Ron Weasley entró en el dormitorio de los chicos de tercero. Venía empapado, con el uniforme del equipo de quidditch de Gryffindor; ya que se acababa de presentar a las pruebas de guardián del equipo. Se tumbó en su cama y se quedó allí pensativo. Siempre quiso jugar al quidditch y se murió de envidia el año anterior al ver a Harry de buscador, con todo el mundo aclamándole. Recordaba perfectamente un detalle del final del último partido de la temporada, Harry cogió la snitch de manera espectacular haciendo que Gryffindor ganará la copa de quidditch. Todo el mundo se volvió loco y la sabelotodo de Hermione Granger corrió hacia él y le dio un beso en la mejilla; ante esto todo el mundo empezó a silbar y a decir que Potter tenía novia. Aquello enfureció a Ron de una forma increíble, ya bastante era que tuviera que soportar el hecho de que fueran amigos, pero no pensaba permitir que se hicieran novios. Recordaba muy bien la conversación que tuvo con Harry esa misma noche:
-¿Se puede saber a que ha venido lo del besito?
-¿A qué te refieres?
-Ya sabes a qué me refiero, a la escenita que ha montado la sabelotodo en el campo de quidditch.
-Ah…, te refieres al inocente beso en la mejilla que Hermione me ha dado para felicitarme por la victoria.
-¡Oh, por dios Harry, todo el mundo lo vio!
-Ron, la gente es experta en exagerar las cosas, Hermione es una buena amiga nada más…
-¿A sí? Te recuerdo que habéis pasado mucho tiempo juntos este curso, ¿por qué razón iba a ser sino?
-Puede que porque es inteligente, creativa, divertida, fuerte y me comprende en muchas cosas.
-¡Ja! ¡Eso no se lo cree nadie!
-Ron, si no supiera la verdad diría que estás celoso…
-¿Celoso? ¿Celoso yo de qué? ¿Acaso piensas que me gusta esa repelente y asquerosa empollona? ¿Eh?
Recordaba que Harry en ese momento se había quedado completamente quieto y bastante sorprendido.
-Bueno…, eh…, yo me refería a qué… bueno… es posible que estuvieras celoso de que yo estuviera en el equipo… pero resulta curioso que lo hayas interpretado como si…
-¡Yo no lo he interpretado de ninguna forma! ¡No estoy celoso de que estés en el equipo! Yo…, eh… me, me alegro por ti, eres mi mejor amigo… pero pienso que lo que ha pasado con Granger ha estado fuera de lugar nada más…Eh…buenas noches.
No sabía por qué, pero se había pasado el verano y el inicio del curso dándole vueltas a esa conversación y eso le enfurecía cada vez más. Pensaba que todo era culpa de Granger, que era una pelota asquerosa que tenía el don de hacerle sentir inferior hiciera lo que hiciera.
Mientras, el tercer año de Hermione en el colegio Hogwarts de magia fue igual que los dos anteriores y distinto al mismo tiempo. El odio que sentía hacia Ronald Weasley no había cambiado en absoluto, de hecho se había intensificado aún más y eso realmente la sorprendió porque no lo hubiera creído posible. Ella había adquirido ese verano una nueva mascota, un gato anaranjado con pelo esponjoso y suave; y como es normal en todos los gatos perseguía a las ratas. Como no, Ronald Weasley tenía de mascota una rata. Este hecho hizo que Ron y Hermione se pelearan aún más de lo habitual, ya no solo librando sus propias batallas sino también las de sus mascotas. Lo más curioso, es que a pesar de odiarlo con todas sus fuerzas no podía evitar sentirse enternecida por el cariño que le tenía Weasley a su mascota, sentía algo cálido en su pecho cada vez que veía a Ron acariciando a la pobre y asustada rata para calmarla por la presencia de su felino. Se sorprendía mirando al pelirrojo disimuladamente y sonriendo ante la escena, eso sí, siempre se daba cuenta de ello y despertaba de su ensoñación al instante.
Por ello, Hermione intentaba de verdad controlar a su gato con todas sus fuerzas para que no persiguiera a la rata. Una tarde de sábado llego a la sala común a acabar sus últimos deberes frente a la chimenea y se dio cuenta de que el cordel con el que solía sujetar a su gato estaba roto y tirado en el suelo. Contuvo la respiración temiéndose lo peor y oyó un chillido agudo, similar al de una rata acorralada. Hermione subió las escaleras del dormitorio de los chicos a toda prisa y vio a su gato a punto de saltar sobre la indefensa y chirriante rata.
-¡No! ¡Crookshanks, vuelve aquí, déjala en paz!
En ese momento entró Ron en el dormitorio.
-¿Se puede saber qué narices haces aquí, Granger? –preguntó sorprendido.
-Yo… vi que mi gato se había soltado y oí un chillido en este dormitorio, así que supuse que había venido aquí a buscar a tu rata, ¡pero ya está controlado!
-¿Cómo que ya está controlado? ¡Esa maldita bola de pelo no hace más que acechar a Scabbers!
-¡Oye disculpa, que he subido para pararle, no me eches la bronca, si no fuera por mi te hubieras encontrado a tu rata muerta!
-¡Si no fuera por ti ahora el mundo estaría en paz!
Hermione suspiró lentamente armándose de paciencia. Aunque odiara con todas sus fuerzas al pelirrojo se había hecho la promesa que no perdería sus nervios, de que se defendería por supuesto, pero que no perdería sus nervios; ya que no era digno de una estudiante modelo. Sin embargo, la inmadurez y la estupidez de Ron Weasley la ponían a prueba constantemente.
-Ron, no sé porque diablos te sigues metiendo conmigo, no tengo ni idea de lo que te he hecho. No lo entiendo. Es evidente que no podemos ser amigos, después de todo ninguno de los dos queremos serlo, pero vamos a tener que encontrar el modo de estar en la misma habitación sin arrancarnos los ojos; ya no sólo por nuestra salud mental, también por Harry.
La mención de Harry en el discurso hizo que Ron se echara a reír.
-¿Se puede saber de qué te ríes?
-De nada, de nada… -murmuró el chico todavía riéndose. –Me había olvidado de lo amiguitos que sois Harry y tú.
-Eh…, Sí, Harry y yo somos amigos, no creo que sea para reírse.
-Pues yo creo que tiene mucha gracia, teniendo en cuenta lo que paso el año pasado.
-¿Y qué es lo que paso el año pasado, que se supone que es tan gracioso?
Ron abrió la boca y la volvió a cerrar como un pez fuera del agua. No se le ocurrió qué decir, era la primera vez que le pasaba eso en medio de una discusión con la sabelotodo.
-¿Por qué no te largas y te llevas a tu bicho contigo? Creo que hoy ya he tenido que soportarte bastante.
-Estoy de acuerdo, si pasas un minuto más conmigo es posible que brote inteligencia de tu cerebro y no me gustaría privarte de tu estupidez permanente.
Hermione llevándose a su gato en brazos salió del dormitorio de los chicos sin darle tiempo a Ron a replicar.
El hecho de ver a la pobre rata acorralada le hizo pensar mucho a Hermione, se dio cuenta de que en Hogwarts no había ninguna protección para las mascotas, de que los animales se perdían muchas veces y que nadie se molestaba en buscarlos exceptuando por supuesto a sus amos. El curso pasado Neville Longbottom perdió a su sapo y lo estuvo buscando durante todo el curso, con ayuda de la propia Hermione; no lo encontró hasta finales de curso en una clase de Herbología al encontrarse dentro de una flor mágica carnívora y el pobre estaba medio muerto. Hermione se paso cuidando de él la última semana del curso y gracias a sus cuidados y a sus conocimientos de pociones, el animal volvió a estar tan saltarín como al principio.
Le indignaba bastante el hecho de que se menospreciara tanto a los animales como a las criaturas mágicas y eso fue el comienza de la APACM (Asociación para la Protección de Animales y Criaturas Mágicas).
