Con unos días de retraso, os dejo el capítulo 7 de la traducción. Tenéis el enlace al original en inglés en mi perfil.

En este capítulo hay una nota al pie con un juego de palabras que no he podido conservar en la traducción.

Espero que os guste y me paguéis con un comentario. Os sale barato y a la autora los lee.


Capítulo 7: Comida griega (y amistad platónica)

Se sientan en lados opuestos de la pequeña mesa cuadrada de IKEA que hace de separador entre la cocina y el comedor, una isla en sí misma en medio de la pequeña aglomeración de la sala, lo que es apropiado porque Dave se siente a la deriva.

Están callados mientras comienzan a llenarse los platos en medio de un aire de incomodidad afable que permanece después… de lo que coño sea que acababa de pasar entre ellos.

Dave mantiene la cabeza inclinada y los ojos firmemente fijos en la comida delante de él mientras rellena una pita abierta y caliente con ensalada y cordero con especias e intenta calmar los latidos de su corazón y apartar las posibilidades previamente exiliadas que están intentando ganarse el camino de vuelta a su mente.

Lo que quiera que fuese se siente como más. Como demasiado para ser sólo amigos y no lo suficiente para algo más, pero ha aprendido a no esperar nada de eso. ¿Verdad?

—Tiene una pinta estupenda y huele genial —dice Kurt al principio un poco demasiado alegre. Luego su tono baja—. Estoy… esperando a ver qué haces.

Dave detiene las manos en el bol de tzatziki y se muerde un poco la piel del interior de la mejilla antes de levantar la vista con las cejas bajas por la duda.

—No quiero hacer un ridículo horrible haciendo algo mal —continúa Kurt haciendo un pequeño mohín antes de que una sonrisa aparezca en sus labios y se extienda por sus mejillas—. Quiero decir que, para comer hummus y tzatziki, ¿tengo que usar cuchillo y tenedor o…?

Dave deja que le vuelva la sonrisa, se permite respirar, mientras mueve lentamente la cabeza comprensivo y nota que sus recién encontrados nervios comienzan a desenmarañarse. Así que sus sinapsis se habían sobrecargado temporalmente cuando había lamido inadvertidamente el pulgar de Kurt; era de esperar pero, así de simple, las cosas vuelven a notarse normales. O al menos tan normales como pueden estar con Kurt a tan corto alcance, lo que es exactamente la razón por la que mensajearse es mucho más simple que esto. Aunque tiene que admitir que no es ni de cerca tan estimulante.

—Esto es… muy nuevo para mí, David.

Dave se ríe y aparta un pensamiento no solicitado y divagador de su mente. —Sí, bueno, sólo haz lo que te parezca —dice apartando su mirada de la acaparadora mirada de Kurt para coger con la cuchara algo de tzatziki con especias y ponerlo en el poco espacio que queda en su pan de pita—. Si hay alguna regla sobre cómo comerse esto te aseguro que no la sé.

—Vale —dice Kurt yendo a coger el bol que aún está en la mano de Dave—, en ese caso, supongo que probaré un poco de todo.

Dave asiente aprobadoramente y continúa razonando consigo mismo mientras ve a Kurt imitar sus acciones (coloca primero una capa de tomate, cebolla y feta en el pan, luego añade una rodaja de halloumi y dos koftas pequeñas, lo rocía todo con tzaziki y se pone una cucharada de hummus en el plato para mojar). Kurt sólo estaba siendo amigable, gilipollas. Lo que hace es sólo eso. Probablemente intentaba ser amable, quizá incluso reírse de él un poco, para bajar su potencial vergüenza por tener pasta por toda la cara. Recuerda ver a Kurt con sus amigas en McKinley (con Rachel y aquella otra chica, Jones), cómo caminaba del brazo con ellas, adulándolas con elogios a su cabello, sus zapatos o su capacidad vocal. Supone que a pesar de cuánto quiera que sea algo más, lo que ha pasado entre ellos no es diferente de aquello. Después de todo son amigos. Todo es estrictamente platónico y, sí, eso también parece encajar para Dave: comerse su propia comida rápida griega mientras intenta aceptar su propia versión de un amor platónico griego.

Y, de todos modos, se recuerda Dave mientras mira a Kurt, que tiene la mirada baja, coger la pita con las dos manos, darle un bocado grande, masticar y pasarse brevemente la lengua por los deliciosos labios, él sólo te estaba devolviendo un cumplido que le habías hecho tú primero.

—'Stá bueno —dice Kurt, sonando amortiguado con la boca llena.

Dave sonríe también con la boca llena y saborea el cremoso frescor de la salsa de yogurt y menta, deleitándose en cómo complementa a la crujiente cebolla roja y el pepino y contrarresta el sabor rico y casi grasiento de la carne. Mastica despacio, haciendo lo posible para que el silencio temporal le permita traer su mente a donde necesita que esté.

No es que Kurt se lo esté poniendo fácil. Está haciendo otra vez esos ruiditos de satisfacción, los que hizo cuando tomaron juntos el brunch, los que espera que pronto se conviertan en familiares. No es que haga mucho ruido comiendo, de ninguna manera; los pequeños sonidos son más… apreciativos, mmms y ahs apenas audibles de calmada satisfacción, pero hacen que la mente de Dave divague hacia áreas que están estrictamente fuera de los límites.

Los ojos de Kurt brillan a la tenue luz mientras mira a Dave y forma una sonrisilla petulante. —El hummus está especialmente bueno.

—¿Eso crees? —le reta Dave tímidamente mientras moja diligentemente una esquina del pan de pita en la pasta—. No estoy seguro. Sabe como si la hubiese hecho un aficionado o algo así. Está un poco grumoso y…

—Quizá es que me gusta un poco grumoso —contrarresta Kurt.

Dave siente que sus mejillas se ponen absurdamente calientes ante eso, mueve la cabeza y coge otro kofta. —No, en serio, pareces bastante bueno en la cocina… Un hombre de muchos talentos.

—Vaya, gracias —canturrea Kurt—. Quizá la próxima vez yo te pueda enseñar a ti alguna de mis específicas y medidas recetas.

—Estaría bien. ¿Cuál es la especialidad del chef Hummel?

—Diría que el suflé de chocolate y ron siempre es particularmente bien recibido.

Eso conjura el trazo de un recuerdo de Dave: vergonzosa curiosidad mientras escuchaba a los chicos hablar en el vestuario del McKinley sobre el mariquita queriendo calentar para que su cuerpo suba y cómo esas palabras crearon todo un conjunto de imágenes mentales con las que no estaba preparado para lidiar. Aparta el pensamiento igual que lo intentó hacer entonces. —Nunca he intentado hacer suflé...

—¿Qué? —Kurt le mira incrédulo—. ¿Ni siquiera el de Julia?

Dave suelta una risa. Ha pasado por encima de la receta del suflé de Julia Child demasiadas veces y nunca ha tenido el valor de intentarlo. —Ni siquiera el de Julia.

—Bueno, eso tendremos que arreglarlo.

—Probablemente tengas razón —le concede Dave.

—La semana que viene la tengo libre así que podría volver a venir, si quieres… —Kurt va bajando la voz y va comenzando a llenar otra pita. Acompaña su tono casual con el principio de una sonrisa.

—Sí, estaría bien.

El silencio cae sobre la mesa de nuevo mientras continúan comiendo y Dave tiene un extraño sentimiento revoloteándole por el pecho. Mira con calmado interés a Kurt llenando de más su pita y cómo se caen trozos de tomate y olivas cuando le da un bocado. Dave tiene que reprimir que le parece divertido ver el aliño resbalándole por el labio inferior y cayéndole por la barbilla, una pequeña y casi translúcida gota que descansa en el pequeño hoyuelo que hay ahí. Dave instantáneamente se plantea limpiarlo con el pulgar, por lo de antes, y entonces se imagina poniendo ahí la boca, saboreando la salsa que acompaña a Kurt, el ingrediente principal.

Joder.

El caliente y familiar estallido de excitación que siente le saca de golpe de ese mal hilo de pensamientos y, antes de que pueda contemplar qué más podría gustarle hacer con esa gotita vagabunda, Kurt se la limpia con la servilleta de papel mientras se disculpa con la boca llena por su falta de compostura.

—Oh, dios, lo siento. Habitualmente no soy tan glotón, lo juro. —Se detiene para tragar y se limpia una mancha del labio inferior con la lengua—. Pero no me había dado cuenta del hambre que tenía y esto está tan bueno, David, que sólo quiero metérmelo (1) en la boca todo a la vez.

Kurt abre los ojos casi cómicamente ante su propia elección de palabras mientras con los dedos hace una maraña de la temporal servilleta.

Dave traga rápidamente aunque tiene la boca ya vacía y una docena de pensamientos sucios y obscenos recorren su mente. No se atreve a decir nada por miedo a que se le escape alguno así que en su lugar mueve la cabeza en lo que espera sea una manera conciliatoria y se mete en la boca, que muestra una sonrisa satisfecha, un trozo de firme aunque ligeramente esponjoso halloumi, feliz de tenerla ocupada de otra manera.


Se quedan en la mesa para el postre que Kurt insiste en colocar en platos mientras Dave se sienta y le mira, contento de ver a Kurt moverse con facilidad por su pequeña cocina, y su conversación continúa.

—No, quiero decir que, obviamente, adoro Wicked. Es un clásico y es mi favorita, pero lo he visto tantas veces que podría interpretar cada papel y que Rachel insistirá en cantar a coro. Muy fuerte. Esperaba que quisieran ver Once. —Se gira y enseña dos platos pequeños con el tiramisú de limoncello que ha traído—. Pero no puedo quejarme por tener entradas gratis para lo que sea así que…

Once está basado en esa película, ¿verdad? —pregunta Dave mientras mira las espesas capas en el plato que le ofrece Kurt.

—Sí, está basado en la película irlandesa. —Kurt se sienta y arquea una ceja—. ¿La has visto?

—No, pero he oído hablar de ella. Creo que he visto el tráiler.

—Es buena —dice Kurt después de una cortés pausa en la que coge una cucharada de tiramisú—. Pienso que te gustaría. No es un musical grande y atrevido ni una historia de amor llena de clichés. Es más… real. —Hay otra pausa—. Deberíamos verla alguna vez.

—Sí, claro. Podemos… —Dave traga antes de incluso de haber tomado un bocado recordándose a sí mismo que los amigos platónicos ven juntos películas continuamente—. Deberíamos hacerlo.

Kurt sonríe un poco de medio lado con la cuchara en la boca. Los ojos se le ven oscuros, casi peligrosos. Dave no recuerda haberle visto nunca mirar así a ninguna de sus amigas y eso hace que se sienta atontado. Devuelve su atención al plato que tiene enfrente y se toma su tiempo para coger otra cucharada con un poco de cada una de las capas que lo forman.

—¿Qué opinas? —pregunta Kurt. Dave parpadea lentamente hacia él intentando descifrar las posibilidades escondidas tras esas palabras—. ¿He elegido bien? He pensado que siendo tú tan conocedor de los postres clásicos sería bienvenido algo diferente.

Y lo es. El mascarpone es rico y pesado en la lengua, no está demasiado endulzado, mientras el bizcocho empapado en limoncello es a la vez ácido y dulzón, suave y untuoso mientras se derrite en la boca.

—Es muy, muy bueno. —Sonríe y arquea una ceja—. Me alegro de que hayas decidido compartirlo.

—Bueno, me alegro de que me dejaras tomar prestados tus cubiertos —bromea Kurt blandiendo su cuchara.

—Bueno, sí. Creo que ya has manchado lo suficiente por esta noche.

Ante eso Kurt tiene la decencia de sonrojarse, aunque pone los ojos en blanco mientras ensancha la sonrisa y cambia de tema. —Entonces tú tienes tus propios y emocionantes planes para el resto del fin de semana.

—Sí —bufa Dave—, muy emocionantes.

—Has dicho que ibas a ver un partido de fútbol americano, ¿no? ¿Con tus colegas cocineros?

—Sí. El domingo por la noche. Pero sólo es en una pantalla gigante de un bar. —Se encoge de hombros—. No vamos a ir a ver el partido de verdad.

Kurt descansa el codo en la mesa mientras se mete a la boca la siguiente cucharada. —Oh, bien, estoy seguro de que será divertido. Yo estará planchando mi ropa de trabajo para toda la semana.

—¿Y los padres de Rachel?

—Oh. Se van el domingo a las tres así que ya me habrán devuelto mi vida.

Dave suprime la sonrisa que quiere formar ante el hecho de que Kurt bien podría haber venido el domingo en vez de esa noche pero que en su lugar eligió pasar el viernes por la noche aquí, con él. Y eso, junto con la comunicativa simpatía de Kurt, apuntala su confianza y se encuentra hablando antes de pensar—. Serás bienvenido si vienes. Ya sabes, el domingo. Conmigo. Al fútbol.

—Um, gracias. —Sus pestañas revolotean—. Pero me ceñiré al plan A. Sin ofender pero creo que prefiero planchar que ver fútbol en un bar.

—¡Ey, que tú jugabas al fútbol! —intenta defenderse Dave.

—¿Lo recuerdas?

Nota como el calor en sus mejillas se intensifica. —Eras difícil de olvidar.

Ante eso, Kurt levanta las cejas. —Pero tú no estabas. En el equipo.

—No, pero lo vi. La verdad es que me uní al equipo justo después. —Lo que sepa no debería significar nada en sí mismo, pero de repente se siente como algún tipo de admisión y se alegra cuando Kurt no se da cuenta.

—Bueno, mi carrera futbolística duró un partido, que ganamos. —Mientras se lleva otra cucharada de postre de limón a los labios parece petulante—. Me retiré en lo más alto.

—¿Por qué lo dejaste?

—¿Honestamente? —pregunta como si fuese una consulta real que requiriese una respuesta. Y Dave asiente. Kurt junta los labios y mira tímidamente a la mesa entre ellos—. Sólo me apunté, con un montón de ayuda de Finn, por cierto, porque intentaba convencer a mi padre de que era heterosexual.

—¿En serio?

Es el turno de Kurt de sonrojarse. —En serio. Oficialmente salí del armario ante mi padre justo después de ese partido.

Dave está un poco boquiabierto. En su mente Kurt Hummel salió del útero pavoneándose, fabuloso y sin pizca de miedo, y nunca ha sentido la necesidad de esconder su sexualidad ante nadie.

—Y te recuerdo que lo gané yo sólo. No te sorprendas tanto —dice Kurt, y se alegra de que sea con una sonrisa, aunque las pequeñas manchas rosas en sus mejillas se oscurecen mientras habla—. Tú no eras el único chico gay de McKinley que conocía bien el interior de su armario. Sólo resultaba que el mío tenía unas puertas de cristal muy estilosas.

Dave se ríe y se toma el último bocado de su tiramisú. La verdad es que es extraño. Lo que Dave siempre ha admirado y envidiado de Kurt es su aparente falta de vergüenza, su supuestamente incesante rechazo a esconderse o cambiar quién o qué es. Y saber ahora que, de hecho, Kurt es, después de todo, falible, que siempre ha tenido sus propias preocupaciones e inseguridades con las que lidiar, no lo cambia.

Solía pensar que los dos eran muy diferentes. Ahora que sabe que ése no es el caso le admira aún más.

—Entonces —comienza Kurt y le da un último lametón al dorso de la cuchara antes de colocarla suavemente sobre su plato vacío—, ¿puedo asumir por tu invitación que tus nuevos amigos lo saben?

—Oh, no… exactamente. Pero no estoy no diciéndoselo. No me voy a esconder nunca más… de nadie. —Eso le hace ganarse su favorita media sonrisa con hoyuelo en la mejilla de parte de Kurt—. Es sólo que el tema aún no ha salido. Es todo.

—¿Y mi presencia sería un buen inicio de conversación?

Dave frunce el ceño. —No, no pensaba en eso. Ésa no es la razón…

—Estoy bromeando —le asegura Kurt—. Pero, sólo para que lo sepas, si quieres que esté cuando se lo digas, estaré. No es un problema.

—Gracias… —Está tentado a hacer un chiste malo sobre que dos gais son mejor que uno, pero no lo hace. Está sinceramente emocionado por el ofrecimiento de apoyo moral, aunque aún no está seguro de merecérselo de verdad.

—De todos modos, ¿cómo crees que se lo tomarán?

—Creo que bien pero…—Se encoge de hombros y sonríe cuando se da cuenta de que siente de verdad lo que va a decir—. La verdad es que me da igual. Si no les gusta, que les den, ¿no?

Kurt pilla que Dave está usando sus propias palabras y sonríe de una manera cálida, abierta y sincera mientras levanta su vaso de agua hacia Dave en forma de saludo. —Sabias palabras.


—Esta noche me lo he pasado bien —dice Kurt mirando a Dave a través de sus pestañas y dándole pequeños tirones arriba y abajo con el puño a la correa de su bandolera mientras están en el umbral de la puerta abierta—. Gracias por invitarme.

—Yo también —dice Dave—, y… cuando quieras.

Se miran, ambos con expresiones gemelas de ansiedad en sus caras y ahí está otra vez, esa tensión que Dave quiere aplastar estrechando el espacio entre ellos.

—Estaba pensando, eh, en la clase magistral de suflés de la semana que viene…

—Oh, sí. —Dave asiente intentando no sonar demasiado entusiasta—. Entonces… cuándo…

—¿Algún día entre semana? ¿El miércoles o…? —Su mirada revolotea por la cara de Dave y luego se aparta sin mirarle los ojos ni una vez—. Si no estás demasiado ocupado. El suflé no tarda mucho así que quizá también podríamos ver una película o algo…

—Sí, no, sería… —Dave traga con fuerza y deja salir una lenta espiración—. Sería genial.

—Vale —dice Kurt en un tono alto y susurrante, que a Dave le suena nuevo, y su sonrisa se amplía visiblemente incluso aunque aplana los labios y los aprieta entre sí intentando esconderla—. Supongo que es una c…

Comienzan a sonar los primeros ruidosos compases de 'Don't rain on my parade' y Kurt se sobresalta y después echa la cabeza hacia atrás con una risa exasperada. —Es Rachel —se queja mientras se saca el teléfono del bolsillo—. Ella eligió la canción. —Pulsa el botón de rechazar, navega por la pantalla y pone los ojos en blanco—. Sólo llama porque no he respondido a sus mensajes…

Dave se da cuenta de que ha estado esperando reteniendo el aliento lo que Kurt iba a decir, incluso aunque está seguro, espera, sabe. —Lo siento, yo…, eh… Mejor dejo que te vayas. Supongo que mañana tienes un día completo.

—Yo… —suspira—. Sí. Sí que lo tengo.

—¿Seguro que te parece bien volver caminando? Podría…

—Sólo son cuatro bloques, David, y tengo talento para asustar a los posibles atracadores con mi mirada de loco. —Kurt estrecha la mirada y contorsiona los rasgos en una mueca poco convincente. Es lo menos amenazador que Dave ha visto nunca pero bueno. Intenta no reírse demasiado mientras se acerca con indecisión hacia Kurt para su ahora acostumbrado abrazo de despedida.

Mientras se abrazan nota el suave aliento de Kurt en el cuello y el lóbulo de la oreja y esa sensación, junto con la calidez y la firmeza de la mano de Kurt en la parte baja de la espalda, le envía un estremecimiento por todo el cuerpo. Sería tan fácil volver ese gesto tan simple en algo más. Se aparta esperando que Kurt no le haya sentido temblar.

—Mándame un mensaje cuando llegues a casa —le dice Dave.

—Oh, lo haré —le promete Kurt mientras se muerde el labio inferior. Sus ojos centellean a la luz mientras se gira para irse.

Cuando lo hace, Dave ya está en la cama intentando desesperadamente no darle demasiadas vueltas a las cosas. Está confuso pero absolutamente satisfecho de cómo ha ido la noche. Está bastante seguro de que no era una cita (aunque no tan seguro de como lo estaba al principio de la noche), pero si lo hubiese sido está igualmente seguro de que habría pasado por una buena, y solo eso le da esperanza para el futuro, lo que sea que éste le guarde. Su teléfono suena una, dos, tres veces desde donde está, sobre la almohada, mientras los mensajes de Kurt llegan en rápida sucesión.

En casa, a salvo y sólo un poco traumatizado por lo que he visto por el camino :o

Por cierto, gracias por una velada encantadora. Ya estoy esperando para el miércoles :)

Buenas noches David xxx

Responde con los dedos ligeramente temblorosos, el mismo sentimiento y el mismo número de besos virtuales sin precedentes. Y sí, aún se siente a la deriva pero ahora al menos nota como que se dirige hacia tierra firme y cálida.


Nota:

(1) Lo que he traducido como "sólo quiero metérmelo en la boca todo a la vez", en el original aparece como "I just want to toss it all in my mouth at once".

Hay un juego de palabras intraducible porque toss también quiere decir pajearse, por eso Kurt y Dave se quedan un poco parados con la frase.