Round 7:

Vacaciones



La potente lancha dejo atrás rápidamente la mansión Mishima. El ruido de los Tekkenshu, las alarmas y los disparos quedaron como un murmullo similar al del viento, que quedaba oculto con el rugido de los dos motores de la barcaza.

- ¿Dónde has aprendido a manejar...? -comenzó a preguntar Lei. Eddy le miro esperando que acabase la pregunta-. Déjalo.

- Bueno -comenzó a decir Hwoarang, que ya se había desecho de la armadura Tekkenshu-, antes de que el coreano del pelo rojo se congele vivo, hará la pregunta que todos tienen en mente: ¿y ahora qué?

- No se... -respondió Lei.

- ¡Algo tendremos que hacer! En cuanto pisemos tierra estos ya habrán preparado una busca y captura de nuestras lindas cabecitas y, que queréis que os diga, pero la mía es demasiado apreciada mundialmente como para perderla.

- Creo que a mas de uno se le iría un buen dolor de cabeza si eso sucediera -respondió Lei riendo.

- Gracias por expresar tus sentimientos con el grupo, Wulong, ya puedes sentarte.

- El pelirrojo tiene razón -comenzó a decir Eddy-. Si todo lo que el detective Wulong me ha contado es cierto no podéis quedaros aquí. Ninguno de nosotros puede.

- Cierto, debemos pensar que hacer con vosotros -dijo Lei.

- También le incluyo, Wulong -añadió el brasileño-. A usted, a mi y a la chica. A mi me buscarán seguramente para que no diga lo que he visto, a usted por esconder a un fugado y a la chica por conocer mas de lo que debe.

- Sin añadir que tu coche se ha quedado en las puertas de la mansión -apuntó Hwoarang.

- ¡Maldición! -Lei dió un respingo-. ¡Es cierto! ¡Tenemos que volver!

- Seguramente sea demasiado tarde, Wulong. -Eddy se acercó a una tranquila playa y apagó el motor para poder hablar con tranquilidad-. Ya le habrán encontrado. Incluso sus compañeros le estarán buscando a estas horas.

- Tenéis razón -Lei se echó las manos a la cabeza-. ¿Cómo habré podido tener un desliz así?

- La vejez, Wulong, la vejez. Te dije que si me deshacía de él... -dijo Hwoarang, lavándose las manos.

- Y todo esto por mi culpa... -dijo Jin desde su asiento, atrás del todo-. Os he metido yo en todo este follón, lo siento.

- Ya esta el niño bonito haciéndose el mártir.

- ¡No, Hwoarang! -dijo Jin-. Esta vez hablo completamente en serio. Habéis perdido demasiado por ayudarme. Nunca tendría que haber acudido a ti.

- Aunque resulta ciertamente tentador, debo decir que la cosa no hubiera solucionado nada -dijo Hwoarang.

- Cierto -dijo Lei-. Si hubieras huido tu solo, muy posiblemente también hubieran raptado a Ling. Y en el caso de que hubieras aceptado tu sacrificio por la libertad de la chica, ¿crees de veras que la hubieran dejado salir viva? Y si lo hubieran hecho, ¿se perdonaría a si misma por ser culpable de tu muerte?

- No sería culpa suya.

- Eso no sería lo que pensase ella. Conozco bien estos casos. Nadie puede vivir con el peso de una muerte en las espaldas. -Jin agachó la cabeza. Lei tenía la certeza de que la causa era, además de lo que estaban hablando, muy posiblemente que él sentía el peso de una muerte en su espalda.

- ¡Yo no me refería a eso! -se apresuró a decir Hwoarang, visiblemente incómodo-. La cosa no cambiaria por que si me entero de que Heihachi te va a matar sin acabar lo nuestro decentemente, iba y le decía cuatro cosas hasta hacerle cambiar de opinión. Hasta que no te derrote no puedes morirte, Kazama.

- Hwoarang...

- Tenlo siempre presente -añadió el coreano, y a todas luces lo hacía en serio.

- Bueno, volviendo al tema que nos tenia reunidos -dijo Eddy-. Creo que tengo una idea.

- Dispara.

- Bueno, pensaba volver a Brasil si salía de esta. Viendo que lo mejor que podéis hacer es salir del país, os ofrezco la oportunidad de hacerlo. Tengo un avión a mi disposición, puedo dejaros donde sea.

- No se... -dijo Lei.

- Es lo menos que puedo hacer -volvió a decir Eduardo con una sonrisa.

- ¡Déjalo Lei! -dijo Hwoarang- Si se empeña, tendremos que ir, ¡que disgusto! -dijo Hwoarang fingiendo-. No creo que tengamos muchas opciones, de todas formas.

Lei acabó asintiendo a regañadientes.

- Bueno, pero ¿qué hacemos con Ling? -dijo Jin.

- Eso -comenzó a decir Ling con los ojos aún cerrados-, ¿qué vais a hacer conmigo?

- Tirarte al agua atada a una roca -dijo Hwoarang como si tal cosa. Ling abrió los ojos y crucificó al coreano con la mirada, ante la pasividad de su contrincante.

- No podéis dejarme aquí. -La muchacha se levantó después con esfuerzo. Estaba mareada y veía medio borroso.

- ¿Nos has oído, Ling? -preguntó Jin.

- Casi todo. -Ling intentó incorporarse pero el balanceo de la barca se lo impidió-. Se que puedo ser un estorbo, pero aquí no tengo a nadie. Mis padres no están, la única que viene a mi casa es mi ama de llaves, y eso por las mañanas. ¿Creéis que esa mujer podrá defenderme de la furia de los Tekkenshu?

- ¿Dónde están tus padres?

- De gira por Europa. No se de ellos desde hace un mes -dijo apenada-. Solo llaman cada quince días para ver si sigo viva y ya está...

- Doy gracias a la Academia... -añadió Hwoarang con el guante de la armadura como si fuera la preciada estatuilla.

- ¡Es cierto, idiota! -dijo Ling con lágrimas en los ojos. Intentó continuar pero no pudo y se giró hacia el mar para que no la vieran llorar. Todos miraron hacia otro lado, incluso Hwoarang estaba incómodo.

- Me alegro que estés de nuevo con nosotros, Ling -dijo Jin posando su recia mano el el frágil hombro de la china. Sin embargo esta no se giró.

- Oh, que bonito -concluyó Hwoarang.

* * *

- El destino gira en circulos -dijo Hwoarang con voz casual al divisar el puerto deportivo, pero a nadie le pasó inadvertido el comentario. Con sumo cuidado, Eddy acercó la barca al puerto y echó amarras.

- Bueno, esto es lo que vamos a hacer -comenzó a decir Lei-: Tenemos que ir a por nuestros pasaportes para salir del país y, por supuesto, algo de ropa.

- El mío estará en mi mochila, en casa. Si es que aún tengo casa -dijo Hwoarang-. ¿Dejaste mi mochila en mi casa, no, Kazama?

- Si -respondió el aludido-. Dentro estaba la mía.

- ¡Genial! Ahora mismo los Tekkenshu se estaran peleando por tener mi foto...

- Yo tengo que ir a la comisaría, vosotros id a la casa de Hwoarang a ver si sacáis algo -les indicó al coreano y a Eddy-, y Jin, acompaña a Ling a su casa. Dime la dirección y os pasare a buscar con mi... con un coche.

- De acuerdo. Vamos, Piercing -le dijo Hwoarang a Eddy-. Dejé la moto por aquí...

* * *

El aparcamiento de la comisaría de policía estaba casi vacío. La única persona que estaba allí no buscaba precisamente su coche, aunque se quedase quieto cuando llegó a él, esperando. Era madrugada y el sol comenzaba a aparecer por el firmamento, y la poca luz del astro que atravesaba los grandes edificios se hacía sentir tímidamente por las ventanillas que se asomaban a la calle.

- Chst... -dijo la voz que esperaba detrás suyo-. Lee, detrás tuyo.

- ¿Que demonios haces, Lei? -dijo Lee, el ayudante de Lei-. Estoy poniendo en peligro mi placa con esta tontería.

- No es ninguna tontería -dijo Lei acercándose a su ayudante a hurtadillas-. He tenido un problema y necesito un par de cosillas.

- No puedo contar las veces que te he sacado de apuros, Lei -dijo Lee riendo y buscando en su bolsillo-. La primera es mi coche, ¿cierto?

- Si, gracias -dijo el detective cogiendo las llaves y metiendose en el coche-. Le dejaré en el aeropuerto, en el sitio de siempre. La segunda es que necesito que me cubras. Esta vez parecerá que he metido la pata hasta el fondo, pero creéme, tenía razones para hacerlo.

- ¿Qué ha pasado? -preguntó Lee.

- ¿Recuerdas la desaparición del nieto de Mishima, y el macarra que lo raptó? -dijo Lei y entonces fue él el que buscó en los bolsillos de su chaqueta-. Nada es lo que aparenta. El abuelo había raptado a una amiga de su nieto y el macarra le ayudó. Se conocían. Todo lo que tienes que hacer es lo que te doy en esta lista, además, si consigues registrar el cobertizo de Mishima como te digo en el papel descubrirás cosas muy interesantes...

- Todo esto me supera -dijo Lee echando un vistazo al papel-. Pero confío en ti, Wulong. Siempre dices la verdad, ¿dónde vas? ¿Vas a tardar mucho?

- Voy a ayudar a estos chicos a escapar, estaré el tiempo que me consigas hasta que pueda pisar de nuevo en Hong Kong. -Lei arrancó el coche-. Confío en ti, amigo mío.

- Estate tranquilo, como siempre.

- Gracias. -Lei cerró la ventanilla y desapareció del parking.

* * *

- ¡Me han robado la guitarra! -dijo Hwoarang al cabo de un rato de registrar la casa.

- Tranquilizate, chico. Es lo mejor que esos tipos te pueden hacer.

- ¡No me llames chico, Piercing! ¡Mi nombre es Hwoarang! O mejor, no me llames de ninguna manera si no quieres que te responda de malos modos...

- ¿Te quieres tranquilizar? Es solo una guitarra...

- No es solo una guitarra, es mi guitarra. ¡Me la compré con la mierda de sueldo del taller! Trabajo honrado, ¡ja! ¡Mira para lo que sirve! -siguió gritando el muchacho, que le pegó una patada a un altavoz ya destrozado-. De todas las cosas de esta casa solo tenía aprecio a dos de ellas: mi guitarra y la...

Hwoarang se quedó quieto, mirando con cara de pánico alrededor suyo.

- Nononononono... -murmuró.

Sus ojos rasgados se posaron en la televisión caída en el suelo y sus piernas les siguieron; se arrodilló y comenzó a buscar con aire obsesivo entre los restos de lo que había sido una televisión y quizás una mesita de té.

- ¡No me lo puedo creer! -acabó gritando, con más furia que antes, mientras se dejaba caer con aire derrotado al suelo-. ¡No está! Voy a matar a alguien...

- ¿Qué has perdido ahora?

- Una foto -dijo el joven. A su compañero le sorprendió la tristeza en su voz.

- ¿Una foto?

- Si, una puta foto, Piercing -repitió Hwoarang, poniéndose de pie. Le pegó una patada a una mesa, dando a entender que no quería seguir hablando del tema.

- Mi nombre es Eddy -le dijo el brasileño.

- Bien por ti -le contestó el otro de muy malos modos.

- Todo delicadeza -murmuró Eddy-. Bueno, al menos creo que he encontrado vuestras mochilas -dijo, retirando los escombros que habían caído sobre una raída mochila de cuero, inflada por el contenido-. ¿Son estas?

- Si -respondió Hwoarang. Abrió la bolsa, sacó la mochila de Jin y su propio y grasiento mono de trabajo; echó dentro la poca ropa que se había preparado y le lanzó la bolsa de Jin a Eddy-. Lleva tu la de Kazama. Ya podemos irnos.

Cuando salieron, Hwoarang cerró la puerta tras de si y guardó las llaves, aunque por el estado de la puerta no impedía el paso. De todas formas, el contenido de la casa era una completa perdida. Bajaron a la calle y no tuvieron que esperar demasiado a que Lei llegara junto a ellos conduciendo un Chrysler Voyager plateado.

- ¿Dónde les llevo? -dijo al llegar junto a ellos.

- Cállate -dijo Hwoarang introduciéndose en el coche y cerrando la puerta de un portazo sordo.

- ¿Que te ocurre?

- Me han robado. Y no puedo pegar a nadie para arreglarlo.

- Eres todo corazón -dijo Eddy.

- Eso me recuerda que tengo algo tuyo. -Hwoarang levantó ligeramente la cabeza.

- ¿El que? -dijo. Lei buscó en la chaqueta y, tras pelearse con el diminuto bolsillo interior, sacó el marco con la foto de Hwoarang y Baek Doo San.

- Esto -dijo-. Lo encontré cuando pasé a tu casa mientras los Tekkenshu la registraban.

- Por todos los... -murmuró el coreano.

Hwoarang tomó el marco casi con reverencia, como si se tratase de una reliquia sagrada. La actitud del muchacho sorprendió a Eddy, que no le perdía de vista, pero no a Lei. El coreano desmontó el marco y tomó la foto con dedos temblorosos.

- Gracias -dijo Hwoarang, sin ningún atisvo de sarcasmo. Lei solo asintió. El muchacho no parecía el mismo, se veía a la legua cuanto había llegado a respetar a Baek-. ¿Tienes esta otra? -le preguntó el joven. Detrás de la famosa foto había otra, con un Lei mucho más joven, sonriente, al lado de un Baek Doo San que le devolvía el gesto.

- Si, la tengo -asintió Lei. Hwoarang también asintió y se ocupó de guardar ambas fotos a buen recaudo.

- Te debo una, Wulong -dijo el coreano.

- Serán dos -respondió el policía- cuando veas lo que hay en el maletero.

- ¡¿Pillaste también la guitarra?! -preguntó el muchacho. Lei solo asintió, sonriente, mientras ponía el marcha el motor-. Ya te podías haber estirado y haber sacado la televisión... o la colección de compac de Aerosmith... o...

- Solo tengo dos manos, ¿sabes? -le dijo el detective.

- Gracias, Lei -repitió Hwoarang.

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