Round 21: Ogre
La mancha era una mezcla de sangre, barro y agua de lluvia, por lo que había resultado bastante fácil de lavar. El barro siempre salía bien, sin embargo había aprendido que la sangre había que lavarla inmediatamente o la mancha seguiría allí por toda la eternidad. Hwoarang dejó el dobok a remojo, se cambió de ropa y regresó a la cabaña de Michelle, a echar una mano con los desperfectos. Cuando atravesó la destrozada puerta de las Chang se encontró con Paul y Eddy sentados en el sillón. Al verle llegar, Eddy le lanzó una lata de cerveza.
- Ahí tienes, Chico-punk.
- No tengo ganas de beber -dijo Hwoarang.
Aunque sí quería, pero pesaba más el deseo de querer tener la cabeza un poco despejada, a pesar del dolor de la herida. Mientras hacía el pumse o lavaba el dobok, no había dejado de pensar en la conversación con Kazama.
- No es para beber, chico -le dijo Paul, llevándose su propia lata a la frente, donde lucía un golpe importante.
Hwoarang casi sonrió mientras imitaba el gesto del motorista. Eddy, sin embargo, sí abrió su cerveza, pero antes de poder llevársela a los labios, Paul se la arrebató y dio un largo trago.
- Gracias -dijo Paul.
- De nada -dijo Eddy, enarcando una ceja.
- ¿Qué hacéis? -preguntó Hwoarang, sin mucho interés.
- Esperamos a que la gente vuelva del hospital, apostamos qué hará Forest de comida... -dijo Paul. Hwoarang se sorprendió de que Paul no protestase porque su ahijado estuviese cocinando; quizás era la forma que tenía Forest de relajarse. Él lo había hecho dando patadas al aire-. No sé. ¡Y pensar que hace unas horas estaba tratando de ver la tele medio sopa... -dijo el motorista, jugando con el mando hasta que el canal se situó en la CNN.
- "Noticia de ultima hora" -dijo la mujer que aparecía en pantalla-". Una pequeña reserva india en la rivera del rio Heather ha sufrido un ataque."
- Cambia de canal -le dijo Eddy echando un rápido vistazo hacia la puerta de la habitación de Julia, donde la muchacha se encontraba en aquellos momentos.
- Quiero saber que mentira se inventa el cabrón de Mishima -dijo Paul bajando el volumen.
- "Tres helicópteros han transportado a varios hombres uniformados con armaduras de las Fuerzas Tekkenshu del Imperio Mishima. El ataque se ha saldado con varios heridos de diversa gravedad y un muerto entre los habitantes del pueblo. Se desconocen las causas del ataque y si han habido bajas entre los agresores."
- Pues te aseguro que han tenido bajas -le dijo Paul a la presentadora, a pesar de saber que no podía oírle.
- "El abogado de la corporación Mishima, Philip Candell, se ha apresurado a realizar una rueda de prensa" -continuó la mujer-". Asegura que el Mishima Zaibatsu no ordenó ese ataque y puede haber sido realizado por los soldados del Imperio Mishima despedidos hace dos días."
En aquel momento, salió en escena el aludido, Phillip Candell, un hombre muy bien vestido y de aspecto serio, con gafas circulares de montura fina.
- "Ciertamente, no sería la primera vez que el Imperio Mishima se ve relacionado de manera violenta con este pequeño pueblo a la orilla del rio Heather. Hace ya más de veinte años se acusó al propio Heihachi Mishima de ordenar el asesinato de un habitante del pueblo. Dos años despues, cuando el Imperio Mishima estaba gobernado por Kazuya Mishima, fue acusado de un intento de robo y asesinato. En todas y cada una de las acusaciones, los abogados del Mishima Zaibatsu consiguieron limpiar el nombre de la corporación."
- Tienen que cobrar un montón los abogados del diablo esos. Limpiar el nombre del imperio Mishima tiene que ser trabajo duro cuando lo único que hay es mierda y basura -dijo Paul con rabia.
- Los abogados tenemos nuestros trucos -dijo Eddy pegando un largo trago. Paul y Hwoarang se le quedaron mirando-. Estuve estudiando en la cárcel. Sí, soy abogado. ¿No os lo había contado?
- Te quiero bien lejos de mí, tío -le dijo Hwoarang-. Un abogado. Chupasangres...
- Chupatintas -corrigió Eddy-. Parece que has tenido experiencia...
- Y todas malas.
- Callaos los dos.
- "Este mismo nombre permite a la corporación Mishima declarar acontecimientos como el que se inauguró esta mañana: El Tercer Torneo del Puño de Hierro en México..."
- ¿Ha inaugurado otro torneo? -dijo Eddy.
- Sí, esta misma mañana -respondió Paul.
El Tercer Torneo del Puño de Hierro. Hwoarang recordó el nombre, recordó que su propio maestro había participado en el segundo... aunque, según sus propias palabras, al final no había elegido el bando adecuado. En aquel torneo se reunían los mejores luchadores del mundo.
Los mejores luchadores del mundo...
Juntos.
- ¿Te pasa algo, chico? -oyó que le preguntaba Paul al percatarse de la expresión del coreano.
Pero, cuando el pelirrojo se dispuso a contestar, Wulong apareció por la puerta con un brazo en cabestrillo, seguido de Michelle que andaba ayudada por unas muletas y un tipo alto al que no conocían. La india se acercó al motorista, pero este se adelantó.
- Esta en su habitación -Michelle asintió-. ¿Como está la pequeña?
- Mal -dijo Wulong una vez Michelle hubo entrado en la habitación de su hija-. Pero podría estar peor. Ha entrado en quirófano. Los médicos han dicho que tardarían, así que Michelle ha aprovechado para venir con Julia. Dice que luego irá con Ling.
- Pobre niña -dijo Paul tras un suspiro.
- ¿Se pondrá bien? -preguntó Eddy.
- Los médicos son optimistas, pero dicen que el peligro no ha pasado y que estas horas son decisivas -dijo Wulong sentándose en el sofá con sus dos compañeros. Hwoarang siguió de pie, observando cómo Eddy tendía su lata de cerveza y cómo el policía la rechazaba-. No bebo, gracias.
- ¿Y tu compañero? -dijo Eddy señalando a aquel tipo alto que se había quedado en la entrada.
- Ah, os presento al vecino de Michelle. Vive en la casa de al lado: Richard Redcrow -dijo Wulong invitando a Richard a pasar-. Estos son Eduardo y Hwoarang.
- Mucho gusto -dijo el indio. Además de alto era también fornido. Tenia la piel morena y el pelo negro recogido pulcramente en una coleta que a Hwoarang se le antojó familiar. Lucia un importante golpe en la sien del que no era difícil deducir su origen-. Siento todo esto que ha pasado.
- No te preocupes, muchacho -dijo Paul-. Eddy, pásale una birra.
- No te molestes -dijo Richard al brasileño-. Si necesitáis algo avisadme, voy a ir a ver como esta mi mujer y mi hija.
- Dale un achuchón al polluelo -dijo Paul mientras veía al indio marcharse.
- Tenemos que hacer algo -dijo Hwoarang en ese momento. Todos se le quedaron mirando.
- Claro que haremos algo, Hwoarang -dijo Wulong-. Pero no vamos a movernos de aquí hasta que Ling no se estabilice...
- No lo entiendes -dijo el joven-. Va a pasar algo gordo, Lei, y no solo a Kazama... Los participantes de ese Torneo -dijo Hwoarang, señalando a la televisión que ahora estaba apagada- están en peligro.
- ¿Qué te pasa? -preguntó Wulong.
- El golpe en la cabeza, no es la primera vez que lo veo... -dijo Paul. Hwoarang le fulminó con la mirada y Paul sonrió benevolente.
- Cierra el pico, carroza -le dijo al motorista, a pesar de todo.
- ¿Por qué piensas eso, Chico-punk? Y no te pongas tan serio que me asustas.
- Porque Kazama me contó algo -dijo Hwoarang-. No es... Veamos. Va sobre un demonio, y no os riáis. Jin y yo estuvimos hablando esta mañana, antes de que todo se disparase...
Hwoarang escuchó cerrarse una puerta y, cuando todos se volvieron a mirar, se encontraron con Michelle y Julia. La madre había convencido a la hija para que saliese de su habitación y tomase algo que le sentase el estómago. La muchacha había vomitado lo poco que tenía en el estómago desde la cena del día anterior a causa del golpe de Bryan, y no tenía muy buena cara. Cansada, demacrada, con ojeras y los ojos rojos. Pero aún así...
Aún así...
Julia le miró por un momento tan breve que Hwoarang no supo descifrar lo que quiera que vio en sus ojos. Entonces recordó que aquella mañana se habían despedido sin hablarse, enfadados; que había dicho muchas cosas, que como siempre había abierto demasiado rápido la boca. ¿Seguía enfadada con él? No pudo saberlo. Julia se sentó a la mesa, y Forest, que debía haberla visto salir de su cuarto, se acercó rápidamente a ver si quería comer algo. Mientras tanto Michelle permaneció de pie con gesto serio, sujetándose con las muletas. Parecía tener cierta práctica.
- Continúa, Hwoarang -le dijo Michelle, adelantándose a cualquier réplica que pudieran hacer el resto de varones de la sala ante el comentario-. Hablaste de un demonio.
El coreano asintió.
- Kazama me contó quien mató a su madre. Fue un demonio, y lo llamó Toshin.
- A nosotros también nos lo contó -dijo Wulong. Michelle asintió-. Solo que entonces lo llamó "criatura".
- Pues era un demonio. Su abuelo lo entrenó para derrotarlo, aunque sus intenciones reales eran usarlo como carnaza. Kazama se enfrentaría a Toshin, lo gastaría, pero no podría derrotarlo. Porque Toshin es demasiado fuerte -dijo Hwoarang-. El demonio se alimenta de las almas de los luchadores. Derrotaría a Kazama, pero estaría demasiado cansado y tendría que parar para absorber su alma para recuperarse, y entonces el cabrón de su abuelo aprovecharía el momento. Derrotaría a Toshin, lo dominaría y tendría su propia mascota demoniaca personal e intransferible.
Nadie dijo nada cuando Hwoarang acabó.
- ¿Me habéis seguido o lo repito?
- Danos tiempo, chico... -dijo Paul-. Esto es como la comida de los Law. Se necesita tiempo para digerirla...
- ¡¿Qué?! -preguntó Forest, indignado. El resto se echó a reír o, quien menos, sonrió, lo que sentó muy bien al grupo-. Ya sabes quien se queda sin rollitos hoy... -añadió, amenazando a su padrino con la cuchara.
- Rencoroso.
- ¿Lo habéis pillado o no? -preguntó Hwoarang.
- Sí, lo he entendido -dijo Michelle-. Toshin...
- Bien, habéis pillado esa parte -dijo Hwoarang-. Pero aún hay más.
- ¿Más? ¿Qué viene ahora? ¿El Apocalipsis? -preguntó Eddy.
- Puede -dijo Hwoarang-. Heihachi ha anunciado que se celebra el Tercer Torneo del Puño de Hierro. Imaginaos que sois un demonio que devora almas de luchadores... ¿dónde iríais a comer?
- A México -dijo Wulong, siguiendo los pensamientos del muchacho-. Al Torneo. Imaginad que Heihachi vence a Toshin antes del Torneo... y luego lo lanza contra los otros luchadores...
- Dios bendito -exclamó Eddy.
- Hay que hacer algo... -dijo Paul, esta vez serio.
- Eso dije yo, ¿recuerdas? -dijo Hwoarang.
- Toshin... -dijo Michelle, pensativa-. ¡Ogre!
La india salió disparada hacia el lugar donde tenía su despacho.
- Se va a matar... -dijo Eddy, observando la rapidez con que se movía con las muletas.
- Te sorprendería lo que es capaz de hacer con las muletas -dijo Paul, que al final había abierto la cerveza y ya llevaba bebida más de la mitad.
Michelle comenzó a registrar la estantería que tenía al lado del escritorio. Tras manosear algunos libros y rechazar otros tantos, llegó a uno pequeño y de aspecto viejo. Agarró las gafas que guardaba en el primer cajón del escritorio y hojeó el manuscrito hasta que encontró la página que andaba buscando.
- ¿Qué buscas? -preguntó Wulong, curioso.
- Aquí esta -dijo ella tras un pequeño silencio. Levantó la vista hacia el policía-. Estaba en lo correcto. Ogre. Ese es el demonio que buscamos.
- Se llamaba Toshin -corrigió Hwoarang-. Al menos eso fue lo que Kazama dijo.
- Si lo oyó en boca de Heihachi o Jun, no me extraña. Toshin es el nombre que los orientales dan a Ogre: El dios de la lucha.
- ¿El dios de la lucha? -repitió Wulong.
- Parece que entramos en temas mayores -dijo Forest.
- La gente suele a exagerar cuando tiene miedo -dijo Michelle-. Puede que sean leyendas... Aquí hay un pequeño resumen pero sé dónde puedo encontrarlo todo -añadió mirando a su ordenador.
- No funciona -dijo Eddy-. Creo que la pantalla esta rota.
- No importa. Sé dónde encontrar los originales -respondió la india con decisión. Sin embargo, cuando se levantó, su gesto se ensombreció-. Wulong, ¿puedes acompañarme?
El policía asintió rápidamente. Creía adivinar dónde pensaba ir Michelle. Antes de que salieran por la puerta Eddy se levantó de un salto.
- Esperad. Quisiera ir al hospital -dijo Eddy-. Ya que veo que vais a tener trabajo. Iré yo a ver cómo está Xiaoyu. Además, me haré cargo de las condenadas facturas...
- Gracias, Eduardo. Coge mi coche -dijo Michelle señalando una mesita cerca de la entrada, donde reposaban las llaves.
- No sé conducir -dijo el brasileño con una sonrisa inocente.
- Le diré a Redcrow que te lleve -añadió la india.
Hwoarang vio como los tres desaparecían un momento después por la puerta, pero estaba más ocupado pensando. Toshin. Ogre. Kazama lo había llamado demonio y Michelle decía que era un dios. De todas formas, él no veía mucha diferencia. Jin Kazama podía ser cualquier cosa, pero desde luego no era un mentiroso. No le había mentido aquella mañana, estaba seguro de eso. Como también estaba seguro de otra cosa. O prácticamente seguro.
Un momento después, Forest apareció con un cuenco de olorosa sopa para Julia. La chica pareció no darse cuenta de que el chino venía hasta que lo tuvo a su lado.
- Gracias, Forest -dijo ella haciendo un vano esfuerzo por sonreír.
- Siempre un placer -dijo el chino con una reverencia.
- Vamos a tener que hablar tú y yo de tus placeres -dijo Paul-. Y quítate ese mandil, pareces maricón.
- Cállate o te quedas sin cena -dijo Forest amenazador.
- ¿Quieres un poco? -dijo Julia de repente.
A Hwoarang le llevó un poco de tiempo darse cuenta de que la muchacha se dirigía él. Julia señalaba su cuenco de sopa de pollo mientras lo miraba. Le estaba...
¿Le estaba ofreciendo sopa?
- No es de sobre -aclaró ella.
Sí. Le estaba ofreciendo sopa. ¿Por aquella conversación? ¿Significaba eso que no estaba enfadada? La sonrisa que esbozó el coreano a continuación salió sola.
- Pues si no es de sobre no, lo siento -dijo Hwoarang, ignorando las miradas extrañadas que intercambiaron Paul y su ahijado-. Bueno, tengo un dobok que secar -añadió después, echando a andar hacia la salida.
Ya no llovía pero, como si se tratase de un aviso, un trueno lejano le recordó a Julia que la tormenta volvería, que no había pasado y que dentro de poco regresaría, a rugir con toda su fuerza, aunque el sol luciera en aquel momento. Era como el resumen de lo que estaba sucediendo; ahora estaban algo más tranquilos, pero con lo que su madre les había contado, la muchacha no sabía que iba a pasar.
Julia agradecía el momento de descanso, de tranquilidad, y estaba intentando serenar su alma. Estaba sentada detrás de su casa, con las piernas pegadas al pecho y la barbilla en las rodillas; desde su situación nada le hacía recordar lo que había sucedido por la mañana. Las imágenes que veía solo le traían buenos recuerdos: el rincón donde su abuelo le enseñó a pescar, el sitio donde se sentaban cuando él le mostraba cómo guiarse por las estrellas, el día que le enseñó a curar quemaduras... aunque ese día no fue alegre pues quien necesitó la primera cura fue ella, tras agarrar una rama de una fogata que aún no estaba apagada.
Tan buenos momentos...
Y todo se había ido en un segundo. Todo. La tranquilidad con que habían vivido en los últimos días no hacía presagiar lo que iba a suceder después. Julia había llegado a pensar que Heihachi se había olvidado de ellos, y ella se había olvidado de él. Ni siguiera pasó por su mente el día que jugaron el partido de baloncesto, o la tarde donde todos se bañaron, la mayoría a la fuerza, en la laguna. Dos tardes de risas, de diversión.
Xiaoyu.
Debía estar sufriendo. No lo recordaba bien pues después del golpe las imágenes de aquel momento estaban borrosas, pero Paul, que siempre era una buena fuente de información, se lo había contado todo. Solo esperaba que la chica se encontrase bien, y que en un futuro pudiera hacerle el regalo que tenía pensado para Jin. Que todos pudieran hacérselo.
Tenía la cámara de Xiaoyu en las manos y la estaba observando cuando una figura dobló la esquina de su casa. Era Hwoarang, demasiado ocupado en escurrir sin mojarse su uniforme chorreante de agua como para darse cuenta de que tenía compañía. El dobok estaba muy limpio. Parecía que el coreano tenía cierta experiencia en limpiar sangre.
Hwoarang.
¿Había peleado al final con Jin? Julia había entendido que no por la conversación que había mantenido con el resto sobre aquel demonio. Habían estado hablando. Si el pelirrojo no había peleado al final, si era así, Julia estaba equivocada. Y se alegraba. Podía ser que, debajo de toda aquella gruesa capa de autoestima hubiese un corazón al fin de cuentas. Uno que funcionase como era debido. Podía ser que, al fin y al cabo, no fuese el imbécil más grande de la galaxia. Al menos eso esperaba de aquel coreano de pelo rojo y aspecto afeminado. Aunque, aún así...
Demasiado tarde, Julia se dio cuenta de que Bacon se había acercado hasta ella. Los animales, en especial los perros, tienen un sexto sentido que parece permitirles notar el ánimo de sus dueños o la gente que quieren. Bacon parecía haber detectado la melancolía en la india, o simplemente era que tenía ganas de mimos, pero había comenzado a lamerle la cara.
- Bacon, chico -dijo Julia apartando un poco al perro haciéndole cosquillas detrás de las orejas.
- Eh, Julia -oyó la voz de Hwoarang, con un tono un tanto sorprendido-. No te había visto. ¿Qué haces ahí?
- Estaba pensando en los buenos momentos -dijo Julia pensativa viendo como Hwoarang se acercaba y, tras un momento, acababa sentándose a su lado con las piernas cruzadas. Luego continuó con voz queda-. Ahora todo eso se ha ido.
- Puede que lo parezca -dijo Hwoarang un momento después-. Lo parecerá durante un tiempo -añadió el coreano sin mirarla. Y entonces Julia estuvo segura de que hablaba desde su propia experiencia-. Pero los recuerdos siempre permanecen. Es lo único que no se va.
- ¿Baek? -se atrevió a preguntar Julia. Hwoarang negó con la cabeza.
- Metallica -indicó, consiguiendo que Julia esbozase una media sonrisa. En ese momento pareció percatarse de que ella sujetaba algo entre las manos-. ¿Que es eso?
- Es la cámara de Xiaoyu -dijo la india-. Ella quería hacernos una foto a todos y regalársela a Jin. Decía que quizás le animaba, aunque fuera tarde para su cumpleaños.
- Increíble -dijo Hwoarang-. Es capaz de tener ideas.
- Sí, es cierto -dijo Julia intentando sonreír. Pero no pudo-. Pero ahora ella...
- Está peleando, pero estoy seguro de que va a ganar -dijo Hwoarang-. No soy muy espiritual, ni entiendo de medicina... Pero si Ling sobrevive a esta va a ser gracias a su fuerza de voluntad. Y voluntad tiene un rato... es de pesada...
Se produjo un silencio entre la pareja roto únicamente por el sonido de un trueno lejano. Hwoarang no se percató de que Julia le miraba hasta que esta le habló.
- No luchaste contra Jin, ¿verdad?. Antes has dicho que hablaste con él.
La india observó que Hwoarang negaba con la cabeza. Su fino cabello se movió al compás.
- Él no estaba en condiciones -fue la respuesta del coreano.
- Me pregunto si estará bien...
- ¿Bromeas? Jin no puede morir hasta que yo no le derrote -dijo Hwoarang.
Bueno, parecía que seguía con su afán de victoria pero al menos había comprendido que debía respetar a Jin. Julia sonrió.
- ¿Que ocurre? -preguntó él.
- Le has llamado Jin -dijo la india-. Y no es la primera vez que te oigo decirlo.
- Le he llamado Kazama -se apresuró a responder él. Demasiado rápido como para que fuese verdad.
- No. Sé lo que he escuchado.
- Bueno, es igual -dijo Hwoarang-. El no lo ha oído y eso es lo que cuenta.
Julia sonrió otra vez. Quizás por eso le importaba tanto llevarse bien con él. Era un egocéntrico y un engreído. Pero era un egocéntrico y un engreído simpático. E incluso agradable cuando quería.
- Sí, aún mantienes tu honor de chico malo.
- Eso es -dijo el coreano-. Oye, Julia -comenzó, tras un momento-. Yo... Lo siento mucho. No solo por... -Hwoarang no pudo acabar la frase. Resultaba evidente que pedir perdón no entraba dentro de sus especialidades-. Sino también por... -suspiró-. Me porté como un imbécil, aunque supongo que de eso te diste cuenta. -Definitivamente, no era el imbécil más grande de la galaxia si era capaz de darse cuenta de aquello-. Lo siento -acabó el coreano con un suspiro, tras el cual dejó caer la cabeza de manera que el largo flequillo le tapó los ojos y parte de la cara.
Casi inconscientemente, Julia alargó la mano e intento apartarle el pelo del rostro, pero no pudo porque Hwoarang dio un respingo y se retiró rápidamente con un gesto que Julia no supo como interpretar. No sabía si era dolor u otra cosa... Casi parecía asustado. Pero Julia recordó en ese momento la brecha que Hwoarang tenía en la frente.
- Lo siento, no me acordé. Debe doler -dijo ella. Hwoarang la miró sin comprender y Julia se señaló su propia ceja-. La herida...
- Ah, eso -dijo Hwoarang, al que se veía casi aliviado-. Las he tenido peores. Ya sabes, la meleé.
- Paul me lo contó -se apresuró a decir ella-. Gracias por acudir al rescate.
Hwoarang apartó por un momento la mirada. Luego se volvió y sonrió levemente.
- Ya, bueno -fue lo único que dijo. Pero fue suficiente.
- Ya lo tenemos -dijo Michelle cuando llegaron de nuevo a su cabaña. Wulong le acompañaba llevando una serie de pergaminos viejos bajo el brazo sano. Cuando entraron por la puerta se encontraron a todos sus compañeros sentados en el salón, a excepción de Eddy que parecía no haber vuelto-. ¿No ha venido Eduardo? Esperaba poder decíroslo a todos juntos.
- Ha llamado -dijo Forest que había sido quien había cogido el recado-. Dijo que todo había salido bien y que Xiaoyu se recuperará. Dice que se va a quedar esta noche con ella para que no esté sola cuando la suban a planta.
- Es un alivio -dijo Wulong.
El policía dejó los pergaminos en lo que quedaba de la mesa de té. Paul había conseguido arreglarla un poco a base de colocar latas de cerveza en columna para que sustituyeran la pata que se había roto. A pesar de un apoyo tan precario, la mesa aguantó el peso de los pergaminos, que eran tan antiguos que parecían irse a romper al mínimo toque, y eso que no estaban hechos de papel, sino de piel curtida. En su superficie aparecían estampados algunos dibujos, algunos tan viejos que se veían borrosos, pero todos con un denominador común.
- ¿Eso es...? -comenzó a decir Hwoarang señalando una figura verde que se repetía en todos ellos-. ¿Eso es Toshin?
- Ogre -corrigió Michelle-. Sí, así es.
- No es un retrato robot pero creo que nos hacemos a la idea -dijo Wulong desenrollando un pergamino muy largo. En él se veía una imagen de lo que parecía un humano vestido con pieles, un escudo y rodeado de sangre.
- Muy bonito -dijo Paul-. Yo hacía dibujos así de pequeño. Me mandaron a un psicólogo.
- Estos son los pergaminos del abuelo -dijo Julia casi en susurros. Michelle asintió lentamente.
- Ogre fue la causa de que nuestra tribu acabase aquí, lejos del sur, que es de donde éramos originarios. -Todos la miraron extrañados-. Comenzaré desde el principio. -Michelle se sentó en un sofá, dejando las muletas apoyadas en uno de los brazos. Después comenzó a desenrollar pergaminos y a colocarlos de manera que todos pudieran verlos-. Hace muchos años, cuando todavía vivíamos en el sur, en lo que luego llamaron México, apareció una criatura de increíble poder que retaba a los guerreros mas fuertes de las tribus -comenzó narrando la india, señalando uno de los pergaminos donde se podían ver imágenes que ilustraban su historia-. Acababa con ellos para así poder devorar sus almas y unirlas a su fuerza, de manera que cada vez que mataba a uno toda su sabiduría pasaba a pertenecerle. Se le dio el nombre de Ogre, y su afán de devorar almas no solo se limitó a esta tierra, sino también más allá del mar. Al parecer Ogre no solo era sanguinario, también era ambicioso, pues pretendía convertirse en el Dios de la Lucha.
- Eso nos dice que no es un Dios -dijo Forest.
- No lo sabemos -dijo Wulong.
- Ogre había reunido un increíble poder para cuando todas las tribus de la zona se reunieron. El poder de Ogre era tan grande que comenzaba a pensar que ya había alcanzado la divinidad, y algunas tribus ya pensaban en construirle templos para adorarlo y así salvarse de su furia. Sin embargo, de aquella reunión surgió la solución. Un guerrero, un valiente guerrero, se ofreció voluntario para retarle y Ogre accedió al ver su poder; pero el guerrero le propuso un trato. Hicieron un juramento de sangre por el cual Ogre serviría al guerrero si este vencía. Si por el contrario era derrotado el mundo quedaría a su merced, y todas las tribus deberían rendirse ante su poder.
- Creo que los buenos ganaron -dijo Forest.
- Así fue -respondió Michelle apartando uno de los pergaminos y desenrollando otro donde se veían más imágenes-. Tras una dura batalla el guerrero venció a Ogre, pero sus heridas eran demasiado graves y lo habían condenado a morir de antemano. Aún así, Ogre debía obedecer sus mandatos, y con su último aliento el guerrero le ordenó que debía desaparecer mientras un guerrero como él estuviera allí.
- ¿Qué quieres decir? -preguntó Wulong.
- Que el guerrero murió y Ogre desapareció con él. Se le alzó una gran tumba que sería la prisión del Dios de la Lucha. Los restos del guerrero siguen allí. Según la leyenda todo guerrero de nuestra tribu lleva un medallón como el que llevaba el guerrero el día de la batalla, para conseguir así engañar a Ogre y hacerle creer que el guerrero que le venció sigue vivo -dijo Michelle. Acto seguido señaló su cuello-. Windsound me entregó el mío cuando fui a vengar a mi padre, aunque no me explicó todo su significado.
- ¿Y entonces? -preguntó Forest-. ¿Cómo consiguió Heihachi liberar a Ogre?
- Solo tengo conjeturas. Rompería el medallón, o lo robaría, con lo cual el sello estaría roto. -Llegados a este punto Michelle mostró un pergamino rasgado. Parecía un mapa-. Nuestra tribu era la única que sabía la localización de la tumba y el secreto para despertar a Ogre. Emigramos lejos, donde el olvido pudiese esconder nuestro secreto; pero los Mishima intentaron descubrir el paradero de la tumba de Ogre. Heihachi solo consiguió un trozo de pergamino inútil, pero se llevó a mi padre por delante. Kazuya lo intentó después, y tuvo más suerte raptando a mi madre. Debió sacarle información. Más tarde el padre se hizo con la información del hijo, completó el rompecabezas, dio con el paradero de la tumba y el resto...
- ¿Entonces? -dijo Forest-. ¿Heihachi controla ya a Ogre?
- Creo que se le fue de las manos -dijo Wulong-. Hace cuatro años, justo antes de las desapariciones de luchadores por todo el mundo, Heihachi se vio extrañamente interesado por antigüedades del extranjero. Se dijo que hacía excavaciones arqueológicas por Centroamérica, pero no se pudo concretar pues lo llevó con mucho secretismo.
- Eso es -dijo Michelle-. Encaja. Heihachi irrumpió en la tumba del guerrero, rompió el medallón y Ogre apareció. Claro, quizás pensaba que era tan fácil como frotar la lámpara mágica. Pero Ogre, al ver que su dueño había muerto se sintió libre de continuar con su objetivo. Quizás la criatura salió de su tumba y comenzó a matar luchadores...
- Pero entonces, ¿por que dejó de matar después de acabar con la madre de Kazama y a...? -Hwoarang se detuvo en ese momento, pero continuó después-. Si es tan poderoso, ¿por qué no fue directo a por Heihachi o a por cualquiera de nosotros?
- El chico tiene razón, seriamos un buen manjar -dijo Paul-. Wulong sobre todo, empieza a estar fondón.
- ¡Mira quién fue a hablar! -exclamó el aludido.
- No sé que ocurrió -dijo Michelle-. No entiendo lo que sucedió a Ogre, quizás necesita tiempo para "digerir" las almas.
- ¿Me vas a decir ahora que la madre de Kazama le dio acidez de estómago? -preguntó Hwoarang con tono irónico.
- No lo sé, Hwoarang -se defendió la india-. Pero cualquier cosa que haya hecho que Ogre se detenga todo este tiempo es bien recibida.
- Pero aún así... -intervino Julia-. Si Heihachi rompió el sello debería haber muerto él primero. No creo que Ogre le agradeciera el acto.
- Quizás no lo rompió Heihachi -dijo Wulong-. Seguramente usaría a uno de sus subalternos que moriría inmediatamente.
- Bueno -dijo Paul levantándose-. Pues ya tenemos un objetivo y sabemos donde está. Yo propongo que nos preparemos todos y partamos al torneo lo antes posible. Apuesto que el chico de Jun es un hueso duro de roer, pero estamos hablando de dos demonios.
- ¿Dos? -dijo Forest.
- Heihachi y Ogre -puntualizó Paul.
- Puede que tres -dijo Wulong pensativo.
- ¿Que quieres decir? -dijo Paul-. Yo todavía estoy de vuestro lado.
- No es eso -dijo Wulong riendo.
- ¿Y luego era yo el del autoestima? -dijo Hwoarang en dirección a Julia.
- ¿A que otro demonio te refieres, Wulong? -dijo Paul.
- El soldado que se ha llevado a Kazama-kun, le conozco. Era un ex-policía, un tipo corrupto. Y estaba muerto. Murió hace tiempo en un tiroteo y el día que nos atacaron en el aeropuerto gasté todo mi cargador en él y sigue vivo.
- Entonces era ese -dijo Hwoarang-. Creí que John Walker tenia algo que ver en todo eso.
- ¿Como dijiste que se llama? -dijo Julia con voz cavernosa.
- Bryan Fury -dijo Wulong-. Alguien desagradable. Se vio relacionado con temas de droga y basura de esa antes de que le tirotearan. Os aseguro que estaba muerto.
- No lo suficiente -respondió Julia. Se produjo un corto silencio que Paul rompió haciendo crujir sonoramente sus nudillos.
