El baño de la casa de los Weasley estaba lleno de vapor. El agua caliente bajaba por los dos cuerpos que estaban en la ducha de forma suave. Por primera vez en su vida podía ducharse en su casa con agua caliente, era lo bueno de que toda su familia se hubiera ido de vacaciones a ver a su hermano Charlie, nadie le gastaba el agua caliente. Lavender y él se besaban apasionadamente en la ducha recorriéndose el cuerpo con manos húmedas. Habían empezado a tener esos encuentros a principios de verano. Él ya sabía que Lavender sentía algo por él desde segundo y no iba a dejar pasar la ocasión de liberar sus hormonas, sobre todo cuando la chica se le lanzó directamente en el expreso de Hogwarts al volver a casa para las vacaciones de verano.

-AAAAAAHHHHHHHHH –medio chilló y medio gimió ella.

La chica daba tales alaridos que al resonar en el baño, él tenía que taparse los oídos para no quedarse sordo. La verdad es que le subía bastante la autoestima el hecho de poder causar tales sonidos en una tía. No se hubiera creído capaz de eso.

Cuando terminaron ambos se secaron y se vistieron.

-¿Qué? ¿Repetimos mañana? Pasado ya volvemos a Hogwarts, tendremos que hacer algo especial –dijo ella acercándose a él de forma coqueta.

-Guay, por mí bien –dijo Ron indiferente.

-Bueno, nos vemos.

Lavender salió de la casa de los Weasley corriendo y con una sonrisa en los labios.

Ron se sentó en el alfeizar de la ventana y vio como Lavender abría la verja y desaparecía por el camino que conducía al pueblo. Le encantaban los encuentros con la rubia, le hacían sentir vivo, se desahogaba con ellos. Se dirigió a su cuarto y se tumbó en la cama. La verdad era que estaba preocupado. Tenía todo lo que cualquiera quisiera tener: estaba en el equipo de quidditch de Gryffindor, era bastante popular, se lo montaba con una de las tías más buenas del colegio… y aún así no estaba satisfecho. Le había costado años llegar hasta donde había llegado y lo que sentía era un enorme vacío en un interior. Se maldijo mil veces por la razón de ese vacío…como no, Hermione Granger. Al principio estaba convencido de que la razón por la que había sucedido lo que sucedió el curso pasado eran sus hormonas, era un chico y la sabelotodo era una chica por muy insufrible que fuera, pero ahora se daba cuenta de que el problema era más grave que todo eso.

Todos y cada uno de los encuentros sexuales que había tenido durante el verano con Lavender, no habían sido ni una milésima parte de excitantes que el beso en la mejilla que Hermione le había dado en cuarto curso. Solo había una explicación para ello: por mucho que le doliera estaba enamorado de la sabelotodo.