Eran las cuatro de la mañana en la oscura torre de Gryffindor. Ya no se oía ningún sonido musical, seguramente el baile ya había acabado. Hermione estaba sentada en uno de los divanes rojos enfrente de la chimenea, pensativa. Estaba cruzada de piernas con su largo camisón blanco. Estaba enfadada con Ronald Weasley, muy enfadada; pero sobre todo estaba enfadada consigo misma. Por mucho que el pelirrojo se mereciera el bofetón, ella no debería habérselo dado. Todo el autocontrol que había conseguido durante los dos últimos cursos se había desvanecido en una noche. Los profesores lo habían visto y estaba convencida de que lo tendrían en cuenta: a los alumnos violentos no les solían dar muchas becas, era un factor importante con el que los profesores siempre contaban. Además de eso, no se quería ni imaginar la reacción de Harry, que fue su único amigo durante mucho tiempo. Abstraída con estos pensamientos no se dio cuenta de que alguien bajaba por la escalera de los chicos.
-Eh… Hola –se sorprendió Ron Weasley en voz baja.
Hermione se levantó apresuradamente y se dirigió a su dormitorio.
-¡Espera! –dijo Ron levantando un poco la voz.
Hermione se paró donde estaba y se giró.
-¿No crees que ya me has humillado bastante? ¿Qué vas a decirme ahora?
-¡Te puedes callar! ¡Pedir perdón no se me da nada bien!
Hermione le miró con cara de incredulidad.
-¿Me quieres pedir perdón?
-¡Sí, vale! –gritó el chico.
Hermione se fue al sillón y se sentó observándole.
-Yo, verás siempre he pensado que tu eres insoportable…
-Empiezas muy bien.
-¡Déjame terminar! Siempre he pensado que eres insoportable y lo sigo pensando, pero no debería haberte hablado así, al menos no delante de todo el mundo en medio del baile; sé que tenemos nuestras diferencias y que son muy grandes pero debemos resolverlas entre nosotros solos; lo que hoy me ha pasado, bueno en realidad me pasa desde hace unos días es que estoy celoso por así decirlo…
-¿Celoso? –preguntó Hermione extrañada.
-¡Te he dicho que no me interrumpas! ¡No estoy celoso propiamente dicho! Es que… nunca consigo nada de lo que deseo, por mucho que me esfuerce, aunque ponga todo mi empeño en ello; Harry siempre es el número uno, el que lo consigue todo; no me interpretes mal, nunca le he guardado rencor por ello pero siempre lo he tenido en cuenta… El hecho es que cuando apareció Viktor Krum tenía la esperanza de hacerme amigo suyo, le sigo desde que era un niño, es mi ídolo y me dio mucha rabia el hecho de que mi enemiga…
-¿Enemiga? ¡Oye, tú me convertiste en tu enemiga!
-¡Oh, ya me entiendes! Bueno, me dio rabia que precisamente tú, a la que supuestamente no le interesaba el quidditch, fueras al baile con él…
-Así que… me estás diciendo que tú hubieras querido ir al baile con él…
-¡No! ¡No! ¡No he dicho eso!
-Oye, yo no juzgo a nadie, los gais tienen todo el derecho…
-¡Qué no es eso! –gritó Ron fuera de sí. -¡Ves, es imposible mantener una conversación contigo me vuelves loco!
Hermione se echó a reír sin poder evitarlo. Le estaba haciendo muchísima gracia la cara del chico viendo el apuro que estaba pasando.
-¡Oye, no tiene gracia! –siguió gritando Ron.
-Sí que la tiene –se rió Hermione secándose los ojos de la risa.
Al final Ron se contagió de su risa y estuvieron riéndose durante cinco minutos.
-Bueno, vale, basta ya –dijo Hermione entre hipidos. –Ron, tranquilo, te perdono.
-¿Qué? –preguntó Ron que todavía seguía riéndose.
-Que te perdono.
-Y yo que tenía preparado más discurso.
-¡Qué lástima! Hubiera podido reírme mucho más…
Ron le sonrió conteniendo la risa.
-Mira –dijo Hermione. –Yo tampoco actué bien, te di un bofetón…
-¡Me lo merecía!
-Estoy de acuerdo, pero no debería habértelo dado, no estuvo bien, así que te perdono; no te preocupes nuestra relación será como siempre, podremos seguir odiándonos libremente…
-Bueno… ¡Tengo que reconocer que es un alivio! ¡Ya no me imagino la vida sin tus chillidos! –sonrió Ron.
Ambos se quedaron en silencio mirándose el uno al otro, hasta que Hermione se dio cuenta de que el chico aún tenía la marca de su bofetón.
-¡Vaya, tengo más fuerza de lo que creía!
-A mí me lo dices, por poco me arrancas la mandíbula de cuajo.
Hermione se acercó lentamente a su mejilla.
-¿Qué haces?
-Comprobar los daños, si te voy a dar más tengo que asegurarme de que no te despedaces.
-¿Qué soy ahora? Un saco de boxeo.
Hermione se rio levemente aún estando a dos centímetros de él. Ron empezó a ponerse un poco nervioso, nunca había estado tan cerca de una chica y desde luego nunca se hubiera imaginado que la primera chica que se acercara tanto a él sería Hermione Granger.
Hermione acortó la distancia entre los dos y le dio un suave beso en la mejilla. Lo que Ron sintió ante aquel inocente contacto fue lo más agradable que había sentido en su vida.
-¿Por qué has hecho eso? –le preguntó a la chica rojo como un tomate.
-Por si te dolía.
Hermione se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras de su dormitorio cuando oyó que Ron la llamaba.
-¡Hermione!
-¿Sí?
-Te odio –le dijo el chico con una sonrisa.
-Yo también a ti –le dijo ella devolviéndole la sonrisa.
