Round 8:

¿Vacaciones?

- ¿Un avión privado? -dijo Hwoarang, entrando en el avion de Eddy con su poco equipaje en la mano-. Me siento como un VIP.

- No me imagine que tuvieras un avion privado -dijo Lei, mirando a su alrededor. El avión era pequeño, pero jujoso, con televisores individuales y casi un metro de separación entre asientos.

- Tranquilo, señor Wulong -dijo Eddy-. Es lo menos que puedo hacer.

- Yo lo unico que quiero es dormir un poco -dijo Jin. Llevaba casi treinta horas sin pegar ojo y eso se le notaba en la cara.

- ¿Quieres dormir con lo que nos rodea? -dijo Hwoarang, admirando el mueble bar-. Bueno, tu estás acostumbrado, después de todo... -Jin no contestó.

Se sentaron en sus asientros tras asegurar el equipaje de mano en su sitio, la guitarra de Hwoarang como si fuera un pasagero más. El avión tenia dos columnas de asientos, la de la izquierda constaban únicamente de un asiento por fila mientras que la de la derecha tenia dos.

- ¿Algún destino en mente, señores pasajeros? -preguntó Eddy-. Yo tenía planeado aterrizar en Fiji para repostar y partir a Brasil, si no tenéis inconveniente, desde allí podréis tomar un avión donde queráis...

- O podríamos si tuvieramos dinero para pagarlo, claro -dijo Hwoarang.

- Yo os proporcionaré el dinero -dijo Eddy con decisión-. Una vez lleguemos allí solo tenéis que encontrar pasaje, yo os lo pagaré.

- Pero, Eduardo... -comenzó a protestar Lei.

- Pero, nada -se adelantó Eddy-. Me ayudásteis y yo os ayudo, eso es todo. ¿De acuerdo?

- Está... Me parece bien -dijo Lei con una sonrisa. El brasileño asintió.

- ¿Y bien? ¿Donde estan esas guapas azafatas brasileñas? -preguntó Hwoarang echando un vistazo a todo el avión.

- No hay azafatas -dijo Eddy-. Ni mas tripulacion que el piloto y el copiloto.

- ¿Y eso?

- Cuanta menos gente a tu alrededor menos podran traicionarte -dijo Eddy pasando a la cabina del piloto.

- Un poco paranoico, ¿no? -dijo Hwoarang a Lei, sentado delante suyo-. ¿De donde lo has sacado?

* * *

Tal y como había dicho Eddy, solo se realizó una parada, las islas Fiji. El viaje hasta la capital de las islas se hizo bastante corto, pues la mayoría del pasaje se rindió al sueño. El avión aterrizó en una pista del aeropuerto, tras unos pocos problemas. Al estar en remodelacion el aerodromo, tanto aviones privados como publicos usaban el aeropuerto principal. Cuando el jet se detuvo, Eddy apareció de nuevo en la zona de pasajeros.

- Hemos llegado -anunció con voz potente, sacando a todos del sueño-. Desde aquí encontraréis pasaje para cualquier sitio. Fiji es un destino turístico, llegan aviones de todo el mundo. En cuanto encontréis pasaje, me lo decís y listo.

- De acuerdo. Chicos, coged vuestras cosas -dijo Lei, levantándose de su asiento. Sus compañeros se apresuraron a recoger el poco equipaje que llevaban-. Has sido muy amable, Eduardo. Gracias.

- No hay por qué darlas, detective. -Eddy volvió a desaparecer en la cabina del piloto.

* * *

Los cuatro entraron en el aeropuerto de la capital de Fiji, atestado de gente a pesar de la remodelación de las pistas... o quizá por eso mismo, ya que había muchos vuelos retrasados.

- ¿Alguna idea de dónde ir? -preguntó Lei.

- Hawaii -respondió Hwoarang inmediatamente-. Calor, playas, surf y chicas guapas...

- Y volcanes y tormentas tropicales -añadió Ling.

- Y chicas guapas. Llenas de curvas, no como... -replicó Hwoarang, mirando a la chica de arriba a abajo.

- ¿Qué has querido decir?

- Que hasta mi guitarra tiene más curvas que...

- Vale ya, vosotros dos -dijo Wulong, antes de que la cosa se pusiese fea-. ¿Alguien tiene una idea de verdad?

- ¿Qué tenía de malo Hawaii?

- Japón -dijo Jin de repente.

- No seas gilipollas, Kazama. ¿Recorremos medio mundo para volver sobre nuestros pasos? -dijo Hwoarang, poniendo los ojos en blanco-. Además, será el primer lugar donde mire el viejo...

- Tiene razón, Jin -dijo Lei-. No creo que Japón sea muy buena idea.

- Hawaii uno, Japón cero. Voy ganando, Kazama. Tengo hambre -dijo Hwoarang de repente-. ¿Y si lo decidimos mientras papeamos?

- Te has comido todas las bolsas de frutos secos del avión -dijo Jin.

- Es que, a diferencia de algunos, no me sobra carne ni el dinero, asi que no tengo por que contenerme. ¿Y bien? -dijo con tono impaciente.

- Lo cierto es que yo también tengo hambre -informó Lei. Al final, el resto acabó admitiendo que también tenían ganas de tomar algo-. Deberíamos avisar a Eduardo, igual a él también le apetece comer algo...

- Lo que quieres es que pague él -dijo Hwoarang. Lei le miró frunciendo el ceño, pero el coreano hizo caso omiso-. ¿Y donde papeamos?

- Hay que tener cuidado con lo que comemos -dijo Ling-. No sabemos que nos pueden poner.

- Y lo dice una china.

- Perdona -contestó Ling poniendo los brazos en jarra-, ¿que tiene de malo la comida china?

- Que es de China -respondió Hwoarang con indiferencia.

- ¡¿Y que tienen de malo China?!

- Que esta llena de chinos.

- ¡Y Corea de coreanos!

- Por eso es tan buen país -replicó Hwoarang como si tal cosa. Nadie salvo Ling pudo reprimir una sonrisa-. Pero yo me estaba refiriendo a la comida china -apuntó el joven acompañando a la palabra "comida" con un gesto de comillas con los dedos-. ¿O no has oído esa leyenda urbana del dedo en los fideos?

- Muy bien, llega el momento de la retirada. Voy a avisar a Eduardo. Elegid vosotros dónde vais a comer, ya os encontraremos. ¿de acuerdo? -dijo Lei, desapareciendo-. ¡No hagáis tonterías!

- ¡Si, papá! -gritó Hwoarang viendo como desaparecía-. ¿Y bien? ¿Qué os apetece comer, niños?

- Me da igual -dijo Jin con aire cansado.

- Algo que no tenga mucha grasa -propuso Ling.

- Ok. Busquemos una pastelería.

- ¡Eres un grosero!

- Gracias.

Jin dejó que se peleasen, apenas podía oírles. Se notaba pesado, no había dormido lo suficiente en el avión y además le dolía todo el cuerpo. Cada paso que daba le costaba un pequeño triunfo y las disputas tontas entre Hwoarang y Ling no ayudaban demasiado a aliviar todo aquello. La pelea contra su abuelo había sido corta, pero muy dura. Sentía una extraña quemazón en el hombro izquierdo y aún le dolía el pecho al respirar profundamente. Al principio creía tener rota alguna costilla, pero por suerte había descubierto que solo era el golpe; esperaba que se le pasase en un par de días.

Heihachi Mishima era un oponente peligroso, ninguno de sus golpes era débil, todos estaban pensados, ideados, para hacer daño, para matar. Pero lo peor no habían sido los golpes. Lo peor habían sido sus palabras, porque todo lo que su abuelo le había dicho...
Era cierto que quería destruir a Toshin, quería vengarse por la muerte de su madre, por todo el sufrimiento. ¿No había sido eso para lo que había entrenado durante cuatro largos años? Y ahora que lo tenía a mano...

Un codazo de Hwoarang le sacó de sus pensamientos.

- Mira eso, Kazama -le dijo el coreano, señalando con la cabeza hacia delante. Una mujer pelirroja vestida de azafata se alejaba contoneándose y mirándoles por encima del hombro; Jin alcanzó a ver cómo les guiñaba un ojo-. Acaba de sugerirnos un restaurante irlandés en el ala-B. Me hubiera gustado que me sugiriera otra cosa...

- Necesitas una ducha fría -intervino Ling.

- Si es con ella, encantado -dijo Hwoarang con aquella media sonrisa, sin perder a la pelirroja de vista.

* * *

Lei volvió sobre sus pasos, salió del edificio de la terminal del aeropuerto y regresó a las pistas, donde distinguió sin dificultad el avión de Eddy a pocos metros de donde se habían separado. Había un camión cisterna al lado del jet que hacía un gran estruendo mientras bombeaba el combustible hacia el avión.

Mientras se acercaba, el camión retiró la manguera y se puso en marcha, de manera que Lei tuvo que detenerse para dejar pasar al camión de combustible. Cuando se disponia a continuar, medio mareado por el fuerte olor del queroseno, se detuvo en seco al ver una figura que se deslizaba al interior del avión.

No estaba seguro, pero no parecía ser uno de los hombres de Eddy. Ningún miembro de la tripulación entraría en el avión a hurtadillas, medio en las sombras, y con toda la pinta de querer pasar desapercibido.

Y mucho menos con traje de combate, pasamontañas y armado.

Lei echó a correr hacia las escaleras a toda prisa. El uniforme del individuo no era el de un Tekkenshu, no llevaba la armadura de esos soldados. Los pantalones eran anchos y de camuflaje de ciudad, blancos con manchas grises y negras. Pero era evidente que no habia entrado con buenas intenciones.

Antes de llegar a los últimos escalones pudo oír algo que confirmó definitivamente sus sospechas.

- ¿Quién...? -era la voz de Eddy, que fue ahogada seguramente por un puñetazo en el estómago. O al menos eso esperaba. Lei pudo escuchar el sonido de la trifulca. Cuando llegó al marco de la puerta pudo ver a un hombre moreno tirado en el suelo, posiblemente de la tripulación de Eddy. No tenia tiempo para comprobar su estado.

- ¡Quieto! -gritó Lei desenfundando el arma rápidamente y saliendo al pasillo del avion. No le había dado tiempo a hacerse una idea de la situación cuando una fugaz patada le desarmó. El puñetazo que vino a continuación tampoco lo tenía previsto, así como la fuerza del golpe.

Lei salió despedido por el pasillo hasta caer encima del mueble bar del avión, diseminando por el suelo multitud de botellitas de alcohol. Su atacante no esperó un minuto y le agarró de una pierna para lanzarle hacia el otro extremo del pasillo. Una vez hecho esto, y siempre antes de que Lei pudiera reaccionar, el sujeto volvió a levantarle, esta vez de la pechera de la chaqueta. El policía abrió los ojos para observar lo poco que veía del rostro de su atacante. Unos ojos pálidos enmarcados en una piel amarillenta, pero aún así, supo que, bajo aquel pasamontañas, el sujeto estaba sonriendo.

- Wulong... -dijo su atacante entre dientes. La voz sonó familiar a oídos del detective, pero no pudo concretar de qué. Y tampoco era el momento.

Sujetándose del portaequipajes del techo, el policía uso ambas piernas para empujar a su atacante contra la pared del fondo, cosa que consiguió. El sujeto se levantó de un salto fluido, aunque no pudo defenderse de la serie de rápidos ataques del detective. Lei golpeó a su contrario hasta que este reculó hasta la puerta de la cabina, y una vez allí, el policía decidió terminar aquella lluvia de golpes con una poderosa patada en la cabeza.

Su enemigo la recibió sin parpadear siquiera.

No dio tiempo a que Lei se preguntase qué había fallado, aquel soldado le pegó un puñetazo en el pecho. La potencia del golpe hizo que Lei saliera otra vez disparado contra la parte posterior del jet.

El golpe habia sido muy poderoso. Demasiado poderoso. Le resultaba imposible levantarse. A Lei le dolía el pecho como si tuviera fuego en los pulmones, ¿tendría algo roto? No le extrañaría. Unicamente pudo alzar la cabeza para ver como su atacante desenfundaba su arma.

- Adios, supercop -dijo el sujeto con sorna.

* * *

- ¿No ibamos al Ala-B? -dijo Ling observando como Hwoarang se dirigía directo a una pastelería-. Esa señorita dijo... -siguió, aunque dudaba si llamarla 'señorita' era una buena opción.

- ¿Qué importa lo que dijera? -dijo Hwoarang observando con detenimiento un cartel en la puerta del establecimiento-. Lo cierto es que me preocupaban otras cosas mientras hablaba con ella. Eso de ahí tiene buena pinta.

- Que grosero.

- ¿Que he hecho ahora?

- No seas cruel, Hwoarang -dijo Jin apartandose del escaparate-. Vámonos a otro sitio.

- ¿Kazama Jin? -dijo una voz a espaldas del grupo.

Cuando se giraron se encontraron con los ojos azules de una mujer rubia. No era demasiado alta, pero su cuerpo estilizado y la seguridad de su porte le hacían ganar más centimetros de los que realmente tenía. Vestía un traje ajustado y oscuro, lo que le daba una apariencia mucho más delgada. Su mirada era fría como el hielo, sin signos de emoción, igual que su rostro.

- ¿Quien quiere saberlo? -dijo Jin poniéndose en guardia. Podía adivinarlo.

- Mishima Heihachi -dijo únicamente la mujer. Era lo que Jin esperaba.

- Que cambiado esta el abuelito -murmuro Hwoarang contemplando con descaro la escultural figura de la mujer.

- He venido a recogerle y llevarle de vuelta a Hong Kong -dijo la mujer dirigiendose al japonés y, antes de que este respondiera, añadió con gesto frío-: Niegate y tus amigos lo pagarán.

En ese momento se oyó un silbido y algo pasó rozando la oreja derecha de Ling, impactando contra la pared del fondo. La chica se abrazó asustada al brazo de Hwoarang.

- ¡¿Que haces, niña?! -dijo Hwoarang.

Jin se sorprendió cuando el coreano no anadió ningún comentario más, pero al girarse se dio cuenta de dónde miraba Hwoarang. Su vista siguió a la de su compañero, posándose en la pared del fondo. Un agujero.

Un agujero de bala. Había un francotirador.

Sus amigos volvían a estar en peligro por su culpa. La vista del japonés se posó en la mujer rubia, cuyo rostro no transmitía nada. Ni siquiera se había movido.

- ¿Y bien? -dijo ella. Su inglés tenía un marcado acento irlandés-. ¿Tendré que disparar a alguien para que me sigas? -preguntó, con aire cansado.

Jin dudó. ¿Qué derecho tenía a seguir poniendo en peligro...

- ¡¡¡Una bomba!!! -oyó que alguien gritaba-. ¡¡Socorro!!

Para su sorpresa, había sido Hwoarang, y, cuando Jin vio la reacción de la gente que les rodeaba, comprendió por qué. El grito a pleno pulmón del coreano provocó que los viandantes y pasajeros que ocupaban aquel ala del aeropuerto comenzasen a gritar, chillar y correr en todas direcciones. En definitiva, provocó un pequeño caos.

El posible francotirador no encontraría blanco seguro entre aquella maraña de brazos y gente. Jin sonrió cuando aquella mujer rubia soltó una sonora maldición mientras miraba algo confundida a su alrededor.

- ¡Quédate ahí! -oyó que gritaba Hwoarang a Ling, empujándola al suelo. Después notó que una melena pelirroja pasaba detrás de la mujer rubia, en dirección donde, por lógica, había venido el disparo.

- ¡Hwoarang! -gritó Jin-. ¡¡No te muevas!!

- ¡A la mierda! ¡Nadie me dispara y se queda tan tranquilo!

Y le perdió de vista. Jin respopló.

- ¡Maldita sea! -el japones volvió a encarar a la mujer rubia, debía aprovechar la confusion.

Como Jin habia previsto, los planes de su contrincante se habían echado a perder tras la actuacion de Hwoarang. La gente corría de un lado para otro entorpeciendo su avance, y la policía del aeropuerto no tardaría en llegar. Claro, que el japonés no estaba dispuesto a esperar tanto. Cuando la mujer apartó con furia a un viandante, Jin aprovechó el descuido para echarse encima de ella.

* * *

- Aquí se acaba tu carrera, Wulong -dijo el soldado mientras se acercaba al yaciente Lei con el arma levantada. El policía intentó una vez mas incorporarse pero fue inutil. Todo lo que consiguió fue una punzda en el pulmón y un gemido, y...

Su pistola.

Como todo buen policía tenía otro arma sujeta a la pierna, pero necesitaba la oportunidad de alcanzarla. Giró sobre si mismo intentando ver algo o ganar algo de tiempo.

El soldado se le acercaba lentamente, cuando una sombra apareció detrás suyo. Era Eddy, que había conseguido levantarse y había golpeado al soldado, aunque con igual fortuna que Lei en una ocasión anterior. Aquel sujeto ni se había inmutado.

El soldado gruñó con desdén y le propinó a Eddy un potente revés que le envió de nuevo al suelo. Acto seguido, apuntó con la pistola a Eduardo.

Lei vió su oportunidad. Desenfundó su pequeño revólver de la funda oculta en su pantalón y apuntó al soldado.

- ¡Quieto! -gritó Lei.

El soldado le miró con frialdad. Se quedaron un momento mirandose, hasta que aquel misterioso sujeto empezó a levantar los brazos con lentitud. Lei relajó ligeramente su postura, al ver que se rendía... y el soldado creyó que le había engañado. Con un movimiento, intentó apuntar al policía, pero este estaba preparado.

Necesitó todo el cargador para poder derribarlo al suelo. Cuando el arma quedó descargada, Lei se dejó caer con pesadez. Aún le ardía el pecho del golpe y el corazón le latía muy deprisa. Nunca le había gustado disparar; el mote de "supercop" no era debido a la cantidad de muertes que llevaba a su espalda, precisamente.

Sintió a Eddy que se le acercaba. Se reincorporó con la ayuda del brasileño, que le ayudó a sentarse en un sillón.

- Obrigado, senhor -dijo Eddy con voz ronca. A juzgar por el gesto, Gordo tambien habia sufrido los golpes de aquel extraño soldado-. Le debo la vida. ¿Se encuentra bien?

Lei asintió sin saber realmente lo que hacía. Aún sujetaba el arma descargada en la mano. La miraba extrañado. No era propio de él.

- ¡Detective! -El tono asustado en la voz del hombretón sacó al policía de su ensimismamiento-. ¿Donde esta el tipo?

- ¡¿Qué?! -preguntó Lei levantándose. Y se quedó helado al descubrir que el cadáver no estaba; ni siquiera había manchas de sangre.

Era imposible, juraría haberle disparado todo el cargador, juraría que no había fallado. Siete balas, ningún ser humano podía aguantarlo como si nada, ni siquiera con protección.

- ¡Los chicos! -exclamó Lei de repente, mirando la puerta-. ¡Si saben donde estamos nosotros también habrán ido a por ellos!

- ¡Vamos! -dijo Eddy apresurado. Pero Lei le detuvo.

- No, Eduardo. Quédate aqui y atiende al piloto... por si vuelven. -Eddy asintió.

* * *

La fuerza con la que Jin lanzaba sus golpes no servía de nada, la mujer los esquivaba con agilidad y velocidad. Era tan escurridiza como una serpiente de agua, pero tampoco devolvía los golpes para no arriesgarse a bajar sus defensas y a recibir un golpe del enfurecido japonés. Porque Jin estaba furioso, no solo por sus fallos, sino por toda la situación: por tener a sus compañeros en peligro, por el francotirador, porque Hwoarang hacía lo que le daba la gana... Con estos sentimientos el muchacho lanzó una rápida patada que su contrincante no pudo esquivar, pero si bloquear con ambas manos. Tirando de la pierna, desiquilibró al japonés.

Fue entonces cuando aquella mujer comenzó su contraataque. Golpes rápidos y directos a puntos a articulaciones y puntos vitales. Jin se vio incapaz de esquivarlos todos, solo detenía los que podía y aguantaba el resto. No pudo evitar empezar a recular; su contrincante no dejaba de atacar, las articulaciones ya le ardían de los continuos golpes. Aunque la mujer no usaba mucha fuerza, lo hacía para ganar velocidad y no dejar un respiro al japonés, y lo hacía bien. Seguramente su abuelo la había seleccionado especialmente para cazarle, conociendo todos los puntos débiles de Jin.

El joven japonés estaba cansado de defenderse. Si continuaba así, la asesina acabaría derrotándolo si no por k.o., por cansancio. No había luchado jamás contra alguien tan rápido (y había considerado rápido a Hwoarang cuatro años atrás, cuando se enfrentaron), pero habría una manera de contraatacar.

Jin esperó a que su contrincante lanzase un golpe más fuerte que el resto. Fue un poderoso puñetazo directo al esternón. Jin aguantó el golpe haciendo alarde de resistencia y aprovechó el momento para lanzar a su vez un fuerte derechazo a su contrincante. La mujer salió despedida hacia atrás, pero antes de tocar el suelo dió una voltereta en el aire y cayó de pie.

Ella se le quedó mirando mientras se incorporaba. De repente Jin se sintió demasiado cansado. Al ver el frío gesto de la mujer, se dio cuenta de la diferencia entre los dos. Mientras ella sólo tenía una brecha en una ceja, que se limpió con desdén, él no dejaba de jadear, estaba agotado, magullado y comenzaba a percibir de nuevo aquella incómoda quemazón en el brazo izquierdo.

Pero no todo estaba perdido. Iba a ganar aquella batalla.

Inspiró profundamente y volvió a colocarse en guardia. Con un gesto de la cabeza invitó a la mujer a recomenzar el combate. Ella simplemente se lamió la sangre que se habia limpiado con el dedo y se puso en guardia.

- Tan tozudo como idiota -le dijo la mujer-. Te ofrecí perdón, luego no pidas clemencia.

Viendo la actitud de la mujer, Jin decidió atacar primero. Se avalanzó con un izquierdazo rapido que la mujer tuvo que parar, sin embargo no era un solo golpe. Lo combinó con una serie de golpes cortos que lanzó a toda la velocidad de que fue capaz. Ahora era la asesina quien no podía parar los puños. Intentaba hacer lo que podía pero la combinación de Jin lo tenía todo: estilo, velocidad y potencia.

Sin embargo, la mujer le devolvió la moneda. Esquivando un golpe más fuerte que el resto, aprovechó para golpearle con el antebrazo en la nuca y usar una patada para tirarle al suelo. Una vez allí le agarró del brazo izquierdo y se lo retorció hacia la espalda.

- ¡Jin! -dijo Ling, levántandose asustada del lugar donde le había ordenado Hwoarang que permaneciese. Jin la detuvo con la mirada; no podía arriesgarse a recibir un tiro del francotirador.

- ¡Ríndete ahora y podrás volver a tu casa entero! -dijo la asesina al oído del japonés, a quien el dolor impedía todo movimiento.

Pero volvió a respirar profundamente y, concentrandose únicamente en su dolorido brazo izquierdo, comenzó a oponerse a la fuerza de la mujer. Sintió aún más el ardor en el brazo pero poco a poco conseguia deshacerse de su llave. Era más fuerte que ella. Iba a ganar ese combate.
Viendose derrotada, la mujer soltó el brazo y rodeó el cuello de Jin con los brazos, intentando ahogarle. Pero Jin atacó con un cabezazo que hizo que le soltara. Antes de que la mujer se apartara le golpeó un revés que la arrojó hacia atrás.

Jin se levantó lentamente y miró hacia atrás con arrogancia, observando la reaccion de la mujer. El revés habia sido muy fuerte y le costaba levantarse, pero aún así continuó sin rendirse. Al ver la actitud combativa de la mujer, el japones se dió la vuelta y volvió a ponerse en guardia.

- Llévale este mensaje a Heihachi -dijo Jin con voz seria-. Si me quiere vivo, que deje a mis compañeros en paz y venga el en persona. Estaré encantado de recibirle con mis puños. -La mujer escupió al suelo y se preparó para el ataque.

Echó a correr hacia Jin, asi que este preparó su mejor golpe: giró sobre sí mismo, sin perder ni un momento a su contraria de vista. Ella hizo una rapida finta hacia la izquierda, preparandose para esquivar su golpe, pero de nada le sirvió, porque Jin estaba preparado.

- ¡Jin, NO! -dijo una voz apresurada. Era Lei.

Acababa de llegar, pero demasiado tarde. El tremendo gancho de izquierdas levantó varios metros del suelo a la mujer, la lanzo contra el escaparate de un establecimiento aún en construcción. Atravesó el cristal tintado de blanco y acabó cayendo sobre un montón de cajas apiladas.

No se movió.

Lei se acercó al escaparate ante la mirada atónita de Jin, que no esperaba esa reacción. Cuando llegó a las cajas se llevó las manos a la cabeza.

- ¿Que ocurre? -dijo Jin preocupado. ¿Podria haberla matado? Solo había usado aquel golpe una vez en su vida, y el resultado no fue ese.

- La conozco... -dijo en voz baja el policía. Lei se agachó para examinar a la yaciente y se dirigió a ella con voz suave-. ¿Nina? -Sin previo aviso la mujer se incorporó y sacando un cuchillo de quien sabe donde se lo colocó al policia al cuello. A pesar de ello, el tono de Lei no se inmutó- Nina, ¿estás...?

La mujer dudó. Miró al policía y el cuchillo tembló una vez en sus manos. Miró a la gente que la rodeaba, Jin la observaba con ojos furiosos, Ling se había levanado del suelo. La rodearían, no tendría escapatoria. Empujó al policía a un lado y salió corriendo, su velocidad no se veía afectada ni por los golpes recibidos ni por los altos tacones de las botas. Jin se dispuso a perseguirla inmediatamente.

- Déjala, Jin -le dijo Lei. El japonés se volvió hacia el policía-. Déjala.

- Pero...

- ¿Que ha ocurrido? -se adelantó el detective, antes de que le preguntaran nada.

- Ella nos atacó -dijo Jin, y su tono sonó a excusa-. Venia de parte de mi abuelo. Había un francotirador...

- ¿Un francotirador? -preguntó Lei, mirando inmediatamente a todas las zonas altas del lugar.

- Hwoarang ha debido hacerse cargo de él. Al menos se fue para eso...

- ¡¿Que habeís dejado a Hwoarang con un francotirador?!

- ¿Que pasa, viejo? ¿Miedo de perderme?

La voz del coreano sonó a sus espaldas. Cuando se giraron lo descubrieron apoyado en una enorme viga, con actitud arrogante y la media sonrisa en la boca. Caminó hacia ellos con paso seguro.

- El francotirador ha huido. Debía tenerme miedo. Me dejó este regalito -dijo el joven del pelo rojo, mostrando un rifle con mira telescópica que llevaba colgado del hombro. Una vez lo vieron todos lo partió de un rodillazo y lo tiró en una papelera cercana.

- ¡¿Estas loco?! ¡Irte solo contra el francotirador fue una estupidez! -le gritó Lei enfurecido-. ¡Podría haberte matado!

- No tendrás ese gusto, detective. Y tranquilizate, Wulong, es bueno para la salud -dijo Hwoarang, dando un par de palmaditas en el hombro del enfurecido policía. Luego se giró hacia Jin-. Veo que ese gancho ha mejorado desde nuestro combate. Cuando tengamos cinco minutos libres acabaremos lo que debimos acabar hace cuatro años. -Jin asintió medio ausente-. Asi me gusta, chico, obediente.

- Deberíamos irnos de aquí -dijo Ling-. Vendrá la policía...

Los demás estuvieron de acuerdo, así que se pusieron en marcha de inmediato. Sin darse cuenta, Jin se llevó la mano al brazo izquierdo. Los golpes de la asesina le habian dolido, pero no era eso lo que le molestaba. La extraña quemazón comenzaba a remitir.

- ¿Que te pasa Wulong? -dijo Hwoarang, fijándose por primera vez en el desastroso aspecto del detective-. ¿Te has peleado con Eddy o algo así?

- Nosotros tambien hemos sufrido un ataque -les informó Lei-. Fue un soldado muy extraño. No podia ser humano...

- Que tontería -replicó el coreano-. ¿Qué pasa? ¿Era verde y con antenas?

- Le vacié un cargador y aún así seguía vivo... -dijo Lei.

- ¿Como? -se sorprendieron los tres.

- Eso es imposible... -dijo Hwoarang, y de repente comenzo a olisquear algo-. Ahh... Claro que si Lei. De modo que fuiste atacado por Eric Draven, le disparaste y se levantó.

- ¿Que ocurre? -dijo Lei-. ¿No me crees?

- Lo que creo es a mi olfato -dijo Hwoarang olisqueando al policia. Apestaba al alcohol del mueble bar del jet de Eddy-. Me parece que Piercing y tú habéis estado dandoos una fiestecita privada con el señor Jack Daniels...

* * *

- Sabían donde íbamos -le dijo Lei a Eddy cuando el grupo se reunió para conversar, lejos de la tripulación del jet.

- ¿Que quiere decir? -dijo Eddy. Sujetaba una bolsa de hielo encima de su cabeza-. ¿Que mi tripulación me ha... -Lei asintió antes de que acabara la frase-. ¡Condenación! Abade no estaba cuando nos atacaron.

- Ahora no importa -dijo Lei-. Puede que el otro fingiera o que yo me esté equivocando y tengan un rastreador, o algo. Pero no podemos arriesgarnos. Saben que vamos a Brasil.

- Cambiemos de rumbo. -Todo el mundo se quedó mirando a Jin. Lo habia dicho tan bajo que no se habia oído a causa del estruendo de un avión que acababa de despegar-. ¡Que cambiemos de rumbo!

- Pero... ¿y si es cierto que hay espías en la tripulación? -preguntó Lei.

- Siempre nos podemos quedar aquí, esperar a que vuelva la asesina con otro rifle de francotirador y nos vuele la cabeza -dijo Hwoarang-. O aún mejor, que dispare a un contenedor de queroseno y... ¡barbacoa!

- Nina no haria eso... -dijo Lei, pero se vió obligado a echar un vistazo a todas las cornisas.

- Pues tú me dirás.

- No hay problema -dijo Eddy-. Seguiremos con el plan previsto.

- ¿Qué quieres decir? -dijo Lei.

- Elegid rumbo -dijo Eddy-. Solo nosotros sabremos donde vamos, porque enviaré mi avión de vuelta a Brasil. Se encontraran con un jet vacío, y si realmente son espias no podrán cantar nada, porque no sabrán nada. Nosotros nos moveremos en un avión comercial.

- ¿Nosotros? -preguntó Lei.

- Me uno al grupo -dijo Eddy.

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