Round 5:

En el lado oscuro (1)


Era noche cerrada cuando el Nissan de Lei Wulong llegó a las afueras de la Mansión Mishima. Los alrededores estaban tranquilos, pero Jin se apresuró a pedirle al detective que apagara las luces y el motor.

- Estamos cerca de el primer control de la casa de mi abuelo -dijo el joven japonés-. Podrían darse cuenta de que estamos aquí...

- Estamos a distancia suficiente para que no nos detecten -le tranquilizó Lei-. Ahora, descríbeme las defensas.

- La zona está protegida por una alambrera, y cada doscientos metros hay una cámara de seguridad escondida. En la vegetación, en una roca...

- ¿Como sabes todo eso? -preguntó Hwoarang-. No tendrías por que saberlo.

- Me lo contó mi mayordomo uno de los primeros días que pasé en esta casa -explicó Jin-. El bosque que rodea la mansión es muy tranquilo. El primer día que estuve aquí quise dar un paseo y me encontré con todo tipo de problemas. Shinta me previno de todos los sistemas de seguridad.

- Podríamos cortar el flujo eléctrico a la mansión -dijo Hwoarang-. Se como hacerlo. Sólo necesito una piedra y la suficiente puntería como para acertar a una torre de alta tensión de esas de ahí -propuso, señalando uno de los postes.

- La mansión tiene generador autónomo -dijo Jin-. Esos postes son inútiles. Fíjate, el cable se corta antes de llegar al poste. Estos postes son de antes de la remodelación de la mansión, hace cuatro años. Cuando yo llegué ya estaban así.

- Muy bien. Vale, me he quedado sin ideas -anunció Hwoarang sentándose en el capo del coche de Lei-. Esto es asunto para el "superpoli".

- Podríamos usar el típico: "Policía de Hong Kong, debo hacer unas cuantas preguntas al Sr. Mishima" -dijo Lei-. A veces funciona.

- No fastidies, Wulong. ¿Y esa era tu idea? -preguntó Hwoarang.

- No -dijo Lei-. Pero tenía la esperanza de poder solucionarlo con la mayor tranquilidad posible...

- ¿Y?

- ¿Habéis visto Star Wars?

* * *

La tranquilidad de la noche en el puesto de guardia se rompió por el estruendo de un motor en notables malas condiciones. Un Nissan negro apareció por el único camino que llevaba a la Mansión Mishima; un pestilente humo oscuro escapaba por debajo del capó y, cuando el vehículo se detuvo, una explosión de vapor sumió al coche entre una nube blanquecina.

- ¡Vaya! -dijo el conductor saliendo del vehículo. Los dos guardias se miraron extrañados-. ¡Buenas noches! Soy el detective Sang. Venía a hacer unas preguntas al señor Mishima, pero me temo que con el estado de mi vehículo no podré avanzar ni dos metros mas, ¿podrían echarme una mano? -Lei mostró su sonrisa más inocente. Los guardias volvieron mirarse extrañados. El detective mostró su placa y los dos Tekkenshu se acercaron mas confiados.

- ¿Que le ocurre? -preguntó unos de los Tekken que se había echado el arma al hombro.

- Ni idea -respondió Lei pegándole una patada al vehículo-. El sueldo de policía no da para mecánicos. -Lei abrió el capó con la consiguiente humareda. Moviendo la mano para alejar el vapor, uno de los guardias examinó el motor.

- No veo nada -dijo, levantando la cabeza de nuevo-. Me temo que tendrá que llamar a un taller...

- ¡Servicio instantáneo!

Hwoarang apareció detrás del guardia esbozando aquella media sonrisa suya. Cuando el Tekkenshu se dio la vuelta, contempló que su compañero había sido reducido por Jin. Hwoarang le propinó una patada al Tekkenshu y lo envió contra el motor. Acto seguido cerró el capó de golpe golpeando al guardia hasta que quedó inconsciente.

- Gracias por su confianza -dijo después-. Le enviaremos la factura...

- ¡Para ya! -dijo Lei- Me vas a arruinar el capo.

- Ya te conseguiré uno.

- Poneos los trajes -les interrumpió Jin, quitándole el casco al guardia que aún sostenía-. No creo que tarden en preocuparse.

- ¿Qué hacemos con los guardias? -dijo Hwoarang-. ¿Tienes el coche asegurado?

- ¡¿Qué estas pensando?! -dijo Lei, observando como el coreano analizaba con sumo interés el camino cuesta abajo.

- Podría conseguirte una buena pasta...

Hwoarang y Lei se pusieron las armaduras de los Tekkenshu lo mas rápido que su complejidad les permitió. Tras unos cuantos intentos fallidos y de intercambiar algunas piezas de sitio, los uniformes encajaron lo suficientemente bien como para que ambos pasasen por auténticos miembros del Tekkenshu.

* * *

- Señor. -El oficial encargado de las cámaras se dirigió a su inmediato superior, que estaba sentado a su lado-. Alpha 1 y Alpha 2 han abandonado su puesto y ha trascurrido el tiempo limite.

El oficial abrió los ojos para observar la pantalla que mostraba la entrada del perímetro de la mansión. La zona estaba vacía pero iluminada a lo lejos por los faros de un vehículo.

- ¿Qué ha ocurrido? -dijo el oficial incorporándose.

- Hace un minuto llegó un automóvil, ambos abandonaron la posición para acercarse.

- ¡¿Y no me has informado?!

- Lo siento señor, no creí que...

- Silencio -le cortó el oficial y señaló a la pantalla-. Ahí están.

En la pantalla se pudo ver como los dos Tekken que faltaban volvían a sus puestos. El oficial echó mano de un intercomunicador que reposaba en la mesa.

- Alpha 1 y Alpha 2, informe de la situación -ordenó el oficial. Los dos Tekkenshu de la pantalla dieron un respingo y se miraron mutuamente.

- "Se trataba de un detective de Hong Kong que venia a hacer unas preguntas al señor Mishima. Se le ha estropeado el coche y le hemos ayudado a arreglarlo. Todo tranquilo. Corto" -respondió el Tekkenshu.

- La próxima vez informad antes de actuar -dijo el oficial con voz fría, dejando el comunicador de nuevo en la mesa. Luego continuó hacia su compañero-. ¡Aun así la culpa es tuya! Deberías haber pedido un reporte de la situación en cuanto salieron de pantalla...

- Lo siento, señor...

- Parece que esta juventud no aprende... -dijo un voz a su espalda. El oficial se dio la vuelta para clavar la mirada en una celda a su espalda; quienquiera que fuese su ocupante, éste permanecía en las sombras. La sala de guardia de la Mansión Mishima estaba a oscuras y únicamente se iluminaba por la luz de las pantallas de las cámaras de vídeo.

- Cierra el pico, negro -dijo el oficial-. ¿O quieres otra ración de táser1?

- Toda acción tiene su reacción -dijo el ocupante de la celda, su voz profunda sonaba completamente en calma-. Algún día te comerás tu querido táser.

- No se como lo harás, dado que estás disfrutando de tus últimos momentos de vida -dijo el oficial girando su silla mientras sacaba el táser de su funda y lo hacía chasquear-. Eres patético, Gordo. Tu intento de acabar con Mishima-sama fue lo mas estúpido que he podido presenciar en mis años como guarda, y aún así sigues con tu orgullo. Disfrútalo mientras puedas -en su tono se distinguía una nota burlona.

- ¿Que significa esto? -dijo el guardia que estaba sentado al lado del oficial, mirando atentamente a la pantalla. Inmediatamente su superior giró su silla hacia las pantallas.

Los dos soldados que estaban en la puerta se habían puesto en guardia, con sus fusiles apuntando a algo que estaba fuera del campo de visión de la cámara. El guardia encargado de las cámaras cogió el intercomunicador de la mesa y se apresuró a pedir un informe.

- ¡Grupo Alpha, reporte la situación!

- "El conejo vuelve a la madriguera" -respondió uno de los Tekkenshu de la pantalla.

- ¿Que? -se preguntó el oficial al oírlo.

- Repite, Apha-2 -dijo su compañero por el intercomunicador.

- "El chico ha vuelto. Quiere ver a su abuelo." -respondió Alpha-1.

- Roger -acabó el encargado de las cámaras. Viendo como otra figura entraba en el perímetro de la cámara.
Era Jin Kazama.

- Informare a Mishima-sama -dijo el oficial levantándose de la silla y poniéndose la gorra que había dejado en la mesa-. Personalmente.

- Traedle aquí -dijo el encargado por el intercomunicador una vez el oficial hubo desaparecido.

* * *

- ¿Por que has tenido que decir eso? -le preguntó Lei a Hwoarang una vez desaparecieron de la visión de las cámaras de seguridad.

- ¡Creí que quedaba bien! -se defendió el coreano-. Siempre sale en las películas.

- No pasa nada, nos han dejado pasar -dijo Jin mientras caminaban camino a la mansión.

La calzada que llevaba a la Mansión Mishima cruzaba un denso bosque de altos árboles y estaba iluminado por farolas de estilo japonés. Aunque el bosque era frondoso, la distancia hasta la mansión no era muy larga. Al abandonar el control de la entrada ya se podía divisar casi el muro exterior de la mansión.

- Vale -dijo el coreano colocándose la armadura-, ¿y ahora que?

- Jin -comenzó a decir Lei-, ¿podrías entretener a tu abuelo durante treinta minutos? Mantenerle entretenido hasta que tengamos a la chica; entonces salimos todos juntos.

- Puedo intentarlo... -comenzó Jin.

- ¿Salir por dónde? -preguntó Hwoarang. Lei no respondió.

- Hay un pequeño puerto tras la mansión, en un acantilado -informó Jin-. Allí hay un cobertizo, podemos reunirnos allí y huir en una barca.

- El plan tiene cierta coherencia -dijo Hwoarang-, ¡dejando de lado el hecho de que ni Wulong ni yo conocemos a la chica!

- Pero si la viste conmigo en el taller dónde...

- ¿Crees que tres segundos me valen para quedarme con una cara? -preguntó Hwoarang intentando disimular sus gestos al estar acercándose a la muralla-. Con un cuerpo si me quedaría, con un buen cuerpo, y ese no era el caso...

Jin decidió no hacer ningún comentario al respecto.

- Me entrevistaré con mi abuelo -retomó Jin el asunto-. Y si veo la oportunidad, me largo. Si no...

Antes de que Lei pudiera añadir nada, las puertas de la muralla exterior se abrieron dando paso al patio interior. Apenas cuatro guardias aguardaban la llegada de Jin. Su abuelo no aparecía por ningún lado.

- Podéis volver a vuestro puesto -dijo un oficial, dirigiéndose a Lei y Hwoarang. Pertenecía a los llamados Owl, cuyas armaduras eran de mayor calidad y de color rojo-. Ya nos encargamos nosotros.

- Quiero ver a mi abuelo -dijo Jin con furia.

- Sígame al interior -respondió el oficial.

- Quiero verle ahora. Quiero que suelte a la chica antes de dar un paso. -Jin no había cruzado la puerta. Se mantenía con los pies en la línea por donde la puerta se deslizaba para abrirse hacia un lado, y cruzó los brazos sobre el pecho para dar más énfasis a sus palabras.

- Tendrá que venir conmigo -volvió a responder el soldado-. Será entonces cuando...

- ¡¡He dicho que lo quiero ya!! -con repentina furia, Jin lanzó su puño hacia Lei. Este lo agarró con ambas manos y con la ayuda de un salto, dejó que el japonés lo arrojase contra el grupo de Tekkenshu que le acosaban. Hwoarang, por su parte, dio un salto hacia atrás fingiéndose sorprendido.

La alarma sonó y muchos de los guardias de las murallas bajaron de sus torres de vigilancia para detener al rebelde. Decenas de guardias se amontonaron en la puerta para reducir a Jin antes de que huyera y volviera a escapárseles de las manos. En medio de aquella muchedumbre, solo dos figuras se evadieron del combate.

- Espero que Jin aguante -dijo Lei una vez se hubo reunido con su compañero. Era difícil distinguirle entre tanta armadura igual.

- Aguantó mis golpes. Los guardias no le harán mas que cosquillas -dijo Hwoarang sin un ápice de orgullo, como si fuera la cosa más natural del mundo.

Con la mayoría de las miradas fijas en el combate, nadie se percató de que las dos figuras se introducían de nuevo en la mansión.

Una vez Jin se hubo cerciorado que sus compañeros estaban dentro, dejó de ofrecer resistencia y fingió que sus enemigos conseguían reducirle. Dejó que le esposaran las manos a la espalda y que le guiaran a la mansión sujetándole de los brazos. Con fingido gesto de dolor, pero no de furia, Jin levantó la mirada hasta la ventana que se encontraba encima de la entrada. Solo pudo distinguir una silueta enmarcada, pero sabia quien era.

* * *

- ¿Y ahora por dónde? -preguntó Hwoarang al entrar en el salón de baile de la Mansión Mishima. O lo que parecía un salón de baile, igual sólo era una sala de estar superdesarrollada. De aquella habitación a oscuras partían una docena de puertas en distintas direcciones-. Esto es tan grande que me perdería, si no lo he hecho ya, ¿por donde hemos entrado?

- No hay tiempo para bromas Hwoarang -dijo Lei quitándose el casco.

- ¿Quién está bromeando? -respondió el coreano-. Tienes que estar conmigo cuando digo que esto es jodidamente grande. Va a ser como encontrar una aguja a ciegas en un pajar.

- Dividámonos -propuso Lei-. Tu ve al piso de arriba y yo exploraré el de abajo.

- De acuerdo -respondió Hwoarang echando a correr hacia unas escaleras que llevaban a la balconada del segundo piso y perdiendo de vista a Lei al desaparecer por la primera puerta que encontró.

No tuvo que andar demasiado para toparse con el primer percance. En todos los pasillos se habían apagado las luces. Era tarde y los habitantes de la mansión debían estar dormidos. Por suerte, se acordó que la armadura que llevaba incluía una linterna.

- La he visto cuando me estaba poniendo esta cosa... -dijo Hwoarang urgando en la linterna que tenía en el hombro-. ¿Como coño? ¡Ahora!

La luz de la hombrera se encendió permitiéndole ver el pasillo. El coreano echó un vistazo a su alrededor para examinar donde se encontraba. Se trataba de un pasillo muy bien decorado, con cuadros que parecían de calidad, tapices en cada esquina, espejos enmarcados en oro y jarrones cuyo valor no quería ni imaginar.

- Joooooder... -dijo sorprendido por la riqueza del decorado-. Me pregunto si echaría de menos alguno de estos jarrones. Supongo que será un Ming de esos... -alargó la mano hacia uno de los objetos, pero su instinto lo detuvo-. Déjalo, Hwoarang, imagínate si se te cae y se te rompe, ¡vaya pérdida! Lo que tendría que hacer yo para pagar uno de estos...

Tras despejar su cabeza de ideas que no venían al caso y además le distraerían de su actual cometido, continuó su exhaustivo examen de los pasillos y las habitaciones. Se encontró dos servicios, una biblioteca, una sala de juegos, dos habitaciones vacías y otras tantas ocupadas donde el ocupante se despertó sobresaltado.

- Tranquilícese. Cuestiones de seguridad -respondía Hwoarang con voz grave que esperaba sonase profesional. El trabajo del soldado no era muy difícil, después de todo.

Continuó su periplo con las puertas y pasillos hasta que hubo recorrido todo el segundo piso. Se disponía a subir las escaleras hacia el tercero cuando una voz a su espalda le detuvo.

- ¿Qué haces aquí? -dijo un Tekkenshu a su espalda. Hwoarang reconoció esa voz; era uno de los Tekken que habían aparecido en el garaje aquel día.

- Pues... -El coreano se giró lentamente para encontrarse con un Tekkenshu sin casco, con una tirita en la nariz y un ojo morado. Efectivamente, era el Tekkenshu que había golpeado aquella misma noche.

- Todos los Hawk ya han acabado el turno, tu no deberías estar aquí -dijo el Tekkenshu, levantando su arma-. ¡Levanta las manos y quítate el casco! -acosado por el arma del Tekken, el coreano se encogió de hombros y se quitó el casco de la cabeza. El soldado abrió los ojos como platos al reconocer aquella mata de pelo rojizo-. ¡Tu!

- Pues si. Por cierto, tío... ¡sujeta esto! -se adelantó Hwoarang, lanzándole el casco.

* * *

Lei había acabado rápidamente con el piso inferior al constar éste únicamente de salones grandes, así que había seguido su examen con la despensa y la bodega. No había encontrado ningún problema durante su búsqueda, pero tampoco había tenido ningún éxito. Una vez en la bodega la cosa no cambió. Barriles, barriles y mas barriles. Sin embargo, su instinto de policía y su experiencia le ponían en alerta en esta zona.

No tardo en descubrir por qué.

Cuando se encontraba andando cerca de un estante lleno de botellas de algún licor, pudo escuchar un extraño sonido. Con extremo sigilo se acercó hacia el ruido, que salía de detrás de una estantería vacía. Cuando se disponía a examinarla más detenidamente, oyó una voz alarmada al otro lado.

- ¡Señor! -dijo la voz-. ¡Uno de nuestros Hawk ha atacado a un Crow!

- ¡Hwoarang! -se dijo para si mismo Lei.

Sin dudarlo un momento echó mano a su arma y empujó la puerta con sigilo. Una vez dentro pudo distinguir bajo la luz de una serie de monitores a dos soldados en una típica sala de guardia, con una celda y un pequeño almacén para armas.

- ¡Da la alarma! -dijo uno de los soldados desenfundado su pistola y echando a correr hacia la puerta donde se encontró a Lei apuntándole a la cabeza.

- No, me temo que no -dijo el policía-. Soltad las armas, muchachos. Las manos donde yo pueda verlas.

Los soldados no tardaron en acceder a sus órdenes, levantando las manos y apartándose de la consola de los monitores. El detective se acercó a las pantallas para cerciorarse del estado de Hwoarang y, aliviado, comprobó que el muchacho no había tenido problemas con su contrincante. Sin embargo, le intrigó el hecho de que Hwoarang no llevase el casco sino que fuese su enemigo quien lo sostenía entre las manos.

Aprovechando aquel pequeño despiste de Lei al mirar el monitor, uno de los soldados arrebató el arma a Lei de una patada.

- Se cambian las tornas... -dijo el oficial desenfundando su táser. Pero antes de que pudiera hacer nada oyó el sonido de un cuerpo cayendo al suelo a su espalda, el sonido de un gatillo y la voz de su preso.

- ¿Seguro? -dijo una figura entre las sombras de la celda, mientras apuntaba al Tekkenshu.



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1. Táser: Arma personal basada en descargas eléctricas que incapacitan a la victima.

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