Round 24: El Dios de la Lucha.
- Un demonio. Claro -dijo Marshall, escéptico-. ¿Te lo ha contado Paul después de tres o cuatro cervezas?
- Sabes que no -dijo Wulong completamente serio. Le habría contado a su viejo amigo todos los acontecimientos ocurridos desde que Jin abandonó la mansión Mishima si eso hubiera aclarado las cosas, pero el tiempo apremiaba y aquel pequeño resumen de la situación actual no parecía ser suficiente para convencer a Marshall-. Además, ¿desde cuándo organiza Heihachi un torneo al aire libre? Sabes que le gusta mostrar su poder, preparar algo a lo grande. Está tramando algo.
- Puede ser, pero de ahí a...
- Marshall -insistió el policía, sin perder la paciencia-, te estoy hablando en serio.
- Reconoce que es un poco difícil de creer -dijo el cocinero.
- Marshall, por favor, confía en mi -terminó Wulong. Empezaba a pensar que podría haber sido mas fácil pedirle ayuda directamente, sin explicar nada, pero sabía que Marshall era un tipo precavido. Además, lo justo era informarle sobre lo que se enfrentaban. Era cierto que resultaba difícil de creer. No toda la gente podía asimilar de golpe algo que incluyera posibles demonios y la existencia del alma.
- Confío en ti Wulong, más que en mí mismo -dijo el otro-. Pero es difícil de asimilar.
- Han atacado el poblado de Michelle -le informó Wulong, y aquella frase hizo que Marshall diera un respingo. Antes de que dijera cualquier otra cosa, el policía siguió hablando-. Han matado a Windsound y han disparado a una chica.
- ¿A una chica? ¿A quién?
- No la conoces -dijo Wulong-. Vino con nosotros.
- ¿Por qué no me lo habías dicho?
- No quería preocuparte más de la cuenta. Necesitamos la cabeza despejada, es un momento delicado -dijo Wulong, antes de seguir hablando con gesto impaciente-. Deberíamos movernos rápido.
- ¿Cual es el plan? -dijo Marshall dando un respingo.
- Nos hemos dividido en dos grupos. Paul, Julia y Hwoarang han ido al templo donde debe estar el demonio, por si Heihachi ya esta allí; nosotros, mientras tanto, buscaremos por el campamento. Pero antes tenemos que avisar a los luchadores. Si lo que Michelle nos contó es cierto y el demonio se alimenta de almas de luchadores, están en peligro. Lo más probable es que Heihachi intente hacerse con él antes de las eliminatorias.
- ¿Antes de las eliminatorias?
- De esa forma Ogre tendrá a todos los luchadores bajo su merced, sin que no se haya marchado ninguno -dijo Forest.
- ¿Pero cómo lo hace? ¿Se traga a los luchadores?
- No lo sé, Marshall -dijo Wulong tras un suspiro-. Y espero no averiguarlo. Aún así, debemos centrarnos en lo que nos ocupa ahora.
- Vale, disculpa -dijo el cocinero llevándose la mano al bigote-. De ser yo, esperaría a después de las eliminatorias -dijo Marshall tras un segundo-. Así tendría a absolutamente a todos los participantes cansados o vapuleados.
- Tiene razón -dijo Eddy con gesto crítico.
- Eso nos daría bastante tiempo para organizar mejor las cosas -dijo Marshall-. Las eliminatorias no empiezan hasta dentro de un par de horas, y si los combates se alargan podemos disponer de mucho margen. Quién sabe cuándo terminarán.
- No importa si piensa hacerlo antes o después, debemos terminar con esto lo antes posible para ponernos a buscar a Heihachi. Y espero hacerlo rápido. Como no esté tendremos que apresurarnos hacia el templo.
- Entonces no perdáis mas tiempo -dijo Marshall tirando de la mano de Wulong para que se levantara de donde estaba sentado-. Yo me encargaré de avisar a los luchadores. Conozco a muchos de aquí y podría pedirles ayuda a los King.
- ¿Estás seguro?
- Claro que sí -dijo Marshall mientras recogía sus cosas-. Además, a mí no me buscan. Seguramente os detendrían en el momento en que empecéis con algo raro.
- Va a ser difícil convencerles.
- Tranquilos, ya se me ocurrirá algo -dijo Marshall-. Ahora podré encontrarles a todos desayunando. Aprovecharé el momento.
- ¿Desayunando?
- Sí. Es la hora del desayuno. Se sirve en la carpa.
- ¿Y por qué no estas con ellos?
- ¿Bromeas? Me niego a comer esa bazofia.
Marshall se despidió de ellos y echó a correr hacia la carpa, que podía verse desde cualquier sitio del campamento. Por su parte, Wulong, Eddy y Forest echaron a correr en dirección contraria. Si Heihachi se encontraba en algún lugar de aquel campamento debía de ser en algún sitio especial. Lo mejor era empezar buscando por los edificios cercanos a administración.
- Bueno. Creo que el Abuelo ya ha movido pieza -dijo Eddy señalando al frente con la cabeza.
Sin apenas percatarse del peligro que suponía, el grupo se adentró en un callejón formado por el hueco entre dos barracones metálicos. El pasillo, con poco más de dos metros de separación entre paredes, era el lugar perfecto para una encerrona, o eso debieron pensar la pareja de Tekkenshu que aparecieron por la salida que tenían delante suyo.
- ¡Maldición! -dijo Forest poniéndose en guardia.
Wulong echó un vistazo a su espalda con la idea de que otra pareja de Tekkenshu aparecerían para cortarles el paso, pero lo que vio fue peor.
- Oh, no... Jack.
El LandCruiser se detuvo a pocos metros de las ruinas y, desde donde Julia había decidido aparcar el coche, se podía ver toda la columnata hacia la entrada de las ruinas. El sol no llegaba a iluminarles, pues el acantilado lo impedía. Parecía que hacia poco que ese lugar había sido descubierto pues algunas secciones estaban todavía sin desenterrar y había materiales desperdigados por doquier. De tratarse de cualquier otro templo sería un descubrimiento que hubiera dado la vuelta al mundo y del que cualquier arqueólogo se hubiera sentido orgulloso de ver, fascinado por su grandeza. Pero ese no era el caso.
- Es un buen escenario para un combate -dijo Hwoarang bajando del coche.
Comenzaron a caminar hacia las ruinas. Todo parecía tranquilo, demasiado tranquilo. No había ni un alma en las cercanías. Era extraño que, tratándose de un lugar importante, Heihachi no le proporcionara protección. Quizás era por que no la necesitaba.
- Estaba preguntándome -dijo Paul para romper el silencio. Caminaba tranquilamente, como si todo estuviera controlado-, ¿por qué le tienes tanta manía al muchacho?
- ¿Cómo? -preguntó Hwoarang, que tardó un momento en darse cuenta que el enorme motorista se dirigía a él.
- Si, tú -dijo Paul-. He oído que le decías cosas muy fuerte, chico. ¿Por qué esa manía? A mi el chaval me parece un buen tipo.
- Empatamos en un combate -dijo Hwoarang, pasando por alto el último comentario y sin querer echar más leña-. Ha sido el único combate que no he ganado.
- ¿El único? -dijo Paul, sorprendido-. Vaya.
- ¿Ves? Es una tontería preocuparse por eso -dijo Julia distraída.
- No me parece una tontería -murmuró Hwoarang mirando al frente.
- Completamente de acuerdo -añadió Paul, asintiendo.
- ¿Perdón? -preguntó Julia, sorprendida. Hwoarang se giró hacia ella con una sonrisa de oreja a oreja-. Pero... es un simple combate. Y ni siquiera lo ha perdido.
- Pero tampoco lo ha ganado -dijo Paul, como si estuviera haciendo un análisis complicado-. Se encuentra en un estado en el que no puede decir que es el mejor o, por el contrario, que aún le queda por aprender, porque el resultado de ese combate aún está en el aire. Con tu currículo, chico -le dijo a Hwoarang-, yo intentaría resolver la cuestión lo antes posible.
- En eso estoy -dijo Hwoarang, aún con la sonrisa de triunfo en la cara.
- A mí me pasó algo similar. Hace ya muchos años vencí al padre de tu némesis, Kazuya Mishima. Cuando dieron el combate por acabado me derrumbé en el suelo. ¡Había sido tremendo y estaba cansado, diablos! Pero algunos se tomaron ese gesto como que realmente no podía más y simplemente había ganado a Kazuya por un pelo.
- Esa es la impresión que da. Yo estaría de acuerdo con ellos -dijo Hwoarang.
- ¡Me relajé por que el combate había terminado! -dijo Paul deteniéndose, ofendido-. Ya me habían proclamado vencedor.
- Tranquilo, tronco. Era broma.
- Mucha gente, sobre todo los partidarios de Kazuya, se consolaban diciendo que había sido por suerte -continuó Paul tras un bufido-. Kazuya, sin embargo, aceptó esa derrota. Siempre quiso la revancha y yo estaba dispuesto a aceptar el reto para demostrar mi superioridad. Eran otros tiempos... otro Kazuya -Paul se quedó en silencio durante un segundo y luego continuó-. Lástima que esté muerto. Me debía un combate.
- ¿Ves? -dijo Hwoarang a Julia-. Perfectamente comprensible.
- Esto es... esto es increíble. No lo comprendo. De verdad, no lo comprendo. ¿Y si vencieras a tu contrincante? El querría la revancha y así hasta el infinito. Es un círculo vicioso, no tiene fin.
- Déjalo, Julia, nena -dijo Paul palmeándole cariñosamente la cabeza con una mano-. Son cosas de hombres. No fuerces tu redonda cabecita.
- ¡Serás...!
- No lo comprende -dijo Paul hacia el coreano-. No tiene agresividad suficiente. Siempre dije que le faltaba agresividad.
- O dejáis de hablar de mí en tercera persona u os demuestro un nuevo concepto de "agresividad".
- ¿Ves? -dijo Paul palmeándole un hombro-. ¡Ese es el espíritu!
En aquel momento, tan poco propicio, tan rodeado de las difíciles circunstancias, Paul y Hwoarang rompieron a reír. Fue una risa que relajaba, fue una risa que terminó por contagiar a Julia, quién, a pesar de ser el objeto de broma, sonrió.
- Con que tenías una impecable carrera... -continuó Paul después de tomar aire-. Te invitaría a unas cervezas cuando acabe esto, compañero de males. Pero eres menor de edad, así que no puedo.
- No, si mi madre va a tener razón... -murmuró Julia, mirando a todas partes con atención-. Vais a tener cierto parecido y todo...
- ¿Yo? -dijeron los dos a la vez-. ¿Parecerme a él? ¡Ni hablar!
Julia se echó a reír y Paul la acompañó inmediatamente. Hwoarang sólo sonrió, pero no dijo nada.
- ¡Que demonios! -dijo Paul-. Cuando acabe esto voy pillar tal borrachera que no voy a entender de edades, así que vosotros dos...
El rugido de un trueno silenció al motorista. No se habían percatado de los nubarrones que comenzaban a arremolinarse justo encima suyo. Justo encima de las ruinas.
- La fiesta ha empezado sin nosotros -dijo Paul.
La criatura hablaba un idioma que Jin no llegaba a entender, pero cuando llegaban a su mente todas las palabras adquirían significado. Era una sensación extraña que ya había experimentado antes.
Toshin.
El demonio que había matado a su madre estaba delante suyo. Más grande de lo que recordaba, más fuerte. Su piel verde esmeralda, su ojos negros con las pupilas brillantes en un rojo sangre. Su gesto frío. Tenía el cinturón, yelmo con una larga cresta y botas de una armadura dorada, y un escudo, que tintineaban cuando caminaba. Las luces crepitaban con cada paso que daba y las sombras parecían crecer a su espalda.
Tanto Jin como Bryan dieron pasos atrás, sin saber la reacción del recién llegado que simplemente se quedó parado mirando al japonés. Este, descuidado, no se percató de la sonrisa Bryan. Antes de que cualquiera de los dos moviera un músculo, el soldado pateó la espalda de Jin, haciéndole caer de rodillas frente a Ogre.
- ¡Hora del sacrificio! -dijo mientras se marchaba acompañado de una carcajada-. ¡Os dejo para que intiméis!
Jin se levantó rápidamente y se alejó de un salto de aquella criatura, que no había movido ni un músculo. Le llamó la atención aquel comportamiento, que no se moviera un centímetro cuando Bryan se le escapaba corriendo. Parecía que el soldado tenía razón y aquello era un sacrificio. El suyo.
- Únete a mi -volvió a hablar Ogre. Aquella voz le producía escalofríos-. Forma parte de mí, como tu madre hizo hace cuatro años.
- ¡Nunca! -gritó el japonés de inmediato, su mente nublada por los recuerdos y el odio.
Sin decir nada más Toshin se lanzó hacia Jin. Fue un movimiento rápido, demasiado como para que el japonés pudiera reaccionar. Lo siguiente que supo fue que se encontraba a varios metros de donde se hallaba antes del ataque, con un fuerte dolor en el pecho. Cuando volvió a alzar la cabeza vio la imagen de Toshin, pero no estaba en el suelo. Se había levantado varios centímetros en el aire y se acercaba flotando hacia él.
- Ríndete -oyó decir a Ogre una vez más.
Jin se levantó e intentó responder a aquella petición con un "¡Jamás!", pero le faltaba el aire. No podía fallar en aquel momento.Toshin se le acercaba. Tomó aire y con un grito en la garganta se abalanzó contra la criatura. Dando un salto le pegó una poderosa patada voladora, pero el otro no se inmutó y le respondió con un revés que lanzó al japonés otra vez por los aires.
La situación se estaba repitiendo, tal y como fue hacía cuatro años. ¿Acaso su entrenamiento no había servido para nada? Algo fallaba en él. Algo le faltaba en aquel combate.
Toshin se plantó delante suyo mirándole con gesto frío y, sin decir nada, le lanzó un puñetazo a la cara. Jin lo desvió hacia un lado, pero Toshin aprovechó la situación para agarrar la nuca del japonés y atraerle hacia sí, propinando a su contrincante un poderoso rodillazo. Acto seguido levantó a Jin en volandas y le arrojó contra una columna que cedió bajo el peso del joven.
- ¿Qué? -preguntó Eddy sorprendido, echando un vistazo a su espalda-. ¿Le conoces?
- Solo a uno de sus "hermanos".
Era una autentica mole, el suelo crujía con cada paso que daba. Debía medir dos metros de alto por otro tanto de ancho. Extremadamente corpulento y con los brazos mas largos que las piernas, completamente desproporcionado. No tenía ni un solo pelo a excepción de una extraña cresta rubia que parecía sintética. Los rasgos de su cara, fríos, eran los de un humano exageradamente musculoso. Vestía un extraño uniforme de cuero negro que no le cubría los brazos, de un brillo metálico.
Lo peor de todo era que no venía solo. Tras dar unos pasos con su extraña y pesada forma de andar, apareció otro exactamente igual detrás suyo.
- Wulong, ¿qué diablos ocurre? -preguntó Eddy.
- ¡Son robots! -dijo Wulong mirando a todos sitios, buscando una salida.
- Más tekkenshu -dijo Forest con notable gesto nervioso. Wulong miró al frente y vio que a la pareja de Tekkenshu se les había unido otra, pero esta vez eran "Owls".
- Espalda contra espalda -dijo Wulong-. Solo pueden entrar de dos en dos en el callejón, como mucho.
- ¿Robots? -continuaba Eddy, todavía sin creérselo.
- Son la segunda versión de los "Jack". Son "el soldado perfecto" para el MFE. Son luchadores fuertes e incansables.
- ¿Y todos tienen el mismo nombre? -dijo Forest.
- Deja eso. ¿Todos son igual de feos? -preguntó Eddy.
- No llevan armas -dijo Forest observando a los "Owl" que desenfundaban sus tong-fa-. Nos quieren vivos.
- Nos necesitan para Ogre -añadió Eddy mientras se adelantaba hacia los "Jack"-. Wulong, tú no puedes luchar...
- Sí puedo -dijo Lei deshaciéndose de su cabestrillo. No era la primera vez que le disparaban. Podía resistir el punzante dolor en su brazo, sobre todo si no le usaba demasiado.
- No seas absurdo. No pienso quedarme aquí esperando a que te hagan picadillo -dijo Eddy echando un vistazo a su alrededor. Los "Jack" avanzaban hacia él, uno detrás del otro a causa del poco espacio. Sin perder un segundo más, el brasileño echó a correr-. ¡Seguidme!
- ¡No hagas locuras! -gritó Wulong viendo como el brasileño se lanzaba a la carga contra los "Jack". El primero de los robots se abalanzó hacia Eddy una vez estuvo a su altura intentando aplastar su cadera en una especie de abrazo. Sin embargo, Eddy se anticipó a aquel movimiento con un salto que pasó por encima de aquel ataque y le permitió golpear con ambas piernas la cabeza del robot. A causa de aquel golpe el "Jack" cayó de espaldas mientras que Eddy salió impulsado hacia atrás y aterrizó con ambas manos ágilmente antes de volver a ponerse en pie.
- Contra mas altos son de mas alto caen, dicen -comentó un sonriente Eddy mirando por encima del hombro a Forest, que le adelantó con una sonrisa de complicidad en aquel momento.
Pasaron por encima del primer "Jack" antes de que este pudiera levantarse y, cuando el siguiente les acechó, levantando un brazo preparado para descargarse en un ataque letal, Forest se deslizó por debajo de sus piernas, derribándolo en el momento exacto en que empezaba a descender aquel puño. Todo ello provocó que el enorme robot acabase con la cabeza clavada en la arena del suelo en una postura muy poco digna, permitiendo que Eddy y Wulong pasaran a su lado sin ningún problema.
Libres ya de aquella emboscada, los tres echaron a correr para salir de aquel angosto callejón. Cuando los "Jack" se levantaron, impidieron el paso a los Tekkenshu que habían salido detrás de los fugitivos. Al salir del callejón, llegaron a una callejuela el doble de grande que la anterior, pero por desgracia, una de las salidas también estaba ocupada por algunos Tekkenshu. Casi sin pensarlo se dieron la vuelta y encararon la otra salida que estaba libre de soldados.
Antes de que pudieran alejarse demasiado se vieron sorprendidos por una ráfaga de una metralleta. El suelo de arena se levantó con los disparos delante del grupo, tan cerca que Eddy tuvo que protegerse para no quedar cegado por la arena.
- ¿Os vais tan pronto? -dijo una voz femenina que a Wulong le resultaba familiar. No necesitó mirar hacia donde provenían los disparos para saber que se encontraría con Anna Williams, armada y preparada-. Si todavía no ha empezado la fiesta.
- ¡Ahí vienen! -dijo uno de los soldados Tekkenshu al ver como el motorista se acercaba corriendo. Cogieron sus armas, preparándose para el ataque. Paul se acercaba a gran velocidad, su grito de guerra resonando por todo el valle de entrada de las ruinas donde los soldados montaban guardia.
No les dio tiempo a percatarse de su descuido cuando dos sombras más se cernieron sobre ellos. Julia y Hwoarang aparecieron por los flancos, escondidos entre las columnas y las ruinas, acabando con un Tekkenshu cada uno. El reducido grupo que montaba guardia no llegaba a media docena de hombres, con lo cual vieron que sus efectivos se reducían rápidamente cuando Paul agarró del brazo a uno de los soldados y, empujándole por el pecho con el otro brazo, lo estrelló contra su compañero, que no pudo hacer nada para impedir el golpe.
El soldado que quedaban se puso en guardia, intentando protegerse de lo que se le venía encima. Nunca mejor dicho. Paul le mandó directo al suelo con un poderoso puñetazo.
- Acabado -dijo Paul sacudiéndose las manos, viendo como Hwoarang pateaba la cabeza de uno de los soldados que parecía no haber perdido la consciencia aún-. Vamos a por el premio gordo.
Antes de que dieran un solo paso, un sujeto salió apresuradamente de la tumba. Tropezó con uno de los cuerpos del suelo pero no perdió el equilibrio.
- ¿Qué es esto? -era Bryan Fury. Miraba a su alrededor desconcertado, pero cuando se percató del trío que le rodeaba esbozó una sonrisa-. Vaya, el grupo de rescate. Juraría que erais más.
Aunque Bryan sonriese había una tensión palpable en aquel ambiente, nadie se atrevía a mover un músculo, esperando la reacción de su contrincante.
- Lástima, habéis llegado tarde para ver el comienzo, pero tranquilos...
Bryan dejó de hablar en el mismo momento en que echaba mano a su revólver, intentando sorprender al grupo. Sin embargo, antes de que pudiera desenfundarle Julia cargó contra el y, aunque consiguió que su contrincante perdiera el arma, ambos acabaron en el suelo. Bryan intentó recuperarla pero Julia se adelantó nuevamente a él, pateándola desde el suelo y haciendo que se perdiera entre las ruinas.
- ¡Salid de aquí! -ordenó Julia, levantándose de un salto-. ¡Jin necesita ayuda!
- Vamos, carroza -dijo Hwoarang después de un momento, tirando del brazo del enorme motorista, que parecía dudar.
- No podemos dejarla sola -dijo Paul, pero Hwoarang seguía tirando de él.
- Debemos -dijo Hwoarang, súbitamente serio.
- Mi pequeña... -Por fin, Paul comprendió y se dejó llevar-. Mi mejor alumna. Y no cobré por las clases.
- Patético -fue lo último que Julia oyó antes de que sus compañeros descendieran por las escaleras.
- Tengo cosas que hacer, niña -dijo Bryan levantándose lentamente-. No tengo tiempo de jugar contigo, así que por qué no...
No pudo continuar la frase porque se encontró con un puño incrustado en el estómago. El golpe había sido rapidísimo y no le había permitido tiempo a reaccionar. Tampoco pudo defenderse cuando Julia se deslizó por debajo de su guardia, rota por el golpe, y descargó toda su fuerza en un poderoso codazo que le obligó a recular hacia atrás. En el momento en el que Bryan levantó la cabeza para incorporarse de nuevo, Julia le incrustó la palma de su mano en el esternón con tanta fuerza que salió despedido hacia atrás. Había decidido que no iba a dejarle respirar.
Jin se levantó con esfuerzo. Aquel último golpe le había dejado un poco atontado. Cuando abrió los ojos Toshin ya no estaba. No le veía por ningún lado. ¿Habría huido? Era impensable, pero no podía saber como actuaría aquella criatura. Con suerte habría ido detrás de Bryan...
No. Debía de estar por algún sitio. Escondido, quizás.
Fuese como fuese, Jin agradeció el respiro. Ya se había dado cuenta de qué era lo que fallaba. Le estaba atacando sin sentido, sin orden. Sus golpes solo llevaban furia. Su madre y su abuelo le habían enseñado que el autocontrol era esencial en una batalla importante, que todo ataque tenía que llevar su punto justo de furia y control para llevar a la victoria. Pensar antes de golpear.
Jin se deshizo de su protector del brazo derecho, que había quedado destrozado con el último golpe, rasgado posiblemente por alguna roca. Antes de que la prenda llegara a caer al suelo Jin recibió la embestida de Toshin desde el aire. Se encontraba detrás suyo y ni siquiera se había dado cuenta.
El japonés se levantó lo más rápido que pudo para encarar a su enemigo, que parecía decepcionado, pues caminaba tranquilamente hacia él. No estaba en guardia, ni siquiera parecía que estuviera combatiendo.
Su error.
Jin se abalanzó sobre Toshin lanzando uno de sus mejores golpes: un puñetazo directo al estómago. La criatura intentó pararlo con su escudo, pero tanto éste como algunas de las piezas de el cinturón de la armadura que protegía a Toshin se hicieron añicos bajo la fuerza del japonés. A continuación le golpeó con el otro brazo en el pecho, haciendo que Toshin reculara hacia atrás. Parecía que Jin había conseguido que Toshin se tomara el combate en serio, pues comenzó a lanzarle patadas al japonés con una pierna sin llegar a pisar el suelo con ella. Demasiado rápidas para esquivarlas, demasiado fuerte para pararlas.
Para acabar la combinación de golpes le dio una patada que le hizo salir despedido hacia atrás y golpearse con otra columna. No había conseguido reponerse de los golpes cuando Toshin le aplastó contra la columna de una patada en el pecho.
Jin cayó de rodillas, falto de aire. Ahora sí era mas que probable que tuviera varias costillas rotas. Cuando levantó la cabeza vio que Toshin preparaba otro ataque, pero antes de que llegara a hacerlo se giró para defenderse de un sujeto que le atacaba con una patada voladora.
Era Hwoarang. Había errado el ataque, pues Toshin se había apartado en el momento justo, pero había conseguido desviar su atención lo suficiente.
- ¡Llegan los refuerzos, muchacho! -oyó la voz de Paul mientras propinaba a su contrario un poderoso directo en la espalda, cuando este se giró a encarar a Hwoarang.
