Los pasillos de Hogwarts no habían cambiado nada durante el verano. Todo estaba igual, pero Hermione lo veía todo con nuevos ojos. Acababa de empezar el sexto curso y se daba cuenta de que sus días en Hogwarts estaban llegando a su fin; según decían el séptimo y último curso era muy estresante y se pasaba muy rápido, por eso nada más empezar el sexto decidió que lo aprovecharía al máximo. Habiéndose pasado los años anteriores matándose a estudiar merecía un pequeño respiro, no demasiado, pero se quería tomar este curso con calma. Había conseguido el objetivo que se había marcado: había recibido la beca Merlín. Esta beca se concedía al mejor estudiante de quinto curso. Con el dinero recibido de la beca había convertido al APACM en algo más que un club estudiantil.

Durante el verano había estado trabajando duro con Luna y Neville para montar una asociación de ayuda real y así poder contactar con los representantes de las criaturas mágicas residentes en el territorio. Cada vez que alguna criatura en particular quería hacer valer sus derechos, la APACM organizaba una sentada en el Ministerio de Magia hasta que aceptaran llegar a un acuerdo. Le hizo mucha ilusión que acudiera tanta gente a las sentadas; Harry fue a todas y cada una de ellas, además de que había ido a la asociación con bastante frecuencia aquel verano. Realmente se le daba bien hacer valer los derechos de los indefensos, tanto que consideraba dedicarse a ello en el futuro.

Otra cuestión que preocupaba mucho a Hermione era el asunto de Ron Weasley. Había tenido que admitir que estaba enamorada del muy idiota y eso no le hacía nada de gracia por tres razones: que era idiota, que nunca iba a ser correspondida y que el chico le debía una por lo de la quaffle. Lo que Hermione no sabía es que la venganza del pelirrojo se estaba llevando a cabo en ese mismo momento. Ron estaba en la entrada de la lechucería. Estaba nervioso, ya sabía que le debía una a Hermione pero meterse con su asociación era algo distinto. Aunque, qué demonios, ¿ella le dejó desnudo con una quaffle? Se lo merecía.

Al día siguiente Hermione caminaba hecha una furia hacia el baño de los prefectos; Ronald Weasley era un inútil que no hacía una a derechas eso era evidente y daba las gracias por ello, si hubiera sido de otra forma la cosa podía haber acabado mucho peor. Entró en el baño de prefectos sin llamar a la puerta, ese baño no tenía pestillo pero se podía impedir el paso de la persona con simple hechizo, así fue como Ron impidió el curso pasado que ella entrara a por su ropa.

Pilló a Ron enjabonándose la parte de arriba del cuerpo. La mitad de abajo estaba debajo del agua y la tapaba el jabón de burbujas que flotaba en la superficie. Cuando entró en el baño la cara de sorpresa que puso el chico fue para echarse a reír. Estaba con su pelo pelirrojo empapado lleno de champú y tenía un aspecto ridículo.

-¿Se puede saber qué narices haces aquí? ¡Si quieres quitarme la ropa no te molestes!

-¡La razón por la que estoy aquí, imbécil integral, es porque alguien ha escrito a todos los representantes de las criaturas mágicas de mi asociación diciéndoles que quiero acostarme con ellos para promover la mezcla de razas!

-Oye, yo pensaba que te hacía un favor, siempre has dicho que deben tener los mismos derechos, ¡qué mejor gesto de confianza por parte de los magos que ofrecerles una bruja fértil para promover la mezcla de razas!

-¡Pues para que lo sepas, el plan no te ha salido bien! ¡Los representantes han pasado el tiempo suficiente conmigo este verano para saber que yo no cometo faltas de ortografía ni queriendo! ¡Así que felicidades inútil, ni para vengarte haces las cosas en condiciones!

Ron se puso tan rojo de rabia ante las palabras de la chica que salió de la piscina completamente desnudo. Hermione se quedó atónita de la sorpresa y tuvo que hacer grandes esfuerzos para no dirigir su mirada a la entrepierna.

-¡Así que inútil! ¿Eh? ¡Ya verás tú lo inútil que soy! –gritó furioso el pelirrojo.

Lo último que vio Hermione antes de encontrarse en la piscina empapada con uniforme incluido es ver al chico dirigirse hacia ella con determinación.

-¡Serás animal! –aulló la chica al salir a la superficie jadeante.

El chico volvió a meterse en la piscina dirigiéndose hacia ella con furia en los ojos. Ambos se empujaron el uno al otro con todas sus fuerzas. Comprensiblemente era mucho más fuerte el pelirrojo, pero la castaña estaba más que furiosa por haber sido empujada a la piscina de tal forma, así que le ponía resistencia.

-¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio con toda mi alma! –gritaba Hermione histérica.

-¡Oh, no puedes odiarme más de lo que te odio yo a ti! –gritó a su vez Ron. -¡Maldita sabelotodo comelibros robamigos asquerosa!

Estuvieron luchando intensamente hasta que se les agotaron las fuerzas. Cuando pararon quedaron a dos centímetros el uno del otro. Ambos tenían furia y determinación en la mirada, pero también deseo. Ninguno de los dos supo quién dio el primer paso, pero el hecho es que el instante siguiente se estaban devorando la boca. Se besaban con tanta fiereza que se hicieron hasta daño, después fueron disminuyendo la intensidad y se concentraron en acompasar sus besos y conocer la boca del otro. Fue la sensación más maravillosa que ambos habían sentido nunca. Cuando Ron empezó a quitarle la blusa del uniforme empapada a la chica oyeron un ruido que provenía de la puerta.

Ernie Macmillan, prefecto de Hufflepuff , se encontraba allí mirándoles a ambos con asombro. El chico llevaba en un brazo un albornoz azul oscuro y en el otro un patito de goma. Llevaba el pelo metido en un gorro de ducha.

-Yo…, perdón…, venía a bañarme.