-¡Todas las criaturas han de tener los mismos derechos! ¡No es justo que los magos se crean superiores a ellas! ¡Debemos liberar a los elfos domésticos! ¡Hay que respetar a los gnomos! ¡Debemos tratar a los centauros con respeto!

Los gritos de Hermione Granger en la sala común era lo primero que se oía cada mañana en la torre de Gryffindor, instando a todo el mundo a que se una a su causa y dando el coñazo todo el día. No estaba sola, Neville Longbottom y el club de Herbología apoyaban a la castaña en su lucha; por ello ya no solo daban la tabarra en la sala común, también lo hacían en los pasillos del castillo y en todos los sitios que pudieran.

-Creo que la causa de Hermione es buena, pero estoy preocupado por ella, se está volviendo demasiado radical –le dijo Harry a Ron una mañana en el desayuno mientras la asociación de la chica colgaba pancartas en el Gran Comedor.

-¡Por Dios, Harry! ¡Esa empollona nunca ha sido precisamente normal! –le contestó el pelirrojo a su amigo.

La extraña relación de su amigo con Hermione no había cambiado en absoluto. Aún estando en cuarto curso se seguían tratando igual de mal que siempre, aunque Harry notó algunas cosas curiosas durante el inicio del curso. Le daba la impresión de que Ron estaba algo más calmado, lo cual agradecía porque de haber seguido como hasta ahora le hubiera dado un infarto. A veces pillaba a su amigo mirando a Hermione en clase y no precisamente con odio, le sorprendía mirando las piernas de su amiga. Harry lo achacaba a las hormonas, y la verdad es que no podía culparle. Teniendo catorce años ya no se podía seguir siendo indiferente a las chicas. A él le pasaba lo mismo, aunque no con Hermione, era su amiga y la respetaba demasiado como para pensar en ella de esa manera; pero sí que miraba que a las chicas con nuevos ojos.

-¿Te has enterado de lo del baile? –le preguntó a Ron.

-¿Qué baile?

-Va a haber un baile a mediados de curso, al parecer.

Ron hizo como que vomitaba en su cuenco de cereales.

-¡Ah, no seas infantil! Seguro que está bien, según dicen hay que llevar pareja…

De nuevo, Ron hizo el gesto de vomitar.

-Y además como va a ser organizado entre varios colegios de magia también vendrán alumnos de otros colegios.

-¿Qué colegios son esos?

-Beauxbatons, que es uno francés y el otro que era Durmstrang o algo parecido.

Ron se quedó pálido como una estatua al oír el nombre del segundo colegio.

-¿Te… te estás refiriendo al colegio búlgaro en el que estudia Viktor Krum? –preguntó emocionado.

-Creo que sí.

Ron dio un bote en su asiento con una alegría inusitada. Hermione, que estaba en ese momento colocando un cartel de su asociación detrás de ellos puso los ojos en blanco. Harry, sin embargo ya estaba acostumbrado a esa reacción de su amigo cuando se mencionaba a Viktor Krum. Krum era el mejor buscador del mundo y un ídolo de masas. Ron había seguido su trayectoria desde siempre y le adoraba. Tenía una figurita suya en el dormitorio y un gran poster del búlgaro encima de su cama.

En ese momento Hermione se acercó a ellos por detrás.

-¡Oh, es ridículo! ¡No es más que un jugador de quidditch!

Ron la miró con gesto hosco.

-¡Rata de biblioteca tú nunca podrías entender la magnificiencia de los grandes jugadores de quidditch y sobre todo de Viktor Krum!

Hermione carraspeó.

-Eh…, primero es magnificencia no magnificiencia… y segundo, los jugadores de quidditch solo juegan al quidditch; no curan enfermedades, no luchan por los derechos de las personas, ni de los seres vivos en general –le espetó Hermione dándose la vuelta para seguir con su tarea.

-¡Esos consejos de gramática te serán muy útiles cuando te quedes sola en la sala común el día del baile! –le gritó Ron rojo de ira.

Hermione le lanzó una mirada envenenada y siguió a lo suyo.

Pasaron dos días más antes de que llegaran los estudiantes extranjeros. Hogwarts lo tenía todo dispuesto para una gran bienvenida, iban a dar un banquete en su honor y al día siguiente se celebraría un mini torneo de quidditch; como en Hogwarts había cuatro equipos de quidditch se decidió que el representante sería el ganador del año anterior que fue Gryffindor, por lo tanto Ronald Weasley estaba entusiasmado ya que no solo iba a conocer a su ídolo en persona, sino que también jugaría con él en el campo de quidditch.

Hermione, por el contrario se había centrado en el APACM más que nunca. Pensaba que la llegada de estudiantes extranjeros era una gran oportunidad para extender su causa hacia otros territorios mágicos.

Los alumnos de los dos colegios llegaron a primera hora de la tarde. Los de Beauxbatons en un magnifico carruaje volador tirado por caballos alados que llegaron muy agotados (ante lo cual Hermione hizo un comentario sobre lo poco que se cuidaba a los animales) y los de Durmstrang llegaron en un enorme y maravilloso barco. Les vieron salir y todas las chicas se fueron corriendo hacia el barco con la esperanza de conocer a Viktor Krum.

-¡Vaya, así será imposible acercarse a él! –dijo Ron apenado.

-Vamos, deja esta noche al pobre chaval en paz, ya bastante tiene con su club de fans femenino, ya tendremos tiempo de conocerlo más tarde –le dijo Harry.

Una hora más tarde, Hermione y una gran amiga suya Luna Lovegood, que era también una gran amante de los animales y miembro de su asociación, se ofrecieron a encargarse de los caballos alados de Beauxbatons para ofrecer su ayuda a Hagrid, el guardabosques del colegio, al cual se le había asignado el cuidado de los caballos.

-¡Me alegro de que me ayudéis, chicas! –exclamó Hagrid. –Aunque no me sorprende en absoluto, siempre estáis merodeando por aquí para ayudar a los animales y a las criaturas del bosque prohibido, ¡al final me vais a quitar el trabajo! –dijo con una sonrisa.

-No seas tonto Hagrid, nadie podría reemplazarte –le respondió Hermione devolviéndole la sonrisa. –Pero no se qué dieta siguen estos caballos, ¿vosotros lo sabéis?

-No, a mi no me lo han dicho –dijo Hagrid preocupado mirando a los caballos.

-Puede que se coman sus propios excrementos –dijo Luna con aire soñador. –Hay algunas criaturas mágicas que sí que lo hacen.

-Ahora vuelvo, iré a la biblioteca a buscar, seguramente estará en la zona de Cuidado de Criaturas Mágicas –dijo Hermione alejándose a toda prisa.

Entró en la biblioteca a toda prisa, tan rápido que no vio a una figura que se encontraba en frente suyo. Iba a disculparse cuando subió la cabeza y se quedó mirando a los ojos a Viktor Krum.

-Eh…, hola… ¿estás bien? –preguntó el búlgaro ayudándola a levantarse.

-Eh… sí… gracias –respondió ella sonrojándose.

-Parrece que tenías mucha prrisa.

-Sí, soy una de las encargadas de los caballos alados de Beauxbatons y no sabemos cuál es su dieta.

-Oh, crreo que beben whisky de malta y comen guarrdarraices.

-Gracias, ¿Cómo es que lo sabes?

-Me gustan los animales –le dijo el búlgaro con una sonrisa. –En mi colegio tenemos un drragón y me gusta cuidar de él.

-Vaya, nunca lo habría imaginado, y yo que pensaba que los jugadores internacionales de quidditch sólo se preocupaban por el quidditch.

Viktor se echo a reír ante ese comentario.

-Sí, por desgrracia es la imagen que damos.

Se miraron incómodos y quietos.

-Bueno, creo que será mejor que vuelva con los caballos antes de que mueran de hambre.

-Sí, y yo tendrría que volverr al Grran Comedorr con los de mi colegio, tenemos que prresentarrnos los equipos del torrneo; perro, si no tienes inconveniente me gustarría saberr tu nombrre.

Hermione se sonrojo.

-Soy Hermione Granger –dijo mirándose los pies.

-Te buscarré mañana en el parrtido, Herrmione –se despidió el chico sonriendo.