Round 18: Conciencia
En la casa se oían ya ruidos de platos que venían de la cocina. Probablemente Forest y su madre se turnaban para hacer el desayuno, el chico estaría encantando de no tener que oír a Paul protestar por verle en la cocina, ya que el enorme hombretón aún no se había levantado. Julia pasó como una flecha por el salón y salió de la cabaña en dirección a la casa de Wulong. Se había quedado un poco preocupada por Jin después de la conversación; la historia del guerrero y la lanza era buena, pero no sabía si era lo suficiente.
Justo cuando iba a golpear la puerta con los nudillos, esta se abrió y la india se encontró de bruces con Hwoarang. Con un Hwoarang que vestía el dobok de combate... o lo que debía ser un dobok. Jamás había visto un uniforme de Tae Kwon Do similar. El coreano se apartó el pelo de la cara y miró hacia abajo.
- Ah, Julia -dijo simplemente.
- Buenos días, Hwoarang -saludó ella-. ¿Vas a entrenar o algo? -le preguntó.
El joven soltó una carcajada por toda respuesta, aunque no había nada de humor en ella, esquivó a la muchacha y siguió andando por el porche, sin apenas mirarla. Levantó la cabeza al cielo, que estaba encapotado, amenazando tormenta.
- Perfecto, no habrá sol -juzgó el pelirrojo, mientras comenzaba a bajar los escalones-. Un día perfecto -murmuró otra vez- para una pelea.
Julia se dio media vuelta como un resorte.
- ¿Qué? -preguntó, pero el coreano no la hizo caso-. ¡Hwoarang! ¿Qué has dicho? -le preguntó. Esta vez sí, Hwoarang se dio media vuelta y la miró-. Vas a... ¿vas a pelear con Jin? -No tuvo respuesta, pero por la expresión del otro no la necesitó-. Pero... ¿por qué? Si todo parecía ir bien y...
- ¿Qué te hace pensar que no sigue bien? -contestó Hwoarang.
- ¿Que vais a pelearos? -Julia sintió un fuerte impulso de golpear al pelirrojo cuando este levantó una ceja-. ¡No puedes hacerle esto!
- ¿Por qué? ¿Porque ayer fue su cumpleaños?
- No... Bueno, no sólo por eso. ¡Le vas a obligar a pelear contigo sabiendo lo mal que lo está pasando! Su abuelo le quiere muerto, Hwoarang -le dijo Julia.
- ¿Y?
- Jin te considera su amigo.
- Ese es su problema, no el mío -contestó el coreano con tono frío. Por un momento, Julia solo pudo mirarle anonadada.
- ¿Qué es lo que te ha hecho él? ¿Acaso es por lo de tu 'impecable' carrera? -preguntó Julia-. ¿O es por lo de Baek?
La india apreció que Hwoarang apretaba los puños y tuvo la impresión de haber traspasado una línea que no debería haber cruzado.
- Hago lo que me da la gana, ¿entiendes? -soltó el coreano, con la ira contenida a duras penas-. Ni tú ni nadie me va a decir cómo, cuándo, por qué o dónde tengo que hacer las cosas. Yo no hice este viaje por el jodido abuelo del niño, ¿estamos? Lo hice para pelear con Kazama, tenlo muy claro.
- Me decepcionas -dijo Julia, después de un rato donde luchó por encontrar su voz-. Parece ser que es cierto que no tienes corazón.
- Lo perdí hace años.
- Hwoarang... -Julia se resistió a abandonar. Había hablado con él en el acantilado, y sabía que el coreano podía ser diferente. No sabía lo que le pasaba, pero si sabía que podía hacerlo reaccionar-. ¿No te das cuenta de que Jin no está bien? ¿Cómo te encontrarías si tu única familia te persiguiese para matarte?
- Eso es algo que jamás sabré.
Hwoarang hizo intención de darse media vuelta.
- ¡Está sufriendo!
- Conmovedor.
Julia inspiró profundamente y cerró los ojos.
- Parece que sí tienes corazón... Negro y frío, pero lo tienes -dijo la muchacha, sin atreverse a mirar por temor a ver que no reaccionaba-. No debería meterme donde no me llaman, Hwoarang, pero no deberías culpar a Jin por lo que le sucedió a tu maestro...
- Tienes razón, Julia -dijo Hwoarang. Pero por el tono que empleó, Julia supo que lo que venía a continuación no iba a ser nada bueno-. No deberías meterte donde no te llaman. Y menos sin saber de lo que...
- Vale, no he dicho nada -dijo la muchacha, que decidió que lo mejor que podía hacer era volver a su casa-. Solo quería decirte que Jin lo está pasando mal, está muy confundido y muy asustado, y lo que necesita ahora es un amigo, no un contrincante. Pero tú eso no puedes entenderlo... Porque tú, oh, magnífico, nunca has estado solo, y nunca has estado asustado, ¿verdad? -acabó, mirándole a los ojos.
La joven se dio media vuelta y se alejó en dirección a su cabaña, con paso decidido. Cuando pasó al lado de Hwoarang, no lo miró.
Paul mantenía los ojos abiertos a duras penas. Cualquiera diría que era un luchador consumado de judo, viendo que no era capaz de despertarse a la primera. Y, si ahora se mantenía despierto, era porque le estaba llegando el olor del café desde la cocina. Pero no tenía ni fuerzas para regañar a su ahijado por llevar otra vez el delantal puesto. Necesitaba encontrar un canal en la tele que terminara de despertarle... Uno de esos canales de gimnasia matutina, a ser posible presentado por una mujer guapa en mallas...
Y lo que se encontró al cambiar de canal fue algo muy diferente.
- "...y tengo el honor de anunciar..." -decía Heihachi Mishima.
Sin duda, era el viejo. Paul se despertó del todo e inmediatamente.
- ¡Venid a ver esto! -gritó a pleno pulmón.
En la cocina se oyeron pasos apresurados. Un momento después, tanto Michelle como Forest aparecieron en el comedor, y se encontraron a Paul en pijama (si la ropa interior se consideraba como tal) señalando el televisor, donde aparecía la cara de Heihachi Mishima, pulcramente vestido y hablando en un inglés perfecto. Estaba rodeado por una nube de micrófonos y cámaras de muchos países. Parecía estar dando una rueda de prensa.
- "... en México la tercera edición del Torneo del Puño de Hierro, también conocida como..."
- Tekken -se oyó la voz de Wulong. Cuando giraron la cabeza, se encontraron con que el policía, con gesto serio, acababa de cruzar el umbral de la puerta.
Parecía que hasta el cielo estaba ansioso porque comenzara el combate. Los nubarrones se acercaban por el sur hasta reunirse todos en un enorme manto que se iba tornando oscuro a medida que pasaba el tiempo. Incluso se estaba levantando algo de viento, que mecía las copas de los escasos arboles que rodeaban aquel lugar. Se encontraba cerca de una especie de antiquísimo almacén de cosecha, escarbado en la pared de la roca del acantilado, lugar que según el coreano sería perfecto para el encuentro.
Al menos alguien iba a disfrutar de aquel combate, pensó Jin, mientras intentaba acertar lanzando piedras a una que se mantenía precariamente encima de una de las ventanas del supuesto almacén. Y lo iba a disfrutar de verdad, a juzgar lo mucho que estaba tardando. ¿Se estaba haciendo el interesante o qué? ¿No podía venir ya para acabar cuanto antes?
- Kazama.
Ah, ahí estaba. Jin se levantó de un tocón del árbol que le servía como asiento. Llevaba puesto el pantalón de combate, los guantes y los protectores de los pies. Se dio cuenta sorprendido de que Hwoarang solo llevaba el dobok, los guantes y los protectores colgaban del cinturón. ¿Eso significaba... ¿Significaba que la pelea iba a ir en serio?
Pero no le dio tiempo a preguntarlo, porque la siguiente acción del coreano le cogió totalmente de imprevisto. El pelirrojo se acercó a su lado y, sin decir nada, se sentó en el tocón. Jin se quedó quieto, ahí de pie. ¿Qué significaba todo aquello?
- Me sigue doliendo la mano -dijo Hwoarang después de un momento. Jin abrió los ojos sorprendido.
Eso quería decir que el combate se anulaba. Y, sin embargo...
Sin embargo, el japonés observó cómo Hwoarang cogía una piedra con la mano herida y la tiraba hacia el mismo objetivo que había estado usando él, impactando limpiamente. Había tirado con perfecto control. Aquella mano no le dolía. En absoluto.
- Hwoarang... -El pelirrojo levantó la vista un momento-. Domo.
- No me jodas, Kazama -respondió el otro-. Es por el tiempo.
- ¿El tiempo?
- Eso o el regalo de cumpleaños de mi mano. Tú elijes -dijo el coreano sin mirarle.
- El tiempo -dijo Jin, sentándose también. Hwoarang asintió mientras tiraba otra piedra-. ¿Qué... ¿Por qué...
- Mi conciencia -dijo el pelirrojo-. Esa que mide un metro sesenta.
- ¿Hablaste con Chang-san? -Hwoarang asintió y Jin sintió un vacío en el estómago-. ¿Qué... ¿Qué te contó?
¿Qué le había contado Julia? ¿Lo de la piedra? ¿Lo del tatuaje? ¿Cómo iba a explicarlo si ni el mismo conocía la respuesta?
- Que eres una nenaza -dijo el coreano. Jin casi suspiró aliviado-. Eso no es un cumplido, Kazama.
- Ya.
- Joder, aburres de tanto que hablas.
- ¿Y qué quieres que te diga?
- Para empezar, ¿qué coño te pasa? Eres raro, Kazama, pero últimamente...
- Mi abuelo me quiere muerto.
- Y yo, pero yo al menos tengo una razón y la sabes -dijo Hwoarang-. ¿Cuál es la de tu abuelo?
- ¿Me quieres muerto?
- ¿Eres siempre así de gilipollas?
- Sólo los días de diario.
- Ingenioso -dijo Hwoarang-. Como se nota que la frase es mía. ¿Por qué quiere verte muerto tu abuelo? No dejas de repetirlo, pero no has contado la causa.
Jin no dijo nada. ¿Como podía explicárselo? ¿Cómo diablos iba Hwoarang, un chico que se había criado en una ciudad, que había crecido en la realidad de la vida normal, a creerse una historia donde aparecía un demonio? No, no un demonio. Toshin. El demonio que mató a su madre.
- Me imaginaba que dirías eso -dijo Hwoarang, tras un suspiro y un nuevo lanzamiento a un nuevo objetivo-. Mira Kazama, el silencio no soluciona nada. Hasta que no abras la boca y sueltes qué coño pasa no podremos darle una solución. Y si no podemos darle solución, no podremos acabar nuestro combate en condiciones. Y si no acabamos nuestro combate en condiciones, no te voy a dejar jamás en paz. -Jin no pudo evitar sonreír un poco-. Podemos quedarnos aquí todo el día sentados, tirando piedras, o podemos darle de patadas a tu jodido abuelo hasta que se le quiten las ganas de matar a nadie, tú eliges.
- Mi abuelo quiere sacrificarme a un demonio.
Julia se acomodó mejor en la barandilla, todavía malhumorada. La conversación con Hwoarang le había quitado el apetito. Esos dos imbéciles... Ese imbécil iba a luchar contra Jin, a pesar de saber que el japonés no estaba en condiciones. O que quizás estaba en mejores condiciones que él, a juzgar por lo que había visto la noche anterior. Si Jin no controlaba su fuerza, entonces...
Se lo merecía, por idiota.
Hwoarang se lo tenía merecido, por cerebro de mosquito y por tener la sensibilidad de una pared de ladrillos. Si le arrancaban la cabeza, bueno, era su problema.
Sin embargo, ella sabía que...
- Que es imbécil, eso es lo que sé. Es imbécil. El imbécil más grande de la galaxia...
- ¿Has dicho algo, Julia? -dijo Windsound levantando la mirada de su trabajo. Tenia un bote de hierbas medicinales en la mano y estaba descartando las que se habían secado.
- No. Nada.
Julia se encontraba sentada en el que parecía ser su lugar favorito cuando estaba preocupada, enfadada o confundida, encima de la barandilla en la entrada de la cabaña de Windsound. Después de hablar (si es que se podría decir así) con Hwoarang, no se le había ocurrido mejor lugar para tranquilizarse que el hogar de su abuelo. Windsound había insistido en que le contara el por qué de aquella visita tan silenciosa, pero Julia simplemente no había sabido responderle.
- ¿Por qué estas enfadada?
- No estoy enfadada -dijo Julia.
- ¿Y entonces por qué parece que lo estás? -casi rió el anciano-. Si realmente no te pasa nada, es absurdo enfadarse. Pero si resulta que estás enfadada, no arreglarás nada quedándote sentada ahí, gruñendo y sin hablar.
En parte tenía razón. Solo en parte. Justo cuando Julia iba a abrir la boca de nuevo, una voz desde su casa le llamó la atención.
- ¡Julia-san! -era la voz de Xiaoyu.
- Luego te veo -dijo Julia mientras descendía de la barandilla y echaba a correr hacia su cabaña.
Cuando llegó a su casa, se encontró con la siempre sonriente cara de Ling Xiaoyu.
- Buenos días, Julia-san -saludó la chica.
- Buenos días.
- ¿No vas a desayunar? -preguntó Xiaoyu. Julia negó con la cabeza mientras entraba en la cabaña seguida por Xiaoyu. No tenía demasiadas ganas de nada y pensó que, quizás, esconder la cabeza entre las tapas de un libro le ayudaría a tranquilizarse un poco-. Otra más...
- ¿Otra más?
- Sí. Kazama-kun y Hwoarang tampoco han venido... -dijo Ling-. Y es una pena. ¿Sabes donde puede estar Kazama-kun?
- ¿Por qué?
- Bueno... es para hacerle una foto -dijo Xiaoyu, enseñando una cámara que llevaba-. Es decir, para hacernos una foto. Todos. Pensé que sería un bonito recuerdo... y un regalo de cumpleaños, aunque sea tarde... Se le veía tan decaído esta mañana... ¿Alguna idea de donde puede estar?
- Supongo que con Hwoarang -murmuró de mala gana Julia.
- ¿Con Hwoarang? -preguntó Xiaoyu, un poco sorprendida.
Julia se mordió el labio, quizás había hablado demasiado. ¿Cómo iba a decirle a Xiaoyu que Jin estaba peleando con el coreano sin que la muchacha corriese en su ayuda?
- ¿Y dónde está Hwoarang? -preguntó Xiaoyu-. ¿Lo has visto?
- Eh... Sí...
- ¿Dónde puedo encontrarles?
Julia suspiró.
- Te diré la verdad, Xiaoyu... Están peleando.
- ¡¿QUÉ?! -gritó Xiaoyu, sobresaltada.
- ¡Tranquila, Xiaoyu! -dijo Julia, agarrando a la muchacha antes de que esta echase a correr-. Escucha, quédate. Es lo mejor. Cuando acaben el combate ya no habrá más tonterías entre ellos... -se sorprendió diciendo.
- Pero, Julia-san...
- Es una competición. Son luchadores. No es un duelo.
- Bueno -dijo Xiaoyu sin mucha convicción. Tan poca como la de Julia-. Supongo que tienes razón.
- Claro que sí -mintió-. Será como quitarse una muela, les estará doliendo durante una semana pero llegará un día en el que todo...
Un estruendo dejó a la india sin palabras. La ventana de la habitación de Julia comenzó a crepitar y vibrar en el marco, mientras que el viento en el exterior formaba remolinos de polvo.
- ¿Qué está ocurriendo? -preguntó Xiaoyu, acercándose a Julia visiblemente asustada.
- No lo sé... -dijo Julia, levantándose de la cama.
Salió de su habitación rápidamente y se reunió con los demás en el comedor. El resto del grupo estaba tan desconcertado como ella. Wulong miraba por la ventana intentando descubrir lo que estaba pasando, mientras Paul se afanaba en ponerse unos pantalones rápidamente. Vio a Forest y a su madre llegar desde la cocina.
- ¿Mamá? -preguntó Julia.
- Tranquila, cariño -dijo Michelle, mientras se acercaba a la ventana. Pero la preocupación en la mirada no tranquilizó a la muchacha, y tener a Xiaoyu casi pegada tampoco.
- ¿Qué está pasando? -preguntó Julia. Forest, que se había acercado a las dos chicas, se encogió de hombros.
- ¡Atrás! -gritó en ese momento Wulong, dándose media vuelta.
Hwoarang se le quedó mirando. Su cara no tenía precio, aunque solo fue un momento.
- Vale, esa ha sido original. Prueba con otra -dijo el coreano.
- Es la verdad, Hwoarang -dijo Jin, mirando hacia el cañón-. Mi abuelo quiere sacrificarme al demonio que mató a mi madre.
Sabía que Hwoarang le estaba mirando. Y sabía que le miraba con incredulidad.
- ¿Pero qué coño estás diciendo, Kazama?
- Tú has pedido la verdad, yo solo te la estoy contando -dijo Jin-. Antes de morir, mi madre se enfrentó a un demonio. Su nombre es Toshin, y el la mató. Yo lo vi, Hwoarang. Vi a Toshin.
- Pero eso es...
- ¿Imposible? -se adelantó Jin, con tono amargo-. Ojalá, porque mi madre estaría viva. Toshin no solo fue capaz de vencerla a ella, y te aseguro que era una gran luchadora. También arrasó el bosque donde vivíamos... La destrozó a ella. Y a todo lo que la rodeaba -dijo el joven-. Aún me pregunto... como pude sobrevivir yo.
Por un momento se quedaron en silencio, roto únicamente por el rumor que parecía acompañar a la inminente tormenta.
- Según me contó mi abuelo, Toshin busca las almas de los luchadores. Son su fuerza y su energía.
- Las almas... -murmuró Hwoarang, pero Jin apenas le oyó.
- Mi abuelo me entrenó para enfrentarme a él; y yo lo acepté con gusto. Nada me gustaría más que vencer a Toshin -dijo Jin-. Pero la noche antes de encontrarte en el taller, me enteré que los planes de mi abuelo eran presentarme como cebo. Yo me enfrentaría al demonio, le plantaría cara, le cansaría... Pero no podría vencerle porque es demasiado fuerte. En el momento en que Toshin me derrotase, cuando fuese a absorber mi alma...
- Tu abuelo maravilloso entraría en escena y terminaría el trabajo -acabó Hwoarang-. Y salve, Heihachi, señor de todo.
- Eso es.
- Un buen plan.
- No para mí.
- Ya. Al menos no fuiste tan gilipollas como para quedarte allí. Ah, no. Olvida eso. Has estado a punto de entregarte un par de veces.
- Mi presencia os pone...
- En peligro, ya. Corta el rollo. Tenemos a Paul Phoenix, ¿qué nos puede pasar? -dijo Hwoarang. Jin sonrió al recordar la frase.
- Que nos rapten y nos lleven al barrio caliente.
- Eso espero. -Hwoarang lanzó otra piedra. Tardó en hablar, pero lo hizo-. Kazama... ¿has dicho que destrozó el bosque?
- Lo arrasó.
- Si hubiera sido una casa... ¿Qué... ¿Qué hubiera pasado?
- La habría destrozado igual.
- Ya veo -murmuró el coreano-. Busca almas de luchadores, ¿eh? -Jin asintió, mirando al pelirrojo.
- ¿En qué estás pensando?
Lo que quiera que fuese a decir el joven pelirrojo se perdió en medio del estruendo. Lo que habían pensado que era el preludio de la tormenta se concretó en una sombra a lo lejos, sobre el poblado...
- ¿Qué es eso? -preguntó Hwoarang, levantándose.
- Parece... ¿un helicóptero? -dijo Jin.
Lo parecía, desde luego. Un par de helicópteros... Y lo que oyeron a continuación pudieron identificarlo con total claridad.
- ¡Disparos! -gritó Hwoarang, echando a correr hacia el poblado. Jin no tardó en seguirle.
