El estadio de quidditch estaba a rebosar. No cabía ni un alfiler y la verdad es que no le extrañaba en absoluto, se trataba de Gryffindor contra Slytherin, eso no se lo perdía nadie. Hasta Hermione se decidió a salir de la biblioteca y ver el partido; lo cual debía admitir, no mejoraba precisamente sus nervios. Era un partido importantísimo y Ron tenía verdadero pánico a hacer el ridículo. Harry estaba menos nervioso, para él el quidditch siempre había sido pan comido, pero él se ponía nervioso muy fácilmente.

-¡Vamos tío! ¡Tampoco es para tanto!

-¿Qué tampoco es para tanto? ¿Eres mínimamente consciente de la presión que tengo encima?

Minutos antes de que salieran al campo de juego, Hermione se acercó a ellos.

-¡Hey! ¡Harry, buena suerte! –le dijo dándole un beso en la mejilla.

-¿Otro besito? Por dios, es imposible ser más cursi…

-No dijiste eso cuando te lo di a ti.

-¿Qué? –exclamaron Harry y Ron a la vez. Ron estaba atónito, habían jurado no volver a hablar de ello y menos enfrente de otros.

-Nada, solo era una broma –dijo Hermione riéndose. –Por cierto Ron, bonito casco, te servirá para parar la quaffle, dudo mucho que consigas pararla con las manos, pero te queda bien –se burló la chica alejándose.

-¡No tan bien como a ti el albornoz! –le gritó Ron.

Hermione le lanzó una mirada retadora y se dirigió hacia los palcos.

-¿Se puede saber qué os traéis entre manos vosotros dos? –preguntó Harry sorprendido.

-Nada tío, cosas de prefectos –dijo Ron con una sonrisa.

Los dos chicos se dirigieron al campo y se alzaron en el aire. Ron se situó en los postes de gol, desde ahí arriba podía ver todo el estadio. Veía a todo el mundo, podía ver a Hagrid con sus prismáticos gigantes y su cuerpo aún más gigante ocupando cuatro asientos, podía ver a Neville que estaba en el suelo y daba la impresión de que buscaba algo, podía ver a Luna Lovegood o como la llamaba él "Lunática Lovegood" que observaba el campo son una sonrisa distraída y podía ver a su lado a Hermione. Observó que estaba haciendo un gesto a Harry con la mano y que su amigo le respondía. Le ponía enfermo que hiciera eso. ¿Es que acaso no sabe que no hay que distraer a los jugadores cuando ya están en el campo?

El partido transcurrió rápido e indoloro para regocijo de Ron. Harry cogió la snitch antes de lo esperado y a la media hora de empezar el juego ya estaban todos en las duchas.

-¡Tío como sigas atrapando la snitch tan rápido no va a tener sentido que los demás jugemos! ¡Deja de acaparar la atención y deja un poco para los demás! –dijo Ron riéndose; su voz se oía entrecortada debido al sonido del agua.

-No es culpa mía ser sublime –dijo Harry arrogante.

-No sé para que me molesto en ponerme nervioso.

Al final todos fueron saliendo de las duchas excepto Ron que se quedó el último.

-¡Hey, vamos tío, date prisa! –le gritó Harry desde el otro lado de la cortina. -¡Eres más lento que las chicas!

-Id yendo al castillo, enseguida os alcanzo.

-Vale.

Se oyó el sonido de la puerta cerrándose y Ron se relajó debajo del agua caliente. Le encantaba esa sensación, le gustaba estar en la ducha hasta que el agua estuviera helada. En su casa, como sólo había un baño y eran familia numerosa, siempre le tocaba ducharse con agua fría. En Hogwarts era distinto, podía estar en la ducha tanto tiempo como quisiera y el baño de prefectos era una delicia, sobre todo cada vez que recordaba la silueta de Hermione Granger reflejándose en la piscina. Realmente no había visto nada, pero su imaginación hacía de las suyas con el simple recuerdo de la silueta de la chica. Las hormonas lo volvían loco, cada vez era peor. Había considerado hasta castrarse para no sentir lo que sentía, pero pensar en el dolor que eso supondría lo volvía más loco aún. Debía empezar a admitir que era un adolescente y que los cambios que estaba sufriendo en su cuerpo no eran malos; bueno, desde luego malos no eran en absoluto, eran más que placenteros.

Un ruido seco le sacó de sus ensoñaciones, había alguien dentro del baño. Ron se puso nervioso, sacó el brazo fuera de la cortina para coger la toalla pero no estaba. Lo sacó de nuevo pero lo único que hacía era mover el brazo en el aire. Salió de la ducha tapándose la entrepierna con las dos manos.

-¿Hay alguien ahí? ¡Vamos, te he oído entrar!

Se dirigió hacia el armario a ponerse su ropa, pero el armario estaba vacío. ¡Su ropa había desaparecido y ni siquiera tenía una toalla con la que taparse! Entonces se fijó que en el banco de al lado había una quaffle con una nota encima, cogió la nota con manos empapadas.

Querido pervertido:

Te advertí que me vengaría. Pensaba que ya sabías que si te metías conmigo yo te iba a devolver el golpe, pero parece que nunca aprendes. Puedes pensar que he ido demasiado lejos con esto, después de todo yo estaba en albornoz, pero fuiste tú quien empezó este juego y sería justo pensar que soy yo la que lo tiene que subir de tono. Espero que esta experiencia te recuerde que cualquier ataque que me lances, será diez veces más suave que mi contraataque.

Te odia, Hermione

PS: Tampoco estás completamente desnudo, tienes una quaffle para taparte, puedes llegar a la torre de Gryffindor sin problemas, aunque para lo que tienes entre las piernas no merece la pena que te tapes.

Rabia, vergüenza y odio eran palabras demasiado suaves e inocentes para describir lo que Ron sintió en ese momento.

-¡Maldita sea! ¡Yo me la cargo! –le chilló al aire.

La odisea que tuvo que sufrir el pobre Ron para llegar a la torre de Gryffindor fue tan espantosa que la recordó toda su vida. Primero, tuvo que salir del estadio de quidditch a campo abierto, ya que el campo de quiddtch estaba separado del castillo, y como solo podía taparse la parte delantera tuvo que correr hacia el castillo tan rápido como el correcaminos; congelándose todo el cuerpo en el camino ya que la temperatura había descendido varios grados. Después se apoyó en uno de los muros del castillo y fue avanzando hacia la puerta principal de forma que el trasero quedaba apoyado en el muro. Sin darse cuenta al avanzar, su parte trasera quedó apoyada en una cristalera y daba la casualidad de que un grupo de niñas de primero pasaba en ese momento dentro del castillo a la altura de la cristalera.

-¡Mirad! ¡Hay un culo en la ventana!

Al oír los gritos de las niñas, Ron echó a correr hacia la puerta principal olvidándose de todo recato. Al llegar a las escaleras, tuvo que soportar los comentarios de los integrantes de los cuadros mágicos colgados en los muros.

-¡He, guapísimo!

-Vaya, han cambiado la norma en el vestuario.

-Ya ves, primero chicas en albornoz y luego chicos con una quaffle, ¡lo siguiente será ver alumnos desnudos corriendo libremente por los pasillos!

Al llegar a la torre de Gryffindor soltó un suspiro de alivio, seguro que todo el mundo estaba en el gran comedor cenando. Entró en la sala común con la quaffle bien pegada a su entrepierna y se quedó helado. Había una enorme pancarta con un león dibujado en la que ponía en letras rojas "Enhorabuena leones", debajo estaba Harry sostenido por Dean y Seamus que lo habían subido a hombros y rodeado por todos y cada uno de los miembros de la casa de Gryffindor. Hubo un silencio completo, como si estuvieran en una película muda.

Ron se atrevió a mirar al frente y vio a todos y cada uno de los integrantes de la casa Gryffindor mirándole perplejos. Todos excepto uno, Hermione Granger se encontraba apoyada en la pared enfrente suyo y le miraba con una sonrisa retorcida.