Round 13:
Hell's Mall (y 3)
El ultimo golpe habia pasado muy cerca. Sintió como los shurikens de
Anna habian silbado cerca de su cara. La asesina había conseguido hacer
retroceder a Julia hasta una pared donde parecía que se divertía
haciendoselo pasar mal acosandola con los shurikens. La sorpresa llegó
cuando Julia esquivó el ultimo golpe de Anna, situándose detrás suyo con
extrema velocidad. Anna se quedó sorprendida al detectar a la india en su
espalda y no pudo hacer nada cuando esta la rodeó la cintura con los brazos
y la arrojó hacia atrás, golpeando su cabeza contra el suelo.
A pesar del fortisimo golpe de Julia, Anna consiguió levantarse, mareada por
el impacto. Cuando se incorporó se encontró con la india que la esperaba en
guardia.
- Me vas a pagar esto... -dijo Anna mientras se llevaba la mano a la cabeza, sintiendo como la sangre resbalaba por el cuero cabelludo. Sin embargo, antes de que iniciara un ataque contempló su situación.
A espaldas de Julia se encontraba Hwoarang, apoyado tranquilamente en la barandilla y observando el combate mientras encendía un cigarrillo. Pero sus ojos marrones no perdían de vista a Anna.
- Bonito movimiento -dijo Hwoarang después de una calada. Julia no se dio cuenta de que estaba ahí hasta que oyó su voz y olió el humo.
Anna se dio cuenta de que estaba en desventaja, pero... ¿que había sido de Nina? ¿Y el chico japonés? Fue en aquel momento cuando un estruendo llamó su atención. Al otro lado del balcón Jin acababa de lanzar a Nina contra el escaparate de una tienda, la mujer no se volvió a levantar. El combate había finalizado.
Definitivamente, estaba en desventaja.
Echando mano de nuevo a su cinturón sacó algo que parecía unas pastillas. Antes de que Julia pudiera hacer nada las arrojó contra el suelo, provocando una intensa humareda negra. Como era previsible, al disiparse el humo Anna ya no estaba.
- Típico -dijo Hwoarang con el cigarrillo en la boca.
- ¿De dónde has sacado el tabaco? -fue lo que se le ocurrió preguntar a Julia.
- Del bolsillo de atrás de los pantalones de un Tekkenshu -dijo Hwoarang mientras se incorporaba de la barandilla después de otra calada-. Siempre he dicho que toda situación tiene su lado bueno.
* * *
- ¡Necesitamos ayuda! -dijo uno de los Tekkenshu mientras observaba asustado como sus compañeros caían ante las poderosas patadas de Eddy Gordo y los rápidos golpes de Lei Wulong-. ¡Tenemos problemas en...! -fue lo último que pudo decir antes de que Lei le enviase volando contra una pared con un puñetazo.
- Démonos prisa, Eddy -dijo Lei observando como el brasileño acababa con el ultimo soldado con un poderoso golpe-. Les he oído pedir ayuda.
- Y seguro que la reciben -dijo Eddy echando a andar junto a su compañero.
Desde que se habían separado de Julia y Hwoarang no habían hecho otra cosa que golpear soldados. Habían descendido por las escaleras de servicio hasta el último piso, pero al verle bloqueado tuvieron que buscar otro camino para llegar al aparcamiento subterráneo, que era donde se encontraba su coche.
Habian vuelto a salir al supermercado y fue entonces cuando se habian encontrado con el grupo que les había estado buscando. El combate había sido duro pero habían conseguido deshacerse de los soldados del Zaibatsu.
Lei y Eddy continuaron su camino buscando la salida, guiados por los multiples cárteles del supermercado. Cuando al fin encontraron la entrada a los garages esta se hallaba custodiada por dos Tekkenshu que habían colocado una cadena para bloquear la salida.
Antes
de que pudieran darse cuenta, Eddy derribó a uno con una poderosa patada
voladora que acabó con el brasileño y el soldado en el suelo, pero solo uno
pudo levantarse. Lei terminó con el otro a base de rápidas patadas con una
sola pierna.
- ¡Otra puerta atrancada! -dijo Eddy mientras Lei le ayudaba a levantarse. El detective se acercó al candado.
- Podria forzarle si tuviera una ganzua -dijo con ojo crítico-. O un alambre...
- O la llave -dijo Eddy mientras recuperaba una pequeña llave plateada del bolsillo de uno de los soldados y se la pasaba al policia. Lei abrió el candado y retiró la cadena para poder pasar.
- ¿Crees que podrán encontrar el camino? -dijo Lei antes de pasar. Eddy se detuvo y miró el camino por donde habian venido. Se hallaba repleto de cuerpos de soldados retorciendose de dolor o inconscientes.
- No son baldosas amarillas, pero... -dijo el brasileño, traspasando la puerta.
- No he dicho nada -murmuró el policía.
Continuaron su camino, descendiendo por las escaleras que había tras la puerta, que les llevaron directo al aparcamiento subterráneo. El eco de varias voces metálicas, los gritos apresurados de los soldados y el ruido de varios motores les alertaron de la presencia de más soldados del Zaibatsu.
- ¿Que hacemos ahora? -dijo Eddy sacando la cabeza por el marco de la última puerta. Desde allí podia ver el coche de Julia aparcado un par de filas más lejos de su posición.
- Iremos sin que nos detecten -dijo Lei. En aquel momento pasó una furgoneta negra rápidamente por delante de la fila donde habian aparcado. Ambos se escondieron tras la puerta-. Iremos sin que nos detecten -repitió Lei-. Cruzaremos de coche en coche. Yo primero.
Y dicho esto Lei echó a correr hasta esconderse detrás del siguiente coche. Una vez se aseguró de que no venía nadie le indicó a Eddy que podía salir. El corpulento brasileño echó a correr y se escondió junto a Lei justo en el momento en que dos soldados aparecían doblando la esquina a lo lejos. Se quedaron quietos en la oscuridad hasta que los dos Tekkenshu se adentraron por donde ellos habian salido sin percatarse de su presencia. Fue entonces cuando Lei echó a correr hacia la siguiente fila de coches.
La suerte quiso que fuese en aquel momento cuando una furgoneta negra apareció por la entrada al aparcamiento y se encontró de bruces con Lei. El detective tuvo que saltar hacia un lado para que no le atropellasen. La furgoneta se detuvo de golpe con un sonoro chirrido de las ruedas.
- ¡Corre! -dijo Lei al verse descubierto. El brasileño y el detective echaron a correr hacia el coche de Julia mientras el conductor de la furgoneta comenzaba a pitar para alertar a sus compañeros.
Los soldados aparecieron de todas partes rodeando el coche de la india y acorralando a la pareja.
- Son como hormigas -comentó Eddy.
- Ríndanse -dijo un soldado con una armadura rojiza, Lei le identificó como uno de alto rango.
- Tenemos que aguantar, Eddy -dijo Lei, Eddy asintió-. Al menos hasta que vengan los demas.
- ¿Esperáis ayuda? -dijo el soldado de armadura roja-. Creo que no llegará.
- ¡Os equivocáis! -dijo una voz chillona detrás de los soldados.
Cuando todos se giraron media docenas de linternas de hombro apuntaron a una pequeña figura que se erguia orgullosa encima de un coche.
Era Ling.
- Empezad a rezar vuestras oraciones -dijo Ling, parafraseando a su reciente contrincante, mientras señalaba a sus enemigos con un dedo.
* * *
Hombres. No conseguía entenderles.
No sabía lo que les había sucedido en el combate contra la tal Nina, pero desde entonces Hwoarang y Jin se comportaban de un modo muy extraño. No los conocía demasiado, pero hasta entonces le había parecido que era Hwoarang quien no se llevaba bien con Jin. Sin embargo, ni uno ni otro se hablaban ahora. Julia sospechaba que le faltaba una pieza importante para completar el puzzle y entender la situación, pero no sabía qué podía ser.
Por el momento, únicamente caminaban. Jin con gesto cansado y
extraño; a Julia le resultaba, de alguna manera, una persona completamente
diferente. Cuando le había conocido, Jin transpiraba serenidad; ahora la
sensación era otra, como si estuviera rodeado de inestabilidad, como falta
de control. Estaba extremadamente serio y tenía la mirada perdida
completamente, sumido en sus propios pensamientos.
Hwoarang, por su parte, también caminaba, pero lo hacía con una actitud
completamente opuesta a la del japonés. Andaba con su altivez habitual,
acompañada ahora con una expresión satisfecha en el rostro, como si toda la
situación fuese divertida y lo tuviese todo bajo control. Como las cosas
distaban mucho de estar bajo control, Julia no sabia cual de las dos
actitudes le molestaba más.
Y luego estaba la tensión entre ellos... sobre todo por parte del coreano. A Julia le hubiera gustado poder usar su hacha para cortarla en pedazos.
- ¿Pero se puede saber que os pasa? -preguntó al fin, deteniéndose en las escaleras del pasillo de servicio que les llevaba al ultimo piso. Ya no lo soportaba más-. Lleváis un buen rato sin hablar ninguno de los dos. ¿Y como es que no le estabas ayudando contra Nina? -le preguntó al pelirrojo.
Ninguno de los dos respondió, y además Hwoarang se limitó a mirarla divertido con el cigarrillo en los labios y las manos en los bolsillos, mientras que por la expresión del japonés parecía que este no la había comprendido. Y todo esto a Julia le molestó aún mas.
- Tranquila, cariño -le dijo Hwoarang al ver que la india entornaba los ojos-. Todo va bien. Va extremadamente bien, ¿no es cierto, Kazama? -Jin no le miró-. ¿O mentías allí arriba?
Jin no dijo nada, pero si miró al coreano, que esbozó una sonrisa, como si pudiera entender un mensaje que no había sido pronunciado.
- Asi me gusta -dijo Hwoarang tras una larga calada al pitillo-. Obediente.
Julia les miró sin comprender. Comenzaba a tener la tentación de utilizar su hacha para conseguir algunas respuestas, pero al contemplar la cara divertida de Hwoarang pensó que lo único que ganaría serían bromas absurdas y evasivas, llenas de ingenio, eso si.
Así que continuaron su descenso por las oscuras escaleras de servicio hasta que llegaron al ultimo piso donde unas pesadas puertas metálicas les conducirían al aparcamiento. Empujaron la barra para que las puertas se abrieran pero estas no cedieron. Por más que lo intentaron las puertas parecian estar bloqueadas, cerradas a cal y canto.
- Cerrada -dijo Julia tras intentar hacer fuerza con su hacha, pero fue esta la primera que se rompió, mientras que la puerta quedó impoluta.
- Busquemos otra salida -dijo Hwoarang.
- No -dijo Jin observando la puerta. Mantenia una mirada muy extraña, como furiosa-. La abriré.
- Adelante -dijo Hwoarang esceptico. El japonés sacudió su brazo izquierdo y tras calentar un poco se puso en guardia. Hwoarang soltó un bufido.
A Julia todo este secretismo le sacaba de quicio.
Jin inspiró profundamente. Volvió a inspirar y tras un fuerte grito se arrojó contra la puerta. El puñetazo que soltó fue tan poderoso que las pesadas hojas metálicas saltaron de sus goznes, saliendo despedias por la potencia del golpe. Julia se quedó boquiabierta mientras que Hwoarang dió tranquilamente la última calada a su cigarrillo.
- Impresionante -dijo mientras cruzaba el hueco de la puerta después de tirar el cigarrillo al suelo. Antes de que pasara Jin, el coreano le detuvo con gesto arrogante-. Espero que te esfuerces asi cuando luchemos.
- ¿Cuándo luchéis? -preguntó Julia inmediatamente-. ¿Qué quiere decir eso? ¿Vais a pelearos?
- Una chica lista -dijo Hwoarang, como si tal cosa, comenzando a andar.
- ¡Pero eso es una idiotez! ¿Por qué motivo?
- Porque ya iba siendo hora -dijo el coreano, que desapareció por un recodo. Julia miró a Jin sin entender nada, y captó cierta tristeza en los ojos del japonés.
- Se lo he prometido, Julia -dijo Jin por toda respuesta. Por un momento, volvió a ser el mismo chico que había conocido el día anterior-. Me ayudó contra Nina, pero le pedí que me dejase continuar a mi el combate... Lleva buscando pelear contra mi desde hace cuatro años, y solo se me ocurrió prometérselo para que me dejase acabar con ella...
- ¿Por qué querías acabar tú...
Jin cerró los puños con fuerza antes de responder.
- Nina no iba a matarme -dijo al final. Pero por la forma que tuvo Jin de evitar mirarla, Julia supo que no era toda la verdad.
- ¿Y a Hwoarang...
- ¡Moveos, joder! -se oyó la voz de Hwoarang al final de las escaleras-. Dejad la cháchara para la comida...
* * *
Con un enorme salto, Ling se colocó delante de sus dos compañeros, encarando a los soldados que les rodeaban. Los Tekkenshu no sabían que hacer, no por miedo, sino por confusión.
- ¿Una niña? -murmuró uno de los soldados con gesto extrañado, cosa que pareció enfadar sobremanera a Ling. Sin mediar palabra, le dio una patada en el estomago que le hizo retorcerse.
- ¡Que grosero!
Los Tekkenshu se miraron sorprendidos, si saber como reaccionar hasta que se oyó el grito de su oficial.
- ¡A por ellos!
- ¡Ling, atrás! -dijo Lei colocándose delante de la chica, pero esta se apartó.
- ¡Yo también se combatir!
Aunque el Mishima Zaibatsu entrenaba a sus hombres en varios tipos de cobate, tanto de cuerpo a cuerpo como con armamento, los conocimientos de aquellos soldados no eran suficientes como para derrotar a las fuerzas combinadas de Lei, Eddy y Ling, ni su velocidad era efectiva para hacerles frente. Su superioridad numérica tampoco era suficiente para evitar las poderosas patadas de Gordo, bloquear los rápidos golpes del policía o esquivar los artísticos ataques de la chica.
- ¡Necesitamos refuerzos!
-gritó el oficial mientras echaba a correr lejos de la zona de combate,
viendo como sus hombres caían uno por uno.
Antes de que pudiera llegar muy lejos , una furgoneta granate paró en seco
delante suyo. Las puertas se abrieron y media docena de soldados con
armaduras del mismo color que el vehículo se apearon de ella.
- Eddy -le llamó Lei mientras contemplaba la escena, ya que sus anteriores enemigos se batían en retirada-, ¿ves eso? -El brasileño se giró hacia donde se encontraban los soldados-. La élite.
Un soldado de alto rango, o al menos eso parecia gracias a sus galones, se acercó al oficial que huía. Este dijo algunas palabras entrecortadas y como respuesta de su superior recibió un fuerte manotazo que lo derribó al suelo.
- Adelante -dijo el soldado engalonado echando a andar hacia el trío.
- Xiaoyu, detrás -dijo Eddy con gesto serio, carente de la tolerancia del policia.
- Pero...
- Detrás -repitió. Su tono no admitía réplica-. Ahora.
Lei conocia la forma de actuar de los Owl, el nombre en clave que se le daba a aquellos soldados. No eran muy amistosos y solo se usaban en situaciones de extrema urgencia o para la seguridad de sujetos de importancia, como sucedía en la mansión Mishima.
Los soldados se acercaron teatralmente, rodeando al pequeño grupo, haciendo sonar sus pesadas armaduras. Lei tanteó disimuladamente debajo de su chaqueta; allí se encontraba su arma y no dudaria en utilizarla si la situación lo requería.
- No esperéis negociaciones -dijo el oficial-. Nuestro objetivo no sois vosotros, por lo que no acepto rendiciones.
El soldado hizo un gesto y los otros hombres descolgaron de sus cinturones un tong-far1. No llevaban las porras de ganado del resto de los Tekkenshu, sino una pistola en el cinturón además del tong-far. Eso solo podía significar una cosa: estaban muy seguros de su victoria. Los Owl confiaban en su fuerza.
Cuando el primer soldado le atacó, Lei comprobó que esa confianza estaba justificada. Su arremetida fue rápida y precisa, usando el tong-far directo al rostro de Lei. El policía pudo esquivarlo, pero se vio incapaz de hacer los mismo con el ataque de otros de los soldados, que impactó en las costillas. Los Owl estaban compenetrados, eran buenos, rápidos y fuertes. En una situación normal, en un uno contra uno, Eddy, Lei o Ling podrían reducir a sus contrarios sin excesivos problemas, pero en aquella ocasión el detective supo que si no recibían ayuda lo iban a pasar mal.
Y ocurrió el milagro.
El estruendo de un motor llamó la atención del grupo de combatientes del parking. Una impresionante Harley Davidson hizo aparición por la puerta del aparcamiento y, tras derrapar frente a los soldados y que el acompañante se bajara de la moto con gesto mareado, el conductor colocó la patilla y se apeó de la moto. Un impresionante hombretón rubio con el pelo a cepillo, que sonrió con aire socarrón.
- De acuerdo, Lei. -Paul, el recién llegado, se dirigió hacia el policía mientras hacia crugir sus nudillos y su cuello-. ¿A quien hay que pegar?
- Los que vamos de civil somos los buenos -fue la respueta de Lei, con una enorme sonrisa en el rostro.
El impresionante motorista no se lo pensó mucho. Lei apenas había pronunciado la última palabra cuando le soltó un tremendo puñetazo en la cabeza al primer Owl que se le puso en medio, haciendo que este cayera de rodillas en el suelo. El casco del soldado, que había quedado destrozado, le había salvado la vida, así que consiguió levantarse de nuevo. Ese fue su error, porque esta vez si que no consiguió aguantar el gancho que Paul le dirigió a continuación.
Por su parte Forrest Law también se unió al combate superado su momentáneo mareo. Se adelantó a la reacción de los Owl ante su llegada y comenzó a golpear a toda velocidad a un Tekkenshu que acosaba a Eddy. El parecido del muchacho con Bruce Lee no se quedaba en lo físico, pues usaba los mismos movimientos e incluso golpeaba soltando los mismos grititos... y era tan bueno como el mítico luchador/actor. El soldado pudo resistir la lluvia de golpes a duras penas, desviando los que podía y parando los que restaban, pero la velocidad de Law acabó por romper sus defensas, y terminó su rápida arremetida con un poderoso puñetazo con el reverso de su mano, acompañado, claro está, por su grito correspondiente.
Aprovechando el momentáneo despiste de las fuerzas Tekken, Lei decidió atacar a los dos que le habían golpeado. Se avalanzó a por uno con una fuerte patada, pero el soldado logró detenerla con la ayuda de su tong-far. Por el rabillo del ojo, el policía se percató de que el otro soldado se movía hacia su espalda, para atacarle cuando estuviera desprevenido. Casi pudo sentir el inminente golpe cuando sonó el grito de guerra de Ling, que hizo frente al soldado. El oficial, que era con quien se estaba enfrentado Lei, miró atónito como una niña acababa con uno de sus hombres rápidamente.
Eddy, mientras tanto, consiguió mantener a raya a sus dos atacantes
con sus amplias patadas, pero eso le impedía atacar a su vez sin ponerse en
peligro. Sin embargo se llevó una sorpresa cuando uno de los tekkenshus
saltó lejos de él intentando esquivar un golpe de Paul.
El motorista agarró al soldado por la pechera y le propinó un cabezazo tan
potente que el casco se hizo añicos. El soldado cayó al suelo inconsciente.
Acto seguido, Eddy barría a su contrincante a base de poderosas patadas
conjuntadas al bailoteo que caracterizaba su estilo de lucha.
- ¡Maldición! -dijo el oficial separándose de Lei. Se giró y contempló con horror que los soldados que se habían dado a la fuga antes de su llegada yacían ahora en el suelo, y tres sombras se acercaban con paso decidido hacia los combatientes.
- Eres el ultimo, rindete
-dijo Lei cuando las tres sombras se concretaron en Jin, Julia y Hwoarang,
que habían acabado con los soldados en fuga.
El oficial Owl soltó su tong-far, pero lejos de rendirse desenfundó
su arma.
- ¡No! -gritó Lei.
Todo sucedió en una fracción de segundo. El soldado apretó el gatillo y disparó. La bala impactó contra el pecho del policía, que cayó inerte hacia atrás.
- ¡Señor Wulong! -se oyó gritar a Ling, que estaba a su espalda.
- ¡No os acerquéis!
-dijo el soldado cogiendo el arma con ambas manos y apuntando nervioso a
quienes habian acabado con sus hombres.
Caminaba hacia atrás tan temeroso que no se percató de la figura que se le
abalanzaba encima suyo hasta que oyó su grito.
- ¡¡¡BASTARDO HIJO DE PUTA!!!
Era Hwoarang.
Con una patada en medio del salto desarmó al soldado. Le embistió y le tiró al suelo, donde comenzó a golpearle en la cabeza sin piedad, sin notar siquiera que el oficial llevaba puesto el casco.
- Hijo... de... puta...
La lluvia de golpes seguía cayendo sobre el soldado, que ya no se resistía. Aún así Hwoarang siguió golpeando hasta que hundió el puño a través de la visera de cristal del casco.
- ¡Hwoarang! -gritó Julia, hablando por fin. A la caída de Lei se le había unido la reacción del coreano, y todo les había cogido por sorpresa. Julia, al menos, no esperaba algo tan intenso en alguien como él, y mucho menos después de averiguar que planeaba pelearse contra Jin-. ¡Hwoarang! -volvió a gritar. Sus compañeros aún no reaccionaban.
- Hwo... ¡Hwoarang! -se oyó otra voz. Y fue esa voz la que detuvo al coreano.
El brazo de Hwoarang se quedó a medio camino del siguiente golpe, que esta vez caería sobre el rostro ya desprotegido del soldado. El muchacho se dio media vuelta, aún sobre el Tekkenshu, y miró a Lei, que era quien había hablado. De hecho, todo el mundo miró a Lei.
- ¿Qu... ¿Lei? -preguntó. Se quedó mirando fijamente cómo el policía se reincorporaba con dificultad, y parpadeó un par de veces, como saliendo de un trance-. Pensé... -no dijo nada más. Mientras sus compañeros se arremolinaban alrededor de Wulong, él se miró las manos. La derecha estaba cubierta de sangre, los fragmentos de la visera se habían incrustado en su piel, abriendo cortes en los nudillos y el dorso.
Ni siquiera lo había sentido. No sabía lo que había sentido.
- ¡Estás bien! -gritó Jin.
- Creía que... ¡¡¡estás bien!!! -Julia se arrodilló para abrazar al policía con fuerza. Este gimió débilmente.
- ¡Deberías estar muerto! -dijo Eddy, sonriendo. Posiblemente era la primera vez que le veían sonreír desde que le conocían.
- ¿Qué ha pasado? -preguntó Ling.
Lei, apartándose un poco del abrazo de Julia, se abrió la chaqueta y dejó que todos le miraran el pecho. La bala se había incrustado en su revólver. Su pistola le había salvado la vida, porque de otra manera le hubiera dado en el corazón.
- ¡¡Pero qué cabronazo!! -exclamó Paul, rompiendo a reír.
- Tienes una suerte increíble, Lei -dijo Forrest, sonriendo tímidamente.
- No estoy tan seguro -bromeó el policía-. Me duele el pecho...
- ¿Puedes andar? -le preguntó Eddy.
Lei asintió y el brasileño le ayudó a ponerse en pie, pero la mirada del policía se enfocó en Hwoarang, que se había apartado del cuerpo caído del apaleado oficial y flexionaba con dificultad una mano ensangrentada.
- ¿Hwoarang? -preguntó Lei. El muchacho le miró, y Lei no supo identificar lo que quiera que vio en sus rasgados ojos marrones-. ¿Estás... -iba a dar un par de pasos vacilantes hacia el coreano, pero en ese momento las sirenas de los bomberos y de la policía llegaron hasta sus oídos.
- Vámonos -dijo Hwoarang simplemente-. Antes de que esto se llene de gente haciendo preguntas.
1. Tong-Far: Arma marcial. Es una porra de hierro con forma que se asemeja a una L. La usa la policia. Su forma permite al usuario usarla tanto en defensa como en ataque, ademas de poder realizar varios tipos de llaves y tecnicas de incapacitación.
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