Round 26: En dos movimientos.
- ¿Te encuentras bien? -preguntó Jin al acercarse al coreano. Paul se había arrojado encima de la criatura y volvían a forcejear. Hwoarang parecía levantarse, aunque con bastantes problemas.
- Halcón a la Caza... -murmuraba el pelirrojo entre dientes, poniéndose en pie. Jin supo que se refería al último golpe que acababa de recibir-. Era un golpe de Baek. -El japonés no dijo nada, pero lo entendió todo-. Un golpe de mi maestro -acabó, mientras miraba con furia a la criatura.
Paul seguía forcejeando con la masa de músculos que era Toshin. Parecía haber aprendido de su error anterior y no dejaba que el maestro de judo se hiciera con él. Viendo que era imposible volver a engancharle, Paul soltó la presa de su brazo izquierdo y le pegó un fuerte codazo en el estómago, haciéndole recular, pero inmediatamente Ogre se repuso y siguió con su ataque, lanzando patadas rápidamente. Paul las detenía, haciendo un gran esfuerzo por contrarrestar toda su fuerza. Sin embargo, Ogre era mas rápido que las manos de Paul y consiguió un impacto con una patada en la cabeza. Paul aguantó el ataque con una sonrisa socarrona y respondió con un puñetazo en la cara de Toshin.
El Dios de la Lucha volvió a lanzarle otra patada a Paul, pero esta vez el hombretón pudo detenerla con ambas manos y hacerse con ella. Torciendo el pie obligó a su contrincante a dar un salto para no lesionarse, con lo que perdió el equilibrio. Pero antes de caer al suelo, Toshin volvió a levitar y se alejó del motorista justo en el momento en el que Paul aplastaba el suelo donde debería de haber caído.
- ¡Ven aquí, hijo de puta! -le Paul agitando un puño.
Como si Toshin hubiera decidido hacerle caso en el último momento, embistió a Paul en pleno vuelo derribándole al suelo, pero el motorista se puso de nuevo en pie preparándose para el siguiente ataque, que no tardó en llegar. Cuando Toshin le envistió, Paul se hizo con su brazo y, aprovechando la fuerza de la embestida y el peso de Toshin, le arrojó por encima de su espalda al suelo. Esta vez el Dios de la Lucha no pudo hacer nada por impedir caer, hundiendo las piedras del suelo con su peso.
Toshin se levantó apresuradamente para encontrarse con un Paul que intentaba volver a agarrarle. Ambos comenzaron a forcejear otra vez. Aprovechando un fallo en la defensa del hombretón, Ogre se deslizó hasta su espalda, donde le dio un poderosísimo codazo en los riñones. Paul salió despedido y cayó de rodillas al suelo. Toshin echó a correr hacia él, preparado para rematarle.
- ¡Paul! -dijo Jin al verle en el suelo-. ¡Levántate! ¡Detrás suyo!
No hacía falta que Jin dijera nada. Antes de que Paul moviera un músculo Toshin parecía haber adivinado sus intenciones, pero aun así había sido demasiado tarde. No consiguió frenar a tiempo tras aquella carrera y no pudo evitar quedarse cerca del enorme motorista.
Con un grito de furia Paul lanzó el puñetazo mas potente que jamás habían visto. El puño salió con tal velocidad que no consiguieron verle y Toshin tuvo la suerte de echarse ligeramente a un lado, aunque eso no redujo los efectos del golpe. La criatura recibió el impacto de lleno en un costado y salió despedida varios metros atrás contra la pared del fondo, destrozando una columna de por medio.
- Joooder -exclamó Hwoarang, que aún no se creía lo que acababa de ver.
- Sí -dijo Jin, con los ojos abiertos como platos-. Justo eso.
Paul se levantó frotándose la espalda dolorida, pero tenía una sonrisa confiada en su rostro.
- ¡Pfeh! Si le hubiera dado de lleno estaría muerto -aseguró el motorista, observando cómo Toshin se levantaba pesadamente, pero con los ojos llenos de furia-. Tranquilos chicos, en dos movimiento ganamos el partido.
- ¿Qué quieres decir con eso? -dijo Jin poniéndose en guardia a su lado. Hwoarang ya se había recuperado y también estaba preparado.
- Necesito tiempo para preparar el golpe, encontrar el momento en el que el impacto sea seguro -dijo Paul.
- Te conseguiremos arena para tu reloj, carroza -respondió Hwoarang lanzándose al ataque-. ¡Vamos Kazama!
Parecía que aquel golpe, el arcano supremo de su madre, no había salido como ella esperaba. Había hecho caer a su contrincante, pero lo que hizo que Julia pensase que aquel golpe había salido mal era el terrible dolor que atenazaba su mano izquierda.
Cuando se miró el puño descubrió por qué. Tanto dedo meñique como anular estaban en una posición tan poco saludable que Julia supo con certeza de que estaban rotos. El gancho no había salido del todo bien y, unido a la resistencia y solidez inhumanas de la mandíbula de Bryan, habían conseguido que el golpe le saliera caro.
Pero sin duda alguna, lo que mas molestó a la india fue que Bryan comenzara a levantarse. Aquel golpe había recorrido todo su pecho y eso se notaba en el destrozo de su camisa. El gancho había arruinado todo el pectoral y ahora el pecho del soldado estaba al descubierto, manchado por un líquido denso y negruzco, que debía de ser la sangre que caía de su boca. Bryan escupió al suelo con indiferencia.
- Un sabio dijo una vez: "no puede morir lo que yace eternamente." Eso iba por mi, niña -dijo Bryan, echando a andar hacia ella tras arrancarse su ajustada camisa negra de un tirón. Julia se fijó que en su pecho lucía multitud de cicatrices, la mayoría de ellas viejos orificios de bala.
- Toda regla tiene su excepción -dijo Julia-. En un momento pondremos las cosas en su sitio y volverás donde deberías estar.
- ¿Quieres entonces que salude a alguien en el mundo de los muertos? -eso provocó que el gesto de Julia se endureciera aún más y que Bryan rompiera a reír.
Aún con la sonrisa en la cara, Bryan siguió caminando en dirección a la joven. Julia se preparó para el ataque que se avecinaba pero, sin embargo, hubo algo que le sorprendió. Durante un momento, en el primer paso de Bryan este dio un traspiés, parecía como si los pies se movieran más lento que el cuerpo. Durante un segundo el soldado parecía desconcertado.
El golpe había sido más efectivo de lo que parecía a primera vista y acaba de demostrarse que el supuesto ser inmortal al que se enfrentaba podía, efectivamente, sentir dolor. O al menos los efectos de un buen golpe. Si podía atontarle, entonces definitivamente podía derrotarle. Bryan parecía haberse percatado de la observación de la india pues enseguida borró su sonrisa y echó a andar más rápidamente hacia su contrincante.
- Voy a acabar esto de una vez por todas -dijo el soldado dando un salto hacia Julia. La joven dio un paso hacia atrás pero descubrió con horror que la pared que le había estado molestando durante todo el combate seguía a su espalda. Parecía su maldición personal.
Bryan no dio tiempo a la joven para poder apartarse de la pared. Lanzó un tremendo puñetazo que Julia esquivó como pudo escabulléndose debajo de la guardia de su contrincante hasta su espalda. Por segunda vez el puño de Bryan destrozó la roca, pero esta vez no se paró a limpiarse el puño. Casi inmediatamente al momento en que Julia se incorporaba le dio un fuerte revés en la cara que le hizo girarse, y lo acompañó con un directo con el otro brazo. El golpe fue muy fuerte, pero impactó en el hombro de Julia, haciendo que cayera de boca en el suelo.
Impulsándose con los pies consiguió rodar hacia delante en el momento exacto en que Bryan pateaba el lugar donde Julia había estado momentos antes. La india se levantó todo lo rápido que pudo y llegó a tiempo para desviar la siguiente patada baja de Bryan. Julia aprovechó la situación de su enemigo para darle un puñetazo en los riñones a Fury pero este lo aguantó y agarró a la joven con ambas manos por el cuello, golpeándola con la cabeza.
Julia se tambaleó hacia atrás casi sin saber qué era lo que estaba pasando. Cayó de rodillas en el suelo. Se llevó una mano a la cabeza, que comenzaba a dolerle como si fuera dos tallas mas pequeña que su cerebro.
- ¿Qué te pasa? ¿Te has roto una uña? -preguntó Bryan.
Cuando Julia quiso darse cuenta, Bryan se le acercó y, sin piedad alguna, le pisó la mano izquierda que era la que tenia apoyada en el suelo, así que la india cayo al suelo retorciéndose de dolor.
Wulong aguantó como pudo aquel golpe de tong-fa que el Tekkenshu herido anteriormente le propinó en un costado. Había intentado acabar con ellos rápidamente, pero los Owl eran huesos duros de roer y sobre todo si uno estaba herido, lo que le estaba costando demasiado caro. Se había vuelto torpe, lento y sus ataques carecían de la firmeza necesaria. El Owl que tenía delante, aquel que había sido golpeado por su compañero, se había recuperado. La armadura le había protegido y ahora había decidido que era la hora de la venganza. Atacaba a Wulong con todas sus fuerzas, blandiendo hábilmente su arma y aprovechando el punto débil del policía.
Tras aquel golpe en el costado el Tekkenshu no permitió que Wulong llegara a respirar y lanzó otro ataque al flanco herido del policía. Wulong intentó cubrirse, pero aquel ataque no llegó a su destino. Había sido una treta para que apartara la guardia y con el otro puño golpearle en plena herida. El policía cayó al suelo abrumado por el dolor y el Tekkenshu se regocijó de ello. Wulong se llevó la mano al hombro herido donde pudo notar algo de sangre en su camisa. El Tekkenshu debió de haberse percatado de ello y decidió aprovecharlo. Considerando que había conseguido cambiar las tornas, el Owl agitó teatralmente su tong-fa y se preparó para el siguiente ataque.
Sin embargo aquella burla le salió cara. Esperando tener al policía a su merced, apenas se percató de como le barría una de sus piernas de una patada desde el suelo. Antes de que pudiera recuperar el equilibrio y aprovechando el impulso del primer golpe, Wulong le propinó una patada con la misma pierna que le mandó dando vueltas al suelo. Fue Wulong quien se puso en guardia entonces, esperando a que el Tekkenshu se levantara. De las cinco formas de Kung Fu de las que era experto y por las que se había hecho famoso, Wulong eligió la de la serpiente. Necesitaba una victoria rápida, y aquel estilo le otorgaba la velocidad de ataque de ese animal. Su mano se agitaba delante suyo, simulando la cabeza de una víbora. Dichos movimientos parecían desconcertar al Owl, que terminó por reírse descaradamente antes de lanzarse al ataque.
Tal como era de esperar, los movimientos de Wulong fueron tan veloces como las dentelladas de una serpiente, golpeando en puntos vitales de forma rápida, precisa y fuerte. Antes de terminar, Wulong "mordió" el estomago del Tekkenshu haciéndole retorcerse y, acto seguido, le barrió nuevamente los pies con la misma mano con la que había propinado todos y cada uno de los golpes. Sin embargo, antes de que el soldado cayera al suelo, Wulong se dejó caer con él, incrustando su codo en el pecho del contrario en el descenso.
El policía se levantó de inmediato, presto para ayudar a sus compañeros si lo necesitaban, pero descubrió que su combate ya había terminado. Forest se acercaba a ellos junto a Marshall, que parecía que acababa de llegar, mientras que Eddy remataba en aquel momento la cabeza de uno de los Jack de una patada.
En aquel momento se oyeron unas palmadas solitarias. Wulong se giró para encontrarse con Anna, que se acercaba a ellos aplaudiendo teatralmente, cuidando de no soltar el cigarrillo que llevaba entre los dedos.
- Bravo. Un gran espectáculo. Digno unos guerreros tan experimentados. Veo que no os habéis oxidado -dijo mientras cogía el cigarrillo y se paraba delante de ellos contoneando las caderas en una pose que, sin duda, consideraba muy femenina.
- ¡Anna Williams! -dijo Marshall sorprendido. Anna le saludó con una mano.
- ¿Qué vas a hacer ahora? -dijo Wulong esperando algún tipo de trampa.
- ¿Yo? -dijo Anna tras dar una calada a su cigarrillo-. Largarme de aquí, eso esta claro. No pienso quedarme cuando liberen esa cosa.
- ¿Cuándo piensan liberarla? -Anna rió con desdén.
- ¿Qué crees que hacían estos hombres aquí? -dijo Anna-. Entreteneros, panda de estúpidos.
- ¡¿Van a liberarla ya?! -dijo Wulong sorprendido.
- A juzgar por eso yo diría que ya lo han hecho -dijo la asesina señalando al cielo. Se habían formado unos negros nubarrones encima de las ruinas que ocultaban por completo el sol. Se movían de forma siniestra, mística-. Mishima es un tipo con poca paciencia, ¿sabes?
- En marcha, Lei -dijo Eddy tirando del brazo de Wulong-. Los chicos necesitan nuestra ayuda.
Antes de que echaran a correr hacia las ruinas, Wulong volvió a darse la vuelta.
- Anna, ¿qué ocurre con tu hermana? ¿También nos dejará pasar o volveremos a...?
- A saber donde esta esa bruja -dijo Anna con un tono de desprecio muy visible en su voz-. Supongo que ya habrá salido de esa cárcel yanki. Sinceramente, ya no me importa.
Wulong iba a seguir su camino, pero Anna volvió a interrumpirle.
- Yo que tú me olvidaría de ella, detective. Al igual que yo ahora, lo que hizo aquella vez no lo hizo por vosotros ni por ayudar a nadie -dijo Anna mientras tiraba el cigarrillo al suelo-. Y, aunque lo hubiese hecho, ya no es la misma que os ayudó contra Kazuya.
Antes de que Wulong pudiera decir algo Anna se marchó, dando a entender que aquella conversación había acabado. Sin mas tiempo que perder, el grupo salió corriendo hacia las ruinas.
Hwoarang echó a correr en dirección al Dios de la Lucha con Jin pegado a sus talones. Cuando Toshin vio a la pareja se preparó para el ataque. El primer golpe que lanzó fue un directo que debería haber acabado con el coreano instantáneamente, pero Hwoarang se había apoyado en la rodilla de su contrincante cuando la adelantó para dar el golpe, saltando por encima suyo no sin antes darle un taconazo en la nuca que le hizo trastabillar hasta Jin.
- ¡Tuyo! -le gritó Hwoarang al japonés en medio del aire.
Jin se sorprendió ante la rápida maniobra de su compañero, pero no perdió tiempo. Agarró a su enemigo y le pegó un poderoso cabezazo. Toshin rugió de dolor, pero aguantó el golpe y agarró a Jin por el brazo con que éste lo retenía. Le levantó en volandas y se dispuso a lanzarle contra su compañero, aunque una patada de Hwoarang en la espalda se lo impidió. Acto seguido le siguió otra más alta en la nuca.
El japonés cayó al suelo estrepitosamente, pero Toshin no pudo aprovechar su ventaja sobre él, pues Hwoarang continuó con sus patadas. Como había hecho momentos antes, Hwoarang se dedicó a lanzar golpes rápidos salidos de cualquier lado, tanto que Ogre no conseguía adivinar de donde vendría el siguiente. A diferencia de sus ataques en el asalto anterior, Hwoarang lanzaba los golpes sin orden ni concierto, lo más rápido y fuerte que podía.
- ¡¿Que tal, maldito cabrón?! -dijo Hwoarang apoyándose en la rodilla de Toshin para darle una patada a media vuelta en la cabeza que le hizo caer al suelo-. ¡Teoría del Caos, por Baek Doo San!
Ogre se levantó rápidamente y se abalanzó hacia el coreano tan rápido que Hwoarang no pudo hacer nada por defenderse del puñetazo en el estomago del Dios de la Lucha. Por una décima de segundo perdió de vista a su contrario y, cuando quiso solucionarlo, Toshin ya se había deslizado a su espalda y le agarraba por el cuello, aplastándolo contra su pecho.
- ¡No soy de los tuyos! -dijo Hwoarang levantando la pierna hasta la cabeza de Toshin para golpearle.
El primer golpe no tuvo resultado y necesitó otra patada para que el Dios de la Lucha le soltara, dando un paso hacia atrás. No conforme con verse libre, pegó una patada de espaldas a su enemigo en el pecho haciendo que reculara hacia atrás.
Allí esperaba Jin, que aprovechó el momento para lanzarse encima de Toshin con una patada a media vuelta en la cabeza. Y la combinó con una serie de fortísimos puñetazos que Toshin no pudo detener. Jin decidió terminar su combinación con otra patada a media vuelta, pero Toshin la detuvo y golpeó al japonés con ambas manos en ambos lados del cuello. Jin consiguió disminuir el daño del golpe poniendo sus manos delante, pero eso impidió que se pudiera defender del siguiente golpe que no llegó pues Hwoarang volvía a la carga.
- ¡Déjame las patadas a mí! -gritó el pelirrojo, propinando un taconazo en la cabeza al Dios de la Lucha. Aquello pareció enfurecerle y, con una velocidad endemoniada, agarró al coreano por la pechera y le lanzó contra su compañero.
Toshin no dijo nada cuando vio a sus contrincantes levantarse corriendo para encarar su siguiente ataque. Pero ambos compañeros se sorprendieron al ver que giraba la cabeza asustado hacia...
- ¡PRUEBA ESTO, CABRONAZO! -se oyó la voz de Paul Phoenix.
Aquel golpe fue aun mas rápido y potente que el anterior, y esta vez si impactó de lleno en el pecho del Dios de la Lucha, que voló contra una pared que acabó destrozando con un grito de dolor tal que podría haber roto los tímpanos. El golpe había hecho que los guantes de cuero de Paul se desgarraran con el impacto, y los músculos se tensasen con la fuerza de tal manera que hicieron crujir el traje de cuero del motorista. No dejó de estar tenso hasta que la polvareda se disipó y pudieron ver lo que había ocurrido.
Ogre estaba sentado con la cabeza gacha entre los escombros de la pared, un reguero de sangre verde recorría su pecho hasta el suelo, formando un pequeño charco.
Ogre no se movía.
- Pfeh... Dioses de la Lucha a mí -dijo Paul como si tal cosa, deshaciéndose de lo que quedaba de su guante y limpiándose la sangre de Toshin que manchaba su mano.
- Joder, tío, eso ha sido... -empezó Hwoarang.
- ... sugoi yo... -dijo Jin en su propio idioma.
Los tres caminaron hacia el cuerpo de Toshin, que sin previo aviso comenzó a moverse. Todos se pusieron en guardia alarmados, esperando el siguiente movimiento de la criatura, pero este únicamente se desplomó al suelo con estrépito.
- ¿Estará muerto? -preguntó Jin, viendo que comenzaba a formarse un charco de sangre verde debajo de Toshin.
- Creo haberle tocado el pulmón -dijo Paul arrugando la nariz.
- Te lo has cargado, tío, no hay duda -dijo Hwoarang, viendo que Paul daba la vuelta al cuerpo de una patada. Toshin tenía un agujero en el pecho del tamaño de un puño.
- Vaya -dijo Jin con evidente gesto desanimado.
- ¿Qué te ocurre? -dijo Paul mirando la cara de Jin.
- Celos -respondió el japonés-. Esperaba dar el golpe de gracia a ese... malnacido.
- Si es importante para vosotros acabar con él, haberlo hecho me hace sentir orgulloso, chicos -dijo Paul, sonriendo-. Vamos, os invito a unas cervezas.
- Tú donde nos vas a llevar es al barrio caliente, carroza -dijo Hwoarang-. Por lo menos a mí. Me lo debes. -Paul asintió con aire ausente, dando unas palmaditas al coreano en la espalda.
- Vamos a ver si Julia ya se ha deshecho de su contrincante y ya veremos -dijo el motorista, echando a andar en dirección a la salida con los dos jóvenes delante.
En aquellas ruinas a oscuras solo se oían los pasos de los tres compañeros.
Y los pasos de unos pies descalzos.
Y un rugido de furia que hizo que se dieran la vuelta apresuradamente. Ogre seguía allí, en medio de la sala a poca distancia de ellos. Estaba encorvado, sangrante y parecía respirar con dificultad, pero sus ojos lucían mas rojos que nunca, llenos de furia.
Llenos de odio.
- ¿No has tenido suficiente? -preguntó Paul.
A pesar del gesto bravucón, el motorista se puso delante de sus dos jóvenes compañeros inmediatamente, antes de que la criatura se lanzase a una velocidad inhumana hacia los tres. Aquel gesto protector de Paul no sirvió de nada, pues primero se deshizo de Jin de una patada y después de Hwoarang con un puñetazo, para acabar encarando al motorista.
- No me das m...
No le dejó terminar. Toshin agarró al motorista por el cuello y lo levantó en alto. Paul comenzó a patalear y a golpear a Toshin pero este, a pesar de las heridas y la sangre, parecía estar sólido como una roca. El suelo comenzó a temblar y el techo empezó a desprender escombros.
La tumba se venía abajo.
- ¡Suéltale, cabrón! -gritó Hwoarang, lanzándose contra Ogre con una patada que no causó el menor efecto. El puñetazo de Jin también cayó en saco roto cuando impactó en el torso de Toshin-. Pero, ¿qué...
- ¡¿Qué ocurre?! -dijo Jin, sujetándose el puño dolorido.
Era como golpear una pared de ladrillos, o algo aún más sólido. Pero eso no era lo realmente preocupante. Ante la atónita mirada de los dos jóvenes, Paul dejaba de patalear poco a poco, hasta dejar caer brazos y pies, flácidos, como si estuviera...
- ¡Paul! -gritó el japonés-. ¡No! ¡NO!
- ¡¿Qué le ha hecho?! -preguntó Hwoarang viendo como Ogre arrojaba a su enorme compañero varios metros atrás-. ¡¿Cómo...
- Le ha...
Paul no se levantó de aquel golpe. No tenía ninguna herida visible, salvo las marcas de las grandes manos de Toshin en el cuello, pero el motorista permanecía inmóvil.
- ¡Maldito hijo de pu...!
La rabia de Hwoarang se congeló en su garganta al ver el fenómeno que rodeó al Dios de la Lucha. Toshin rugió y se encogió sobre si mismo, como si todo su ser gritase de dolor, mientras el suelo de la tumba temblaba cada vez más, bajo la tremenda energía que el Dios de la Lucha estaba generando a su alrededor. Sin previo aviso, Ogre se levantó del suelo y, con un grito de dolor que podría desgarrar el cielo, su piel comenzó a rasgarse emitiendo una luz cegadora. El suelo se hundió bajo sus pies y todo se vino abajo.
Hwoarang y Jin cayeron al vacío.
