, diría que nada mal.

—¿Te parece bien picar?

—¿En serio, David? —pregunta Kurt frunciendo los labios y arrugando la frente en una mueca exagerada de desilusión.

Dave se está tomando un momento para pillarlo, pensarlo y preparar una disculpa cuando Kurt empieza a desternillarse de risa.

—Tengo bastante práctica en lo que se refiere a picar, soy bastante picajoso.

—Cállate —murmura Dave con una sonrisa—. El ajo está ahí. A trabajar.

—Sí, chef.


Dave nota como se va relajando gradualmente mientras los dos juntos hacen amigablemente la cena. Aunque le gusta quejarse amistosamente de la distintiva falta de precisión en la cocina del chef Karofsky (¿Cuánto limón hay en 'exprime un poco', David?), Kurt es un estudiante nada sorprendentemente rápido y también demuestra tener un buen paladar a la hora de catar aderezos y especias.

Con los koftas de cordero probados y dorándose al fuego, el pan de pita tostándose en el horno, el tzatziki hecho y las clásicas ensaladas griegas con halloumi a la brasa preparadas sólo les queda hacer el hummus.

—Te voy explicando cómo se hace —le dice Dave a Kurt mientras le ve mirar los ingredientes que aún quedan alineados frente a él.

—Ponerlos en la batidora y darle al botón, ¿no? —se burla él mientras acerca el procesador de comida en miniatura—. Además, ya he comido hummus antes. Creo que conseguiré hacerlo.

—Entonces vale. Es todo tuyo.

En la pequeña cocina sólo están separados unos centímetros; Dave está junto al fogón, vigilando y dando vueltas a las albóndigas de cordero, mientras Kurt mete en la batidora los garbanzos cocidos, el ajo y el comino del mise en place. Dave está mirando con interés a Kurt cuando éste se para un momento, coge el aceite de oliva virgen extra y comienza a añadirlo.

—¿Cuánto? —pregunta con los ojos en el aceite que llueve lentamente sobre la mezcla.

Dave no puede resistirse. —Pensaba que sabías hacer el plato.

Kurt clava la mirada en él pero no hay calor detrás y medio sonríe cuando pregunta—: Ah, ¿pero sí sabes?

Dave se ríe. —Con ése hay suficiente. Y aún falta una cucharada de tahina. Y el lim…

—Gracias —le suelta Kurt con los ojos arrogantemente medio-abiertos y una sonrisa escondida tras la fingida molestia—. En el improbable caso de que necesite más ayuda, estate seguro de que la pediré.

—Bien —concede Dave mientras levanta los dedos rindiéndose. Se tiene que dar la vuelta cuando se da cuenta de que ver a Kurt cabreado de broma aún le aprieta ciertas tuercas en la mente y se asegura de doblarse a comprobar el pan de pita a través de la puerta de cristal translúcido del horno mientras Kurt acaba la mezcla y aprieta el botón para mezclar todos los ingredientes juntos. El sonoro zumbido de las hojas ahoga el suave sonido de la música del iPod del otro lado del cuarto.

Dave se queda quieto y sólo mira cómo Kurt saca una cucharilla limpia del cajón que hay a su lado para probar la mezcla del hummus. Abre la tapa y escarba en la grumosa pasta antes de llevársela a los labios mirando atentamente a Dave.

—Creo que le falta un poco de sal —dice después de un instante.

—Estoy seguro de que tienes razón —bromea Dave todo serio—. Aunque no puedo saberlo.

Kurt le golpea en el bíceps con el dorso de la mano y suelta una risita. —Vale. Mejor la pruebas. Claramente necesito una opinión experta.

Dave sonríe con suficiencia y se frota el 'adolorido' punto del brazo. —Si estás seguro…

Kurt bufa, rellena la cuchara (Dave nota que sin limpiarla primero, y no es que le importe, en absoluto) y la sostiene cerca de la boca de Dave. Él, dubitativo, abre la boca y deja que Kurt cuidadosamente deslice dentro la cuchara.

La visión se le emborrona un poco al ver a Kurt mirándole la boca y rápidamente recoge la pasta con la lengua y se la traga. Es basta y sabrosa y tiene un fuerte golpe de ajo, tal y como debe ser, pero Kurt tenía razón—. Eh, sí. Decididamente necesita más sal. Y quizá un poco más de zumo de limón.

—Oh, vale.

Kurt exprime más limón en la batidora, añade una pizca de sal y, volviendo la mirada a Dave buscando aprobación, aprieta el botón.

—Ey… —intenta advertirle Dave, pero ya es demasiado tarde.

—Mierda, mierda, mierda, lo siento —grita Kurt mientras pulsa el botón de apagar. Mira compungido a Dave y levanta con retraso la tapa de la batidora. Menos mal que la pasta de hummus es lo suficientemente espesa para que no haya manchado mucho pero la encimera está salpicada por gránulos de crema, como también el codo y la mejilla de Dave. Él nota que Kurt ha conseguido permanecer limpio de hummus.

—¿Cómo lo has hecho?

—Lo siento mucho, David. Olvidé volver a poner la tapa y…

Dave suelta una risita. —No. ¿Cómo has conseguido seguir limpio?

—Oh. —Kurt se muerde el labio, se encoje de hombros y mira hacia abajo para examinarse—. Debe de ser el poder del delantal.

Dave agarra un trozo de papel de cocina y se limpia mientras Kurt hace lo mismo con la encimera.

—Eres un invitado que ensucia mucho pero al menos luego lo limpias —le reprende Dave con delicadeza. Tira el papel de cocina sucio a la basura, apaga el fuego de la cocina y comienza a colocar las koftas en un trozo de papel limpio—. ¿Listo para comerte lo que queda?

—Sí. —Kurt le sonríe arrepentido—. Aunque… te has dejado un poco.

Dave deja escapar un consciente resoplido de risa y bizquea en un intento de ver dónde. Kurt hace un gesto tímido señalando la comisura de los labios. Tiene las manos aún llenas así que saca la lengua para recoger la mancha residual. Por el rabillo del ojo puede ver que Kurt aún le observa. Su sonrisa se está desvaneciendo pero aún no del todo. Y entonces susurra—: Aquí. —Y su pulgar también está ahí, justo en la comisura de los labios de Dave donde la lengua que busca la mancha lo toca brevemente, sólo un leve contacto, y Dave nota que se queda sin aliento. Kurt no se aparta de golpe sino que quita el pulgar despacio y se lo mira. Por un emocionante y confuso segundo, Dave piensa que quizá se lo meta en la boca, que quizá se lo limpie de un lametón…, pero no lo hace. —Así está mejor —dice mientras se limpia el pulgar en el delantal y vuelve a mirar a Dave—, todo limpio y guapo otra vez.