Hermione empezó el quinto curso nerviosa, necesitaba estudiar muchísimo ese curso y no podía distraerse con nada. Había delegado el liderazgo de su asociación de forma temporal a Luna, sabía que ella lo haría bien. Los primeros días del curso apenas salió de la biblioteca, exceptuando por supuesto las clases, las comidas y las rondas de prefectos. La habían elegido prefecta ese curso junto a Ron Weasley. Sus disputas diarias no habían cambiado, solo que ahora se desarrollaban durante las rondas de prefectos nocturnas.
La escena transcurrida la noche del baile no había sido olvidada por ninguno de los dos. Tal y como decidieron, seguían odiándose y no se lo dijeron a nadie, ni siquiera a Harry. Actuaban como si nunca hubiera pasado, ninguno de los dos lo mencionaba en ningún momento. Sin embargo, el recuerdo de lo que pasó en la torre de Gryffindor no les abandonaba. Hermione se preguntaba constantemente cómo pudo atreverse a darle un beso en la mejilla a su peor enemigo, lo único que recordaba es que realmente quiso hacerlo; se sintió enternecida al ver que el chico estaba arrepentido. Ron Weasley se abrió con ella esa noche y por fin pudo entender lo que Harry le dijo en primero sobre la fachada del pelirrojo. Y para su enojo tuvo que admitir que le gustó esa faceta de Ron Weasley y mucho.
Ron Weasley, por otra parte, recordaba el beso que le había dado la chica prácticamente cada noche. A veces se preguntaba si realmente fue real, si realmente sucedió. La seguía odiando como siempre, pero algo había cambiado dentro de él. Aunque seguían discutiendo ya no era de la misma forma. Estaban más acostumbrados a pasar tiempo juntos, discutiendo, pero de manera natural, como si fueran simples conversaciones. Eso hizo que ambos soportaran la presencia del otro mucho mejor, por lo que las pocas tardes que la castaña decidía descansar de su estudio intensivo; ambos pasaban el tiempo con Harry visitando a Hagrid o jugando al ajedrez mágico en la sala común de Gryffindor.
Una tarde, justo antes de la ronda de prefectos, Ron decidió ir a darse un baño al baño especial que tenían los prefectos. Al entrar vio que al parecer alguien más había tenido la misma idea, se escondió en un armario cercano abriendo una rejilla para poder comprobar que la persona había salido. La silueta que se transparentaba en el agua era de chica. La chica salió del agua y se puso el albornoz, Ron no pudo ver nada debido a que la chica salió por el otro extremo de la gran piscina y la fuente por la que salía el agua le obstaculizaba la vista. Se sentía como un pervertido viendo la situación en la que se encontraba, pero si salía ahora la chica podía pensar que la había visto desnuda. Con un nudo en la garganta vio que la chica se dirigía al armario en el que estaba escondido y para su angustia vio que se trataba de Hermione.
Hermione abrió en el armario y lanzó un alarido.
-¡AAAHHHH!
Ron salió a trompicones del armario y empezó a dar explicaciones.
-¡Te juro que no he visto nada! Entré aquí para darme un baño y al ver que ya había alguien me asusté y…
-¡Serás pervertido!
-¡Te he dicho que no he visto nada!
-¿Y cómo sé que no me has seguido y te has metido en el armario sin que me diera cuenta? ¿Cómo sé que no habías planeado esto para verme desnuda?
Ron se empezó a reír a carcajada limpia.
-Oye, créeme –le dijo entre risa y risa. –Si quisiera ver a una chica desnuda, te aseguro que no serías tú, no creo que nada de lo que tú tengas merezca la pena.
Hermione se puso roja de ira y empezó a pegar puñetazos al pelirrojo a diestro y siniestro.
-¡Me dices que soy un pervertido y mira quién es la que toquetea ahora! –dijo todavía riéndose Ron.
Hermione, aún furiosa, salió del baño a toda prisa. No se dio cuenta hasta que estuvo fuera que se había dejado la ropa dentro.
-¡Ron, déjame entrar, me he dejado la ropa en el armario!
-¿Por qué iba a dejarte entrar? –dijo Ron con voz juguetona. –No me has tratado nada bien.
-¡Vale! Lo siento…
-¿Qué?
-¡Qué lo siento! ¡Siento haberte llamado pervertido! ¿Conforme?
Ron hizo un gesto pensativo de burla dentro del baño.
-No, no estoy conforme.
Hermione perdiendo la paciencia aporreó la puerta con las dos manos.
-¡Devuélveme mi ropa! –exigió gritando.
-Oye, no es como si estuvieras desnuda, puedes volver a la torre de Gryffindor tranquilamente…
-¡Estoy en albornoz, cretino atontado! ¡No puedo ir en albornoz por el colegio!
-Uy, uy, uy… Feas palabras para la más inteligente de la clase, mereces un castigo… -el tono de Ron seguía siendo juguetón y se notaba que estaba disfrutando realmente con la situación. –Bueno, yo me tengo que dar un baño, tienes dos opciones o esperarme ahí o irte a la torre de Gryffindor.
-¡No puedo esperarte aquí! ¡Hay un grupo de chicos de tercero a punto de salir del aula de enfrente!
-Bueno, tú siempre has querido hacer cosas por los seres vivos, cuando salgan podrías quitarte el albornoz, ¡te aseguro que si lo haces les ahorraras muchas clases de educación sexual!
-¡Te voy a matar degenerado! –aulló la chica. Oyendo ruidos en el aula de enfrente Hermione no tuvo más remedio que alejarse de allí. Se dirigió a la torre de Gryffindor escondiéndose cada vez que pasaba alguien. Al final consiguió llegar a la sala común, que por suerte estaba vacía y subió a su dormitorio a ponerse un uniforme para hacer la ronda de prefectos. Se vengaría de Ron Weasley aunque fuera lo último que hiciese.
