Round 11:

Hell's Mall (1)



Desde que el coche de Julia habia abandonado la reserva todo se había quedado muy tranquilo, y más con Bacon jugando fuera. Era el momento perfecto para continuar con el trabajo. Escribir un libro didáctico de arqueología e historia de los nativos americanos no era trabajo fácil, pero la recompensa de ver debajo del titulo "Por Michelle Chang" merecía la pena.

Michelle se sentó en su pequeño estudio, una esquina de la sala de estar, y encendió el ordenador. Mientras este se iniciaba, la india hizo girar su silla hacia la ventana que tenía a su derecha. Por ella podia ver el Lago Salado y las áridas tierras del desierto. Aunque el paisaje no fuera muy silvestre, era tranquilizador.

El ordenador terminó de iniciarse, pero la melodia de Windows no consiguió sacarla de su ensimismamiento. Tenía la cabeza demasiado ocupada. Hoy no sería un buen dia de trabajo.

La tranquilidad del paisaje quedó rota por el estruendo de un motor, el ruido de unas ruedas al derrapar sobre la gravilla varias veces y los ladridos potentes de un perro. Michelle intentó ver algo desde su ventana pero no daba a la calle. El ruido de motor provenía del otro lado de la casa.

El vehículo se detuvo y enseguida unos pasos pesados y acelerados sonaron en el porche de la cabaña de Michelle. Se levantó asustada y se acercó a la entrada lentamente.

- ¡Bacon, suéltame la pierna! ¡Tengo prisa, muchacho! -se oyó quejarse a una voz justo un momento antes de que la puerta de la cabaña fuese tumbada de un golpe-. ¡¡Michelle!! -gritó la misma voz, potente y con tono asustado-. ¡Lei! ¡Decidme que estáis bien!

- ¿Paul? -preguntó Michelle, asomándose lentamente a la entrada.

- ¡Gracias al cielo! -dijo la figura que acababa de entrar por la puerta, seguida de un muy feliz Bacon.

Era un hombre tan enorme que apenas cabía por el marco de la puerta. Su cabello rubio se elevaba al cielo en un extraño peinado, imitando una especie de cilindro, y sus ojos azules buscaron a la mujer por toda la estancia, hasta dar con ella. Tenía una descuidada barba rubia y eso, unido a su ropa de motorista cubierta de polvo, le daba un aspecto bastante desastroso.

Corrió hacia Michelle y la abrazó, levantándola en volandas.

- Menos mal que estas bien -dijo. Luego la soltó asustado. Bacon, mientras tanto, correteaba a su alrededor, pero el hombretón no le hacía caso, más preocupado en otras cuestiones-. ¿Dónde está Lei?

- En el Mall, ¿por que? -dijo Michelle comenzando a asustarse.

- No hay tiempo, no hay tiempo -dijo Paul, pero no se movió del sitio de tan nervioso que estaba. Una figura delgada se dibujó por el hueco de la puerta.

- ¿Se puede...? -dijo una voz tímida, cuando un muchacho de unos veintitantos años, de aspecto también tímido, entró en la habitación. Parecía el mismísimo doble de Bruce Lee, vestido como sacado directamente de un restaurante chino.

- ¿Forrest? -dijo Michelle al distinguirla-. ¿Qué haces aqui?

- He venido con él -dijo el joven, señalando a Paul-. O algo así.

- ¡No hay tiempo! -dijo Paul, que al final había decidido que lo que tenía que hacer era salir por la puerta, y eso hizo, apresuradamente y tirando del brazo de Forest. A su espalda, Bacon protestaba a ladridos por la falta de atención.

- ¡¿Pero qué esta pasando?! -dijo Michelle asustada antes de que Paul subiera a Forrest a una impresionante Harley-. ¿Cómo sabes que ha venido Lei? ¡¡Paul Phoenix, contéstame ahora mismo!!

- ¡Estan buscando a Lei! -dijo Paul cuando arrancó su Harley. Y sin decir una palabra mas desapareció dejando tras de sí una nube de polvo.

* * *

El compact disc que estaba escuchando Lei comenzaba a llegar a sus últimas pistas. Todo un clásico, O Fortuna. Llevaba un buen rato en la sección de entretenimiento al haber acabado pronto con sus compras. Cuando miró el reloj se percató de que Julia debería andar buscándoles a estas horas, pero no podía dejar la canción a medias.

Eddy apareció por entre los estantes de CDs, buscándole. El policía le saludó con la mano para que le viera. El brasileño se acercó a el y le hizo un gesto que Lei no llegó a comprender.

- Que estoy por allí -dijo, una vez Lei levantó los auriculares, señalando a otros estantes cercanos a una caja. Lei asintió y volvió a colocárselos mientras Eddy desaparecía.

Lei continuó escuchando, sin fijarse como Eddy llegaba a la caja y era cercado por tres hombres con armaduras extrañas.

A Lei le gustaba la canción, era uno de sus clasicos favoritos. Podria escucharla durante seis horas, siempre y cuando nadie le molestase. Le encantaba la parte en la que el coro volvía a alzarse. Mientras la oía el mundo dejaba de existir. Así pues no se dió cuenta de la escaramuza que Eduardo Gordo tuvo con el trío de soldados del Zaibatsu, hasta que uno de ellos atravesó una estantería cercana a Lei después de haber recibido un golpe de Eddy.

- ¿Pero qué carajos? -dijo Lei volviendo a la realidad. Eddy mantenía a raya a los otros dos soldados que no se atrevían a acercarse, gracias a sus amplias y poderosas patadas. Era la primera vez que Lei observaba el estilo de lucha de Eddy, capoeira, al parecer muy efectivo contra aquellos soldados, ya que no parecían ser capaces de averiguar cuál iba a ser su siguiente movimiento dado que el brasileño no dejaba de moverse, de bailar.

- ¡¿Por qué no me has llamado?! -dijo Lei uniéndose a Eddy.

- Lo he intentado -dijo Eddy-. ¡Por tu derecha!

Así fue. Creyéndole despistado, el soldado se arrojó contra Lei. Sin embargo Lei reaccionó antes que el Tekkenshu y le propinó una serie de rapidísimos puñetazos que llegaron por todos lados. La velocidad de ataque de Lei les hacía imparables.

El otro Tekkenshu aprovechó el ataque de su compañero para realizar el suyo. Este se avalanzó sobre Eddy, pero el brasileño barrió sus pies con una patada baja y una vez en el suelo le aplastó el estomago con un golpe con el talón.

- Vienen más -dijo Eddy cuando Lei hubo derrotado a su contrincante con una poderosa patada.

- Tenemos que salir de aquí.

* * *

Siguieron a la mujer pelirroja hasta el cuarto piso. Subió por las escaleras mecánicas sin percatarse de la vigilancia del coreano. Una vez arriba, echó una ojeada a los pisos inferiores y continuó andando.

- Me parece que nos ha visto -dijo Julia.

- No creo -dijo Hwoarang y subió corriendo las escaleras mecánicas, seguido de la india.

La mujer dobló una esquina y Hwoarang echó a correr detrás suyo. Al llegar a la esquina se detuvo e hizo un gesto para que Julia hiciera lo mismo. Cuando Hwoarang asomó la cabeza por el recodo lo primero que encontró fue un puño enguantado en plena cabeza. Hwoarang cayó hacia atrás y el soldado Tekkenshu que le había golpeado se le echó encima, enarbolando su porra de ganado1.

- A por ellos -dijo una voz femenina que provenía de detrás de la esquina. La misma pelirroja a quien habían estado siguiendo.

Un soldado más encaró a Julia, que había acudido en ayuda del coreano. Intentó golpearla con su arma, pero la chica desvió el golpe aunque no pudo contraatacar, pues otro soldado la agarró el cuello con los brazos y la levantó en volandas.

Mientras tanto, el soldado que hacía frente a Hwoarang intentaba golpearle con la porra, pero el coreano no tuvo problemas para agarrarle de la mano y, poniéndole un pie en el pecho, impulsarle hacia atrás. Conseguido un poco de margen se levantó del suelo, aunque el respiro le duró poco. Otro Tekkenshu se avalanzó sobre él, pero una patada de Julia (que propinó aún estando sujeta por su enemigo), le hizo retroceder justo delante de Hwoarang. Este le agarró de la mano con que enarbolaba el arma y desequilibró al guardia tirando del brazo hacia sí; luego levantó una pierna y le clavó el talón en una cadera. El soldado cayó al suelo y no pudo levantarse.

- A partir de ahora necesitarás bastón -dijo el joven, girándose para ayudar a su compañera. Justo en ese momento, el soldado que primero le había atacado volvió a escena, golpeándole con la porra en un costado-. Cabrón -masculló on los dientes apretados cuando sintió la descarga eléctrica.

La sensación era intensa, pero el coreano hizo alarde de resistencia y consiguió detener el siguiente ataque de su adversario, también con la porra. Empujó a su contrario hacia atrás y con una patada seca le golpeó la mano en la que sujetaba el arma, enviándola lejos, donde no pudiera cogerla.

Al mismo tiempo, Julia intentaba deshacerse por todos medios de la presa que le realizaba el soldado. Intentó golpearle con la cabeza pero el Tekkenshu estaba prevenido y la mantenía paralizada. Pataleaba, intentando encontrar algún punto donde golpear, pero el Tekkenshu era muy fuerte.

Aunque no mas que ella.

Apoyándose de la pared mas cercana se impulsó con ambas piernas. El Tekkenshu no perdió el equilibrio pero reculó hasta golpearse fuerte contra la barandilla metalica del balcón del cuarto piso. El golpe hizo que la barandilla cediese un poco con el peso de los dos. Aprovechando el impacto, que hizo que el Tekkenshu relajase su presa, Julia le propinó un codazo en las costillas que le hizo agacharse un poco. Lo justo para que Julia posara los pies en el suelo.

La india volvió a golpearle en las costillas varias veces, hasta que el Tekkenshu, harto de la situación, apretó mas su presa y volvió a levantarla en volandas, cosa que hizo que la barandilla cediese del todo.

Se escuchó el estruendo de los trozos de la barandilla caer al suelo y el de un cuerpo con armadura, sin embargo, Julia no llegó a caer, ya que consiguió agarrarse del borde en el último momento. Mientras luchaba por subir de nuevo, observó como Hwoarang acababa con el último de los soldados a base de patadas altas, todas con la misma pierna y sin llegar a posarla jamás en el suelo. En cuanto su enemigo cayó al suelo, el coreano se volvió hacia la muchacha y le ayudó a ponerse en pie.

- Joder, eso estuvo cerca, ¿estás bien? -le preguntó. Julia asintió.

- ¿Y tú? Te golpearon con la porra...

- Cosquillas -dijo Hwoarang, restándole importancia y luchando para no frotarse la dolorida espalda-. ¿Esta era tu idea de invitarme a algo?

* * *

Jin escuchó un estruendo en el supermercado, como si varios hierros hubieran caído al suelo y la gente se asustase. Inmediatamente se puso en guardia, esperando que los soldados de su abuelo le rodearan en cualquier momento.

- Me estoy volviendo paranoico -pensó para sí mismo.

Seguramente habría sido un fallo de algun trabajador que reformase el edificio, había dejado caer alguna cosa y alguien se había asustado. Alguien además de él. No habia por que preocuparse, habían conseguido huir de Heihachi, era dificil que les encontrasen.

Guardó la camisa blanca que acababa de pagar en la bolsa que le habían dado y se dirigió a la salida del establecimiento. Cuando miró la hora descubrió que habia pasado un buen rato comprando. Era probable que Julia ya hubiera vuelto y que todos le estuvieran esperando para marcharse.

Salió al balcón del hall, desde donde se podian ver los cinco pisos inferiores. Asomó la cabeza y vio bastante revuelo en la planta baja. Parecía que, efecticamente, había pasado algo.

Sin previo aviso oyó un extraño ruido, como un soplido e inmediatamente notó dos punzadas, como aguijonazos, en el hombro y costado izquierdos.

- A él -oyó una voz femenina a su espalda. Una voz que habia oído con anterioridad-. No le dejéis respirar.

Cuando el joven se dio la vuelta se encontró con tres Tekkenshu con pesadas armaduras, que dejaban sus armas en la funda para sacar sus picas de ganado. Detras de ellos se alzaba la mujer del aeropuerto, a quien Lei había llamado Nina, con una gabardina de cuero. Estaba como la primera vez que se encontró con ella, no tenía ni una marca ni una herida.

- Cuidado con su izquierda -avisó ella mientras se daba la vuelta y echaba a andar hacia las escaleras mecánicas.

¿Huía? Parecía que no tenia heridas externas, pero estaba claro que le temía.

Los Tekkenshu se avalanzaron a por Jin con sus porras, pero Jin ya estaba en guardia. Cuando el Tekkenshu que se le acercaba por la izquierda levantó su porra, Jin le vió con la guardia baja. Oportunidad era perfecta, no se libraría del golpe.

Siempre y cuando el brazo se hubiera movido.

Intentó saltar hacia su derecha pero tampoco funcionó, parecia que su pierna izquierda no podía mover un cuerpo tan pesado. El Tekkeshu le golpeó y la descarga impidió que Jin pudiera reaccionar ante los golpes de los otros dos soldados que, rodeándole, comenzaron a golpearle sin piedad.

* * *

- ¿Quiénes son? -preguntó la india observando los soldados que había en el suelo.

- Soldados del Imperio Mishima -le explicó Hwoarang, mirando a todos lados-. Hay que avisar a los demás.

- Creo que eso te lo habia dicho yo antes -le recordó Julia-. ¿No llevan armas?

- Porras eléctricas, parece; mejor para nosotros. Seguramente es que quieren a Kazama vivo. Puede que crean que son capaces de derrotarnos -dijo Hwoarang haciendo crujir los nudillos-. Creo que van a llevarse la sorpresa de su vida -añadió esbozando aquella media sonrisa, completamente seguro de si mismo.

Sin mediar palabra Julia pegó un puñetazo a un panel donde se leía: "Rompase en caso de incendio". Inmediatamente se escucharon las alarmas del centro comercial, seguidas por exclamacione de sorpresa de las personas y las primeras carreras apresuradas.

- Saquemos a la gente de aquí, no queremos que nadie salga dañado -dijo Julia mientras daba un tirón a un hacha de incendios para romper los precintos de seguridad-. Excepto ellos...

- Me gusta tu estilo.

* * *

- Y tiene que ocurrirme ahora -dijo Ling mientras se volvía a vestir.

La alarma de incendios le habia pillado en el cambiador de una de las tiendas. Agarró todas las bolsas que había pagado y salió tranquilamente. En el Instituto Mishima eran comunes los simulacros de incendio, así que estaba más que acostumbrada a esas situaciones. Además, había estado en una prision de Mishima y había huído de ella sin que sus centenares de soldados les hubieran siquiera disparado, si bien ella no estaba consciente para saberlo.

Aunque la gente se movía apresurada, no había ningún rastro de humo ni fuego, así que posiblemente fuera una medida preventiva por algun pequeño incidente. Se dirigió como era aconsejable a la salida de incendios más cercana, pero se quedó paralizada al ver unas figuras armadas esperando en la puerta.

- Los soldados esos... -dijo Ling sin recordar su nombre exacto-. ¿Qué hacen...? ¡Vienen a por Jin! -dicho esto se escondió detras de un mostrador que su dependiente había abandonado rápidamente para salir del edificio-. ¿Habrán sido ellos los del incendio? ¿Me buscarán tambien a mí? ¡Aun asi no puedo dejarles que se salgan con la suya!

Escuchó como las voces metálicas que salían de sus armaduras incitaban a la gente a salir mas deprisa. Ling levantó la cabeza para echar un vistazo a la tienda. No veía a nadie. Ni siquiera a ninguno de sus compañeros. Le llamaron la atención dos soldados que consiguieron atravesar la puerta de incendios de la tienda y cruzaron el establecimiento andando en guardia. Sus voces se podían oír detrás de aquella máscara.

- Cada vez con mas secretismo -dijo uno de los soldados-. No aguanto cuando preguntas algo de la misión y el sargento te responde "No estoy autorizado..."

- ¿Por que tenemos que ir sin armas? -respondio el otro. Aquel comentario alegró a Ling, que no se habia percatado de ello-. Solo con estas estúpidas porras -la alegría de Ling se acabó.

- Dicen que el el chico del pelo de punta es el nieto del jefe, y que le necesitan vivo. -Aquel era otro pequeño consuelo para Ling, que se dio cuenta que el acento de aquellos dos hombres era completamente americano, debían pertenecer al brazo occidental del MFE. Desde luego, ningún soldado oriental llamaría "el jefe" a Heihachi Mishima. Le llamaría "señor"-. De todas formas no son mas que críos, no creo que ofrezcan mucha resistencia.

- He oído que ese pelirrojo se enfrentó a uno de los nuestros en Hong-Kong.

- Yo también -dijo el otro y añadió moviendo su porra-. ¡Que se prepare!

Con gran destreza y sigilo, Ling cruzó detrás de unos percheros para continuar con su espionaje.

- ¿Y esa rubia que ha venido con nosotros?

- Dicen que es una asesina -respondió su compañero-. Si viste de esa manera a mi me parece mas una modelo o...

- ¡Nina! -casi grita Ling, pero los guardias no se percataron.

Los dos guardias continuaron andando, sin ser conscientes de la vigilancia de Ling. Hasta que llegaron a la puerta del establecimiento.

- Te estabamos esperando, ¿donde esta el resto? -dijo uno de los guardias.

Ling se dió la vuelta para buscar una salida. Fue cubriéndose de perchero en perchero para que no la descubriesen, hasta regresar al mostrador que había cerca de la salida de incendios. A su través pudo oír las voces de más soldados.

Estaba rodeada.

* * *

Los Tekkenshu continuaron golpeando a Jin con sus porras y Jin no podía hacer nada para defenderse, porque los muy cobardes atacaban su flanco izquierdo, el que no podía mover. Las descargas comenzaban a repercutir en el resto de sus músculos, en poco tiempo se deslizaría hacia la inconsciencia...

Sin embargo, no fue así. Jin oyó claramente como uno de los soldados llamaba la atención de Nina. No podía entenderlo pero, en contra de lo que pudiera parecer, su mente estaba más clara que nunca. Por lógica, después de tantas descargas, debería estar inconsciente, y sin embargo era capaz de oír y entender a la perfección.

- ¿Que hacemos con los demás? -preguntaba el soldado en ese momento. Jin supo que se refería a sus amigos.

- Anna se encargará de ellos -dijo Nina con desdén, mientras seguía caminando-. Teneis permiso para utilizar armas.

- Si, señora.

¿Permiso para utilizar armas? Le habían reducido con las picas a él, que era el único a quien querían vivo, y ahora se ocuparían de sus compañeros con armas de fuego. Jin sintió un agujero en el estómago, una quemazón en la sien, la sangre se le agolpaba en los oídos. Otra vez. Otra vez estaban en peligro por su culpa.

No podía rendirse. No lo haría, no podía dejarse caer en las manos de su abuelo, ni dejar a sus amigos solos. No, por mucho que le dolieran los músculos, por mucho que la carne le ardiera.

- ¡Quietos! -dijo Jin mientras se levantaba lentamente del suelo. Se sorprendió de lo fácil que había resultado a pesar de la paliza que acababa de recibir. Los tekkenshus también le miraron sorprendidos. Nina se giró, pero su mirada seguía siendo fría.

- ¡A por él! -dijo el que había ido a hablar con Nina.

Uno de los soldados que se econtraba a espaldas de Jin le propinó un golpe con su pica de ganado, pero esta, al impactar sobre el cuerpo del japones, estalló en pedazos con una descarga de energía. Jin no perdió el tiempo y le pegó un potentísimo revés que lanzó al hombre contra un escaparate cercano; otro de los sujetos intentó la misma operación, con idéntico resultado. El arma estalló y él recibió un gancho que le envió volando donde yacía su compañero.

El japonés continuó con su ataque, andando directamente hacia un tercer tekkenshu que se afanaba por introducir un dardo en su arma. Al final lo consiguió y acabó disparando, clavando el dardo en el pecho de Jin. Este, para su sorpresa, ni siquiera sintió el aguijonazo, y se lo quitó con desdén antes de golpear al Tekkenshu con una poderosa patada en la cabeza. Nina observaba todo con gesto frío, mirándole altiva a pocos pasos. Jin se giró hacia ella y, sin pronunciar ni una palabra, se avalanzó contra ella.

Fue ese el preciso instante que eligió su cuerpo para traicionarle. La visión del japonés comenzó a nublarse, el mundo a girar sobre su eje, amenazando con arrastrarle con él. El somnifero del tercer dardo hacía su efecto, superando la descarga de adrenalina que el japonés suponía era la responsable de que siguiera en pie. Aún así trató de alcanzar a la mujer, pero esta solo tuvo que apartarse a un lado y darle un empujón para que Jin se diera de bruces contra una viga de acero.

- Esto... esto no ha acabado -dijo Jin, que consiguió reunir las fuerzas suficientes para levantarse y girarse hacia Nina.

No estaba seguro siquiera de poder caminar, pero le lanzó un puñetazo que Nina esquivó con facilidad. La asesina le devolvió el golpe incrustándole la rodilla en el estómago y arrojandole con fuerza contra un escaparate. El cristal del escaparate no cedió y Jin cayó al suelo. Se giró pesadamente y pudo ver como Nina se hacia con la porra de ganado del último Tekkenshu y se acercaba a Jin.

- Ya lo creo que ha acabado. Para todos -dijo ella.

* * * *
NOTAS:
1. Porra de Ganado: Porras metalicas con un electrodo en el extremo. Dan descargas electricas al impactar.

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