Round 19: Si Mahoma no va a la montaña...

El cristal de la ventana que había servido a Wulong como observatorio quedó hecho pedazos cuando la granada lo atravesó. Mientras la lluvia de cristales caía sobre el cuerpo del policía, el objeto continuó su trayectoria hacia el centro del salón.

- ¡A cubierto! -les gritó Wulong a sus compañeros.

Casi todos le hicieron caso. Todos menos Forest. El joven Law gritó con su estilo inconfundible, se subió encima de la mesa y, tomando impulso se lanzó contra la granada, a la que pegó una patada en el aire. El proyectil salió despedido por donde había venido, atravesando otra vez la ventana, mientras Forest, gracias a su impulso, caía encima de Paul que se apresuró a recogerle.

- Tengo en brazos a un hombre con mandil -dijo el hombretón, ataviado únicamente con sus pantalones de cuero y sujetando el delgado cuerpo de su ahijado en sus brazos-. No os hagáis ideas equivocadas.

- ¡No es momento para bromas! -gritó Wulong, que señaló inmediatamente la entrada de la cabaña-. ¡Bloquea la puerta!

Paul soltó a Forest, que cayó al suelo con estrépito, y se dio prisa en obedecer las órdenes del policía, quien miró una vez más por la ventana. Comprobó que la granada que había sido dirigida hacia ellos explotaba en el exterior, levantando una nube de humo en medio de un nutrido grupo de Tekkenshu que se aproximaba a la casa. Ataviados con sus máscaras, la granada de humo no les supondría ninguna molestia, y así fue, pues el grupo se dirigió a la entrada principal de la cabaña. Por eso el policía había puesto allí a Paul. Entonces fue cuando recordó que había una segunda entrada, una puerta detrás, en la cocina, y hacia allí fue donde Wulong echó a correr de inmediato.

- ¿Qué es lo que pasa fuera? -preguntó Julia.

- Tekkenshu, varias docenas -dijo Wulong cuando se cruzó con la joven en su camino hacia la cocina-. Voy a la puerta de atrás.

Desde su posición cerca de la ventana Wulong había llegado a ver cómo los Tekkenshu bajaban de un helicóptero, todos bien armados y equipados. Por suerte, también había podido ver cómo les lanzaban la granada. Si no hubiese sido por la rapidez de reflejos de Forest probablemente ahora lo estarían pasando realmente mal.

- ¿Qué ha sido eso? -preguntó Michelle, levantando la cabeza cuando escuchó varios sonidos secos-. ¿Disparos? -preguntó. Nadie contestó, pero la india no necesitó tampoco una respuesta. Habían sido disparos y habían sonado en el exterior, en el poblado-. ¡Están disparando ahí fuera! -gritó Michelle.

- ¡Kazama-kun está fuera! -gritó Xiaoyu, agarrándose con fuerza al brazo de Julia.

- Y Hwoarang... y Eddy -dijo la otra muchacha, mirando a sus compañeros.

- La gente del pueblo está en peligro -dijo Forest.

- ¡Atención! ¡Aquí vienen! -dijo Paul en el mismo instante en el que la puerta cedía. El hombretón la detuvo con una mano y, sin pensarlo dos veces, usó la otra mano libre para atravesar la madera de un puñetazo. El enorme motorista sonrió al oír el gemido del tekkenshu justo en el momento en el que sentía que su puño daba en el blanco.

La puerta destrozada cayó al suelo y Paul contempló como media docena de soldados rodeaban la entrada, observando atónitos como uno de sus compañeros había caído al suelo de un solo golpe... propinado a través de una hoja de madera.

- ¡Venid a por más, hijos de puta! -dijo Paul de manera amenazante-. ¡Aquí hay para todos!

- ¡Fuego! -respondió uno de los soldados echando mano a su arma.

Paul abrió los ojos desmesuradamente y, acto seguido, saltó de cabeza en medio del salón, donde el resto ya se preparaba para lo peor. No habían empezado a disparar cuando una potente voz se alzó sobre el rugido del helicóptero.

- ¡Quietos, idiotas! Necesitamos al chico vivo, su cadáver no nos sirve de nada. ¡Sacadlos de ahí! ¡Ya!


Wulong dio un respingo al oír esa voz, pues le resultaba familiar, aunque no conseguía identificar a quién pertenecía o dónde la había escuchado antes. De todas formas, no había mucho tiempo para ponerse a pensar, era momento de actuar. Podía escuchar a un grupo de Tekkenshu caminando por el exterior de la casa.

Necesitaba algo pesado.

Sin pensárselo dos veces volcó el refrigerador delante de la puerta de atrás, tras lo cual empujó la mesa de la cocina para aumentar el grosor de la barricada. Echó un vistazo a su alrededor para inspeccionar las ventajas del lugar.

La cocina no era muy grande, pero eso no era obstáculo. Él podía luchar en espacios reducidos, aunque no fuese su especialidad, y los instrumentos de cocina le podrían ser de mucha utilidad si se veía obligado a usarlos. Una sartén podía ser un arma letal en manos de alguien que supiera manejarla.

Wulong dio un respingo. Estaba tan nervioso preparando su estrategia que ni se percató de la sombra que se perfilaba por los cristales de la puerta de atrás. No podía ver de quien se trataba, pues las ventanas de la cocina tenían las cortinas echadas, pero estaba seguro de que se trataba de un soldado. Había golpeado la puerta de una patada y podía oír el entrechocar de su arma con su armadura.

Wulong echó mano a una sartén que colgaba de una pared. Era pesada, así que podría servir para golpear la armadura del Tekkenshu sin problemas. Sin embargo, el Tekkenshu no insistió más con la puerta y, en lugar de eso, desapareció del ángulo de visión del policía corriendo. Fuera se escuchaban ruidos, pero a causa del estruendo del motor del helicóptero Lei fue incapaz de concretar qué estaba ocurriendo.

Estuvo un rato parado y en alerta, esperando la reacción, hasta que un ruido a su derecha le alarmó.

- ¡La ventana! -dijo Wulong, maldiciéndose por no haber caído en aquel detalle con anterioridad. Se había percatado de ello demasiado tarde, alguien ya estaba atravesándola.

No se lo pensó dos veces.


- ¡Que vengan! -dijo Paul levantándose del suelo. Sus brazos sangraban a causa de varios cortes producidos por los trozos de cristal esparcidos por el suelo, pero parecía no importarle cuando el primer Tekkenshu atravesó el marco de la puerta con su arma preparada. El motorista le recibió con un poderosísimo puñetazo que le hizo salir disparado por donde había venido-. Si se atreven.

Los soldados comenzaron a probar otras vías de entrada al ver como el siguiente Tekkenshu que cruzó la puerta acababa con su cabeza estampada contra el suelo. El siguiente intento vino cuando una pareja de soldados trató de saltar a través de la ventana, pero se encontraron con Michelle, que demostró no ser siempre una buena anfitriona recibiendo a los soldados a base de patadas.

- Tenemos que salir de aquí -dijo la mujer en el mismo instante en que impedía de una patada que otro soldado atravesase la ventana-. ¡La puerta de la cocina! Con suerte no habrá helicópteros allí. -Todos se pusieron en camino inmediatamente-. Vamos Paul, corre.

- Id vosotros -dijo Paul mientras echaba una ojeada a los inseguros Tekkenshu-. No retrocedería siquiera ante Kazuya Mishima, ¿por qué ahora?

- ¡Paul Phoenix! ¡Deja de comportarte como un machito y ven con nosotros! -dijo Michelle gritando tan fuerte que desafinó. Paul sonrió.

- No, Michelle -dijo Paul-. De este modo puedo ganar tiempo para vosotros. Vosotros salís y yo cubro la retirada.

- ¡Me quedo contigo! -dijo Forest inmediatamente.

- ¡¿Y tienes que hacerte el duro ahora?! ¡Largo de aquí!

- No. Me quedo -dijo Forest con determinación. Paul sonrió otra vez.

- Los de la izquierda son tuyos -le dijo al muchacho y luego dijo en dirección al resto-. ¡Moved el culo, joder!

Con un último vistazo al motorista y su ahijado, el grupo abandonó el salón en busca de la cocina. Llegaron a tiempo para ver como Wulong forcejeaba con una figura tendida en el suelo y enredada en las cortinas de una de las ventanas. El policía parecía llevar la delantera, puesto que estaba dispuesto a descargar un fuerte golpe con la sartén en la cabeza del sujeto...

- ¡Wulong no! -gritó Michelle, al entrar por la puerta-. ¡Es Eddy!

- ¿Qué? -preguntó Wulong, deteniéndose en el acto. Parpadeó un par de veces.

Efectivamente, era Eduardo. El policía había visto una sombra que se deslizaba dentro de la cocina y no se había parado a pensar, se había echado encima suyo enseguida, ayudado por el hecho de que el intruso se había enredado a conciencia en las cortinas de la cocina de las Chang. Por suerte sus compañeros habían llegado a tiempo.

- Discúlpame, Eduardo -dijo Wulong.

- No hay tiempo para eso, detective -dijo Eddy, levantándose rápidamente en cuanto el policía se apartó. Estaba sudado, pues venía de hacer footing, pero además se le veía muy cansado. Tenía un par de heridas en las manos y un fuerte golpe en la cabeza-. Estamos rodeados, gente. Me he deshecho de tres o cuatro que había cerca -informó, señalándose la frente donde se veía el golpe-, pero no sé dónde podremos llegar sin que nos vean.

- Hay que salvar a la gente antes de que les hagan algo -dijo Michelle apresuradamente.

- No están haciendo nada -dijo Eddy, mientras se afanaba por quitar la mesa y el frigorífico que Wulong había usado de barricada-. Han cercado la calle y están amenazando a la gente para que se quede en sus casas. Por ahora disparan al aire. Parece que están interesados especialmente en estas dos cabañas... y la del Chieftain.

- ¡¿Qué?! -casi gritó Julia.


- ¿Ves algo? -le preguntó Hwoarang a Jin, que se asomaba por detrás de una roca.

A cien metros se encontraba la cabaña de Wulong. Habían conseguido llegar hasta ella después de una buena carrera desde el viejo almacén. Durante el trayecto no habían tenido ningún problema, pero sí habían tenido la oportunidad de observar la situación mientras cruzaban la arboleda. La calle central del poblado, la que separaba la cabaña de Michelle de la de Wulong, estaba tomada por soldados del imperio Mishima, dos helicópteros estaban posados en medio de la calle mientras que un tercero se encontraba detrás de la cabaña de Wulong, justo delante de ellos, custodiado por dos soldados y cubriendo el puente mas cercano para cruzar la laguna.

- Han entrado en la cabaña de Lei-san -dijo Jin. Podía ver por las ventanas como los soldados registraban el interior. Desde su posición no podía ver mas que una de las ventanas del salón de la cabaña de Michelle, así que no podía concretar que era lo que sucedía allí.

- Tenemos que hacer algo, Kazama -dijo Hwoarang asomándose de manera imprudente por la piedra. Parecía nervioso-. ¡No podemos quedarnos aquí parados!

- ¡Agáchate! -dijo Jin tirando de la parte superior de su dobok-. Tampoco somos útiles si somos capturados.

- ¿Y me lo dice alguien que estaba a punto de entregarse a su abuelo? -replicó Hwoarang, una vez escondido.

- Tú mismo fuiste quien me dijo que teníamos que pensar algo antes de hacerlo.

- Ese fue Lei, no te confundas -dijo Hwoarang-. Yo soy el partidario de actuar primero y pensar después, ¿recuerdas? ¡Y en este caso no tenemos siquiera tiempo!

- Esta bien, sígueme -dijo Jin levantándose y echando a correr hacia el helicóptero con cautela. Hwoarang le siguió con un gruñido.

Los dos soldados que custodiaban el aparato estaban a ambos lados de la puerta lateral que, por suerte, se encontraba justo al lado contrario por donde se acercaban los jóvenes. Jin pudo distinguir también la silueta del piloto mirando hacia el poblado.

No tuvieron problemas al cruzar el puente de madera gracias a que el blando calzado que les proporcionaba los protectores les ayudó a mantener el sigilo sobre la madera. Cuando ll


- ¿Ves algo? -le preguntó Hwoarang a Jin, que se asomaba por detrás de una roca.

A cien metros se encontraba la cabaña de Wulong. Habían conseguido llegar hasta ella después de una buena carrera desde el viejo almacén. Durante el trayecto no habían tenido ningún problema, pero sí habían tenido la oportunidad de observar la situación mientras cruzaban la arboleda. La calle central del poblado, la que separaba la cabaña de Michelle de la de Wulong, estaba tomada por soldados del imperio Mishima, dos helicópteros estaban posados en medio de la calle mientras que un tercero se encontraba detrás de la cabaña de Wulong, justo delante de ellos, custodiado por dos soldados y cubriendo el puente mas cercano para cruzar la laguna.

- Han entrado en la cabaña de Lei-san -dijo Jin. Podía ver por las ventanas como los soldados registraban el interior. Desde su posición no podía ver mas que una de las ventanas del salón de la cabaña de Michelle, así que no podía concretar que era lo que sucedía allí.

- Tenemos que hacer algo, Kazama -dijo Hwoarang asomándose de manera imprudente por la piedra. Parecía nervioso-. ¡No podemos quedarnos aquí parados!

- ¡Agáchate! -dijo Jin tirando de la parte superior de su dobok-. Tampoco somos útiles si somos capturados.

- ¿Y me lo dice alguien que estaba a punto de entregarse a su abuelo? -replicó Hwoarang, una vez escondido.

- Tú mismo fuiste quien me dijo que teníamos que pensar algo antes de hacerlo.

- Ese fue Lei, no te confundas -dijo Hwoarang-. Yo soy el partidario de actuar primero y pensar después, ¿recuerdas? ¡Y en este caso no tenemos siquiera tiempo!

- Esta bien, sígueme -dijo Jin levantándose y echando a correr hacia el helicóptero con cautela. Hwoarang le siguió con un gruñido.

Los dos soldados que custodiaban el aparato estaban a ambos lados de la puerta lateral que, por suerte, se encontraba justo al lado contrario por donde se acercaban los jóvenes. Jin pudo distinguir también la silueta del piloto mirando hacia el poblado.

No tuvieron problemas al cruzar el puente de madera gracias a que el blando calzado que les proporcionaba los protectores les ayudó a mantener el sigilo sobre la madera. Cuando llegaron al lado del helicóptero, Jin le hizo una señal a su compañero para que se detuviera. El japonés se echó al suelo y se deslizó debajo del aparato con agilidad. Hwoarang sonrió al comprender y rodeó por detrás el helicóptero, esquivando las hélices apagadas del rotor.

- ¡Eh! -gritó el coreano en dirección a los soldados de la puerta-. Vosotros dos, soplapollas.

Ambos soldados echaron a correr hacia Hwoarang en el momento en que el pelirrojo hacía otro tanto. Sin embargo solo uno consiguió avanzar, pues el otro cayó al suelo cuando Jin le agarró de los pies. Antes de que su compañero se diera cuenta, Jin se le echó encima, le retorció un brazo y le golpeó en la cabeza.

El otro soldado se dio la vuelta al oír el gemido de su compañero, cosa que aprovechó Hwoarang para patearle la cabeza contra el helicóptero. El sonido alarmó al piloto que salió con su pistola en la mano, pero Jin le agarró del brazo y tirando de él le arrojó contra el suelo. Una vez allí le golpeó la cabeza con el puño.

- Animal -dijo Hwoarang al ver que el piloto quedaba inconsciente incluso con la protección del casco.

- No pienses -dijo Jin-. No hay tiempo.

- Aprendes rápido.


La cabaña de Windsound no distaba demasiado de su actual posición, pero el trayecto que les separaba era campo abierto. Cuando Wulong se asomó por la esquina del almacén donde habían encontrado refugio después de abandonar el hogar de las Chang por la puerta trasera, pudo ver la cabaña con la puerta tirada en el suelo y escuchó bastante ruido que no auguraba nada bueno. No había tiempo que perder, Windsound todavía estaba dentro y conociendo al anciano estaría defendiéndose. Pero los soldados del Mishima Zaibatsu no tenían mucha paciencia, y sí el gatillo fácil.

- No podemos entrar sin que nos vean -dijo Eddy cuando se reunió con Wulong. Había ido a reconocer desde otra posición el resto de la calle.

Las cabañas de Michelle y Windsound se encontraban en los extremos opuestos de dos calles formando una "v". En la intersección se habían instalado un nutrido grupo de soldados que el grupo había esquivado cruzando por la parte trasera de las casas adyacentes a la de Michelle. Pero ahora, para llegar a su objetivo, tenían que cruzar varios metros de campo abierto y exponerse a la visión de los guardias.

- Vamos a tener que arriesgar, es ahora o nunca -respondió el policía.

- Podríamos ir cubriéndonos por la orilla del río -dijo Eddy señalando la orilla de la laguna, que se estrechaba hasta formar de nuevo el río. Los márgenes, mas inclinados que el resto de la laguna, podrían proporcionarles un poco de cobertura. Wulong asintió sin demasiada convicción-. No es mucho, lo sé, pero quizás ayude.

- Vamos allá -dijo en dirección al resto.

- Julia, quédate cuidando de Xiaoyu. Escondeos -dijo Michelle a su hija mientras señalaba en dirección al lado opuesto del almacén. Julia asintió.

Acto seguido Wulong, Michelle y Eddy se acercaron a la orilla del río, agachándose todo lo que pudieron. Echaron a correr lo mas rápido que les dieron las piernas intentando mantener el sigilo hacia la casa de Windsound. Los soldados de la intersección no repararon en el grupo que se acercaba a la cabaña del chieftain, cosa que Wulong tomó como un golpe de suerte a su favor. Sin embargo, toda suerte se acaba y en su caso fue demasiado rápido. Antes siquiera de recorrer la mitad del camino que les quedaba, una pareja de soldados salió de forma brusca por la puerta de la cabaña de Windsound. El anciano salió trastabillando, empujado por alguien del interior, y fue a parar a los brazos de uno de los soldados, que le dejó caer hacia un lado con desdén.

- ¡Mierda! -dijo Michelle mientras salía de su parapeto corriendo hacia la cabaña sin importarle el sigilo. Wulong y Eddy la siguieron de inmediato.

- ¡Ahí! -era un soldado Tekkenshu de la encrucijada que, a diferencia de los que estaban ocupados con Windsound, había visto al trío salir del parapeto.

- Mi turno -dijo Eddy habiéndose dado cuenta de la situación. Los soldados habían echado a correr en su dirección y Eddy cambió su rumbo y cargó contra ellos-. ¡Suerte!

El grupo de soldados se abalanzó contra Eddy para encontrarse con sorpresa con que el brasileño les recibió con un gran salto. Aún en el aire, pinzó la cabeza de uno de los soldados con las piernas, que acabó incrustada en la arenilla de la calle cuando Eddy le levantó en volandas y le lanzó contra el suelo haciendo el pino. De un salto volvió a ponerse en pie, encarando a los soldados. Sintió que dos más provenientes de la encrucijada se reunían con sus compañeros, rodeando al brasileño. Eran muchos. Demasiados, quizás. Pero el número se redujo cuando Julia apareció propinando una poderosa patada voladora a uno de los soldados. Antes de que se pudieran dar cuenta de lo que había pasado, otro de los Tekkenshu cayó al suelo cuando Xiaoyu le agarró de un brazo y le derribó al suelo con una llave simple.

- No te vamos a dejar solo, Eddy -dijo Julia preparándose para recibir más Tekkenshu.


Wulong no tardó en ponerse por delante de Michelle en su loca carrera, tanto que incluso se adelantó a los reflejos de aquel grupo de Tekkenshu que se encontraban en la entrada. De un salto se encaramó a una de las vigas de madera en las que se apoyaba el techo del porche de la cabaña y, girando sobre el y columpiándose, propinó una patada en la espalda al Tekkenshu que había dejado caer a Windsound de tal magnitud que le empujó de golpe hacia el interior de la cabaña. La fuerza del movimiento permitió a Wulong colocarse delante de la entrada, justo entre Windsound y el Tekkenshu restante que retrocedía sorprendido por la brusca aparición del policía.

El Tekkenshu se puso en guardia, enarbolando su tong fa presto para utilizarlo contra un Wulong que simplemente le miraba enfadado. Antes de que se percatara de la razón de aquella quietud, sintió unos brazos que le rodeaban el pecho, oprimiéndole fuertemente el esternón. Apenas se percató de que Michelle se había escurrido a su espalda para aplastar su cabeza contra el suelo del porche con un suplex.

- ¡Coge a Windsound y vámonos de aquí! -gritó Michelle mientras Wulong la ayudaba a levantarse de nuevo. El policía se acercó al anciano, que parecía desorientado por algún golpe. Sin embargo, antes de que pudiera llegar a él, el Tekkenshu al que había golpeado arremetió contra el policía con fuerza, agarrándolo del cuello y golpeándolo contra la barandilla del porche. Esta cedió y ambos cayeron al suelo con estrépito.

Michelle se dispuso a acudir en su ayuda, pero otro soldado hizo aparición por la puerta enarbolando su tong fa. La india no tuvo demasiados problemas en desviar el golpe con una mano mientras incrustaba su palma con gran fuerza en el pecho de su contrincante. El Tekkenshu trastabilló hacia atrás hasta que tropezó con el aún desorientado Windsound.

Wulong no tardó demasiado en deshacerse de la presa de aquel Tekkenshu, pues seguía aturdido por el primer golpe. Empujándolo con ambas piernas le arrojó hacia atrás contra la barandilla rota. No surtió demasiado efecto pero le dio el tiempo necesario para levantarse de un salto. El Tekkenshu volvió a arrojarse contra él, pero Wulong no necesitó mas que zancadillearle para que el soldado diera con sus huesos en el suelo. Harto de que su persistente enemigo volviera a atacar, se preparó para propinarle un golpe que le dejara fuera de combate, pero se percató de que aquel soldado ya no podía más. Cuando se dio la vuelta se encontró con Michelle que le miraba con gesto interrogativo. Wulong sacudió la cabeza en respuesta, ya no necesitaba ayuda. Cuando volvió a alzar la mirada su gesto cambió por completo.

- ¡Michelle! -dijo al ver una sombra detrás de la india. Antes de que pudiera reaccionar, Michelle recibió una fortísima patada en su rodilla derecha que le hizo perder el equilibrio y precipitarse al suelo fuera del porche. Aquel individuo había golpeado a Michelle en su rodilla mala. Y no lo había hecho al azar.

- El talón de Aquiles -dijo el individuo, con aquella voz que Wulong no podía reconocer hasta ese momento. Pero entonces, al verle, lo supo. Era el soldado del aeropuerto, vestido igual, con aquel chaleco, sus pantalones de camuflaje y el pasamontañas negro-. Lei Wulong...

- ¡Maldito bas...! -Wulong cargó contra el individuo, pero aquel sujeto fue más rápido. Fue demasiado tarde cuando oyó el disparo. Wulong cayó al suelo. No pudo oír el grito de Michelle al verle caer, solo sentía dolor, mucho dolor. En el brazo izquierdo.

- Tenemos cosas pendientes -dijo el soldado-. Lástima que no podamos acabarlas ahora. Esto te tendrá ocupado hasta entonces.