Round 29: Victoria Pírrica
Conocía aquel sonido.
El corazón de Julia amenazó con pararse en aquel preciso instante. En medio de la oscuridad, mientras subía para ver a Paul, escuchó aquel sonido. El mismo que envió a la muerte a su abuelo. Allí abajo.
Y allí abajo solo estaban Hwoarang y Jin.
Sin poder pensar, casi sin poder respirar, comenzó a bajar las escaleras otra vez a toda velocidad, sin llegar a preocuparse de lo peligroso que podía llegar a ser bajarlas a ciegas. Saltó los últimos escalones y, cuando llegó abajo, sólo pudo ver una cosa: Hwoarang yacía en el suelo junto a un enorme charco de sangre.
La muchacha echó a correr de inmediato, con la vista nublada. No se percató de las linternas que desaparecían al fondo, ni de los pasos de pies, ni del sonido de armaduras. Solo pudo ver a Hwoarang. No había nada más.
- ¡Hwoarang! -gritó, llegando a su lado-. ¡Hwoarang! -repitió, cayendo de rodillas.
El pelirrojo yacía de lado y estaba inmóvil, de manera que estaba dando la espalda a la india. Por un momento, Julia no se atrevió a moverle o a darle la vuelta por temor a lo que podía encontrarse, pero se armó de valor. Tenía que hacerlo.
- ¡¿Hwoarang?! -preguntó con la voz quebrada, haciendo que el joven se volviese. Tenía el pecho ensangrentado, sangre reciente. El dobok manchado, la piel manchada. Como Windsound. Como su abuelo-. ¡HWOARANG! -gritó Julia, sacudiendo al pelirrojo.
Y entonces Hwoarang gimió y trató de levantar la cabeza.
- ¡Hwoarang! -exclamó Julia, aliviada.
- ¡¿Dónde está?! -gritó el coreano de repente, intentando incorporarse. Solo lo consiguió a medias porque le volvió a fallar la rodilla-. ¡¿Dónde está?! -repitió, mirando a todas partes como un poseso.
- ¡Tranquilízate! -dijo Julia, intentando que Hwoarang volviese a tumbarse para ver si estaba herido.
- ¡¿Se lo ha llevado?! -preguntó Hwoarang, que agarró a la india por los brazos. Julia se asustó. No sabía qué demonios le estaba pasando-. ¿Se lo ha llevado?
- No te entiendo... -dijo Julia, tratando de sonar lo más tranquila posible, aún cuando no lo estaba ni de lejos. Pero pareció dar resultado, porque por fin los ojos de su compañero se enfocaron en ella. Fue como si al final la reconociese. El coreano la soltó y se dejó caer en el suelo-. Hwoarang...
- Se lo llevó...
¿Se lo llevó? ¿De qué estaba hablando?
Jin.
Julia miró a su alrededor, buscando al japonés desesperadamente. Pero en lo único que se fijaron sus ojos fue en la sangre. En el charco del suelo.
- ¿Dónde... ¿Dónde está Jin? -preguntó Julia temiendo la respuesta.
- Muerto -fue la respuesta del joven. No se le quebró la voz, pero Julia jamás le había oído hablar en un tono tan bajo. Hwoarang siempre sonaba seguro. Hwoarang hablaba seguro. Y ahora... Ahora...-. Está muerto.
- ¿Qué? -fue capaz de preguntar la muchacha con voz queda.
- Heihachi... No se de dónde salió. Apareció y le disparó. Le disparó dos veces. Intenté sujetarlo, pero caímos -narró Hwoarang, con la mirada perdida. Julia le vio mirarse las manos y el dobok, manchados. La muchacha tuvo la certeza entonces de que la sangre no era suya-. Le disparó otra vez, en el suelo. A la cabeza. -Julia se estremeció-. Y entonces... entonces...
Hwoarang no pudo continuar, pero no hizo falta, porque Julia ya no le estaba escuchando. La muchacha rompió a llorar y se abrazó a su cuello. Pasó un rato hasta que notó la mano del coreano en la espalda, quizás tratando de ofrecerle un consuelo que sabía no iba a llegar de ninguna de las formas, pero se quedaron así un buen rato.
Y en todo ese periodo, nadie habló, el silencio solamente roto por las lágrimas de Julia.
- La de anoche tuvo que ser cojonuda -murmuró Paul mientras intentaba levantarse.
Le dolía la cabeza, estaba mareado y tenía ganas de vomitar, justo como si hubiera estado toda la noche bebiendo sin parar. Pero cuando abrió los ojos se encontró rodeado de rocas, piedras y ruinas. No sabía dónde estaba ni qué hacía allí.
- Definitivo. La de anoche fue cojonuda.
Entonces se fijó en su puño derecho, que estaba cubierto por una sustancia verdosa y viscosa.
La sangre de Ogre.
Paul se levantó como un resorte y echó un rápido vistazo a su alrededor. Ya sabía dónde estaba, pero no recordaba cómo había llegado al exterior. De hecho, no recordaba nada desde que Ogre le había agarrado por el cuello. Estaba al lado del lugar donde habían dejado a Julia luchando contra Bryan, pero no había rastro de ninguno de los dos.
- ¡Los chicos! -exclamó, echando a correr en dirección a la entrada de las ruinas.
Una vez en el interior de la tumba descubrió asustado el enorme orificio que había en el centro. Algo realmente malo debía de haber pasado. Sin embargo un estruendo le llamó la atención a su espalda. Cuando salió de nuevo al exterior la sombra de un enorme helicóptero le sobrevoló. Venía de la cima del acantilado y las siglas del MFE venían serigrafiadas en la panza.
- ¡Paul! -oyó la voz de Wulong cuando el vehículo desapareció. El motorista echó un vistazo a su alrededor y se encontró con que Forest, Marshall, Eddy y el policía venían corriendo hacia él-. ¿Dónde están todos? ¿Qué ha pasado? ¿Quién iba en ese helicóptero? ¿Y la tormenta?
- Hemos venido corriendo -dijo Eddy antes de que Paul intentase responder.
- No lo sé... -dijo Paul luchando contra la jaqueca para intentar hacer memoria-. Llegamos a tiempo para rescatar al muchacho de Jun de Ogre...
- ¡¿Habéis visto a Ogre?! -preguntó Wulong sobresaltado.
- Luchamos contra él... -dijo Paul rascándose la cabeza. Descubrió que su inmaculado peinado se había deshecho y el cabello le caía sobre la cara-. Creía haberle vencido, pero el muy cabronazo me agarró. No recuerdo más.
- ¿Qué es eso? -oyó la voz de Eddy. Había entrado en la tumba y señalaba el agujero con gesto asustado-. ¡Dios santo!
Wulong se acercó a Eddy y al ver aquello se quedó pálido. Sin decir nada mas echó a correr en dirección al agujero.
- ¡Lei! -gritó Eddy, echando a correr detrás e indicando al resto que no se moviera-. ¡Es una locura, esto puede derrumbarse!
Wulong no le oyó. Llegó al lado del agujero, pero no podía ver nada ahí abajo. No tardó en descubrir las escaleras que bajaban hacia el siguiente piso. Comenzó a descender por la oscuridad, escuchando como sus compañeros le seguían. Cuando llegó al último escalón no tuvo que buscar demasiado para encontrar lo que quería encontrar.
En parte. Solo Julia y Hwoarang se encontraban en aquella sala. Tenían un aspecto desastroso, pero al menos parecían estar vivos. Lei se acercó corriendo a la pareja.
- Hwoarang, Julia -les llamó el policía.
Al percatarse de la situación y de las miradas de los dos jóvenes supo que algo malo había pasado. Julia tenía los ojos llenos de lágrimas; la mirada de Hwoarang estaba vacía.
- ¿Qué ha ocurrido? -se obligó a preguntar.
- Jin ha muerto -dijo Hwoarang. A su lado, Julia pegó un respingo.
- ¿Que?... -dijo Wulong-. ¿Como... ¿Ogre?
- Matamos a Ogre. A Kazama le mató su abuelo -informó el coreano. Wulong se sorprendió por la frialdad con que lo dijo, le recordó otro tiempo, otro Hwoarang, uno mucho más joven que recibía el pésame por la muerte de su maestro-. Heihachi apareció de la nada. Le disparó tres veces, una de ellas a la cabeza. Estaba muerto cuando cayó al suelo. Intenté detenerle pero no puedo ponerme en pie. Se aprovechó de ello, me noqueó y se llevó el cadáver.
Se produjo un profundo silencio en el que solo se podía oír el crepitar de las llamas de los restos de antorchas incendiados y los sollozos de Julia.
- ¡Joder! -fue Paul quien rompió el silencio pateando el suelo. El motorista golpeó una columna con el puño desnudo.
- ¿Vosotros estáis bien? -preguntó Eddy, arrodillándose junto a la pareja. Se fijó en la sangre que empapaba el dobok del coreano-. Tienes mala pinta, Hwoarang.
- No es mía -dijo este, siguiendo la mirada del brasileño-. A mí lo único que me pasa es que tengo la rodilla hecha una mierda.
- Bueno -dijo Eddy mirando con ojo critico las heridas de sus compañeros. La mano de Julia tenia un aspecto horroroso y sus brazos sangraban por los cortes de las garras de Ogre. La herida de Hwoarang en la cabeza había vuelto a abrirse y su rodilla debía estar, efectivamente, bastante mal-. Tenemos que salir de aquí. Esto va a derrumbarse y este par necesita un médico.
