Round 12:

Hell's Mall (2)



Aún podían oír los pasos de las pesadas armaduras de los Tekkenshu mientras les seguían. Según habían visto antes de doblar una esquina, eran al menos una docena los que le perseguían a el y a Eddy. No sabían de dónde habían salido y ni siquiera se lo preguntaron, ocupados como estaban en correr lo más aprisa que podían. Pero no conseguían darles esquinazo. Los Tekken eran luchadores bien entrenados, no sería tan fácil.

- ¡Eh, carrozas! -oyeron la voz de Hwoarang.

Lei y Eddy se detuvieron de golpe, mirando a todos lados, intentando dar con la dirección de donde provenía, hasta que divisaron la rojiza cabellera del coreano escondida entre las sombras de una puerta de servicio. El policía y el brasileño se dirigieron hacia él y, cuando hubieron entrado, Hwoarang cerró la puerta a sus espaldas, quedándose completamente a oscuras hasta que el joven encendió su mechero.

Se encontraban en una escalera de servicio. Estaba lleno de cajas, material de limpieza tirado por el suelo.

- Chsss... -ordenó callar Lei al oír el ruido de los pasos de los tekkenshu-. Que no nos oigan.

- Van metiendo tanto escándalo que dudo que puedan oír sus pensamientos -opinó Julia, pero lo hizo en un susurro.

- Julia, cariño, son soldados -dijo Hwoarang con su sonrisa irónica-. No piensan. El trabajo de un soldado es que piensen por ellos.

- ¿Donde estábais? -preguntó Lei cuando la tropa de los Tekken hubo pasado-. ¿Estáis bien los dos?

- Si, lo estamos -dijo Julia-. Pero no hemos encontrado ni a Jin ni a Ling.

- Creo que estaban en los pisos superiores -dijo Hwoarang-. Donde las escaleras son tantas y los precios tan caros que nadie se atreve a subir. Zona VIP.

- Debemos encontrarles -dijo Julia.

- No. Nosotros debemos encontrarles -dijo Lei señalando a Eduardo-. Vosotros id abajo, encontrad nuestro coche y tenedlo preparado para la huída.

- ¡Ni de coña, Wulong! -dijo Hwoarang, tan fuerte que apagó el zippo-. Aquí el que más interés tiene en encontrar a Kazama soy yo.

- ¿Que quieres decir con eso? -le preguntó Lei, que no sabía si quería oír la respuesta.

- Tenemos algo pendiente. No voy a dejar que lo maten antes de resolverlo. -Lei se quedó mirando el gesto del muchacho. Lo peor, lo más decepcionante, era que el policía sabía que Hwoarang hablaba completamente en serio-. Además, estás tan viejo que no serías capaz de subir esas escaleras -añadió el pelirrojo, con un bufido.

- Creo que no es hora de bromas, Hwoarang -dijo el policía, tratando de poner su tono más serio, aunque sabía que no era bueno en eso.

- Dejalo, Lei -dijo Eddy viendo la cara de Hwoarang-. Creo que tienen razón. Bajemos nosotros, ellos se encargaran de sus amigos.

- No te confundas, Piercing -dijo Hwoarang inmediatamente-. Kazama no es ningun amigo.

* * *

- ¿Y que hago yo ahora? -dijo Ling escondida detrás del mostrador.

Había oído el sonido de la batalla y esperó a que los soldados corrieran a ayudar a sus compañeros. En vez de eso se quedaron es su sitio guardando la posición. No podía haber escogido peor sitio para esconderse.

- Ha dado la orden. ¿No la habéis oído?

La que sonaba era una voz femenina que a Ling le resultó familiar.

- ¿Podemos usar armas ya? -dijo uno de los soldados, bastante ansioso.

- Podéis, pero en realidad ese es mi trabajo -dijo la mujer con una risita-. Es mejor que vosotros vigiléis por si aparece ese niño pelirrojo haciendo de las suyas otra vez.

Desde su posición no podía ver nada, Ling únicamente podía oír el sonido de las armaduras de los soldados. Sin embargo, consiguió distinguir el sonido de una risa femenina, y el ruido de unos pasos con tacones. Sintió una sombra detras suyo y se escondió aun mas debajo del mostrador. El ruido de algo pesado que cayó encima de la mesa le asustó y casi suelta un alarido.

Intentó enterarse de lo que estaba ocurriendo encima suyo pero solo alcanzó a ver la parte de atrás de un maletin plateado con una letra: "B". Oyó un extraño sonido que no reconoció hasta distinguir el sonido que hace un arma cuando se carga.

Aunque la maleta se quedó encima del mostrador, los pasos se alejaron hacia la salida. Ling asomó la cabeza para ver la silueta de una mujer pelirroja, con un traje al estilo chino de color rojo, portando un poderoso rifle con mira telescópica.

Ahora entendía por qué aquella mujer había mencionado a Hwoarang. Ella había sido el francotirador del aeropuerto.

* * *

Jin intentó incorporarse, pero el mundo seguía dando vueltas a su alrededor y no conseguía ponerse en pie. Delante suyo, Nina balanceaba teatralmente su pica de ganado.

- Deja de luchar de una vez, Kazama -dijo Nina con tono aburrido-. Pontelo fácil a tí y a tus amigos antes de que tengas que lamentar nada. -Jin levantó la cabeza hacia la mujer, intentando ver a que se refería-. Hace dos dias te dije que si no te rendías algún compañero tuyo acabaría bastante mal. Soy una mujer que cumple sus promesas.

Nina se hizo a un lado y Jin alcanzó a ver, entre la bruma, una mujer pelirroja con un rifle de francotirador que aparecía por la puerta de un establecimiento, justo en frente de su posición, en el mismo piso. Ella se acercó a la barandilla y...

Jin se echó a reír. Nina se quedó sorprendida de la reacción del japonés, no supo de que se reía hasta que oyó el grito de la pelirroja detrás suyo. Cuando se dió la vuelta lo comprendió.

- ¡Anna!

* * *

Anna se dió la vuelta con furia, alguien le había golpeado por detrás mientras se asomaba al balcón y le había hecho perder su rifle. Se giró lentamente para encontrarse con...

- ¡Una niña! -dijo más frustrada aún-. Primero un muchachito imberbe y luego una cría...

A pesar de todo, Ling sonrió al ver la expresion de la asesina. Sin dar tiempo a que los guardias se percatasen, la chica había atravesado la puerta corriendo pegándole una patada a Anna por la espalda. Y, antes de que los soldados reaccionaran, los golpeó de un salto, a cada uno con una pierna.

- ¡Jamás creí que vería una mocosa mas estúpida! ¿Qué crees que estás haciendo, niña?

- Modere su lenguaje, señora -dijo Ling en guardia-. Esas no son las palabras de dirigirse a su verdugo.

Anna comenzó a reírse de forma escandalosa para acabar mirando a Ling con los ojos llenos de odio.

- Te voy a matar -dijo la mujer.

- ¿Tú y que ejército?

- ¡Nosotros, niña! -dijo uno de los guardias Tekkenshu a su espalda-. ¿Algo mejor?

- Estoy en problemas -dijo Ling viendo como sus enemigos la acorralaban lentamente. Después, juntó los pies y con gesto de inconmensurable inocencia sonrió-. O lo estaria si pudieran cogerme -les dijo Ling.

Con las manos en la espalda, dió una gran voltereta en el aire con la que superó a uno de los guardias que la rodeaban. Una vez a su espalda le empujó de una patada contra Anna.

- ¡Ven aqui, rata! -dijo un Tekkenshu que salió detras suyo.

- ¡¿Rata?! -respondió Ling esquivando el porrazo que el soldado le lanzaba. Con la mano abierta, le golpeó en un costado y el soldado salió despedido con gran fuerza contra una cristalera-. ¡Qué grosero!

Ling se dió la vuelta y echó a correr. Al otro lado del piso, justo en frente y más allá del hueco central del centro comercial, vio a Jin tirado en el suelo, y la rubia del aeropuerto muy interesada en su persona, así que Ling no se lo pensó dos veces y salió corriendo para ayudar a Jin. Sin embargo, un Tekkenshu le bloqueó el camino. La chica se detuvo delante suyo, esperando poder hacer una finta y continuar su huída, pero una mano le agarró de un hombro y le hizo girarse bruscamente, para recibir un fuerte revés de Anna. Debido a su poco peso, Ling cayó al suelo.

- Reza tus oraciones, mocosa -dijo Anna mientras sacaba de entre los plieges de su ropa tres shuriken.

La intencion de Anna hubiera sido arrojarlos, pero prefirió preocuparse más de esquivar el hacha de incendios que le pasó rozando la cabeza y que fue a golpear al Tekkenshu que la acompañaba quien, gracias a la armadura, se salvó de que el hacha se incrustase en su pecho.

- ¡Deja a Ling, arpía! -dijo Julia, que apareció junto con Hwoarang por una puerta de servicio.

- ¡No te metas en esto, enana!

Tras esquivar agilmente los shurikens que le arrojó, Julia echó a correr hacia la mujer pelirroja y la embistió, tirandola al suelo. Por su parte, Hwoarang también echó a correr, pero no para ayudar a Julia.

* * *

- ¡Condenación! -dijo Nina al ver la situación de su compañera.

Jin seguía riendo, atontado por el somnifero. Molesta por el comportamiento del japonés, la asesina le propinó un fuerte golpe con la porra, sin molestarse siquiera de encenderla.

- Tengo que pedirte que dejes de hacer eso -dijo una voz a su espalda-. No es que le tenga mucho aprecio, pero tengo algo pendiente con él y lo necesito vivo.

- ¿Sois pareja o algo por el estilo? -respondió la asesina cuando se dio la vuelta para encontrarse a Hwoarang a pocos metros.

El gesto de Hwoarang se ensombreció, pero no duró mucho rato. Inmediatamente después, volvió a esbozar aquella sonrisa irónica.

- Una pregunta antes de partirte la cara -dijo el coreano mientras hacía crugir sus nudillos-. ¿Tienes alguna hermana gemela? Por que hace unos días vi como este pardillo le metia la paliza de su vida -dijo Hwoarang. Nina no respondio-. Espero que seas la mejor de tus hermanas por que si no lo vas a pasar muy mal.

Nina arrojó al suelo su pica con gesto de desprecio. El coreano, lejos de ofenderse, comenzó a reírse descaradamente.

- Si crees que vas a poder tocarme, adelante -dijo ella con gesto frío, poniendose en guardia-. No eres ni la mitad de hombre que Kazama.

Aquel había sido el primer gran golpe de Nina para Hwoarang, pero el joven sabía encajarlos. Estaba acostumbrado a ese tipo de comentarios. Al fin y al cabo, ¿no era el mismo error que cometían todos? Así que sonrió otra vez con suficiencia y arqueó una ceja rojiza en dirección a la asesina.

- Ni la mitad de hombre... ¿lo dices porque eres más hombre que yo? -le preguntó con sorna-. Cariño, en este combate vas a darte cuenta de quién es el mejor de los dos, Kazama o yo. Y si te digo la verdad, vas a tener suerte si sales viva.

Nina tomó la iniciativa del combate, arrojándose hacia Hwoarang con velocidad. El coreano detuvo con igual rapidez el golpe que la asesina le lanzaba a la cara, pero aún mas veloz fue el contrataque del muchacho. Antes de que Nina pudiera hacer nada, Hwoarang le había lanzado una rapidísima patada que trazo un arco a la altura de la cintura de Nina. La asesina pudo esquivarla milagrosamente, pero el ataque de Hwoarang no se acababa ahí. Sin llegar a posar la pierna con la que había atacado le lanzó un taconazo a la cara igual de rápido. Y a partir de ahí, llovieron las patadas.

Nina unicamente podía esquivarle echándose hacia atras, los golpes del coreano eran demasiado rápidos como para intentar detenerlos, y no carecían de fuerza. Mientras tanto, Hwoarang había cambiado de pierna de ataque. La levantó hasta que la rodilla casi le golpeó la nariz. En ese preciso momento Nina vió un posible fallo en la técnica de Hwoarang, pero no pudo aprovecharlo porque tuvo que echarse inmediatamente hacia atrás cuando la pierna descendió velozmente hacia su cabeza. Hwoarang hubiera jurado que rozó el flequillo de la asesina con esa patada.
Sin dejar un momento de respiración, el coreano volvió a cambiar de pierna. Aprovechó la pierna izquierda adelantada para con la derecha propinar una patada en el estomago de Nina. La asesina salió despedida hacia atrás pero se mantuvo en pie.

- Debo reconocer que eres rápida -dijo Hwoarang, cambiándose de pierna otra vez con un pequeño salto. La intención era que la mujer no supiera nunca que pierna iba a usar para atacar-. Pero veamos cuanto aguantas así.

- Mas que tú, seguro -dijo ella a pesar de todo.

- No cuentes con ello, cariño -dijo el coreano dedicándole la mejor de sus sonrisas.

* * *

- ¡Esto no va contigo, enana! -dijo Anna a Julia mientras rodaba para colocarse encima de la india. Le habia agarrado de ambas manos y ahora era Julia quien estaba en desventaja-. Si no te hubieras metido te hubiera dejado vivir.

Se oyó un grito de Ling detras de Anna. Cuando la asesina se quiso dar cuenta, ya estaba volando gracias a la poderosa patada que la china le propinó en el estómago. Sorprendentemente, la mujer pelirroja consiguió caer ágilmente sobre sus tacones de aguja.

- Creo que os voy a matar a las dos -dijo Anna mientras observaba como Ling ayudaba a Julia a levantarse.

- Preocupate por salir de esta -advirtió Julia poniéndose en guardia. Ling también lo hizo, pero Julia la detuvo-. Sal de aquí -dijo en voz baja-. Ve corriendo al piso de abajo. Alli están Lei y Eddy. Van a necesitar ayuda... hay muchos soldados.

- ¡No! -dijo Ling-. Yo puedo...

- Ve -dijo Julia-. Por favor, hazlo.

- Parece que no te quieren aquí, niña -dijo Anna riendo-. Será mejor que le hagas caso a tu compañera si no quieres viajar con ella al mundo de los muertos.

- ¡Corre! -dijo Julia dando un pequeño empujón a la chica. Ling comenzó a correr hacia las escaleras de servicio. Anna intentó ponerse delante suyo pero Julia se lo impidió bloqueandola el paso-. Te estás enfrentando a mi.

Anna vio por encima de Julia como la joven china desaparecía por la puerta de servicio.

- Ahí va tu ultima posibilidad de ganar -le dijo a Julia mientras busca mas shuriken entre su ropa.

- Deja que eso lo diga yo -dijo Julia avalanzándose a por la mujer antes de que esta pudiera sacar sus armas. Embistiendola la arrojó contra el suelo, pero la asesina se deshizo de su contrincante lanzandola hacia atrás. Las dos se levantaron rapidamente y volvieron a ponerse en guardia.
Julia no pudo evitar que Anna consiguiera sacar de su cinturón tres shuriken. La india volvió a embestir pero la asesina no arrojó los shurikens si no que los utilizó como garras. Julia tuvo que pararse en seco para poder esquivar el golpe de Anna, que la obligó a recular, surcando el aire con sus shuriken.

* * *

Cuando Nina y Hwoarang estaban dispuestos a reanudar el combate una grave voz a su espalda les detuvo.

- ¡Hwoarang! -era Kazama. Tenia la voz seria y, aunque el coreano no se giró para mirarle, supo que su gesto era enfadado-. Este es mi combate.

- Te equivocas, Kazama -respondio el coreano-. Se ha convertido en algo entre los dos, tu estas aparte.

- Hwoarang...

- La rubita me prefiere a mi, ¿verdad? -dijo el coreano guiñando un ojo a Nina.

- Si queréis podéis intentarlo los dos a la vez. A lo mejor así tenéis posibilidades -respondió la asesina.

- Te gustan los tríos, ¿eh? -dijo Hwoarang-. Quizás en otro momento.

- Hwoarang -volvió a decir Jin-. Este era mi combate.

- No seas gilipollas, Kazama. -Hwoarang aún no le había mirado-. Te ha dado una paliza y no puedes tenerte en pie. Duerme un poco y deja a los mayores...

A su espalda, Jin apretó los puños.

- Hwoarang, si te haces a un lado y me permites continuar esto -comenzó a decir mirando al frente, evitando posar la vista en el coreano-, te dejaré que acabemos lo nuestro.

- ¡Eso si no te mata antes, imbécil! -dijo Hwoarang, que al final se giró para observar a su rival. Kazama no le miraba a él, miraba a la mujer, pero en su gesto no había duda. Ninguna duda-. Tú mismo -dijo Hwoarang, echándose a un lado finalmente-. A la mierda, Kazama -dijo cuando se cruzó con él, ninguno de los dos miró al otro-. A la puta mierda.

Nina observó el intercambio con frialdad. Cuando el coreano hubo desaparecido de escena, andando con aquella seguridad que le caracterizaba, Jin consintió en hablar. El tono seguía siendo grave y sus ojos tenían un brillo extraño, impropio en él.

- Continuemos -dijo Jin poniéndose en guardia. Nina soltó una burla al ver como Jin dejaba su brazo izquierdo colgando, pues aún estaba dormido por el tranquilizante.

- Mas vale que te des la vuelta y le pidas ayuda a tu amigo -dijo Nina mientras se ponia en guardia. Jin no respondió nada, ninguna emoción salvo furia en su rostro-. Adelante, pues. Enseñame como lucháis los Mishima.

- Kazama -puntualizó únicamente Jin mientras se lanzaba al ataque, preparando su puño derecho.

Nina lanzó una patada al flanco izquierdo de Jin al ser el mas desprotegido. Jin no se preocupó por detenerlo. La patada impactó en su cara sin que el japonés se inmutase. Inmediatamente Kazama golpeó con su mano sana la rodilla de la asesina.

Al no tener el brazo izquierdo la llave no obtuvo el resultado esperado pero provocó que la asesina no pudiera pisar con firmeza para poder esquivar el conjunto de puñetazos y patadas que Jin le lanzó.

Nina rodó hacia atrás para alejarse lo mas posible de la presión del japonés. Cuando se levantó sintió que la sangre que brotaba de una herida en su ceja comenzaba a gotearle por la mandibula. Se limpió la cara con la mano y dedicó una fiera mirada a Jin, que seguia en guardia frente a la asesina, ninguna emoción en el rostro.

- Parece que tu arrogancia se escapa junto a tu sangre -dijo Jin con una voz que no parecía la suya, mucho más vieja y más profunda.

Nina se arrojó encima suyo. En medio de un salto le dio una patada en la cara y una vez que se posó en el suelo le propinó otra a media vuelta. Antes de ver la reacción del japonés continuó golpeándole hasta que Jin se hizo velozmente con su brazo, agarrandolo en medio de un golpe. Nina intentó deshacerse de la presa pero el japones aplastaba su puño con furia. Ella volvió a golpearle en la cara con la mano libre pero no surtió efecto alguno.

Fue entonces cuando Jin, sin soltar el brazo de la asesina, le dio una patada en la cara y doblando la rodilla le volvió a golpear con el tacón detrás de la cabeza. Era una tecnica que habia aprendido de su abuelo.

Nina cayó de rodillas tras el golpe, mientras Jin la miraba con desdén, erguido delante suyo. Sabía que volveria a levantarse, pero el combate estaba acabado. Jin se dió la vuelta y lentamente se alejó de la asesina.

- Esto no está acabado -balbuceó la mujer mientras intentaba levantarse en vano. Jin continuaba andando-. ¡Vuelve aquí, Mishima!

Nina se levantó haciendo un gran esfuerzo y echó a correr tras el japonés, pero este estaba preparado. Muy preparado. Se dió la vuelta con gran velocidad propinando a la asesina un poderosisismo revés que la envió volando contra la cristalera que Jin no habia conseguido traspasar. Esta vez, la potencia del japones hizo que el cuerpo de Nina traspasase el cristal y todo lo que encontró a su paso hasta que cayó al suelo.

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