Round 20: Sangre

- ¿Qué ha sido eso? -dijo Jin asustado.

- Un disparo -respondió Hwoarang.

Habían conseguido llegar a la cabaña de Wulong, detrás de la cual se habían escondido. Podían oír los ladridos rabiosos de Bacon encerrado en alguna habitación; algo muy malo debía pasar para que un perro tan tranquilo ladrara de esa manera. Desde su lugar de escondite divisaban el porche de la cabaña de Michelle, donde parecía tener lugar una gran batalla, y parte de la calle.

- Espero que no haya pasado nada -dijo Jin.

- ¿Estás ciego? La reserva está tomada por los Tekkenshu... ya ha pasado algo.

Jin no dijo nada. Ambos jóvenes saltaron la pequeña valla de madera que separaba su escondite de la siguiente cabaña. Corrieron hacia la esquina, donde iban a tener mayor visibilidad de la calle principal y de lo que estaba pasando allí. Justo en el momento en que se asomaban, oyeron una voz que venía de la cabaña de Wulong.

- ¡Aquí no están! -era un soldado. Por lo visto ya se habían dado por vencidos en la cabaña.

Entonces apareció en escena una nueva figura caminando por la calle principal con paso seguro. Era otro soldado, aunque iba vestido de forma diferente al resto. Alto, musculoso y muy corpulento, vestía con pantalones de camuflaje blancos y un chaleco oscuro, y llevaba puesto un pasamontañas negro que le ocultaba el rostro. Conducía, prácticamente arrastraba, tras de si a un anciano sujeto por un brazo. Jin identificó a Windsound rápidamente. Ambos se dirigían hacia la cabaña de Michelle, donde continuaba el combate.

Jin y Hwoarang corrieron como pudieron y se escondieron tras la esquina donde habían estado momentos antes, pues era la única desde donde podían ver la cabaña de Michelle. Al cabo de unos segundos el soldado llegó frente a la casa de madera, donde se detuvo y soltó a Windsound al suelo sin contemplaciones. Acto seguido disparó al aire. El revólver rugió y el sonido del disparo se repitió varias veces a causa del eco. Como si se tratara de una respuesta del cielo, en ese preciso momento comenzó a llover.

- ¡RENDIOS! -gritó el soldado en dirección a la cabaña. Ahora apuntaba a Windsound con el arma.

Inmediatamente la trifulca en la cabaña de Michelle terminó, y Paul y Forest salieron de la casa. Tenían aspecto cansado y varias magulladuras, pero nada serio. La decena de soldados que salieron detrás suyo tenían bastante peor aspecto que ellos, pero el valor que daba tener un arma cargada les daba las fuerzas suficientes para mantenerse de pie.

Fue entonces cuando Jin descubrió, demasiado tarde ya, que los soldados no eran tantos como había parecido en un principio. Apenas quedaban ya quince, pero ahora, siguiendo el ejemplo del que parecía el líder, empuñaban las armas en vez de las picas de ganado. Aún así, era Windsound quien realmente preocupaba a Jin.

Avanzaron un poco para esconderse detrás de un seto y un cubo de basura de la cabaña de al lado de la de Wulong. Desde allí podían ver como otros cinco magullados soldados acosaban con sus armas a Eddy, Xiaoyu y Julia, quien mantenía fija la mirada en su abuelo. Aunque se habían colocado a la salida del callejón, Jin y Hwoarang aún eran capaces de ver toda la escena.

Tras un momento aparecieron otros tres soldados escoltando a Michelle y a Wulong.

- Joder, Lei -oyó decir a Hwoarang, y notó la tensión en el coreano. Jin intuyó por qué.

Wulong sangraba copiosamente por un brazo, a pesar de que trataba de contener la hemorragia con la mano sana. Michelle, por su parte, parecía no poder plantar el pie derecho en el suelo.

- Ya has dejado que te peguen otro tiro... -murmuró el pelirrojo entre dientes.

Jin recordaba perfectamente la reacción que había tenido Hwoarang en el garaje del centro comercial. Y, si ahora no saltaba en medio de la calle y comenzaba a descargar la furia, era porque...

- ¿Donde está Kazama? -preguntó el soldado del pasamontañas, en dirección a los Tekkenshu que mantenían a raya a Paul y Forest.

- No está dentro -respondió uno de ellos.

- Me saca de quicio el niñato este -dijo el soldado quitándose el pasamontañas. Tenía el pelo blanco, tan blanco como blanca se quedó la cara de Wulong al ver su rostro. La piel amarillenta, con una enorme cicatriz de la ceja a la mejilla derecha-. ¡KAZAMA! ¡Sal de donde estés escondido!

El cubo de basura crujió bajo la presión de los puños de Jin. Hwoarang le dio un codazo.

- Ni lo pienses -le dijo el coreano entre dientes. Se veía a la legua que él también deseaba salir, pero no iba a hacerlo-. Como vuelvas a pensar en entregarte, no tendrás que preocuparte por tu abuelo. Te mataré yo mismo, ¿captas? -añadió, apartándose el empapado flequillo de la cara.

Jin no dijo nada. Sentía un agujero en el estómago, pero de alguna manera era casi un alivio no estar solo.

- Bryan Fury... -oyeron decir a Wulong, dirigiéndose al hombre del pelo blanco-. ¡Deberías estar muerto!

- ¿Quién dice lo contrario? -respondió el aludido, sonriendo con sorna. Wulong no pudo decir nada mas cuando un soldado le amenazó para que se callara.

En ese momento, Windsound se levantó del suelo con gesto orgulloso. Fury arqueó una ceja al verle, pero no dejó de apuntarle con su arma. Se produjo un incomodo silencio en el que el soldado parecía haber perdido toda su paciencia.

- ¡Vale ya, Kazama! -se oyó la voz de Bryan-. ¡Estoy cansado de jugar al ratón y al gato! ¡Kazama! ¡Si me oyes, sal o me cargo al viejo!

Jin miró a Hwoarang, este negó con la cabeza.

- Y a quien me pueda oír -el tal Bryan continuaba hablando-. Decidme donde anda Kazama o mato a vuestro "Chieftain".

Y entonces se oyó la voz de Windsound. La voz de un anciano, que sonó clara y concisa, como segura y orgullosa fue la pose de aquel hombre en medio de la cortina de lluvia que se le echaba encima.

- Adelante -dijo el anciano-. Sirve a tu demonio de señor, por que yo no lo haré.

Bryan no dijo nada. Se quedó observando el horizonte intentando encontrar a Jin. Al cabo de un momento, aparentemente cansado, amartilló el arma. Julia intentó dar un paso adelante pero el Tekkenshu con el que se había estado enfrentando había recuperado las fuerzas con su arma y la amenazó.

- ¡Jin! -dijo Windsound sin previo aviso. Hasta Fury parecía sorprendido-. ¡No te rindas ante Heihachi! ¡No debes caer en sus manos! ¡El no debe...!

Bryan apretó el gatillo con gesto frío.

La bala atravesó el corazón de Windsound y este cayó al suelo fulminado, en medio de un charco de barro.

- Jodido viejo charlatán -dijo levantando el labio con gesto de asco.

- ¡NO! -gritó Julia apartando de un empujón al soldado que la retenía y echando a correr hacia su abuelo.

El soldado se levantó corriendo y se apresuró en recuperar su arma para apuntar con ella a la india. Eddy hizo ademán de socorrerla, pero lo único que consiguió fue un golpe con la culata del rifle de un soldado.

- ¡Joderjoderjoderjoder! -dijo Hwoarang.

Jin lo vio salir corriendo, demasiado rápido para poder detenerle, y abalanzarse sobre el soldado que iba a disparar a Julia. Le arrebató la pistola y la lanzó lejos, mientras Julia corría hacia su abuelo. Antes de que la muchacha llegase a tocar el cuerpo de su abuelo Bryan la pegó un puñetazo en el estomago con tal fuerza que dejó a la india tirada en el suelo, a pocos metros de donde yacía su abuelo.

- ¡Julia! -gritó Michelle.

- ¡Cabrón! -soltó Hwoarang.

El coreano había dejado inconsciente al soldado con el que forcejeaba. Jin lo vio levantarse del suelo para ir a socorrer a Julia, pero dos Tekkenshu ya le tenían rodeado. Uno de ellos le golpeó en la nuca, haciendo que el muchacho boquease, aunque no le dio tiempo a respirar cuando el otro le golpeó en la frente. Jin vio como Hwoarang caía al suelo y, cuando consiguió levantarse, vio que había sangre en su cara. El pelirrojo se sujetó la cabeza y parpadeó un par de veces, no parecía ser muy consciente de dónde estaba en aquellos momentos, el golpe en la nuca había sido muy fuerte. Jin casi no entendía como no había perdido el conocimiento.

- Hijo de... -le oyó murmurar. Y casi se alegró. Si tenía ganas de insultar no podía estar tan mal como parecía.

En ese momento, la imagen de Ling Xiaoyu captó toda la atención del japonés. La muchacha avanzó con paso decidido ante las miradas atónitas de los soldados. La joven china devolvía las miradas con gesto enfurecido, pero al llegar a la altura de Julia se agachó para ayudarla.

Jin ya no podía pensar. Sabía que debía hacerlo, que era el momento, pero en su cabeza solo había sitio una imagen: Windsound. Se sentía como un cobarde escondido allí, detrás de aquella cabaña mientras todos sus amigos daban la vida por el. Oía las frías carcajadas del soldado, los gemidos de dolor de Hwoarang, vio a Wulong tirado en el suelo, Michelle sollozando, Paul retenido por cuatro recios soldados, Forest forcejeando con un enorme Tekkenshu que le sostenía, Eddy en el suelo a causa de una sacudida de una porra de ganado y Xiaoyu junto a la yaciente Julia, que parecía haber perdido la consciencia.

Tenía que actuar. La imagen de Windsound había sido sustituida por otra que le producía una sensación completamente distinta: Heihachi.

Pensar en aquel hombre, el causante de todo, aquel que le había estado persiguiendo desde hacía una semana, el hombre que le quería vender para adquirir mas poder. Ya no era siquiera un hombre, como Windsound había dicho era un demonio. Ya no era su abuelo, era su enemigo.

Jin salió de su escondite. Sentía su cabeza arder con la sed de sangre. Solo tenía una imagen en la cabeza y era la de Fury, pero no lo veía como él, sino como su abuelo. Como un antecesor de su abuelo, como su aperitivo. Se acercó andando. Tenía una sensación extraña que le venía de su brazo izquierdo, la misma sensación que había notado la noche anterior. Ya no le importaba. Sabía lo que significaba.

Sabía manejar la lanza lo suficientemente bien como para matar con ella.

- He aquí el hijo pródigo -dijo Fury con una sonrisa, recargando las balas que había gastado de su arma.

- ... gilipollas... -gimió Hwoarang.

- ¡Kazama-kun, no! -gritó Xiaoyu al verle.

Sin embargo el japonés no podía oírlo. A ninguno de los dos.

- Ese no es Jin -dijo Wulong incorporándose un poco.

Y era cierto, aquella mirada no parecía propia de él.

Fury hizo un gesto y uno de los Tekkenshu que se encontraban cerca de Jin se acercó para retenerle. Sin embargo no pudo, Jin le incrustó el puño en el pecho con una velocidad que hizo que fuese difícil distinguir el movimiento. Se oyó el crujir de las costillas entre el ruido de la armadura al resquebrajarse. Y el golpe que se llevó el soldado al salir volando contra la pared.

- ¡A por él! -dijo Fury.

Mas soldados se abalanzaron contra Jin, pero no sirvió de nada. La siguiente víctima del japonés fue un Tekkenshu que se le acercó por la izquierda. Jin apartó el arma con la misma mano con la que rompió el cuello de su enemigo con un solo golpe. Otro de los soldados que se acercaron corrió mejor suerte, antes de que llegara a la altura de Jin, este le propinó un patada en la rodilla. Esta se quebró hacia atrás, dejando al soldado en el suelo. Un soldado que se abalanzó con su rifle en la mano salió despedido hacia atrás cuando Jin incrustó su puño en su estómago, rompiendo el arma con el que intentó protegerse. La alegría de otro soldado al conseguir impactar a Jin con una pica de ganado se desvaneció cuando observó que no hizo ningún efecto sobre el japonés. Este le propinó una patada a media vuelta en la espalda que lo envió volando al suelo.

- Kazama -dijo Fury al ver que ninguno de sus soldados conseguía detenerle. Jin le miró con furia-. Ultimo aviso. No me gusta repetir las cosas.

El siguiente soldado que se interpuso en el avance de Jin acabó con el hombro roto cuando intentó golpearle con su rifle. Jin le agarró el brazo con velocidad indescriptible y tras retorcérselo hasta la espalda hizo que el codo llegara a tocar el omóplato. El alarido del soldado podía dejar helado con solo oírlo.

- Que pese en tu conciencia -dijo Fury haciendo girar la ruleta de su revolver. Apuntó y el rugido de su arma volvió a oírse.

Jin se quedó paralizado. No podía moverse. No tenia fuerzas, parecía que su corazón se había detenido en aquel mismo instante.

Como si la bala que había atravesado el pecho de Ling Xiaoyu también le hubiera atravesado a él.

Fury sonrió complacido.

El japonés no acertó a decir nada. Solo miraba como Xiaoyu caía al suelo, mirándole con los ojos llenos de lágrimas. No podía oír nada, todo se desvanecía a su alrededor. Solo podía ver su cuerpo sangrando...

- ¡TE VOY A MATAR! -dijo Jin saliendo de su parálisis.

- ¡Tu eliges! -gritó Bryan haciendo girar su arma una vez mas en dirección a sus compañeros-. Te permito elegir al siguiente que se reúne con la mocosa. ¿Quizás el coreano pelirrojo? -dijo Bryan dirigiendo su arma hacia Hwoarang, que le miró con los dientes apretados y los ojos llenos de desprecio-. Sé que sois enemigos, a lo mejor te hago un favor. O quizás prefieras deshacerte del policía -continuó Bryan y esta vez apuntó a Wulong-. Serías tú entonces quien me hiciera el favor a mi. Pero seguro que prefieres que mate a la india -y apuntó a Julia-. Esta casi inconsciente, no se enteraría. Incluso le harías el favor a ella, no creo que se recupere de lo de su "chieftain". Piensa rápido, tu reloj esta perdiendo arena rápidamente -dijo Bryan señalando a Xiaoyu. Jin no sabía si estaba viva.

- Basta -dijo Jin.

- ¿Y bien?

- Llévame con él -dijo Jin cerrando los ojos sin alzar la mirada-. Acabemos con esto de una vez.

- Así me gusta. Obediente.


Las ambulancias habían llegado pronto a la escena, pero ninguna de ellas pudo hacer nada para salvar la vida de Windsound. Xiaoyu tuvo mas suerte y pudo ser atendida a tiempo, aunque por los gestos de los médicos en el momento de llevársela a toda prisa al hospital parecía que no tenían muchas esperanzas. En un momento otra segunda ambulancia se llevaría a Wulong y a Michelle al hospital. La hemorragia del hombro del policía había sido controlada, y la india llevaba un vendaje provisional en la pierna, pero necesitaba hacerse pruebas. Paul, Forest y Eddy habían tenido que soportar un par de curas, mientras que Hwoarang había necesitado cinco puntos de sutura en la brecha de la frente.

Una tercera ambulancia todavía permanecía en escena. Tenía las sirenas apagadas, no había prisa por llevar el cadáver al hospital.

- Ha muerto sin dolor -dijo uno de los médicos, ajenos a su mirada-. Ni siquiera notó la bala.

Era un pobre consuelo. Mas bien ninguno.

Cuando la cremallera de la bolsa de plástico negro donde introdujeron al anciano se cerró de golpe, volvió a sentir que el corazón se le volcaba. Notó una sensación de vacío, algo faltaba en su vida y sabía perfectamente de qué se trataba. Se lo estaban llevando en una bolsa de plástico hacia la ambulancia.

- Julia -oyó una voz detrás suyo. Cuando se giró no pudo reconocer quién le hablaba. Casi no había reconocido su nombre. Sintió una enorme mano rozándole la mejilla, limpiándole las ágrimas y fue entonces cuando reconoció que Paul Phoenix la estaba abrazando-. Lo siento.

La india rompió a llorar en los brazos del enorme motorista.


Apretó los dientes.

Aquella imagen le devolvió a Hwoarang recuerdos del pasado. Recuerdos de un pasado lejano, pero en ocasiones demasiado presente. Sabía todo lo que Julia estaba sintiendo en aquel momento, lo sabía exactamente. Por suerte ella tenía la fortuna de no quedarse sola. Tenía la suerte de tener a alguien que le tendía un brazo, alguien que la abrazaba, que le decía que todo iba a ir bien, que no iba a estar sola, que todo pasaría a pesar de lo mucho que doliese ahora.

Una suerte que él definitivamente nunca tuvo.

Fue entonces cuando recordó lo que Julia le había dicho horas antes. Fue un día como este, pero sin lluvia. Un día seco, pero igual de triste, de caótico. Hacía cuatro años conoció el miedo de estar solo.

Aunque, en realidad, nunca estuvo del todo solo.

Hwoarang giró la cabeza y se encontró con la mirada de Lei Wulong. El policía abrazaba a Michelle, mientras un enfermero se afanaba en vendarle otra vez el brazo sangrante. El coreano sabía en quién pensaba Wulong en aquel momento. Porque era la misma persona en la que estaba pensando él.

El muchacho pateó el suelo con rabia y giró sobre sus talones, en dirección al remanso. Necesitaba estar tranquilo. Un pumse. Necesitaba hacer un pumse... y, por primera vez en mucho tiempo, su oponente no iba a ser Jin Kazama.