Notas de los autores: Primero, lamentamos profundamente la increible tardanza en actualizar la historia. Lleva escrita muchísimo tiempo pero, simplemente, no nos hemos pasado por aquí para actualizar, en gran medida por no tener que pelearnos con el editor de documentos de esta web. Pedimos disculpas por el formato del texto, pero no nos ha sido posible ponerlo más claro a pesar de haberlo intentado. Esperamos poder ofrecer en breve una dirección donde se pueda leer esta historia mucho más cómodamente. Gracias.


Round 14: Regreso

Michelle ya les esperaba en la puerta de la cabaña cuando el coche de Julia y la motocicleta de Paul se detuvieron delante del porche. Forest, que iba de paquete otra vez, se bajó de la moto casi de un salto, mientras las puertas del Range Rover se abrían y la comitiva salía al exterior.

O lo intentaba. Eddy tuvo que ayudar a Wulong a salir del asiento del copiloto. El policía se apeó del coche sujetándose el pecho.

- Pero... -dijo Michelle al ver la escena-. ¿Qué os ha pasado?

A la india no le pasó desapercibido que quien más y quien menos tenía algún golpe, o la cara extremadamente seria de Jin, o...

- Comité de bienvenida -dijo el Hwoarang, sujetándose una mano que llevaba envuelta en la chaqueta de Wulong-. Al parecer somos famosos.

- ¿Qué te ha pasado en la mano? -le preguntó.

- No sé. Lo último que recuerdo es que la metí en una trituradora de carne... -bromeó el muchacho mientras Michelle le tomaba de la mano y apartaba la tela con cuidado, revelando la mano maltrecha que aún seguía sangrando.

- Las trituradoras no tienen cristales -dijo la mujer, examinando la herida con gesto crítico-. ¿Me va a decir alguien que ha sucedido?

- El delgaducho se creyó que Wulong había muerto y se lió a golpes con un Tekkenshu -comenzó a explicar Paul, que se reunía con el grupo después de coger a Bacon en brazos, que no le dejaba en paz-. ¡Joder, si lo hubieras visto! Se puso como loco... Le machacó el casco a base de puñetazos...

Michelle miró a Hwoarang a la cara, pero el chico evitó sus ojos.

- O sea, que era cierto que buscaban a Wulong... -dijo Michelle, dejando el asunto para luego.

- Ya te lo dije -dijo Paul.

- Nosotros lo oímos en una zona de... Las Vegas -intervino Law.

- En el barrio caliente -especificó Paul. Forest enrojeció de inmediato-. Había gente poco recomendable hablando de una operación de búsqueda y captura, y por las descripciones que dieron, me sonó a Wulong en Arizona. Era gente se relacionaba con el cabronazo de Mishima... Y no iba a dejar que se saliesen con la suya.

- ¿Cómo sabían dónde estábamos? -preguntó Xiaoyu.

- ¡He sido un estúpido! -dijo Wulong, sentado ya en un sillón del porche-. Heihachi debió suponer que vendríamos aquí...

- O aquí o a Nueva York -dijo Michelle-. No teníais otro lugar... Heihachi comenzó a buscar allí donde tendríais una razón para ir...

- ¿Como a Japón? -dijo Hwoarang, sarcástico, recordando cierta conversación en Fiji-. Creo recordar que alguien dijo que no iríamos a Japón porque nos buscarían allí, ¿no? ¡Cojonudo, Lei! Muy brillante.

- Cometí el mismo error... Lo siento -dijo Wulong, mirando a Jin. El muchacho negó con la cabeza, no tenía solución, así que no le recriminó nada.

- Deberíamos habernos ido a Hawaii, como dije yo -continuaba el coreano-. Nadie nos hubiera buscado allí.

- No podemos quedarnos aquí -dijo Wulong, intentando levantarse-. Ahora es seguro que saben donde estamos; vendrán por nosotros...

- Vendrán a por mi -corrigió Jin. Durante todo el viaje la expresión del japonés había sido la que le caracterizaba, preocupada-. Soy yo quien debe irse, no puedo poner en peligro...

- ¡Nadie se va a marchar de aquí! -dijo Michelle, silenciando la réplica que iba a salir de la boca de Hwoarang-. No podéis estar huyendo toda la vida, así que os quedaréis aquí.

- Pero Michelle, aquí... -comenzó a protestar Wulong.

- Aquí estáis seguros -sentenció Michelle-. Estáis rodeados de gente que esta a vuestro favor y que luchará por y con vosotros pase lo que pase. He estado hablando con Windsound y se ha mostrado de acuerdo conmigo.

- Eso es imposible...

- No, Wulong -volvió a decir seriamente Michelle-. Confía en mi. Aquí estaréis seguros.

Todos se quedaron callados con la cabeza gacha.

- Además, ¡estoy yo! -dijo Paul, aún con el perro en brazos-. ¿Qué os puede pasar con Paul Phoenix presente? -preguntó. Y lo malo es que lo decía en serio.

- Que te rapten y te lleven al barrio caliente -dijo Forest. Y también lo decía en serio.

- ¡Era por tu bien! -protestó Paul-. Soy tu padrino, ¡tienes que hacer cosas de hombres!

Para aquel entonces la mayoría de la gente ya estaba riendo a carcajada limpia, imaginándose la escena.

- ¡Yo me apunto, tú, Comotellames! -dijo Hwoarang. Paul se le quedó mirando.

- Tu solo vas a apuntarte a pasar a la cabaña a que te cure esa mano -le dijo Michelle con tono serio-. Y tu visitarás a Windsound para que te eche un vistazo a las costillas... -le advirtió a Wulong.

- No me duele tanto...

- Recibiste un balazo, Wulong -intervino Eddy-. Aunque el arma lo parase debió ser buen golpe, yo haría caso.

- No, en serio, estoy bien...

- Paul, Eduardo, obligadle -ordenó Michelle con un gesto de la cabeza.

- ¡Será un placer! -dijo el motorista, haciendo crujir los nudillos.

- Uh-oh...

- Y tú, ¡adentro! -le dijo la mujer a Hwoarang.

- Si, mamá -respondió el muchacho inmediatamente, obedeciendo.

- Julia, cariño... ¿podrías ocuparte de la comida?

- ¡Yo me ocuparé! -dijo Forest alegremente.

Julia, Xiaoyu y Jin se reunieron en la cocina junto con Forest. Tras unas rápidas presentaciones, el joven Law se dedicó de lleno al arte de la cocina, después de explicar que su padre era cocinero y que regentaba un gran restaurante chino en Nueva York. Los otros tres jóvenes se quedaron observando a Forest, que parecía estar en su salsa entre sartenes.

- Julia-san, ¿quien es el "Windsound"? -preguntó Xiaoyu de repente

- El chieftain de nuestra tribu -respondió Julia distraída.

- ¿Chieftain? -volvió a preguntar Xiaoyu sorprendida, pero luego aclaró-. Se que es una especie de líder o algo por el estilo pero creía que esas cosas...

- ¿Estaban pasadas de moda? -preguntó Julia, que empezó a sacar platos y cubertería, pensando que sería buena idea ir poniendo la mesa para nueve personas-. Pues no. Se sigue usando. No es como antes, sin embargo. Lo que nuestro chieftain hace ahora se podría comparar con lo que hacen los "pastores" en las iglesias. Guía espiritual, moral y en nuestro caso también médico.

- ¿Te ayudo? -preguntó Jin inmediatamente, al ver a Julia. En realidad el chico se sentía incómodo en la cocina, no era un sitio al que estuviera acostumbrado.

- Luego llevamos todo a la mesa, tranquilo -le dijo Julia. Jin asintió.

- Así que eso es un Chieftain -dijo Xiaoyu, que volvía al tema-. Pues para ser alguien tan importante, tu madre le trata muy... No se, ¿normal?

- Por que es como mi abuelo -dijo Julia sonriendo-. Es alguien genial, ya le conocerás.

- Mi abuelo vive en Pekin y hace casi cinco años que no se nada de el. Que suerte tener... -comenzó a decir Xiaoyu, pero después de una fugaz mirada a Jin se lo pensó mejor y no dijo nada.

- ¿Tener abuelos? -intervino el japonés, captando las dudas de Xiaoyu.

- No quería...

- No te preocupes. Debe ser maravilloso tener abuelos -dijo Jin en tono casual. Pero se volvió hacia la ventana y se quedó mirando el lago sin añadir nada más.

Las dos chicas se quedaron en silencio por un rato.

- Por cierto, Xiaoyu, luchas muy bien ¿donde has aprendido? -dijo Julia, para romper la tensión.

- Pues no se...

- ¿No me digas que no sabes donde has aprendido?

- Si que lo se, el problema es que no se sus nombres -dijo levantando los brazos-. Mis padres me apuntaron a un par de escuelas de artes marciales, supongo que se querían librar de mi y ya habían gastado la posibilidad de la danza y la gimnasia rítmica.

- ¿Eras bailarina? -preguntó Jin-. Sabía que hacías gimnasia, pero no que bailases...

- Pues lo fui. No me escuchas cuando hablo -dijo Xiaoyu sacándole la lengua, Jin sonrió ligeramente-. Y según decían era buena.

- ¿Por qué lo dejaste? -quiso saber Julia.

- Me torcí el tobillo dos veces en la misma semana -dijo Xiaoyu-. La primera vez no fue nada, a los dos días estaba andando, pero la segunda fue un esguince y los de danza dijeron que no podía arriesgar ese tobillo, que ya estaba frágil.

- Oh, acabar una carrera con futuro de esa manera... -dijo Julia.

- Bah... no me gustaba. Todo saltito y tontería -dijo Xiaoyu gesticulando con las manos. Los otros dos se echaron a reír-. La lucha es mas práctica. Aunque no llegues a utilizarla en combate te sirve para otras cosas.

- Bueno, algo de provecho sacarías de tu experiencia como bailarina.

- Sí, sé subir la pierna hasta detrás de la cabeza -dijo Xiaoyu señalándose la nuca.

- ¿Y qué consigues con eso? -dijo Julia sorprendida.

- Oh, tiene varios usos. Imagina si te pica detrás de la rodilla y no te quieres agachar -dijo Xiaoyu. Arrancando más risas a sus compañeros-. O también puedes fingir que te has roto la cadera para que tus padres te hagan algo de caso.

- Conozco tus estilos -dijo Jin eludiendo el tema de los padres de la muchacha-. Hakke Sho y Hika Ken. Puede que algo de Kempo...

- En lo que respecta a la lucha, ¡Kazama-kun es todo un experto! -Xiaoyu y Julia rieron, el chico enrojeció-. Ni siquiera lo sabia yo.

- ¿Puedes decir cual es el mío? -preguntó Julia.

- Vaya, eso si es un reto -dijo Jin.

- Déjalo, tampoco me has visto luchar tanto... -se apresuró a decir Julia, para sacar al japonés del apuro.

- No, no... Lo intentaré -dijo el chico-. Veamos. Tienes una mezcla muy rara, pero he creído identificar varios movimientos de shinirokugo-ken o kakkyoku-ken... ¿Xin Yi Liu He Quan, quizás? Y Kempo basado en Ba Ji Quan.

- ¡Te acabas de inventar los nombres! -le acusó Xiaoyu.

- No...

- No, Xiaoyu, está acertado... creo. Al menos la mayoría me suenan -dijo Julia riendo.

- ¿En serio? -preguntó la pequeña muchacha-. ¡Kazama-kun es todo un experto, ya te lo dije!

Las risas de los jóvenes se escuchaban desde la sala principal, donde Hwoarang estaba sentado esperando a Michelle, al lado de una ventana. La mujer apareció portando un pequeño botiquín, un enorme frasco de agua oxigenada y una lámpara. Michelle enchufó la lámpara a la corriente y encendió la luz, enfocándola hacia la mano de Hwoarang, que reposaba sobre la mesa. Acto seguido se puso unas gafas y cogió unas pinzas con gesto seguro.

- ¿Usas gafas? -se le ocurrió preguntar a Hwoarang.

- La edad no perdona.

- Eso le digo yo a Lei -dijo el muchacho con una sonrisa torcida que se borró inmediatamente de su cara cuando Michelle extrajo el primer cristal incrustado en la piel. Dolió, pero procuró no quejarse para que Michelle no se preocupase-. Te sientan bien.

- Gracias. -Michelle sonrió sin apartar la vista de su labor-. ¿Qué ocurrió?

- ¿Eh?

- Con Wulong. ¿Qué ocurrió?

- El muy imbécil se dejó pegar un tiro.

- Con que un tiro...

- Bah. Le dio en la pistola. Todos los tontos tienen suerte.

- Pobre Wulong...

- En cuanto pudo levantarse nos largamos de allí. La policía y los bomberos estaban al acecho. No me gustan esos tipos, tienen la estúpida manía de hacer muchas preguntas...

Michelle comenzó a comprender por qué Wulong había dicho que le resultaba difícil acercarse a aquel muchacho. Era esquivo. Pero no podía esquivar por siempre.

- ¿Sabes? Paul no es un hombre que se impresione con facilidad -dijo Michelle. Ya había extraído varios trozos de cristal.

- ¿Quién es Paul? -preguntó Hwoarang.

- El tipo rubio y grande, el de la moto.

- Oh, si... esa moto. ¿Crees que si se lo pido amablemente me dejará dar una vuelta?

- Hwoarang, no cambies de tema. -Michelle vio como la sonrisa del muchacho desaparecía-. Por lo que dijo Paul, me da la impresión de que reaccionaste muy intensamente con lo que le pasó a Wulong, ¿no es cierto? Le pegaste al Tekken que disparó a Wulong, ¿verdad? Y le pegaste duro.

- Podría haber disparado a cualquiera.

- ¿Lo hiciste solo por eso?

- Ese cualquiera pudo ser Julia.

¡Diablos! Sabía como contestar a las preguntas para cerrar los pasos. Aquel chico tenía levantado un muro a su alrededor. Y parecía de acero.

- ¿Te lo enseñó tu maestro? -probó Michelle. Hwoarang apartó la mano.

- ¿Qué?

- Baek Doo San apreciaba a Lei Wulong. Posiblemente fue su único amigo. Posiblemente hubiera reaccionado como lo hiciste tu.

- Eso no lo sabremos nunca.

Michelle tuvo la tentación de apretarle la mano herida, o de llevarle al rio y pegarle un baño para espabilarle. Sin embargo, le tomó la mano y siguió con la cura.

- Creo que tú lo has demostrado hoy.

- Yo no soy Baek Doo San.

- Quizás seas mejor.

- No, no lo soy.

- ¿Sabes, Hwoarang? No te matará aceptar que aprecias a Wulong -decidió decir Michelle. Estaba cansada de dar rodeos.

- ¿Qué quieres, Michelle? -Al parecer el chico también se había cansado.

- Que me digas por qué te pusiste "como loco", en palabras de Paul.

Hwoarang tardó en responder. Y, cuando lo hizo, no miró a la mujer.

- Pensé que estaba muerto.

- ¿Y?

- El resto está en blanco. Le vi caer y luego le vi levantarse. No se lo que ocurrió entre medias. -Hwoarang se encogió de hombros, intentando restarle importancia. Michelle empezó a desinfectar las heridas, que seguían sangrando un poco-. Le debo un par de favores -dijo el joven, que parecía estar ansioso por acabar.

- No creo que Wulong se preocupe por eso.

- Pero yo sí. Pago mis deudas y cumplo mis promesas. Y eso si me lo enseñó Baek.

- Debió de ser un buen hombre -dijo Michelle sonriendo mientras comenzaba a vendarle la mano. La tensión del coreano pareció relajarse un poco y ella se alegró, pues el tono del muchacho comenzaba a ser agresivo.

- Era el mejor -dijo Hwoarang, y su tono sonó sincero-. Podría arreglarte la puerta -le dijo a Michelle, dando a entender que ya había hablado lo suficiente, y que no iba a hablar más.

- ¿Qué puerta? -preguntó ella.

- Esa que está tirada en medio del salón.

- Te estaría muy agradecida.

- Sin problemas -dijo él, recuperando el tono seguro de si mismo-. ¡Eh! ¡Tengo hambre! -gritó, volviéndose hacia la cocina-. ¿Cuándo se papea aquí?

- ¡Qué grosero! -se oyó la respuesta de Xiaoyu.

- Sabía que iba a decir eso.


- Ya dije que no era nada -dijo Wulong cuando el Chieftain le dijo que podía bajarse la camiseta.

El anciano le miró desde su sitio. Tenía la piel morena y muy arrugada por pasar mucho tiempo al aire libre; el cabello, casi blanco y largo, aparecía peinado en dos trenzas, una a cada lado de la cabeza. Su ropa estaba hecha a la antigua usanza india.

- Casi te rompe dos costillas -dijo Windsound, sus ojos oscuros brillaban-, y tienes una hinchazon de mil demonios, yo no llamaría "nada" a eso. Deberías descansar un poco hasta que te baje la inflamación, o tardará más en curar.

- Oh vamos, Windsound -dijo Wulong frotándose el pecho-. Pero si ya casi ni me... agh...

- Ya lo veo -La cara de Windsound se arrugó aún más cuando esbozó una sonrisa.

El anciano Chieftain y el policía salieron de la pequeña habitación que usaba para las curas. Mientras cruzaba la extremadamente decorada cabaña de Windsound, Wulong recordó la cantidad de veces que había estado allí, con varios tipos de heridas.

Muchas de ellas todavía sangraban.

- Oh, ¡no me jodas! -la voz de Paul sacó a Wulong de sus pensamientos. Llegó justo a tiempo para ver como Eddy buscaba algo entre sus bolsillos-. Que no me lo creo.

- Espera y te lo demuestro -dijo Eddy.

- ¿Qué ocurre? -dijo Wulong al verles. Aún caminaba inseguro esquivando los múltiples muebles de la cabaña.

- ¿Pues no me dice el chaval que es Eduardo Gordo?

- Y lo es -dijo Wulong.

- Y yo soy John Kimball, no te jode -dijo Paul, sarcástico.

- Encantado, Sr. Kimball -dijo Eddy mostrándole lo que tenía en el bolsillo. Se trataba del pasaporte-. Todo un placer.

- Eso no me vale -dijo Paul con ojo crítico-. Yo tengo uno que asegura que soy mejicano, de Morelia.

- Pero esto es cierto, Paul -dijo Wulong.

- ¿Desde cuándo superpoli va de la manita de un criminal y un punk? -dijo Paul.

- Habló el motorista callejero -dijo Wulong.

- No me compares. Yo no he estado en la cárcel mas de una noche. Este ha estado mas de ocho años...

- Bueno -dijo Wulong intentando cortar el tema de las cárceles-, vámonos a comer que seguro que tu ahijado ya ha acabado.

- No me lo recuerdes...

- ¿Qué ocurre?

- No se lo que voy a hacer con él. Se me está... amariconando... Mi ahijado es cocinero...

- Su padre es cocinero -le recordó Wulong.

- Pero este es mi ahijado y mi deber es hacerle un hombre.

- Pues no se tú, pero a mi eso no me suena demasiado bien... -dijo Eddy.

Cuando se disponían a salir por la puerta de la cabaña Windsound detuvo a Wulong.

- ¿Os ha dicho Michelle lo que lo que le dije?

- Sí -dijo Wulong-. Y os lo agradezco, pero no puedo arriesgar todo un pueblo por...

- Los Mishima nos han perseguido desde hace años -dijo Windsound-, y les hemos hecho frente siempre. Y lo volveremos a hacer, sobre todo ahora que son vuestras vidas las que defendemos.


En la cena se reunieron todos otra vez, pero esta vez fue Michelle quien cocinó, muy a pesar de Law, por que Paul le obligó a abandonar esas tendencias femeninas. El motorista no pudo evitar la reprimenda que Michelle le dio por un comportamiento tan machista.

- ¿Qué? -preguntó Hwoarang con la sonrisa torcida que le caracterizaba-. ¿Has estado entrenando, Kazama? -Jin levantó la cabeza del plato, pero no dijo nada-. Deberías hacerlo, estas fofo.

- ¿Que estoy qué? -preguntó Jin-. ¿Fofo? Pero mírate, Hwoarang, estas muy delgado.

- ¡¿Delgado?! -dijo Hwoarang mirándose la barriga-. Pero si estoy gordo.

- ¡¿Gordo?! -dijeron todos a la vez, observando como Hwoarang intentaba sacar tripa.

- Tenéis razón... estoy mas bueno que el pan.

- ¿Quién ha dicho eso? -dijo Wulong.

- Él mismo -dijo Xiaoyu-. Estás delgadísimo.

- Mira quien fue hablar -dijo Hwoarang-. He estado a punto de usarte para arreglar la puerta, tabla.

- ¡Qué grosero!

- Que original.

- Bueno... -comenzó a decir Julia mientras se levantaba de la mesa con su plato-. Me voy a la cama, que a primera hora tengo que estar en clase...

- Ah, no -dijo Michelle de repente.

- ¿Qué? -se preguntó Julia extrañada. De todas las palabras que su madre podría haber dicho, pasado por "buenas noches, cariño" y "que duermas bien", esa era la ultima que imaginaba.

- No puedes ir mañana a clase -explicó Michelle-. ¿Con todos estos hombres buscándoos?

- Pero...

- De peros nada -sentenció Michelle-. No voy a dejar que corras peligro.

- Julia-san -comenzó a decir Xiaoyu-, piensa que vas a cumplir el sueño de todo estudiante: ¡que tu propia madre no te deje ir a clase!

- ¡Pero tengo que ir! -dijo Julia desesperada.

- Creo que Julia-chan esta enferma... no creo que nadie en su sano juicio pueda decir eso -apuntó Xiaoyu.

- ¿Por qué? -respondió su madre-. Ya podrás recuperar las clases, que te dejen los apuntes o los tomas de los míos.

- ¡Se acercan los exámenes!

- ¡¿Qué mas da?! -dijo Xiaoyu-. Tu madre es profe.

- Además, no puedes arriesgar tu vida por eso -dijo Michelle-. Ya tendrás tiempo.

- Oh vamos, hermanita -dijo Hwoarang-. Yo te ayudaré con los deberes.


Desde su posición en la cabaña de Windsound se podía ver el descenso del rio Heather, aquel que alimentaba a su poblado, hasta desaparecer uniéndose al enorme rio Colorado. La altitud del lugar, y el hecho de que estuviera en un lugar tan abierto hacia que en aquella cabaña siempre soplara el viento, haciendo sonar multitud de sonajeros que colgaban del techo. Sin embargo, aunque Julia solía disfrutar de la vista del lugar siempre que iba allí, y eso era muy a menudo, aquella noche no se fijaba apenas en la magnificencia del paisaje.

- Y mi madre no quiere que vaya a clase. Y para empeorar las cosas están ese par de cabezotas, con Hwoarang que no deja de repetir una y otra vez que van a enfrentarse -dijo Julia. Estaba sentada como siempre en la barandilla del porche de la cabaña de Windsound con las piernas cruzadas sobre el pasamanos-. Orgullo masculino o yo que se. En serio, no comprendo a los hombres.

- Ah, vaya, no nos comprendes -dijo sonriente Windsound, sin levantar la mirada de lo que tenia entre manos. El medallón de Julia había quedado hecho un desastre tras el combate en el centro comercial, y únicamente las experimentadas manos de su "abuelo" podrían solucionarlo.

- Pero tu no cuentas -añadió Julia.

- Oh, ¿no cuento como hombre?-respondió el anciano sonriendo aún mas.

- ¡Quiero decir que...! -dijo Julia, bajando las piernas y mirando a su abuelo, intentando arreglar el lio-. Que tu no eres como ellos... que...

- Fui joven como ellos y también cabezota.

- Si, ¡pero apuesto a que no ibas peleándote con todo el mundo!

- ¡Julia! -llegado ese punto Windsound si levantó la mirada, riendo-. ¡Mi único deseo de joven era dar un escarmiento a tu abuelo!

- Lo sé, pero... no es lo mismo -dijo Julia volviendo a subir las piernas sobre la barandilla-. Al final os hicisteis amigos.

- ¿Quien dice que no ocurra lo mismo?

- ¿Hwoarang? Un poco mas y ayuda a Nina a pegar a Jin...

- ¡Julia-san! -era la voz de Xiaoyu, se acercaba corriendo hacia la cabaña. Julia la saludó con la mano y bajó por el otro lado de la barandilla.

- ¿Qué te ocurre? -dijo la india.

- Estaba buscando a... -en aquel momento, Xiaoyu reparó en la presencia de Windsound, que se había levantado y observaba a la pareja con una sonrisa bailando en el rostro. La chica dio un respingo e inmediatamente se inclinó hasta formar un ángulo recto con gesto apresurado-. ¡Chieftain-sama, dozo yoroshiku! -acto seguido se percató del error y volvió a inclinarse-. Quiero decir... ¡encantada de conocerle!

- El placer es mío -dijo Windsound con una sonrisa bajando los pocos escalones de su porche y acercándose a Xiaoyu que mantenía la cabeza agachada. Julia por su parte sonreía divertida.

- Anda, no le trates así que luego se le sube a la cabeza -dijo Julia incorporando a Xiaoyu-. Vamos a buscar a Jin, que creo que ha cruzado el rio.

- Encantada de haberle conocido -dijo Xiaoyu antes de marcharse, inclinándose otra vez en dirección a Windsound.

- Hasta pronto, pequeña ardilla.

Julia y Xiaoyu echaron a andar por la calle paralela a la de la casa de las Chang, en dirección al único puente que cruzaba el rio. Aunque no era excesivamente tarde, a aquellas horas el pueblo ya estaba vacio y prácticamente a merced de los pocos jóvenes que lo habitaban, que en este caso, eran los recién llegados y Julia.

- ¿Por que me ha llamado "pequeña ardilla"?

- No te lo tomes a mal -dijo Julia divertida por el gesto de Xiaoyu-. Mi abuelo las adora. Divertidas, traviesas, activas, siempre joviales y curiosas.

- Seguro que lo ha dicho por los dientes -dijo Xiaoyu tapándose la boca con una mano.


La noche en aquel lugar era tranquila, demasiado tranquila. Es decir, aburrida. Hwoarang no sabia que podía hacer en ese momento. Era incapaz de conciliar el sueño, debido en parte al dolor de su mano magullada, pero sobre todo por el aún presente Jet-Lag. Estar solo tirado en un sofá no era su concepto de diversión así que decidió salir a ver que podía hacer en una noche como aquella, pero nada mas cruzar la puerta descubrió que sus expectativas no eran mayores que las del sofá.

Al menos fuera podía fumar. Si al menos alguien estuviera despierto podría entretenerse un rato. Kazama estaba despierto, pero desaparecido, en sus eternos paseos. Hwoarang decidió que lo mejor seria ir a buscarle. Quizás él conocía algo interesante en aquel lugar, o al menos le daría algo de conversación.

Mientras caminaba hacia ningún sitio intentando torpemente encenderse un cigarrillo con la mano vendada, se percató de que una luz en la parte de atrás de la casa de las Chang estaba encendida. Con suerte se trataría de Julia. Y puestos a elegir entre Kazama y una chica...

Hwoarang se acercó a la ventana que estaba iluminada y descubrió con suerte que se trataba de la habitación de Julia. Para su desgracia también descubrió que estaba vestida y simplemente leía un libro sentada en su escritorio. De todas formas podría pasar el rato.

En vez de llamar, simplemente se quedó pegado a la ventana hasta que ella detectara su presencia. No tardó en ocurrir y cuando lo hizo Julia dio un respingo y mirando la ventana con gesto asustado. Hwoarang esbozó con una sonrisa de oreja a oreja a la cual Julia respondió poniendo los ojos en blanco. La india se acercó para abrir la ventana.

- ¿A que ha venido eso? -dijo Julia mientras se frotaba los ojos-. Podías haber avisado al menos.

- Pensé en tirarte piedras a la ventana, pero no me va lo clásico.

- ¿Que estas haciendo? ¿Cómo es que no estas en la cama?

- El jet-lag y esto no me dejaban dormir -dijo Hwoarang levantando la mano vendada-, y había decidido ir a ver que tiene de especial este lugar para que Kazama se tire el día dando vueltas. He visto luz en tu ventana y he pensado que quizás un indígena local podría hacerme de guía.

- ¿En serio? -dijo Julia apoyando los codos en el marco de la ventana.

- No, la verdad es que esperaba pillarte saliendo de la ducha o en ropa interior. Pobre de mi.

- Prefería la primera excusa.

- Cuestión de opiniones.

- ¿Sueles espiar a tus vecinos?

- Hasta hoy no he tenido vecinas como tu. De haber sido así, probablemente. -dijo Hwoarang-. Bueno, ¿vienes a dar una vuelta?

- ¿No es un poco tarde?

- Tranquila, dudo que intente atracarte un coyote -dijo Hwoarang aupándose sobre la ventana después de que Julia se apartara.

El coreano echó un vistazo a la habitación, que era bastante pequeña y apenas había sitio para la cama pegada a la pared; un pequeño armario junto a la puerta de la habitación y un largo escritorio en forma de "L" que hacia esquina en la pared frente a la cama. Las paredes del interior de la cabaña carecían de pintura o papel que las tapase y dejaba a la vista los pulidos tablones de madera de los que estaban formadas, decoradas con multitud de repisas llenas de libros y objetos extraños. Era llamativo lo que podía hacer el "toque femenino" en una cabaña de madera. Lo acogedora que podía mostrarse simplemente con cortinas, una alfombra en el suelo, alguna planta y un montón de bisutería india que colgaba del techo. A pesar de que todo aquel aspecto rustico, de tanta madera, se respiraba un ambiente agradable allí dentro. Olía bien. En aquella inspección, la mirada del coreano terminó posándose en el escritorio.

- ¡¿Estas haciendo tarea?!

- No, simplemente leía algo -dijo Julia cerrando el libro que descansaba encima de la mesa y guardándolo rápidamente.

- "Historia de la humanidad" -dijo Hwoarang llegando a leer el titulo del libro antes de que Julia lo ocultara-. Si, yo también lo usaba para dormirme.

- Llegan los exámenes, no puedo flojear -dijo la india sentándose de nuevo en la silla.

- Venga, mañana no tienes que ir a clase.

- Pero eso no me libra de los exámenes.

- ¿Que mas te da una vueltecita? -dijo Hwoarang sacando la cabeza al exterior-. Con la buena noche que hace.

- Tengo que acostarme pronto.

- Por muy pronto que te levantes "el abuelo" va a seguir buscando a Kazama -dijo Hwoarang como si tal cosa. Julia no respondió-. Eres un poco rara. Quieres ir a clase, te encierras para estudiar, quieres acostarte pronto... cualquiera diría que intentas evitarnos.

- No es eso.

- ¿Entonces qué es? -dijo Hwoarang-. Hoy no hay luna llena, no voy a morderte.

- ¿Y si fuera yo el licántropo? -respondió Julia sonriente.

- Licántropo o lo que tu quieras -dijo Hwoarang con una sonrisa picara a la que Julia respondió otra vez poniendo los ojos en blanco-. Aunque llevo un poco mal eso del exceso de vello.

Hwoarang se quedó mirando a Julia, esperando una respuesta que la india no sabia dar. Así pues fue el coreano el que dio el siguiente paso.

- Bueno, si no quieres salir me quedaré aquí contigo -dijo Hwoarang volviendo a meter la cabeza y una pierna por la ventana. En aquel proceso golpeó la ventana sin querer.

- ¿Que haces? -dijo Julia casi asustada, susurrando-. ¡Vas a despertar a todo el mundo!

- Cosa que no pasaría de no estar aquí encerrados...

En aquel momento sonaron un par de golpes en la puerta de la habitación de Julia. Acto seguido se oyó la voz de Michelle desde el otro lado de la puerta. Julia empujó a Hwoarang fuera de la habitación y este dio cayó al suelo con estrepito y aguantando una carcajada.

- ¿Julia? ¿Ocurre algo? ¿Con quién hablas?

- No, nada.

- Me había parecido oír algo.

- Tengo la ventana abierta.

- Ah, vale -dijo Michelle. Parecía que ya se alejaba-. Buenas noches, cariño.

- Buenas noches, mamá.

- Buenas noches, Hwoarang -añadió Michelle al cabo de un segundo. Julia se llevó las manos a la cabeza mientras Hwoarang contenía la risa.

- Buenas noches, mamá -dijo Hwoarang asomando la cabeza por la ventana.

- No os acostéis tarde -esta vez si, Michelle desapareció de detrás de la puerta.

Hwoarang se quedó sonriendo divertido frente al color rojo que Julia empezaba a adquirir.

- Mañana te tocará desmentir cosas -dijo Hwoarang-. Ya que el mal esta hecho...

Julia suspiró.

- Bueno, sé pillar una indirecta cuando me la lanzan -dijo Hwoarang alejándose de la ventana. Sin embargo Julia se asomó antes de que se marchara-. Ya que no quieres guiarme me perderé yo solo. ¿Dónde va ese sendero?

Hwoarang señaló a un camino que descendía por detrás de la laguna.

- Desciende al cañón.

- Pues debe de ser bonito.

- A estas horas y sin conocerlo te podría pasar algo -dijo Julia dándose la vuelta.

- Pero como no quieres guiarme... -dijo Hwoarang mientras se alejaba-. He leído que por la noche refresca mucho... ¿iré bien así vestido?

- Iba a acompañarte sin chantaje emocional, de todos modos -dijo la india mientras se reunía con el coreano. Había apagado la luz de su habitación y llevaba las zapatillas en la mano-. ¿Por donde empezamos?

Aquel poblado indio no era demasiado grande. La pareja no tardó mas de unos minutos en recorrer lo mas interesante de aquel conjunto de cabañas a la orilla del remanso del rio Heather. Pasearon por las dos únicas calles que lo formaban, pasando por el almacén, la tienda, unos establos, la depuradora de agua, la casa de Windsound...

Terminados los pocos lugares de interés, Julia guió a Hwoarang cruzando el remanso por un puente de madera, hasta la pared de un acantilado a unos doscientos metros del poblado. Desde allí apenas se podía ver el poblado, oculto entre un escaso puñado de arboles de aspecto poco sano que formaban un pequeño bosquecillo. En la pared de la roca había una serie de ventanales y alguna que otra puerta, como casas escarbadas en la pared.

- Y esto se usaba antiguamente para almacenar la comida y las provisiones para el invierno.

- ¿Y ahora de que sirven? -dijo Hwoarang metiendo la cabeza por la puerta de uno de los recintos.

- Ya no se usan. Las neveras, ya sabes -dijo Julia sentándose en una de las ventanas y mirando al poblado-. Pero tiene una bonita vista.

- Para ser un poblado indio estáis muy modernizados, ¿no? -dijo Hwoarang asomándose por una ventana contigua a la de Julia-. Bueno, no se. No he conocido un poblado indio hasta ahora. Quizás resulta que los Navajo tienen un "Silicon Valley"...

- En parte tienes razón -dijo Julia-. Es raro que se acepte tanto la tecnología y todo este tipo de cosas, pero en ese aspecto somos un pueblo un poco sumiso, lo que hace que no nos llevemos demasiado bien con los Navajo.

- ¿Y eso?

- Desde siempre nos hemos dejado llevar, nos hemos adaptado al cambio. No nos gusta llamar la atención, supongo. Al menos eso dice mi abuelo.

- Curioso -dijo Hwoarang echando un vistazo al interior de los almacenes-. No tenéis nombre y no llamáis la atención. Cualquiera diría que os escondéis de algo.

- Parece ser que en un comienzo de la historia huíamos de algo. No se de que. Posiblemente algún pueblo enemigo. Mi abuelo y mi madre son los que mas saben de todo esto.

- ¿No estabas estudiando historia? -dijo Hwoarang.

- Somos un pueblo enano, Hwoarang -dijo Julia-. No aparecemos en los libros de historia.

- ¿Y que es lo que estas estudiando?

- Arqueología -Hwoarang sonrió-. ¿Que ocurre?

- No, nada -dijo el coreano-. Simplemente que tengo el estereotipo de arqueólogo con sombrero y látigo.

- Me gusta Indy -añadió sonriente la india.

- A mi su chupa.

- ¿Y tu que haces? ¿A que te dedicas?

- ¿Estudias o trabajas? -dijo Hwoarang sonriente-. ¿Estas intentando ligar conmigo?

- ¿No eras tu el que buscaba conversación?

- Trabajo -dijo Hwoarang secamente. Julia tuvo la ligera impresión de que no se enorgullecía de ello, así pues no añadió mas al respecto. Sin saber que mas añadir, Julia volvió a hablar.

- Bueno, siento no poder enseñarte el parque de atracciones, la bolera, la discoteca y el museo... pero no tenemos. Así que esto es lo mas interesante que hay en este pueblo.

- Vaya. Me subes aquí, a este lugar apartado, oscuro y solitario -dijo Hwoarang-. ¿No irá con segundas?

- ¿A que te refieres? -dijo Julia sin terminar de comprender a lo que se refería Hwoarang. El coreano puso los ojos en blanco.

- No te hagas la inocente. Seguro que no soy el primer chico que traes aquí, ¿verdad?

- ¿Que...? ¡¿QUE?! -dijo Julia asustada por las implicaciones. Hwoarang simplemente sonrió de manera burlona-. ¡¿Pero que te has creído?!

- ¡Era broma, hermanita! -dijo Hwoarang sentándose de un salto en la ventana.

- ¡No lo era! -dijo Julia-. ¡Estabas hablando en serio!

- Puede, ¿Querrías que así fuera? -dijo el coreano encendiéndose otro cigarrillo. Antes de que su acompañante añadiera cualquier cosa Hwoarang volvió a hablar-. En cualquier caso, lo comprendo. Una chica como tu seguro que ya esta ocupada.

- ¿Ocupada? -Hwoarang se quedó mirando a Julia. Julia se quedó mirando al coreano un momento hasta que por fin comprendió-. Ah, eso. No.

- Venga, no tienes por que avergonzarte. Estamos en familia, ¿recuerdas?

- No, en serio.

- No me lo creo, ¿por que?

- ¿Como que por que? -dijo Julia-. Y yo que se. De saberlo no seria así, supongo. ¿Y tu?

- Tranquila -dijo Hwoarang sonriente-. Tienes vía libre.

- Bueno es saberlo -murmuró Julia poniendo los ojos en blanco.

- ¿Tienes algún defecto del que no me haya percatado? -dijo Hwoarang bromeando-. Un tercer brazo o algo parecido...

- Soy india -dijo Julia-. Aquí eso cuenta. Y haber estudiado en un instituto publico fuera de la reserva no ayudó demasiado a hacer amigos cerca.

- Me gusta Estados Unidos. Con gilipollas como tus vecinos se acabó la competencia.

- Tampoco es todo culpa suya -dijo Julia sin demasiada convicción-. Estoy demasiado lejos de todo...

Ambos se quedaron en silencio, contemplando como las copas de los arboles cercanos se mecían bajo el viento. Aquellas ráfagas, al pasar por los orificios en la roca de aquel almacén, producían sonidos casi fantasmagóricos, pero de algún modo relajantes.

- ¿Pero sabes que? -dijo Julia por encima de aquellos aullidos del viento-. Que me importa un comino.

- Tampoco te pierdes mucho -dijo Hwoarang con desdén.

- ¿Por que lo dices?

- Los "amigos" -dijo Hwoarang-. Son un dolor de cabeza.

Antes de que Julia pudiese siquiera asimilar la afirmación del coreano este se levantó de donde estaba sentado y dio unos pasos al frente.

- ¿Que carajos es eso? -dijo señalando a la copa de uno de los arboles cercanos. A Julia le costó identificar lo que señalaba a causa de la poca luz. Solo necesito distinguir aquellos dos enormes ojos brillantes para poder hallar la respuesta.

- Es una lechuza -dijo en un tono algo sombrío.

- Lleva ahí desde que hemos llegado pero no sabia lo que era... -dijo el coreano acercándose un poco. La lechuza ni se inmutó, simplemente se quedó observándolo-. Es bonita.

- Si vive por aquí estará acostumbrada a nosotros -dijo la chica. Hwoarang se dio la vuelta, aquel gesto sombrío de Julia le llamó la atención.

- ¿Que ocurre?

- Mi abuelo dice que no son un buen augurio -dijo la joven.

- Entonces pobre del que viva cerca de una lechuza, ¿no?

- Si, es cierto -dijo Julia sonriendo ligeramente.

Antes de que el coreano añadiese algo la lechuza soltó una especie de aullido aterrador, asustada. Al igual que la mayoría de aves que habitasen en aquella arboleda salió volando espantada en un sonoro aleteo. Julia y Hwoarang saltaron en el sitio, sorprendidos por aquella reacción.

- Vaya... -dijo Hwoarang que se había puesto en guardia-. ¿Que coño ha pasado?

- Suelo causar ese efecto -dijo una sombra apareciendo de las sombras. La pareja volvió a sobresaltarse con aquella sombra y ambos se pusieron en guardia esta vez-. Sumimasen.

- Joder, Kazama, cabrón, que susto -dijo Hwoarang antes de que aquella sombra se revelase como el japonés. Caminaba con gesto sombrío y ahora avergonzado.

- Que susto...

- Sumimasen -volvió a decir en tono de disculpa el japonés-. Venia de andar por la ruta que desciende al cañón... no fue mi intención asustaros...

- La próxima vez avisa, imbécil -dijo el coreano-. Casi te he tomado por un Tekkenshu.

- Lo siento -dijo otra vez Jin al cabo de un segundo.

- Y deja de darte esos putos paseos nocturnos o te convertirás en un jodido blanco fácil -el coreano parecía enfadado.

- Hwoarang... -dijo Julia.

- Nada de Hwoarang. Estoy en lo cierto -dijo Hwoarang mientras tiraba lo que quedaba de su cigarrillo al suelo y se marchaba balbuceando por la arboleda-. ¿Nosotros jugándonos el culo por proteger su pellejo y este se dedica a ponerse a huevo? No es lógico, no señor.

Toda aquellos comentarios habían sido perfectamente audibles en toda la zona. Jin miró a Julia con evidente gesto de pesar y volvió a disculparse con un gesto. Julia se encogió de hombros para quitarle importancia.