-Maldita sea

Ronald Weasley se quejaba para sí mismo observando el penoso estado de su varita. El segundo curso no estaba resultando como él esperaba en ningún sentido. Resulta que Harry era ahora amigo de la odiosa Hermione Granger. El origen de esta amistad era todo un misterio para Ron. No conseguía entender cómo se habían hecho amigos delante de sus mismísimas narices sin que él se diera cuenta, sobre todo cuando el año pasado Harry se había pasado cada segundo con él y sabía perfectamente lo mucho que odiaba a la chica. Ahora eran inseparables, cada rato libre que no pasaba con él lo pasaba con Hermione Granger y eso lo enfurecía de un modo tan intenso que ni él mismo era capaz de entender. Ya no solo la odiaba por su irritante forma de ser, por su incansable parloteo sobre las lecciones y por su orgullo desmesurado; ahora era algo mucho más personal, le estaba robando a su mejor amigo.

Para más desgracias se le había roto la varita nada más empezar el curso. Nada de lo que tenía era de gran calidad, pero de ahí a romperse había un abismo. Él era un Weasley, un pobretón idiota que no destacaba en nada, el sexto de una familia llena de hermanos estrella a los que todo el mundo adoraba. Aunque debía admitir que él tenía también bastante éxito entre la gente, se hizo bastante popular el año pasado debido a su opinión sobre Hermione Granger. No es que él lo hubiera hecho a posta para hacerse popular, lo único que hizo fue expresar en voz alta lo que todo el mundo pensaba realmente.

Ahora que Hermione Granger le había robado a su mejor amigo la odiaba más que nunca y por eso se metía con ella más que nunca, y aunque había gente que se seguía riendo se sus bromas como podían ser Lavender Brown y muchas de sus amigas; había otros que ya no se reían en absoluto como Harry o como Neville Longbottom. La castaña había subido bastante en la pirámide social por ser amiga de Harry Potter y al parecer según decían era una chica fuerte y sensata. Seguramente era eso lo que le había dado a la chica la confianza suficiente como para responderle cada vez que se metía con ella. Por eso, las batallas dialécticas entre ambos ya eran parte de su misma rutina. Cuando el resto del mundo al despertarse decía "Buenos días", ellos se endulzaban los oídos con cosas tan agradables como "mono descerebrado" o "rata de biblioteca asquerosa". Cada día sus insultos eran más elaborados y sus batallas dialécticas duraban mucho más tiempo:

-¡Vaya, es una pena que hayas salido de la biblioteca, has dejado solos a tus únicos amigos, los libros, vuelve con ellos y así la raza humana no tendrá que soportar verte la cara!

-¿No se te ocurre nada más? No es que antes fueras precisamente listo, pero últimamente estás luciendo tanto tu estupidez que me sorprende que no te manden de vuelta a casa por falta de cerebro.

Harry, que al ser amigo de ambos se encontraba entre la espada y la pared, los observaba aburrido sentado en un sillón de la sala común e intentaba pasar desapercibido. Había algo que Harry era incapaz de comprender, si tanto se odiaban el uno al otro, ¿por qué diablos pasaban tanto tiempo juntos? ¿Por qué cada vez que entraban en un aula o en la sala común buscaban con la mirada entre la gente para ver si veían al otro? Si tanto se odiaban, ¿por qué no pasaban el uno del otro? Harry estaba empezando a sospechar que les estaba empezando a gustar martirizarse el uno al otro. Con mucho tacto les había expuesto a ambos su teoría, por separado.

-¿Te has vuelto loco? –gritó Ron en el dormitorio de los chicos la noche en la que Harry se lo insinuó. -¿Cómo diablos puedes pensar que me gusta pasar el tiempo con tu asquerosa amiguita comelibros?

-No sé, es que me resulta raro que la odies tanto y luego discutas tanto con ella.

-¡Discuto con ella porque ella me vuelve loco! ¡Es una maldita pesadilla! ¡La odio, la odio con todas mis fuerzas!

Su charla con Hermione en la biblioteca tampoco fue muy distinta.

-¡Es increíble Harry, que tú, entre todas las personas, que sabes muy bien lo mal que lo pasé el año pasado, puedas llegar a pensar que me gusta esta situación!

-Entonces, ¿por qué lo haces? ¿Por qué le respondes? ¿Por qué le discutes?

-Pretendes que me quede quieta, igual que el año pasado, dejando que él me convierta en el hazmerreir; lo siento Harry pero tengo que defenderme.

Harry era amigo de los dos y lo seguiría siendo, pero estaba muy preocupado, no sabía lo que pasaría en el futuro, pero ya se imaginaba a sus dos amigos matándose el uno al otro.