Faltaban justo dos días para que se celebrase el baile y los alumnos tenían que enfrentarse a una difícil tarea: conseguir pareja. Las chicas solteras y sin pareja estaban ilusionadas y revoloteando por las esquinas en busca de chicos guapos, recorrían los pasillos mirando a los chicos de forma coqueta.
-¡Dios, se han vuelto locas! –exclamó Ron, que estaba harto de que las chicas le persiguieran. –Si por lo menos estuvieran buenas, pero es que todas las chicas guapas o tienen novio desde antes, o ya tienen pareja.
-Ron, no te quejes, estamos en el equipo, somos un imán para las chicas, podemos ir con quién queramos –dijo Harry haciéndose el interesante.
-De poco nos va a servir haber ganado el torneo si no tenemos una chica guapa para el baile –dijo Ron amargado.
-Bueno, tú no te preocupes, como último recurso tú siempre puedes pedírselo a Viktor Krum –dijo Harry riéndose.
Desde que Viktor Krum había llegado al castillo Ron había estado intentando hablar con él de todas las formas posibles. Le había seguido a todas partes: a su barco, al comedor, al campo de quidditch…
-Ya solo te falta meterte con él en el baño –le dijo Harry.
-Sólo quiero que me firme un autógrafo, pero es que siempre está rodeado y últimamente le he visto entrar en la biblioteca muchísimo.
-Ya lo sé, Hermione me ha dicho que se pasa el día allí, ella está harta, no le molesta que él esté allí pero dice que su club de fans no la deja estudiar.
Ron hizo una mueca. A él le parecía incomprensible que una persona se pasara tanto tiempo estudiando, pero luego pensaba que Hermione Granger debía entrenarse para ser una sabelotodo insufrible, aunque en este caso estaba convencido de que la chica tenía un don natural.
Cuando llegaron a la sala común de Gryffindor se encontraron a Neville, Dean y Seamus juntos haciendo una lista.
-¡Eh, Harry! ¡Ron! –les saludaron.
Ellos correspondieron al saludo y se sentaron a su lado para curiosear.
-¡Hey! ¿Qué hacéis?
-Estábamos haciendo una lista de tías, para ver quiénes van a ser las afortunadas que irán con nosotros al baile –dijo Seamus dándose aires.
-Pues tú como no vayas con tu lechuza –le dijo Ron.
-Ja, ja, muy gracioso.
-Es increíble, casi todas las de nuestro curso de Gryffindor ya tienen pareja –dijo Dean.
-No creo que nuestra comelibros oficial tenga pareja –dijo Ron muy seguro. Ante ese comentario Harry le lanzó una mirada de reproche.
-Hermione ya tiene pareja –dijo Neville. –Lo sé, le pedí que fuera conmigo hace dos días y lo confirmó.
-Es mentira –repuso Ron seriamente. – ¡No puede tener pareja! ¡Nadie querría ir con ella!
-¡Ron! –saltó Harry enfadado. –Sé que no te cae bien Hermione, pero estás siendo muy cruel, más de lo habitual.
Ron se quedó callado cabizbajo mientras los demás seguían hablando. ¿Cómo diablos era posible? Hermione Granger tenía pareja. La misma empollona y sabelotodo odiosa con la que discutía constantemente, la misma chica que le provocaba dolores de cabeza todos los días, iría al baile con otro… ¡Un momento! ¿Con otro?
-¿Y con quién va si puede saberse? –preguntó Ron en voz alta y de malhumor.
Los otros cuatro dejaron de hablar y levantaron la cabeza al escuchar la pregunta del pelirrojo.
-¿Con quién va quién? –preguntó Seamus indiferente.
-Hermione Granger –murmuró Ron en voz baja.
En ese momento apareció justo Hermione en la sala común. Llegaba de la biblioteca con una caja de su asociación que parecía muy pesada y que tuvo que dejar en el suelo nada más llegar. Llegó justo a tiempo para oír el murmullo de Ron.
-¿Qué pasa conmigo? –le preguntó desconfiada.
-¿Qué pasa contigo? –le respondió Ron bruscamente con otro interrogante.
-Acabas de decir mi nombre.
-Ya, verás es que hemos descubierto que hay una cucaracha asquerosa que merodea por la sala común y estábamos proponiendo nombres.
-¡Ah, eres insufrible! –le dijo Hermione con un deje de desprecio en la voz. Tras lo cual cogió su caja y se fue a su dormitorio tambaleándose por el peso.
-¡La insufrible eres tú! –le gritó Ron acercándose al primer escalón de las escaleras que conducían a los dormitorios de las chicas. Después se fue como un rayo a su dormitorio sin decir una palabra a los chicos que lo observaban perplejos.
-¡Vaya! Sé que se llevan como el perro y el gato, pero esta no es la discusión habitual –dijo Dean sorprendido. –Normalmente a esta hora se quedan en la sala común lanzándose insultos hasta la cena.
A Harry también le sorprendió mucho la escena, especialmente la reacción por parte de Ron. Sabía que Hermione había estado intentando hacer esfuerzos descomunales por llevarse mínimamente bien con el pelirrojo, ya que al igual que ella era muy amigo de Harry; pero Ron seguía igual que siempre, de hecho Harry pensaba que últimamente era más antipático con la castaña. Menos gritos, pero más comentarios mordaces. Por otra parte, estaba el hecho de que la miraba cada vez más a escondidas. Hasta ahora, lo había acarreado a las hormonas, pero ahora estaba empezando a sospechar que era algo más que eso. Harry creía que aunque Ron no se diera cuenta, a su amigo le gustaba su amiga y que lo que acababa de presenciar era el inicio de la peor sensación que podían sentir las personas: celos.
